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Un NO para este maillot rojo

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Un año más sigo teniendo algo en común con Contador, además de ser madrileño: desaparezco tras el Tour de Francia. Lo siento, de verdad, pero agosto y las vacaciones me impiden escribir más de lo que me gustaría en período estival. Que no será porque el ciclismo no exista en agosto… ya os lo compensaré, prometido queda.

La actualidad ciclista se dirige, inevitablemente, hacia la Vuelta a España. Son días en los que uno se acuerda más que nunca de Alejandro Valverde… y sobre todo en las ganas que genera saber que cada día está más cerca su retorno. Sí, en 2012 volverá uno de los ciclistas más talentosos que ha dado la historia de este deporte.

A todo esto, me está encantando la competición. Deportivamente, me consta que la Vuelta está siendo un éxito. Desde la preciosa crono nocturna de Sevilla hasta las maravillosas llegadas del Castillo de Gibralfaro y, especialmente,  Valdepeñas de Jaén. Ciclismo en estado puro, con la afición volcada con el evento que debe representar la identidad de este país. El Giro paraliza Italia y el Tour conmociona a los franceses, y sin embargo, la Vuelta ha ido perdiendo ‘gancho’.

Sin embargo, y posiblemente influenciada por los innumerables éxitos de los deportistas españoles (con el ‘boom’ del Mundial de fútbol a la cabeza), la pasión por lo patrio se ha desbordado. Eso se traduce en la presencia de más banderas españolas que nunca a lo largo de los recorridos de la Vuelta. Es inevitable sentirse feliz tras ver ese nuevo pasito adelante que da el ciclismo. Aunque algunos hagan lo imposible por hundirlo…

Pero, a lo que iba en el titular: NO me gusta el maillot rojo, o ‘La Roja’, como quieran llamarlo. Ni que decir tiene que no lo digo por motivos nacionalistas -un asunto con el que la audiencia de EcoDiario.es está especialmente sensibilizado- sino por razones visuales. ¿Distinguen a Philippe Gilbert a primera vista en el pelotón? Yo no… y mucha gente tampoco lo ha hecho.

El maillot amarillo del Tour reluce con esplendor durante la entrada en escena de la serpiente multicolor, y la maglia rosa del Giro de Italia destaca con el mismo brillo. Sobresalen tanto que da la impresión de que, sea quien sea su portador, es un ciclista de campanillas.

Pero con el maillot rojo no pasa lo mismo. Con todos mis respetos, parece el maillot de las metas volantes de la Vuelta a Torrijos. No soy ningún experto en colores, pero hagan una prueba: miren la foto que abre este post, -el sprint de Murcia, ganado por Hushovd- y localicen al maillot rojo. Sí, le terminarán viendo, pero a bote pronto los ojos no se irán directamente hacia su figura. ¿Acaso resalta más que el maillot naranja de Pablo Urtasun? El problema no es el rojo, sino esta gama de rojo. Y si creen que estoy totalmente equivocado, no duden en criticar lo que acabo de escribir. Ya de paso me haría una revisión en el oculista.

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