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Archivo de Noviembre, 2009

¿Hacer punto es antiestrés?

Viernes, 27 Noviembre 2009

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Estoy contracturado por el estrés. Se supone que la vida de editor de moda tiene que ser glamurosa, plácida, divertida… ¡Caca malaca! Yo estoy siempre tenso y contracturado. Así que fui a mi médico para decirle que el fisioterapeuta ya no hace avances conmigo. ¿Y adivináis lo que me dice? ¡Que haga punto! Le pregunte que si me iba a extender receta y me respondió que no, que lo que necesito lo puedo comprar en cualquier mercería. (Y me lo dijo serio, sin pillar que se trataba de una broma o ironía).

Recuerdo que Pringle of Scotland, firma bien famosa por sus productos de punto,  sacó una vez un pack ‘hazlo tu mismo’, conformado por un par de ovillos de lana, dos agujas y un manual de instrucciones. Así que me fui a una mercería, de las de barrio de toda la vida, y le dije a la buena señora de 342 años que me atendió: “buena señora, pertrécheme para hacer punto”.  Me dice que si voy a hacer un chaleco. “¿Me ve usted cara de poder hacer un chaleco?” No he cogido unas agujas en mi vida, así que voy a empezar por una bufanda, que supongo que se trata de ir tejiendo todo recto hasta el infinito… o hasta que se te acabe el ovillo… o hasta que se te acabe la paciencia y pidas que te cambien a un medico que solucione tus problemas con pastillas y drogas, como Dios manda. Así que la señora tricentenaria que me atendía me encasquetó un par de agujas del 5 y un ovillo de lana por 4.45 euros. ¡¡¡¡Pero si en el H&M me salen las bufandas por 2,50 en rebajas!!!! (¡Y todo para que al final me salga un churro que seguramente le encasquete a alguna amiga como regalo de Navidad hecho con el corazón y muy buenas intenciones! Y quedaré estupendo, porque la intención es lo que cuenta, ¿qué va a hacer?, ¿me va a tirar la bufanda-churro a la cara y me va a decir que es un mojón ‘pinchao’ en un palo? No, yo no me ‘ajunto’ con gente con mala educación).

Pues aquí me encuentro frente este ovillo preguntándoseme cómo se transforma en un chaleco Potipoti. Estoy por llamar a Sandra Blacklund y pedirle que se pase por casa para darme unas clases, a ver si me le cojo el tranquillo y me pongo a hacer trajes de flamenca de punto, que con eso es con lo que se gana pasta en Sevilla si te dedicas a la moda.

Ahora en serio. El hazlo tú mismo es una tendencia cada vez más fuerte que está enganchando a las nuevas generaciones. ¿Cuánta gente que hace cosas fantásticas en fieltro te puedes encontrar en Internet? ¡Hay hasta revistas especializadas! Hace dos o tres años se pusieron de moda los knitting cafés, sitios donde ibas a tomar un té con pastas mientras tejías charlando amigablemente con gente con tu misma obsesión (sacar algo ponible de los ovillos de lana). “Ponme un café y un ovillo de lana marrón”. Yo recuerdo alguno en Nueva York, cerca del Village,  en el que podías incluso ver ejecutivos con su bolsita de las labores (tendrían un médico idiota como yo). Había unos cuantos por la ciudad, pero no sé si seguirán de moda o ya se habrán cerrado y dejado paso a nuevos Starbucks.

¡En qué lío me he medito! ¿Recordáis cuando probé las cuchillas de afeitar femeninas? ¡Pues esto promete ser más desastroso!

Wilbert Das dejará Diesel

Mircoles, 25 Noviembre 2009

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Estoy consternado. ¡¡Wilbert Das se va de Diesel!! La colección de otoño/invierno 2010/11 será la última que realice para la firma. Y después… huérfanos. No, ya sé que buscarán a un nuevo diseñador, que lo promocionarán y nos venderán que es bueno para una evolución brutal de Diesel. Pero, ¿qué quieren que les diga?, que después de 20 años con Wilbert lo echaré de menos. Porque la identidad de una marca no la da la marca per se, sino que depende del diseñador. A mí me hace gracia cuando en las grandes casas de moda cambian de diseñador y dicen cosas como “ha sabido respetar el espíritu de la casa”. No, no, lo que han respetado es el espíritu de los diseñadores precedentes. La marca es algo inmaterial. Por eso el que llegue tras Wilbert se va a tener que calzar unos zapatos muy grandes. Y es que Das no solo diseña, sino que lo controla todo, especialmente las campañas publicitarias… y todos conocemos qué importancia las campañas de Diesel.

Pero lo que más me revienta es que según dicen Das no se va a otra firma (al menos quedaría el consuelo de seguirlo allá donde fuera) sino que se va a centrar en su hotel, uno que tiene en Brasil, en Trancoso, la Casa Hotel Uxua, que es fantástica, sí, pero no como para dejar la moda y privarnos de su talento. Yo espero que conforme pasen los meses se replantee esa decisión. Por cierto, que las playitas de ese hotel no hacen más que salir últimamente en todas las teles. ¿Cómo?, ¿que no os habéis dado cuenta? Pues sí, seguro que las habéis visto, porque es donde Terry Richardson se ha ido a fotografiar el último calendario Pirelli.

