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Archivo de Febrero, 2009

EL CRACK (el serial) - Capítulo XIX

Viernes, 27 Febrero 2009

Lo que pueden hacer las hormonas masculinas 

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Mi madre llegó a la ciudad revestida de toda su dignidad maternal afirmando que venía porque estaba preocupada por mí. Desde su sorpresiva aparición en mi funeral-debut la he visto en tres ocasiones más, todas ellas en las páginas de sociedad del WWD, siempre en primera fila de algún desfile de moda o posando con una copa en la mano. Se la veía en todas las fotos tremendamente consternada por lo mal que yo lo he pasado después de ser defenestrado por mi propio padre, abandonado por ella y sumergido en la indigencia. Por si no se nota, trato de ser sarcástico. ¡Ja! 

He mantenido en la última semana varias conversaciones con Maxwell Logistic hasta cerrar una cita de prospección. Les he hecho saber que estoy muy a gusto en mi actual trabajo lo suficientemente claro para subir mi caché, pero he sido lo suficientemente ambiguo como para mantener la puerta abierta a su propuesta. Es la primera regla en los negocios: ser inaccesible hasta el punto en que te compensa ser accesible. Eso me lo enseñó papá de pequeño, entre otras cosas. En los días de vacaciones mi madre mandaba al chofer a que me dejara en el mostrador de recepción con instrucciones de ser entregado a Papá, como si fuera una carpeta que se había dejado olvidada esa mañana en casa. Lo hacía por pura maldad, para estropearle el día mientras conseguía que alguien se hiciera cargo de mí. Siempre me he sentido muy amado en el seno familiar. De nuevo un sarcasmo, ¡ja! 

Una de esas veces, tendría yo siete años o así, le pregunté a mi padre que qué es lo que hacía él en el banco. Tras pensar detenidamente cómo ser didáctico en su explicación no tuvo mejor ocurrencia que decirme: “aquí nos dedicamos a dar dinero a gente que quiere comprar cosas pero no tienen dinero para hacerlo, después esa gente nos devuelve ese dinero y nos regala un poquito extra por el favor que les hemos hecho”. Entonces le pregunté que si para comprarme una bicicleta nueva ‘muy molona’ que había visto podía yo pedir dinero al banco. Y me respondió, de manera muy adulta, que pedir podía pedirlo, pero que no me lo darían porque yo no ganaba dinero, y que un banco nunca da dinero a quien no puede devolverlo (eso era por los años 80, ¡hay que ver cómo han cambiado las cosas!). Yo, siguiendo el hilo del razonamiento con mis siete años, le dije que si yo tuviera dinero no lo pediría, me iría corriendo a comprar la bicicleta. Y ahí es donde me soltó que una cosa es tener dinero y otra disponer de él, que sólo hay que dar al que ya tiene. Y esa ha sido mi máxima toda mi vida “dar al que ya tiene”: ofrecer trabajo al que ya está ocupado, interesarme por mujeres que ya tienen pareja, hacerme amigo del que tiene una amplia red de amistades… 

Por eso sé que si no estás trabajando o no te muestras a disgusto con tu posición, nadie te va a ofrecer condiciones laborales interesantes. No podía dar sensación de desesperación por cambiar de aires aunque estuviera deseando dejar de trabajar con difuntos y empezar a tratar con clientes más… ¿cómo decirlo?… ¡vivos! Primero sugerí un encuentro informal en plan almuerzo con Catherine Maxwell, lo que es como decir “ey, no me interesa lo que me vas a proponer, si quedamos a comer al menos no perderemos totalmente el tiempo en la reunión, porque al fin y al cabo todos tenemos que comer” (menos la modelos, claro). Ayako y la asistenta de Maxwell terminaron por arreglar una cita para el miércoles en la presentación de un nuevo restaurante que organizaba Maxwell Logistic, era ideal, porque así me enseñaban de paso su manera de hacer las cosas en el mundo de la organización de eventos. 

Mientras llega el miércoles tengo que hacer algo para animar a Warren. La Comisión Reguladora ha inmovilizado uno de los fondos de inversión libre que gestiona porque han detectado irregularidades contables. No pueden acusarlo de nada mientras no desentrañen toda la ingeniería financier con que se enmaraña la gestión de estos fondos, pero por lo que pueda pasar le he regalado un curso de portugués en DVD y una guía de viaje de Brasil, por si llegado el momento… El ataque de llanto que le dio con mi pequeña bromita me hace temer lo peor. (¿Por qué nadie aprecia mi sentido del humor?) 

Lo he convencido para que salgamos a comernos la ciudad, como en lo viejos tiempos, como antes de esta maldita crisis que a todos nos descabala. Le obligo a ponerse guapetón y nos lanzamos a recorrer los locales más cool del momento. Hay una fiesta en The Annex y nos acercamos a ver stiletto girls de faldas ultracortas y pechos reafirmados en clínicas de estética. Me siento un poco culpable (una sensación nueva para mí) porque he llamado a Belinda y he fingido un catarro. Ya llevamos un par de meses viéndonos con regularidad y sin saber cómo hemos pasado a esa etapa de las relaciones en las que se supone que debes de dar explicaciones de dónde vas, cómo y con quién. No era cuestión de contarle que iba a dejarla plantada para salir con Warren para animarnos conociendo chicas neoyorquinas hambrientas de sexo, una tía no comprende esas cosas de hombres. 

Nos situamos en un sillón circular de la segunda planta del nightclub mientras el grupo del hermano de Chloë Sevigny toca en el pequeño escenario. El local tiene cierto aire a bar cutre de carretera del medio oeste. Y las luces rojas le dan un toque más sórdido si cabe. Nada más llegar un grupo de amazonas de mirada lasciva nos ha echado el ojo (bueno, quizás no sean tan lascivas, y lo que sea lascivo es sólo mi pensamiento). El grupo ‘Sex in the city’ no nos pierde ojo, eso sí es cierto. Nosotros no se lo perdemos a ellas, pero no lo saben porque parecemos los Blues Brothers con las gafas de sol puestas. Nuestro amigo Curtis, de la firma de inversiones donde trabaja Warren, se une a nosotros y enseguida se percata que estamos en plan leones de National Geographic que acechan sigilosos a las gacelas que van a ser su cena. 

–Jo, hermano, cómo me pone la gordita de los Jimmy Choo –me dice Curtis babeando.

