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Archivo de Diciembre, 2012

2012: un año para no recordar

Viernes, 28 Diciembre 2012

Estaba pensando hacer un repaso de 2012 en la moda: quién vino, quién se fue, quién fue fichado, grandes fiascos, momentos emocionantes… Y de pronto me asaltó una duda a la cabeza: “¿A quién le importa?”.  Debe existir aún síndrome que se llame ‘la crisis de fin de año’ o algo parecido, porque a mí me asalta siempre por estas fechas. Si te pones a recapacitar, el ritmo de la moda hace todo lo que pasara más allá de antes de ayer irrelevante. Que en febrero se anunció que Pilati dejaba Yves Saint Laurent después de ocho años como director creativo… ¿Y qué?, es más, ¿quién recuerda (o habla) a Pilati a estas alturas? (Esto es un sarcasmo, of course).

Yo me quiero apear de este carrusel vertiginoso. Es como tratar de disfrutar de uno de los famosos filet mignon del chef Laurent Tourondel mientras conduces una Vespino a 150 km/h por Broadway en hora punta. Imposible cogerle el sabor. Así que tiro la toalla, no pienso hacer un resumen del año, máxime cuando 2012 no es un año propicio para celebrar nada.

Muchos compañeros de prensa han perdido su trabajo este año (muchos otros lo perdieron antes), y los que quedan ven precarizadas sus vidas por los nuevos métodos de trabajo impuesto para sanear unas cuentas editoriales descalabradas por las decisiones obtusas de señores que tienen una agenda propia que dista de pasar por la preservación de la calidad informativa. Es triste, sí. Es lo que hay.

El periodismo de moda no es que esté mejor. La ‘frivolidad’ es lo primero que se desdeña de los diarios. Entiéndase como frivolidad la moda, un sector tan importante y que da de comer a tanta gente. (Otro sarcasmo, se está convirtiendo en un hábito). Algunos dirán que el interés informativo de la moda ha caído en picado, y es posible que así sea, porque razones hay, ¿os cuento algunas?:

1. Cuando en las revistas los contenidos editoriales se pusieron en manos de los comerciales que vendieron los reportajes y entrevistas al mejor postor publicitario se quebró uno de los pilares del periodismo de moda independiente.

2. Cuando los periódicos decidieron que para qué tener un crítico de moda en plantilla cuando hay muchas agencias que proporcionan reseñas de pasarela a buen precio (aunque la repitan todos los medios), ahí se perdió el factor criterio y la razón de ser de la crónica de moda. Leed cualquier contenido de agencia: además de mal escritos se evidencia que no tienen ni idea de lo que dicen y que se limitan de redactar al dictado del diseñador de turno o de la organización del evento.

3. Cuando los medios digitales sacaron la moda de los contenidos y los relegaron a blogs consiguieron degradar una digna profesión haciendo creer al lector que vale lo mismo las palabras que escribe un profesional con años de experiencia que las que escribe un adolescente sin referencias que solo piensa en lo molona que es tal falda “y ojala que la marca me la mande como regalo de agradecimiento”.

4. Cuando las secciones de tendencias, moda, estilo, etc… terminan colonizadas por un hongo invasor cuyo nombre técnico es “celebrities” y los jefes de redacción confunden una sección de cultura con una de crónica rosa, entonces le demostramos a los lectores que los tomamos por idiotas profundos.

5. Cuando se menosprecian las palabras y solo se valora la imagen, cuando el texto desaparece y solo queda la galería de fotos, ahí es donde nosotros, profesionales de la información hemos olvidado nuestra razón de ser.

Señores, ese no es el periodismo de moda en que quiero trabajar. Las ventas y el número de visitantes no es la patente de corso para destruir una tradición, un oficio. Hemos caído en el menosprecio a la palabra, al criterio, a la cultura, y hemos ensalzado el departamento comercial. Son muchas las lacras que se ceban con este país nuestro, pero si destruimos el periodismo (y ya hablo en general) estamos destruyendo el futuro de nuestra sociedad. Este post es en solidaridad con todos esos colegas que a lo largo del año han perdido sus trabajos, y de todos los freelances que han dejado de recibir encargos.

