Blogs

Archivo de Enero, 2009

EL CRACK (el serial) - Capítulo XVI

Viernes, 30 Enero 2009

Todo lo que necesito es una buena idea 

starbucks.JPG 

Mi primer día en Traill Funeral Home había llegado. Había transcurrido una semana después de que aceptara el trabajo. El Sr. Traill insistía en mi inmediata incorporación, pero para mí eso era inviable porque 1) no quería parecer ansioso por cobrar mi primer cheque funerario y 2) tenía muchas cosas que preparar antes de ‘revolucionar’ el sector con mis grandes ideas. Al principio, he de confesar, sólo acepté por el dinero. Haber pasado por la experiencia de la tienda de cómics me había hecho valorar el dólar con un nuevo cariño, respeto e veneración. Pero después empecé a imaginar todas las posibilidades de ese nuevo puesto que me ofrecían y que en principio me había parecido peor que mi etapa comiquera. Lo peor de trabajar en la tienda eran las preguntas de los clientes que te consultaban como si fueras un oráculo. Siempre me ganaba la bronca del encargado. “Tienes que estar al día de todo y sugerirles que compren los números exactos en donde se aclaren sus dudas”. Por lo visto era un sacrilegio no saber en qué número Batman descubre que tiene un hijo o en el que Superman se convierte en un ser de energía azul pura. Aún recuerdo el último día en la tienda, cuando se me acerca un chaval de unos trece años y me pregunta “me he perdido algunos números de Uncanny X–Men y ahora no sé por qué el equipo vive en San Francisco”. ¡Y yo que creía que todos los superhéroes vivían en Nueva York, el único sitio del universo en que se puede ir por la calle embutido completamente en Lycra sin que nadie te dedique una segunda mirada! Por una vez me sentí creativo y contesté a la pregunta sin titubear. “¿San Francisco? Ummmm, déjame pensar. Sí, eso es porque todos los X–Men han salido del armario, y si compras los últimos cinco números de la serie verás mogollón de sexo explícito entre el tío grande de metal y ese de las gafas rojas que lanza rayos”. Una vez que sigo las recomendaciones del encargado y  me gano una bronca de aúpa (a pesar de que vendí 5 cómics).  

En la funeraria va a ser todo diferente. Se me da de muerte, con perdón, organizar fiestas. Sólo tengo que hace los ajustes necesarios para que en vez de pasarlo bien la gente se pueda regodear en su tristeza, que es más o menos pasar a la fase de las fiestas en que todo el mundo está trompa y se lamenta de lo mal que le va la vida. Pero en el fondo es lo mismo, la gente lo que quiere es algo con buen gusto que la gente pueda decir después “el mejor funeral ha que he asistido es el de…” Mi único problema es que estas ‘fiestas’ no son planificables, la gente no te llama y te dice “hola, quiero que organices mi funeral para dentro de dos semanas”, es algo que deben prever mucho antes y sin fecha. No es problema, ya se me ocurrirá algo. 

En mi primer día como ¿funerario? (nota: tengo que buscar un nombre más glamoroso para lo que ahora hago) resplandece un sol de enero fantástico, buena señal. A las puertas de Traill Funeral Home hay una chica de unos 22 años. Bueno, no soy adivino, he visto su edad en su résumé, la he contratado yo. Ayako va a ser mi nueva asistente. Llamé a una vieja amiga que trabaja en una empresa de organización de eventos de moda para que me pasara algún curriculum vitae que me fuera útil. Cuando llego a su altura de la chica le echo un buen vistazo de arriba a abajo. 

–¿Ayako?

–Sí, Mr. Ridao. La vuelvo a mirar atentamente. 

–Menos maquillaje, nada de pantalones, nada de rojo o amarillo, prohibido los maxi complementos, vetados Donna Karan y Armani, siempre tacón alto, medias sólo si aportan algo, no repito las cosas dos veces, no me gusta escuchar la voz de mis asistentes, no existe el horario laboral, cualquier hora es horario laboral. ¿Comprendes?

Hai, Mr Ridao. Me he permitido traerle un café para comenzar la mañana.

–No sabes cómo me gusta el café –le digo glacialmente.

Hai, por eso he traído de todo un poco –recoge una caja que tiene en el suelo a sus pies donde hay media docena de vasos cerrados de Starbucks con post-its sobre las tapaderas– para que elija.

–Café con leche, no muy cargado y azúcar moreno. 

La observo mientras saca uno de los cafés y lo adereza con azúcar que lleva en su bolso. Me gusta su estilo. No como el traidor de Richard, mi ex-asistente, que siempre me era útil a posteriori. Sí, me sacaba de comisaría, pero no evitaba que terminara allí. Sí, conseguía recuperar todo tipo de objetos y prendas que me iba dejando en casas de mujeres a las que no quería volver a ver, pero no evitaba que me dejara aquellas cosas olvidadas. Un buen asistente tiene que adelantarse siempre a las necesidades de su jefe. Ayako prometía. 

Entramos juntos en la funeraria. Jerome estaba barriendo. Ya me conocía así que no salió espantado a balancearse en plan autista mientras tarareaba si cesar sus melodías… hasta que reparó que iba acompañado por una cara desconocida y se descompuso en uno de sus ataques. Seguí adelante en busca de Traill. 

–Buenos días, Ridao.

–Buenos días, Traill.

–¿Quién es su amiga?

–No es mi amiga, es mi asistente. Va a ser mi mano derecha.

–Rafael, me temo que no podemos pagar otro sueldo –me dice el bueno de Mr. Traill con cara de preocupación–, ya hemos sido muy generosos con el suyo y no…

–No se preocupe, Traill, está en prácticas. A estas chicas no se les paga. Ellas están encantadas de trabajar gratis, es experiencia. Sobre todo para ella, que es japonesa. Ya sabe que los japoneses son muy trabajadores y poco conflictivos, quitando a la yakuza, claro. Además a estas chicas de práctica se las quema en seis meses y después pillas a otra, y ya está.

–¿Es sorda? –me pregunta Traill preocupado por mi franqueza justo delante de ella.

–No, sorda no, licenciada en periodismo y relaciones públicas. 

Ayako no pierde la sonrisa y le ofrece un café a Mr. Traill enumerándole los tipos que le quedan dentro de la caja. 

*** 

Llamo a Warren a media mañana. Quien me coge el teléfono me dice que no sabe dónde está, que debe haber subido al último piso a tirarse de una ventana o en los lavabos cortando las venas porque uno de los fondos que gestiona se ha quedado al 10% de su valor. Yo sé que Warren no haría algo tan frívolo como suicidarse… sin avisarme. Sabe que no le perdonaría que me dejara en la calle de esa manera, aún vivo en su apartamento.  

