No, no quiero ser tu amigo

Ya nadie quiere estar solo en la red, y la pauta la marcan los adolescentes. Primero fueron las larguísimas listas de contactos en el Messenger, que es como se referían al de MSN, como si no existieran los de Yahoo o AOL. Luego se lanzaron a abrir masivamente blogs de fotos en Fotolog y se pusieron a comunicarse a través de los comentarios. Y casi sin darnos cuenta, sitios como MySpace y Facebook (creada por un chaval de 24 años) han superado los 150 millones de usuarios. Ya no pasa semana sin que recibamos alguna invitación de amistad de alguien a quien no conocemos de nada. Frente a estas efusiones indiscriminadas comienzan a adquirir valor las redes sociales profesionales y, aunque parezca un contrasentido, las redes sociales privadas.
‘Perico de los Palotes quieres ser tu amigo’ es un asunto que surge cada vez más a menudo en nuestra bandeja de entrada. A veces el tal Perico de los Palotes ni siquiera lo sabe, porque no hizo más que darse de alta en una red como Hi5, especialmente insidiosa en su forma de recolectar contactos. Pero otras veces se trata de coleccionar cuantos más amigos mejor, tal como hizo un falso Ibarretxe en Facebook, que consiguió reclutar para su agenda al verdadero Artur Mas, entre otros. Las invitaciones a confirmar supuestas amistades en una red social amenazan con sustituir a los reenvíos de correo basura como principal molestia para la población conectada.
Y las funciones avanzadas de redes como Facebook lo hacen todavía más fácil, gracias a la multitud de aplicaciones especializadas para crear todo tipo de grupos y afinidades, por incoherentes que éstas sean. Sin ir más lejos, uno de mis alumnos en los estudios de Periodismo me acaba de invitar a unirme a un grupo para gente nacida entre 1980 y 1989… ¡a mí, que nací con la década de los 60!. No sé si es que me conservo especialmente juvenil o es que al futuro periodista se le ha ido la mano en las invitaciones.
Sea como sea, las redes sociales proliferan como hongos, y muchos usuarios ya están volviendo a algunas plataformas más veteranas, pensadas para un uso más profesional y por lo tanto con menos ruido, donde las relaciones entre miembros están más documentadas, existe un factor de recomendación y se basan sobre todo en el currículo laboral. Es el caso de LinkedIn, que ha alcanzado hace poco los 23 millones de usuarios que recurren a ella para buscar trabajo o relaciones comerciales. Una de sus novedades más recientes es precisamente la versión en español.
También van adquiriendo elementos de red social sistemas como Plaxo, nacido para actualizar automáticamente los datos de nuestras agendas cuando alguno de nuestros contactos cambia de empresa, domicilio, teléfono o dirección electrónica. Plaxo ofrece ahora la función Pulse, que facilita el seguimiento de lo que hacen nuestros conocidos en la red.
El intercambio de datos entre distintos sitios es la clave para poder estar presente en varias redes sociales sin tener que actualizar en cada una de ellas. En este sentido, interfases como el OpenSocial que promueve Google son fundamentales para una transferencia de información entre plataformas tan abierta como segura.
Redes relativamente sociales
La última tendencia son las redes sociales privadas. Herederas de los foros y las intranets, estas plataformas permiten disfrutar de las funciones popularizadas por Facebook y sus competidores, pero en un entorno controlado. Son muchas las empresas que ofrecen software o servicios de red social privada: Acquia, Broadband Mechanics, Cerado, CrowdVine, HiveLive, Intridea, introNetworks, KickApps, Mzinga y Small World Labs. Pero si alguna destaca entre ellas es Ning, fundada por Marc Andreesen, el creador del navegador Netscape, una de las herramientas matrices de la explosión de Internet.
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