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Engaña al ‘Big Brother’ con informaciones erróneas

17 Marzo 2014 por antonio lorenzo

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Sí, hágase ese favor: engañe al Big Brother con informaciones erróneas. Aproveche para soltar trolas. Mienta con un descosido. Créame que eso será bueno para nuestra privacidad online.  Espero ganarle para la causa a poco que llegue al final de este escrito.

Por lo pronto, invito a que levante la mano quien no sienta repelús por la capacidad de intromisión de los gigantes de Internet en nuestras vidas digitales. Vaya por delante que yo actúo de forma temeraria en el mundo online. Ya verán. Mi móvil Android dice lo que voy a tardar en llegar a casa; mi rastro en Twitter pregona más de mí de lo que yo podría resumir en varias horas; mi Facebook lo tengo aparcado desde hace meses porque mis amigos no se merecen tanta paliza; la bandeja del correo electrónico me golpea con publicidades tan poco deseadas como certeras. En Internet alguien saben a la hora que embarcaré  en el próximo avión o viajaré en tren, tambiñen controal el tiempo que llevo sin participar en cierto juego viral o fisga en mis fotos más exitosas en Instagram o Flickr. Amazon puede hacer inventario de mis compras y la gente de Groupon es una autoridad sobre mis caprichos consumistas. Si me gusta algún restaurante particular lo comento o reseño en Foursquare,  como el que no quiere la cosa. También soy un convencido de las virtudes de Waze, por aquello de que los atascos son más llevaderos.

Ultimamente estoy enganchado a la red Vivino, de aficionados al vino, de forma que me entero en tiempo real sobre lo que están bebiendo mis contactos, y viceversa. Espero que realmente las conversaciones en Whatsapp no estén en ningún servidor, porque de lo contrario no habría secretos de mi propiedad que merezcan tal consideración. Obviamente, mi blog personal está ahí, expuesto a quien quiera echar un vistazo, y lo mismo ocurre con mi LinkedIn.

Tengo cuentas en las principales plataformas de mensajería de VoIP, por aquello de probar de todo. Estoy suscrito a infinidad de servicios online y mis listas de canciones de Spotify no tienen nada de particular. Encargo el taxi por el móvil, con un servicio que dispone del movimiento preciso de mis andanzas. Al menos todavía no subo mis carreras y entrenamientos a Runstatic, pese a que muchos amigos me animan para que lo comparta y comente. Basta con hacer un ‘googelazo’ para ver mi firma en infinidad de artículos publicados en diferentes medios a lo largo de mi vida profesional. El egocentrismo de las redes sociales debería causarme vergüenza (ajena o propia).

Ante tanta información personal, resultaría fácil a cualquier experto en Big Data procesar semejante caudal de sucesos anodinos para realizar un profundo informe sobre nuestros gustos, hábitos, intereses. El ‘Gran Hermano’ sabrá tanto sobre mi persona que estoy pensando seriamente en publicar en los diferentes sitios online todo tipo de informaciones contradictorias, con comentarios sobre viajes que no he realizado ni pienso realizar, por ejemplo. Me gustaría que el que señor pretenda saber todo sobre mí disponga de datos erróneos, dejándome así cierto resquicio de privacidad.

Si un día de estos decido borrar mi rastro anterior, puedo tomármelo con calma y tener la certeza de que será casi imposible. En fin. Ante semejante impotencia –insisto- les recomiendo divulgar información errónea sobre uno mismo. Que nadie nos quite el derecho de mentir alegremente.

De todo lo dicho trata el reportaje de portada de la revista Tecnología que mañana pueden descargarse desde este enlace. También desde el mismo link puedes incluir tu email para suscribirte a los próximos números. Ya puestos, confiar tu correo una vez más tampoco es para rasgarse las vestiduras. No se arrepentirán y podrán leer un fantástico artículo de Carlos Bueno sobre el Derecho al olvido y sus ramificaciones.
A disfrutar.

WhatsApp y la cara de haber mordido un limón de las ‘telecos’

26 Febrero 2014 por antonio lorenzo

WhatsApp ha sido la gran atracción del Mobile World Congress (MWC) y maldita gracia ha debido hacerles a los operadores de telecomunicaciones, hasta ahora reyes del evento. Las grandes telecos han cedido el trono mediático a la compañía que más daño les ha hecho. Conviene recordar que la mensajería móvil ha provocado pérdidas multibillonarias al negocio mundial de los mensajes cortos (SMS) y ha animado con su ejemplo a otros muchos desarrolladores de aplicaciones a enriquecerse través de unas redes que ni crean, financian ni mantienen. Yo gano a espuertas pero sin invertir un céntimo. Así es el juego.

