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Sri Lanka o el presidente que perdió su trono por culpa de su astrólogo (entre otras cosas)

19/01/2015 - 12:58
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Mahinda Rajapaksa. Imagen: Reuters

Solía llevar anillos de oro, amuletos, talismanes y un llamativo bigote muy a la moda de su país. Pero la última excentricidad de Mahinda Rajapaksa fue hacer caso a su astrólogo de cabecera y convocar unas elecciones anticipadas que le han desalojado del palacio presidencial.

Es posible que Mahinda Rajapaksa no sea un personaje conocido en estas latitudes, pero su perfil político tiene una historia como las de Juego de tronos, con guerra, magia, alianzas y traiciones incluidas.

Era, hasta hace unos días, el presidente de Sri Lanka, un hombre controvertido que, en mitad de acusaciones diversas, ha dirigido el país hacia el final de una guerra civil que llevaba casi tres décadas en marcha. Para lograrlo desplegó a decenas de miles de militares que, en combate abierto contra los Tigres Tamiles, una guerrilla que controlaba extensas áreas del sur del país, acabaron masacrando a los rebeldes y a muchos de los civiles que vivían en las ciudades bajo su mando.

Sus métodos eran expeditivos. Demasiado. Lo fácil hubiera sido pensar que la población hubiera premiado el acabar con el conflicto armado en las urnas, y eso es lo que decían las estrellas. Al menos es lo que pensaba Sumanadasa Abegunawardhana, que no era otro que el astrólogo oficial del presidente. El hombre que le susurraba al oído y a quien había confiado su futuro.

En efecto, Rajapaksa es un tipo más bien supersticioso. No era raro verlo cargado de oro, con algún talismán oculto y amuletos varios. Muchas de sus decisiones de gobierno antes pasaban por el tamiz de Abegunawardhana, que escrutaba los astros para asesorarle. Mal, por cierto.

De él fue la idea de convocar elecciones anticipadas para este mes de enero. Estaba convencido de que las estrellas se pondrían del lado de su líder, así lo dijo hasta en una entrevista, y el presidente le creyó. Sin embargo no fue así y fue derrotado.

Detrás de la derrota no hay, sin embargo, mal fario alguno. La forma de acabar con el conflicto bélico es una muestra, quizá la más evidente, de la forma de proceder de Rajapaksa. Durante sus años como máximo responsable político puso coto a los medios de comunicación, cosechó no pocas acusaciones de crímenes de guerra contra los tamiles y adquirió una pose cada vez más autoritaria. Eso, según los analistas, le hizo perder el apoyo de las minorías (budistas e hindúes) a favor de sus rivales (apoyados por tamiles y musulmanes).

Una biografía de Juego de tronos

Pero la política en Sri Lanka es una cosa un tanto enrevesada, llena de lazos familiares, traiciones y de personajes de ida y vuelta. Como pasa en Juego de tronos terminar la guerra da comienzo a otras guerras con quienes fueran tus aliados. Y la biografía de Rajapaksa no iba a ser una excepción.

Primer ejemplo: entró en el parlamento nada menos que en 1970 sustituyendo a un diputado y salió siete años después siendo sustituido por el hijo del diputado que le precedió. Volvió a ocupar un escaño en 1989 y ya no lo soltó hasta 2005, cuando fue elegido presidente. En ese periodo ocupó dos carteras ministeriales (Trabajo y Pesca), lideró la oposición durante dos años y de ahí dio el salto a primer ministro durante año y medio hasta alzarse finalmente con la presidencia.

Segundo ejemplo: una de sus primeras decisiones fue prorrogar el mandato del comandante Sarath Fonseka, que había liderado la batalla contra los tamiles durante años junto con el hermano del propio Rajapaksa. Tras el fin de la guerra civil el presidente y el comandante discutieron, este último fue relevado de su puesto por carta y se pasó al partido de la oposición, desde donde concurrió a las elecciones contra Rajapaksa y perdió. Fue sentenciado a dos años de prisión y, finalmente, indultado.

Tercer ejemplo: quien derrota al supersticioso presidente es Maithripala Sirisena, que fue secretario general de su propio partido y ministro de Sanidad bajo su mandato.

La verdad, pocos esperaban su derrota y, en caso de darse, que se la tomara tan bien. Hubo hasta rumores de conato de golpe de Estado, pero nada. Hasta EEUU felicitó al presidente saliente por la normalidad con la que había encajado que los astros le hubieran dado la espalda.

Así que, visto lo visto, no hay que descartar que Rajapaksa vuelva a dejar ver su lustroso bigote por los puestos de gobierno. Como dijo su astrólogo después de meter la pata, "ni siquiera todas las predicciones de Nostradamus se cumplieron".


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