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La banca después del 15M

24 Mayo 2011 por Ana Haro

 Banca Limpia

La revolución social del 15M que ha invadido las plazas de ganas de cambios y mejoras dignas es solo la punta del iceberg. Multitud de iniciativas que llaman a la acción sobre ciertos pilares podridos del sistema hace tiempo que trabajan y siguen trabajando por abrir el telón a esos defectos camuflados que traen consecuencias a veces de vida o muerte. Es el caso de la campaña Banca Limpia, que hace poco ha presentado un informe que no ha dado que hablar tanto como debería, y que con el lema “Somos clientes, no cómplices” y la firma de la ONG Setem, ha puesto en red el nombre de los bancos que apoyan financieramente a empresas dedicadas a la producción de armas.

La cosa tiene miga: en las 64 páginas del documento se afirma que de los 80 grupos bancarios que tienen sede en España y que han sido analizados, 14 bancos españoles (BBVA, Santander, Bankia, Banco Sabadell, Bankinter, BBK, Ibercaja, MAPFRE, Banco Madrid, Banco Popular, CatalunyaCaixa, Banco Pastor, Finanduero y Banca March) están implicados económicamente en 19 de las principales empresas llamadas “productoras de armas controvertidas”. Los datos que recogen van de enero de 2006 a la actualidad y la relación con estas compañías se establece en forma de bonos, acciones, financiación o cualquier tipo de préstamo. De todos los bancos ’señalados’ el BBVA es el que sale peor parado, ya que según este estudio, “invirtió casi 1.000 millones de euros” en empresas de su lista negra como Lockheed Martin y Textron. El grupo Santander le pisa los talones y es que en los datos de esta iniciativa se fija en “más de 700 millones de euros” la suma que ha prestado “a fabricantes de armas nucleares, armas de uranio empobrecido y bombas de racimo, prohibidas desde 2010″.

¿El fin? Municiones en racimo, armas nucleares, minas antipersona, armas de uranio empobrecido o armas biológicas y químicas, esos son algunos de los destinos dorados de los ahorros de los españoles. La voces del futuro se han oído en calle y ahora toca mover la siguiente ficha (y seguir, y seguir y no volver atrás, y exigir juntos más participación, más voz, más claridad, más justicia, gobierne quien gobierne). Los bancos han de ser responsables y financiando armas que infringen los derechos humanos van por peor camino todavía que con el timo de las estampitas/hipotecas subprime. Además, la protesta colectiva funciona, está demostrado. Desde la web de la campaña han incluido la posibilidad de escribir al banco en cuestión y algunas entidades ya han respondido a la denuncia: según Banca Limpia, “BBK ha vendido su participación en Thales, productora de armas nucleares” y “Banco Popular, Bankinter y Catalunya Caixa se han puesto en contacto” con la ONG.

Con la verdad no se juega, y menos en tiempos de Internet, y del poder de decidir dónde guarda cada uno su dinero, dependerá, como ya dijimos cuando abrimos la puerta a la llamada banca ética, la quiebra de algunos grupos bancarios que traicionan sin piedad a esos eslóganes publicitarios de transparencia y compromiso que quedan tan bonitos en los márgenes de las autopistas. Ojo, ahora vamos en tren de alta velocidad, y pasa tan deprisa que no nos importa lo que hay al otro lado de la ventanilla, lo importante se está cociendo dentro.

El dato: En la actualidad, España ocupa la octava posición a nivel global en la industria de fabricación y venta de armas y municiones. Países como Bélgica, Irlanda, Luxemburgo y Nueva Zelanda disponen de legislaciones que prohíben a su banca financiar a empresas armamentísticas.

El ’sandblasting’ y los vaqueros fatídicos

15 Mayo 2011 por Ana Haro

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Internet está cambiando las cosas, y el poder, así, ese poder del que hablamos como algo abstracto y superior que manipula y guía nuestros pasos ciegos, cada vez está más controlado por los usuarios. La palabra, las críticas, las denuncias y los comentarios circulan, y esa figura de correveidile de toda la vida se ha multiplicado a una velocidad imparable.