–Curtis, darling –le digo con mucha calma–, primero, no me llames ‘hermano’, eso es un modismo afroamericano y mi moreno no es genético sino de buenas vacaciones en el Caribe y mantenimiento posterior en salones de belleza. Dos, eres un pervertido, con cuatro tías que quitan el hipo te fijas en la bajita y rechoncha. Y tercero, eres gay, ningún tío hetero capaz de valorar unos Jimmy Choo haría un comentario que evidenciara que sabe qué son unos Jimmy Choo, menos a otro tío. Y cuatro, quítame la mano del muslo que te estás poniendo bestia a mi costa. 

Curtis me ignora, se levanta y aborda a la gordita. En menos de cinco minutos ya somos un grupo mixto de ocho. Se nota que son profesionales, no profesionales del tipo que te dicen que aceptan tarjeta mientras se visten, sino profesionales de los negocios. Dos de ellas, las más guapas, desaparecen al poco para ver si consiguen un ‘autógrafo’ de Paul Sevigny, pero la verdad es que intentan que sus amigas menos agraciadas mojen seguro. La gordita, que en verdad, después de tratarla, me parece de lo mejorcito de la reunión (tiene eso no-sé-qué terrenal que pone), va al baño y segundos después Curtis desaparece tras de ella. Todos sabemos que no volveremos a verlos pero nadie dice nada. Queda una pelirroja de pechos generosos y una brunette con pinta dominatrix. Como el que está depre y a punto de ir a la cárcel es Warren le cedo tácitamente la pelirroja y me resigno a dar palique a la dominatrix, pero tengo claro que no va a pasar na… 

*** 

La cabeza me da vueltas. Creo que he bebido demasiado.

–Oye, ¿tú como te llamas? –le pregunto a la dominatrix.

–Cat –me responde mientras me empuja y me saca de encima de ella. 

Ha sido un polvo de los escandalosos. Aún estamos vestidos, lo suficientemente desabrochados para llegar al orgasmo, pero vestidos. No es que me apeteciera mucho hacerlo con ella, pero soy un caballero y me parece feo decepcionar las expectativas de las damas a las que acompaño a su casa. 

–Yo me llamo Rafael –le digo mientras me abrocho la camisa.

–Ya lo sé.

–Ah, me has visto en las revistas.

–Más o menos –se ríe– aunque no era así como tenía programado que nos conociéramos

¿“No era así como tenía programado que nos conociéramos”? ¡Joder! ¡Una caza-famosos! Alguna vez me tenía que tocar. Hay psicópatas de estas que persiguen a gente que sale en las revistas a montones. Están todas locas, se enamoran de ti por una foto en una revista, y se recorren los lugares de moda hasta dar contigo. Después despliegan sus armas de mujer para llevarte a la cama, y al final te encuentras en una vorágine de malos rollos que pueden terminar hasta en los juzgados. ¡Ahí tienes al pobre Boris Becker! 

–¿Te vas? –me pregunta al verme recoger la chaqueta.

–Sí, es que tengo una reunión y…

–¡Qué comportamiento tan grosero! –me dice medio divertida–, te aprovechas de una dama y te largas casi sin decir adiós.

–Mira, Pat…

–Cat.

–Lo que sea… No sé si te has hecho una idea equivocada de lo que ha pasado aquí, pero estoy en una relación y no sé, esto no estaba programado, y es mejor que hagamos como si no hubiera sucedido.

–Eso sí es grosero de veras –me responde seria.

–¿Qué quieres que te diga? No nos conocemos de nada, no sé qué pensabas que ocurriría cuando nos conociéramos. “No era así como tenía programado que nos conociéramos” –la imito–. Madura, el mundo real no es como el que sale en las revistas, y menos como el que te hayas podido montar en tu cabeza.

–Creo que estás equivocado…

–La verdad es que no debería haberme acostado contigo, culpa mía, lo sé. Pero tú me has buscado, y no soy más que un hombre, debes asumir que no habríamos terminado aquí si tú no hubieras querido. Es más, yo ni siquiera quería acostarme contigo, no eres mi tipo, tía, así que no te montes fantasías de que vayamos a mantener una relación sólo por…

–Creo que has dicho bastante –me interrumpe plantándose frente a mí con una mirada realmente dura–, por favor, vete, porque estoy a punto de abofetearte y no quiero rebajarme a mancharme de mierda. 

Levanto las mano en señal de “ok, ok, lo que tú quieras” y me dirijo a la puerta.  

–Mr. Ridao –me dice de pronto cuando estoy en el pasillo de los ascensores–, no se preocupe mucho por la reunión de mañana, se acaba de quedar su agenda desierta.  Me vuelvo sin comprender.

¿De qué está hablando? Definitivamente está loca. Al llegar a conserjería me asalta una duda. Despierto al portero, que se ha quedado frito en su silla (qué manera de ganarse un sueldo). Quiero preguntarle algo y sólo hay una manera de sacarle una información que no puede dar… con amenazas. 

–¡Vaya! ¡Durmiendo! Esto no es algo que a la comunidad de propietarios le agrade en absoluto. Un portero roncando mientras cualquier psicópata puede entrar delante de sus narices y matar a un inquilino –se ha puesto lívido–. Pero tiene suerte, porque ha sido una noche estupenda, y a cambio de un poco de colaboración estoy dispuesto a obviar su narcolepsia. Esta noche he conocido a una señorita fantástica y me encantaría mandarle mañana flores, desgraciadamente no tengo su nombre completo y sería de muy mala educación subir y confesar que no me quedé con su nombre, ¿me entiende? Si fuera tan amable de darme el apellido de Cat, que vive en el apartamento 306… 

Se lo piensa un segundo y dictamina que un apellido no puede comprometerlo y sí salvar su puesto de trabajo. 

–Se refiere a la señorita Maxwell.

–¿Cómo dice?

–La 306, allí vive la señorita Catherine Maxwell. 

¡Oh, my god! Catherine Maxwell. “No era así como tenía programado que nos conociéramos”. “No se preocupe mucho por la reunión de mañana, se acaba de quedar su agenda desierta”. Definitivamente soy gilipollas, y el tío con más mala suerte del mundo. 

¡Y ‘ganamos’!

Lunes, 23 Febrero 2009

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Hago un alto en Cibeles para regocijarme en el Oscar que le han entregado a ‘nuestra’ Penélope. Los artistas son como los hijos, sólo son ‘nuestros’ cuando nos dan alegrías. Nunca se dice “mi hijo me trae por la calle de la amargura” sino “el niño este me va a matar a disgustos” o “mira lo que ha hecho tu hijo” (caso de que estén hablando entre los padres). Pues eso, los actores igual, nos sentimos orgullosos si obtienen reconocimiento internacional y premios, aunque los critiquemos con saña en el día a día.  