¿Extenderá su poder sobre Diesel la Kokosalaki? (¿No os encanta pronunciar “Kokosalaki”?) Para quien no lo sepa, la diseñadora griega Sophia Kokosalaki  fue nombrada en junio diseñadora de la línea Diesel Black Gold. Su nombramiento me sonó un poco coercitivo. A ver, me explico: La Koko(salaki) vendió hace un par de años la marca que lleva su nombre a Only the Brave, compañía matriz de Diesel que posee algunas de las casas de moda más prestigiosas: Viktor&Rolf, Maison Martin Margiela, Vivienne Westwood o Dsquared2. El trato al que la Koko ha llegado con Renzo Rosso, el gran capo de Only the Brave y Diesel, viene a decir que sí, que vale, que diseña para Diesel Black Gold pero que tiene que dejarle recomprar su propia firma.

¿Os imagináis la escena?

La Koko entra en un pequeño bistro italiano. Al fondo, rodeado de hombres como armarios empotrados se divisa los rizos de Rosso sentado a una pequeña mesa con mantel a cuadros. La tímida griega recorre el local mientras todos vuelven la cabeza a su paso, “¿qué quiere esa chica?”. Los guardaespaldas la detienen, pero Rosso hace un gesto con la mano y la dejan pasar.

-Signore, per favore, devuélvame mi nombre –le suplica ella.

-Cara Koko –le dice él- te diré lo que vamos a hacer. Tú diseñaras per me. A cambio dejaré que recuperes tu nombre a un precio… razonable.

-Grazie, grazie mille, signore –le dice ella con los ojos anegados de lágrimas, feliz por recuperar su nombre.

Por lo pronto Diesel Black Gold se ha bajado de la pasarela esta última edición de las pasarelas internacionales porque se está reestructurando y creando su ‘nuevo’ estilo. ¿Pero quién sustituirá a Wilbert Das? ¿Se le puede sustituir? ¿O ya nunca nada será igual?

Quiero una capa… y no soy Superman

Lunes, 23 Noviembre 2009

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Hoy salí a la calle por la mañana y sentí frio. De pronto me di cuenta que el calor nos había abandonado y que habría que empezar a sacar prendas de abrigo del armario. Tengo abrigos, chaquetas, algún que otro cárdigan… pero por alguna extraña razón, que no logro a comprender, tengo un antojo de capa.  (Acabo de estornudar, y mientras limpio la pantalla del ordenador de virus pienso que ya se me habría podido antojar la capita antes de pillar este resfriado).

Mi atracción por la capa es casi fetichista, sobre todo con la capa española, a la que tanto bien le ha hecho el estilo dandi de Jaime de Marichalar y tanto mal las retrasmisiones de fin de año de Ramón García. Yo creo que es una prenda super elegante, solo apta a partir de esa edad en que uno se levanta por la mañana y frente al espejo se da cuenta que es un hombre hecho y derecho, maduro y consciente de su poder. Yo soy mucho de llevar los abrigos sobres los hombros a modo de capa. No sé, soy consciente que de esta forma es más fácil que me peguen un tirón del abrigo y me lo roben, pero me hace sentir ¡tan sofisticado! Porque hay que confesarlo, un hombre con el abrigo sobre los hombros tiene un halo de estar de vuelta de todo.

Pero mi fascinación por la capa viene más por el camino literario. Llevo una racha bastante gótica-decimonónica. Mucho vampiro se está publicando (estamos en la era editorial de los vampiros, una vez finalizada la era templaria y la era simbolista), a lo que se le une la fabulosa edición de Frankenstein de Espasa Calpe, y toda una serie de novelas decimonónicas que me tienen enganchado. Especialmente la obra de la escritora feminista (aunque cuando ella escribía ese término aún ni se intuía) Netta Syrett, de la que por fin conseguí una edición de ‘Portrait of a Rebel’ que un amigo me ha conseguido en un librero de San Francisco. Para los profanos recomiendo ver la versión cinematográfica ‘Una mujer se rebela’ que protagonizó una muy joven Katherine Hepburn, fantástica en su papel de mujer que se rebela contra la opresión social victoriana.

Por todas estas lecturas tengo cierta afición últimamente por prendas de corte victoriano-gótico como la capa, que son propias de la era en que el dandi era la regla general, y donde el hombre se permitía muchos otros placeres al vestir. Justamente el tema gótico, ese oscurantismo siniestro, es el que podemos ver reflejado en la colección masculina que Riccardo Tisci ha realizado para Givenchy este otoño-invierno (abajo). ¡Y qué casualidad! ¡El diseñador sacó capas! Capas por encima de las rodillas, con solapas, que me parecen realmente deliciosas en su simplicidad. Capas con un toque muy moderno en su clasicismo, mucho más llevable hoy que la capa española, reservada a completar estilismos de gala.

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PD. Vuelvo a estornudar y empiezo a sopesar la idea de ir al médico. ¡Una nueva asociación de ideas! Estas capas de Givenchy son un poco como aquellas que lucían las enfermeras de las décadas de los 40 o los 50, todo un cliché.

