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El hombre por Llamazares y de Delgado

19 Noviembre 2009 por Agustin Velasco

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Hace ya años que sigo la pista de una pareja de  diseñadores de Barcelona: Fabricio y Jaime, o lo que es lo mismo, Llamazares y de Delgado. Uno quería ser arquitecto, el otro fotógrafo, ambos terminaron siendo diseñadores y conociéndose en 1994 en la cola de entrada de un desfile de la extinta pasarela Gaudi. Jaime trabajó en Metzingen, Alemania, para Hugo Boss como figurinista e ilustrador al terminar su carrera, mientras que Fabricio al terminar hizo un master en la Ecole de la Chambre de la Haute Couture en Paris… pero esto fue antes de conocerse y decidir crear su propia firma. Sus creaciones femeninas siempre me han parecido muy sensuales a la vez que modernas, pero sin perder la feminidad clásica. Pero lo que son las cosas, resulta que también hacían hombre y yo sin enterarme.

¿Cómo nace la idea de hacer una línea masculina? Desde siempre tuvimos claro el diseñar para hombre, pensamos que se tenían que complementar el hombre y la mujer en nuestras colecciones, y que dentro de nuestro “mundo” debía estar el hombre y la mujer, por eso cada vez más la línea de accesorios la estamos enfocando también para el hombre.

¿Qué buscáis en vuestros diseños masculinos? Sobre todo que sea llevable, sin caer en lo estrafalario, ni en algo que puedas conseguir en grandes almacenes. Coherente a nuestro estilo: que tenga color, un toque retro, sea elegante pero informal, versátil y especialmente cómodo.

¿Es complicado posicionar una colección masculina dentro del mundo de la moda? Si, porque no todos los hombres, a diferencia de las mujeres, entienden que la moda es también una inversión, una forma de expresarte y mostrarte al otro. Es pequeño el grupo de los “atrevidos” que se arriesga, pero es muy agradable diseñar para ellos, para esta pequeña masa. Lo más fácil es vestir de uniforme, pero no lo más inteligente. Nuestro hombre ya sabe cuál es su posición en la sociedad y la ha sabido transmitir sin mostrar un logo en sus camisetas.

¿Cómo veis el momento actual de la moda masculina en España? Nos gusta, vemos mucha variedad de tendencias, líneas, precios y calidades que no veíamos hace una década. La competencia es grande, pero de esta manera se cubren mejor las necesidades de las diferentes tribus urbanas, pues pensamos que la moda es un paralelismo a la realidad social.

¿Qué tienen en común el hombre y la mujer Llamazares y De Delgado? En común tienen el estilo: ese toque “tímeless” que logramos por medio de una reinterpretación de patronaje y sastrería muy cuidada, la selección de géneros y estampados, y la versatilidad, que una prenda comprada en esta colección pueda haber sido comprada hace dos temporadas o dentro de tres. Nosotros trabajamos en un estilo que es el nuestro, no nos basamos en las tendencias generales, aunque alguna vez coincidamos.

¿Y en qué se diferencian? En que de momento, y debido a la demanda, la colección de mujer es más extensa.

¿Cómo es trabajar en dúo? Es una de las cosas más interesantes para ambos. El primer filtro de las ideas para las colecciones siempre es “el otro” lo cual nos obliga a aceptar los fallos conceptuales y de producción que plantean los diseños en su primera fase. Es más fácil ver esto con otro ojo que con el tuyo. Así además dividimos el trabajo, aunque nos rotamos, cada uno se encarga en principio de unos departamentos (investigación, diseño, patronaje, corte, clientes, imagen gráfica, prensa, etc) para poder gestionar mejor.

¿Por qué Barcelona? Estamos establecidos como empresa en Barcelona hace trece años porque somos de Barcelona, aquí fue donde estudiamos Moda, y le vemos mucho potencial trabajándolo, pero no es fácil. Ser creadores Independientes, sin un gran mecenas detrás, es siempre complejo y gratificante a la vez. Para nosotros, la clave está en trabajar sin desanimarse, a pesar de las adversidades, encontrando mucho gusto y partido en lo que uno hace, pues sino rápidamente perderás la ilusión. Hay que mantener vivo el amor a la moda.

¿Qué por qué me gustan? Pues por su uso del color, porque son prendas comodín, porque tienen un toque retro (y todo el mundo sabe lo que me gusta a mí el look retro), porque tienen un profundo sentido de la teatralidad en el diseño, y porque no discriminan a ningún tipo de hombre en su propuesta.  

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Las pajaritas no son sólo cosa de hombres

17 Noviembre 2009 por Agustin Velasco

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Siempre me quejo de lo cerrado que está el mundo masculino a adoptar buenas ideas del mundo femenino. No me refiero al tema faldas, nunca me han gustado los hombres en faldas por mucho que Marc Jacobs vaya por ahí enseñando pantorrilla. Lo cierto es que el mundo masculino parece más dispuesto a esa trasgresión de géneros ahora, aunque más en el micromundo de la moda que en la calle. Las mujeres no tienen tantos miramientos a la hora de robarnos prendas o actitudes.

No hace mucho perdí una especie de neceser donde suelo llevar mis corbatas y pajaritas cuando salgo de viaje. Me dio rabia principalmente por las pajaritas, porque iban las cinco que tenía (de corbatas me esperaban muchas más en casa). Estoy seguro que me la dejé en un taxi, que por casualidad conducía una dama muy femenina y simpática… y afortunada, ahora que tiene mis pajaritas. Ello me ha hecho reflexionar sobre por qué las mujeres no utilizan más las pajaritas.

