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Archivo de Abril, 2015

Tristana, una forma sibarita de entender la moda

Martes, 28 Abril 2015

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Tristana es una firma con un propósito claro: crear piezas únicas, icónicas, que aúnen diseño y confección artesanal sin necesidad de etiquetas. La única etiqueta que enarbolan en Tristana es la de la excelencia basada en una confección exquisita y la selección de los mejores materiales. Detrás de este proyecto están el diseñador Goyo Fernández y el emprendedor Agustín Vivancos, que han querido unir innovación en el producto, con un halo de exclusividad y ese trato esmerado al que el cliente de sastrería está acostumbrado. “Goyo y yo nos conocimos en Just One, yo era cliente” relata Agustín Vivancos, un emprendedor nato con 20 años de experiencia en el lanzamiento de startups, desarrollo de nuevos productos y de estrategias corporativas. “Siempre hablamos de la calidad de las prendas, de la vuelta a lo ‘hecho a mano’, y de las opciones que había en el mercado. Ninguna de ellas nos satisfacía, así que decidimos crear nosotros la marca”. Goyo Fernández lanzó su primera tienda, Just One, en Madrid en 1989, conviertiéndolaen un icono de modernidad apostando por creadores de la talla de Martin Margiela, Comme des Garçons (Rei kawakubo), Junya Watanabe o Alaïa.

Para el debut de Tristana han apostado por la chaqueta como piedra angular del proyecto. “Es un pieza esencial y atemporal. De uso diario. El gran reto era hacer algo especial de algo tan usado y extendido”. Así nació #415 gramos, la chaqueta de cashmere más ligera del mundo, que se adapta y se personaliza para cada cliente. En ella confluyen manufactura artesanal cien por cien española y la exquisitez de los tejidos de la firma italiana Loro Piana. Una prenda llamada a ser un tesoro en el armario de cualquier caballero.

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#415 gramos debe su nombre justamente al peso chaqueta, donde los tejidos tienen un papel esencial. Para la temporada de verano se trabaja con el cashmere cloud de 200 gr/m, de extrema suavidad y ligereza, perfecta para temperaturas estivales. Para el invierno sin embargo mezclan un tejido con un 70% de cashmere y un 30% de visón. “Cuando estás buscando la excelencia tienes que ir a las mejores empresas de tejidos del mundo. Fue fácil, ya que solo hay unas pocas en el mundo, Loro Piana entre ellas. Buscábamos el tejido de cashmere más ligero, queríamos la sensación de un foulard en una chaqueta”.

Su fabricación está repleto de detalles singulares como la ausencia de forro, entretela u hombreras. Los hombros van punteados a mano y resaltan la grinza o pliegues típicos de la sastrería napolitana. Las sisas están cosidas a mano y ajustadas al milímetro. Se incorpora el ticket poquet o cerillera a pesar de la ausencia de forro. Y los ojales de tipo lágrima se cosen a mano con un hilo muy fino y delicado. Para ellos los rasgos que hacen singular a su producto son “por un lado el producto, es la chaqueta de cashmere más ligera del mundo, y por otro lado la honestidad en la relación calidad y valor”.

La primera colección de Tristana se basa en una Limited Edition,  confeccionada con una tela de cuadros, de la que se proyectan cinco modelos inspirados en la gama de colores lisos que la conforman: azul klein, navy, dark blue, gris y verde. Y ese será el modelo que seguirán futuras colecciones. “En invierno lanzaremos también abrigos, y posiblemente llegue una colección de mujer, nos están demandando ‘la chaqueta de hombre que toda mujer quiere llevar’”.

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La prenda Tristana se hace a medida para cada cliente y se personaliza, combinando el cuidado de la sastrería a medida con las prendas ready-to-wear, con un plazo de entrega aproximado de cuatro semanas. “La chaqueta se puede conseguir online, en la página web www.tristanamad.com o a través de trunkshows que realizaremos dos veces al año en las principales ciudades del mundo”. Ese es el nuevo modelo de negocio que preconizan basado inicialmente en el trato personal y directo, pero fusionándolo con las nuevas formas de comercio electrónico.