Por fin lo localizo en el móvil. Le suplico que coma conmigo y que anule su cita con no-sé-quién de la Comisión Reguladora de la Bolsa de Nueva York. Me dice que no puede, que lo están investigando, que puede ir a la cárcel, que con los tiempos que corren cualquier metedura de pata puede salir cara. Yo lo tranquilizo y lo convenzo de que anule la cita alegando que está enfermo y que coma conmigo en el Four Seasons, que es muy MUY urgente. 

Nos encontramos en la esquina de la 52 con Lexington. Ayako me acompaña siempre tres pasos por detrás de mí, es una costumbre japonesa que me parece muy bonito conservarla. Entramos en el restaurante y el maître nos pregunta si deseamos mesa para tres refiriéndose a Ayako como posible tercera comensal. 

–No, sólo para dos, ella esperará aquí fuera.  Warren señala que tengo un comportamiento “cruel” con mi asistente, pero no insiste porque va a ser él el que pague la langosta, y lo sabe. 

–A ver, ¿qué es eso tan importante como para anular una cita con la Comisión? –me dice frente a unos entrantes de carpaccio de atún.

–Tengo un problema, me he dado cuenta que mis clientes, en mi nuevo trabajo, están todos muertos –me mira no dando crédito a que me haya dado cuenta a estas alturas–. Lo que quiero decir es que cómo se le ofrece tus servicios a gente que ya no decide.

–A veces me sorprendes, Rafe. No me puedo creer que me hayas hecho venir para esto.  

Tira la servilleta realmente exasperado sobre la mesa. Pero mi cara de cachorrito huérfano que tan buen resultado da con las mujeres se revela también efectiva con él.  

–Rafe, no tienes que negociar con los muertos, sino con los vivos, ya sea antes de que se mueran o con los que quedan tras de él.

–Sí, lo sé, lo sé, pero esta mañana compré todos los periódicos para ver qué peces gordos habían caído hoy, pero descubrí que una vez que aparecen en el periódico ya tienen cerrado todos los flecos del funeral, es decir, que llego tarde.

–La cuestión es que tienes que cerrar el negocio antes de que se mueran.

–¡Pero yo cómo voy a  saber quién se va a morir! ¡¿Qué quieres, que me pase el día en los hospitales como los picapleitos busca-indemnizaciones?!

–A veces eres obtuso, Rafe. Este no es un negocio a corto plazo, sino a medio-largo. Piensa en los seguros. Lo que tienes que hacer es demostrar cómo son los funerales que tú organizas y extender la fama de que son los mejores de la ciudad. Los contactos ya los tienes…

–Esa idea no está nada mal. Lo que tengo que hacer es un evento promocional.

–¿Evento promocional?

–Sí, un funeral-degustación. Invito a todo el mundo y les muestro lo elegantes y lo amenos que son nuestros funerales.

–No era eso precisamente lo que yo… 

No lo dejo terminar. Le hago señas a Ayako para que entre en el comedor y tome nota de lo que se me va ocurriendo. 

–Apunta: Invitaciones. Pide cita para ver al decorador Jean-Hugues de Chatillon. Hazme una lista con los mejores floristas de la ciudad… No, olvídalo, contacta directamente con Raul Ávila. ¿Qué más? Sí, el catering… Consulta mi agenda, tengo docenas de empresas de catering puntuadas según su calidad. ¿Qué más me falta? ¿He dicho las invitaciones? Sí. Algo se me olvida, estoy seguro.

–Señor, ¿le traigo una silla a la señorita? –interviene un camarero que obviamente no le gusta que Ayako esté de pie en medio del restaurante.

–La señorita está bien de pie –le replico–. Olvido algo, ¿qué más me hace falta?

–Pero está incomodando al resto de la clientela.

–Está bien, tráigale una silla, pero no va a comer nada. ¿Qué más? ¿Qué más? ¡Ya! Apunta Ayako: un muerto, necesitamos un muerto.

Rumores: ¿Quién es Peter Copping?

Mircoles, 28 Enero 2009

theyskens.JPG

Durantes estas semanas fue el rumor extraoficial que corría por los corrillos de la moda en París y Milán.  

–¿Que Theyskens se va de Nina Ricci?

–Bueno, irse, irse, lo que se dice irse… Vamos, que las cosas están que explota entre la dirección y él, y en esa situación…

– Sí, sí, ya hace mucho tiempo que no estaba bien con los gerifaltes de la casa.

–¿Y eso?

–Por las ventas, darling, ¿por qué sino? –intervino una nueva redactora de un periódico parisino con gafas y un peinado a lo Anna Wintour. de no más de 24 años y que nadie conocíamos.

–La colección de primavera no ha dado resultados comerciales.

–Pues como todos, estamos en medio de una crisis –replica una fan acérrima de Theyskens (todos lo somos).

–Bueno, ellos sabrán, porque lo único cierto es que el Grupo Puig ya lleva haciendo movimientos hace bastante tiempo.

–¿Entonces es cierto lo de Copping?

–¿Quién es Copping? –interviene la redactora del periódico parisino. 

Todos la ignoran. Como recién llegada al sector (ella venía de Cultura, estaba especializada en Danza) sólo controla los nombres de primera fila y desconoce quién el la mano derecha de todo el mundo. No seré yo quien le explique quien es Copping por miedo a que el resto del grupo me rechace por introducir a una extraña en el lenguaje secreto. Pero para mis lectores: Copping es Peter Copping, el que ha sido la mano derecha de Marc Jacobs en Vuitton desde hace 10 años, fichado por el mismísimo Jacobs cuando la firma lanzó su línea de prêt–à–porter. Antes de eso fueron nueves años invertidos en Sonia Rykiel después de pasar por el Royal Collage of Art y la Central Saint Martins de Londres.

–Los de Puig [empresa matriz de Nina Ricci] llevan ya un tiempo negociando con él. ¿Tú que sabes? –me preguntan a mí, porque suponen que como soy español conozco todo lo referente a las empresas españolas, cuando lo cierto es que me nutro de rumores al igual que los demás.

–Yo creía que lo querían para Carolina Herrera, pero me cuadra que sea para Ricci.

–Ya, ya –me dice una italiana acompañando la expresión con una mueca despectiva que evidencia cuánto la defrauda mi falta de información de primera mano– lo único cierto es que Copping ya se ha despedido de Vuitton, y eso avala la hipótesis de que el trato está cerrado.

–Pues a Theyskens le queda contrato hasta finales de octubre, o sea, que todavía vamos a ver dos colecciones suyas.

–Es una lástima porque Theyskens es irremplazable –todos asentimos con la cabeza como cuando en un funeral se comenta lo buena persona que era el difunto–, siempre les echan las culpas a las ventas cuando quizás debería dimitir alguno de los gestores.