Puede ser el principio del cambio y de la unión ciudadana, esa que a algunos incrédulos les hace sonreír maliciosamente. Ningún sector empresarial parece estar libre de prácticas dudosas o perjudiciales para el medio ambiente y para el bienestar de un mundo que tiene que aprender a dar cobijo, trabajo, alimento y condiciones dignas a tantos millones de humanos. Por suerte, son muchas las iniciativas que se cargan a los hombros una responsabilidad vigilante y en el caso del sector textil, aparte de la explotación humana e infantil que ya arrastra -creo que todos, empezando por uno mismo, en la intimidad de nuestra mente y con calma, deberíamos preguntarnos si en realidad necesitamos todo lo que compramos sin saber qué manos hay detrás-, hay casos concretos que ya están sobre la mesa con nombres y apellidos.

Armani, Diesel, Replay, Dolce & Gabbana y Versace son algunas de las compañías que se encuentran en el punto de mira de la Campaña Ropa Limpia ya que, según han informado, estás firmas “siguen haciendo oídos sordos” y “no se han comprometido a prohibir la técnica del sandblasting en sus cadenas de suministro”. Esta protesta, que se ha puesto en marcha en catorce países de Europa, España incluida, para exigir a las marcas que abandonen esta técnica terrible y que indemnicen a los trabajadores afectados por este modus operandi que consiste en la aplicación de chorros de arena a presión para desgastar los vaqueros e ir a la última moda, y que produce daños en la salud de los trabajadores que, sin las medidas y la protección adecuada, pueden llegar a contraer silicosis aguda: una lesión pulmonar incurable que, en mucho casos, provoca la muerte.

Según esta organización “existen otras técnicas para desgastar vaqueros que no amenazan la salud de las personas que los producen, pero no son tan baratas”, y gracias a su proyecto han conseguido que algunas empresas se posicionen. Es el caso, por ejemplo, de El Corte Inglés, el grupo Inditex, Adolfo Domínguez, Mango o H&M, que han prohibido el sandblasting en sus cadenas de producción o han confirmado que no empleaban esta técnica. Este primer paso, sin embargo, resulta insuficiente de momento para los responsables de Ropa Limpia, y es que, sostienen, estas compañías que “progresan adecuadamente” siguen sin informar sobre las medidas que van a adoptar para vigilar el cumplimiento de la prohibición y “tampoco han apuntado si indemnizarán a los trabajadores enfermos”.

Tal vez, y hasta que las empresas productoras de vaqueros no sean claras en lo que a sus procedimientos se refiere, deberíamos dejar que los vaqueros se vayan desgastando únicamente con el uso.

 

El dato: Según revela el informe Fashion Victims, cada año se producen en el mundo un total de 5.000 millones de pantalones vaqueros. Muchos se fabrican mediante la técnica de ’sandblasting’, y aunque la producción no se lleve a cabo en suelo europeo (esta técnica se prohibió en el año 1966), la venta final sí tiene aquí su destino. Después de detectar unos 5.000 casos de silicosis y alrededor de 50 muertes en Turquía también allí se prohibió este procedimiento en 2009, y tras esa normativa, denuncian que ahora la producción se ha trasladado a otros países como Bangladesh, China, México, Camboya, India o Siria.