Mi cabeza no es lo que era… afortunadamente

Lunes, 24 Diciembre 2012

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Estoy entusiasmado, pletórico, exultante… y no, no es síntoma psicotrópico prucido por las lucecitas de navidad ni un efecto colateral del anís navideño (he tenido que vaciar una botella para usarla de instrumento musical para cantar villancicos, no voy a tirar el contenido al fregadero, ¿verdad?). Lo que me tiene tan excitado es la idea de que por fin voy a controlar mi imagen personal sin limitaciones de tiempo ni dinero (espera, esto ha sonado a Teletienda, ¿verdad?). Os explicito la cuestión y ya me diréis.

Uno de mis grandes quebraderos de cabeza ha sido siempre el cuidado de mi corte de pelo. A ver, no es que mi estilo sea el colmo de la complicación. Desde 1995 lo tengo claro: “el cuatro por arriba, el dos por detrás y los lados”, y añado desde 2005 la coletilla de “déjame el flequillo un poco larguito para disimular esa entrada”. Todo empezó cuando entré por primera vez en una peluquería de Jean Louis David. Después de enseñarme un extenso catálogo de peinados mi respuesta fue simplemente que quería que me descargarse. Así que el peluquero se puso manos a la obra y en cinco minutos, maquinilla en mano, me dejó impecable. “Tu corte es el cuatro por arriba y el dos por los lados y detrás, recuérdalo para la próxima”. Desde entonces es lo que pido.

Al principio de nacer GQ España leí en sus páginas que un caballero para estar impecable debería ir a la peluquería cada 15 días a retocarse. Pero claro, los de GQ no contaban ya no tanto con el gasto que supone (que sí, que es importante y más aún con la subida del IVA en el sector) sino con el engorro que es ir a la pelu. Por lo menos para ir a la que yo voy, barbería de barrio de toda la vida con cortes de pelo a 9 euros (no me quejo como están las cosas), te tienes que cargar de paciencia. Primero porque el barbero abre y llega cuando le da la gana, después porque siempre hay gente leyendo revistas esperando su turno, tercero porque comentar el partido del día anterior con el cliente hace que el corte no sea tan rápido como yo quisiera y la espera para que te toque se eterniza, y cuarto porque nunca encuentras el hueco para ir a cortarte el pelo. Así he pasado años, con complejo culpa por dejar crecer el pelo descontrolado, de tal forma que cuando entraba por las puertas de la barbería más que cortarme el pelo tenía que esquilarme. Eso es una actitud totalmente inadmisible para alguien que trabaja en la moda.

Pues la solución se llama Maverick HC5750. Es una cortadora de pelo (te puedes hacer la barba, la perilla o la cabeza con el mismo aparato) de la firma Remington, líder en el sector del grooming masculino. Debo confesar que estaba un poco nervioso ya que una cosa es la teoría que he visto ejecutar al peluquero mil veces y otra bien distinta es la práctica… Antes de usarla tomé precauciones: 1) elegí la longitud del corte más largo del usual para que hubiera margen para ‘rectificar’ y 2) preparé un gorro para ponérmelo en caso que tuviera que salir corriendo a pedir ayuda a mi barbero y pedirle perdón por haber intentado emanciparme de él.

Con cuidado empecé cortando la parte posterior. Pensé que sería difícil, pero la forma ergonómica de la maquinilla te lo pone fácil. Debo confesar que cuando comienzas a ver caer vellones de pelo te entra el pánico: “¡¿qué coño estoy haciendo?!, ¡para antes de que sea tarde!”. Continué con los laterales, cosa más fácil. Y finalmente me metí de lleno con el grueso de la pelambrera, la parte de arriba, para la que cambié de longitud en la cuchilla. El que la maquinilla no tenga cable, sino que tenga una batería autónoma, te facilita muuucho las cosas.

En menos de lo que esperaba me encontraba dando los últimos retoques y, ¿sabéis qué?, no encontraba ninguna diferencia respecto a los cortes profesionales que me han sangrado el bolsillo toda la vida. ¡Qué lástima de tiempo perdido a lo Proust!

Estos experimentos no son aconsejables para hombres con cortes de pelo de elaboración complicada, pero para los que son como yo, que lo que queremos es tener las ideas frequitas y no tener que peinarnos por las mañanas, es realmente un producto milagro. Estoy tentado de meterme de nuevo en el espíritu de teletienda americana y decir algo como “Maverick HC5750 cambió mi vida para siempre”, pero me temo que estaría sobreactuado, amén de que es el primer corte de pelo que me hago, aún no sé si cambiará mi vida. Lo que sí es seguro es que mantener el pelo controlado será a partir de ahora más fácil.

¡Feliz Navidad!

