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Archivo de Octubre, 2008

El Crack (el serial) - Capítulo III

Viernes, 31 Octubre 2008

“Cuéntame a grandes rasgos la crisis” 

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Warren está sentado en la mesa más céntrica de Le Bernardin, flanqueado por dos jóvenes modelos rubias con menos edad que talla (o menos talla que edad). Son exuberantemente bellas, de estilo gélido y sofisticado, y un poco ausente. Suele ocurrir, este tipo de chicas siempre parecen ausentes porque tienden a salir con tipejos desagradables que solo saben hablar del Dow Jones. Conmigo nunca parecen ausentes porque les hablo en su idioma: Chanel, Cartier, Vuitton y Prada. Los otros tratan de hablarles en inglés y no se dan cuenta que sus agencias las han soltado en la ciudad sin el más mínimo conocimiento del idioma y sin ninguna protección dialéctica frente a tíos como Warren, que es lo que Candace Bushnell ha dado en llamar modelizares, es decir, mujeriegos especializados en modelos. Candace es la gran socióloga de nuestro tiempo, yo salgo en su libro Sex and the City, pero no con nombre y apellido real, claro.

En otras circunstancias me hubiera sentido feliz de que Warren hubiera buscado compañía para el almuerzo, pero aquello no pasaba por ser una discreta comida de trabajo confidencial, tal y como yo le había pedido mantener

*** 

Tenía que documentarme. Cuando regresé a la oficina después de hablar con papá en Brooks Brothers aún no se había producido la segunda llamada para gritarme y llamarme imbécil. ¿Por qué? Porque había decidido volver a llamar a mi asistente y dejarle un mensaje para el ‘imbécil’ de su hijo, o sea, yo. La mirada reprobatoria de Robert era muy explícita

—¿Qué ha dicho? —le pregunto esperando la peor de las respuestas.

—Que su perro vuela en satélite y que usted tiene no-se-qué en el horno. Juro que le he entendido algo de una felación.

Papá insiste en hablar en inglés a Robert a pesar de que mi asistente habla castellano como si fuera su lengua materna (que de hecho lo es, su madre era roteña y se casó con un militar de la base americana). Nadie se atreve a decirle a papá que su inglés es realmente nefasto… al menos nadie que necesite su trabajo.

—A continuación llamé a su secretaria —continuó Robert— y me aclaró que el mensaje no contenía ninguna ‘felación’… significativa.

—¿Y?

Que el jueves a primera hora lo tiene aquí.

Era cierto. Papá no hablaba de felaciones, sino de joder… de joderme a mí. Estaba claro. Pero tenía tres días para prepararme para su visita

***

Warren me saludó con la mano mientras me acercaba a la mesa. Le Bernardín estaba de bote en bote. Un tres estrellas michelín con un menú llamado City Harvest Menu, del que 5 dólares se dona a los pobres hambrientos de la ciudad. Nunca he tenido claro quiénes son realmente los hambrientos de Nueva York. No imagino a alguien más hambriento en esta ciudad que las modelos que la pueblan… como Ingrid y Katia, las dos chicas sentadas con Warren, de fuerte acento ruso y sendas ensaladas del chef, que se entretenían en revolverlas con el tenedor como si buscaran un premio oculto que nunca termina de aparecer (jamás se llevan el tenedor a la boca).

—Aquí me tienes —me dice Warren—, ¿para qué me querías?

Necesito que me expliques en líneas generales lo de la crisis.

—¿La crisis? —me dice perplejo. Por un momento pienso que no soy el único ser humano que no sabe que hay crisis. Pero no, su perplejidad responde a que no se cree que exista alguien, y más siendo un financiero neoyorquino como yo, que no sepa que estamos en crisis.

Le explico que papá llegará el jueves y que tengo que estar preparado para dar respuestas. Necesito las líneas básicas del por qué y el cómo de la situación que atravesamos.

—Rafe —me dice casi con apuro, él me llama Rafe—, no sé, nunca hemos hablado de esto… ¿Qué haces en Ridao-Blackman Global Investors?

—¿A qué te refieres?

—¿Cuál es tu puesto?

—Soy CEO —saco mi tarjetero y le enseño una de mis tarjetas diseñadas por Baron&Baron, los mismos que crearon la imagen corporativa de Calvin Klein (encargarle mis tarjetas fue mi primera decisión ejecutiva cuando aterricé en Nueva York).