–Es como lo de Rochas [donde trabajaba Theyskens antes que en Ricci]. ¡Que no funcionaba la colección de moda! Lo que no funcionaba era que sus perfumes se venden en establecimientos de medio pelo. No se puede vender moda de lujo apoyada en perfumes de gama media, eso desconcierta al consumidor y le trastoca los valores.

–Es que Theyskens es muy couturier y muy elitista.

–Pero también estaba haciendo un esfuerzo por expandir la línea de complementos para incrementar los ingresos.

–¿Y como se escribe Copping? –pregunta la francesa bloc fashion en mano.

Todos la miramos con desprecio y dispersamos el grupo. Al enemigo ni agua, y más si no habla tu idioma.

–Ey, tú –me dice a mí–, tú no eres como estas viejas amargadas. Anda, dime como se escribe Copping.

Saco una de mis tarjetas, le apunto algo al dorso y se lo doy. Me vuelvo y no miro hacia atrás mientras me marcho, aunque me hubiera gustado ver su cara al leer: 

“Consulte mon blog: http://ecodiario.eleconomista.es/blogs/fondo–de–armario/” 

No estoy seguro de haber conjugado correctamente el verbo ‘consultar’ en francés, pero de lo que estoy seguro es de que se dio perfectamente cuenta de que sí soy uno de esas “viejas amargadas”. Las apariencias engañan.

Cuestión de cultura “fashion”

Lunes, 26 Enero 2009

vionnetarchive1937.JPG

Una guerra por hacerse con el (¿cómo llamarlo?) “patrimonio fashion” se ha desatado en el Reino Unido. El gobierno británico de Su Graciosa Majestad está demorando temporalmente su decisión sobre el permiso de exportación de 11 de los vestidos de Madeleine Vionnet para ver si consiguen reunir el dinero para comprarlas y que estas piezas se queden en el país. El Department for Culture, Media and Sport dijo el pasado viernes que le gustaría que algún museo británico se quedara con estas auténticas joyas entre las que se incluyen verdaderos tesoros como un vestido de chantilly negro con lazos de terciopelo de 1938 y un traje de noche en tul durado de 1939. El actual poseedor de estos 11 vestidos, que no se ha dado a conocer, ha pedido exportarlos porque el Musée des Arts Décoratifs de París está interesado en adquirirlas. Este museo ya posee gran parte de la obra que la diseñadora donó personalmente en 1952, y están planeando una magna exposición sobre la creadora francesa que abrirá sus puertas en junio. Los vestidos de la disputa fueron adquiridos directamente del atelier de Vionnet por una misma clienta entre 1929 y 1938, y el Ministerio de Cultura británico ha tasado un justiprecio de 450.000 libras que espera se reúna antes del 22 de abril, fecha fijada para tomar la decisión sobre la licencia de exportación pedida. 

Ojala el “patrimonio fashion” fuera tan valorado en España en sentido amplio. España, para ser verdaderamente una potencia en el diseño de moda, debe conocer bien el presente del sector, cosa que gracias a las nuevas tecnologías y al esfuerzo de los medios digitales no es difícil. Pero más necesario es conocer su futuro (avances técnicos, innovaciones en tejidos, futuras tendencias de consumo…) y el pasado. Y ahí patinamos un poco. ¿Quién se ocupa de recuperar la memoria de los modistos pre-democracia? Parece que todos aquellos que trabajaron en la moda antes del 1975 están condenados al olvido. ¿Suenan los nombre de Herrera y Ollero, Pedro Rovira, Carlos Berges, Eusebio Márbel…? Pues debería realizarse una activa recuperación de nombres y una exhaustiva puesta en valor, como los franceses, británicos y americanos hacen con los suyos. Menos mal que nos queda El Museo del Traje, aunque sus recursos no estén a la altura de su misión y se vean sometidos a la obligación de desplegar toda su imaginación y buen hacer para compensar las limitaciones. 

¿Por qué no existe en España una gala como la del MET donde la flor y nata de la sociedad se reúna para homenajear el pasado de la moda y ayude a revalorizar su presente luciendo con soltura fantásticos vestidos nacionales sobre una espléndida alfombra roja? Ah, claro, porque los Americanos tienen una cultura museística donde se filtra la eficiencia de la gestión empresarial, y para nosotros nosotros… la cultura es eso de lo que se ocupa el Estado, ¿no? ¡O peor! “La moda es una frivolidad y no es cultura de verdad”.

EL CRACK (el serial) - Capítulo XV

Viernes, 23 Enero 2009

Una de zombies 

ciudad_de_zombies.jpg 

He de confesar que entré en la funeraria con cierta aprensión. Mi relación con la muerte ha sido ciertamente distante, y prefiero que así siga siendo. ¿Grandes pérdidas? No, no he tenido grandes pérdidas a lo largo de mi vida. Básicamente se reducen a un centenar de peces de colores cuyas muertes no me afectaron de pequeño porque Baba, la nanny rusa que me cuidaba, se ocupaba de ir reemplazándolos conforme aparecía panza arriba en la pecera. “Esstá durrmiendo, señorríto” me decía, “vayasse a la cama y verrá como maniana esstá nadiando como de cosstumbrre”. Y así acontecía, por la mañana el pez volvía a “nadiar” con soltura y viveza. Siempre había una buena excusa para los cambios de tamaño vagamente perceptibles, pero que yo señalaba, o los ligeros cambios de color, o las manchas que repentinamente aparecían y desaparecían (curiosamente a la mañana siguiente de haberlos encontrado “durrmiendo”). El caso es que me pasé media vida pensando que los peces de colores eran tan longevos como Matusalén. Salí de ese error justo al mes de que Baba fuera despedida tras cumplir yo los 15 (ya era muy mayor para nannies). Una vez faltó Baba, el pez cayó en uno de sus letargos y a la mañana siguiente seguía flotando boca arriba, con muy mal color, incluso para tratarse de un pez. Jamás volví a tener mascotas porque mamá decía que ya tenía bastante con los “conejitos” de papá, así que me pasé los siguiente tres años intentando colarme en el prohibidísimo despacho de papá a ver si descubría a dónde criaba a esos conejitos. Evidentemente, y ahora lo sé, mi madre hablaba de otros “conejitos” que disfrutaban de un apartamento en el centro sufragado por papá. 

Mi relación con las parcas se ha visto reavivada el último mes en el que continuas visiones de terribles muertes para papá inundaban continuamente mi imaginación. Ya han empezado a remitir un poco, ya sólo lo imagino mutilado o totalmente incapacitado. Pero una cosa es que la muerte estimule tu imaginación, y otra bien distinta es que se convierta en un ente real.  

