Krug presenta el champagne más caro
Mircoles, 30 Abril 2008
Desde mañana, 1 de mayo, se encuentra disponible a la venta una nueva joya para los champanófilos más fanáticos: Krug Clos d’Ambonnay 1995, un champagne elaborado únicamente con las uvas procedentes de un pequeño cru (pago), con uvas de una sola variedad (pinot noir) recogidas en una única cosecha. De producción limitadísima –el viñedo, vallado, apenas tiene 0,6 hectáreas– y firmado por la mítica maison Krug, el Clos d’Ambonnay destaca, entre otras cosas, por ser el champagne más caro: su PVP “mínimo” está marcado en 2374 euros, con lo que será fácil que las botellas de esta primera cosecha superen los 3000 euros. El colmo del lujo burbujeante.
Para los amantes del champagne, el nombre de Krug tiene resonancias casi míticas, que remiten a lo más exquisito y exclusivo. Y no porque la maison fundada en Reims en 1843 tenga suntuosas estancias, bebedores célebres o corone sus botellas con cápsulas de oro. Los champagnes de Krug son únicos porque realmente saben distinto: la exigente selección de los vinos base –cada año llegan a la bodega más de 600 mostos distintos– y la fermentación en pequeñas barricas de roble aportan un carácter diferenciado a todos los champagnes de la casa: desde la Grade Cuvée –el más difundido– hasta el raro Rosé o los excepcionales vintage.
Pero si bien la magia de Krug reside en este fabuloso puzzle entre distintos vinos, el más raro y deseado entre sus champagnes ha sido hasta hoy el Clos du Mesnil, un monovarietal de chardonnay precedente de un pequeño viñedo situado en el centro del pueblo de Mesnil-sur-Oger, también de una sola añada. Esta genial creación fue obra de Remi y Henry Krug, los hermanos que llevaron con mano firme la trayectoria de la casa familiar antes de venderla al grupo LVMH.
Más de dos décadas después del lanzamiento del Clos du Mesnil, llega su primo, el Clos d’Ambonnay, aún más caro y exclusivo. Lo acaba de presentar a un selecto grupo de periodistas Olivier Krug –hijo de Henry y director de la maison, aunque ya no propietario- junto a su presidente, el griego Panos Sarantopoulos, como una vuelta de tuerca más al mito de Krug.El champagne es excelente, con una estructura firme y una complejidad y elegancia admirables. ¿El precio? Sólo apto para millonarios. Que lo disfruten. Los demás, a soñar.

Pero los tiempos cambian, las conciencias se remueven y los prejuicios comienzan a caer. Cualquier ciudadano de paladar curioso que haya podido darse una vuelta por el norte de Europa podrá confirmar que el consumo de los productos bio se impone con más fuerza que la de una simple moda. Incluso en los Estados Unidos, donde los alimentos de producción ecológica tienen un escaparate incluso en los supermercados más modestos. En España, de un tiempo a esta parte los aficionados al buen vino han podido comprobar que algunas de las novedades más interesantes de la enoteca nacional se elaboran según los métodos de la viticultura biológica o –más exigente aún biodinámica– (que implica también el seguimiento del calendario lunar y otras excentricidades): los vinos de Álvaro Palacios en el Priorato y El Bierzo, los del Dominio de Atauta en la Ribera del Duero, el superestrellado Contador de Benjamín Romeo en Rioja… Algo similar sucede con los mejores aceites de oliva.
