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Archivo de Marzo, 2010

Una de las curvas de la muerte

Viernes, 19 Marzo 2010

La carretera M-607 ha saltado a los distintos medios de comunicación porque hace unos días una mujer, Esther Rincón, se topó con un accidente mientras grababa en vídeo la curva en la que en fechas anteriores se había matado su hijo.

La llamada autovía de Colmenar, con un trazado endiablado y mal peraltado en muchas de sus curvas, es de las más peligrosas del Estado: 723 incidentes y nueve muertos desde 2008 son algunos de sus datos). La carretera es responsabilidad de la Comunidad de Madrid, y se prometió un nuevo desdoblamiento del tramo entre Tres Cantos y Colmenar Viejo que finalmente no se ha abordado debido a “problemas presupuestarios”. Un incumplimiento más.

La Comunidad de Madrid, también responsable lógicamente de la conservación de la vía, sacó a concurso en enero las obras para reasfaltar y rehabilitar el firme entre los kilómetros 25,7 y 35,6% por un importe de 1,48 millones de euros, pero todavía no ha comenzado la obra. Ahora, tras el famoso vídeo, el Gobierno madrileño se plantea “suprimir la curva” en cuestión a modo de urgencia, algo imposible por la complicada situación del tramo, si bien cabe ampliar el radio de la curva y señalizarla mejor, (que no con miles de señales y badenes como hasta ahora).

El Fiscal jefe de Tráfico, Bartolomé Vargas, ha anunciado que tomará cartas en el asunto y examinará toda esta vía por el mal estado; de momento, ya se ha encargado un peritaje, que habrá de concluir en seis meses. Si no se observaran conductas penales, también podría emprenderse un procedimiento contencioso-administrativo en reclamación de responsabilidades civiles contra el Gobierno madrileño.

En cualquier caso, este suceso debería sentar precedente y doctrina: es preciso identificar técnica y judicialmente los puntos negros y los tramos peligrosos, e instar a la administración responsable a realizar las reformas pertinentes en un plazo determinado de tiempo, pasado el cual podrían exigirse responsabilidades civiles y penales. Y en cuanto se detecte o perciba uno de estos puntos o tramos, debería ser obligatoria su reforma. No basta con que los conductores nos resignemos a leer la nefasta señalización impuesta con la típica aparatosidad chapucera del bombo y platillo para que se reduzcan automáticamente los accidentes.