—No, me refiero a cuáles son tus funciones.

—Pues…

Me excuso y me escapo al baño para llamar a Robert para que me explique, según su opinión, cuáles son mis funciones en la empresa. Me tranquiliza saber que soy una especie de controlador de operaciones, que lo supervisa todo, aunque de facto hago más de relaciones públicas porque el control de operaciones lo lleva Coleridge, el COO de la firma que mensualmente somete sus decisiones a mi aprobación. Hago como que conozco a Coleridge, no quiero que Robert se entere de que me he saltado esas reuniones los últimos seis años (o sea, siempre) porque coinciden con mis clases de yoga en el Drama Mitra Yoga Center. No me perdería las clases de mi yogi por nada del mundo, es lo único que me ayuda a vivir en una ciudad como Nueva York. Eso, y la tarjeta de crédito de la empresa.

Entonces vuelvo a la mesa y miento descaradamente a Warren atribuyéndome el control de transacciones e inversiones, lo que hace que aumente su perplejidad frente a mi total ignorancia sobre la crisis. Vuelvo a mentir y le digo que no es que no sepa nada, sino que  sólo quiero comparar notas por si se me ha pasado algo. No cuela. Warren sabe que prefiero leer el Page Six del New York Post antes que el soporífero Wall Street Journal. 

Empieza su lección: “Bla bla bla subprime bla bla insolventes bla bla bla hipotecas bla bla bla bla activo tóxico… ¿De qué te ríes? ¿Te parece graciosa la crisis? Porque yo no le veo la gracias por ningún lado”. Me ha pillado riéndome del término ‘activo tóxico’ porque es precisamente cómo muchas mujeres lo etiquetan a él. Le prometo seriedad y continúa.

Cuando termina tengo suficiente vocabulario asimilado como para superar una entrevista con papá. Lo que no tengo claro es cómo afecta eso a las inversiones de Ridao-Blackman. Espero que una reunión con el tal Coleridge me ilumine al respecto.

Aparece Puppy, la it-girl con la que salgo, acompañada de Mr. Chow. No sé cómo me localiza siempre. Seguro que tiene sobornado a Robert. Le suelta Mr. Chow a una camarera para que lo distraiga y pide una copa de Pellegrino. “Umm, qué buena pinta tiene la ensalada” le dice a Katia, ¿o es Ingrid? Llamo al camarero para pedirle una para ella, pero me frena aduciendo que “ya son bastantes calorías por hoy” señalando la copa de agua que tiene en la mano.

—Vivimos en un mudo vertiginoso, ¿recordáis cuando Evian era lo más? ¿Quién se acuerda de Evian ahora? —afirma contundentemente—, ¿de qué hablabais?

—De la crisis.

—Ummm, situación jodida. Lo peligroso es cuando se agrave la crisis de confianza en el sistema financiero. Las entidades van a empezar a caer como fichas de dominó. La Reserva Federal debería bajar los tipos de interés, pero el Gobierno no se puede quedar de brazos cruzado. Hace falta un plan de choque. Esta es la oportunidad de tito George para pasar a la historia como el salvador de la economía mundial.

Warren y yo nos quedamos estupefactos. Siempre habíamos pensado que  Puppy no se enteraba de nada y que solo estaba al tanto de coloración capilar, tratamientos dermatológicos y moda.

—¿Y qué es exactamente lo que sabes tú de la crisis? —le digo suspicaz.

—No demasiado, solo lo que cuenta el Wall Street Journal, porque al Financial Times no le hago gran caso, los ingleses no me caen bien, una sociedad que deja que sus mujeres vistan tan mal no merece gran crédito.

Estoy sopesando llevármela a mi reunión con papá.

¿Brazos de gorila?

Mircoles, 29 Octubre 2008

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La piel, más que le pese a la PETA, está de moda. Ya se pueden emperrar en bombardear con tartas a los apóstoles de la alta peletería como Anna Wintour, que los diseñadores no tiene miedo a ser objeto de sus iras.

Este otoño-invierno la peletería nos llega a modo de ‘terminación’. Nada de abrigos de visón o chinchilla, la forma más acertada de llevar pieles esta temporada es en los remates de los bajos de los abrigos, en los cuellos y en las mangas. 

