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EL CRACK (el serial) - Capítulo XXXII (FINAL)

Ética y realidad   

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Presente:  

El gran Rafael Ridao (padre) no sale de su asombro de que su pusilánime hijo se haya confabulado con la zorra de su ex-mujer para extorsionarlo. 

*** 

La madrugada pasada: 

Hubiera sido mucho más dramático si hubiera estado lloviendo torrencialmente. Pero no era así. Hacía una noche especialmente agradable. Y aquello de que Nueva York es la ciudad que no duerme es totalmente incierto (¿o eso se dice de Las Vegas?), aquí a ciertas horas todo se vuelve fantasmagórico, ese es el gran legado de Giuliani. Lo único que alteraba la paz de la noche era el loco jadeante que cruzaba la ciudad a la carrera, o sea, yo. Algo no encajaba en la historia. ¿Qué era? No lo sabía con exactitud. Pero de pronto había reparado que lo único incompresible de todo lo sucedido en los últimos meses había sido la boda de mamá con el gigoló. Mamá siempre ha sido muy cerebral en lo se refiere a la relación matrimonio y dinero, por eso no podía aún entender porque se había casado con un prostituto cazafortunas a sabiendas. ¡Ahí había algo muy muy raro que no alcanzaba a vislumbrar!

Llegué al hotel donde mamá ha establecido su residencia neoyorquina. Apenas esperé que el conserje comunicara mi presencia. Para cuando colgó el teléfono yo ya estaba en el ascensor a medio camino. Cuando mi madre me abrió la puerta su cara no era de bienvenida precisamente.

—¿Qué ocurre? —fue único saludo.

—¿Puedo pasar?

—Pasa, hijo, ¿pero sabes qué hora es?

—Necesito hablar contigo urgentemente.

Nos acomodamos en el saloncito de la habitación. Miré hacia la puerta, esperando la irrupción de Xavier, pero no apareció nadie.

—¿Y tu marido?

—¿Quién? —parecía ciertamente desconcertada.

—Xavier.

—¡Ah, ese marido!

—Pues no sé. Creo que se fue a Los Ángeles, lo llamó una clienta, o quiere ser estrella del cine, o yo qué sé.

—¡¿Cómo?!

—Por favor, cariño, no me dirás que me has sacado de la cama para hablar de Xavier. Podrías haber esperado a…

—No, no podía. Necesito saberlo, ¿por qué te has casado con un gigoló?

Soltó una carcajada que me erizó el pelo, no lograba comprender qué le divertía tanto. Apenas podía contener las lágrimas.

—No me puedo creer que sigas con eso… —se serenó y me miró tiernamente a los ojos—, Rafe, cariño, Xavier solo es un bien ‘amigo’ que me ha hecho un favor.

—¿Casarse contigo es hacerte un favor? —no comprendía nada.

—No hubo tal boda, cariño. Simplemente fue una argucia para exprimir a tu padre en lo del divorcio. Estando casada no tiene que pasarme pensión y llegamos al acuerdo de que si yo me casaba antes de la firma del convenio él sería muy generoso con la parte de bienes que me toca en el reparto.

—Pero yo vi cómo te casabas. Vi como firmabas la partida de matrimonio.

—¡Rafael, qué pocas luces, por Dios! ¿Viste acaso los papeles que acreditan que la persona que nos casó tiene potestad para cerebrar matrimonios? Tu padre insistió en estar presente en la boda, y con todo lo listo que es, el suspicaz hombre de negocios tragó el anzuelo. También vio cómo firmábamos la partida de matrimonio y ni sospechó que todo era un teatrillo. ¡Ay los genes Ridao! ¡Cómo confiáis en lo que veis!

—Y todo para…

—Para firmar el reparto generoso de bienes. Muy generoso, he de decir. Ahora mis abogados pedirán la pensión arguyendo algún vericueto legal, yo que sé. Me gustaría ver la cara de tu pobre padre cuando llegue a la conclusión de que todo ha sido un teatrillo.

—¡¿Y por qué no me lo dijiste?!

—Lo hice, ¿recuerdas? Te dije que confiaras en mí que estaba haciendo lo que más me convenía.

—Yo pensé que hablabas de sentimientos, que estabas enamorada, que querías alguien con quien compartir los últimos días.

—No seas cenizo y nombres la muerte, idiota. Además, ¿cuándo he hablado yo nunca de sentimientos? —ahí llevaba razón.

—Pero os vi tan… unidos… en la cama… ahí —señalé al dormitorio.

—Rafe, ya sabes cómo es tu padre. He tenido gente siguiéndome, escuchas telefónicas y servicio del hotel espiándome un mes al menos, desde que le dije que me casaba. Teníamos que mantener la farsa. La verdad es que tu berrinche de hijo obtuso le dio una pátina de credibilidad a la historia.

—¡Me has utilizado tú también!

—No digas eso, está muy feo.

—Pues para que lo sepas no eres tan lista.

En cierta manera me estaba alegrando de ser yo quien le diera la noticia de que el reparto de bienes que había firmado estaba incompleto, bastante incompleto, porque una gran cantidad de patrimonio estaba puesto a mi nombre. Su cara se transformó al oírlo y no dejaba de repetir “¡cabrito!”. Así se había permitido ser generoso en el acuerdo, porque aunque le hubiera dado el cien por cien de lo que aparecía a su nombre no hubiera llegado a darle lo que le correspondía en realidad. La timadora timada.

Cuando llevaba quince minutos soltando una retahíla de insultos, maldiciones y amenazas, aproveche que estaba tomando aire y la interrumpí:

—No te preocupes, creo que tengo una idea.—Cariño, ¿estás seguro?, porque, perdona, las ideas nunca ha sido tu fuerte. 