Al fin y al cabo, ¿qué es una pajarita? ¡Es un lazo! ¡¿Hay algo más femenino que un lazo?! Y sin embargo su uso por parte de la mujer es muy marginal, y casi siempre con una actitud muy machorra. Lo vimos recientemente lucido por Diane Kruger en la alfombra roja de la Berlinale (y en otras ocasiones) con un total look de Chanel, y también Rihanna optó por la pajarita en la gala del MET. Pero casi siempre la reservan para completar looks tipo esmoquin, esmóquines no ortodoxos, pero esmóquines al fin y al cabo.

Yo animaría a las féminas a robarles las pajaritas a sus parejas y lucirlas ellas en su día a día. No es una idea descabellada. A ver, hagamos de estilistas, que eso parece que gusta bastante al personal. Abro una revista de moda por dos páginas cualesquiera y con los ojos cerrados señalo un look de esa revista al azar. Hago el intento varias veces porque con los ojos cerrados terminas señalando de todo menos lo que debes. Al fin el destino hace que elija un abrigo rosa de Versace y un mono negro de Charlotte Ronson. A continuación consulto la colección de pajaritas de la firma corbatera SoloIO, con la total seguridad que sea como sea la prenda que haya elegido allí encontraré una pajarita que case a la perfección. ¡Efectivamente! El abrigo rosa lo emparejo con una pajarita rosa con motivos azules (yo la quiero, yo la quiero, yo la quiero). El mono de Ronson me sugiere una versión más tuxedo, más Yves Saint Laurent, un toque ochentero/Helmut Newton…  así que le asocio una camisa de pechera tuxedo y una pajarita negra con lunares grises (que también la quiero, la quiero, la quiero). ¡Voilà!

Pero no hace falta irse a Versace y Charlotte Ronson, la pajarita hubiera funcionado igual con un cárdigan, asomando por encima de un jersey, con una chaqueta vaquera, incluso con un vestido de noche palabra de honor, con la pajarita directamente sobre el cuello desnudo… Las posibilidades son infinitas.

¿A qué esperas? Haz la prueba, y cuando triunfes… recuerda quién te lo sugirió.

PD. Rectifico. Que las chicas no les roben las pajaritas a sus chicos, que después me dirán los creadores de pajaritas que estoy desincentivando su compra. Mejor que se compren sus propias pajaritas y que se las intercambien con sus nenes.

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Los 10 hombres mejor peinados… según vosotros

13 Noviembre 2009 por Agustin Velasco

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Bueno, pues después de la avalancha de comentarios tanto por aquí como por Facebook, y los mensajes que me habéis remitidos por mail, SMS, fax, telegrama y anónimos amenazantes… he confeccionado lo que podría ser una lista (sin orden de preferencia) de los hombres mejor peinados del momento. Yo con algunos de ellos no estoy en absoluto de acuerdo, pero bueno, el ser democrático tiene estas cosas, que la mayoría manda.

Analizando las imágenes que he seleccionado para vuestra selección me he dado cuenta que existe un factor determinarte en la impecabilidad de cualquier hombre: un buen corte de pelo. Un corte adecuado hace que el mantenimiento del peinado sea más o menos difícil. Un corte estructurado y cortito siempre permite estar impecable casi sin pasarte el peine. Cuando aún no pensaba en dedicarme a esto de la moda yo ya leía GQ, y durante aquellos inicios de la revista que ahora está de aniversario en España contaban con la colaboración de sibaritas como Giovanni Borbón Dos Sicilias, y yo aceptaba sus aseveraciones como si hubiera que responder a cada artículo “palabra del señor, te alabamos señor”. Y recuerdo que una de las leyes que se planteaba es que un caballero debería ir a su barbero/peluquero como mínimos cada 15 días. Un ejemplo de ello lo tenemos en mí apuesta personal en este Top 10, el diseñador de la firma El Caballo, Nicolas Vaudelet. Nicolas siempre va impecable, jamás he coincidido con él que no llevara su corte muy bien cuidado, debe llevar el mantenimiento a raja tabla. La primera vez que lo entrevistó me dijo que buscaba recrar la imagen de una mujer ‘escamondá’, una palabra muy de aquí del sur, un término muy difícil de explicar. Estar escamondado es estar limpio, pero bien limpio y sin aderezos. Algo que está escamondado es algo que está limpio, que huele a limpio, que se ve limpio… Y el corte de pelo de Nicolas es un corte ‘escamondao’.

En esta selección realizada entre todos los que leen este blog he diferenciado tres tipos de hombres: los que se dedican al cine, los del mundo de la moda, y los que tienen que ver con el poder (realeza, política, prensa…). Entre los primeros, los del cine, he descartado los clásicos como Carl Cable, Paul Newman, Fred Astaire, Cary Grant… porque sin duda son el modelo a seguir, pero prefiero ceñirme a los ‘vivos’. El pelo que predomina entre los actores de hoy es el de “desarreglo diseñado”, es decir, parece que no se han peinado pero cada pelo ocupa el sitio que les corresponde para crear un look perfecto. Esto es más así si cabe en el caso de Jude Law que tras su peculiar peinado hay un descarado intento de disimular las enormes entradas que amenazan con sacarlo de los papeles de protagonista. En el caso de Robert Reford es digno de destacar porque sus peinados han representado para el americano medio lo que los peinados de Farah Fawcett para la mujer, es decir, la creación del ‘American way of grooming’ (en Estados Unidos hay un ‘American Way’ para todo). Brad Pitt es el Robert Reford de nuestro tiempo en ese sentido.

En la moda triunfa la manera digna y estilosa de Tom Ford a la hora de sacarle partido a sus entradas, el pelo de Stefano Pilati con ese look de niño rubio de los años 70, y el presidente del Valentino Fashion Group, Matteo Marzotto, que es un buen ejemplo de cómo ir impecable a pesar de tener un pelo espeso y rebelde.