Las mangas de piel, ya sean enterizas, o recubriendo sólo el antebrazo son la tendencia que más escalofríos me provoca, ya que pueden ser un elemento de estilo indiscutible o convertirse en un gran error con sólo atravesar una delgada línea invisible. Personalmente las mangas enteras en piel me parece que proporcionan un efecto de desestructuración interesante pero inviable si no eres una amante de la vanguardia y el riesgo (recomendable para todas aquellas que que no tengan miedo a que parezca que le han sido implantados dos enormes brazos de gorila).

Mucho más seguro resultan las terminaciones en piel a modo de manguitos (que además dan un toque muy ‘Siberia’ acorde con otra tendencia de la temporada: Rusia). Lo hemos visto en abrigos como los de Pollini [1] de exquisita belleza o Victorio & Lucchino [3] que han sabido darle ese toque patchwork-delux-Europa-del-Este a sus creaciones. Más convencionales son abrigos como los de Blumarine [4] que utilizan la piel de una forma tradicional y menos arriesgada pero con excelente resultados. Aunque las chaquetas con terminaciones en piel, como las del brasileño Carlos Miele [2] también son prendas imprescindible esta temporada, porque no sólo de prendas largas se abriga la mujer. 

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Nota de estilo: Para las que no vean tan clara esta tendencias y no quieran arriesgarse a comprar un carísimo abrigo que puede pasar de moda con facilidad, baste con comprar un par de manguitos de piel y usarlos sobre el abrigo que más te guste.

Bolsos no tan conocidos pero a tener en cuenta

Lunes, 27 Octubre 2008

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Estamos continuamente obsesionados con las marcas y ellos nos hace olvidar lo más importantes: el producto en si. Es como aquello de “que los árboles no te dejan ver el bosque”. Cada temporada nos vemos inundados con miles de propuestas de must de temporadas, bolsos que se nos meten por los ojos como lo más de in del momento, imprescindible. Vuitton, Dior, Chanel, Prada… Y son fabulosos, no digo que no. Lo que quiero exponer es que hay otros bolsos no tan publicitados pero igual de maravillosos que merecen un momento de nuestra atención

¿Por donde empezar? Quizás por Ubrique. Lo que Elda es para los zapatos de piel, Ubrique lo es para los bolsos. De las empresas de este pueblo gaditano salen multitud de complementos que después se nos venden con el sello parisino de las grandes casas de moda. Basta que escarbemos un poco para encontrar propuestas muy seductoras. Muchas de estas empresas dedicadas a la marroquinería dijeron en su momento: tenemos el known-how, la experiencia, la materia prima… apliquémosle diseño y lancémonos al mercado con nombre propio. 

Hacer una reseña exhaustiva de nombres es imposible. En esta ocasión vamos a señalar tres firmas a considerar: 

BARADA - www.barada.es 

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Entre sus colecciones encontramos piezas tan interesantes como la perteneciente a la línea Élysée (izquierda) en piel de vacuno con efecto cocodrilo, la de la serie Manhattan (centro) en cordero, y la de Saint Germaine (derecha) también en piel de cordero. Barada tiene una importante red de ventas por toda España. 

LA ESPUELA - www.laespuela.com 

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De izquierda a derecha, muestras de las líneas Multicolor, Montura y Vaquetilla Picado, con un fuerte sabor andaluz ligado al mundo del caballo y la guarnicionería. Se puede adquirir en sus tiendas de Cádiz, Albacete, Málaga y Cáceres. 

EL POTRO - www.elpotro.es 

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Esta firma, cuyos orígenes se remontan a 1969, ofrece creaciones tan originales como este bolso tableado de la colección Tenería (izquierda), el toque urbano de la colección Milano o el messenger de la serie Colt (derecha). Puntos de venta en Cádiz, Albacete, Canarias, Marbella y Sevilla.  

