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Mi cabeza no es lo que era… afortunadamente

Lunes, 24 Diciembre 2012

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Estoy entusiasmado, pletórico, exultante… y no, no es síntoma psicotrópico prucido por las lucecitas de navidad ni un efecto colateral del anís navideño (he tenido que vaciar una botella para usarla de instrumento musical para cantar villancicos, no voy a tirar el contenido al fregadero, ¿verdad?). Lo que me tiene tan excitado es la idea de que por fin voy a controlar mi imagen personal sin limitaciones de tiempo ni dinero (espera, esto ha sonado a Teletienda, ¿verdad?). Os explicito la cuestión y ya me diréis.

Uno de mis grandes quebraderos de cabeza ha sido siempre el cuidado de mi corte de pelo. A ver, no es que mi estilo sea el colmo de la complicación. Desde 1995 lo tengo claro: “el cuatro por arriba, el dos por detrás y los lados”, y añado desde 2005 la coletilla de “déjame el flequillo un poco larguito para disimular esa entrada”. Todo empezó cuando entré por primera vez en una peluquería de Jean Louis David. Después de enseñarme un extenso catálogo de peinados mi respuesta fue simplemente que quería que me descargarse. Así que el peluquero se puso manos a la obra y en cinco minutos, maquinilla en mano, me dejó impecable. “Tu corte es el cuatro por arriba y el dos por los lados y detrás, recuérdalo para la próxima”. Desde entonces es lo que pido.

Al principio de nacer GQ España leí en sus páginas que un caballero para estar impecable debería ir a la peluquería cada 15 días a retocarse. Pero claro, los de GQ no contaban ya no tanto con el gasto que supone (que sí, que es importante y más aún con la subida del IVA en el sector) sino con el engorro que es ir a la pelu. Por lo menos para ir a la que yo voy, barbería de barrio de toda la vida con cortes de pelo a 9 euros (no me quejo como están las cosas), te tienes que cargar de paciencia. Primero porque el barbero abre y llega cuando le da la gana, después porque siempre hay gente leyendo revistas esperando su turno, tercero porque comentar el partido del día anterior con el cliente hace que el corte no sea tan rápido como yo quisiera y la espera para que te toque se eterniza, y cuarto porque nunca encuentras el hueco para ir a cortarte el pelo. Así he pasado años, con complejo culpa por dejar crecer el pelo descontrolado, de tal forma que cuando entraba por las puertas de la barbería más que cortarme el pelo tenía que esquilarme. Eso es una actitud totalmente inadmisible para alguien que trabaja en la moda.

Pues la solución se llama Maverick HC5750. Es una cortadora de pelo (te puedes hacer la barba, la perilla o la cabeza con el mismo aparato) de la firma Remington, líder en el sector del grooming masculino. Debo confesar que estaba un poco nervioso ya que una cosa es la teoría que he visto ejecutar al peluquero mil veces y otra bien distinta es la práctica… Antes de usarla tomé precauciones: 1) elegí la longitud del corte más largo del usual para que hubiera margen para ‘rectificar’ y 2) preparé un gorro para ponérmelo en caso que tuviera que salir corriendo a pedir ayuda a mi barbero y pedirle perdón por haber intentado emanciparme de él.

Con cuidado empecé cortando la parte posterior. Pensé que sería difícil, pero la forma ergonómica de la maquinilla te lo pone fácil. Debo confesar que cuando comienzas a ver caer vellones de pelo te entra el pánico: “¡¿qué coño estoy haciendo?!, ¡para antes de que sea tarde!”. Continué con los laterales, cosa más fácil. Y finalmente me metí de lleno con el grueso de la pelambrera, la parte de arriba, para la que cambié de longitud en la cuchilla. El que la maquinilla no tenga cable, sino que tenga una batería autónoma, te facilita muuucho las cosas.

En menos de lo que esperaba me encontraba dando los últimos retoques y, ¿sabéis qué?, no encontraba ninguna diferencia respecto a los cortes profesionales que me han sangrado el bolsillo toda la vida. ¡Qué lástima de tiempo perdido a lo Proust!

Estos experimentos no son aconsejables para hombres con cortes de pelo de elaboración complicada, pero para los que son como yo, que lo que queremos es tener las ideas frequitas y no tener que peinarnos por las mañanas, es realmente un producto milagro. Estoy tentado de meterme de nuevo en el espíritu de teletienda americana y decir algo como “Maverick HC5750 cambió mi vida para siempre”, pero me temo que estaría sobreactuado, amén de que es el primer corte de pelo que me hago, aún no sé si cambiará mi vida. Lo que sí es seguro es que mantener el pelo controlado será a partir de ahora más fácil.

¡Feliz Navidad!

PD. Regálasela a tu chico, no te arrepentirás.