Qué yuyu me daba la funeraria, aunque estuviera completamente vacía. La referencia mortuoria se limita al pedestal donde se coloca el féretro para que los allegados les muestren sus respetos. Por lo demás se trata de un salón señorial, adornado de bonitas alfombras y elegantes jarrones colocados sobre columnas dóricas en las esquinas. Un centenar de sillas se encuentran colocadas como en un auditorio. La iluminación es tenue y cálida. Pero no es nada lúgubre, por lo que no entiendo el por qué tengo el vello de punta.

Espero un par de minutos a que aparezca alguien, pero no se ve a nadie, siquiera se escucha un ruido. Pronuncio un tímido “¿hola?” con una aprensión inusitada que me sorprende. Suelto una sonrisa y me digo a mi mismo “no seas idiota, Rafe, ¿qué crees, que van a empezar a salir zombis por doquier a lo George A. Romero?”. Sí, me burlo de mi miedo, pero también me resulta extraño el absoluto mutismo del lugar. 

Decido explorar por mi cuenta, en algún lado debe haber una oficina donde trabaje el que dirige este cotarro. Hay algunos pequeños salones contiguos igual de desérticos que el principal, al que vuelvo un tanto extrañado. Casi he decidido largarme de allí cuando veo una pequeña puerta en el lateral derecho de la sala, justo detrás de donde se coloca el féretro. No he reparado antes porque está semicubierta por una cortina brocada. Giro el pomo y está abierta. Da a otra habitación en penumbra que, deduzco, es donde preparan los cadáveres. Al fondo de ella hay otra puerta semiencajada que da a algún sitio con mucha luz, donde debe estar el Sr. Traill, a quien debo presentarme. Cuando penetro en la estancia me queda claro que tiene la función que había imaginado, porque en un ángulo que antes permanecía fuera de mi vista hay un ataúd abierto. Casi estoy ya a la altura de la otra puerta cuando el morbo me hace dedicarle una última mirada al ataúd. Espera. ¿Qué es aquello? ¡Ay, Dios mío! Que me parece que no es un ataúd vacío. Que me parece que este ya está adjudicado. Creo que veo como un par de manos cruzadas sobresalir del horizonte de madera oscura. No sé por qué, debe ser que tengo un ramalazo de meningitis, pero me da por comprobarlo de cerca. ¡¿Y qué coño me importa a mí?!, me digo mientras mis pies me llevan cada vez más cerca del ataúd. 

Efectivamente. El ataúd está ocupado. Un pobre hombre de mediana edad, pequeño y pelirrojo, descansa en el sueño de los justos. Me persigno (mi educación católica es un resorte automático a pesar de que llevo más de un decenio violando la mayoría de los Diez Mandamientos) y me fijo en aquel desgraciado que ha debido morir de algo terrible por cómo se le ha quedado la cara  de deformada. ¡Un momento! ¿Esa aleta de la nariz ha temblado? Lo de los espasmos postmorten siempre me ha parecido de lo más desagradable. Aún así fijo bien la atención. ¡Otra vez! Me acerco al muerto… que huele a muerto. Me fijo con atención y… 

…abre los ojos y me dice “¿qué deseaba?”. 

[FUNDIDO EN NEGRO] 

Cuando recupero la conciencia tengo un fuerte dolor en el costado. Un hombre de uno 50 años, amplia barriga y mofletes caídos está dándome aíre con un trozo de cartón. Le dice a alguien que queda a su espalda que no hace falta que avise a la ambulancia, que ya me recupero. Me gustaría creerle. Todo me da vueltas. Y el dolor del costado persiste. Más tarde me explicarán que al desmayarme me he clavado el pico de una silla en la espalda. 

–¡Está vivo!, ¡está vivo! –le grito asiéndolo por el chaleco de lana que lleva puesto.

–Tranquilícese, ya sabemos que está vivo, todo ha sido un terrible malentendido.

–No hace falta que lo jure, imagínese que entierran a ese pobre hombre estado vi… 

El “pobre hombre” está sentado en una silla al otro lado de la habitación, con la cabeza entre las manos balanceándose y tarareando desaforado. El Sr. Traill, me deja en manos de una mujer joven entradita en carnes que no hace más que tocarme la frente a ver si tengo fiebre (se ve que está más acostumbrada a tratar con fiambres que con seres vivos que se quejan). Se llama Anita y me explica que es la maquilladora. “¿Maquilladora de qué?” le voy a preguntar, pero caigo en la cuenta que allí sólo hay una cosa que maquillar. 

El Sr. Traill me explica que Jerome, el cadáver, es empleado de la funeraria, el más antiguo, desde chico ha estado allí, pero que tiene ciertos problemillas que han causado la infortunada casualidad de que me lo encuentre en un ataúd. 

–Padece de ataques agorafóbicos y necesita recluirse en espacios pequeños –me explica el Sr. Traill–, lo dejamos que se meta en un ataúd, no hace daño a nadie. Ha sido culpa mía, que lo mandé a comprar el periódico porque se me olvidó esta mañana, y ha vuelto muy agitado y a punto de sufrir un colapso.

–¿Y por qué está ahora sujetándose la cabeza y tarareando sin cesar?

–Eso es la epilepsia –responde Anita.

–Epilepsia musical, ya sabe –asiente con la cabeza resignado, como si fuera simplemente una pequeña manía–. Pero, Sr. Ridao, no le he dicho cuánto me alegro de conocerlo. Cuando el Sr. Pickcock [ese es Warren] me dijo que tenía la persona que yo necesitaba me alegré mucho. Buscaba alguien como usted.

–¿Cómo yo?

–Sí, alguien que supiera organizar eventos con clase, queremos darle una nueva dimensión a esta funeraria, un toque…

–Elitista –terminó Anita.

–Pero estoy seguro de que Jerome sabrá darle ese giro –dije deseando salir de allí.

–No, no, Jerome no trata con el público. Con el vivo, se entiende. Los desconocidos le provocan ataques de ansiedad que derivan en afasia.

–¿Afasia?

–Sí, se queda sin habla, y como comprenderá, en este negocio, no tenemos clientes fijos. Así que para él cada día de trabajo significa el tenerse que enfrentar con extraños, y pierde el habla, y no puede atender a los clientes. Lo tenemos para otros menesteres. Hasta ahora, del trato con el público me ocupaba yo, pero me temo que no tengo la experiencia para dar ese giro…

–Elitista –volvió apostillar Anita.

–…elitista que buscamos. No tengo su clase, eso es obvio. Sólo hay que verlo. Es usted un hombre de mundo, ¿verdad, Anita?

–De mucho mundo, sin duda –¿me había guiñado un ojo?

–¿Y dice que Jerome no habla con extraños? Pues a mí bien que me ha hablado, y vaya susto que me ha dado.