El Crack (el serial) - Capítulo II

Viernes, 24 Octubre 2008

La llamada de papá

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Al escuchar la voz de mi padre todo mi cuerpo se desplomó interiormente,  perdió su estudiada apostura. Richard, mi sastre, me dió un pequeño e indecoroso empujoncito en la entrepierna para que volviera a ponerme firme. Estaba tomando medidas de nuevo porque tenía que acortar el bajo del pantalón. Yo acababa de leer en GQ que los bajos seguirían siendo altos, no tan altos como los de Thom Browne, pero tampoco tan bajos como los bajos tradicionales. Así que le pedí a Richard que reconsiderara el bajo para que fuera más alto, a lo que se negó en principio porque es un sastre de los de siempre, curtido en Brioni. “Ni hablar, Mr. Ridao” me espetó Richard ante la sugerencia. “Ustedes, los jóvenes siempre piensan en las modas, nosotros tenemos el deber de pensar en el estilo. Este esmoquin estará en su armario por mucho tiempo y yo, como sastre, quiero que esté orgulloso de él hoy, mañana y siempre. Cuando pase la extravagante moda de los bajos ridículamente cortos ya me dirá”. Finalmente llegamos a un acuerdo. Él los pondría como yo, el cliente que iba a pagar el esmoquin, se lo pedía, y cuando pasara la moda se lo traería para que lo modificara y lo volviera a su medida natural. No lo terminó de convencer, pero accedió.

Volví a erguirme pero mis piernas seguían temblando a la espera del siguiente grito de papá.

—¡Te he estado llamando todo el fin de semana! ¿Qué hacías con el teléfono desconectado? Al final he tenido que llamar a Robert. Sabes cuánto me desagrada ese chico, me enerva. ¡No soy un cliente que te tenga que suplicar que me cojas el teléfono! ¡Soy tu padre!… por desgracia…—eso último lo dijo entre dientes— ¡¡Tu padre y tu presidente!! ¡Y si yo te llamo tú coges el teléfono!

Continuó así unos quince minutos aproximadamente. Yo no metía ni palabra y él lo debía tomar como desdén a todo lo que me estaba soltando y subía aún más el tono. Pero la verdad es que estaba aterrado. Siempre intentaba evitar hablar con él porque papá nunca me dice nada positivo y me llama de todo, menos bastardo, ya que se hizo las pruebas de paternidad cuando yo tenía diecisiete años porque dudaba que “un pusilánime —cito textualmente— como yo fuera hijo suyo”. Como el genoma no engaña tuvo que dejar de llamarme bastardo tras obtener el resultado de la prueba, lo cual no melló en absoluto su capacidad de insultarme.

A todo eso, ¿cómo iba a decirle que el fin de semana había estado ‘reunido’ con una par de gemelas filipinas con la increíble capacidad vaginal de lanzar pelotas (creía que era un mito)? Me podía más la curiosidad que el deseo sexual y empezamos a experimentar con cosas diferentes a pelotas de ping pong. No creía que fueran capaces de hacerlo con objetos más pesados que una liviana pelotita. Cuando mi móvil murió estampado contra una pared situada a casi cuatro metros de Jobita, una de las dos hermanas filipinas, me rendí a la evidencia y me entregué al éxtasis pasando al cuerpo a cuerpo a cuerpo (recuerden que éramos tres).

En vez de eso, le dije a papá que iba por la calle cuando vi cómo un coche estaba a punto de atropellar a una chica de la St. Bernards School y me lancé a salvarla, y que el móvil se cayó del bolsillo y terminó aplastado bajo las ruedas del coche. A lo que simplemente dijo: “sabes que no me gustan los colegios privados”. ¿Qué esperas que hiciera, papá? ¿Dejar que aquella pequeña en uniforme muriera aplastada porque a ti no te gustan los colegios privados? Si hubiera sido cierta la historia, claro. Afortunadamente la encargada de gestionar mi educación fue mamá, que sí cree fervientemente en la educación privada tanto como en la verdad inherente de la Santísima Trinidad y en los beneficios de la automedicación de barbitúricos.

—¡Todo el mundo está como loco con la que está cayendo y tú incomunicado! —seguía gritando—, ¿dónde estás, Rafael?

Estoy en Brothers —que es como yo siempre he llamado a Brooks Brothers.

Mi padre guardó silencio alrededor de un minuto que a mí me pareció eterno. ¿Había dado la respuesta incorrecta? Me encantaría dar por una vez la respuesta correcta que siempre parece esperar mi padre. No me cuesta nada mentir y darle la respuesta correcta, lo juro. Basta con que una vez sepa qué es lo que él espera oir. ¡Y parece que esta vez había acertado dado su silencio! ¡¡Y sin mentir!!

Su tono tomó el volumen que usa cuando no habla conmigo, es decir, sin gritar, y me dijo con un atisbo de orgullo en el timbre de la voz (creo que estaba hasta emocionado):

—Vaya, hijo, me sorprendes. Por una vez estás en el sitio adecuado en el momento adecuado —no me había llamado ‘Rafael’ y era muy buena señal—. Dime, ¿Con quién estás reunido?