La Tierra, como un todo

22 Abril 2011 por Ana Haro

Juventud Sin Futuro

Hoy es el Día de la Tierra. Lo leo e intento pensar en la Tierra como un todo, y por un instante soy capaz de ver el conjunto, como en esos momentos en los que uno es capaz de asimilar el concepto de Universo y le recorre un escalofrío, un sentimiento estremecedor. Esta es ahora la única manera: ver el conjunto. Porque si nos quedamos mirándonos las manos, los nudillos, las uñas (que quieras o no, también es bastante raro si lo piensas con tranquilidad) entonces el todo, pasará a ser un todo peor, porque sí: las cosas pueden estropearse aún más, y es la Humanidad la que tiene la llave. La Humanidad, también como un todo. Ando un poco revuelta estos días, intentando aclarar ideas, y tal vez algo de responsabilidad la tiene el tal Stéphane Hessel, con su ya famoso panfleto ¡Indignaos! La imagen que tengo de Hessel, lo que me ha quedado, lejos de ese anciano con la mente lúcida y toda la sabiduría del siglo XX, es una boca gigante. Me acompaña una boca enorme en forma de grito, en la que casi me puedo asomar a ver qué hay, como en esos cuentos infantiles, en los que un joven protagonista es engullido por un animal gigante. La diferencia es que esos cuentos solían tener un final feliz y nuestro cuento, según nos cuentan, pinta todavía bastante gris-humo. No podemos seguir consumiendo hasta consumirnos para que los poderosos puedan seguir especulando sobre una crisis que viene de arriba, y cae con la fuerza de un piano lanzado desde un séptimo piso. Y ellos, con sus sueldos millonarios casi intactos. Tampoco es toda la culpa de los financieros-banqueros-políticos. Porque sí, mueven los hilos de un planeta desigual, no sólo entre mileuristas y millonarios, sino entre unos países (¡continentes!) que mueren de hambre y otros que no, pero también nosotros hemos participado en esa espiral de consumo descontrolado, de no respetar la naturaleza, de reírnos entre amigos de esos chanchullos de políticos corruptos (¡es nuestro trabajo y nuestro futuro, demonios!) y de ver hundirse nuestros sueños dentro de unos vasos de diseño exactamente iguales.

Si no cambiamos nuestros hábitos de consumo, de pensamiento, de exigencia, de acción, nadie va a hacerlo por nosotros. Y sí, muy bien, hemos hecho una primera reflexión, y de momento estamos indignadísimos, pero ahora toca intentar cambiar lo que presentimos que está tan terriblemente mal, siempre sin violencia y con argumentos, que para eso aprendemos de errores antiguos y estamos sobradamente pre-parados: eso del desempleo tiene que tener un lado bueno, y es que deja mucho tiempo libre para el ingenio y para poder llevar a cabo grandes hazañas.

El dato: La tasa de desempleo juvenil en España alcanzó el 43,5% en febrero de este año, frente al promedio del 20,4% de Europa, con lo que uno de cada dos jóvenes españoles no tiene empleo, según recoge el Instituto de Estudios Económicos (IEE) a partir de datos publicados por Eurostat. (La foto es de la manifestación del pasado 7 de abril organizada por Juventud SIN Futuro. La agrupación se ha unido también a la protesta a nivel estatal del próximo 15 de mayo, coordinada por la plataforma Democracia Real Ya, que tomará las calles bajo el lema “No somos mercancía para políticos y banqueros”).

Los apagones invisibles

25 Marzo 2011 por Ana Haro

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Este sábado 26 de marzo, a partir de las 20.30 horas se celebra La Hora del Planeta, que ya se ha convertido en una llamada oficial de acción contra el cambio climático. Individuos, comunidades, empresas y gobiernos de todo el mundo apagarán sus luces durante una hora gracias a esta iniciativa de WWF que arrancó en 2007 en Sydney, con el apoyo de 2,2 millones de personas.

En 2008 ya contó con la oscuridad de 370 ciudades de más de 35 países, y lo más llamativo fue el apagón de edificios emblemáticos como el puente Golden Gate, el Coliseo de Roma o el Cristo Redentor de Río de Janeiro, un símbolo muy visual que ha ido creciendo año tras año y que hace que que tenga repercusión en los informativos de todo el mundo. Con esa fiebre por la imitación, y ese si tú apagas, yo más, en 2009, esta iniciativa hizo historia: se apagaron luces de 4.159 pueblos y ciudades de 88 países. El año pasado la cosa fue más allá, con 128 países y la organización, durante esa hora, de actividades a la luz de las velas, carreras contra el cambio climático y demás -las hubo también en la más estricta intimidad- para demostrar eso de que la unión hace la fuerza.

Todo un símbolo de esperanza que mañana dará la oportunidad a otros tantos millones de personas de sumarse a este gesto, medio protesta, medio compromiso, que esta edición parece llevar pegado, además, una cierta dosis de solidaridad con el pueblo japonés y su desastre por un lado natural y por otro lado nuclear/energético. Y por todas sus caras, tan desolador.