El hombre por Llamazares y de Delgado

Jueves, 19 Noviembre 2009

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Hace ya años que sigo la pista de una pareja de  diseñadores de Barcelona: Fabricio y Jaime, o lo que es lo mismo, Llamazares y de Delgado. Uno quería ser arquitecto, el otro fotógrafo, ambos terminaron siendo diseñadores y conociéndose en 1994 en la cola de entrada de un desfile de la extinta pasarela Gaudi. Jaime trabajó en Metzingen, Alemania, para Hugo Boss como figurinista e ilustrador al terminar su carrera, mientras que Fabricio al terminar hizo un master en la Ecole de la Chambre de la Haute Couture en Paris… pero esto fue antes de conocerse y decidir crear su propia firma. Sus creaciones femeninas siempre me han parecido muy sensuales a la vez que modernas, pero sin perder la feminidad clásica. Pero lo que son las cosas, resulta que también hacían hombre y yo sin enterarme.

¿Cómo nace la idea de hacer una línea masculina? Desde siempre tuvimos claro el diseñar para hombre, pensamos que se tenían que complementar el hombre y la mujer en nuestras colecciones, y que dentro de nuestro “mundo” debía estar el hombre y la mujer, por eso cada vez más la línea de accesorios la estamos enfocando también para el hombre.

¿Qué buscáis en vuestros diseños masculinos? Sobre todo que sea llevable, sin caer en lo estrafalario, ni en algo que puedas conseguir en grandes almacenes. Coherente a nuestro estilo: que tenga color, un toque retro, sea elegante pero informal, versátil y especialmente cómodo.

¿Es complicado posicionar una colección masculina dentro del mundo de la moda? Si, porque no todos los hombres, a diferencia de las mujeres, entienden que la moda es también una inversión, una forma de expresarte y mostrarte al otro. Es pequeño el grupo de los “atrevidos” que se arriesga, pero es muy agradable diseñar para ellos, para esta pequeña masa. Lo más fácil es vestir de uniforme, pero no lo más inteligente. Nuestro hombre ya sabe cuál es su posición en la sociedad y la ha sabido transmitir sin mostrar un logo en sus camisetas.

¿Cómo veis el momento actual de la moda masculina en España? Nos gusta, vemos mucha variedad de tendencias, líneas, precios y calidades que no veíamos hace una década. La competencia es grande, pero de esta manera se cubren mejor las necesidades de las diferentes tribus urbanas, pues pensamos que la moda es un paralelismo a la realidad social.

¿Qué tienen en común el hombre y la mujer Llamazares y De Delgado? En común tienen el estilo: ese toque “tímeless” que logramos por medio de una reinterpretación de patronaje y sastrería muy cuidada, la selección de géneros y estampados, y la versatilidad, que una prenda comprada en esta colección pueda haber sido comprada hace dos temporadas o dentro de tres. Nosotros trabajamos en un estilo que es el nuestro, no nos basamos en las tendencias generales, aunque alguna vez coincidamos.

¿Y en qué se diferencian? En que de momento, y debido a la demanda, la colección de mujer es más extensa.

¿Cómo es trabajar en dúo? Es una de las cosas más interesantes para ambos. El primer filtro de las ideas para las colecciones siempre es “el otro” lo cual nos obliga a aceptar los fallos conceptuales y de producción que plantean los diseños en su primera fase. Es más fácil ver esto con otro ojo que con el tuyo. Así además dividimos el trabajo, aunque nos rotamos, cada uno se encarga en principio de unos departamentos (investigación, diseño, patronaje, corte, clientes, imagen gráfica, prensa, etc) para poder gestionar mejor.

¿Por qué Barcelona? Estamos establecidos como empresa en Barcelona hace trece años porque somos de Barcelona, aquí fue donde estudiamos Moda, y le vemos mucho potencial trabajándolo, pero no es fácil. Ser creadores Independientes, sin un gran mecenas detrás, es siempre complejo y gratificante a la vez. Para nosotros, la clave está en trabajar sin desanimarse, a pesar de las adversidades, encontrando mucho gusto y partido en lo que uno hace, pues sino rápidamente perderás la ilusión. Hay que mantener vivo el amor a la moda.

¿Qué por qué me gustan? Pues por su uso del color, porque son prendas comodín, porque tienen un toque retro (y todo el mundo sabe lo que me gusta a mí el look retro), porque tienen un profundo sentido de la teatralidad en el diseño, y porque no discriminan a ningún tipo de hombre en su propuesta.  

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Las pajaritas no son sólo cosa de hombres

Martes, 17 Noviembre 2009

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Siempre me quejo de lo cerrado que está el mundo masculino a adoptar buenas ideas del mundo femenino. No me refiero al tema faldas, nunca me han gustado los hombres en faldas por mucho que Marc Jacobs vaya por ahí enseñando pantorrilla. Lo cierto es que el mundo masculino parece más dispuesto a esa trasgresión de géneros ahora, aunque más en el micromundo de la moda que en la calle. Las mujeres no tienen tantos miramientos a la hora de robarnos prendas o actitudes.

No hace mucho perdí una especie de neceser donde suelo llevar mis corbatas y pajaritas cuando salgo de viaje. Me dio rabia principalmente por las pajaritas, porque iban las cinco que tenía (de corbatas me esperaban muchas más en casa). Estoy seguro que me la dejé en un taxi, que por casualidad conducía una dama muy femenina y simpática… y afortunada, ahora que tiene mis pajaritas. Ello me ha hecho reflexionar sobre por qué las mujeres no utilizan más las pajaritas.