El hombre al que se dirigen es un tipo de hombre no tan interesado en la moda como en el estilo, por eso es tan importante trabajar la atemporalidad de las prendas, para que formen parte del armario de ese hombre temporada tras temporada de una manera orgánica. “Que sea de calidad y atemporal no significa que no esté en tendencia. De hecho hay una reivindicación hacia lo hecho a mano, con toque artesanal, local, de calidad. Es una tendencia que año tras año se repite. Nuestros clientes son los Patricians, aquellos que consumen el lujo de forma discreta. Lo hacen para ellos mismos, no quieren aparentar, no necesitan que una marca les proyecte su personalidad”.

La Feria de Abril: el hombre y etiqueta al vestir

Lunes, 20 Abril 2015

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Esta noche se producirá el famoso ‘Alumbrao’ de la Feria de Abril de Sevilla y esta pequeña ciudad efímera de calles de albero, casetas de lona y farolillos de papel, se convertirá en el epicentro de la vida social de la ciudad generando una cifra de negocio que se estima entorno a los 675 millones de euros. Pero más allá de todas las cuentas que puedan hacerse, la Feria es un evento social donde estar, ser, ver y dejarse ver. Al visitante de fuera que llegue a Sevilla en estos días puede parecerle simplemente una expresión del colorista folclore más característico de ‘lo español’. Pero para los sevillanos es parte de su idiosincrasia, no es una fiesta popular o una curiosidad que visitar, es una extensión de su casa, de su vida, de su manera de relacionarse con los suyos. A veces, los que bajan del AVE se adentran en el Real de la Feria con ojos de turistas, los más osados en pantalón corto y camiseta, gorro de guiri y cámara fotográfica en ristre. Y precisamente aquellos que se acerque con esa actitud a esta celebración serán  los que se sentirán más desplazados y ajenos a ella, sin posibilidad de disfrutar, comprender o participar en su realidad.

En hombre en Sevilla se acicala para acudir a la Feria. Ir allí supone reunirse con gente a la que estimas o con compromisos ineludibles: amigos, familia, socios, clientes, colegas… Y aunque reine un ambiento festivo no deja de ser el momento en el que mostrar tu mejor cara. La etiqueta que rige en el Real es bastante diáfana, y la chaqueta es el eje sobre el que todo orbita. “Para mí es fundamental la chaqueta y la corbata, creo que es una de las claves de la Feria, uno de los atractivos es que la gente se arregle y se prepare” me reflexiona Alfonso Candau, relaciones públicas, fundador de Génova Comunicación y sevillano de pro. “Cuando nos preparamos siempre tendemos a pasárnoslo mejor”. El clasicismo es la regla imperante, prendas de buenas hechuras, discretas pero lucidas y algún toque de distinción. “Hay que buscar introducir un toque divertido en el terno que nos pongamos, sin ser exagerado” continúa Candau, “algo como un pañuelo de lunares o introducir los lunares en la corbata. Ahora se han puesto de moda los calcetines creativos, así que por qué no llevarlos en los pies. Pero, ¡ojo!, sólo un detalle divertido, ya que muchos, nos harán llamar la atención, y recordemos que la elegancia es pasar desapercibido. Quizás hoy por hoy no lo entendemos así, pero tampoco es muy elegante ir llamando la atención”.

Al ‘turista’ puede sorprenderle que para el sevillano sea una ocasión con etiqueta al vestir, pero no olvidemos que el hombre por lo general acompaña a una mujer vestida de flamenca, y cuando esta no viste de flamenca luce sus mejores galas. “La Feria requiere de un dress code bastante cuidado para el hombre” opina Alejandro Becé, periodista de moda y bloguero, “sobre todo para no contrastar demasiado con las mujeres que van vestida de flamenca. Yo no soy de esos puristas que exigen media etiqueta, es más, me gusta combinar americana y pantalones para ir más cómodo, depende de qué día. Pero para mí el imprescindible absoluto es el pañuelo. Creo que muchos hombres que no se atreven por opciones más arriesgadas o coloridas lo usan a la perfección en esta semana”.

