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Así podría ser el Tour de Francia de 2020

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Ya lo estoy imaginando y me echo a temblar. En unos años, posiblemente más pronto que tarde, los organizadores de las grandes vueltas ciclistas deberán tomar una decisión que podría afectar a la competición y al transcurso de las pruebas. La incorporación de las gafas inteligentes. Ríanse de los controvertidos pinganillos que actualmente generan controversia y suspicacias en el Tour, Giro y Vuelta. Lo que está a la vuelta de la esquina serán una revolución en el deporte de las dos ruedas superior al uso del carbono en los cuadros de las bicicletas o de pedales automáticos, por ejemplo. Nadie discute que los avances tecnológicos aplicados a los materiales de ciclismo han sido vertiginosos en los últimos años, pero el panorama que se avecina a través de los próximos wereables podría cambiar la concepción romántica del propio deporte.

Las miradas más desconfiadas apuntan al fabricante Kopin, que se ha adelantado al resto de sus competidores con un modelo de gafas conectada, bautizado Solos, y que recuerda a las Google Glass. A grandes rasgos, el deportista podrá ver proyectado en la lente una conjunto de datos de extraordinaria relevancia para dosificar el esfuerzo y desarrollar las estrategias más aventajadas: Los kilómetros recorridos, la distancia que resta hasta la meta, el ritmo cardíaco, los datos del potenciómetro con los vatios empleados en cada momento, así como el cronómetro, indicaciones sobre mapas virtuales, mensajería instantánea, velocidad media, consumo de calorías, el nivel de glucosa en la sangre, el porcentaje de desnivel en los puertos de montaña.

Junto a todo lo anterior, también sería posible incorporar comunicaciones de los jefes de equipo o de otros ciclistas o aplicaciones que incorporen la localización o velocidad media de otros competidores y la distancia que existe entre el ciclista escapado o el pelotón. Basta con pertrechar al ciclista de mini sensores para que el propio interesado (o el equipo técnico) conozca esta información en tiempo real para hacer uso de ella en función de sus intereses y condiciones. Salvando las distancias, la monitorización de los llamados esforzados de la ruta será similar a la de los vehículos de la Formula 1.

No es ciencia ficción. Las gafas Solo, de apareciencia similar a las que ya utilizan los ciclistas de élite, se pueden comprar a cambio de 1.000 euros. La autonomía de la batería del gadget ronda las seis horas, suficiente para la mayoría de las etapas profesionales. Dicho lo dicho, me temo que algún día todos los ciclistas, profesionales y amateurs, llevarán gafas inteligentes inspiradas en las de Kopin.

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