–Es porque estaba saliendo del ataque de pánico agorafóbico, hablarse ha sido un acto reflejo. Cuando sale de los ataque es como si reiniciara el ordenador de su cabeza, y por unos segundos, hasta que se vuelven a ‘cargar’ sus pequeñas rarezas, es una persona completamente normal.

–Una persona completamente normal dentro de un ataúd –murmuro yo. 

En ese momento Jerome da un alarido que me hace saltar de la silla. 

–Oiga, ¿no será peligroso?

–¿Jerome?, ¡qué tontería! Ha gritado porque está saliendo del ataque de epilepsia musical. ¿Violento dice? No, en absoluto, no es nada violento.

–Sólo cuando ve tortugas –apostilla ella.

–Sólo cuando ve tortugas –asiente el sr. Traill resignado con la cabeza– pero por aquí no hemos visto nunca ninguna, descuide.

–Miré –le digo poniéndome bien la ropa–, no creo que este trabajo sea justo lo que buscaba.

–Ya lo entiendo, Sr. Ridao, un hombre de su mundo, acostumbrado a otra clase de eventos de alto standing… Por eso había pensado en hacerle una generosa oferta.

–¿“Generosa oferta”? –tampoco hay que cerrarse, ¿no?– ¿Cómo de generosa?

–Había pensado en 800 dólares semanales más comisiones?

–¿Comisiones por qué? ¿Por muerto que traiga?

–Jajajajaja, ¡qué sentido del humor, Sr. Ridao! Comisiones por los “extras” que contraten las familias. Ya sé que no es habitual, pero con su habilidad para relacionarse con la gente de dinero es posible que saque un mínimo de 1600 dólares semanales. 

Eso significaría independencia. Tener una base económica para renacer. Un apartamento. Significaría mandar a la mierda a Warren y sus grandes ideas al buscarme trabajo. Significaría tener dinero para llevar mi ropa al tinte. Creo que no me mataría probar en este empleo. Después de todo organizando fiestas soy lo más, de la última que di salieron casi todos zombis y cuatro casi cadáver. Aquí los cadáveres ya lo pone la empresa, así que el éxito está asegurado. ¡Trato hecho! (A pesar de Jerome).

Un nuevo sabor en la Casa Blanca

Mircoles, 21 Enero 2009

Hoy pensaba seguir hablando de la moda masculina de Milán, pero el acto de investidura de Omaba me ha podido. 

Pues sí, Michell Obama marcó el “cambió” en la casa blanca. Sus estilismos en la toma de posesión de su marido fueron realmente impecables, se miren como se miren: elegantes, simples, modernos, femeninos… aprovechando el empaque de su altura. Pero para nosotros, los editores de moda, más importantes que los looks son los “nombres”, quién diseña cada vestido. Y ahí sí que encontramos síntomas evidentes de cambio.  

Por un lado se trata de diseñadores jóvenes, de la nueva generación del diseño americano. Gente que no son recién llegados al mundo de la moda pero que marcan un cambio generacional, una visión de futuro de lo que es hoy la moda americana. Y por el otro lado, debemos reseñar el origen multicultural de los diseñadores elegidos. 

isabel-toledo-michelle-obama.jpg 

La mañana la comenzó con un bonito conjunto de vestido y abrigo color, según su diseñadora, verde “lemon grass”. Los colores tradicionales de estos eventos son básicamente los de la bandera americana, el rojo o el azul, pero la nueva Primera Dama es muy consciente de su color de piel y está dispuesta a sacarle partido. Ese conjunto se lo debemos a la diseñadora de origen cubano Isabel Toledo, que es los últimos tiempos se ha consolidado como una creadora de culto después de ganar el Cooper-Hewitt Design Award en 2005 y ser nombrada en 2006 directora creativa de la firma Anne Klein aunque la crisis de la firma y las limitaciones que le suponía le hicieron abandonar el puesto. 

michelle-jason-wu.jpg 

La cena la gala la iluminó la Sra. Obama con un vestido asimétrico de Jason Wu, joven creador nacido en Taipei, que ha sido este año finalista en los premios CFDA/Vogue Fashion Funds. Wu es sin duda alguna el nuevo ‘maestro’ en construcción de trajes de noche a pesar de haber debutado muy recientemente, en 2006. Y como dato anecdótico, conocimos a Wu, antes que como diseñador de personas, como diseñador de muñecas estilo Barbie de la firma Integrity Toys. Una línea de muñecas llamada Fashion Royalty, muy a la moda, desarrollada por Wu en 2000 durante su estancia en Europa y que integra y comprime todo el glamour y sofisticación de la moda actual convirtiéndolas en muñecas de coleccionista. 

Otro momento fashion de la ceremonia, el de Aretha Franklin, nos trae a todos “de cabeza” (un juego fácil para hacer referencia a su sombrero). Aretha recurrió a su sombrerero de “cabecera” (otro juego de palabras fácil) Luke Song, que lleva haciendo sombreros desde Detroit desde hace más de 25 años. Estoy seguro que ese sombrero puede hacer revivir el amor por llevar la cabeza cubierta. ¡Ojalá!

Armaduras para todos

Lunes, 19 Enero 2009

siluetas-armadura.JPG

Tendemos a pensar que la moda masculina y la femenina son dos departamentos estancos que no se influencian respectivamente. El hombre es hombre, y la mujer mujer, ¡hombre, por Dios! ¡Qué idea más descabellada que una contagie al otro! Pero no es así. Estamos hartos de ver como casas que tienen líneas masculina y femenina utilizan la misma base conceptual para ambas (Prada, Burberry…).  

Lo que resulta más raro es que una tendencia que se ha consagrado como exclusivamente femenina termine por penetrar en las ideas que se barajan para el otro género. Pero dentro de la semana de la moda masculina de Milán que está transcurriendo en estos mismos instantes ya nos ha sorprendido un fenómeno de traslación conceptual: las siluetas armadura

Todo surge de la colección de primavera 2008 de Nicolas Ghesquière parta Balenciaga. El diseñador concibió unos vestidos de curvatura acentuada y textura rígida que recordaban a las vestimentas corseteras velazquianas y que tenían un mucho de armaduras samurais. Vestidos creadores de siluetas donde los hombros y caderas exacerbados eran protagonistas. ¡Qué bien los lucía Jennifer Connelly en la campaña publicitaria! Pues ahora, tres temporadas después (porque lo que se presenta en Milán es la temporada otoño/invierno 09/10), Raf Simons para la firma Jil Sander propone una versión masculina de estas siluetas en forma de reloj de arena de aspecto rígido desde la sobriedad que preconiza la temporada que se está presentando. 

No sé yo si los caballeros sacrificarán la libertad de movimiento bajo tan ‘estrictos’ abrigos, pero no me cabe duda de que al final veremos su influencia en la calle de algún modo, aunque no sea ‘textualmente’. Puede, y es una elucubración mía, que más adelante se incorpore un toque extra de hombreras a los abrigos ajustados al cuerpo.

