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Te asustaría saber lo que pueden conocer de ti

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En el próximo número de la revista Tecnología de elEconomista, que desde la medianoche del próximo martes al miércoles 18 de noviembre podrás descargar gratuitamente desde aquí, ponemos el grito en el cielo ante los riesgos de privacidad que amenazan al Primer Mundo. A grandes rasgos, percibimos que ya vamos muy tarde para rebelarnos ante el Gran Hermano tecnológico que se empeña en fisgar cada movimiento que hacemos. Da miedo pensar que un puñado de grandes compañías y otros tantos grandes estados son capaces de conocer los hábitos, conductas y gustos y disgustos de cada uno de nosotros.  Te asustaría saber lo que pueden llegar a conocer de cada uno.

Esas grandes empresas del Nasdaq que tienes en la mente pueden ser conminadas a desvelar lo que hablamos por el móvil, lo que escribimos en el Whatsapp, los chistes que nos hacen reír, dónde estamos en cada segundo del día, con qué frecuencia tiramos de la cadena y a qué hora solemos apagar la luz para dormir. Ni qué decir tiene que lo que navegas es un clamor, incluso aunque lo hagas de forma anónima y borres tu historial. Puedes estar seguro de que las cámaras no solo te graban cuando visitas una sucursal bancaria o un supermercado, sino también al caminar por infinidad de espacios públicos. La gran mayoría de los smartphones disponen del sistema operativo Android (propiedad de Google), por lo que no resultaría imposible al gigante de Mountain View realizar un perfil detallado de cada usuario de Gmail, Maps, Youtube, Play Store, Hangouts, Play Music. También podría hacer acopio de los textos que traduces online, los selfies que prodigas, los kilómetros que caminas y las calorías que consumes. El paso inmediato, en cuanto te atrevas a pagar con el móvil, permitirá a las grandes plataformas saber cuándo, cuánto, dónde y en qué te gastas el dinero.

Alguien con ciertas herramientas podría molestarse en cruzar datos y preguntarse por qué deambulas en horario de oficina por una calle que nunca habías antes pisado. Puedes taparte los oídos, mirar hacia otra parte o pensar que en estas páginas abunda el periodismo sensacionalista, pero ni por esas te librarás de una realidad que debería preocupar a la gente mucho más de lo que lo hace. Lo peor es que apenas hay forma de escapar. Sería complicado renunciar al móvil, a la tarjeta de crédito o a Internet. No me merece la pena complicarse tanto la existencia. Las miradas que acechan detrás de las cortinas y pantallas son insaciables. La gran nube almacena datos que en algún momento podrían pasar por un tamiz para transformarse en conocimiento.

Nos daría pánico sentir aireada tanta privacidad. Pero porque ya vamos tarde para preservar la intimidad, recomiendo engañar al Gran Hermano con información premeditadamente errónea. Entran ganas de buscar con insistencia en Google términos sobre cetrería, por ejemplo, o indagar sobre otros asuntos que realmente pueden interesarte un comino. La mentira nos hará libres. Sólo de esa forma se podría burlar a ese vigía universal con engañifas disfrazadas de verdad. Ahora que lo pienso, no debería haber desvelado mis intenciones por escrito y mucho menos compartirlo en este blog. ¡Glups!

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