Ahora bien, ¿por qué las compañías eléctricas sí dan supuestos datos de consumo sobre esta “Hora” y no sobre otros apagones convocados por decisión popular, de correo electrónico en correo electrónico (léase también Facebook, Menéame, Twitter y demás enredos sociales), y que, claramente tienen respuesta? El apagón del pasado 15 de febrero, según “datos extraoficiales” de procedencia incierta, fue “secundado por ocho millones de hogares”, aunque otro de los análisis que circulan por la Red -el de la Asociación Nacional de Ahorro y Eficiencia Energética- habla tan solo de 86.000 viviendas implicadas. Las eléctricas consultadas fueron más tajantes y al día siguiente repitieron, ciudad por ciudad, que no habían notado ninguna alteración en sus cifras.

Bastante confuso, ¿no? Espero que alguien pueda ilumniarnos entre tantas tinieblas, y es que también se habla de miedo, de armas colectivas y no violentas, de censura, y por si acaso ese temor es cierto y la acción ciudadana sirve de protesta, se ha creado el grupo Todos los martes, de 22.00 a 22.30, “Consumo cero”.

Entre tanto, mañana hay una cita de sesenta minutos sin luz, y a los que mañana quieran comprobar el seguimiento del apagón, pueden entrar, después de ese paréntesis, claro, en la web de Red Eléctrica y seguir la evolución del consumo: esas curvas de infelicidad.

 

El dato: Los consumidores con una potencia contratada superior a 10 kW (más de 200.000 empresas) y aquellos pequeños clientes que teniendo menos de dicha potencia están en el mercado libre (casi siete millones), pagarán casi un 11% más en la factura de la luz a partir de abril de 2011. Esta es la subida de los peajes de acceso a las redes que pagan todos los clientes eléctricos (un total de 27,1 millones), y que el Ministerio de Industria va a subir en ese porcentaje a partir del próximo trimestre.

La dieta vegana sube la audiencia

24 Febrero 2011 por Ana Haro

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Si hay alguien que puede convencer a millones de personas de que algo va muy bien para la salud, esa es… ¿La Organización Mundial para la Salud? No. Oprah Winfrey, la archifamosa reina de la tele en Estados Unidos, que vuelve a darle vueltas a eso del veganismo, después de que hace unos años ya revelara que había seguido un plan vegano durante veintiún días. Seguramente, ya en esa fecha consiguió unos cuantos miles de seguidores de esta forma de vida, que rechaza el consumo de cualquier producto de origen animal, también los huevos, los productos lácteos y la miel, e incluso algunos azúcares refinados en cuya realización se utiliza carbón de hueso.

Ahora, parece que las intenciones de la presentadora van más en serio: acaba de retar a su equipo a meterse en la piel de un vegano durante siete días, y por lo visto, casi 400 trabajadores de su productora siguieron el plan y en su página web, ha incluido incluso un kit para principiantes. ¿Empezará McDonalds a hacer hamburguesas de seitán?

La idea parece ser, además de promover una alimentación más saludable para sus compatriotas, dirigirlos hacia el respeto a los derechos de los animales y, de paso, al medio ambiente. Y es que, aunque a mucha gente eso del veganismo todavía le suena raro, esta práctica no es más que un vegetarianismo estricto (dejando de lado a los lactovegetarianos, ovovegetarianos, apivegetarianos y demás especies en extinción). Es más, el término vegan, en inglés, procede de una contracción de la propia palabra veg-etari-an, y lo mismo ha trascendido en su paso al español.  Los fundadores de esta corriente la bautizaron así en 1944 y querían reivindicarla como una filosofía de vida, que además de la alimentación, incluyera también un rechazo a productos que puedan ser experimentados en animales como cosméticos o medicamentos, así como a prendas de vestir que se hayan confeccionado con tejidos de origen animal.

Algunos defensores del veganismo ya se han lanzado a criticar la propuesta de Oprah porque, a pesar de que la mayoría de los participantes en el experimento asegura haber perdido peso y encontrarse mejor, -alguna hasta ha descubierto que era adicta a la comida basura y ha vivido una especie de síndrome de abstinencia-, argumentan que siete días no es un período suficiente para comprobar los beneficios de este estilo de vida. Y es que este modelo alimentario no se puede introducir sin más información que unos consejos rápidos entre pausas publicitarias. El paso firme tiene que planificarse con una dieta adecuada, especialmente en los bebés, niños y adolescentes que están en fase de crecimiento, así como en los adultos, porque de lo contrario, podría traer carencias en el organismo de calcio, proteínas, vitamina D, yodo, zinc, ácidos grasos o vitamina B12.

