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Deisel: las imitaciones las carga el diablo

Tengo una amiga que siempre dice “eres más falso que un polo de Nacoste”. Pero no creáis que lo dice en plan peyorativo, nada de eso. Ella está superorgullosa de aquel polo de imitación de Lacoste que una vez compró en unos chinos, y no duda en señalarte la sutil diferencia en el nombre y el logo de la marca si tú no le dices nada porque no hayas reparado o tengas el suficiente pudor para obviarlo.

El tema de las imitaciones no es la lacra de la moda, sino la falta de imaginación de los diseñadores que sacan productos al mercado nada currados, fáciles de imitar, y cuyo valor añadido reside esencialmente en el logo. Siempre digo que quien se compra un bolso de imitación rara vez se compraría el original, y viceversa. La estratificación del mercado hace que las imitaciones y los originales sean como el aceite y el agua.

Durante años las marcas han jugado con las imitaciones para darse publicidad o apuntalar su prestigio, hasta el punto de generar aquel mito urbano de que Prada fabricaba sus propias imitaciones. Sí, aquellas que todo el mundo buscaba en ciertas calles de Nueva York. Sólo se imita lo que merece la pena ser imitado, es como un sello de calidad.

Y en esas está Diesel, otra de las firmas más ‘pirateadas’, que es otra historia. Piratear es replicar y engañar. Imitar es lo que hacen con esos calzoncillos de mercadillo, los Kalvin Klein (sí, con K), que tan graciosamente vocean los vendedores ambulantes a la vez que aseguran desgañitándose que se los quitan de las manos (y no la policía decomisándolos, exactamente).

Atentos a la nota de prensa que recibimos: “Hace unos días Diesel abrió en secreto una tienda llamada DEISEL en Canal Street en Nueva York, muy lejos de la Quinta Avenida y de otros lugares de peregrinación para los amantes de la moda, justo en el corazón del destino más visitado de la ciudad por los buscadores de falsificaciones.

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Los compradores, inadvertidos, probablemente no se dieron cuenta entonces: pero los artículos que compraron en la tienda DEISEL son en realidad piezas únicas -diseñadas por el equipo creativo de Diesel- disfrazadas con el logo de la falsa firma DEISEL. Estos afortunados clientes se llevaron a casa prendas especiales, únicas por su exclusividad y que muy probablemente se convertirán en objetos de coleccionista. La experiencia de compra en tienda era exactamente igual que la que se vive en los comercios vecinos de Canal Street. Este experimento ha quedado plasmado en un vídeo que celebra la valentía de todos aquellos que son capaces de buscar su propio estilo fuera de los caminos ya recorridos por los demás.

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Siguiendo la tendencia de la logomanía, justo cuando los consumidores parecen alejarse de los artículos logados, Diesel invita a jugar a sus seguidores y los alienta a sentirse libres de usar las prendas que quieran. ¿Por qué? Porque este es el momento de animar a “gonna pop some tags, with only twenty dollars in their pocket, looking for a come-up that is fu****g awesome”. (‘Thrift Shop’ Macklemore & Ryan Lewis & Wanz)

¿Y esto qué demuestra? ¿Qué el valor de la marca es psicológico? ¿Qué las firmas de moda con sello de autenticidad sobredimensionan su precio? ¿Que el efecto demostración, tan estudiado en economía, rige la fijación de precios en moda? ¿Que el público es una piara de borregos que no tienen criterio propio? ¡¡Por Dios, todo eso ya lo sabíamos!!…

…Pero no está mal que nos lo recuerden.

PD. Tengo calcetines de deporte de imitación que me han salido muchísimo más buenos que los originales.

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