—Estoy con Richard, está tomando medidas.

—No lo dudo, debe de ser el trago más amargo de su vida.

—Bueno, al principio le sentó mal —dije mirando el nuevo largo de mi pernil derecho— pero dice que puede tener arreglo en todo caso más adelante.

—Me gustaría ser tan optimista como él, pero me temo que las cosas no tienen vuelta atrás. ¿Está también Ian ahí?

Miré a mí alrededor. No conocía a ningún dependiente o sastre de Brooks Brothers que se llamara Ian, y estoy seguro de conocerlos a todos, me pasaba media vida allí.

—No, Ian no está —dije encogiéndome de hombros ante la mirada de Richard. Tampoco entendía bien a qué venía el interés de mi padre por el personal de la tienda.

—Está bien. Lo importante es saber qué va a pasar con nuestras inversiones, hemos invertido mucho y hay que intentar rescatar el máximo posible.

—Eh… —no tenía muy claro a qué se refería mi padre, pero si no le contestaba algo, y rápido, sería evidente que no sabía a qué se refería—. Richard dice que es una inversión para toda la vida, que no se verá afectado por modas, que es un dinero bien empleado.

—¡¡¿Pero qué dices?!! ¡Qué han declarado la quiebra! ¿De qué me estás hablando?

—Del esmoquin que me está haciendo Richard —me volví indignado a mi sastre—. ¡¿Qué Brooks Brothers ha quebrado?! ¿Por qué no me has dicho que habéis quebrado? ¿Eso va a afectar al pedido de camisas y pantalones que os he hecho? —le pregunté a Richard tapando el móvil para que mi padre no se enterara que soy tan estúpido de hacer un pedido de más de 3.000 dólares a una empresa que acababa de quebrar.

Cuando volví al móvil mi padre había colgado. Más tarde comprendería que cuando le dije que estaba en Brothers él pensó que me refería a Lehman Brothers, y que el Richard por el que me preguntaba era Richard Fuld, el presidente ejecutivo de Lehman, y que el tal Ian no era ningún dependiente, sino el director financiero, Ian Lowitt.

Yo debía ser el único ser humano sobre la faz de la tierra que a las 12 de la mañana, hora local, aún no sabía que Lehman Brothers habíase declarado en quiebra. ¡Y por lo visto estábamos en crisis! Te reunes con un par de filipinas todo el fin de semana en plan incomunicado y se desploma el sistema financiero occidental, ya uno no va a poder ni irse de vacaciones.

Lo peor estaba por llegar cuando papá decidiera volver a llamar.

Mr. Blackwell ha muerto… descansen en paz las mal vestidas

Mircoles, 22 Octubre 2008

El hombre que señaló con el dedo a las celebridades peor vestidas ha muerto. El célebre Mr. Blackwell, encargado de elaborar todos los años la famosa lista de las celebridades peor vestidas falleció el domingo en un hospital de Los Angeles. Harlan Boll, su publicista, confirmó que la causa de la muerte fue por una infección intestinal. 

Su lista anual era un suplicio para muchas fashion victims que nunca llegaron a comprender que el estilo y el buen gusto no se comprar a base marcas. Y Mr. Blackwell se encargaba de recordárselo con ingenio, humor y un poquitín de mala leche indisimulada. Una lista que ha podido molestar a muchas, pero que hizo feliz a muchas otras, las que piensan que cualquier publicidad es buena. Era común que después de aparecer como las peor vestidas le mandaran notas de agradecimiento o incluso regalos, como Whoopi Goldberg. 

Pero no todo en la vida de Blackwell ha sido vino y rosas. Podría decirse que en un trotamundos y un buscavidas de cuidado. Su verdadero nombre era Richard Selzer y siendo muy joven se escapó de casa para terminar con los abusos a los que lo sometía su padrastro. Según su autobiografía ‘From Rags to Bitches’ antes de llegar al teatro y comenzar su incipiente carrera cinematográfica, llegó a robar y prostituirse para salir adelante. 

