No se trata del protagonista del villancico, no se asusten, sino de la personificación del mítico tamborilero del Bruc.
Aunque se ignora si el personaje fue real o no, hay toda una leyenda en torno a esta figura. Se trataría de un carbonero que detuvo a las tropas de Napoleón en las Montañas de Monserrat, utilizando el redoble de su tambor.
La película parte de la premisa de que el personaje es real, pero no plantea cómo derrotó al poderoso ejército, sino en ¿que pasó después? ¿dejaría Napoleón escapar al que le infringió tan dura derrota?

Evidentemente no… de otro modo, no tendríamos película.
Destacamos el diseño de vestuario de la película, a las órdenes de Ariadna Papió, que reconstruye con veracidad los vestidos de época. Lo que se hace muy agradable a la vista.

En el campo de la actuación contamos con Juan José Ballesta, que no nos termina de convencer y no porque no consiga crear al personaje… el gran fallo es la manera de hablar, nos ‘saca‘ completamente y es una pena, porque el resto lo borda. En el personaje femenino vemos a la joven Astrid Bergès-Frisbey que también participa en la cuarta entrega de ‘Piratas del Caribe’.
Y da vida al antagonista Vincent Perez como Maraval. En la producción también aparece Santi Millán, Nicolas Giraud y Jêrome Le Banner entre otros.

En general es una producción de aventuras que salva la cara, teniendo unos planos muy interesantes y arriesgados, entre ellos varias tomas aéreas. No podemos decir que el guión sea brillante, pero al menos es entretenido.
Lo mejor: la ambientación de la película, tanto los espacios naturales como la reconstrucción de la época. También unos interesantes efectos especiales aplicados al recuerdo de la batalla del tamborilero y una escena de Juan José Ballesta, pintado de negro, que se come la cámara, literalmente
Lo peor: la grandilocuencia de la música en escenas en la que no era necesaria y que no nos convence como recita Juan José Ballesta sus líneas.