Buscar

'Ebolanomics': el devastador efecto de la epidemia en la economía africana

7:19 - 17/03/2015
Más noticias sobre:
El ébola ha devastado la economía africana. Imagen: Xavier Aldekoa

A Sesay una cinta blanca y roja le separa del pasado y del mundo. Hace unos días, las autoridades de Moyamba, ciudad del este de Sierra Leona, ataron una cinta de plástico a una farola, luego a dos árboles y finalmente a un arbusto para aislar su hogar y a su familia del barrio.

"Estamos en cuarentena por el ébola", dice desde el otro lado. A su lado, hay nueve niños y dos mujeres que ya no saben muy bien dónde meterse porque apenas hay espacio para tantos. El más pequeño de la familia, de apenas dos años, pasa por debajo de la cinta y una hermana mayor va detrás, le zurra un bofetón en el culo, y le obliga a regresar.

Cuando una familia tiene contacto con un infectado por el virus, se la aísla en cuarentena durante 21 días para evitar nuevos contactos y observar si desarrolla síntomas de la enfermedad. Si tiene fiebre, vómitos o diarrea, se le lleva a un centro de tratamiento.

Es un sistema de control de la epidemia necesario pero que deja a familias enteras a la deriva. "¿Cómo voy a cultivar el campo si no me dejan salir de aquí?", pregunta Sesay. El Programa Mundial de los Alimentos (PMA) proporciona comida a las familias en cuarentena, pero la emergencia ha sido tan descomunal -ya se han superado los 10.000 muertos y los 24.500 infectados- y la ayuda internacional tan tardía, que no ha llegado a todos lados. Sesay, que lleva una barba blanca corta y un gorro 'kufi' blanca encajado hasta las cejas, pide que me acerque un poco para no tener que alzar la voz: "Por favor, di a la gente del PMA que no nos llega toda la comida que nos corresponde. El intermediario, un vecino, se queda la mitad y yo no puedo salir a protestar; somos pobres y tenemos hambre", lamenta.

El Organismo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) vio venir el rugir de tripas de familias como la de Sesay y a finales del año pasado movilizó medio millón de dólares en Guinea, Sierra Leona y Liberia para cubrir la seguridad alimentaria en la zona cero del ébola. Hará falta más ayuda para tapar las heridas de las tres naciones.

El virus ha destruido las redes de seguridad que miles de familias habían construido poco a poco después de las dos guerras civiles que golpearon la región a finales del siglo pasado y principios de éste. Los esfuerzos para reconstruir los sistemas sanitarios y educativos o impulsar proyectos de empleo y agricultura sostenible llevan más de un año paralizados. No es casualidad que el Banco Mundial pusiera encima de la mesa 520 millones de dólares para reforzar la red sanitaria local y también 450 millones para evitar un mayor hundimiento de la economía y el empleo.

El ébola ha bajado las persianas de los comercios, ha cerrado carreteras, ha vaciado mercados y ha agujereado los bolsillos de los más humildes. Los proyectos locales educativos y de empleo que habían aparecido en una década de paz han tenido que cerrar o derivar sus fondos a la lucha contra la epidemia. El drama es doble porque la mayoría de la ayuda ha ido a parar a oenegés humanitarias grandes o a la ONU, y las pequeñas organizaciones locales, que son las que se quedarán cuando todo acabe, apenas han recibido dinero.

Nixon Collier, periodista de economía del diario Daily Mail, nos cita en un bar frente a Lumley Beach, una playa de arena blanca en la capital de Sierra Leona. Hay más de veinte mesas en el local pero todas están vacías. Como ni siquiera están a la vista los camareros, después de un rato de espera, Nixon se levanta a buscarlos y pedirles unos refrescos. "¿Ves?, el ébola ha paralizado todo. Esta es una zona turística, pero no hay turistas. Los únicos que vienen de vez en cuando son cooperantes o trabajadores de organizaciones de las Naciones Unidas; y en el resto del país es peor", dice.

Aunque menor de lo que se calculó al principio, el ébola ha tenido un impacto brutal en los países más afectados. Según un informe del Banco Mundial, Sierra Leona, Guinea y Liberia han perdido 1.600 millones dólares de crecimiento (en 2014 se estimó que las pérdidas serían del doble), o el equivalente al 12% de su Producto Interior Bruto combinado. El ministro de Agricultura sierraleonés, Joseph Sam Sesay aseguró que el virus ha desinflado la economía nacional un 30%.

Nixon apura su Coca-cola y me mira con ojos cansados cuando le repito las palabras del ministro. "Déjate de cifras macroeconómicas de los políticos u organismos internacionales, que ellos no sufren. El precio de la sal, la carne o las hortalizas se ha disparado desde el inicio de la epidemia. Los precios se han multiplicado por dos o por tres. La gente pobre, que no sale en las estadísticas ni en los informes caros de esas agencias, no puede comerciar ni trabajar. Esas son las víctimas de este desastre".

Días después de dejar el país, un amigo me escribe un mensaje de esperanza desde Moyamba. "Sesay y su familia han acabado la cuarentena, ¡¡no más cinta de balizar!!", dice. Sesay ha esquivado el ébola pero, como el 66% de la población sierraleonesa dedicado a la agricultura, ahora tiene que trabajar a marchas forzadas. Una buena cosecha es su única oportunidad.


Contenido patrocinado

Otras noticias

Comentarios 2

#1
17-03-2015 / 10:39
es lo que hay
Puntuación 1

Hace poco apalearón unos de la cruz roja por ir a desinfectar un colegio, porque los chamanes locales decian que eran los medicos los que propagaban la enfermedad.

Parece que les gusta vivir en la prehistoria

#2
17-03-2015 / 11:30
SOS RAZISMO
Puntuación -5

ay que traerlos a todos ellos aquí para que se les atienda como es debido en nuestras modernas instalaciones hospitalarias porque tienen derecho a ello como personas humanas que son