Al fin y al cabo, ¿qué es una pajarita? ¡Es un lazo! ¡¿Hay algo más femenino que un lazo?! Y sin embargo su uso por parte de la mujer es muy marginal, y casi siempre con una actitud muy machorra. Lo vimos recientemente lucido por Diane Kruger en la alfombra roja de la Berlinale (y en otras ocasiones) con un total look de Chanel, y también Rihanna optó por la pajarita en la gala del MET. Pero casi siempre la reservan para completar looks tipo esmoquin, esmóquines no ortodoxos, pero esmóquines al fin y al cabo.

Yo animaría a las féminas a robarles las pajaritas a sus parejas y lucirlas ellas en su día a día. No es una idea descabellada. A ver, hagamos de estilistas, que eso parece que gusta bastante al personal. Abro una revista de moda por dos páginas cualesquiera y con los ojos cerrados señalo un look de esa revista al azar. Hago el intento varias veces porque con los ojos cerrados terminas señalando de todo menos lo que debes. Al fin el destino hace que elija un abrigo rosa de Versace y un mono negro de Charlotte Ronson. A continuación consulto la colección de pajaritas de la firma corbatera SoloIO, con la total seguridad que sea como sea la prenda que haya elegido allí encontraré una pajarita que case a la perfección. ¡Efectivamente! El abrigo rosa lo emparejo con una pajarita rosa con motivos azules (yo la quiero, yo la quiero, yo la quiero). El mono de Ronson me sugiere una versión más tuxedo, más Yves Saint Laurent, un toque ochentero/Helmut Newton…  así que le asocio una camisa de pechera tuxedo y una pajarita negra con lunares grises (que también la quiero, la quiero, la quiero). ¡Voilà!

Pero no hace falta irse a Versace y Charlotte Ronson, la pajarita hubiera funcionado igual con un cárdigan, asomando por encima de un jersey, con una chaqueta vaquera, incluso con un vestido de noche palabra de honor, con la pajarita directamente sobre el cuello desnudo… Las posibilidades son infinitas.

¿A qué esperas? Haz la prueba, y cuando triunfes… recuerda quién te lo sugirió.

PD. Rectifico. Que las chicas no les roben las pajaritas a sus chicos, que después me dirán los creadores de pajaritas que estoy desincentivando su compra. Mejor que se compren sus propias pajaritas y que se las intercambien con sus nenes.

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Los 10 hombres mejor peinados… según vosotros

Viernes, 13 Noviembre 2009

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Bueno, pues después de la avalancha de comentarios tanto por aquí como por Facebook, y los mensajes que me habéis remitidos por mail, SMS, fax, telegrama y anónimos amenazantes… he confeccionado lo que podría ser una lista (sin orden de preferencia) de los hombres mejor peinados del momento. Yo con algunos de ellos no estoy en absoluto de acuerdo, pero bueno, el ser democrático tiene estas cosas, que la mayoría manda.

Analizando las imágenes que he seleccionado para vuestra selección me he dado cuenta que existe un factor determinarte en la impecabilidad de cualquier hombre: un buen corte de pelo. Un corte adecuado hace que el mantenimiento del peinado sea más o menos difícil. Un corte estructurado y cortito siempre permite estar impecable casi sin pasarte el peine. Cuando aún no pensaba en dedicarme a esto de la moda yo ya leía GQ, y durante aquellos inicios de la revista que ahora está de aniversario en España contaban con la colaboración de sibaritas como Giovanni Borbón Dos Sicilias, y yo aceptaba sus aseveraciones como si hubiera que responder a cada artículo “palabra del señor, te alabamos señor”. Y recuerdo que una de las leyes que se planteaba es que un caballero debería ir a su barbero/peluquero como mínimos cada 15 días. Un ejemplo de ello lo tenemos en mí apuesta personal en este Top 10, el diseñador de la firma El Caballo, Nicolas Vaudelet. Nicolas siempre va impecable, jamás he coincidido con él que no llevara su corte muy bien cuidado, debe llevar el mantenimiento a raja tabla. La primera vez que lo entrevistó me dijo que buscaba recrar la imagen de una mujer ‘escamondá’, una palabra muy de aquí del sur, un término muy difícil de explicar. Estar escamondado es estar limpio, pero bien limpio y sin aderezos. Algo que está escamondado es algo que está limpio, que huele a limpio, que se ve limpio… Y el corte de pelo de Nicolas es un corte ‘escamondao’.

En esta selección realizada entre todos los que leen este blog he diferenciado tres tipos de hombres: los que se dedican al cine, los del mundo de la moda, y los que tienen que ver con el poder (realeza, política, prensa…). Entre los primeros, los del cine, he descartado los clásicos como Carl Cable, Paul Newman, Fred Astaire, Cary Grant… porque sin duda son el modelo a seguir, pero prefiero ceñirme a los ‘vivos’. El pelo que predomina entre los actores de hoy es el de “desarreglo diseñado”, es decir, parece que no se han peinado pero cada pelo ocupa el sitio que les corresponde para crear un look perfecto. Esto es más así si cabe en el caso de Jude Law que tras su peculiar peinado hay un descarado intento de disimular las enormes entradas que amenazan con sacarlo de los papeles de protagonista. En el caso de Robert Reford es digno de destacar porque sus peinados han representado para el americano medio lo que los peinados de Farah Fawcett para la mujer, es decir, la creación del ‘American way of grooming’ (en Estados Unidos hay un ‘American Way’ para todo). Brad Pitt es el Robert Reford de nuestro tiempo en ese sentido.