EL CRACK (el serial) - Capítulo XIV

Viernes, 16 Enero 2009

Propósito de enmienda 

funeral-home.jpg 

Señor, me arrepiento de… 

…haber dejado la tienda de cómics de la forma en que lo hice. Fue muy poco elegante el gesto que les hice cuando recibí mi último cheque. Fue una crueldad llamar a Kurt, mi compi, disfuncional y friki. Fue innecesario, sí, pero no falté a la verdad. Como tampoco era preciso introducir una chocolatina relamida entre las páginas del Giant–Size nº 1 de X–Men que tienen en un expositor de “imposible tocar”. ¡Fue tan fácil mangarles las llaves a Kurt, desprecintar la bolsita de plástico que custodia la joya literaria comiquera, y volverlo a dejar todo tal y como estaba! Me imagino dentro de treinta o cuarenta años cuando un anormal de esos que a los 34 años todavía reciben paga semanal de papá y mamá consiga reunir el dinero para comprar ese cómic. Imagino la cara de todos cuando lo desplieguen y encuentren una chocolatina fosilizada incrustada en los poros del papel… ¡Ha sido un gesto tan gratuito! Pero no hacerlo no hubiera sido propio de mí. Tampoco fue bonito que me bajara el pantalón y le hiciera un calvo al encargado cuando me preguntó que si quería referencias. De verdad que me arrepiento. 

Qué bien me sentía pensando que ya había tocado fondo y que de ahí en adelante todo iría a mejor. 

Señor, me arrepiento de… 

…haber sido tan poco humilde cuando rechacé el trabajo en Oppenheimer. La semana antes había respondido a un anuncio del Wall Street Journal que me había llevado a su web y en su web encontré el mail de recursos humanos. Mandé mi currículo y concertaron una cita en sus oficinas del 125 de Broad Street, en esa zona donde ya se pierde la maraña de rascacielos y ves cielo azul porque estás casi al borde del rio. He de reconocer que desde que Warren me había conseguido un trabajo “infinitamente mejor” (palabras textuales) a la tienda de cómics, había perdido un poco el interés en Oppenheimer, pero aún así acudí.  

Me recibió un caballero de unos mal llevados cincuenta años, con arrugas y entradas, claro síntoma de no haber aprovechado las oportunidades que Manhattan ofrece en cuanto a cuidado personal (los mejores expertos y las técnicas más avanzadas en belleza masculina del mundo). Yo me había vestido con un impecable traje de Yves Saint Laurent gris oscuro y raya azul, camisa blanca y corbata malva. Era consciente que intimidaba al anodino señor de recursos humanos de traje de saldo. Se mostró impresionado con mi currículo y me pidió permiso para pedir referencias si era preciso. Le dije despreocupadamente que lo hiciera, es más se lo pedía encarecidamente. Obviamente yo sabía que no lo iba a hacer, es un truco muy viejo de recursos humanos, sólo quieren ver tu cara cuando te dicen que van a pedir referencias.  

–Y el pues es concretamente… –pregunté yo con mi sonrisa de “estoy por encima de todo”.

–Financial Advisor. Lo ponía en el anuncio del periódico.

–¿Qué anuncio? –jamás admitiría que había respondido a un anunció en un periódico, mi fama en el mundo financiero estaba por encima de ello.

–El que usted contestó. En el mail con que nos remitió su curriculum ponía la referencia del anuncio.

–¡Qué extraño! ¿Un mail dice? Eso debe haber sido mi secretaria. Estaba un poco aburrido ya de este tiempo sabático que me he tomado y le pedí que prospectara a mis colegas sobre posibles puestos libres y debió tomarse la libertad de contestar un anuncio –la regla número uno al buscar trabajo es que se note que no lo quieres, es como pedir un préstamo al banco, basta con que acredites que no lo necesitas–. Bueno, ya que estamos aquí no pierdo nada con conocer las condiciones del puesto. 

El sueldo base no estaba mal. Tenía complementos, primas de productividad… 

–¿Y el horario? –pregunté y pareció sorprenderle a mi entrevistador.

–Oficialmente de 8 a 6, pero ya sabes que en este negocio las horas realmente no son algo que se respeten.

–Sí, mejor, porque a mi me sería imposible empezar a las 8, tengo primero que pasar por el gimnasio…

–Me refiero a que se echan muchas más horas.

–¿Eh?  

¿Pero qué estaba diciendo ese insensato?, yo jamás en la vida he trabajado tantas horas seguidas… también es verdad que era un trabajo “ficticio”, por lo visto, pero no podía creer que el mundo real fuera tan esclavista. Estoy seguro de que estaba intentando aprovecharse de mí y de pronto pensé en el trabajo que me había conseguido Warren: “infinitamente mejor” decía, y “con clientes que jamás se quejan”. No iba yo agarrarme a un trabajo de mierda con horario de esclavo y clientes que te agobian para que rentabilices su dinero a toda costa, con grandes beneficios y sin tretas ilegales (como si eso fuera posible). 

–Me temo –le dije al de Oppenheimer– que este trabajo no es realmente algo a mi altura. Necesito tener cierta ‘flexibilidad’ para hacer relaciones públicas y cuidar mi imagen, y sinceramente no creo que esta empresa valore esos principios. Sólo hay que verle a usted. No se ofenda, pero he conocido a limpiabotas con trajes de más calidad que el suyo. Y esa barriga, ¡por favor!, los gimnasios se inventaron ya en el siglo… hace mucho tiempo. 

Ahí concluyó esa entrevista. Y me arrepiento. 

Señor, me arrepiento de… 

…haberle contestado a Puppy tan mal cuando me llamó por enésima vez (basta que le diga que no me interesa para que ella se emperre en acostarse conmigo, se parece un poco a Madonna en eso). El decirle “prefiero retozar con un cadáver en su sarcófago antes de volver a liarme contigo” no fue muy elegante, pero a mí me gusta ser claro en mis negativas. Creo que mi situación actual es un castigo divino a esas palabras. 

Señor, me arrepiento de… 

…ser amigo de Warren. Quiero decir ex-amigo. No, es decir, ahora soy ex-amigo aunque siga viviendo en su sofá.  

Regresó a casa ayer lunes por la noche tostadito a lo caribeño y con cara de ‘qué pasado de rosca he estado esta última semana’. Yo estaba impaciente porque me contara sobre el trabajo que me había conseguido y en el que se suponía comenzaba al día siguiente, es decir, hoy. Necesitaba saber algo al menos para saber qué ponerme. Había barajado cientos de looks en los últimos días, pero todo dependía del trabajo en sí. 