La firma de creada por Jam Koum, y adquirida hace una semana por Facebook, ha aprovechado la capitalidad mundial del móvil para recalcar que no almacena datos de los usuarios y que no se integrará con su matriz. Koum también ha anunciado que su firma ofrecerá servicios de voz, lo que volvió a dejar a las telecos tradicionales con cara de haber mordido un limón. “Lo que faltaba. Estos descorbatados no sólo laminan los SMS, sino que ahora pretenden atacar el filón en declive de la voz”, debieron decirse algunos en voz baja. Y de inversiones para mantener el ecosistema ni palabra. Eso ya lo hacen otros, los mismos de siempre, los que encima son los antipáticos de la fiesta porque a final de mes vienen con la factura a casa de los usuarios.

Pese a todo lo anterior, y en un discreto segundo plano, apenas un puñado de telecos de toda la vida ha mantenido el fuego vivo de su negociado en el MWC. Telefónica ha insistido en su apoyo a Firerox OS, la plataforma con la que una parte de la industria pretende reducir el oligopolio de Google (Android) y Apple (iOS) en el negocio de los sistemas operativos para dispositivos móviles.

Vodafone ha apostado por las grandes mejoras en la calidad y capacidad de sus redes, Orange ha soltado sus móviles de marca blanca y Deutsche Telekom ha buscado nuevos caminos para elevar los ingresos al calor del incremento del tráfico de sus redes. Y para de contar. Los operadores de red se han convertido en el sufrido sándalo, el árbol que perfuma el hacha que le corta. Mala cosa.

Todos los empleados de WhatsApps serán multimillonarios

20 Febrero 2014 por antonio lorenzo

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WhatsApp ha logrado un récord imposible de alcanzar para ninguna gran compañía o institución del planeta: que todos sus empleados sean virtualmente multimillonarios. Eso sí, no podrán disfrutar de su repentina condición y sus más de 43 millones de euros por cabeza hasta 2018, siempre que guarden la necesaria fidelidad a la empresa.

Ni en el club de fútbol más rico del mundo se podría decir lo mismo. Según se desprende de las condiciones del acuerdo de compra de Whatsapp, cada uno de los 50 empleados de la joven empresa recibirá acciones restringidas de Facebook por un valor de 60 millones de dólares, alrededor de 43,6 millones de euros, aunque canjeables con condiciones en el plazo de cuatro años.

Según desveló en su comunicado la mayor red social del mundo, la adquisición está valorada en 16.000 millones de dólares, de los que 4.000 millones de dólares se abonarán en efectivo y los 12.000 millones de dólares restantes serán en acciones de la compañía de Mark Zuckerberg. Sin embargo, esa cifra no hace justicia con el importe total de la operación, ya que falta por añadir los 3.000 millones de dólares que se repartirán los felices y seguramente fieles empleados de Whatsapp. Con unas cosas y con otras, el montante total asciende a 19.000 millones de dólares (13.800 millones de euros)

Las acciones restringidas que se repartirá la plantilla de Whastapp, incluidos sus fundadores (Jan Koum y Brian Acton), serán títulos que no se podrán canjear en el mercado si la venta de las mismas pudiera afectar negativamente a la marcha de la empresa. Tampoco se podrán transferir dichos activos en su totalidad hasta que no se alcancen determinadas condiciones, incluida la aprobación explicita del regulador bursátil estadounidense (la SEC) para su puesta en liquidez. Como semejantes condiciones, parece unánime que Whatsapp se acaba de convertir en la mejor empresa donde trabajar, sin necesidad de encuestas ni estudios de mercado.

¿Cuándo llamaste por última vez desde una cabina?

18 Febrero 2014 por antonio lorenzo

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¿A que pagaste en pesetas la última vez que llamaste desde una cabina? La pregunta animó a la redacción de la revista de Tecnología de elEconomista a trabajar sobre el asunto y a reflexionar sobre el triste destino de los teléfonos públicos.