En la moda triunfa la manera digna y estilosa de Tom Ford a la hora de sacarle partido a sus entradas, el pelo de Stefano Pilati con ese look de niño rubio de los años 70, y el presidente del Valentino Fashion Group, Matteo Marzotto, que es un buen ejemplo de cómo ir impecable a pesar de tener un pelo espeso y rebelde.

En el sector del poder no podía faltar el Príncipe de Asturias, tan peladito siempre, con su pelo onduladito tan bien puesto, sin perder ese look infantil que hizo que todas las españolas quisieran ser princesas. Y en política, y como puse como ejemplo negativo a Montoro en el post anterior, he optado por un político de su mismo signo para que no haya agravios comparativos. Juan Costa es quizás uno de los políticos mejor peinados de España, con unas canas muy bien puestas y una raya muy bien hecha, regla que su hermano Ricardo también observa fielmente. Pero para canas las del pelo rizado de Lorenzo Milá, que como representante de ‘el cuarto poder’ sabe mantener perfectamente su pelo escultural incluso al otro lado del Atlántico durante conexiones ventosas.

Pues sí, parece que se terminará por poner de moda esa famosa frase de “te vas a enterar de lo que vale un peine“… afortunadamente.

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Vejado en la zapatería

Mircoles, 11 Noviembre 2009

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Ayer salí de compras. Sólo salgo de compras de pura necesidad, no soy un adicto al shopping. Es más, soy tacaño hasta la médula, por lo que gastar dinero me causa urticaria. Necesitaba unos zapatos negros nuevos porque tengo una serie de eventos formales y mis zapatos negros ya están un poco… ¿cómo decirlo?… ¡están destrozados! Destrozados de una manera tan feroz que el betún ya no disimula las marcas de tropezones de la puntera y la suela se desprende por todos lados. No son tan viejos, no, es que yo ando con la misma elegancia que Chiquito de la Calzada y tropiezo con todo. Así que ante la más pura necesidad me pertreché para una tarde de compras (cosa que odio).

Cogí el autobús (yo soy de trasporte de masas, porque Sevilla no está últimamente para pillar taxis con tanta obra del Plan Ñ y tanto atasco sádico) y me planté en el centro, donde se concentra gran parte de la actividad comercial de la ciudad. Para coger fuerzas para esta hercúlea misión me compré una palmera de chocolate pero sólo le pude dar un mordisco antes de que una abuelita en bicicleta (esa es otra, Sevilla está de lo más ecológica, con tanto carril bici que invade las aceras) me diera en el codo y me la tirara al suelo. ¿Y qué ibas a hacer? ¿Vas a insultar a la temeraria abuelita? No es políticamente correcto. Así que recogí la palmera y la tiré a una papelera pensando que existe algún tipo de justicia cósmica que vigila mi ingesta de calorías. Ya iba pues de mal humor.

Me fui directamente a los grandes almacenes que todos conocemos y subí a la planta de caballeros. Tal como salgo de la escalera mecánica encuentro lo que busco: zapatos negros talla 43 de corte clásico, lisos y de cordones. Todo un comodín por su simplicidad. Los cojo sin ni siquiera probármelos y me encamino a pagarlos. Me encanta que los dependientes me ignoren, es lo que más me gusta en esta vida (estoy siendo irónico), me encanta que pases media hora detrás de un tipo que está atendiendo a una persona que ES EVIDENTE que no va a comprar nada. Cuando te armas de valor y le preguntas si no hay nadie más que te pueda atender, el buen señor gira la cabeza y te dice que esperes, que está atendiendo a una clienta. ¿Pero qué crees que he estado haciendo desde hace veinte minutos? Esperar y esperar. Mientras me he empapado de la conversación que mantiene con ella, que evidentemente es una conocida porque le está hablando de los niños y de Matalascañas. Me irrito (fase previa al cabreo) y le tiro los zapatos sobre la caja de cobro y me voy, y aún detecto la mirada del tipo a mis espaldas que piensa que soy un cretino impaciente.

Mejor probar con una zapatería de toda la vida, de esas pequeñas que abundan en calles especializadas en calzado. Allí, pienso, seguro que el dependiente no pasa de mí. Pero a la postre constato que un exceso de atención es quizás peor que te ignoren.  Según lo que me pasó me he dado cuenta que lo que más nos perjudica como consumidores no es ni más ni menos que la educación, que no te permite decir lo que quieres decir en el momento en que lo quieres decir. A continuación reproduzco la escena que viví:

-Buenos días –le espeto a un dependiente larguirucho de avanzada edad que quita el polvo a las cajas de zapatos apiladas con un plumero.

-Buenos días, ¿qué desea?

-Tengo algo muy concreto en mente. Zapatos negros, sin ningún tipo de adorno, de cordones. Del 43.

Me mira meditabundo y da media vuelta y coge un par de cajas de una pila. Saca uno, le quita los papeles que lo rellenan y me pasa el zapato en cuestión.

-No, no, quiero zapatos de vestir de cordones, no mocasines.

-Los mocasines quedan muy elegantes para vestir.

-Pero no tienen cordones.

-¿Y lo quiere con cordones? –como dando a entender que he tomado una decisión incorrecta.

-Sí, con cordones.

Entonces me pasa unos semi-brogue, de esos que tienen adornos perforados.

-No, los quiero liso. Negro y lisos.