Una vez más, las posturas radicales deben ponerse en cuarentena, pero algo de todo esto sí está claro: hemos excedido los límites. El consumo desmedido en el que vivimos nos tiene que impulsar por fuerza, por efecto rebote, a la otra punta, y allí todos nos volveremos, como mínimo, medio veganos. Y si esos productos de la tierra que se consumen son de lugares cercanos, mejor que mejor. Es un pequeño paso.

El dato: Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el sector ganadero genera más gases de efecto invernadero –el 18 por ciento, medidos en su equivalente en dióxido de carbono (CO2) que el sector del transporte. También es una de las principales causas de la degradación del suelo y de los recursos hídricos.

¿Banca ética contra banca ‘no ética’?

3 Febrero 2011 por Ana Haro

 Banca Ética

Lo primero que me viene a la cabeza al hablar de una banca ética es que para que exista debe haber, en cambio, una ‘no ética’. O al menos ’semiética’, como los quesos. Y es que, a diferencia de la banca tradicional que, aparte de sus actividades financieras, cuenta con fundaciones variadas y obras sociales -en el caso de las Cajas de Ahorros-, la banca ética va más allá: su propia actividad está dirigida a financiar proyectos con un impacto social, cultural y medioambiental positivo.

En medio de este caos económico que nos hace andar con la cabeza agachada, como si nos hubiésemos portado mal, hay mucha gente que empieza a hacerse preguntas: ¡aleluya! Hasta entonces, muchos no nos parábamos a pensar qué hacía el banco con nuestro dinero, ganado a base de horas y horas de trabajo y no de ladrillazos o similares edenes políticos. Algunos de los resentidos con esas corporaciones que han dado crédito a diestro y siniestro hasta el endeudamiento mortal, y que ahora han cortado el grifo, como quien deja caer una guillotina, buscan alternativas. Una que parece que cobra fuerza es la de la banca ética, con la transparencia como baza principal. Según su norma, el cliente puede saber qué se hace con su dinero, y su destino en este tipo de entidades, que por supuesto también buscan generar beneficios, es la mejora de la sociedad.

Nos hemos acostumbrado a qué los bancos nos hagan muchas preguntas a la hora de los préstamos, pero nadie podía preguntarle a un banco (y obtener una respuesta directa) sobre las vueltas que iban a dar sus ahorros.  Ahora parece que existe la posibilidad de estar medianamente orgulloso de ser parte de un banco. Y no, no es un eslogan. El único peligro que podría asomar en este caso es el de definir el criterio de cada uno de estos bancos éticos en lo que es y no es parte de un futuro mejor, pero ahí entra la fe en el compromiso, porque algo de fe tiene que quedar. Algo, en algo, en alguna parte.

El dato: En España, Triodos Bank, es la única entidad con licencia bancaria (también existe Fiare, que opera como agente de la Banca Popolare Etica, además de otras fundaciones, asociaciones y cooperativas). Triodos, que lleva más de tres décadas trabajando en Europa, llegó a España en 2004 y actualmente copa el 90 por ciento del mercado de este sector en nuestro país. Según sus últimos balances, en el primer semestre de 2010 creció un 15 por ciento, hasta alcanzar los 469,2 millones de euros.

Fabricados para romperse

23 Enero 2011 por Ana Haro

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El documental de la alemana Cosima Dannoritzer que emitió la 2, Comprar, tirar, comprar el pasado 9 de enero, ha revolucionado la Red, y es que se habla mucho de sostenibilidad, ecología, biodiversidad, equilibrio, reciclaje, pero el verdadero problema es que crecemos por encima de nuestras posibilidades y de nuestros recursos, y aún así, seguimos creciendo. Es como el típico ricachón que va perdiendo fortuna pero no se resiste a los langostinos, solo que en este caso, no está en juego únicamente una fortuna personal, sino un legado compartido entre todos los seres humanos. Baterías de iPod inservibles a los 18 meses, impresoras que se suicidan a un número determinado de copias o bombillas programadas para sucumbir a las 1.000 horas de funcionamiento, son sólo ejemplos de esta práctica empresarial llamada “obsolescencia programada”, que no es otra cosa que la planificación del fin de la vida útil del producto para que se quede obsoleto o inservible tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante durante su diseño.