Después ya llegaría Broadway y los pequeños papeles en el cine. Firmó por RKO Pictures que es donde Howard Hughes le cambió el nombre por el de Blackwell. A finales de los 50 creó su casa de moda House of Blackwell y vistió a las grandes estrellas del momento. Pero no fue hasta 1960 cuando el suplemento dominical American Weekly le pidió que creara la lista de los 10 personajes mejor y peor vestidos. 

Tenía 86 años a su muerte y se sabe que estaba trabajando en la lista de 2008. Ahora, Victoria Beckham quedará por siempre como la última peor vestida de Mr. Blackwell, la elegida de 2007.

Botas para Balmoral.

Lunes, 20 Octubre 2008

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Inexorablemente cuando empiezo a intuir la caída de la hoja me poco de un humor muy Balmoral. Empiezo a pensar en tweed, y aflora mi sensibilidad frente a las gorras campestres, las coderas, las botas altas y el tartán. Afortunadamente, mis fantasías sobre paseos campestres en la campiña británica pueden ser fácilmente exorcizadas con el simple pensamiento de que todo paseo campestre acaba con un chaparrón inesperado que te pone de lodo hasta las cejas o algún tropezón desagradable con excrementos de animales varios. No, definitivamente, soy animal de ciudad y asfalto, lo que no quita que el estilo campestre sea un fetiche recurrente. 

Dicho esto, comprenderán por que me fascina tanto la nueva edición limitada de la firma de calzado de lujo italiana Santoni. El modelo Country Boot se realiza sólo por encargo, y se confeccionan íntegramente a mano en la fábrica de la casa de la localidad de Corridonia. En principio es una bota corta en piel de cocodrilo de sin par elegancia, pero el toque British lo pone la polaina de quita y pon en tweed irlandés que las adapta perfectamente para ir de cacerías o una jornada campestre sin necesidad de pegar tiros.  

Es una bota versátil, elegante y confortable, resistente al agua y muy cálida. Claro está que cuanto más adjetivos agradables se le pueda poner, más sube su precio, que en este caso ronda entre los 7.000€ y los 9.000€. Aunque con este precio, lo de versátil yo lo eliminaría, porque ¿quién se va a meter en un fangal en medio del campo con unas botas de tal calibre?

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El Crack (el serial) - Capítulo I

Viernes, 17 Octubre 2008

Mi lunes negro

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Nunca olvidaré el Lunes Negro de 2008. El 15-S. En retrospectiva creo que podría denominarlo el día que marcó el principio del fin. Eran alrededor de las 12 de la mañana y yo me encontraba subido en un pequeño pedestal de madera, en el 666 de la Quinta Avenida, realizando la tercera prueba del tuxedo que me estaba confeccionando Brooks Brothers para la inminente Opening Night Gala del Carnegie Hall. Tenía especial interés en asistir, porque presidían la gala el Sr. y Sra. Kovner. Mi insistencia por ir le estaba dando dolores de cabeza a Robert, mi asistente personal. No me gusta la palabra secretario. Tiene su encanto con el género femenino, pero es degradante para el masculino, porque cuando hablamos de ‘secretarias’ siempre lleva incorporado un significado subliminal que apunta a cómo las impresionables chicas llevan sus funciones más allá de lo que exige el deber por contentar y satisfacer todas las necesidades de sus todopoderosos jefes. Y aunque Robert es abnegado, no lo voy a negar, nuestra relación profesional se queda estrictamente en las labores propias de su cargo: atender el teléfono; administrar mi agenda; recoger mi ropa del tinte; sacar a pasear a Mr. Chow, el West Highland Terrier de una it-girl de Internet que se deja caer de vez en cuando por mi cama; camuflar mis gastos personales… Justo eso era lo que no lograba hacer con los 1.250 dólares que me costaba asistir a la gala. Me limité a decirle “sé que podrás hacerlo” y no quise saber más del asunto, porque si por algo tengo el puesto que ostento es por saber motivar a mi equipo, es decir, a Robert (no tenía conciencia de tener a nadie más en mi equipo, pero estaba convencido de que existía todo un staff invisible y silente que hacía que todo fluyera gracias a mi brillante gestión, aunque yo nunca los viera).