En el sector del poder no podía faltar el Príncipe de Asturias, tan peladito siempre, con su pelo onduladito tan bien puesto, sin perder ese look infantil que hizo que todas las españolas quisieran ser princesas. Y en política, y como puse como ejemplo negativo a Montoro en el post anterior, he optado por un político de su mismo signo para que no haya agravios comparativos. Juan Costa es quizás uno de los políticos mejor peinados de España, con unas canas muy bien puestas y una raya muy bien hecha, regla que su hermano Ricardo también observa fielmente. Pero para canas las del pelo rizado de Lorenzo Milá, que como representante de ‘el cuarto poder’ sabe mantener perfectamente su pelo escultural incluso al otro lado del Atlántico durante conexiones ventosas.

Pues sí, parece que se terminará por poner de moda esa famosa frase de “te vas a enterar de lo que vale un peine“… afortunadamente.

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Vejado en la zapatería

11 Noviembre 2009 por Agustin Velasco

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Ayer salí de compras. Sólo salgo de compras de pura necesidad, no soy un adicto al shopping. Es más, soy tacaño hasta la médula, por lo que gastar dinero me causa urticaria. Necesitaba unos zapatos negros nuevos porque tengo una serie de eventos formales y mis zapatos negros ya están un poco… ¿cómo decirlo?… ¡están destrozados! Destrozados de una manera tan feroz que el betún ya no disimula las marcas de tropezones de la puntera y la suela se desprende por todos lados. No son tan viejos, no, es que yo ando con la misma elegancia que Chiquito de la Calzada y tropiezo con todo. Así que ante la más pura necesidad me pertreché para una tarde de compras (cosa que odio).

Cogí el autobús (yo soy de trasporte de masas, porque Sevilla no está últimamente para pillar taxis con tanta obra del Plan Ñ y tanto atasco sádico) y me planté en el centro, donde se concentra gran parte de la actividad comercial de la ciudad. Para coger fuerzas para esta hercúlea misión me compré una palmera de chocolate pero sólo le pude dar un mordisco antes de que una abuelita en bicicleta (esa es otra, Sevilla está de lo más ecológica, con tanto carril bici que invade las aceras) me diera en el codo y me la tirara al suelo. ¿Y qué ibas a hacer? ¿Vas a insultar a la temeraria abuelita? No es políticamente correcto. Así que recogí la palmera y la tiré a una papelera pensando que existe algún tipo de justicia cósmica que vigila mi ingesta de calorías. Ya iba pues de mal humor.

Me fui directamente a los grandes almacenes que todos conocemos y subí a la planta de caballeros. Tal como salgo de la escalera mecánica encuentro lo que busco: zapatos negros talla 43 de corte clásico, lisos y de cordones. Todo un comodín por su simplicidad. Los cojo sin ni siquiera probármelos y me encamino a pagarlos. Me encanta que los dependientes me ignoren, es lo que más me gusta en esta vida (estoy siendo irónico), me encanta que pases media hora detrás de un tipo que está atendiendo a una persona que ES EVIDENTE que no va a comprar nada. Cuando te armas de valor y le preguntas si no hay nadie más que te pueda atender, el buen señor gira la cabeza y te dice que esperes, que está atendiendo a una clienta. ¿Pero qué crees que he estado haciendo desde hace veinte minutos? Esperar y esperar. Mientras me he empapado de la conversación que mantiene con ella, que evidentemente es una conocida porque le está hablando de los niños y de Matalascañas. Me irrito (fase previa al cabreo) y le tiro los zapatos sobre la caja de cobro y me voy, y aún detecto la mirada del tipo a mis espaldas que piensa que soy un cretino impaciente.

Mejor probar con una zapatería de toda la vida, de esas pequeñas que abundan en calles especializadas en calzado. Allí, pienso, seguro que el dependiente no pasa de mí. Pero a la postre constato que un exceso de atención es quizás peor que te ignoren.  Según lo que me pasó me he dado cuenta que lo que más nos perjudica como consumidores no es ni más ni menos que la educación, que no te permite decir lo que quieres decir en el momento en que lo quieres decir. A continuación reproduzco la escena que viví:

-Buenos días –le espeto a un dependiente larguirucho de avanzada edad que quita el polvo a las cajas de zapatos apiladas con un plumero.

-Buenos días, ¿qué desea?

-Tengo algo muy concreto en mente. Zapatos negros, sin ningún tipo de adorno, de cordones. Del 43.

Me mira meditabundo y da media vuelta y coge un par de cajas de una pila. Saca uno, le quita los papeles que lo rellenan y me pasa el zapato en cuestión.

-No, no, quiero zapatos de vestir de cordones, no mocasines.

-Los mocasines quedan muy elegantes para vestir.

-Pero no tienen cordones.

-¿Y lo quiere con cordones? –como dando a entender que he tomado una decisión incorrecta.

-Sí, con cordones.

Entonces me pasa unos semi-brogue, de esos que tienen adornos perforados.

-No, los quiero liso. Negro y lisos.

-Estos van muy bien para vestir.

-Sí, sí, me encanta…

-Pruébeselo –le quita el relleno, abre los cordones y me lo pasa.

Yo me los pruebo con esa cara de “uy, que bueno” que pones cuando te dan a probar una comida horrible pero no quieres herir los sentimientos del cocinero.

-Están muy bien, pero prefiero algo liso.

-Comprendo -¡por fin!- usted quiere unos Oxford –no, ¡por fin! no.

-No, quiero unos zapatos lisos. Sin perforaciones, ni adornos, ni costuras… lisos.

-Esos no están de moda -¡a mí me va a decir esta momia lo que está de moda!

-La verdad es que no me interesa mucho la moda -le digo ciertamente enojado-, ¿tiene algo como lo que necesito?