En Cibeles más de un editor de moda, ya agotado por el ritmo de desfiles cada hora y cuarto desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche, se quejaba de que no podían con todo: asistir al desfile de Ailanto (del que muchos prescindieron), acudir a la fiesta que daba Davidelfin y permanecer con los ojos abiertos para toar nota de todo lo visto en los Oscars. 

Los que lo consiguieran estarán satisfechos, porque ver a Penélope decir con su cara dura lo de “esto no va a ser un discurso de 45 segundos, os lo puedo decir desde ya” no tiene precio. Lo impagable fue el vestido elegido que la entroniza con la reina de la elegancia de Hollywood porque a su espectacular físico latino se le une ese allure europeo que los americanos no consiguen replicar por mucha estilista que pongan a ello. 

‘Nuestra’ Pe se decantó por un vestido vintage de más de 60 años de gasa en blanco roto con escote palabra de honor e incrustaciones de pedrería. Era un Pierre Balmain, de cuando la casa Balmain tenía su momento de esplendor. Lo compró en Lily et Cie, una boutique situada en el 9044 de Burton Way (Beverly Hills) especializada en alta costura vintage. Su propietaria, Rita Watnick, se ha hecho con la colección de vestidos más impresionante del momento y es quizás responsable en gran medida de la popularidad del término vintage y de su uso por las grandes estrellas de Hollywood como signo de distinción e individualidad.  

Lo de este vestido es una historia de amor. Lo vio hace unos 8 años pero por entonces le parecía inadecuado para el tipo de eventos a los que asistía. Así que le dijo a Rita Watnick “volveré”, y sorprendentemente allí estaba SU vestido cuando volvió este año para ver qué se ponía para su posible recogida de Oscar. 

Con el pelo recogido en un moño bajo, como le había aconsejado su amigo Pedro Almodóvar días antes, la actriz se dejó adornar con unos discretos gargantilla y pendientes de Chopard

Yo si fuera Penélope le encargaría a su manager que secuestrara todos los vídeos de su etapa juvenil en La quinta marcha, donde empezó televisivamente con Jesús Vázquez, no vaya a ser que a algún gracioso se le ocurra llevárselos a los USA y estropearle el halo de gran dama elegante que se ha currado, ¡porque hay que ver cómo la ponían las estilistas de Tele5 en aquellos inicios de la década de los 90!

El extraño caso de María Lafuente

Viernes, 20 Febrero 2009

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María Lafuente presentó en el OFF-Cibeles su última colección, de la que no hablaré, porque me han enseñado que si no tienes nada bueno que decir mejor cállate. Lamentablemente soy crítico de moda y me veo obligado a opinar. Pero sólo opinaré sobre lo parecidas que son la moda y la política.

Cuando un político sale de un partido nunca es porque le dan una patada en el culo, sino porque “sus valores le exigen poner su cargo a disposición del partido”. En este caso a Lafuente no la ‘echan’ de Cibeles sino que lo deja porque se siente limitada por la organización del evento y porque quiere dar rienda suelta a su creatividad. Bueno, pues qué decir, que te vaya bien, no creo que nadie la eche de menos a ella, a su colección, ni a los intereses políticos que la respaldan.

Todas las Comunidades Autónomas quieren tener representación en Cibeles y de una forma u otra consiguen ‘empotrar’ diseñadores en su calendario. Esto, obviamente, lo desmentirán oficialmente. E incluso podría ser una paranoia mía, ¿por qué no? Pero cuando María Lafuente se subió al carro cibelino mis sospechas se confirmaron, porque no había justificación racional posible para que sus creaciones se hicieran hueco en el programa de esta pasarela… si no hubiera “algo más” detrás (llámese “desesperado empeño porque hubiera representación leonesa” en Cibeles).

Ahora sale de allí ‘voluntariamente’, y en vez de decir “gracias por la oportunidad y el dinero que han invertido en mí” va y dice que se sentía limitada. Claro, y yo no tengo un yate y una mansión porque ni me gusta navegar y me gusta los ambientes íntimos. María ha recorrido medio globo con sus colecciones (Miami, Estocolmo, Tokio…) y yo me pregunto, ¿cómo se permite ese ritmo que pocos, casi ningún diseñador nacional, pueden permitirse económicamente? ¿De quién tiene el apoyo financiero para todo ello? ¿Es su administración regional la que la apoya con sus presupuestos? ¿Cómo se sienten los otros diseñadores de la región ante el apoyo tan condicional a Lafuente?

Creo que con tantos interrogantes podríamos llamar a eso “El extraño caso de María Lafuente”.

Toni Francesc, un nuevo nombre en Cibeles

Mircoles, 18 Febrero 2009

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La Cibeles Madrid Fashion Week da comienzo el día 20 a una nueva edición, la que mostrará las colecciones otoño/invierno 2009/2010,  con novedades en su programa. Entre los nuevos nombres que encontramos está el del catalán Toni Francesc que viene avalado por su participación en otras semanas de la moda como la de México y Rusia, así como por la presencia en la feria Bread&Butter cuya última edición fue la última que se celebrara en Barcelona. 

¿A qué se debe que para tus colecciones anteriores hayas preferido presentarlas en pasarelas fuera de España? Se debe a que he tenido más oportunidades fuera de casa. La prensa aquí es bastante más exigente y crítica que en otros lugares, allí me tienen como un extranjero y eso me permite unos ciertos lujos  experimentales que quizás aquí no estarían tan bien vistos. Desfilar fuera me ha ayudado a  tener más experiencia, antes de hacerlo en mi país. Ahora creo que estoy más preparado para darme a conocer aquí. 

¿Todavía existe esa necesidad de despuntar fuera para que terminen apreciándote en tu tierra? Eso pasa en todos los lugares. El que triunfa fuera tiene un éxito seguro en casa, y el extranjero que viene es siempre ‘mejor’ que lo que ya tenemos. Son realidades que tenemos que afrontar aquí y en todos los lugares, el único país que difiere de la norma sería Francia; allí, sus diseñadores son los mejores para ellos. 

¿Qué crees que puedes aportar a Cibeles? Es difícil contestar, Cibeles es un evento que lleva tantas ediciones y han pasado tantos diseñadores de una altísima calidad. Intentaré dar frescura y aportar nuevas propuestas… Aunque eso el público lo dictará.