Nosotros, los consumistas, tenemos mucho que ver en esta carrera de ratas hacia la nada por tenerlo todo, pero también los grandes fabricantes contribuyen, o más bien dirigen la orquesta para que así sea. Esa es la base de la sociedad consumista y es la misma base que ahora nos empieza a devorar: nos come por los pies.

Vino de la mano de la producción en masa a partir de los años veinte y ya no nos ha abandonado. Una bombilla centenaria es uno de los emblemas de que otra vida es posible: lleva funcionando desde 1901 en un parque de bomberos de Livermore, en California. Es una fuente de inspiración para ir en busca de una directriz económica que no vaya en contra de la naturaleza y el planeta (cada producto que no sirve porque falla premeditadamente o porque ha pasado de moda supone más contaminación).

Para este camino, no hay otra ruta que la de aprender a vivir mejor con menos. En definitiva, se trata de necesitar menos, que no es poco, en línea con la teoría del decrecimiento que defiende Serge Latouche, que podría funcionar como salvavidas, pero que requiere de la voluntad de cada uno, de un compromiso individual para dejar de intentar que las cosas se rompan antes (ellos ) y para necesitar renovarlas cada mucho más (nosotros). Mientras avanzamos por ese camino, de momento, puede que lo más factible sea modificar el proceso de producción para que los desechos puedan ser siempre reutilizados. Porque, ¿qué haremos cuando los recursos no renovables se agoten?, o mejor, ¿vamos a esperar hasta la última gota de petróleo para cambiar nuestro modo de vida? Se admiten apuestas.

El dato: Según el estudio del Programa Ambiental de la ONU (UNEP, por sus siglas en inglés) los desechos electrónicos, especialmente ordenadores, impresoras, cámaras, teléfonos móviles o reproductores de música se están acumulando en todo el planeta (especialmente en los países en vías de desarrollo a donde se envía esta basura inservible camuflada de “donaciones” o falsa segunda mano) a un ritmo de 36 millones de toneladas por año y en la próxima década augura que países como China o India aumentarán en torno al 400 y 500 por ciento su basura electrónica.

Las bolsas de plástico ya están prohibidas en Italia

3 Enero 2011 por Ana Haro

 Ecobolsa

Año nuevo, vida nueva. Y bolsas nuevas por todas partes. Las de la compra, las de los regalos de Reyes, las que envuelven el envoltorio que envuelve el pescado, las bolsas que usamos para meter la fruta y pesarla antes de meterla en otra bolsa más grande. De las bolsas de los ojos, mejor no hablamos. Hoy tocan solo las de plástico: dicen que tienen una vida útil de 12 minutos y luego tardan siglos en desaparecer del planeta, y por eso muchos países como Francia, Dinamarca, Irlanda, China o Suiza le han declarado la guerra a este utensilio que podría parecer inofensivo. Los últimos han sido los italianos, que estrenan 2011 con la entradada en vigor de la nueva normativa que prohíbe el uso y comercialización de bolsas de plástico. De momento y en plena época de rebajas, será posible utilizar todavía las bolsas de plástico que ya se encuentran en comercios y supermercados hasta que se acaben las existencias, siempre y cuando se ofrezcan de forma gratuita, y una vez que se agoten, tendrán que poner a disposición de los usuarios bolsas de fibra natural o biodegradables.

Italia intentará así dejar de ostentar el título de ser el primer consumidor de bolsas de plástico de la Unión Europea: unas 400 bolsas de plástico por persona y año de media, lo que supone un 25 por ciento del total europeo. La noticia es buena, sin duda, a pesar del caos que estos días estarán sufriendo los comerciantes, como pasa con todas estas medidas que se marcan de un día para otro, pero el planeta agradecerá la desaparición de este artículo cotidiano tan perjudicial para el medio ambiente.