PD. Regálasela a tu chico, no te arrepentirás.

Marga Weimans

Martes, 18 Diciembre 2012

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Este fin de semana estaba repasando las colecciones de los graduados de la Royal Academy of Fine Arts de Amberes y me detuve en los trabajos de los estudiantes de primer año. Simplemente impresionantes. El leit motiv de los trabajos era la exporación de los diseños en 3-D. Así que recordé una colección que me dejó pasmado en su momento y que aún no os había mostrado. Se trata de la casa de Alta Costura (Alta Costura como yo la conceptualizo) de Marga Weimans, que también salió de esta escuela. Podía enseñaros su colección más reciente, pero como la Alta Costura no entiende de temporalidad he preferido centrarme en Wonderland, una colección de 2009 que fusiona el concepto de Costura con la inspiración tomada del Afrikaanderwijk, una de las zonas más míseras de Rotterdam. A mí me dejó sin palabras en su momento… Os dejo que valoreis por vosotros mismos.

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www.margaweimans.com

Rachel Zoe o el caso de las estilistas metidas a diseñadoras

Martes, 11 Diciembre 2012

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¿Conocéis a Rachel Zoe? Sí, la superestilista que tuvo (o tiene, yo qué sé) un reality en la televisión norteamericana llamado The Rachel Zoe Project. Es lo que yo llamo una estilista de celebrities (y una creadora de polémicas: revísese el caso Zoe vs. Wintour que ella se fabuló en su rubia cabeza).

INCISO: ¿Por qué hago la distinción entre estilistas de celebrities y estilistas editoriales? Pues porque la aproximación a la moda de ambos trabajos es radicalmente diferente. Los/las estilistas de celebrities se concentran en poner monísimas a sus clientes; los que trabajan en el mundo editorial tienen una visión estética más conceptual. Es como comparar diseño industrial y arte. De hecho son categorías estancas y no suelen funcionar bien cuando traspasan las barreras, es decir, un estilista de celebrities suele estrellarse en el trabajo editorial, y viceversa. 

El caso es que Zoe lleva algún tiempo haciendo sus pinitos como diseñadora con su propia firma. Y si bien sus trabajos en Elle USA  me confirmó aquello expuesto más arriba de que las estilistas de famosos no funcionan bien en el mercado editorial, lo único que puedo decir de su línea de moda es: “Manolete, si no sabes, pa’ qué te metes”.

Vamos a ver, que no digo yo que lo que la chica hace esté mal, pero personalmente no me aporta nada, porque las brillantes ideas que enarbolar como diseñadora suelo tenerlas muy vistas de pasarelas internacionales con alguna temporada de antelación. Es decir, que como diseñadora sigue ejerciendo de estilista, rescatando “buenas ideas” y adaptándolo a su peculiar concepto estético. En los looks de sus presentaciones hay mucho de estilismo… muy catálogo Zara.

Y diréis: “este se levanta un día y decide arremeter contra el primero que se le cruza en su camino”. ¡Justo! Zoe acaba de presentar su colección pre-fall 2013 (esas colecciones que uno nunca tiene claro cuándo hay que llevarla para estar contextualizado). Ya decían en Style.com en diciembre pasado, cuando presentó la pre-fall 2012, que “los setentas es la década de Rachel Zoe”. Pues parece que es así, porque un año después vuelve a inspirarse en ellos. Si este fuera el blog de una niña mona que se dedica a decir qué le encantaría llevar puesto no tendría más remedio que admitir cosas como que me encanta la falda larga con estampado animal o la chaqueta con mangas de piel… Pero, señores, soy crítico de moda, y para no ser hiriente no puedo más que recurrir a mi manido “nada nuevo bajo el sol”… y añado “de lo ya visto, nada encuentro mejorado”.

Moschino decora también

Mircoles, 5 Diciembre 2012

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El arte, junto a la naturaleza, es una de las grandes fuentes del diseño contemporáneo. Pero el arte esencialmente como representación gráfica-iconográfica, no el arte literario-escenográfico, que es precisamente de la fuente de la que bebe la interesante propuesta de mobiliario presentada en el último Salón internacional del mueble de la Feria de Milán con la firma del mítico Moschino.

La conocida firma de moda italiana Moschino se alía en esta aventura con altreforme, empresa especialmente conocida por la aplicación de tecnología de vanguardia en el procesado del aluminio derivada de su experiencia en el sector del automóvil. La idea de aplicar los conocimientos adquiridos en ese sector al del diseño fue de Valentina Fontana, tercera generación de Fontana Group.