¿Qué esperas que signifique en tu trayectoria desfilar en Cibeles? Es la plataforma más importante de España en el mundo de la moda. Ello me permite darme a conocer ante los medios y Cibeles me va aportar mucha experiencia. Seguro que para mí va a ser muy positivo porque me va a permitir seguir creciendo como diseñador, también me va ayudar en el mercado latinoamericano donde ya tengo presencia y sé que desde allí me darán todo su apoyo los medios de comunicación en mi desfile de Cibeles. 

¿Cómo nace la firma Toni Francesc? Mi madre inició el camino, ella es modista, cosía a medida y mi hermana y yo recogimos el testigo. Estudié diseño y pronto entré a formar parte de lo que posteriormente sería la empresa. En  el año 1992 nace Toni Francesc como empresa y como marca. Hacíamos un tipo de ropa fresca, comercial y femenina, de ahí nació la segunda marca, Veneno en la Piel. A finales del 2005 empiezo a trabajar en otro proyecto, que es Toni Francesc como hoy lo conocemos. Propone un concepto de mujer diferente, femenina y como tal, viste de una forma distinta pero sin abandonar lo práctico y lo funcional. 

¿La experimentación juega un papel importante en tu proceso creativo? Por eso hice una línea diferente, me sentía aburrido cuando diseñaba una línea  comercial, siempre pensando qué se pondrían los demás. Ahora experimento con lo que me apetece, utilizo materiales tecnológicos poco convencionales y los trabajo de modo informal, en general todo el proceso de prototipos es experimentación. Desde que dibujamos el boceto, modelamos, hacemos el patrón, lo cosemos siempre estamos haciendo inventos y lo mejor de todo es que lo disfruto mucho. 

Eres muy fiel a Bread&Butter, ¿qué te parece que se la lleven de Barcelona? Generalmente soy bastante fiel a los proyectos que inicio, me gustaría también estar mucho tiempo en Cibeles, eso es normal, valoro mucho la estabilidad. La marcha de la feria alternativa de Barcelona era el peligro que siempre planeaba por la ciudad, todos éramos conscientes que un día u otro se podrían marchar. El problema ha sido que nos ha cogido a todos con el pie cambiado y Barcelona se queda sin algo que sin duda alguna será inigualable y ha aportado mucho a la ciudad. 

¿Estás al corriente de la iniciativa de la Generalitat que pretende reemplazar Bread&Butter? ¿Qué opinión te merece? Estoy al corriente por los medios de comunicación pero no por la propia Generalitat o Ajuntament de Barcelona. Nunca habrá dos Bread&Butter iguales, ahora supongo que de forma desesperada se intentará hacer algo nuevo. Barcelona siempre se ha visto en la necesidad de reinventarse constantemente y la moda ha sufrido muchos cambios: la feria del vestir, Gaudí, Pasarela Gaudí, Moda Fad, Pasarel.la Barcelona, 080, y ahora a ver qué nos espera. Lo más importante es empezar a pensar en hacer una plataforma que sea duradera, que tenga en cuenta las necesidades de la moda y sus creadores o bien tendremos lo de siempre, algo nuevo y efímero. El tiempo lo dirá.  

Tú que has presentado en otros países, ¿qué crees que necesita el diseño español (y la empresa de moda española) para triunfar internacionalmente? Si eres buen diseñador y no te conoce nadie no eres buen diseñador. Tenemos que salir sin complejos. En España hay mucho talento pero nos falta empuje, nos lo tenemos que creer y para eso necesitamos más apoyo institucional. Vendernos como diseñadores, producto y marca fuera de nuestro país tendría que ser prioritario. Lo cierto es que desfilar y vender en tu país sale mucho más barato, así que a la larga tenemos que tomar otras estrategias comerciales y ser más creativos, saber vender mejor nuestros productos, como hacen los italianos por ejemplo.

¿Qué cosas te interesan fuera del mundo de la moda? ¿Cuáles son tus pasiones secretas? Soy muy normal, siempre lo he sido. Primero está mi familia, después la moda, y también me gusta mucho la música, la lectura, el cine y el baloncesto, supongo que el ser de Badalona tiene que ver con mi pasión deportiva. 

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Jaime Hayón tras el cristal

Lunes, 16 Febrero 2009

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Ni que decir tiene que Jaime Hayón es el diseñador de moda, no sólo dentro de nuestras fronteras, sino en todo el mundo. A este madrileño de 34 años (cosecha del 74, la mejor del siglo… por la cuenta que me trae, porque pertenezco a ella) lo han tildado con los adjetivos más elogiosos, incluso lo han llamado el Almodóvar del diseño. Y es que su trabajo para firmas como Bisazza, Camper, Metalarte o Moooi ha merecido reseñas en las más importantes publicaciones del mundo. Su eclecticismo creativo que mezcla desde referencias de la cultura mediterránea a pinceladas del arte digital o el Manga, lo ha hecho incatalogable, cosa que es óptima, porque cuando un estilo no tiene catalogación adopta el nombre de su autor, es este caso ‘el estilo Hayón’. Quizás también haya ayudado a su difusión mediática su sentido del humor, su insistencia en mostrar su imagen más excéntrica y su propensión al disfraz para enfrentarse al retrato.

En España lo conocemos mejor por su desembarco creativo en la firma de porcelana Lladró a la que le ha dado un toque surrealista que ha removido el polvo de los anquilosados estándares de la rancia porcelana de escenas bucólicas. Si algo lo revalida en su reinado creativo es el monográfico que le ha dedicado la editorial Gestalfen y que muestra la versatilidad del creador, sólo comparable a los grandes entre los grandes como Andrée Putman, Philippe Starck o Patricia Urquiola. 

Su continua exploración de nuevos parajes creativos lo ha llevado hasta Baccarat donde ha creado “Crystal Candy Set”, una serie de piezas producidas en edición limitada de 25, donde el diseñador juega con las diferentes texturas y tratamientos de los que es susceptible el cristal y que trata de explorar la riqueza de las frutas tropicales usando cristal y cerámica, dando lugar a obras con nombres como ‘piña passion vase’ o ‘nuclear pomegranate’. 

El lujo y la exquisitez tienen una nueva faz que supera los cánones clásicos en este tipo de piezas de aparador.