Si te apetece recibir en tu correo electrónico la versión en PDF o en Visor de tan nostálgico número puedes suscribir desde este enlace para acceder a la revista mañana la noche del martes 18 de febrero. Desde el mismo sitio puedes decargarte la publicación así como números atrasados (e intemporales).

Las cabinas son una especie en extinción por culpa del teléfono móvil. En los últimos años, los celulares han dejado obsoletos productos tan castizos como las cámaras fotográficas compactas, los GPS, las calculadoras, las libretas de contactos, las agendas electrónicas, los reproductores de música digital, las máquinas grabadoras, las linternas, las brújulas, las estaciones meteorológicas, las consolas y los cuadernos de notas, entre otros. Pero en su catálogo de víctimas sobresalen las cabinas telefónicas. Los teléfonos públicos están heridos de muerte. Un modesto porcentaje de turistas y una pequeña parte de la población inmigrante todavía las utiliza, aunque con escasa frecuencia. Los primeros tienden a recurrir al teléfono móvil, desafiando los costes de itinerancia, y los segundos muestran más simpatía por los locutorios o las tarifas de bajo precio de los operadores virtuales étnicos.

Las cabinas viven en horas bajas. Atrás quedaron los años de Cuéntame, en los que el teléfono público era el rey de la calle. Los nostálgicos recordarán que, durante décadas, sólo admitían fichas, que era raro encontrar una cabina libre en las facultades, institutos, ministerios y cuarteles. Las tarifas eran más baratas a partir de las diez de la noche, por no hablar del ingenio popular que descubría extraños sistemas para hablar gratis hasta que dejaban de funcionar. Eran otros tiempos, tan lejanos como las pesetas.
Ahora se imponen nuevos usos para unas instalaciones que piden a gritos una reconversión.

Donde hay un poste con teléfonos públicos bien podría habilitarse un punto de acceso WiFi, un enchufe para vehículos eléctricos o un teclado con una pantalla a prueba de vándalos, para así poder enviar correos electrónicos o WhastApp en el caso de que el móvil se quede sin batería. En esos casos, que nadie reclame a los operadores tradicionales que sigan financiando ese tipo de servicios como lo hacen hasta la fecha. Recordemos que Telefónica sólo está obligado a ofrecer y mantener sus teléfonos públicos hasta finales de 2016. A partir de entonces se abre un enorme vacío. Dentro de tres años, la cobertura celular gozará de suficiente calidad en todo el territorio nacional, incluido la banda ancha móvil. El debate sobre la futura conveniencia de las cabinas está servido y nosotros lo alimentamos desde la revista de Tecnología.

¿Cómo diablos traducimos ‘wearable’?

13 Enero 2014 por antonio lorenzo

Para los que busquen una traducción rápida de wearable, gracias al trabajo colaborativo de un puñado de expertos en tecnología que viven de las palabras, recopilo las siguientes propuestas:

Tecnoaccesorios

Tecnocomplementos

Gadgetoprendas

Tecnoprendas

Prendas tecnológicas

Prendas inteligentes

Indumentaria digital

Complementos inteligentes

Complementos conectados

Ponibles

Llevables

Vestibles

Accesorios que se llevan en el cuerpo

Tecnología vestible

Tecnología para poner

Tecnología que se viste

Dispositivos que se visten

Accesorios inteligentes

Accesorios ponibles

Dispositivos inteligentes

Güearables

Tecnología guarreable

Guarreable

acCESorio

Aquellos que quieran profundizar en el debate y conocer la génesis del asunto, pueden seguir leyendo:

Quédense con este nuevo palabro: “wearable”. Pese a la difícil pronunciación, el término amenaza con formar parte íntima de nuestros días en muy poco tiempo. A lo largo de los próximos meses seremos testigos de la proliferación de wearables, es decir, dispositivos electrónicos diseñados para llevarlos siempre puestos. Estos gadgets adaptados a la moda y acoplados en todo tipo de accesorios han sido los grandes protagonistas de la reciente Feria del CES, celebrado en Las Vegas. Desde relojes a pelucas, pasando por pulseras, gafas, prendas de vestir, anillos, pendientes, complementos y hasta tatuajes electrónicos.