El camino que le queda por recorrer a España, primer productor de la UE de bolsas de un sólo uso y tercero en el ranking de consumidores, es bastante incierto por ahora: cada español usa de media unas 250 bolsas de plástico al año. Desde Ecologistas en Acción recuerdan que, en 2007, el Plan Nacional Integrado de Residuos (PNIR) “ya establecía que el consumo de las bolsas de plástico de un solo uso debía reducirse en España un 50% para 2010, cosa que no ha ocurrido”. “La producción y distribución de una bolsa de plástico consume petróleo, agua y energía y emite unos cuatro gramos de CO2″, subrayan desde la plataforma ecologista, y añaden que “en total generan el 0,1% de la emisión nacional de CO2 y tan sólo el 10% de ellas acaba en los contenedores amarillos para su reciclaje y la mayoría acaba en los vertederos”. Y no solo eso, sino que muchas de estas bolsas terminan en las costas o flotando en las enormes balsas plastificadas que pueblan el mar.

Este de los italianos puede ser, en este caso, un buen ejemplo a seguir. Total, si lo piensas, una bolsa ecológica y reutilizable es mucho más práctica: hasta las hay fashion.

El dato:  El 20 de diciembre de 2006, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución por la que se declaraba a 2011 Año Internacional de los Bosques, con el objetivo de concienciar a la opinión pública de que los bosques son esenciales para la sostenibilidad del planeta debido a los beneficios económicos, socioculturales y ambientales que proporcionan.

La famosa huella ecológica

16 Diciembre 2010 por Ana Haro

Calcular cuánta tierra y cuánto océano necesita cada cual para sostener sus hábitos de consumo y los residuos correspondientes se ha puesto de moda. Es como una especie de carta astral que te dice tu futuro y de paso el del planeta. La presencia de cada individuo con sus vicios y costumbres se mide en hectáreas globales y los resultados, de momento, no pintan muy bien. En teoría, y para que la cosa marche, cada hogar no debería de necesitar más de unas 15 hectáreas renovables pero la realidad es otra: la media mundial requiere 1,5 planetas. Así que antes de empezar este blog me he propuesto calcular mi huella y ver si con el paso de los posts (los años han quedado atrás), este experimento verde funciona o se queda todo en palabras.

Para empezar, me he lanzado a responder un test que ha elaborado el Center for Sustainable Economy, una organización no gubernamental que trabaja en el llamado eco marketing y que, junto con fundaciones, universidades y otras entidades preocupadas por el medio ambiente han desarrollado un cuestionario que mide tu impacto medioambiental. Después de responder a las 27 preguntas del test My footprint

Con Myfootprint.org ha llegado la noticia terrible: si todo el mundo llevara el mismo estilo de vida que yo se necesitarían… ¡1,95 tierras! Llevo un rato sin levantar cabeza, con la mirada fija en el teclado. ¡Socorro! Creía que era doña reciclaje, separando la basura casi en partículas, siempre pendiente de que los tenderos no me endosen bolsas de plástico, luciendo orgullosa mi carro de la compra y evitando los supermercados para comprar productos frescos y de temporada. Este test ha demostrado que tenemos (en plural queda mucho más repartida la culpa) mucho camino por andar y en mi caso me ha dado unas cuantas pistas sobre dónde flojeo. De los cuatro apartados de este examen de conciencia, huella de carbono (energía para el hogar y el transporte), huella de alimentación, huella de alojamiento y huella de bienes y servicios, en el que más igualada estoy con la media nacional es en la de alimentación y casi duplico la media global. Decidido, voy a cultivar un pequeño huerto en casa y a negar la entrada a cualquier producto sobreenvasado. Eso para empezar.

Te animo a que hagas el test antes de comenzar a dar vueltas a los hábitos humanos para que entre todos nos hagamos un pequeño/gran favor. ¡Bienvenid@ a Eco, eco, eco! ¡Pasa la voz!

El dato: Cada persona emite el equivalente a aproximadamente dos toneladas de dióxido de carbono al año durante el proceso que abarca desde la producción de alimentos hasta la excreción, lo que representa más del 20% del total de emisiones anuales. Así lo afirma un estudio de la Universidad de Almería, que confirma por primera vez que los excrementos humanos contribuyen a la contaminación del agua, principalmente con nitrógeno y fósforo.