Me interesaba reforzar lazos con Bruce Kovner, creador y presidente de Caxton Associates, LLC. Teníamos intereses comunes: básicamente el dinero. A él le interesaba la ópera y a mí el ritual de la etiqueta para ir a la opera. Él coleccionaba libros raros y partituras originales de música clásica, y yo tenía montones de libros raros jamás abiertos en mis estanterías –Kurt, mi ex-decorador los compró al peso en función de los colores de los lomos para crear un hermoso tapiz de sabiduría en el despacho que proyectó en mi apartamento de Park Avenue. Bueno, en realidad mi piso daba a Lexington, pero la entrada la tenía por la 84 esquina a Park, así que no mentía demasiado cuando decía lo de “mi apartamento de Park Avenue”, aunque también podía inducir a pensar que tenía más de uno, que no era el caso. En definitiva, Kovner y yo teníamos mucho en común y yo estaba determinado a penetrar en su círculo: después de todo era un 2.5D.

Warren, mi mejor amigo, y yo habíamos desarrollado un complejo sistema de calificación para determinar cuán interesante era la gente que conocíamos, queríamos conocer o necesitábamos conocer. Primero había una basta masa de gente que no necesitaba calificación y nos limitábamos a apodarlos como artdis (art directors, que iba más allá y englobaba a todo tipo de creativos como publicistas, pintores, ilustradores, fotógrafos, etc…), Mr/Ms M (Mr. Money, todo la gama completa de financieros, inversionistas, empresarios, banqueros, consultores…), PRs (relaciones públicas en general), y una larga lista de denominaciones que no vienen al caso. Y después los apellidábamos con A y B, dependiendo del grado de éxito profesional. Por ejemplo: Kelly Cutrone, una organizadora de eventos, principalmente de moda, muy conocida, era una PR A, mientras que Guy Ritchi, el fracasado marido de la Ambición Rubia, es un ArtD B claramente.

La gente verdaderamente interesante, la que de veras nos preocupaba a Warren y a mí, tienen un sistema de calificación diferente, son numeradas en base a la valoración de sus fortunas. Es decir, Kovner era un 2.5D. Ni que decir tiene que nos referimos a billones, ya que empezamos a considerar esta clasificación a partir de los poseedores de cien millones, es decir, los 0.1. La ‘D’ es de dólares, aunque cada vez estábamos utilizando más la E (de euros) porque nuestro círculo de amistades del viejo continente era cada vez más amplio. En cuanto a tasaciones de fortunas somos más fiables que Forbes. 

Pues allí estaba yo, probándome mi flamante tuxedo en Brooks Brothers cuando sonó mi nuevo móvil. Era Robert. “Tú padre, gritando, te paso” fueron sus únicas palabras, y mis piernas se aflojaron en cuanto mi tímpano retumbó con un ¡Rafael! ¿Dónde coño te metes? que traducía toda la cólera, ira y cabreo de los que era capaz de hacer gala mi padre… que es mucho, créanme.

Contra la lluvia… tendencia industrial.

Mircoles, 15 Octubre 2008

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Descendamos a la realidad. Las lluvias ya están aquí, y muchos empiezan a desempolvar sus gabardinas al más puro estilo British, que quizás sea el elemento más estiloso aunque no el más tendencioso. Muchas veces la ortodoxia sólo te lleva a la corrección, mientras que el arriesgar es lo que te hace destacar sobre el común de los mortales. Si quieres destacar bajo la lluvia, la opción correcta son las chaquetas impermeables enguatadas en materiales sintéticos brillantes. 

Un  poco de regusto post-industrial no viene mal, y más esta temporada. Hombres urbanos con actitud que no dejan que el agua los detenga. En circunstancias normales debieran reservarse para ocasiones muy informales, ‘de batalla’, con jeans, pero como son tendencias nos podemos permitir la licencia de introducirlo en los looks semi-formales, con pantalón de vestir y quizás hasta corbata bajo estas chaquetas. 

Un dos en uno perfecto: bueno para la lluvia y mucho mejor contra el frío. Ralph Lauren le ha dicho sí y lo ha incorporado a su línea Black Label (arriba a la izquierda) y el diseñador cordobés Elio Berhanyer (arriba a la derecha) tampoco se resiste a esta prenda en su cada vez más sólida línea masculina. Otras opciones que merecen ser reseñadas son las de Henry Cotton’s (abajo en pequeño a la izquierda) que un toque más industrial, la de ADD (abajo en pequeño a la derecha) que le pone sabor motero, y la de Coast + Weber + Ahaus (abajo en grande) en bicolor. 

¡Atrévete!

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¿Qué mira usted, señora? Su escote, caballero.