Lamentablemente las buenas costumbre se van perdiendo y cada vez más se ve gente que se acerca al recinto ferial de cualquier manera, jóvenes que hacen botellona en los aledaños, gente, en definitiva, que no da valor a este acto social y contamina su esencia. Para Candau el mayor pecado estético en que se puede incurrir es “no ir arreglado, no darle importancia a donde se va”, mientras que a Becé le horroriza ver en la Feria a “gente en camiseta o polo, así como aquellas camisas estampadas con los prints de primavera. No es el lugar, tenemos toda la temporada de verano para experimentar nuestro look coachella”.

Así que, querido visitante, si quieres que el sevilllano te muestre su mejor cara muestrale tú tus mejores gala.

Un dandi es un dandi, y no otra cosa

Lunes, 13 Abril 2015

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El siglo XX y su podredumbre intelectual, macerada en la cultura del mass market, han hecho que vivamos un momento donde es común la desnaturalización de los términos y una continua, flagrante y malintencionada prostitución de la lengua al servicio de la mercadotecnia. No, esto no es un encendido alegato en contra del consumismo y el capitalismo, allá cada cual con su vida. Esto es una muestra de indignación frente a la trivialización y vulgarización de un término tan mágico como es ‘dandismo’. Los medios no ayudamos en demasía a poner en su sitio la figura y el concepto del dandi, ya que se usa como sinónimo de elegante (aburridamente elegante, diría yo) con tal frecuencia que hemos diluido en las aguas del olvido su razón de ser.

Va hecho un dandi” le dirán con cierta facilidad si va bien arreglado. Incluso en ello apoya la RAE a los ignorantes, ya que lo define como “hombre que se distingue por su extremada elegancia y buen tono”. Supongo que los académicos deben haberse bajado a la semántica de a pie de calle y olvidan el espíritu, que quizás encontremos en una enciclopedia mejor que en el diccionario. Si le dicen aquello que abría este párrafo mírese al espejo. ¿Qué le hace pensar que es usted un dandi?, ¿ese impecable pero aburrido traje gris?, ¿la impoluta pero anodina camisa blanca?, ¿esa falta de espíritu y ambiciones intelectuales que se adivina en el rictus de su semblante? Quizás sea usted elegante, o quizás sea un gentleman, o quizás, con suerte, llegue a ser ese caballero de “Fina estampa” de la canción… Pero un dandi, lo que se dice un dandi, le digo yo que no.

Me enfrentaba al reto de delimitaros el concepto y de pronto cae en mis manos un libro muy interesante que puede ser más ilustrativo que cualquier pobre intento de retórica de un servidor. ‘El gran libro del dandismo’ (Editorial Mardulce) que recoge textos de tres grandes autores que vivieron y analizaron el fenómeno del siglo XIX que se denominó dandismo, y esa gran figura estética que fue el dandi. Tres extraordinarios textos como son ‘Tratado de la vida elegante’, de Honoré de Balzac, ‘El pintor de la vida moderna’, de Charles Baudelaire, y ‘Del dandismo y de George Brummell’, de J.A. Barbey d’Aurevilly.

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Decidimos recopilar estos textos por varias razones” me explica el editor de las colecciones Ensayo y Ficción de Mardulce, Damián Tabarovsky. “La primera y fundamental es que los textos que reúne el libro son divertidísimos, agudos, ingeniosos, pero a la vez son formidables piezas de crítica literaria y cultural. Luego, el libro integra nuestra colección Ensayo, dedicada al ensayo literario, y en ese sentido va al corazón de nuestro gusto: nos interesa publicar libros que hablan sobre libros, es decir, publicar textos que reflexionen críticamente sobre el estado de la lengua”. Queda claro que el dandismo fue algo más que una corriente estética, fue toda una filosofía, y la pregunta que cabe hacerse es qué tiene de vigencia en este siglo XXI. “Textos como El pintor de la vida moderna de Baudelaire -incluido en el libro- por dar solo un ejemplo, son fundadores de toda una sensibilidad estética, que atraviesa tanto a las vanguardias de comienzos de siglo XX, como a Walter Benjamin, luego al pop de los ’60, para desembocar en los artistas contemporáneos que vinculan urbanismo y política. Podríamos dar muchos más ejemplos. Dicho de otro modo: el dandismo se opone a la moda. La moda se mueve en el nivel de la generalidad, de lo masivo (no puede haber moda si no es masiva), mientras que el dandismo se piensa como sustracción, como una subjetividad que elimina ese componente de uniformidad. Es la particularidad de la particularidad. El arte actual todavía piensa en esos términos”.