Entra en la trastienda y saca un par de cajas. ¡Eureka! ¡El zapato buscado! Me pruebo el par que me tiende. Le pregunto si son el 43 y me asegura que sí. Pero me vienen estrechos, los dedos chocan con la puntera y me aprieta el juanete. Le digo que el necesito una talla más y me tiende el 44. ¡Anchos! El pie baila dentro del zapato. ¿Cómo puede haber tanta diferencia entre un 43 y un 44.

-¿Está seguro que esto es un 44? –me enseña la caja donde pone claramente que son un 44.

-¿Por qué no se prueba de nuevo los otros?

Me los vuelvo a poner y siguen siendo pequeños, no son imaginaciones mías. La piel del empeine del zapato se arruga por tener el pie embutido. De refilón veo la caja y me doy cuenta que ponen “42“.

-Oiga, estos son un 42.

-Sí, es que no tengo el 43 -¡acabáramos! ¿Entonces por qué me dice que son del 43?

-Es que yo tengo un 43.

-El 44 le está bien, basta con que lleve unos calcetines gruesos -¡no quiero calcetines gruesos!, ¡quiero un zapato de mi talla!- En el 43, en negro, solo tengo esos que le he enseñado antes –los troquelados- y estos otros –me saca unos Oxford.

Los Oxford no están mal del todo y no sé por qué me da cargo de conciencia levantarme e irme sin comprar nada después de llevar media hora probándome zapatos. Así que en contra de todos mis instintos que me dicen “vete de ahí ya” le pregunto el precio de los Oxford.

La cosa es que hay algo en estos zapatos que me da mala espina. Tienen lo que yo llamo “arrugas de expresión”, es decir, esas pequeñas arruguitas que se forman cuando el zapato ya ha sido puesto.

-Estos zapatos están usados –pienso en voz alta.

El tipo se me queda mirando como si le hubiera mentado a la madre. Trato de excusarme y le explico que la piel ya está maleada. Me afirma que será por las veces que la gente se lo ha probado. Así que saco el zapato del otro pie, el que se supone que la gente no se prueba y encuentro las mismas arruguitas. De pronto me da por mirar la suela. ¡¡¡Ni los de Phileas Fogg (Willy Fogg para los que sólo conocen la versión animada de la obra de Julio Verne)!!! Las suelas están sucias, pero sucias de haberse usado bien usado. Se lo muestro al dependiente que sigue en sus trece.

-La gente es así –me dice-, mire que se le pone una alfombrita para que pisen en ella, pues nada, todo el mundo pisa en el suelo.

-Mire, no, no me los llevo. Porque voy a irme a disgusto con ellos…

-¿Entonces se lleva los de 42 del modelo liso? La piel en cuanto le de el calor del pie se dilata y le viene como un guante.

-No, no…

-Ya, prefiere los del 44 para ponérselo con calcetines gruesos.

Yo sólo quería salir de allí, me sentía secuestrado física y moralmente. Al final, y bajo la presión, le digo que me llevo los semi-brogue, que son lo diametralmente opuesto a lo que deseo comprar.

Mientras me cobra me dice el buen hombre (por llamarlo de alguna manera):

-Es que los hombres no podemos ir de compras solos, nunca tenemos claro lo que queremos. Si no fuera por las mujeres compraríamos cualquier cosa con tal de salir del paso.

¡No lo sabes tú bien!” pensé. Era justo lo que acababa de hacer, salir del paso. Lo que no sabía el vendedor es que al día siguiente mandaría a mi madre con los zapatos para que los devolviera. Porque, seamos francos, las madres están para esas cosas: para hacer devoluciones, reclamaciones, conseguir descuentos y desquiciar a los dependientes que nos desquician a nosotros. Las madres son siempre ese as que nos guardamos en la manga, un arma de destrucción masiva biológica, un perro de presa que se tira a la yugular de los dependientes impertinentes… Compadezco al señor de los zapatos.

PD. El título de este post es un homenaje a mi buena amiga Antonia que mantiene que fue ‘vejada en Sfera’ a propósito de una publicidad de rebaja mal entendida. Para que vea que todos somos vejados en algún momento por un dependiente. ¡Va por ella!

Reglas de coordinación (I)

9 Noviembre 2009 por Agustin Velasco

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Una vez, en una conferencia que daba la insigne Covadonga O’Shea, ex-directora de Telva, esta dijo que ella prestaba una máxima atención a los zapatos de los demás, ya que por los zapatos se puede conocer a la persona que los lleva. Enseguida me miré los pies: zapatos marrones, clásicos, deslustrados, baqueteados, cómodos, realmente anodinos… ¡Oh, Dios mío, esos zapatos eran YO! Así que no pude más que darle la razón a la señora O’Shea y desde entonces lo primero que miro de la gente que me presenta son los pies.

Si hay algo que no soporto es que la gente lleve los zapatos por libre, es decir, cuidan muchos su imagen, la planifican, la depuran cada mañana frente al espejo… y después se ponen los primeros zapatos que tienen a mano (que es justo lo que hago yo, por eso me odio tanto y me repito en el espejo “tío, no te soporto”, porque tengo manías que ya no puedo tolerar).

Alguien me dijo el otro día que debía escribir un libro que estableciera reglas matemáticas para conjuntar la ropa, para que aquellos sin ningún sentido de la coordinación pudieran tener un punto de referencia en su vida. Medité sobre ello, y es que la verdad es que no hay reglas fijas, es cuestión de impacto visual. Por supuesto, si llevas un cinturón marrón no deberías llevar zapatos negros, y viceversa… y cosas así, pero eso ya es cuestión de sentido común. Las mujeres siempre han creído que los zapatos han de ir conjuntados con los bolsos, y yo en eso no estoy nada de acuerdo, es más, me parece que conjuntar dos complementos tan visibles da cierta rigidez a la imagen.

