
Será porque prometà en este post probarlo personalmente, será porque, como dice mi vecino de blog, AgustÃn Velasco, en estas fechas lo más chic es meter en la maleta alguna pieza de las colecciones crucero, será porque el periodismo es el mejor pasaporte, el caso es que aquà me encuentro… en altamar.  Alojada en el Yacht Club del MSC Splendida puedo pronunciar sin reparos uno de mis gritos de guerra preferidos. TGV! Es decir, Thanks God I am a Vip!! Pasada la resaca de la acumulación de objetos, del superconsumo de logo de estos últimos años, el lujo se reorienta hacia las experiencias únicas y a safisfacer de un modo especial a los mejores clientes. Y conforme los cruceros se hacen más populares surgen nuevas iniciativas para no perder clientes por arriba. Y este es exactamente el concepto del Yacht Club que ha lanzado la naviera italiana MSC: una especie de yate dentro de sus buques más modernos, una primera clase con zonas exclusivas, servicios reservados y, no sólo más lujosa que el resto del barco, también mucho más tranquila. Auguro un espléndido futuro a la emergente industria que nos hace sentirnos especiales, mimados, verdaderamente vips.
Y asà es exactamente como me siento en este remanso de paz y mimos en medio de las olas. Mi mayordomo se ha encargado de todas aquellas tareas prosaicas que los vips ni siquiera saben que existen. Llevar maletas, arreglar documentación, conseguir una buena mesa en el mejor restaurante del barco, reservar una cita en el spa, recibir mi periódico habitual a primera hora de la mañana en mi camarote aunque estemos en altamar… Mi butler es extremadamente correcto y siempre sonriente; es malgache, circunstancia que encuentro mucho más exótica que la decadencia british de Jeeves, aunque no tenga sus ocurrencias. Realmente aquà hay material para una buena chick lit, ese género ignorado por la crÃtica literaria que da tantas satisfacciones a las mujeres y a las editoriales, dicho sea de paso. Allan Guillén, responsabe del servicio de concierge y head butler del Splendida es una fuente inagotable de este tipo de historias. “Los verdaderamente importantes son los que menos molestan”, me confirma. Sus anécdotas son propias de estas clase de nueva novela rosa y de las chicas que tratan de emular a Carrie Bradshaw. Me cuenta que este verano, un grupo de amigas españolas alojadas en el Yacht Club solicitó una embarcación privada para ir a Capri de compras cuando el barco se aproximaba al puerto de Nápoles. Muy chick lit, francamente.
La vuelta de los servicios de mayordomÃa es un hecho en toda la industria del turismo de lujo. Jeeves no ha muerto, siemplemente ya no se aloja en las mansiones de la campiña británica y ahora trabaja en nuevos escenarios. Si el MSC Cruceros los ha incorporado a algunos de sus barcos, Meliá ha hecho lo propio bajo la etiqueta Red Globe en algunos de sus hoteles de lujo como el Colón de Sevilla. Si hace unos años se llevaban las plantas de hotel para ejecutivos ahora lo que se lleva son las “zonas vip”, con asistentes personales, check in diferenciados y todo tipo de servicios para facilitar la vida a los buenos clientes. Los globalitas tienen sus mejores aliados en las terminales de clase business y primera de aeropuertos como los de Singapur y Doha. Un mayordomo les recibe en la puerta y se encarga de todos los engorros relacionados con el vuelo. Incluso creo que tienen un boogie a su servicio para llevarles de un sitio a otro (Tal vez en la T-4 deberÃan tomar nota).
En fin, aquà en altamar, no hacen falta este tipo de vehÃculos, aunque con las actuales dimensiones que han adquirido los megayates no lo descarto en un futuro. Este es mi segundo crucero. Hace años hice otro fuera de ruta, desde Cadiz a Venezuela, entrando por las bocas del Orinoco. Inolvidable. Los dÃas de navegación le reconcilian a uno con el “slow travel”, otra de las tendencias que creo que tendrá igualmente futuro en el llamado “high end travel”. Si los globalitas viven inmersos en la vorágine de los espacios urbanos y el tiempo acelerado, sus vacaciones serán cada vez más verdes y lentas. En mi “wish list” pondrÃa estos dos viajes: Venecia-Sudáfrica en barco por la costa Oriental de Africa y Ciudad del Cabo-El Cairo en el espléndio tren Rovos. Como los Reyes Magos vienen pronto, quién sabe… Por lo que veo, esto de estar en cubierta mirando al mar invita a soñar, como cantaba Jorge Sepúlveda, viendo lo despacito que pasa el tiempo. Slow, slow, todo un lujo que nos devuelve al mundo de Jeeves.