Precisamente esa característica la deja muy clara J.A.Barbey d’Aurevilly en el ensayo ‘Del dandismo y de George Brummell’, donde sentencia que “una de las consecuencias del dandismo, una de sus principales características –para ser exactos, su característica más general- es la de producir siempre lo imprevisto. Aquello que el espíritu acostumbrado al yugo de las reglas, por lógica, no pude prever”. Y lo resume de manera excepcional en la siguiente ley: “Un dandi que marca todo con su sello, que no existe fuera de cierta exquisita originalidad (Lord Byron), debe necesariamente odiar el uniforme”.

Por su parte Charles Baudelaire nos deja en ‘El pintor de la vida moderna’ algunas reflexiones sobre la dimensión filosófica del fenómeno. “El dandismo, que es una institución al margen de las leyes, tiene leyes rigurosas a las que están estrictamente sometidos todos sus súbditos, sean cuales fueran por lo demás la fogosidad y la independencia de carácter”. Y nos regala algunos axiomas: “Un dandi no puede ser nunca un hombre vulgar” o que “el carácter de belleza del dandi consiste sobre todo en el aire frío que proviene de la inquebrantable resolución de no emocionarse”, es decir, de estar de vuelta de todo.

Sin duda, a los lectores de este blog, el texto que más les llegue sea ‘Tratado de la vida elegante’ de Honoré de Balzac, donde este bon vivant despliega toda una serie de leyes para los aspirantes a dandi, que por otra parte es algo que se es o no se es, no se puede aprender. En Principios ecuménicos de la “toilette” nos dice que “el bruto se cubre, el rico o el fatuo se adorna, el hombre elegante se viste”, o que “la toilette es a la vez una ciencia, un arte, una costumbre, un sentimiento”, o que “la toilette no tanto consiste en el traje como en el modo de llevarlo”. Aunque personalmente me quedo con una frase que viene a corroborar mi filosofía personal: “Si la gente los mira con atención, no están bien vestidos; van demasiado recargados o afectados”.

Así que, por favor, dandis los justos y necesarios.

Bateman al habla, ¿alló?, ¿alló?

Martes, 7 Abril 2015

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Muchas veces me preguntan sobre el tema del target. “¿Para quién escribes?”. Chico, pues la verdad es que cuando eres periodista de moda puedes andar muy despistado con respecto en manos de quien cae tu trabajo. Hace unos meses, realizando un reportaje para GQ, contacté con un importantísimo cazatalentos (de esos que buscan altos ejecutivos para compañías que manejas cifras que nunca aprendiste a escribir), ya maduro, en la órbita de los negocios, un tipo ocupado de los de verdad. Quería hacerle unas preguntas y fui a presentarle la revista asumiendo que no era nuestro target por mucho que aspiremos a ello (aquí soy sincero hasta la médula) y me paró en seco: “sí, la conozco, la compro cuando voy a coger un vuelo o en alguna estación”. ¡Era lector! No fiel, pero lector, ¡vaya!

Así que he aprendido a no dar nada por supuesto, ¡nada! Me ha pasado por ejemplo contactar con una importante boutique/sastrería de caballero para pedir unos recursos gráficos de la tienda y decirme que “perdone, no sé de qué me habla ni cuál es ese medio del que dice que me llama”. Y entonces te armas de paciencia y le explicas que “ese medio” es ni más ni menos el suplemento dominical de estilo de uno de los principales diarios de este país, y que si no lo conoce creo que tengo el derecho de preguntarle que qué  %@#@ lee, ¿el Venca? Pero no, respiro hondo y me pongo en plan didáctico. Yo comprendo que no me conozcan a mí, es más, muchos profesionales de la moda saben que cuando los llamo me presento desde cero a pesar de haber hablado con ellos en ocasiones anteriores, y que siempre me sorprendo cuando dicen “ah, Agustín, ¿qué tal estás?” dejando claro que sí que me recuerdan. No me pienso importante y memorable, y soy consciente de que trabajo periodístico en moda es más evanescente y fugaz que la vigencia de las mismas colecciones de las que hablamos día sí y día no. Pero hay cosas que hay que saber, ¡hombre!