Para mí, la piedra angular de toda imagen es la chaqueta que se use. Lo determina todo TODO. En el caso del hombre la camisa ha de elegirse en función a la chaqueta, los pantalones no pueden desentonar con ella… es más, creo que es la prenda que te defina 100%. Un ejemplo: llevo una chamarreta de cuadros de aires vintage, como la que muestro de El Ganso, pues está claro que tengo un espíritu un tanto bohemio pero práctico, un poquito romántico y creativo, pero sin extremismos… nada de lo que nos pongamos puede decir más sobre nosotros. O pongamos por caso la chaqueta de punto de Hackett de más abajo: intelectual pero pragmático, conservador pero con ese puntito progre que ponen las coderas…Hemos elegido la chaqueta (consciente o inconscientemente) para que lance un mensaje claro sobre nosotros, ¿vamos a estropearlo con unos zapatos que no estén a la altura? En ambos caso he elegido unas zapatillas para ‘des’-formalizar el look, y en ambos caso he buscado la coordinación con las chaquetas.

Ahí tenemos una buena regla a seguir: coordinar los zapatos con la chaqueta. Una vez más la chaqueta es la piedra de toque de todas las demás decisiones que tomamos al vestirnos. No es que busquemos una ‘identidad’ entre chaqueta y zapatos, pero sí una ‘identificación’.

Conclusión: me encantan los aires retro en el mundo masculino.

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No más greñas

6 Noviembre 2009 por Agustin Velasco

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A mí que me dejen de rollos, donde se ponga un caballero bien peinado que se quiten todos esos greñudos pseudo-grunge, los pelopinchos, los melenudos post-románticos, y demás personajes que parecen haber pisado una peluquería en su vida. Me solivianta cuando aparecen en la tele políticos, economistas y demás pilares de esta nuestra sociedad, que en su gran complejo alopécico se dejan el pelo larguito creando una especie de almohadilla greñosa de cabello ensortijado alrededor del cuello. Ellos creen que con un poco de agua y una pasada de peine todo está solucinado. Un ejemplo claro es Cristobal Montoro (es el primero que se me ha venido a la cabeza). No tienen más que poner en Google “Cristobal Montoro” y picar en ‘imágenes’, verán claramente lo que quiero decir. ¡Cuánto mejor estaría ese hombre con su cuello bien hecho y cuidado por un buen barbero!

Pero me desvío del tema. Lo que quiero decir es que si hay un peinado que crea tendencia esta temporada en el mundo masculino es el de Gran Gatsby. El look es claro: pelo corto, cuello alto, raya al lado, sin flequillo, y pegado a la cabeza con una capa de gomina (o brillantina, para los más retro). Así lució el Gran Gatsby de Robert Reford en aquellas noches en donde con esmoquin ni siquiera Aparecía en su propia fiesta. Y así hemos visto ahora, por ejemplo, a Brad Pitt en la alfombra roja de Cannes. Dos clásicos americanos.

El look ‘joven dandy años 20 y 30’ es un must de pasarela. Firmas como Ermenegildo Zegna, Boss, Ralph Lauren, y otros… han peinado a sus modelos de esta guisa. Por tanto, entre aquella cosmética que has de incorporar esta temporada a tu neceser está la gomina, pero gomina buena, como la de American Crew por ejemplo, porque con el pelo no te la puedes jugar, que después terminas como Montoro intentando compensar lo que le falta por arriba con las greñas por debajo.

Creo que no se le da la suficiente importancia en el hombre el ir bien peinado, con un buen corte de pelo. Siempre nos fijamos en los mejor vestidos, en los más atractivos, etc… pero al pelo que le parta un rayo. Por eso se me ocurre que podríamos hacer una lista de los 10 hombres mejor peinados (o de los 10 mejores cortes de pelo).

A partir de ahora queda abierta la convocatoria para las nominaciones y el próximo viernes publicaremos la lista.Dejad un comentario en este post y decidnos quien es vuestro candidato y por qué, y si es posible déjanos un link donde se pueda ver una imagen del personaje con el peinado que a vosotros os gusta.

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Andalucía de Moda: Nóveles

3 Noviembre 2009 por Agustin Velasco

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Y para cerrar el tema andaluz, retomaré el tema del certamen de nóveles. Empezaré por los ganadores. El trío formado por Sandra López, Hannah Domínguez y Mª del Carmen López (DCROZ) se hizo con el primer premio de este certamen gracias a una moderna propuesta donde se mezclaba una estética poligonera/chandalera, muy al gusto de lo que están haciendo gente como Carlos Diez o Krizia Robustella, con otras referencias street. Lo inteligente de estas chicas de Málaga fue utilizar materiales del día a día como el denim o el tactel de poliéster. Y es que los diseñadores han de ir con los tiempos que corren, y es una exigencia que hay que cursarles a los nuevos diseñadores.

Pero dado lo reñido de la votación se acordó con otorgar una mención de honor a Jose Ignacio Díaz (DMARSÉ), cordobés formado en la escuela CEADE de Sevilla, y que demostró una gran solidez tanto en la forma como en el fondo de una colección muy  coherente con el mercado del lujo actual, y donde se nota que este chico ha sabido aprovechar su paso por empresas como Victorio&Lucchino o Jose Castro.

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Curro Sánchez (Málaga) centró su inspiración en los locos años 20, donde las reminiscencias charlestones se conjugan con la estética art decó. Los encajes, las asimetrías y la utilización de los grises y negros, dan cierto toque retro-decadente que confieren al trabajo de este joven una gran potencialidad en cuando tome mayor conciencia de la silueta femenina conforme vaya adquiriendo experiencia.