***

Presente: 

Mi padre espera a escuchar mis condiciones. En su mirada veo que cree que puede negociar y llevar el juego a su terreno, aunque empieza a darse cuenta de que no soy tan estúpido como siempre ha presumido.

—¿Y bien? ¿Cómo puedo recuperar mi patrimonio?

—Así me gusta, espíritu deportivo —le digo con una sonrisa bobalicona que sé que le pone nervioso—. Verás, el juego se llama ‘Hoy vamos a hacer justicia’. Digamos que de aquí a diez años te lo habré devuelto todo. Bueno, todo no, pero no voy a adelantar acontecimientos. Cada año que pase te devolveré un diez por ciento de lo que has puesto fraudulentamente a mi nombre, a cambio de que se ponga en marcha desde el banco un programa de cooperación y ayuda al desarrollo al que se destinará un cinco por ciento de los beneficios anuales del banco.

—Estás loco.

—Quizás, creo que me lo haré mirar, no lo dudes, pero esta es la idea más sensata que he tenido en mi vida. Continúo. Si al final del año se han cumplido con el compromiso y se ha invertido en proyectos ‘verdaderamente’ sociales esa cantidad yo te trasferiré el diez por ciento de tu patrimonio una vez restada la parte proporcionar que le corresponde a mi madre sobre ello. Ella se somete al juego también, ¿verdad, mamá?, y renuncia a reclamar una pensión.

—No puede pedir una pensión, está casada.

—¡Error!, pero eso es otra historia que a continuación te contará ella con calma. Y ahora estás pensando: “vaya, no es mala idea, una fundación puede hacerme desgravar y de todas formas puedo manejarla para que todo termine en mi bolsillo”. Nueva mente te equivocas, porque me reservo el derecho de poner a un hombre de mi confianza para que dirija todo esto.

—¿A quién? —me suelta como un gruñido.

—¿Recuerdas a mi asistente, Robert? Es un profesional muy capaz, con el que me he comportado un poco inadecuadamente. He decidido que va a ser otro beneficiario de ‘Hoy vamos a hacer justicia’.

—¿Y si no acepto?

—Pues me quedo con todo, así de sencillo. Y si no se cumplen los objetivos un año, pues me quedo el dinero otro. Mientras, todo lo que genere ese patrimonio irá destinado también a los proyectos de desarrollo y cooperación. ¿No crees que es hora de que los bancos devuelvan a la sociedad un poco de lo que le expolia? No, evidentemente, no estás de acuerdo.

—¿Y tú qué sacas de todo esto?

—¿Yo? La satisfacción de hacer lo correcto. Si me apropiara de lo más mínimo estoy seguro de que me quedaría sin algo que vale mucho más, y no pienso renunciar a ella, porque me hace ser mejor persona.

—¿De qué coño hablas?

—Cosas mía. ¿Qué?, ¿jugamos?

He logrado noquearlo. Nada más que por ver su cara en este momento ha merecido vivir hasta hoy. Su cabeza funciona a marchas forzadas, está buscando la respuesta que le procure un poco de oxigeno. Pero no estoy dispuesto a bajar la guardia. Chasco la lengua imitando el tic tac de un reloj.

—Se acabó. Necesito una respuesta.

—Está bien —las palabras salen de su boca a tropezones, sé que él quisiera luchar pero es muy arriesgado con tanto que perder sobre la mesa de juego—. La semana que viene podemos reunirnos…

—No, la semana que viene te reunirás con Robert y cerrarás flecos, pero un preacuerdo se va a firmar aquí y ahora.

Saco el móvil y le hago una perdida a Warren que espera en el hall del edificio. Sube como un rayo llevando el documento que hemos redactado donde se plasma todo lo que le he explicado. El odio emana de sus ojos y rechina los dientes, jamás lo había visto tan furioso. Pero papá es un buen jugador, no se llega a ser un importante banquero si no sabes que unas veces se gana y otras se pierde, y que lo que verdaderamente importa es jugar. Firmamos el acuerdo, página por página, y nos quedamos cada uno con una copia. Le tiendo la mano pero me la rechaza, ¡qué inmaduro de su parte!

—Eso es todo —le digo mientras me encamino a la puerta—, te dejo con mamá para qué te explique por qué no viene con su supuesto marido. ¡Ah, papá! —me paro antes de salir— ya hablaremos de lo del préstamo para lo del negocio, pero cuando vuelva de viaje. Espero que no me pongas un interés muy alto, que somos familia. 

 

 

Cuando estamos bajando en el ascensor Warren me pregunta que dónde me voy de viaje.

—No sé, donde Bel quiera, quiero que sea la luna de miel de sus sueños —Warren me coge del cuello y me besa la cabeza de la alegría—. Tío, tenemos que pararnos en Tiffany’s para la sortija, quiero pedírselo en condiciones, ya sabes, nada de chapuzas. ¿Por cierto? ¿Tú me puedes prestar algo para comprarla?, es que estoy seco.

—¡No se cómo te soporto! —se ríe a carcajadas. El sol nos da la cara y tengo la sensación que es la primera vez que piso las calles de Nueva York, al menos en mi recién estrenada mida de adulto responsable y altruista.

—¿Y ahora qué, Rafe? ¿Qué vamos a hacer? —me dice mi amigo.

—¿Sabes qué es lo que siempre he querido hacer en la vida?

—¿El qué?

—Absolutamente nada.  

FIN

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Una respuesta to “EL CRACK (el serial) - Capítulo XXXII (FINAL)”

  1. L Dice:

    Estupendo de verdad.

    Deberias publicarlo, lo digo muy en serio. Gracias por escribirlo.

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