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EL CRACK (el serial) - Capítulo XVIII

Viernes, 13 Febrero 2009

De nuevo en la cresta de la ola 

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Soy la nueva estrella de la ciudad. El ‘It Boy’ del momento, como me va a definir Vogue en su edición de abril. Vuelvo a brillar más que nunca. Si antes era un prometedor financiero que alternaba con bellas modelos y ricas socialités, ahora soy un “brillante organizador de eventos que le ha dado al negocio funerario un nuevo halo de exclusividad y buen gusto”. Es la enésima vez que releo la frase esta de la reseña que el WWD me dedica hoy. Tomo un sorbo de mi café, sentado en la mejor mesa de Chez Le Chef, y releo una vez más el artículo que me han dedicado, y donde salgo enfundado en un rayado traje oscuro de Dior Homme diseñado por Kris Van Assche (el último que pude comprar con la tarjeta de la empresa antes de que papá me despidiera) tomando una copa con una imponente Wendi Murdoch (esposa de Rupert, que me preguntaba si estaría dispuesto a organizar el próximo año su 41 cumpleaños). Si no fuera por el texto nadie diría que se trata de un funeral. Una belleza rubia sentada dos mesas más allá no me pierde ojo. La he pillado y le he dedicado una de mis sonrisas patentadas. Cuando pido la cuenta se decide y se acerca a mi mesa. “Me preguntaba si me pudiera usted dar un autógrafo” me dice tendiéndome un ejemplar del WWD como el que llevo leyendo toda la mañana. Decididamente soy la nueva sensación de la ciudad. 

*** 

Puppy hizo perfectamente su papel. Todo Park Avenue se había congregado en el funeral de Edgard de Falco. El nombre se nos había ocurrido en un brainstorming de última de hora. Yo quería un toque latino, de ahí lo de ‘de Falco’ que sonaba como a italiano y a rancia nobleza, mientras que Warren apostaba por un toque British y así surgió lo de ‘Edgard’. Ayako propuso nombres orientales, pero 1) el fiambre tenía de oriental lo que yo de padre de familia de suburbio barato que compra su ropa en tiendas de superdescuentos, o sea, nada, y 2) nadie de Park Avenue iría al funeral de un asiático a menos que fuera acreditadamente millonario y tuviera fuertes lazos comerciales con los esposos de las Parkavenuettes (incluso si es así siempre buscan excusas creíbles para no ir a eventos de asiáticos, hispanos o irlandeses). 

Ayako y yo íbamos pertrechados por intercomunicadores con Bluetooth para estar siempre enlazados. Ella se ocupaba de ir situando a la gente en sus asientos: prensa a la derecha, personalidades a la izquierda, celebridades en el frontrow… Puppy ejercía de anfitriona y recibía el pésame de los invitados, ya que nadie tenía realmente certeza de quién era el tal De Falco ni qué familiares del difunto estaban presentes. Lo único cierto es que el rumor de que un potentado había muerto y que su funeral era el sitio justo donde dejarse ver se había extendido como la pólvora. Puppy es experta en eso. Basta con que diga que tal peluquero hace las mejores mechas de la ciudad para que su libro de reservas se cope hasta 2021.  

A todo el mundo le encantó la somera ceremonia de adiós, las concisas y sentidas palabras de Puppy en su Balenciaga de estreno, y lo rápidamente que dejamos el desagradable ritual funerario para pasar al salón contiguo donde un ágape chic estaba dispuesto al son de un ameno, pero respetuoso, cuarteto de cuerda que estimulaba que los invitados se mezclasen y se divirtieran (moderadamente… era un funeral). 

Mr. Traill regresó cuando la fiesta estaba en su apogeo. Llegó temprano como de costumbre pero no le dejé entrar. Me dijo que cómo me atrevía a negarle la entrada a su negocio, a lo que le respondí que podía ser su negocio, sí, pero que a un evento mío no entraba nadie con un traje de poliéster. Le sugerí que se acercara a Lord & Taylor y se hiciera con un buen traje de Hart Schaffner Marx, que no eran especialmente caros y se habían puesto muy de moda gracias al nuevo Presidente. Viendo mi determinación a no dejarle pasar, y siempre refunfuñando, decidió hacerme caso. Cuando volvió se quedó helado de ver la enorme convocatoria que habíamos tenido. Disfrutó unos instantes de la animación y se retiró a su despacho. 

Lo más curioso era el escuchar lo que la gente decía cuando se acercaba al féretro. “Pobre Eddy, si parece que fue ayer cuando lo vimos tan lleno de vida” exclamó una señora ultradelgada cuyo marido ha cobrado un jugoso dividendo mientras el banco que dirige ha tenido que ser rescatado por el Gobierno. Warren y yo nos miramos y pusimos cara de perplejidad. Aquello empezaba a ser una experiencia de histeria colectiva. Todo el mundo parecía conocer a De Falco muy de cerca, y no precisamente de haberlo visto rebuscando en la basura rodeado de gatos, que era lo más probable que hubiera hecho en los últimos años de su vida. Una editora de moda se acercó a mí, me felicitó por la organización y señaló cuán original le parecía haberle puesto guantes al cadáver. “Un toque muy chic” me dijo. No le parecería tan chic su supiera que era para disimular la falta de parte de los dedos comidos por los gatos. 

Una voz a mis espaldas dijo.  

–No tiene nada de buen aspecto. 

Me volví y descubrí a una terrible amazona de pómulos marcados y enorme casco de peluquería enfundada en unas carísimas pieles de chinchilla. ¡Era mamá! No sé cómo me había localizado. La sorpresa inicial no evitó que notara pequeñas variaciones en su rostro: las bolsas de los ojos habían disminuido drásticamente, el óvalo de la cara estaba reafirmado y el descolgamiento de la papada corregido (una lipectomia submental clara). Empiezo a sospechar que su retiro no ha sido precisamente para esquiar. Le di dos besos con más sorpresa que entusiasmo y me repitió señalando el cadáver: 

–Digan lo que digan yo le veo muy mala cara.

–Será porque está muerto, ¿no? –le respondo fastidiado por sus ansias de estropear mi éxito–. ¿Qué haces aquí?

–Quería visitarte y ver si te hacía falta algo.

–Un poco tarde, ¿no crees? Esta visita la hubiera necesitado cuando papá me despidió y me dejó en la insolvencia. ¡En la calle!

–Querido, yo tampoco estaba pasando mi mejor momento.

–¿A qué has venido, mamá?

–A verte, claro. A ver cómo está mi niño y qué necesita.

–¿A qué has venido, mamá?

–¿Pero a qué voy a venir?

–¿Entonces no piensas ir a los desfiles de la Semana de la Moda?

–Bueno… Ya que estoy aquí… 

Pillada total. Sólo ha venido por los desfiles. Así que muy dignamente la acomodo en una de las últimas filas, pero sin saber cómo, en cuanto me doy la vuelta, se pertecha en primera fila. Como no quiero un enfrentamiento directo mando a Ayako para que la devuelva a su sitio asignado. A los tres minutos recibo una llamada por el intercomunicador: “tenemos un problema”. 