Preocupados como estamos en la revista Tecnología de elEconomista por respetar y preservar el idioma español, preguntamos a través de las redes sociales sobre la traducción más correcta para eludir la palabra extranjera. Algunos proponían “vestible”, otros “ponible”, otra internauta (@pgulijczuk) abogó por “accesorios que se llevan en el cuerpo” y hubo alguno que defendía “llevable”… Lo cierto es que ninguno de los anteriores términos nos gustaba lo suficiente. Quién más se aproximó, en nuestra opinión, fue Fabián González (@fabiang), experto en marketing y Social Media, quien sugirió “accesorios inteligentes”. Visto el panorama, esta última parecía la más convincente, pese a que resulta demasiado larga en términos comerciales.

@antoniolorenzo accesorios inteligentes? @Fundeu

— Fabian (@fabiang) enero 7, 2014

También acudimos a los expertos de Fundeu, “fundación promovida por la agencia Efe, asesorada por la RAE y patrocinada por BBVA, cuyo objetivo es el buen uso del español en los medios de comunicación”, quienes explicaron a través de Twitter que “dispositivos/accesorios inteligentes/portátiles” no expresa que se llevan encima”. No nos sacaron de dudas, pero apreciamos la buena voluntad.

@pgulijczuk @antoniolorenzo @fabiang «Dispositivos/accesorios inteligentes/portátiles», pero ninguno expresa que se llevan encima.

— Fundéu BBVA (@Fundeu) enero 12, 2014

Ante la premura del cierre de la revista, la redacción de Tecnología decidió salir por la tangente y titular el reportaje de portada de la revista por “Llega la Generación Robocop”. Muchos recordarán el policía superdotado que alcanzó celebridad en la gran pantalla por la película ochentera de Paul Verhoeven.

Curiosamente, cuando ya toda la revista estaba cerrada y producida, sin posibilidad de cambio alguno, recibimos un tuit de la periodista Pilar Bernat (@TyC4all), con una aportación genial y brillante como es propio de la directora de la revista Telefonía y Telecomunicaciones y Zonamovilidad.es : “Yo opto definitivamente por prendas tecnológicas. Clarita y muy castellana”, propuso. Y así es. Es verdad que podría discutirse si un reloj o unas gafas merecen llamarse prendas, accesorios o complementos, pero nadie puede negar que la propuesta está cargada de valor. Una pena que la sugerencia llegara tarde, porque el titular de apertura del reportaje hubiera sido otro. En fin, tendremos muchas más ocasiones para aprovecharlo.

Días despues, el debate ganó nuevos bríos tras un cruce de tuits entre otros grandes del gremio tecnológico: Albert Cuesta (@canalPDA) y Chema Flores (@_chemamalaga) a los que pronto se añadió Carlos Hergueta (@Herguetic). La estela también implicó a Carlos Burges (@carlos_burges), Manu Arenas (@digitalcual), @elmundoesmovil  Violeta Molina (@violetamolina) David Martinez (@dmartinezpr), Francisco Bautista (@pacobautista), Marta Villalba (@martivill) …

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Dos cosas más para terminar.
1. Los que quieran suscribirse gratuitamente la publicación ya están tardando. Pueden pinchar este enlace e introducir un correo electrónico para recibir la revista.
2. Será bienvenida cualquiera de las nuevas traducciones de wearable que sugieran los lectores. El idioma es como el camino, que se hace al hablar y escribir.

Por una Nochebuena sin el chisme en la mesa

24 Diciembre 2013 por antonio lorenzo

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Quizá es mucho pedir, pero no estaría mal que durante la cena de Nochebuena dejáramos el móvil lejos de la mesa. Y lo digo yo, que soy el peor de los que conozco. En ocasiones como las de esta noche, cuando estaremos rodeados de las personas más queridas, merecería la pena preservar el espíritu navideño de nuestros mayores.

Sería bueno olvidarnos durante un buen rato de Twitter, Facebook, Whatsapp, Instagram o Flickr. Todo eso no existía hace unos años y vivíamos sin necesidad de que cada una de nuestras ocurrencias llegara al instante a cientos o miles de personas en cualquier rincón del mundo, sin más fronteras que las propias del idioma o la conexión.

Pagaría por no tener más ‘nube’ que ese trozo de algodón que se despega del cielo empapelado del belén. Podríamos aparcar esa locuacidad online que prodigamos con los lejanos y que torna en silencio cuando cada cual responde de inmediato a reclamos que bien podrían esperar. Conversar con alguien que tiene la vista clavada en un teléfono debería estar mal visto, tendría que ser una falta de urbanidad o un grave problema de educación, como se decía en mi casa cuando alguien comía y cantaba al mismo tiempo, o masticaba con la boca abierta. “Las manos en la mesa y los smartphones fuera de ella”, dirían ahora.