Intenté dejarle margen pero una vez que entró en la habitación se quedó frito sin siquiera desnudarse. Se tomó muy mal que lo despertara para preguntar sobre el trabajo y se limitó a garabatear sobre un papel “352 E, 87th St. esquina con la 1st Ave.” Y volvió a caer en las profundidades de los sueños post-etílicos-y-más-cosas mientras me decía que me presentara a las 8. ¡¿Qué demonios pasaba?! ¿Ya no quedaba en Nueva York un trabajo que no empezara su horario laboral después de las 8? Bueno, no tenía otra salida que ir. Quizás fuera un horario terrible, pero las perspectivas laborales lo compensarían. 

Señor, me arrepiento de… 

…haber cogido aquel maldito taxi.  

–Oiga, oiga, taxista, debe haberse confundido.

–No, amigo, este es el 352 E de la 87.

–No, no, oiga, esto no son las oficinas de…

–Amigo, esta es la dirección.

–No, usted no comprende…

–Lo único que comprendo es que o me paga la carrera y baja del taxi o nos vamos a otro lado, lo que usted prefiera. 

Pagué y me quedé de pié como un pasmarote frente a aquel edificio de ladrillo rojo con una marquesina en la puerta y que no tenía ventanas, más bien, respiraderos. No podía ser. “Es un trabajo para gente que sepa organizar eventos”. Yo esperaba un puesto como director de relaciones públicas de alguna firma. “Ambiente relajado”. Yo esperaba una oficina bonita y zen. “Se necesita empatía a la hora de tratar con la gente”. Yo me imaginaba desplegando mis encantos de relaciones públicas. “Los clientes nunca se quejan”. Me veía en una empresa en que su prestigio y solvencia era suficiente aval para todo lo que emprendiera. 

FUNERAL HOME, rezaba claramente el cartel de la entrada. Warren me había buscado un trabajo en una funeraria. Todavía no me explico por qué no salí pitando en el preciso instante en que me di cuenta de ello. Quizás porque había sido muy desagradable con mi antiguo jefe en la tienda de cómics. O quizás porque había menospreciado un excelente (ahora me lo parecía) trabajo en Oppenheimer. O quizás porque no debía haberle hecho aquel desagradable comentario necrofílico a Puppy. O porque simplemente debería haber aprendido a estas alturas a no confiar NUNCA JAMÁS en Warren.

Oh, YES, WE CAN… vender montón de merchandising

Mircoles, 14 Enero 2009

obama1c.JPG

El “Yes, we can” ya tiene tanta fuerza como el mítico “I have a dream”. Pero algo que no tuvo el reverendo Martin Luther King en su momento fue un movimiento de base dentro del mundo de la moda

Muchos son los diseñadores abducidos por la euforia del supuesto cambio (que los palestinos no logran intuir aún) que se han prestado a poyar el mensaje de esperanza de Obama. ¿Pero no iban las cosas tan bien con Bush?, yo no percibía “desesperanza” entre los buenos americanos antes de que llegara la promesa Obama, no palpaba indignación por la guerra ni el reguero de militares americanos caídos en combate sin una misión realmente clara (legalmente clara, quiero decir). Creo que la esperanza Obama debe ser una esperanza económica, sino no me explico dónde se ocultaba el malestar americano.  

Siguiendo el hilo, que me disperso… Obama, con el apoyo de todos lo consiguió, ganó las elecciones. Pero aún queda trabajo por hacer. Muchos han sido los diseñadores que han querido mostrar su adhesión a Obama en su investidura, como Kimora Lee Simmons que pone a la venta el próximo día 20, fecha de la toma de posesión, unas camisetas de la firma Babyphat (arriba). 

El gabinete formado para organizar la ceremonia de toma de posesión del nuevo presidente ha tenido la idea de volver a recurrir a los diseñadores, a los que han pedido esta vez que creen nuevo mechandising para la toma de posesión y cuyos beneficios irán a sufragar el evento que se espera cueste alrededor de los 45 millones de dólares que costó la ceremonia de 2005. El proyecto se ha dado en llamar “Runaway to Change” y participan creadores de la talla de Tory Burch, Derek Lam, Diane von Furstenberg (bolso, abajo), Zac Posen, o Donna Karan (camiseta, abajo), entre muchos otros. 

No se quiere mellar mucho el presupuesto público con los fastos, pero todo es una ficción, porque quien comprará el mechandising será el currito de a pie que terminará pagando un “impuesto extra”. Estoy seguro que ninguna de las autoridades invitadas a la ceremonia pondrá un centavo para la financiación de la toma de posesión.

obama1.JPG

Golden Globes… Golden Puajjjjjjj

Lunes, 12 Enero 2009

golden-globes.JPG

Hoy toca ser un poco malo. Anoche se celebraron los Golden Globes y los actores españoles tuvieron que poner en práctica su cara de “que feliz soy por no haber ganado, cuánto me alegro por el ganador, a mí sólo me afecta el hambre en el mundo”. Para poner caras de “¡Dios, qué desastres!” ya están sus managers

En ceremonias como estas sólo hay un ganador seguro: la moda. Aunque en esta ocasión, y con el espíritu de crisis sobrevolándolo todo, la alfombra roja no ha dejado ningún vestido de los que se recordarán per secula seculoren como el famoso y florido vestido de Versace que lució aquel año Jennifer Lopez en los Oscars y que fue el más buscado en Internet, más por su vocación exhibicionista que por la elegancia de este, o el vintage de Valentino con que Julia Roberts recogió el Oscar y que fue una lección magistral de buen gusto. 

Anoche Armani fue uno de los diseñadores más presentes en la gala. Hasta cuatro veces pude identificar un diseño suyo en los actores más conocidos: nuestra Pene, Anne Hathaway ‘ojos grandes’, la gran Glenn Close y el pimpollo de Tom Cruise, que sigue estando en sintonía con Pene incluso después de que su ‘historia’ acabara (no se tomará Kate Colmes como una infidelidad que su marido y la española coincidieran de Armani, ¿verdad?). 

Elegantes estaban, es indudable. Pero el problema de Armani es que es un valor seguro. “Ante la duda, siempre Armani” decía una buena amiga mía. Pero si analizamos los vestidos de Penélope y Anne, ¿me puede decir alguien qué aportan a la moda? Los diseños, que brillan por su ausencia, se fundamentan en la exquisita calidad de los tejidos. Vestidos como esos los imaginan hasta los estudiantes de diseño que aún no saben que existen Viktor & Rolf o Galliano. ¡Qué bien sientan! ¡Pero qué anodinos! Armani es el diseñador de las señoras de cierta edad. Ejemplo claro el de Glenn Close que eligió un modelo vintage del diseñador. ¡Qué señora! Pero Pe, ¡jolines!, que no tienes 50 años, arriésgate un poquitín.  