En fin. Que no doy por hecho nada. Así que cuando me preguntan sobre mi target (con respecto a cualquier medio en que trabajo) siempre respondo “¿te refieres a quienes nos leen, a los que pensamos que nos leen o para quienes escribimos?”. Porque efectivamente no es lo mismo, pero sí lo es. Es como el misterio de la Santísima Trinidad: tres en uno (¿o eso era un aceite para el coche?).

Pensando en cómo reformular el concepto del blog con motivo del aniversario he decidido que el giro no debe ir tanto en los contenidos sino en el enfoque de para quién escribo. No sé quien me lee, tampoco sé quién se cree que es el que me lee, ni siquiera sé quién le gustaría ser… Lo único que sé es que escribo para el caballero del siglo XXI (seaslo o quieraslo ser) y ese concepto necesita ser acotado. El caballero del siglo XXI es un hombre educado y culto, con intereses pluritemáticos (un poco tipo hombre del Renacimiento, aunque solo sea por tener ‘topics’ de conversación que dejen ojipláticos a sus interlecutores. Es un hombre sociable y profesional, con gran sentido del lugar, la etiqueta y la necesidad de trasgredir con moderación. Es un hombre que entiende de moda, o al menos que sabe dónde encontrar fuentes de referencia, que la usa como herramienta de comunicación y no pierde nunca el sentido lúdico de la misma. Hablamos de un hombre con rituales de belleza, fitness e higiene, pero sin caer en la obsesión, ni sobredimensionarlo.

Para mí, si quitáramos el componente psicopático (que también tiene su atractivo) el caballero perfecto sería Patrick Bateman… Sí, el protagonista de American Psycho (la novela, por supuesto, no seamos tan lerdos de quedarnos con el personaje cinematográfico). Patrick es un profesional de éxito, de gran vida social, con carisma y con mucho sentido de la moda. De hecho, en su ‘grupito’ lo consideran el Hombre GQ por excelencia y lo consultan cual oráculo. He buscado mi ajado ejemplar de la novela que tanto me impresionó a mis 18 añitos recién cumplidos, y rescato este extracto:

—¿Qué os jode tanto? —Localizo a Luis Carruthers de pie en la barra junto a Price, que le ignora ostensiblemente. Carruthers no va bien vestido: traje cruzado de lana con doble fila de botones, creo que de Chaps, una camisa a rayas de algodón y una corbata de lazo de seda, aparte de gafas con montura de asta de Oliver Peoples.

 —Bateman, vamos a mandar estas preguntas a GQ —empieza Van Patten.

Luis me localiza, sonríe débilmente, luego, si no me equivoco, se ruboriza y se vuelve hacia la barra. Los camareros siempre ignoran a Luis por algún motivo.

—Hemos apostado a ver cuál de nosotros aparece el primero en la columna de preguntas y respuestas, y ahora estoy esperando una respuesta. ¿Qué crees tú? —pregunta McDermott.

—¿Sobre qué? —pregunto yo, irritado.

—Mocasines con borlas, carapijo —dice él.

—Bueno, veréis, chicos… —Mido cuidadosamente las palabras—. Los mocasines con borlas son tradicionalmente un calzado sport… —Vuelvo a mirar a Price, que espera ansioso su copa. Trata de pasar junto a Luis sin mirarle, pero Luis le tiende la mano. Price sonríe, dice algo y se aleja deprisa en dirección a nuestra mesa. Luis vuelve a intentar atraer la atención del camarero y nuevamente fracasa.

—Pero se han vuelto aceptables por lo populares que son, ¿o no? —pregunta Craig con vehemencia.

—Sí —asiento con la cabeza—. Siempre que no sean negros o de cordobán están bien.

—¿Y los marrones? —pregunta Van Patten, desconfiadamente.

