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El ‘Carpe Diem’ de Contador

30 Mayo 2011 por Borja Cuadrado

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La Piazza del Duomo tiene un simbolismo especial. Se encuentra, con precisión absoluta, en el centro geográfico de Milán. Por supuesto, es el corazón desde el cual se bombea vitalidad hacia el resto de la capital de la Lombardía. Vitalidad es, sin ninguna duda, lo que ha transmitido Alberto Contador desde lo más alto del podio final del Giro 2011.

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‘Penkas’, apuntando al cielo

26 Mayo 2011 por Borja Cuadrado

lastras-tour.jpgLa vida genera una serie de conexiones espacio-temporales estremecedoras. El ciclismo, que es una pequeña vida en sí, no podía ser menos. Que se lo digan a Pablo Lastras, el ‘Penkas’.

Este miércoles, camino de Tirano, el Giro de Italia vivió una jornada especial en las filas del Team Movistar. La catastrófica muerte de Xavi Tondo -que muchos seguimos sin asimilar- dejó tocado al equipo que capitanea José Luis Jaimerena en la ‘corsa rosa’. Xavi estaba enamorado del ciclismo, así que lo que más daño le hubiera generado hubiera sido que su equipo se marchara a casa. Escucharon su petición.

Contador indicó con su dedo índice al cielo tras imponerse en la crono de Nevegal. Fue el homenaje por parte del mejor deportista español del momento, y uno de los mejores ciclistas de la historia. La fija mirada del pinteño hacia el cielo fue estremecedora. Lo sentía de verdad.

Distinto era el caso de Movistar. El objetivo en lo que resta de carrera es brindar el mayor de los homenajes a Tondo, y para ello cuenta en sus filas con uno de los ciclistas más emblemáticos y respetados del pelotón mundial: Pablo Lastras.

El madrileño llegó emocionado a meta, tras quedar tercero físicamente, y finalmente segundo, tras la exclusión de Visconti: “Ha sido una etapa muy rara, sólo pensábamos en Xavi”, vino a decir el espigado corredor de San Martín de Valdeiglesias.

La emotividad ha vuelto a cruzarse en el camino de Lastras. Uno de los días más emocionantes que uno recuerda llegó durante la semana final del Tour 2003. Lastras, de 27 años, era un corredor consagrado: ya tenía victorias en Giro y Vuelta. Sin embargo, su debut en la ronda gala no estaba siendo afortunado. Tuvo que engordar en plena carrera, estuvo a punto de marcharse a casa, y empezó a pensar que se quedaría en el paro en diciembre.

Lastras es uno de los ciclistas más inteligentes que uno recuerda haber visto en la vida. Antes de comenzar una carrera, señala con una cruz las etapas en las que deberá poner la bala. Rara vez se equivoca. Entra con un olfato único en la escapada buena, y luego ya podrá rematar o no, que no es fácil a este nivel. Pero demuestra que conoce el oficio de ciclista como nadie.

Inteligente estuvo camino de Saint Maixent-L’École en aquella ocasión. El final de etapa era calcado al de aquel entonces. David Cañada, Carlos da Cruz y Daniele Nardello fueron sus tres ilustres compañeros de fuga, pero Lastras encontró una motivación extra para lograr una victoria histórica, que dotó de humanidad la época en la que Armstrong dominaba como un robot el Tour. Una motivación llamada Rosa, su madre. Falleció cuatro meses antes, y por muy poco no pudo ver a su hijo convertirse en uno de los escasos ciclistas -por aquel entonces menos- en haber obtenido victorias en las tres grandes vueltas.

Dice el propio Lastras que de su madre ha heredado el carácter. Precisamente, por eso mismo, no hubiera ganado sin el empujoncito que le dio Rosa en la abarrotada línea de meta. Pablo fijó su mirada en el cielo, petrificando para la posteridad un inolvidable triunfo para su madre.

lastras-chaval.jpg Es imposible que, salvando las distancias, a Pablo no se le viniera a la cabeza la llegada de Saint Maixent L’École. Ocho años después, podría haber sido protagonista de una victoria de telenovela, de esas que te provocan lágrimas instantáneas.

Cierto es que no puedo ser imparcial con Lastras. Se me nota a la legua. Pero es que jamás he oído nada malo de este chico que encarna el espíritu más positivo de este bello movimiento llamado ciclismo.

Al ‘Penkas’ llevo viéndole desde muy pequeño. Era compañero de generación de un primo mío (1976), y raro era el fin de semana que yo no acudía a las cunetas por toda la Comunidad de Madrid para animar a Iván. Un clásico de por aquel entonces era escuchar por megafonía que Lastras había ganado la carrera del día. Me caía simpático ya desde entonces.