–Mamá, ese sitio está ocupado –le digo tras acercarme.

–Yo no veo a nadie en él.

–Porque todavía no ha llegado, es para una editora de Vogue.

–Estás loco si piensas que una editora de Vogue va a venir a esto.

–No me gusta nada ese tonito que usas en el “esto”. ¿Si te parece tan cutre por qué no te sientas donde te he asignado?

–No ha nacido aún quién me quite un fontrow -me responde rechinando los dientes.

–¡Mira, haz lo que te de la gana! 

La dejo por imposible y decido ignorarla en lo que resta. Por todo lo demás todo sale a pedir de boca. 

*** 

Son las 13:15 cuando llego al trabajo. Empiezo a recuperar mis hábitos laborales, entre los que está dedicar las mañanas a las relaciones públicas fuera de la oficina. Cuando arribo me informan que Mr. Traill ha preguntado por mí desde primera hora y que está que echa chispas. Anita me explica que esta mañana empezó a revisar facturas y que tubo que tomarse medio bote de pastillas para el corazón. Dice que dijo “lo que no ha conseguido mi ex-mujer, lo va conseguir este chico, llevarme a la tumba o la ruina”, y por lo visto debe ser algo terrible, porque según me cuenta Anita gracias a su ex terminó en la UCI con un ataque al corazón y en la calle sin nada tras el divorcio. Me advierte que vaya con cuidado, que guarda un arma en el escritorio y tiene el ánimo propicio para usarla.  Entro un poco atemorizado en el despacho.

Y para mi sorpresa… ¡Mr. Traill me abraza! Por lo visto en el tiempo que va desde que revisó las facturas a primera hora a cuando yo he llegado, ha recibido una llamada para encargar un funeral de un industrial muy conocido, una agencia de alto standing quiere cerrar un acuerdo de subcontrata para que nos hagamos cargo de los sepelios de sus clientes, y una niña pija con un fondo fiduciario de un millón de dólares quiere que organicemos el adiós a su chiguagua. Ha hecho cuentas y cree que mi pequeño funeral-presentación ha sido la mejor inversión de su vida. 

Salgo de la oficina muy orgulloso. Por fin alguien reconoce mi talento. Siempre le estaré agradecido a Mr. Traill por haber confiado en mí. Me suena el móvil. 

–Buenos días, ¿Rafael Ridao?

–El mismo.

–Soy Catherine Maxwell de Maxwell Logistic –¡Dios, la empresa de organización de eventos de élite más importante de Nueva York!–. Estaría interesada en reunirme con usted, creo que tengo una oferta que le va a interesar. 

¡Gracias Mr. Traill por haber confiado en mí! Pero los negocios son los negocios.

 

La política y la moda: Primera Dama en portada

Mircoles, 11 Febrero 2009

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Y volvemos con los Obamas. Ya dijimos en este blog que estaban abocados a convertirse en iconos del estilo. Y no es que uno tenga la famosa bola de cristal “que a todo el mundo le mola” y que ve el futuro. No, simplemente es que seguí la campaña y leí entre líneas. Sabiendo que Vogue (el americano, el resto no cuenta) dicta qué es estiloso y que su directora, la inefable Anna Wintour, junto con su fiel amigo y colaborador André Leon Talley dieron el pasado verano varias fiestas para recaudar fondos para el por entonces senador por Illinois. Anna, que bien ha aprendido la lección ‘racaudatoria de fondos para campañas políticas’  de su tempestuosa relación con el millonario tejano Shelby Bryan que rompió su matrimonio y que la introdujo a los Clinton. ¿Recuerdan aquel cambio de imagen de Hillary durante la presidencia de su marido? Sí, cuando de pronto se volvió más femenina y suavizó su maquillaje… Obra de Anna Wintour. De hecho Hillary fue la Primera Dama que apareció en la portada de la revista en diciembre de 1998 [en aquel mismo número se anunció la quiebra de Mizrahi, del que hablábamos en el post del lunes].

Pero en la política americana ‘quien la hace la paga’ y en enero de 2008 estaba previsto que Hillary apareciera en Vogue fotografiada por Annie Leibovitz (a nadie más le comisionan este tipo de encargos de altura). Las fotos de Clinton fueron hechas pero finalmente rehusó salir porque, según explicaron desde Condé Nast, “estaban preocupados de podría parecer demasiado femenina”. Ni que decir tiene que La Wintour cogió el berrinche de su vida y en el número de febrero escribía en el editorial “imaginen mi sorpresa cuando me dijeron que Hillary Clinton, nuestra única candidata presidencial mujer, había decidido bajarse de nuestras páginas en este punto de la campaña por miedo a parecer demasiado femenina”. Y continuaba diciendo: “Esto es América, no Arabia Saudí. Estamos en 2008: Margaret Thatcher pudo estar estupenda en un traje chaqueta azul, pero era hace 20 años”.  

La prensa encontró un filón jugoso y repetía por doquier que Hillary Clinton se había granjeado una poderosa enemiga que no pararía hasta destruirla. Exageraciones, claro. Pero lo cierto es que Anna volcó todo su esfuerzo y sus esperanzas en el matrimonio Obama sacándolo a él ¡dos veces! en la portada del Men’s Vogue. Y Anna Wintour nunca apuesta a caballo perdedor, y vaya si ganó: Michelle Obama es la portada del número de marzo de Vogue (fotografiada por Annie Leibovitz y entrevistada por André Leon Talley). 

Esa portada era algo muy rumoreado en el sector y en la recta final de la campaña presidencial muchos se rieron de que Michelle había salido en las portadas de Ebony y Essence que en la de Vogue. ¡Pero que pardillos! Anna Wintour nunca hubiera puesto a una “esposa del candidato” en la portada, ella quería a una Primera Dama. Y voilá! Aquí está la primera portada de la Primera Dama Michelle Obama… en Vogue. 

Por cierto. El vestido es del mismo diseñador que en la toma de posesión, Jason Wu. ¿Adivinan de quién es un ‘protegido’ Jason Wu? ¡Bingo! De Anna Wintour.    

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Mizrahi return! (¿Y cuántas lleva ya?)

Lunes, 9 Febrero 2009

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Al consumidor español el nombre de Isaac Mizrahi le dirá más bien poco. Pero para los amantes de la moda internacional se trata de un sujeto fascinante, el eterno Ave Fénix de la moda, el incansable guerrero que cae y se vuelve a levantar mil veces. Lo vimos alcanzar el Olimpo de la moda norteamericana bajo el amparo de la inefable, temida y todopoderosa Anna Wintour que siempre ha apoyado todo lo que él ha hecho desde las páginas de su revista, el Vogue americano. 