-Estos van muy bien para vestir.

-Sí, sí, me encanta…

-Pruébeselo –le quita el relleno, abre los cordones y me lo pasa.

Yo me los pruebo con esa cara de “uy, que bueno” que pones cuando te dan a probar una comida horrible pero no quieres herir los sentimientos del cocinero.

-Están muy bien, pero prefiero algo liso.

-Comprendo -¡por fin!- usted quiere unos Oxford –no, ¡por fin! no.

-No, quiero unos zapatos lisos. Sin perforaciones, ni adornos, ni costuras… lisos.

-Esos no están de moda -¡a mí me va a decir esta momia lo que está de moda!

-La verdad es que no me interesa mucho la moda -le digo ciertamente enojado-, ¿tiene algo como lo que necesito?

Entra en la trastienda y saca un par de cajas. ¡Eureka! ¡El zapato buscado! Me pruebo el par que me tiende. Le pregunto si son el 43 y me asegura que sí. Pero me vienen estrechos, los dedos chocan con la puntera y me aprieta el juanete. Le digo que el necesito una talla más y me tiende el 44. ¡Anchos! El pie baila dentro del zapato. ¿Cómo puede haber tanta diferencia entre un 43 y un 44.

-¿Está seguro que esto es un 44? –me enseña la caja donde pone claramente que son un 44.

-¿Por qué no se prueba de nuevo los otros?

Me los vuelvo a poner y siguen siendo pequeños, no son imaginaciones mías. La piel del empeine del zapato se arruga por tener el pie embutido. De refilón veo la caja y me doy cuenta que ponen “42“.

-Oiga, estos son un 42.

-Sí, es que no tengo el 43 -¡acabáramos! ¿Entonces por qué me dice que son del 43?

-Es que yo tengo un 43.

-El 44 le está bien, basta con que lleve unos calcetines gruesos -¡no quiero calcetines gruesos!, ¡quiero un zapato de mi talla!- En el 43, en negro, solo tengo esos que le he enseñado antes –los troquelados- y estos otros –me saca unos Oxford.

Los Oxford no están mal del todo y no sé por qué me da cargo de conciencia levantarme e irme sin comprar nada después de llevar media hora probándome zapatos. Así que en contra de todos mis instintos que me dicen “vete de ahí ya” le pregunto el precio de los Oxford.

La cosa es que hay algo en estos zapatos que me da mala espina. Tienen lo que yo llamo “arrugas de expresión”, es decir, esas pequeñas arruguitas que se forman cuando el zapato ya ha sido puesto.

-Estos zapatos están usados –pienso en voz alta.

El tipo se me queda mirando como si le hubiera mentado a la madre. Trato de excusarme y le explico que la piel ya está maleada. Me afirma que será por las veces que la gente se lo ha probado. Así que saco el zapato del otro pie, el que se supone que la gente no se prueba y encuentro las mismas arruguitas. De pronto me da por mirar la suela. ¡¡¡Ni los de Phileas Fogg (Willy Fogg para los que sólo conocen la versión animada de la obra de Julio Verne)!!! Las suelas están sucias, pero sucias de haberse usado bien usado. Se lo muestro al dependiente que sigue en sus trece.

-La gente es así –me dice-, mire que se le pone una alfombrita para que pisen en ella, pues nada, todo el mundo pisa en el suelo.

-Mire, no, no me los llevo. Porque voy a irme a disgusto con ellos…

-¿Entonces se lleva los de 42 del modelo liso? La piel en cuanto le de el calor del pie se dilata y le viene como un guante.

-No, no…

-Ya, prefiere los del 44 para ponérselo con calcetines gruesos.

Yo sólo quería salir de allí, me sentía secuestrado física y moralmente. Al final, y bajo la presión, le digo que me llevo los semi-brogue, que son lo diametralmente opuesto a lo que deseo comprar.

Mientras me cobra me dice el buen hombre (por llamarlo de alguna manera):

-Es que los hombres no podemos ir de compras solos, nunca tenemos claro lo que queremos. Si no fuera por las mujeres compraríamos cualquier cosa con tal de salir del paso.

¡No lo sabes tú bien!” pensé. Era justo lo que acababa de hacer, salir del paso. Lo que no sabía el vendedor es que al día siguiente mandaría a mi madre con los zapatos para que los devolviera. Porque, seamos francos, las madres están para esas cosas: para hacer devoluciones, reclamaciones, conseguir descuentos y desquiciar a los dependientes que nos desquician a nosotros. Las madres son siempre ese as que nos guardamos en la manga, un arma de destrucción masiva biológica, un perro de presa que se tira a la yugular de los dependientes impertinentes… Compadezco al señor de los zapatos.

PD. El título de este post es un homenaje a mi buena amiga Antonia que mantiene que fue ‘vejada en Sfera’ a propósito de una publicidad de rebaja mal entendida. Para que vea que todos somos vejados en algún momento por un dependiente. ¡Va por ella!

Reglas de coordinación (I)

Lunes, 9 Noviembre 2009

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Una vez, en una conferencia que daba la insigne Covadonga O’Shea, ex-directora de Telva, esta dijo que ella prestaba una máxima atención a los zapatos de los demás, ya que por los zapatos se puede conocer a la persona que los lleva. Enseguida me miré los pies: zapatos marrones, clásicos, deslustrados, baqueteados, cómodos, realmente anodinos… ¡Oh, Dios mío, esos zapatos eran YO! Así que no pude más que darle la razón a la señora O’Shea y desde entonces lo primero que miro de la gente que me presenta son los pies.