Carmen Alonso (Carmen), de Sevilla, abrió su propuesta con trajes de baño glamurosos, dando un giro hacia un cierto romanticismo baive conforme se desarrollaba su puesta en escena. Yo a esta chica le daría un consejo relacionado con la mercadotecnia: debería cambiar el nombre de su firma para el futuro posicionamiento de esta en Internet. Debe pensar que si un consumidor (o periodista) escribe “Carmen” en un buscador, le aparecerán miles y millones de páginas que no tienen nada que ver con ella.

Pablo Lanzarote (Cádiz) introdujo el mundo masculino en el certamen. Un hombre donde se aplican recursos del mundo femenino y algunas reminiscencias niponas. En ‘Para que no se duerman mis sentidos’, Pablo juega con el binomio plata/oro. Aunque yo le recomendaría profundizar en su concepto de masculinidad que me parece muy interesante. De hecho, a su salida a saludar, vestido con su propia ropa, nos pareció que el encarnaba ese concepto mejor que los modelos.

La malagueña María González (María I_Glez) fue sin duda alguna la más arriesgada en cuando a formas y volúmenes, creando patrones esculturales ambiciosos. “La inspiración de esta colección la tomo de la mosca saltadora” explica. “Quizás la mosca en sí no esté de forma explícita, pero sí partes de estas”. A María le auguro un futuro brillante porque es atrevida. Ella reconoce que su formación en la Escuela de Arte de San Telmo ha sido francamente deficiente, casi autodidacta. Pero ese es un problema que subsana con más ‘formación’ cualificada, mientras que la base de todo buen diseñador ya la tiene: la creatividad y la falta de miedo a buscar un nuevo lenguaje.

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A Verónica Vergara (Sevilla) le apasiona la geometría visto lo visto. Sus diseños buscan esa feminidad ochentera de la era dorada de la Movida Madrileña, pero desde una perspectiva actual y cierto toque punk muy sutil. La recomendación más evidente que le haría a Verónica es que buscara su propia voz, ya que se ve una gran influencia de Fernando Claro en sus diseños, diseñador en cuyo estudio hace prácticas. Tan bueno es beber de buenas fuentes, como alejarse de ellas.

Sofía Lasserrot (Granada), prefiere darle un toque manga-gótico a sus creaciones para Contraddiction. Ella sorprendió por esa estética tan depurada en que mezclaba tejidos como el punto de poliéster o la seda salvaje, con materiales menos convencionales como el plástico. Consciente de sus influencias del cómic japonés, no se amilana ante el conservadurismo que gusta por el sur y despliega toda su imaginería, incluida una imagen que sirve como hilo conductor: el ank de los egipcios.

Mercedes Mercado (Granda) toma como punto de partida una de las tendencias de este otoño: la mujer guerrera, que en su caso se evidencia en el uso de tejidos ‘escamados’ que simulan cotas de malla. Solo que ella le aporte un toque lencero, y trabaja los volúmenes con ingenio. La mujer que dibuja Mercedes es a la vez poderosa y frágil, vanguardista y victoriana… Un mundo de contrastes que se evidencias en el uso del blanco y negro, que a veces delimitan en un mismo look dos mundos distantes.

Y finalmente Conchi Rosas. Esta granadina, licenciada en Bellas Artes tiene un background distinto a los demás diseñadores, y eso se evidencia en que su colección tiene un trasfondo más conceptual. “La moda como tendencia no me interesa” explica Conchi. Ella hace un viaje a lo largo de su infancia a través del peculiar tejido que utiliza para su colección, las fundas de colchones. Puro reciclaje que da respuesta a las nuevas necesidades creadas por la crisis actual. Pero lo cierto es que el resultado final llega a ser hipnótico y asombroso, y consigue que uno también recorra su infancia como ella, recordando los colchones con los que ha convivido a lo largo de su vida.

Andalucía de Moda: un repaso crítico

30 Octubre 2009 por Agustin Velasco

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Cuando escribo esto ya estoy en los estertores finales de esta edición de Andalucía de Moda. Algún desfile me queda esta tarde, del que daré cuenta este fin de semana si merece la pena.

Hablar de todas y cada una de las colecciones que se han presentado sería un asunto doloroso que pondría en jaque mi capacidad para mantener la cordura. Porque en un evento como este hay de todo, como en botica. Había pensado ignorar todo lo que no me gustaba pero creo que de mí se espera una labor didáctica, y eso implica realizar un análisis de lo que se puede mejorar.

En primer lugar eliminaría las colecciones infantiles, que rompen el sentido del evento. Ya sé que el infantil es un sector económico importante, pero si lo que se quiere es fomentar su vertiente comercial, ¿no sería mejor que ayudaran a esas firmas a tener un stand en el FIMI valenciano? Yo si quiero comprar pescado voy a una pescadería, y si quiero carne a la carnicería… si quiero moda infantil iré inexorablemente al FIMI, no a Andalucía de Moda.

Eliminaría las colecciones de Costura, porque la mayoría de lo que vemos no es ni siquiera eso, es confección a medida para fiesta (¿eso es Costura?, puede que si buscamos la definición en un diccionario lo sea, pero para un editor de moda la Costura implica creatividad y este no es el caso). Las intentonas costureras vistas en Andalucía de Moda nos puede deparar realmente momentos en que deseas lavarte los ojos con lejía para borrar la imagen del modelito de turno, aunque bien es cierto que la norma es que sean trajes de fiesta que implican dignas variaciones de variaciones de clásicos de la BBC, con sus volantes, drapeado y gasas al viento.

Es más digno que te tilden de ser un diseñador que toma ‘inspiraciones’ demasiados literales de otros diseñadores, que de BBCero (dícese del diseñador que se especializa en Bodas, Bautizos y Comuniones). Pero no crean que a un crítico de moda se le escapan ‘inspiraciones’ tan literales como la de Dlarosa (Pedro de la Rosa) que quiere asemejarse al estilo de Josep Font, sólo que la falta de recursos del primero abre un abismo entre ambos. Aún así es más agradable ver que hay que tiene referencias ambiciosas.