Sin embargo, lo que faltaba para consolidar esta tendencia eran tiendas especializadas, que centraran su oferta en los alimentos ecológicos. Por fin, esta deuda comienza a saldarse. Así es como en las últimas semanas han abierto en Madrid dos locales que pueden servir de referencia. Sobre todo porque ambos se encuentran en las antípodas del tenderete progre de antaño. El primero es Baby Deli (Lagasca, 54; tel. 576 38 10), un multiespacio dedicado a los más pequeños, con una oferta que incluye desde talleres didácticos hasta una amplia gama de productos bio: leche, cereales, gominolas, pastas, arroces, jabones, detergentes, etc. El local tiene una ubicación privilegiada –en pleno barrio de Salamanca– y está dirigido por un equipo de mujeres emprendedoras entre las que se cuenta a Carolina Herrera (hija). La otra novedad que aporta el universo bio es Eco Bar & Spa (Pintor Rosales, 76; tel. 91 544 17 16), también con una voluntad multidisciplinar: bar, restaurante, spa y tienda con productos de alimentación, desde aguas minerales hasta jamones y vinos. Sin duda, la ecología ya no es el capricho de unos locos iluminados.
La idea se fraguó hace unos meses en Londres, en un inédito cónclave entre los más prestigiosos escritores y críticos vinícolas, al que asistieron, entre otros, la británica Jancis Robinson (The Financial Times), los españoles José Peñín (Sibaritas, Guía Peñín de los Vinos de España) y Víctor de la Serna (El Mundo), el francés Michel Bettane (Classements des Meilleurs Vins de France), el italiano Ernesto Gentilli (L’Espresso) y el estadounidense David Schildknecht (The Wine Advocate). Se trataba de sentar, por vez primera en el mismo escenario, a los doce “autores del vino” –los monstruosos winecreators- para que debatieran acerca de algunos asuntos filosóficos del quehacer enológico: ¿los grandes vinos se elaboran desde el viñedo o desde la bodega? ¿cuál es la influencia de la tecnología y de los medios? ¿qué presión ejercen los mercados en la elaboración de los vinos?
La cita fue en Ronda y acudieron algunos de los más renombrados viticultores de la actualidad: el español Álvaro Palacios (L’Ermita), el danés Peter Sisseck (Pingus), el estadounidense Paul Draper (Ridge), el holandés Dirk Van Der Niepoort (Niepoort), los franceses Stéphane Derenoncourt (Pavie Macquin) y Dany Rolland (Clos de los Siete)…
El reinado del gin tonic no sorprende porque, a ciencia cierta, no hay mejor aliado que este combinado para una tarde de calor o una noche loca. Habría que añadir, también, que tampoco hay un cóctel que iguale la excelencia del dry martini.
En cualquier caso, la oferta es riquísima y cada vez más amplia. Todo un festival para los amantes del intenso aroma del enebro y las noches locas. Sobre todo, si se combina estos elixires con la tónica más natural, Fever Tree, pura quinina y casi nada de azúcar.Los adoradores del gin tonic están de enhorabuena porque, además, hace unos meses ha abierto en Madrid el Bristol Bar (Almirante, 20, tel. 91 522 45 68), un local especializado que ofrece una carta con más de ochenta ginebras, con todo tipo de rarezas: ginebras rojizas maceradas con azafrán, otras añejas, una ecológica… Todo un campo para investigar y disfrutar.
En Madrid, por ejemplo, bien vale la pena acercarse a Los Asturianos (Vallehermoso, 94, tel. 91 533 59 47), la taberna vinícola soñada e imposible, para disfrutar de una fabada pluscuanperfecta, elaborada por doña Julia Bombín cada día con la misma precisión, desde hace tres decenios, que se dice pronto. Allí también, si hay suerte, se puede hundir la cuchara en unas verdinas con almejas o, en su defecto, en una untuosa carrillada.
No muy lejos, en la calle Galileo 21, La Zamorana (tel. 91 447 11 69) invita a redescubrir las recetas clásicas con bacalao y a revolcarse de gusto ante unas patatas revolconas dignas de una enciclopedia de las maravillas.
Hay que decir que la coctelería es como una ciencia exacta: una alquimia en la que el buen hacedor −el barman− dosifica con sabiduría unos cuantos ingredientes para obtener un resultado que a los que estamos al otro lado de la barra, más que exacto, nos resulta mágico.
Ya se sabe: Chile, Australia, Argentina, Sudáfrica… La situación no es nueva, y además estos lamentos son los mismos que se escuchan entre los productores de otros países de larga raigambre vinícola, como Francia o Italia.