
Lo confieso. He estado de compras. No en Colette, como yo hubiera querido, ni siquiera en Saks o en algunas de esas pequeñas tiendas de culto en Estocolmo o Zamora, que ahora de todo hay. Qué va, qué va. Simplemente me he dado una vuelta por mi barrio con cierta sensación de inédita culpabilidad (En realidad, no he comprado nada, lo que, por otro lado, hubiera sido un acto de patriotismo). Y, ¿qué es lo qué he visto? Pues básicamente la “intrahistoria” de la deflación española, información que ocupaba ayer lugar destacado en la portada del New York Times y que es una de las noticias más vistas de su edición digital todavÃa hoy. Nada que alegar a la crónica del corresponsal en Madrid de mi periódico favorito, naturalmente, excepto que quien firma la crónica se podÃa haber dado una vuelta por la rue para añadir a su correcto escrito unas gotas de “interés humano” y “sabor local” junto a las frÃos datos y las declaraciones. Se abusa del periodismo declarativo.
Lo cierto es que hoy he visto más carteles de rebajas que en enero o agosto. Liquidación hasta fin de existencias, Venta especial, Outlet en el interior, Mid Season Sales (éste es nuevo en el suelo patrio), Tres por Dos… El Corte Inglés ha prorrogado aún más sus célebres 8 DÃas de Oro, de tal forma que ya casi parecen 80. He visto más carteles del 30 por ciento en sus estanterÃas que compradores deambulando entre sus objetos rebajados. Incluso en Zara he visto un montón de ropa con el cartel de “special prices” o algo asÃ.
¿Y cuál es la diferencia con el periodo tradicional de rebajas? Pues que prácticamente nadie sale con bolsas. Ni siquiera el reclamo del chollo parece funcionar en estos tiempos. Por curiosidad me fijé en dos o tres personas que estaban en la caja en diferentes establecimientos, a ver qué adquirÃan. Dos de ellas solamente querÃan realizar cambios de prendas. ¿Estamos ante el llamado “ciclo del reembolso”? Según leà en el interesante “El complot de Matusalén”, los sociólogos observaron que las personas mayores tienen una curiosa inclinación por devolver cosas en las tiendas. La razón: esta actividad les permite intervenir activamente en la vida social, ”adquirir” por encima de las posibilidades que les da su pensión de jubilación, aunque luego se dediquen a devolver lo comprado. En fin, tal vez ha sido sólo una casualidad, pero el hecho de ver a varios compradores cambiando prendas (y no precisamente peinaban canas) me ha hecho pensar en ese curioso fenómeno y la posibilidad de que pueda darse una nueva versión más juvenil en estos tiempos de crisis.
Nota a pié: La foto no viene a cuento, pero me parece sintomática de la economÃa del hiperconsumo de estos años pasados. Made in China. Comprado aquÃ. Y a toneladas. Una buena imagen para una viñeta de Schulz.