Las redes sociales forman parte feliz de nuestras vidas pero muchas veces nos enredan y atrapan de mala forma. Nos ausentan de los que tenemos al lado. Por eso, por unas horas, el desuso nos reconciliaría con la mejor tradición. Me resisto a pensar que la mayoría de nuestras risas se proyecten sobre una pantalla con ‘memes’ o tontunas virales. Apaguemos la tele y pongamos entre todos un poco de nuestra parte para que la única tableta que habite sobre el mantel sea la de turrón. Que el chisme que acapara la mayor cuota de nuestro bolsillo no esté hoy a la vista, ni a la derecha ni a la izquierda.

De todo corazón, os deseo unas Navidades 1.0

¿Te acuerdas de ‘Hola soy Edu, Feliz Navidad’’?

16 Diciembre 2013 por antonio lorenzo

 Nosotros nos acordamos como si fuera ayer. Ya sea porque somos talluditos o porque la nostalgia campa a sus anchas por estas fechas, la redacción de la revista Tecnología elEconomista tiene cierta debilidad por lo que en su día representó la campaña de publicidad ‘Hola soy Edu, Feliz Navidad’.

Hay que viajar en el tiempo hasta 1997 para rescatar del olvido una serie de anuncios donde que un niño, entonces de 8 o 9 años, llamaba por móvil como fruición para felicitar las Pascuas. Los que se atendieran por Eduardo debieron sufrir lo suyo en aquellos años por culpa de la ofensiva de Airtel para promocionar tres meses de llamadas gratuitas. Sobre todo este fenómeno escribimos en el reportaje de portada de la revista digital de elEconomista, a la que te puedes suscribir completamente gratis pinchando aquí, e incluyendo su dirección de email, para así recibir la publicación en tu correo el próximo miércoles, ya sea en versión PDF o visor.

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En el número de este mes no sólo evocamos el anuncio más famoso de la telefonía móvil española, sino que nos recreamos en lo mucho que ha crecido la telefonía móvil en los últimos 16 años, cuando todo se pagaba en pesetas y los dispositivos móviles parecían del pleistoceno. También comparamos la situación de 1998 con la actual, para descubrir con sorpresa que los precios de entonces eran salvajemente mayores a los actuales (¿qué otro sector puede decir lo mismo?). Las 14.000 pesetas (84 euros) de gasto medio en móvil de entonces viene a ser lo mismo que el consumo no sólo de móvil con tarifa plana de voz y datos, sino también de telefonía fija, banda ancha fija de la mayor velocidad, televisión de pago e incluso una línea móvil adicional con todo incluido para algún familiar directo.

Nos resultó simpático recordar el fin del siglo pasado, cuando no existía ni el ADSL y se accedía a Internet a través de las líneas telefónicas conmutadas. Eso significaba que el que estuviera navegando no podría recibir llamadas de voz. Además de ser carísimo, la velocidad de los accesos se limitaba a 64 kbps, frente a los 100 megas cada vez más familiares en nuestros días. Es decir, el contenido digital que ahora se puede descargar durante un minuto hace 16 años requería 70 días enteros.

Como ya viene siendo tradición, en el blog comentamos el proceso de elaboración de la portada Tecnología elEconomista. Vaya por delante que el modelo que aparece en la foto de portada no es el Edu de aquellos años y así lo indicamos en el pie de foto, para que nadie se lleve a engaño. “El muchacho de la foto podría ser el Edu de hace 16 años, pero no lo es. En realidad se llama Alberto. Hemos recurrido a una imitación lo más aproximada posible ante la imposibilidad de encontrar al auténtico Edu antes del cierre de esta edición. Si aparece el verdadero protagonista y le convencemos para la causa, actualizaremos de inmediato la versión online de esta portada”.