Lunes, 13 Octubre 2008

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Propuestas para primavera 2009 de Prada, Burberry o Ann Demeulemeester  (de izquierda a derecha)

¿En qué piensan los diseñadores? Este un aviso para navegantes, para seguidores integristas de tendencias (cosa que no recomiendo): Revisando las propuestas para la próxima primavera me encuentro con algo que en su momento no le di demasiada importancia por considerarlo una de tantas representaciones de pasarela testificales y metafóricas, pero que me veo obligado a señalar (o denunciar) con bastantes meses de antelación para que a nadie coja desprevenido. Me refiero a que vamos a empezar a utilizar la palabra ‘escote’ en lo que a los hombres respecta, y bien que me cuesta por resultarme grotesco. ¿Desde cuando el hombre tiene escote? Pues desde que Prada y Burberry lo dice. 

Una cosa es que el hombre saque pecho y otra que luzca escote. Una camisa desabotonada que deja ver unos pectorales bien formados e incluso velludos, está bien. Un poco chulesco, sí, pero masculino. Pero las prendas con macro-escote que en las pasarelas se han vistos presentan serias dudas en cuanto a su traslado a la vida real. Al menos, alguien se ha molestado de mostrar cómo podría llevarse este tipo de escotes. El nuevo fenómenos del momento francés, Alexis Mabille (abajo), en su colección de primavera/verano 2009 saca un estilismo que conjuga uno de estos maxicuellos (¡no volveré a llamarlo escote!) sobre una camisa convencional. 

Esto también puede apuntar a que el pecho, y en especial las clavículas, empiezan a ser un nuevo fetiche sexual. Hasta ahora los pectorales del hombre eran un fetiche de masculinidad, pero esa manera de exhibirlos quiere reinterpretarlos de alguna manera que aún no acierto a focalizar.  

Sea como fuere, aquellos que sean fundamentalistas estilísticos y quieran seguir las recomendaciones de Prada, Burberry o Ann Demeulemeester a raja tabla, o sea, macro-cuello sobre piel desnuda, un consejo: empiecen a cuidárselo con hidratantes y depilación regular, que lucir escote nadie dijo que fuera fácil. Por eso aviso con tantos meses de antelación, para que después no se me quejen por la falta de previsión estética.

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Paredes verdes

Viernes, 10 Octubre 2008

Hoy no voy a contar nada novedoso. Simplemente voya a señalar una de mis grandes fetiches decorativos: la jardinería vertical.

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Siempre me han fascinado los jardines verticales. Me parecen de una belleza extrema si están bien hechos, y me llevan siempre a fantasear con un mundo post-apocalíptico donde la tecnología se ha colapsado y las plantas reclaman su reinado primigenio. ¿Demasiada literatura fantástica? Quizás. 

Paseando por parís, cerca de la Torre Eiffel, nos topamos con el Musée du quai Branly. Un museo dedicado a la cultura y el arte indígena de diversos continentes. Su fachada está recubierta de un impresionante tapiz vegetal (arriba) creado por Patrick Blanc, autor del jardín vegetal de Caixa Forum en Madrid. 

El concepto en sí es fascinante: plantas que crecen sin sustrato. Eso rompe con todo lo que nos enseñaron en la escuela. Pero a poco que te informes descubres que más de 2500 especies vegetales de todo el mudo no necesitan de tierra para desarrollarse. El sistema patentado por Blanc está compuesto de un sistema en tres capas (PVC, fieltro y un entramado metálico) que soporta la cuidada selección de plantas que el paisajista vertical realiza teniendo en cuenta las características climáticas del emplazamiento. 

Le Mur Végétal, que es como se llama en francés, incorpora el regado y fertilización automatizada, aunque si se trata de instalaciones interiores se hace necesario un sistema de iluminación artificial. Entre los beneficios de estos jardines podemos señalas que actúan como aislante sonoro y térmico, además de actuar como filtro purificador del aire. 

Pero la de Blanc no es la única empresa que hace este tipo de trabajos. En Alemania encontramos Indoorlandscaping (abajo), fundada en 1998 por Andreas Schmidt, que ha desarrollado una nueva patente llamada GrüneWand® (GreenWall), y que puede dar dolores de cabeza al monopolio de Blanc. 

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Es posible que en breve lo último no sea pintar, empapelar o tapizar tus paredes, sino ‘plantarlas’.