Pienso en esto y luego digo:

—Demasiado deportivos para un traje formal.

—¿De qué habláis, so maricones? —pregunta Price. Me tiende la copa y luego se sienta, cruzando las piernas.

Ese es el hombre que leería Fondo de Armario, quiero pensar pretenciosamente, o al menos aspiro a ellos (eso sí, no quiero lectores que corten por la mitad a prostitutas con una sierra mecánica). Un lector de Fondo de Armario debería sentirse identificado con el siguiente extracto:

Hoy he trabajado intensamente en el gimnasio después de salir de la oficina, pero la tensión ha vuelto, de modo que hago noventa distensiones abdominales y ciento cincuenta flexiones, y luego corro sin moverme durante veinte minutos mientras oigo el nuevo CD de Huey Lewis. Tomo una ducha caliente y después uso una nueva limpiadora facial de Caswell-Massey y una crema corporal de Greune, luego un hidratante corporal de Lubriderm y una crema facial Neutrogena. Dudo entre dos modelos. Uno es un traje de crepé de lana de Bill Robinson que compré en Sacks, con esa camisa de algodón de Charivari y una corbata Armani. O una chaqueta de sport de lana y cachemira de cuadros azules, una camisa de algodón y pantalones de lana con pinzas, de Alexander Julian, con una corbata de seda de lunares de Bill Blass. El Julian podría resultar un poco caliente para mayo, pero si Patricia lleva ese modelo de Karl Lagerfeld que creo que se va a poner, entonces quizá tenga que llevar el Julian, porque queda bien con su vestido. Los zapatos son unos mocasines de cocodrilo de A. Testoni.

Descubrir a Bateman me abrió un mundo al cuidado personal que no se reducía a comprar el gel de ducha más barato del super. Recuerdo que después de leer la novela adquirí mis propios productos de aseo por primera vez, que atesoraba en un neceser privado e intransferible. Por aquel neceser pasaron cosméticos-tesoro como una pastilla de jabón de la línea Égoïste de Chanel que compré en una desaparecida perfumería de la calle Sagasta (Sevilla) o algún que otro producto de la línea White Musk de The Body Shop.

Releo y releo la novela y me maravilla el sentido del humor de Bret Easton Ellis:

Antes de dejar mi despacho para la reunión tomo dos Valium con Perrier, y luego me aplico una crema limpiadora en la cara con unos algodones, y después un hidratante. Llevo un traje de tweed y una camisa de algodón a rayas, ambas cosas de Yves Saint Laurent, y una corbata de seda de Armani y unos zapatos negros nuevos de Ferragamo. Me lavo los dientes y, cuando me sueno la nariz, espesos hilillos de sangre y mocos manchan un pañuelo de cuarenta y cinco dólares de Hermès que, por desgracia, no era un regalo. Pero tomo cerca de veinte litros de Evian al día y voy al salón de bronceado con regularidad así que una noche de juerga no ha afectado la suavidad de mi piel ni su tono de color. Mi cutis todavía es excelente. Tres gotas de Visine me aclaran los ojos. Una bolsa de hielo elimina las ojeras. Todo lo cual lleva a esto: me siento hecho una mierda, pero tengo un aspecto excelente.

Bien, mis queridos Batemans, acompañadme en Fondo de Armario un añito más (si no me despiden ‎por el camino) y prometo no defraudaros. Hablaremos de moda, de cómo ser ortodoxos y transgresores, intensificaré los contenidos de belleza, os daré pistas para ser hombres verdaderamente interesantes e introduciré una nueva línea de contenidos que llamaré ‘Topics’, y que tratarán sobre todo tipo de asuntos de actualidad, sobre todo cultural, y curiosidades que os darán buenos temas de conversación para impresionar de forma natural… Porque no hay nada más lamentable que un caballero con muy buen aspecto pero sin tema de conversación. Así mismo habrá temas de ‘business con estilo’ que espero encontraréis útiles.

Seguidme o me vais a obligar a comprar seguidores al peso como los ¿famosos? en Twitter. ¡Por cierto! Os recuerdo que mi cuenta de Twitter es @AgustinV74.