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La metáfora del ciclismo

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El cuento de hadas no tiene fin. El milagro, en forma de ilusión, que sigue recuperando el ciclismo, hace que los que hemos ido creciendo de la mano de este deporte, nos veamos reflejados en la expresiva portada de este domingo en L’Equipe, en la que Contador suspira en el podio, todo ello adornado con los ojos más vidriosos que uno recuerda en el pinteño.

El año pasado Contador conquistó su segundo Tour, y uno percibió un notable crecimiento de interés por parte del ‘español llano’ en el ciclismo. Fue un indudable éxito, pero siempre quedó una duda en el aire: hasta qué punto el interés fue atraído por la presencia de Lance Armstrong. Los cimientos del ciclismo no estaban lo suficientemente sólidos, y pensé que el valor mediático podría quedar sin continuidad este año. Al fin y al cabo, vivimos en la sociedad del ‘usar y tirar’.

Ahora que el Tour ha terminado, la sensación de felicidad es máxima. Armstrong no volverá a la carrera que le encumbró, y precisamente en la edición en la que no ha podido luchar con los mejores, el ciclismo ha encontrado una historia fascinante, con sus mejores capítulos aún por escribir: el duelo Contador-Schleck.

Hubo una época, la de la tiranía de Armstrong, que dejó muy tocado al ciclismo: el texano avasallaba en el Tour, y los casos de dopaje salpicaban con crueldad a este deporte. La credibilidad estaba por los suelos, y el declive iba sin frenos y cuesta abajo. Los éxitos deportivos, que los había, no servían. Caían en saco roto. Sólo se hablaba de dopaje, y cada día el corazón ciclista brillaba con menor fuerza.

Los primeros éxitos de Contador, además de los triunfos en París de Pereiro y Sastre, se celebraron con miedo. La sombra de la ‘época oscura’ era demasiado alargada como para borrarla de un plumazo. El ciclismo, otrora el indiscutible segundo deporte en España durante la ‘era Induráin’, no contaba. Si un triunfo no genera expectación, mala señal.

Pero algo se debe estar haciendo bien en los últimos tiempos. Y Contador tiene muchísima parte de culpa, sin olvidar la feroz lucha que existe contra el dopaje, enfocada desde un punto de vista muy alejado a la autrodestrucción que se vivía hasta hace poco por parte de los órganos que deben velar por la buena salud del ciclismo.

contador_andy.jpgContador, con la inestimable ayuda de Andy Schleck, se está empeñando en que el ciclismo sea un deporte, sin que los satélites se impongan al núcleo central de la cuestión. ¿Cómo se hace eso? Sencillo o complicado, pero la clave está en que la gente se eduque de forma sana con este deporte. Este Tour quedará el recuerdo como aquel en el que se habló únicamente de ciclismo. Todo el mundo se ha animado a dar su versión sobre las diferentes circunstancias de carrera, causando que las noticias de ciclismo fueran las más leídas y comentadas en las diferentes ediciones digitales.

Fernando Alonso cambió los hábitos de consumo mediático en España. De repente, la Fórmula 1 se convirtió en un deporte de masas, y los medios comprendieron rápidamente que debían darle mucha cancha a cualquier cosa que girara sobre el asturiano, por muy tonta que fuera.

Con el ciclismo, el giro ha sido salvaje. Vende mucho más hablar de la famosa cadena de Andy o de las polémicas declaraciones de Sastre que insinuar que cierto corredor pueda ir muy bien clasificado por haber tomado sustancias prohibidas. Es milagroso este cambio de tendencia, pero tan real como la vida misma.

Pero, más allá de la victoria de Contador, hay un detalle que no puede caer en el olvido. La etapa del jueves, la del mano a mano del pinteño con Schleck en la cumbre del Tourmalet, reventó las audiencias. 3.997.000 españoles, es decir 33 de cada 100 personas que veían la televisión en ese momento, se engancharon a TVE1. Es más, se alcanzó un pico de 5.303.000 espectadores, un share del 43,6%. Una brutalidad, sólo al alcance de partidos importantes de fútbol, y eventos selectos como un Gran Premio de F-1 o la final de Roland Garros.

Este dato debe ser visto con perspectivas de futuro: otra jornada relevante de montaña puede y deberá tener incluso más audiencia, con la rivalidad entre Alberto y Andy más arraigada entre los españoles. Se ha comprobado que el ciclismo tiene margen de mejora, cuando se saben vender las historias que acompañan a una carrera. Al fin y al cabo, un Tour es una metáfora de la vida misma, concentrada en 23 días: alegrías, tristezas, incertidumbre y despedida con todos los honores. Por eso su espíritu sigue siendo inmortal.

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