Pero como cualquier proyecto encabezado por la firma Moschino, este mobiliario es todo menos convencional. El resultado es una colección de mobiliario escenográfico inspirado en el personaje universal de la Comedia del Arte, Arlequín, todo un icono gráfico para la firma e identificable en cualquier punto del planeta. Pura sofisticación en aluminio, de altas calidades, realizado todo mediante un cuidadoso proceso con la firma made in Italy, y que nos deja piezas tan interesantes como la mesa Colletto inspirada en la gola de Arlequín, la silla Máscara o el espejo Guante, y toda una serie de piezas con motivos geométricos donde el rombo predomina como leit motiv. Una colección versátil, que tanto pueden ser aplicada a hogares con pasión por el diseño, como en oficinas que buscan un toque divertido y desdramatizado. Además con un plus en clave de sustentabilidad y ecología: al estar realizados 100% en aluminio son totalmente reciclables.  

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Hablando de sombreros… Mr. John

Lunes, 3 Diciembre 2012

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El pasado viernes os hablaba de Tolentino, una firma sombrerera de Sevilla que presentaba su nueva colección ese día. Solo puedo decir que… ¡Espectacular! Y por eso volveré sobre ello la semana que viene, cuando tenga imágenes y haya hablado con su creador. El mundo del sombrero y el tocado ha cambiado radicalmente desde la irrupción de Philip Treacy a principios de los 90 de la mano de su musa y mentora Isabella Blow.La sombrerería se transformó con él en un espectáculo, se puso en valor, se redefinieron las reglas, se redescubrió el arte… Desafortunadamente agua que se derrama no se puede recoger completamente, y nunca serán las cosas como cuando las señoras competían en originalidad en sus sombreros allá a principio de siglo.

Con esa pena murió Mr. John. Quizás su memoria esté casi olvidada, pero en su momento se dijo que fue el equivalente a la sombrerería de lo que Dior fue a la Alta Costura. Su esplendor fue en los 40 y 50, momento en que se convirtió en el máximo exponente de la sombrerería en Nueva York, una verdadera estrella con todas las de la ley. Mr. John, nacido John Pico Harberger, era alemán, de Munich, y emigró a estados Unidos en 1019. La pasión por la moda la heredó de una madre modista y se terminó de forjar su pasión cuando junto a Frederick Hirst constituyó la firma sombrerera que se conoció como John-Frederics en 1929. Fue en 1948 cuando fundó Mr. John, realizando trabajos inconmensurable para Hollywood y Broadway como los sombreros de Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó.

La suya fue una firma de éxito que en su momento empleó a 150 personas y facturaba la friolera de 7 millones de dólares, de los que 1,5 correspondían al negocio de la sombrerería a medida. Vivía en Beekman Place, uno de los barrios más chic de Manhattan como se dejaba claro en la magnífica novela Tia Mame de Patrick Dennis (adaptada en teatro, musical, cine y cine musical), y tenía su palacio del estilo en la calle 57. Decía Adrien Scott en New York Magazine a finales de los 70: “haz una lista de de 100 mujeres ricas, bellas y poderosas y descubrirás le ha hecho sombreros al menos a 95 de ellas”. Dietrich, Garbo, Bergman, Monroe, Jackie, Rokefellers y Vanderbilts. En el retrato que ilustraba aquel artículo de Adrien Scott lo acompañaba en quien es quien de la sociedad neoyorquina de la época, de la señora de Henri Bendel a la de Jack Dempsey, reunidas en su enorme apartamento en Central Park West.

Entre el anecdotario que rodea a la leyenda se cuenta que un día apareció una clienta desesperada, necesitaba un sombrero original e impactante sin dilación. Mr. John se puso manos a la obra y sobre la cabeza de la señora compuso una obra de arte. Cuando la clienta preguntó el preció se quedó horrorizada, y Mr. John molesto por su actitud desmontó su obra, le tendió los materiales y le dijo: “son 3,59 dólares, tu lo montas”.

Hombre de temperamento se lamentaba al final de su vida den que “hoy no son sombreros, son bromas”, y cuando llego la era de lo que él denominaba los peinados ortopédicos supo que era el momento de retirarse. Murió en 1993, y me gustaría decir que su recuerdo permanecerá por siempre… Pero, ¿cuántos de vosotros sabíais de él?