Si hay algo que no soporto es que la gente lleve los zapatos por libre, es decir, cuidan muchos su imagen, la planifican, la depuran cada mañana frente al espejo… y después se ponen los primeros zapatos que tienen a mano (que es justo lo que hago yo, por eso me odio tanto y me repito en el espejo “tío, no te soporto”, porque tengo manías que ya no puedo tolerar).

Alguien me dijo el otro día que debía escribir un libro que estableciera reglas matemáticas para conjuntar la ropa, para que aquellos sin ningún sentido de la coordinación pudieran tener un punto de referencia en su vida. Medité sobre ello, y es que la verdad es que no hay reglas fijas, es cuestión de impacto visual. Por supuesto, si llevas un cinturón marrón no deberías llevar zapatos negros, y viceversa… y cosas así, pero eso ya es cuestión de sentido común. Las mujeres siempre han creído que los zapatos han de ir conjuntados con los bolsos, y yo en eso no estoy nada de acuerdo, es más, me parece que conjuntar dos complementos tan visibles da cierta rigidez a la imagen.

Para mí, la piedra angular de toda imagen es la chaqueta que se use. Lo determina todo TODO. En el caso del hombre la camisa ha de elegirse en función a la chaqueta, los pantalones no pueden desentonar con ella… es más, creo que es la prenda que te defina 100%. Un ejemplo: llevo una chamarreta de cuadros de aires vintage, como la que muestro de El Ganso, pues está claro que tengo un espíritu un tanto bohemio pero práctico, un poquito romántico y creativo, pero sin extremismos… nada de lo que nos pongamos puede decir más sobre nosotros. O pongamos por caso la chaqueta de punto de Hackett de más abajo: intelectual pero pragmático, conservador pero con ese puntito progre que ponen las coderas…Hemos elegido la chaqueta (consciente o inconscientemente) para que lance un mensaje claro sobre nosotros, ¿vamos a estropearlo con unos zapatos que no estén a la altura? En ambos caso he elegido unas zapatillas para ‘des’-formalizar el look, y en ambos caso he buscado la coordinación con las chaquetas.

Ahí tenemos una buena regla a seguir: coordinar los zapatos con la chaqueta. Una vez más la chaqueta es la piedra de toque de todas las demás decisiones que tomamos al vestirnos. No es que busquemos una ‘identidad’ entre chaqueta y zapatos, pero sí una ‘identificación’.

Conclusión: me encantan los aires retro en el mundo masculino.

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No más greñas

Viernes, 6 Noviembre 2009

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A mí que me dejen de rollos, donde se ponga un caballero bien peinado que se quiten todos esos greñudos pseudo-grunge, los pelopinchos, los melenudos post-románticos, y demás personajes que parecen haber pisado una peluquería en su vida. Me solivianta cuando aparecen en la tele políticos, economistas y demás pilares de esta nuestra sociedad, que en su gran complejo alopécico se dejan el pelo larguito creando una especie de almohadilla greñosa de cabello ensortijado alrededor del cuello. Ellos creen que con un poco de agua y una pasada de peine todo está solucinado. Un ejemplo claro es Cristobal Montoro (es el primero que se me ha venido a la cabeza). No tienen más que poner en Google “Cristobal Montoro” y picar en ‘imágenes’, verán claramente lo que quiero decir. ¡Cuánto mejor estaría ese hombre con su cuello bien hecho y cuidado por un buen barbero!

Pero me desvío del tema. Lo que quiero decir es que si hay un peinado que crea tendencia esta temporada en el mundo masculino es el de Gran Gatsby. El look es claro: pelo corto, cuello alto, raya al lado, sin flequillo, y pegado a la cabeza con una capa de gomina (o brillantina, para los más retro). Así lució el Gran Gatsby de Robert Reford en aquellas noches en donde con esmoquin ni siquiera Aparecía en su propia fiesta. Y así hemos visto ahora, por ejemplo, a Brad Pitt en la alfombra roja de Cannes. Dos clásicos americanos.

El look ‘joven dandy años 20 y 30’ es un must de pasarela. Firmas como Ermenegildo Zegna, Boss, Ralph Lauren, y otros… han peinado a sus modelos de esta guisa. Por tanto, entre aquella cosmética que has de incorporar esta temporada a tu neceser está la gomina, pero gomina buena, como la de American Crew por ejemplo, porque con el pelo no te la puedes jugar, que después terminas como Montoro intentando compensar lo que le falta por arriba con las greñas por debajo.

Creo que no se le da la suficiente importancia en el hombre el ir bien peinado, con un buen corte de pelo. Siempre nos fijamos en los mejor vestidos, en los más atractivos, etc… pero al pelo que le parta un rayo. Por eso se me ocurre que podríamos hacer una lista de los 10 hombres mejor peinados (o de los 10 mejores cortes de pelo).

A partir de ahora queda abierta la convocatoria para las nominaciones y el próximo viernes publicaremos la lista.Dejad un comentario en este post y decidnos quien es vuestro candidato y por qué, y si es posible déjanos un link donde se pueda ver una imagen del personaje con el peinado que a vosotros os gusta.