Para colmo, ese eterno estilo emperifollado de bodorrio, que siempre, temporada tras temporada es el mismo, se agrava porque el casting de modelos siempre es el mismo. No tengo nada en contra las modelos, hay chicas muy muy interesantes como Macarena Echevarría y otras de las que no conozco el nombre. Lo que digo es que en colecciones como Fernando Claro no reparo en ello, pero en colecciones que son siempre las mismas termino con un déjà vu terrible. Pero no es culpa de las modelos, es de los costureros.

Mientras no se corrija esto, la atención mediática que merezca este evento será más bien baja. Hace falta una criba importante. La pregunta que debieran hacerse los artífices del evento es: ¿Es ese el diseño andaluz que deseamos mostrar al resto de España? No se puede dar el visto bueno a los diseñadores para que formen parte de este carrusel sin ver previamente las colecciones, porque el sistema se convierte en un coladero de anchas tragaderas. La solución sería que las colecciones tuvieran que ser presentadas antes de diseñar el programa a un comité que diera el visto bueno. Y no es descabellado, ya que las colecciones normales se presentan comercialmente en ferias un mes antes (mínimo) que la celebración de Andalucía de Moda, así que no pueden aducir falta de tiempo. Si se quedan con un evento de cuatro diseñadores, bienvenido sea. Hay que exigirle a los diseñadores que trabajes para estar a la altura, y si no quieren (o no saben) hacer el esfuerzo que busquen otra plataforma.

Alguien que sí ha hecho los deberes es el diseñador Antonio García, que ha dado un viraje de la Costura al prêt-à-porte, y es de agradecer. Y eso que la Costura de Antonio sí que ha merecido siempre la C mayúscula. Pero para su evolución como diseñador se hacía imprescindible que se integrara en la dinámica del prêt-à-porte y en esa aventura ha estado apoyado por Surgenia, entidad que trata de darle un impulso decisivo al diseño andaluz. Antonio García basó el leitmotiv de su colección en el motivo gráfico de la pajarita, dos triángulos encontrados en sus vértices. Fue una colección de ejecución impoluta, de corte muy mínimal, donde se revisaban todos los hits del diseñador: de vestidos camiseros a camisas con pecherín, vestidos trapecio, todo con un tono sastre muy depurado. Y dio una lección a muchos otros enseñándoles que una cosa es diseñar y otra emperifollar. No por gastar más metros de telas se es mejor diseñador.

Y después de haber hecho amigos una vez más, voy a ver qué me pongo para el desfile al que voy esta tarde a las 20:30 h.

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Andalucía de Moda: Fernando Claro

30 Octubre 2009 por Agustin Velasco

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Bueno, he de confesar que no fui a los desfiles de Andalucía de Moda que tenía previsto este miércoles. Mi dentista me adelantó la cita que tenía para reconstruirme un colmillo (¡de leche!, y es que soy insultantemente joven) que yo había destrozado haciendo el ganso. No sé por qué me adelantó la cita, con los dentistas no pides explicaciones ni te atreves a cuestionarlos, pero supongo que le coincidiría con algún viaje alrededor del mundo que se habrá gracias al dinero que me lleva sacado. El caso es que con la cara anestesiada (ojo incluido, que parecía Solves en sus mejores momentos) no era plan de ir a ningún desfile. ¿Pero para qué está el maravilloso trabajo de los fotógrafos sino para darte una buena perspectiva de lo que allí se presentó?

Mi programa particular empezaba con Fernando Claro. Este diseñador está que se sale. Su evolución desde que lo conocí por primera vez ha sido brutal. Bien es cierto que su última colección no me gustó en demasía porque los materiales empleados, en especial los tejidos emplumados, quedaban un poco desastrados para mi gusto. Quizás es que soy poco dado al plumaje, también me pareció horrible aquella colección de Tom Ford para Gucci donde sacaba los vaqueros terminados en plumas multicolores, ¡¡y hablamos de Tom Ford, cuyo trabajo adoro!! Pero al menos era una colección con concepto, algo que no siempre se encuentra. Todos somos humanos y lo bueno de ello es que aprendemos de nuestros errores y es hora de centrarnos en la colección que Fernando Claro presentó en el Monasterio de San Clemente de Sevilla. [Quizás este comentario sobre la colección pasada me lo hubiera podido ahorrar y hubiera sido más elegante, pero quiero con ello demostrar que cuando digo que algo me gusta lo digo 100% sincero y no para salir del paso y quedar en plan amable].

Con Je ne suis pas d´ici… Fernando Claro hace una declaración de intenciones. ¿Qué quiere decir con eso de “yo no soy de aquí”? Estoy seguro que se refiere a que ha creado una mujer indefinida en tiempo y espacio, sobresaliente en cualquier lugar donde la posiciones y que tiene sobrados motivos para decir a todo el mundo que intenta abordarla, que no se atreva a molestarla, que ella “no es de aquí”. Yo le daría otra lectura personal al título de la colección: yo, Fernando Claro, estoy en Sevilla, en Andalucía de Moda, pero mi trabajo no responde a la realidad imperante de este sitio, sino que debería estar en otra plataforma más globalista. De hecho alguien me comentó el otro día que iba a abrir tienda en Madrid, y en ello están y tienen echado el ojo a un espacio estupendo en la Calle Almirante, pero no hay localización confirmada por ahora.

