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El móvil en el restaurante, mejor en el bolsillo

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Únete a la causa. Somos pocos, pero revoltosos. Cuando se aproximan las fechas de redactar las proposiciones de Nuevo Año, te sugiero un nuevo hábito para 2018: Guardar el móvil en el bolsillo en el restaurante y, ya de paso, también silenciarlo. La práctica cada vez tiene más seguidores en los países más desarrollados del mundo. Los viejos manuales de protocolo y buenos modales no sospechaban que los comensales pudieran distraerse durante la comida con una pantalla capaz de demandar atención casi a cada instante. Los mismos cánones de urbanidad ya mostraban su estupor frente a la mala educación de compartir bocado mientras se hojea un periódico, o se sucumbe ante el televisor, por ejemplo. La escena se repite en miles de manteles del mundo, con hombres y mujeres que desenfundan sus móviles como si fueran revólveres y los dejan descuidadamente a la vista, sin reparar en tan triste espectáculo.

La cosa ha empeorado mucho con los años. Basta con echar un vistazo a las mesas de cualquier restaurante para descubrir decenas de smartphones entre las copas y el plato del pan, o entre los cubiertos y el plato. Viene a ser lo normal, quizá porque somos pocos los que afeamos esa costumbre. Ante tan cruda realidad, ha llegado el momento de poner en valor las mesas de restaurante sin móviles. Así, de paso, los comensales pueden mirarse a la cara, disfrutar de la comida y bebida y conversar sin sobresaltos ni interrupciones. Una vez que asumimos nuestro vasallaje a la pantalla desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, no estaría mal liberarnos de su influjo durante el rato del almuerzo.

Algunos establecimientos ya han tomado conciencia del problema y rebajan la factura el 10% a los clientes que dejan el móvil en la entrada, como el Sneaky’s Children estadounidense. ¡Muy bien hecho!
Otros activan inhibidores de frecuencias o, directamente, prohíben su uso. En el lado opuesto de los anteriores, prolifera el disparate de los establecimientos que colocan cargadores en las mesas –patentados por Chargefix- para que la mesa no solo sacie el apetito de los clientes, sino también insufle energía al móvil para el resto del día.
Los que necesiten más argumentos para olvidarse del teléfono durante la comida podrían reparar en cuestiones higiénicas. Quien aún no lo sepa, la pantalla del smartphone acumula 30 veces más bacterias que la taza del inodoro.

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