Borraré este terrible momento de mi memoria y lo achacaré al momento de crisis en que vivimos y al miedo a sacar los pies del tiesto.

EL CRACK (el serial) - Capítulo XIII

Viernes, 9 Enero 2009

Fin de año y sin mojar 

edward_hooper_nighthawks.jpg

Un café abarrotado de solitarios esperando la llegada del nuevo año. No hay caras de ‘¡feliz año nuevo!’, ni espíritus alegres que quieran enmarcar en la pared el 2008. Creo que por azar he dado con el lugar donde se reúne el 31 de diciembre la gente como yo, gente que sólo quiere pasar página y olvidar que el 2008 existió. Me siento en una mesa dudosamente limpia y sorteo un chicle pegado en el sillón corrido. Veo a Helen Hunt sirviendo mesas al fondo del local, lleva el pelo recogido y su gesto de enteradilla impertinente bien visible. De pronto estoy feliz. Recuerdo la noticia que me acaban de dar: el gran financiero español Rafael Ridao ‘Senior’ afectado por una gran estafa piramidal. Ni yo lo hubiera hecho peor. ¡Ja! ¡Chúpate esa, padre despidehijos! 

Una camarera se me acerca. 

–¿Qué va a ser?

–Prefiero que me atienda su compañera.

–No va a poder ser, señor, ella está ocupada.

–Pues esperaré a que se desocupe.

–Señor, esta es mi zona, yo me encargo de esta mesa.

–Entonces me cambiaré de mesa, ¿cuál es la zona de ella?

–Sus mesas están todas ocupadas, ¿qué va a ser entonces?

–Entonces esperare a que se desocupe alguna.

–Mientras espera tendrá que tomar algo porque las mesas no pueden estar ocupadas sin consumir. 

Me levanto. Estoy cabreado. Esto no pasa en los restaurantes a los que estoy acostumbrado a ir. Si se te antoja un camarero lo ponen a tu total disposición. A él, su ropa, su mujer y sus hijos, si es menester.  

–Entonces esperaré de pie –¡jaque!

–No puede hacer eso.

–Ah, ¿no?, ¿y por qué?

–Porque incomodaría al resto clientes.

–Yo creo que no. Además, ¿quién me lo va a impedir?

–¿Ocurre algo, Ruth? –el encargado de turno (hoy no está el musulmán de “yo americano”) se acerca: un armario de tres puertas, con el cuello que parece un tocón de una secuoya, y unos bíceps que me recuerdan a los jamones de mi España querida.

–El caballero quiere que lo atienda Bel pero está en mi zona, y dice que va a esperar a que se quede una de sus mesas libres de pie. Le he dicho que no es posible y me ha preguntado que quién se lo va a impedir.

–No, no, la señorita no me ha dejado terminar –me veía estrellado en el pavimento después de volar quince metros propulsado por lo jamones del forzudo–, lo que le decía es que quién me va a impedir que me tome un café mientras espero. 

Jaque mate (en mi contra). Asunto arreglado. Mi orgullo por los suelos, pero mi cara intacta. 

*** 

Cuarenta y cinco minutos y tres cafés después una mesa se queda libre en la zona de Helen Hunt. Me cambio de mesa, me he salido con la mía (más o menos). 

–¿Qué va a ser?

–Esta zona es de tu compañera, ya me atiende ella –¿dónde se ha metido Helen Hunt?

–¿Bel? Acaba de terminar su turno. ¿Qué va a querer?

–No, se acabó, hasta aquí hemos llegado, ¡me niego! Llevo una hora…

–Bonita escena –escucho su voz a mis espaldas–, ¿es así cómo se suele pedir en los caros restaurantes de Wall Street? 

Se sienta en mi mesa y pide un par de cafés. 

–No sé si un café será lo más adecuado para tu estado de nervios.

–Yo sólo… Yo lo que quería era pagarte lo que te debía. 

Le extiendo el dinero. Primero saco lo que debía y añado la generosa propina con una sonrisa. Ella sólo coge lo que le debía. Yo insisto en que pille el dinero extra, pero se niega. Yo pienso que es demasiado orgullosa. Ella cree que soy un cretino. Así que sugiero que por lo menos la invite al café y ella me dice que lo daba por descontado. Le pregunto si no tiene familia o amigos con los que estar cuando den las 12. Y me empieza a contar que está estudiando económicas en la Universidad de Nueva York y que no le apetecía volver a casa estas Navidades porque sus padres se están divorciando y hay una guerra abierta. Mi cara se ilumina, tenemos dos puntos en común, la economía y padres en proceso de divorcio. 

*** 

Mi reloj da una señal acústica. Son las doce. En el local nadie parece haberse dado cuenta de que hemos cambiado de año. Llevamos una hora hablando y he entrado el 2009 olvidándome de todo, de mis desgracias, de mi insolvencia. Sólo tengo un pensamiento en la cabeza: acostarme con Belinda. 

–Feliz 2009 –le digo.

–¿Ya son las 12?

–Sí, he pedido un deseo.

–No creo en los deseos, y tú tampoco deberías.

–¿Y eso?

–Porque no se va a cumplir.

–¿Por qué estás tan segura?

–Porque no nos vamos a acostar hoy. 

¡Diablos! ¿Cómo podía saber que ese era mi deseo? ¿Tan transparente soy? Belinda se levanta, se pone el abrigo, recoge su bolso del suelo y se dispone a irse. 

–¡Pues vaya asco de 2009! –se me escapa en voz alta. 

Ella se ríe y antes de irse me dice: 

–Ya te he dicho que no nos vamos a acostar HOY. Llámame.

Y me apunta un teléfono en una servilleta de papel. Suena mi móvil. Tengo un mensaje que dice “Mr Chow te echa de menos. Ven a casa”. Es de Puppy. No sé si debería… Sí, la llamo. Está en casa, muerta de asco, se ha roto una pierna esquiando y todo el mundo está de fiesta mientras ella reposa la pierna. Por eso se ha acordado de mí.  

–¿Vas a venir a casa? –me pregunta.

–Dile a Mr. Chow que yo también le echo de menos, y que me pasaré algún día a verlo de regreso de mi nueva novia. 

Le cuelgo y me quedo tan a gusto. Me parece que he empezado a recuperar la dignidad.

Vuelve a sonar el teléfono.

–Rafe, tio, es tu día de suerte –es Warren–, ya no te tienes que quejar más de tu trabajo en la tienda de cómics. Tengo un amigo que busca a alguien como tú. Alguien sociable, que sepa empatizar con la gente, que tenga dotes organizativas para eventos. Y me acordé que tus fiestas siempre han sido para morirse. Ya verás, no habrá ni un cliente que se te queje. Empiezas el lunes 12. Yo volveré a casa el 11, ya hablamos y eso.

Definitivamente 2009 va a ser un gran año.