En sus casi 20 años de carrera Mizrahi ha conocido la quiebra, el cierre de su empresa, volvió como diseñador de la firma de ropa asequible Target, y tiene en su haber cuatros premios CFDA. Mizrahi es de esos extraños diseñadores-mediáticos que de pronto surgen y enamoran con su descaro y frescura, y así lo demostró con su documental Unzipped (1994), en su espectáculo de un solo personaje en Off Broadway llamada Les MIZrahi que protagonizó en 2000, y como presentador de su propia serie que se emite tanto en Oxygen Network como en Style Network. 

Ahora, una vez más con el respaldo de Vogue (of course) toma las riendas creativas de Liz Claiborne. Un nombramiento efectivo desde el 1 de enero de este año que se traduce en el encargo de supervisar las tareas de diseño y de marketing para la firma de moda y accesorios y cuya primera colección de Isaac Mizrahi para Liz Claiborne llega a las tiendas ahora, y en España concretamente encontraremos la colección en los centros comerciales El Corte Inglés.

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EL CRACK (el serial) - Capítulo XVII

Viernes, 6 Febrero 2009

Conservar en frío

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–¿Dice que varón, caucásico, de 53 años, alrededor de 1’70 de estatura? 

Por un momento pensé que las estadísticas me iban a fallar. Aquel funcionario miró un segundo Ayako y pareció dudar de la historia del tío carnal, oveja negra de la familia, que llevaba un tiempo sin aparecer por casa. 

–¿Caucásico dice?  

Ella afirmó con la cabeza intentando parecer apesadumbrada, como una buena sobrina preocupada por su descarriado tío. El de la morgue se rascó la coronilla no muy convencido. 

–Pero usted, señorita, es asiática.

–Eso, querido señor funcionario, es algo evidente –intervine yo. 

Hubiera preferido que Ayako se hubiera encargado del asunto, ya que intuía que estábamos cometiendo al menos una decena de delitos claramente tipificados en el código penal al reclamar un cadáver con el que no teníamos ninguna relación. Pero al ver las reticencias del funcionario (demasiado diligente para ser funcionario, me parecía a mí) opté por mediar y resolverlo con mi pasmosa habilidad de improvisación. 

–Pero ella pregunta por un caucásico, y ella es asiática.

–¿Qué tiene en contra de los matrimonios interculturales? Su madre es americana, así como su tío. ¿Qué ley obliga a los asiáticos a casarse entre ellos? 

El tipo se encogió de hombros y nos hizo señas de que lo acompañáramos. Nos llevó al depósito municipal y le pidió a un tal Diego por un interfono que sacara a Mr. Gatos. Se dio cuenta de su metedura de pata y trató de explicarnos que allí ponían nombres a los fiambres para darle un toque ‘humano’. Al que llamaban Mr. Gatos lo habían descubierto en un callejón de la 136 West. 

–Estaba un poco… comido por los gatos, por eso le llamamos Mr. Gatos. En caso de que sea su tío quiero que nos disculpe por el ‘apelativo’ que le hemos puesto. Pero al no llevar identificación encima tendríamos que nombrarlo por el número de registro de llegada y para nosotros es mucho más complicado llamarlos por números.

–¿Estaba muy ‘comido’ por los gatos? –pregunto.

–Oh, no, señor, un poco los dedos. 

Llamo aparte a Ayako y le digo que lo de los gatos me preocupa. No podemos exhibir un cadáver mutilado. Que cuando saquen el fiambre que espere a que le de yo el visto bueno, y si no es viable sólo tenía que decir que ese no era su tío y que le sacaran. Después de todo,  los vagos datos identificativos que habíamos dado para reclamar el cuerpo estaban sacados de las estadísticas de los sin techo que mueren a diario en las calles de la ciudad. Tenía que haber al menos una docena de tipos como aquel a la espera de nuestra adopción. 

El tal Diego, obviamente un ex-presidiario de manual por los tatuajes y la corpulencia conseguida tras horas y horas de pesas en el patio de la cárcel, apareció detrás de un cristal y abrió una especie de enorme archivador de fiambres. Le destapó la cara a Mr. Gatos y su compañero le preguntó con la mirada a Ayako si ese era su buscado tío. Ayako me miró a mí. Me aproximé al cristal y pude comprobar que Mr. Gatos tenía la cara intacta. Sí, quizás le faltaran algunas falanges de las manos, pero nada que no se pudiera ocultar con unos guantes. Es más tenía en el rostro cierta dignidad de importante financiero de Wall Street que sólo la da la dura vida de la calle o la subsistencia en las altas torres del poder neoyorquino. Era perfecto. Le di el sí a Ayako y esta inmediatamente empezó a llorar repitiendo “¡mi pobre tío!, ¡mi pobre tío!” 

El funcionario nos acompañó hasta afuera y le pidió a Ayako que firmara unos papeles para hacerse cargo del cadáver. Yo estaba encantado: mi plan estaba en marcha. Escuché al tipo de la morgue decir “y eso es todo, señorita”. Me sorprendió lo fácilmente que uno se puede hacer con un cadáver en Nueva York sin cometer un delito, me refiero sin tener que matar a nadie uno mismo, porque desde luego que estábamos cometiendo un delito reclamando a Mr. Gatos para montar mi funeral-degustación. El funcionario le estaba dedicando unas palabras de consuelo a Ayako cuando yo le pregunté: 

–Oiga, ¿y esto cómo va? ¿Nos lo sirven a domicilio o tenemos que recogerlo nosotros? 

*** 

–Estás loco.

–Es la decimotercera vez que lo dices desde que has llegado y empiezas a repetirte. ¿Has venido ayudar o a insultarme? 

Warren se había tomado la mañana libre para ayudarme con los preparativos. Era la excusa ideal para seguir escondiéndose del caballero de la Comisión Reguladora de la Bolsa de Nueva York que lo buscaba insistentemente. Warren es un ejecutivo-avestruz, prefiere esconder la cabeza hasta que todo le estalla en vez de enfrentar los problemas. Cosa que a mi me vino de perlas para convencerlo de que me echara una mano en mi debut de “Funeral Planner: Death with style is heaven” (así rezaban mis nuevas tarjetas de presentación. 