En la propuesta del diseñador para la primavera/verano 2010 hay una mezcla entre tendencia neo-ochentista (por los volúmenes, los brillos, los hombros oversize…) y un toque lab-futurista (llamo lab-futurista a ese futurismo aséptico que nos lleva a laboratorios de un distante futuro). Fernando acierta de pleno en las estructuras rígidas, arquitectónicas… que nos dejan prendas muy fotografiables, de gran belleza estética. Sin embargo me entusiasma menos sus minivestidos de vuelo fruncido, ya que es una concesión a la clientela más del día a día y muestra una clara rémora de su labor de subsistencia en la trastienda modisteril, pero es la excepción que confirma la regla del buen hacer en el resto de la colección.

Esta propuesta es un ejemplo de glamour bien entendido, contemporáneo pero con sabor clásico. Y también es un buen ejemplo del continuo reciclaje que implica la labor de diseñador, porque Fernando tiene los ojos bien abiertos a todo lo que se mueve en la moda, no tiene las estrechas miras de la realidad que le impone la clientela, y eso se nota en el resultado final.

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Fotos: Chema Soler

Andalucía de Moda: Joan Fábregas

28 Octubre 2009 por Agustin Velasco

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Empezamos Andalucía de Moda con el certamen de Diseñadores Nóveles, del que tuve el privilegio de ser jurado, una labor agridulce, porque es de esas cosas en las que te gustaría ser mojigato y declarar a todos ganadores, y que todos se llevaran un premio porque todos se lo merecen de verdad, por uno u otro motivo. Pero esto lo voy a dejar para más tarde, porque no quiero pasar por estos chicos así como de paso, sino dedicarles un buen espacio.

Voy a abrir fuego hablando de Joan Fábregas, el que fuera ganador del año pasado del certamen de nóveles y que este año ha sido invitado a desfilar. ¿Qué puedo contar de Joan que no haya contado ya? Remito al artículo que el 12 de septiembre le dediqué en el suplemento Evasión de este periódico nuestro (nuestro que lo hacemos y suyo que lo leen).

La colección ya la conocía, no era de ‘estreno’, sino que ya había visto su presentación formal en 080 Barcelona y había sido mostrada a compradores en un showroom parisino, pero había como una especie de obligación ‘sentimental’ de traerla a Andalucía. Es inimaginable el choque cultural que supone la concepción vanguardista que Joan Fábregas tiene de la moda masculina frente a los parámetros neoclásicos de esta ciudad (ahora hablo de Sevilla, donde tiene lugar el evento) y su particular idiosincrasia neo-romántica donde el sastre sigue siendo afortunadamente un valor en alza y el conservadurismo un tanto rancio nos hace ser lo que somos, para bien y para mal. Ser ‘un rancio’ es algo que se lleva con orgullo por aquí por que es símbolo de pedigrí, y yo también voy de rancio 2.0, y no lo he cogido el truco aún y quedo de racio cutre simplemente. (Que lo de rancio va con buenas intenciones, que no me lapiden, qme remito al maestro periodístico Paco Robles que atesora el término).

Volviendo a la colección… Una puesta en escena de estética demoledora, post-industrial, con influencias manga y, ¿por qué no?, con referencias a los comics de superhéroes de los 80 en que todos los uniformes se llenaban de bolsillos multiusos que a la postre, salvo en el caso del cinturón de Batman, nunca se sabía que albergaban. Joan confiesa su deleite por la estética nipona y se rinde ante mi asociación de su colección con los cómics, no me lo discute pero no lo comparte, porque a la postre las sensaciones que genera una colección, en cuanto sale a escena, ya no le pertenecen al autor sino al espectador.

Me sorprendió el casting del desfile. Yo, conociendo el tipo de modelo que gusta en esta ciudad, en plan musculitos tipo mister, me temía lo peor. Pero de pronto salió una caterva de chavalucos muy bien formados pero sin caer en lo gym-obsess, guapos a rabiar, y que eran un compendio de lo mejor de la actitud del modelo internacional de París y Milán, pero llevados a la masculinidad clásica que hacen que el hombre sea hombre. A mi derecha tenía a una veterana y experta periodista, Clara Guzmán, que a cada salida decía “me encanta, me encanta”, y yo no tenía claro si era por la ropa, por los chicos o ambos. Después me aclaró que lo que le encantaban eran los chalecos porque es una prenda que la enloquece.

Mientras yo, a Sofia Clarí, la coordinadora de Pasarela Mustang y pieza bien significativa en El Ego de Cibeles, le repetía sin cesar “ese tío (por el modelo) y yo tenemos en teoría los mismos músculos en el cuerpo, ¿no? ¡Dime que sí, Sofía por lo que más quieras! ¡¿Dónde están mis músculos?!”.

A parte de frivolidades varias, quiero reseñar algo que dice mucho de lo que un diseñador ES y quiero ejemplificarlo con Joan Fábregas. Un diseñador trata a todo su público con el mismo respeto, ya sea el día de la premier de su colección en una gran pasarela, ya sea en una presentación autonómica tardía en la que no hay objetivos comerciales porque todo el pescado está vendido ya. Trabaja los estilismos, la puesta en escena, la música… todo, con la misma intensidad, con las mismas mariposas en el estómago, con la misma profesionalidad, sin dejar flecos sueltos. Así lo vi en Joan, que si bien tuvo que acudir durante horas a ser jurado del concurso de nóveles, no perdió ojo de los preparativos y se dejó a cargo de todo a su mano derecha, izquierda, ojos y corazón: su mujer.

A Joan se le ve en un momento dulce porque se ve realizado como diseñador. Lo que me fascinó de él en un principio fue que se arriesgó a usar materiales tecnológicos como la fibra óptica o tejidos termosensibles. Eso sin embargo lo limitaba como ‘diseñador’ porque los materiales tecnológicos son terriblemente difíciles de tratar. Con este giro a la moda masculina se ha deshecho (por ahora) de esas tecno-limitaciones autoimpuestas y ha demostrado lo que era capaz de hacer.

¿Una palabra para resumir la colección de Joan? ¡Brutal!

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