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Andalucía de Moda: Nóveles

Martes, 3 Noviembre 2009

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Y para cerrar el tema andaluz, retomaré el tema del certamen de nóveles. Empezaré por los ganadores. El trío formado por Sandra López, Hannah Domínguez y Mª del Carmen López (DCROZ) se hizo con el primer premio de este certamen gracias a una moderna propuesta donde se mezclaba una estética poligonera/chandalera, muy al gusto de lo que están haciendo gente como Carlos Diez o Krizia Robustella, con otras referencias street. Lo inteligente de estas chicas de Málaga fue utilizar materiales del día a día como el denim o el tactel de poliéster. Y es que los diseñadores han de ir con los tiempos que corren, y es una exigencia que hay que cursarles a los nuevos diseñadores.

Pero dado lo reñido de la votación se acordó con otorgar una mención de honor a Jose Ignacio Díaz (DMARSÉ), cordobés formado en la escuela CEADE de Sevilla, y que demostró una gran solidez tanto en la forma como en el fondo de una colección muy  coherente con el mercado del lujo actual, y donde se nota que este chico ha sabido aprovechar su paso por empresas como Victorio&Lucchino o Jose Castro.

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Curro Sánchez (Málaga) centró su inspiración en los locos años 20, donde las reminiscencias charlestones se conjugan con la estética art decó. Los encajes, las asimetrías y la utilización de los grises y negros, dan cierto toque retro-decadente que confieren al trabajo de este joven una gran potencialidad en cuando tome mayor conciencia de la silueta femenina conforme vaya adquiriendo experiencia.

Carmen Alonso (Carmen), de Sevilla, abrió su propuesta con trajes de baño glamurosos, dando un giro hacia un cierto romanticismo baive conforme se desarrollaba su puesta en escena. Yo a esta chica le daría un consejo relacionado con la mercadotecnia: debería cambiar el nombre de su firma para el futuro posicionamiento de esta en Internet. Debe pensar que si un consumidor (o periodista) escribe “Carmen” en un buscador, le aparecerán miles y millones de páginas que no tienen nada que ver con ella.

Pablo Lanzarote (Cádiz) introdujo el mundo masculino en el certamen. Un hombre donde se aplican recursos del mundo femenino y algunas reminiscencias niponas. En ‘Para que no se duerman mis sentidos’, Pablo juega con el binomio plata/oro. Aunque yo le recomendaría profundizar en su concepto de masculinidad que me parece muy interesante. De hecho, a su salida a saludar, vestido con su propia ropa, nos pareció que el encarnaba ese concepto mejor que los modelos.

La malagueña María González (María I_Glez) fue sin duda alguna la más arriesgada en cuando a formas y volúmenes, creando patrones esculturales ambiciosos. “La inspiración de esta colección la tomo de la mosca saltadora” explica. “Quizás la mosca en sí no esté de forma explícita, pero sí partes de estas”. A María le auguro un futuro brillante porque es atrevida. Ella reconoce que su formación en la Escuela de Arte de San Telmo ha sido francamente deficiente, casi autodidacta. Pero ese es un problema que subsana con más ‘formación’ cualificada, mientras que la base de todo buen diseñador ya la tiene: la creatividad y la falta de miedo a buscar un nuevo lenguaje.

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A Verónica Vergara (Sevilla) le apasiona la geometría visto lo visto. Sus diseños buscan esa feminidad ochentera de la era dorada de la Movida Madrileña, pero desde una perspectiva actual y cierto toque punk muy sutil. La recomendación más evidente que le haría a Verónica es que buscara su propia voz, ya que se ve una gran influencia de Fernando Claro en sus diseños, diseñador en cuyo estudio hace prácticas. Tan bueno es beber de buenas fuentes, como alejarse de ellas.

Sofía Lasserrot (Granada), prefiere darle un toque manga-gótico a sus creaciones para Contraddiction. Ella sorprendió por esa estética tan depurada en que mezclaba tejidos como el punto de poliéster o la seda salvaje, con materiales menos convencionales como el plástico. Consciente de sus influencias del cómic japonés, no se amilana ante el conservadurismo que gusta por el sur y despliega toda su imaginería, incluida una imagen que sirve como hilo conductor: el ank de los egipcios.

Mercedes Mercado (Granda) toma como punto de partida una de las tendencias de este otoño: la mujer guerrera, que en su caso se evidencia en el uso de tejidos ‘escamados’ que simulan cotas de malla. Solo que ella le aporte un toque lencero, y trabaja los volúmenes con ingenio. La mujer que dibuja Mercedes es a la vez poderosa y frágil, vanguardista y victoriana… Un mundo de contrastes que se evidencias en el uso del blanco y negro, que a veces delimitan en un mismo look dos mundos distantes.

Y finalmente Conchi Rosas. Esta granadina, licenciada en Bellas Artes tiene un background distinto a los demás diseñadores, y eso se evidencia en que su colección tiene un trasfondo más conceptual. “La moda como tendencia no me interesa” explica Conchi. Ella hace un viaje a lo largo de su infancia a través del peculiar tejido que utiliza para su colección, las fundas de colchones. Puro reciclaje que da respuesta a las nuevas necesidades creadas por la crisis actual. Pero lo cierto es que el resultado final llega a ser hipnótico y asombroso, y consigue que uno también recorra su infancia como ella, recordando los colchones con los que ha convivido a lo largo de su vida.