Mr. Traill llegó y se quedó anonadado ante el despliegue. El equipo de decoración había transformado radicalmente la sala principal. Yo le había dicho al decorador “quiero esto” y le había tendido el número de octubre de Vogue donde se podía ver el blanquísimo apartamento parisino de Karl Lagerfeld. Enseguida lo pilló. Y a primera hora de la mañana se había empezado la remodelación de la sala de duelos para convertirla en un ambiente totalmente chic y futurista lagerfeldiano. Madera lacada en blanco, terminaciones niqueladas. Cristal, mucho cristal. 

–¿Qué es esto, Riado? –me preguntó Mr. Traill sin creer lo que veía.

–Buenos días, Traill, ¿le gusta? En un par de días tenemos la inauguración.

–Ridao, yo no he aprobado…

–No se preocupe por el dinero, hemos llegado a un acuerdo bastante interesante de pagos a plazos. De todas formas con el primer encargo que consigamos con la nueva política de eventos de lujo sacaremos un gran margen. Mire el informe de las nuevas tarifas que le propongo y que he dejado sobre su mesa.

–¿Pero en qué está convirtiendo esto?

–¿Usted confía en mí? –su cara reflejaba un clarísimo “no”– ¡Pues claro que confía mí! Si no para qué me habría dado el puesto de Style Director.

–¿“Style Director”?

–No, no, el atril de metacrilato de Philippe Starck no va ahí –y lo dejo con la palabra en la boca, no tengo más ganas de que me cuestionen, para eso ya tengo a Warren. 

*** 

La misión de Warren es limar asperezas con Puppy. Si alguien puede congregar a todo Park Avenue en un evento esa es ella. Mi orgullo no me permite rebajarme ante mi ex, por eso Warren tendrá que hacerlo por mí. Por otro lado Ayako está encargada de la convocatoria de prensa. Queremos que las editoras más chics de Nueva York cuenten a sus lectores que nuestros funerales son los que más clase tienen en la ciudad. Ya hemos confirmado la asistencia de gente de New York Magazine, Paper, Harper’s Baazar, Vogue, Village Voice, Elle, W, Style.com, Interview, Nylon y WWD. En un principio pensé hacer un evento para ejecutivos, pero después caí en la cuenta de que de estas cosas de la muerte siempre son las mujeres las que se ocupan. A ver si hago un hueco para invitar personalmente a Scott Schuman, de The Sartorialist. Suena mi móvil. Es Warren: Puppy colaborará pero quiere hacer el panegírico del difunto ella. Tiene un Balenciaga en el armario que todavía no ha estrenado y teme se le pase de temporada sin lucirlo, así que esta es la excusa perfecta. ¡Qué superficial puede ser esta chica! 

*** 

El enfrentamiento definitivo con Mr. Traill ha venido cuando he querido contratar Pat McGrath para maquillar al difunto (nota: hay que ponerle nombre al muerto). Anita, la maquilladora habitual, se ha enterado y ha malmetido para que me pare los pies. Yo he cedido con lo de la maquilladora y he exigido a cambio que no cuestione mi selección de caterer, porque he leído un artículo sobre un nuevo restaurante especializado en comida sudafricana fusionada con la haute cuisine francesa y ya no quiero otra para este evento que no sea eso. 

La llamada de mamá llega en el peor momento. Ya ha terminado sus “vacaciones” post-divorcio junto a su amiguito. “¿Qué amiguito?” me pregunta ella cuando le echo en cara que lo haya preferido a él antes que consolarme a mí en mi desgracia tras ser despedido por mi terrible padre. “Pero no seas tonto, cariño, Raúl es sólo mi monitor de esquí”. La verdad es que no le entiendo muy bien qué es lo que dice que le ha enseñado hacer Raúl es sus ‘vacaciones’ porque tiene la lengua un poco estropajosa, juraría que balbucea, y eso es síntoma de que ha vuelto a tomar su ‘medicación’, que es como ella a su amigo Johnnie Walter. Me dice que me quiere, que me quiere mucho y que quiere también a alguien que ha pasado por su lado en ese momento (posiblemente una criada), que quiere a todo el mundo, y es que cuando le da al Black Label se poner de lo más cariñoso en plan comunión celestial. “Nos vemos el martes” dice, y cuelga. ¿El martes? ¿Esa es su manera de decirme que viene a Nueva York? ¿O es que en su estado de ‘felicidad terapéutica’ no tiene claro que hay unos 6000 kilómetros que nos separan? 

Espero que ese “nos vemos” signifique que me va a poner una videoconferencia, porque el martes es mi gran debut y lo que menos me apetece es tener a mamá acaparando la atención que me corresponde. Debo relajarme, todo está en marcha, ya va todo rodado. Sólo me tengo que preocupar de estar lo más relajado posible en estado de nirvana constante, cosa básica para mi cutis y fotogenia. Cosa que será así mientras no aparezca mamá por aquí, nadie se de cuenta que Mr. Gatos tiene otra familia y no precisamente asiática… y no se corte la luz y se me descongele el arcón frigorífico que hemos alquilado hasta el martes, porque la verdad es que lo que hemos guardado en él no está muy ‘fresco’ que digamos.

Alta Costura II

Mircoles, 4 Febrero 2009

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No es un secreto que la Fédération Française de la Couture trata desesperadamente de introducir nuevos nombres en el programa de la Alta Costura parisina sin que desvirtúen el cariz de precisista de las colecciones que allí se muestran: Anne Valérie Hasch, Avalon Vega, Martin Margiela, Cathy Pill, Felipe Oliveira Baptista… y el catalán Josep Font [arriba], que por alguna razón misteriosa no logra captar la atención de la prensa internacional (ninguna mención en el WWD, ni en papel ni en la edición digital), que es la Biblia más exhaustiva de los desfiles parisinos.  

Font presentó una excepcional colección en su habitual estética de casa de muñecas y hadas con referencias sutiles al mar, la espuma de las olas, la brisa salobre… Un juego de divina costura que no tiene eco en las princípiales revistas y periódicos de referencia internacional. Un misterio a resolver. 

El debutante en los lares de la Alta Costura, Alexander Vauthier [abajo a la derecha] sí ha conseguido por el contrario muy buenas críticas. En su propuesta geometrista se veía claramente la huella de los tres años al lado del gran Jean Paul Gaultier, especialmente en la aplicación de los hombros-pagoda tan característicos del mentor. 

Quien levanta verdaderas pasiones en estos momentos es Alexis Mabille [abajo a la izquierda] que se ‘atreve’ a incorporar al hombre en sus presentaciones de Costura. French chic en estado puro en una Costura relajada, sin grandes excesos, donde las mayores filigranas identificables es la utilización de “juegos florales” para las piezas más barrocas.

La sangre nueva y fresca empieza a correr por las venas más exclusivas de Francia.

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