Ya nos hubiera gustado encontrar el protagonista, que ahora debe rondar los 24 o 25 años, para redondear la jugada. En cualquier caso, lo importante es comparar ambas situaciones para darnos cuenta de que 16 años es toda una eternidad en el negocio del móvil. “Todos los números empezaban por nueve, el tamaño de la tarjeta SIM era como el de una tarjeta de crédito y la primera frase que se preguntaba o respondía en el aparato era el lugar donde uno se encontraba. Las llamadas perdidas crearon su propio lenguaje, el buzón de voz era de pago y Altavista estaba de moda, junto con Yahoo, para buscar contenidos en la gran autopista de la información, sinónimo entonces de Internet. Apple se dedicaba sólo a sus ordenadores Mac, Samsung sobrevivía a la crisis financiera asiática de 1997 tras malvender su negocio de automoción a Renault -sin sospechar que un día los móviles se harían inteligentes y les convertirían en líderes mundiales-, mientras Larry Page y Sergei Brin acababan de registrar el dominio Google”… comentamos. La evolución de los terminales también fue fulgurante. Qué levante la mano quien haya tenido una de las siguientes marcas en su bolsillo: Motorola, Ericsson, Nec, Sharp, Siemens, Philips, Mitsubishi, Orbitel, Segem. Qué tiempos.

Un concierto histórico por los niños de Juegaterapia

5 Diciembre 2013 por antonio lorenzo

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Todo nació con un tuit. Como sin querer. Javier Sanz (cuerpo y alma del imperio ADSLZone) lanzó el pasado 28 de noviembre este texto “@marcossierra @enrique_pascual Buscamos un bajo+guitarra y montamos una party para compis del sector low cost?”.

Debió hacerlo como el que arroja al océano una botella con un mensaje. Vaya por delante que Javier es un tipo emprendedor, entusiasta e incansable. El éxito de ADSL Zone está labrado a golpe de talento y trabajo del duro. Su reclamo encontró eco al instante en otros periodistas del sector tecnológico: Marcos Sierra, Carlos Hergueta (Herguetic), Miguel Ángel Uriondo (@uriondo), Rebeca Arroyo (@rebearroyo), cuatro ilustres mosqueteros de la profesión. Enrique Pascual, padre de la agencia Indie PR y referencia de la comunicación empresarial, también estaba ahí, siempre cómplice, amigo y garantía de buen hacer. Quien esto escribe también se subió al carro, pero sin aportar más activos que buenas intenciones.

El caso es que poco después Hergueta irrumpió como un ciclón y redondeó la propuesta con un motivo benéfico: recaudar fondos para “Juegaterapia”, una asociación que ayuda a los niños hospitalizados a combatir el dolor y el tedio con juguetes. Su empuje fue avasallador, igual que el de Uriondo y Rebeca, cada cual con lo mejor de sí mismos. Acababa de nacer Tecnavidad. Sanz, además, soltó mil euros en un santiamén.

Los detalles del evento fluyeron en pocos Whatsapp. Será el jueves 12 de diciembre, en la madrileña Sala Caravan (Paseo General Martínez Campos, 17). Según he podido leer en Adslzone, los amigos de Telefónica se encargan del aquiler de la sala y de la bebida. Samsung, Ono, Sony y ZTE, entre otras, colaboraron con algo más que cariño, lista que estoy seguro que tendré que actualizar en las próximas horas. Los que quieran acudir deberán pasar por taquilla de forma extraordinaria a razón de 10 euros por cabeza. Toda la recaudación irá después para
Juegaterapia, igual que los fondos que se obtengan por las rifas de productos donados por las empresas tecnológicas: tablets, móviles, consolas, videojuegos, y hasta un viaje para dos personas.

El hashtag para el evento será #Porlospeques y el concierto en directo, además de entrañable, será histórico. Por lo tanto, puedes pasar la bola.

Compra tu entrada en Ticketea, 10 euros

Así será el móvil que tendrás dentro de seis años

18 Noviembre 2013 por antonio lorenzo

A los periodistas que hacemos la revista de Tecnología de elEconomista nos interesa mucho el futuro. Nos gusta fisgar en los estudios de prospectiva e imaginarnos cómo seremos en cinco o seis años. Nos creemos casi todo, quizá porque nuestra capacidad de asombro no tiene límite. Nos gusta más la ciencia que la ficción y, por eso, nos apetece recrear cómo serán los móviles que formarán parte de nuestras vidas en el año olímpico 2020. Y de todo ello escribimos en el nuevo número de la revista digital de Tecnología elEconomista que el próximo miércoles 20 de noviembre llegará a gratuitamente a todos los que estáis suscritos (podéis hacerlo ya mismo indicando vuestro email o descargar la revista desde este mismo enlace , aunque ahora sólo está la de la semana pasada).

En la víspera del nacimiento de la revista podemos adelantar que los teléfonos móviles de la próxima década cambiarán mucho su aspecto respecto a los formatos actuales. Incluso puede darse el caso de que no existan como tales, ya que podrían estar injertados bajo nuestra piel. El micrófono en el cuello y el auricular detrás del lóbulo de la oreja.Todo apunta a que la cámara tomará forma de lentilla y que la pantalla se podrá proyectar sobre el aire, quizá con la ayuda de un pequeño accesorio. Los teclados perderán su primigenia razón de ser ya que la mayor parte de nuestros textos los dictaremos. El reconocimiento de voz estará tan logrado que los nuevos dispositivos no sólo nos entenderán a la primera, sino que incluso se adelantarán a nuestros pensamientos. Ni que decir tiene que la capacidad de proceso de esos artilugios no la alcanzarán muchos de nuestros supercomputadores contemporáneos.

La duración de la batería será tan relevante como siempre, pero hay expertos que apuestan por sistemas que duran semanas, con cargas rápidas (en cuestión de minutos o segundos) e inalámbricas. La seguridad también será sagrada, algo que posiblemente no ocurrirá con los datos personales. Los secretos en la era digital son una especie en extinción, y no hace falta esperar a 2020 para comprobarlo.

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Como es costumbre, la portada del nuevo número tuvo su historia. Inicialmente encargamos una fotografía que ilustrara el titular “Asómate al 5G”, en referencia a la tecnología de telefonía que seguirá al 4G de nuestros días. Queríamos retratar a alguien asomando su cabeza en una puerta en un quinto piso, letra G. Nos dio pereza ponernos a buscar y consideramos acudir a la infografía para pegar un cartel 5G en cualquier puerta. La idea quedó en la papelera de reciclaje en cuanto surgió la morenaza de ojos claros de la portada. La chica se toca la oreja, porque en realidad está escuchando a alguien a través de un móvil que no se percibe. Su mirada es limpia y profunda, como las lentes de su cámara de fotos. Tampoco necesita pantallas físicas porque lo que tiene que ver ya lo contempla al ladear la vista. Ya puestos, nos atrevemos a imaginar que justo en el momento de la instantánea nuestra musa estaba mandando un mensaje instantáneo sólo con pensarlo, a modo de telepatía.

Lo malo de lo que hemos aprendido haciendo este número es que en 2020 tampoco existirá la aplicación más exitosa de la telefonía móvil: el teletransporte. Para ello creo que deberemos esperar una par de generaciones. O quizá algo menos.

Sobre los coches que se conducen solos

15 Octubre 2013 por antonio lorenzo

El último número de la revista Tecnología de elEconomista verá la luz a primera hora del miércoles 16 de octubre con un tema de portada protagonizado por los automóviles inteligentes, es decir, aquellos capaces de circular ellos solitos, sin que se necesite la intervención directa de las personas.

El asunto parece propio de ciencia ficción, aunque los avances conseguidos nos demuestran que se trata de una realidad absolutamente tangible, algo que está a la vuelta de la esquina. En muy poco tiempo, nos sorprenderemos a bordo de automóviles que tienen automatizadas las rutinas propias de la conducción. El volante estará en las mejores manos mientras el piloto echa una cabezadita en plena marcha. No ha falta ver la carretera, ya que las tecnologías más avanzadas de geolocalización se encargarán de circular siempre con la velocidad adecuada y con absoluta seguridad. Llevando este prodigio a los extremos, incluso los ciegos podrían conducir la nueva generación de automóviles inteligentes. Entre todos los invidentes, Stevie Wonder es el favorito en la redacción de la revista.

Los responsables de fotografía y diseño de elEconomista se lanzaron a sus bancos de imágenes a la caza del cantante estadounidense y lo encontraron justo donde nos interesaba, en un coche, cantando aquello de no conduzcas bebido. Pero algo no encajaba. El vídeo, rescatado de Youtube, correspondía a un anuncio de la Dirección General de Tráfico cuya calidad de imagen invitaba a pocas alegrías. Ante semejante tesitura, optamos por buscar un descapotable vistoso y acomodar allí al genio de la Motown. El resultado es el que salta a la vista.

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Por cierto, ni que decir tiene que ya os podéis descargar gratuitamente la revista Tecnologia desde este enlace (y también os podéis suscribir para siguientes números indicando vuestro email).