Tal vez sea porque Lastras es de los pocos nexos en común que tengo de mi ‘infancia ciclista’, pero el cariño que guardo hacia él es sólo comparable con el respeto que le tengo. Una frase que todavía sigo recordando se la pronunció el mítico Rafa Carrasco a Javier Ares tras su victoria en el Tour: “Es muy buen chico Javier… siempre que te ve, te saluda”.

Aún recuerdo la primera vez que le entrevisté, en la Ruta del Vino 2004. Tuve que esperar porque estaba hablando con Dominique Arnaud, director por aquel entonces del Entente Sud Gascogne de juveniles, y ex corredor de Banesto. Fue meses después de la separación de Banesto con el tándem Echávarri-Unzué. Pablo le dijo a Dominique con sinceridad, en mi presencia: “No pensé en irme a otro equipo, esperé hasta el último momento a José Miguel”. Voilà, llegó el patrocinio de Illes Balears. Lastras confió en la palabra de su jefe, y gracias a sus buenos valores humanos adquiridos, triunfó.

¿Cuál es el valor de Lastras en el esquema de su equipo? Va mucho más allá de su rendimiento en la carretera. Recuerdo cómo, en el milanés aeropuerto de Malpensa, recibió un mensaje en su móvil de Eusebio Unzué. “Felicita a los chavales de mi parte por el buen Giro realizado”, me confesó posteriormente.

Pablo es uno de los líderes espirituales del equipo, junto a Chente García, y realiza una labor impagable con los más jóvenes. Les forma como ciclistas y, especialmente, como personas. Como buenas personas. Sus consejos, según confiesan todos los ‘novatos’ que están a su lado, valen oro.

En San Martín de Valdeiglesias, Lastras es poco menos que un Dios. Visitar la ’sala de trofeos’ que se encuentra en la casa de su padre impacta. Uno se da cuenta de que está viendo en primera persona un pedacito de la historia del ciclismo español.

Y es que, conociendo un poco a Pablo, la etapa de este miércoles le ha dejado un sabor agridulce. En este Giro se ha dado cuenta de que es realmente competitivo con 35 años. El elixir de la eterna juventud tiene, en su caso, un secreto: el amor por el ciclismo. Por eso, seguirá poniendo cruces en las etapas ‘trampa’ de las grandes vueltas.  Tiene una espina clavada, y no se rendirá. Lo hará por Xavi. Lo hará el espíritu de Rosa. Eterno Lastras.

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Pedaladas en el cielo

23 Mayo 2011 por Borja Cuadrado

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El ciclismo es un deporte que simboliza mejor que ninguno los valores positivos de la vida. Se sirve, además, de las ‘infraestructuras’ que la naturaleza le ha ofrecido. Cuando la gente me pregunta sobre los motivos por los que este deporte es tan especial para mí , siempre digo: “Es como una vida a pequeña escala”. Lo único artificial que tiene una competición ciclista son las vallas y las pancartas.

El que se dedica a este deporte es, por norma general, gente que ha sido educado con la humildad por bandera. Gente que entiende a la perfección dos conceptos básicos para triunfar sobre las dos ruedas: solidaridad y sufrimiento. Si no entiendes esto, mejor dedícate a otra cosa.

En el ciclismo, como ocurre en la vida, no lo es todo el talento. Es preciso estar en el momento justo y la hora exacta. A Xavi Tondo la fortuna le fue siempre esquiva. Le costó un mundo asentarse en el profesionalismo. Su progresión recuerda a la de Ezequiel Mosquera: los mejores años han llegado con la madurez, tras un periplo por Portugal.

¿Qué significa para un ciclista español marcharse a Portugal? Salvo alguna excepción, un punto de inflexión en el que se echa un órdago a la profesión. Bajos sueldos, carreras sin apenas repercusión fuera de las fronteras lusas, y sobre todo, mucho amor por el ciclismo. El que emigra al país vecino tras haber debutado en España como profesional tiene un pensamiento perenne en la cabeza: “En este año me juego que mi sueño de niño no se quede por el camino”.

Tantos esfuerzos, tantos madrugones, para luego quedarse en el camino y emprender una vida muy distinta. Es muy duro asumir que has hipotecado toda tu juventud para no obtener ningún premio.

Tondo intercaló su doble etapa en Portugal con un paso por Relax-Gam, un equipo con muchos aspectos similares al ciclismo luso. Xavi seguía teniendo fe. Una Volta ao Portugal y una Subida al Naranco consiguieron que el tarraconense viviera su momento de mayor felicidad: fichar por un equipo, Andalucía-Cajasur, que sería invitado a la Vuelta a España.

En ese momento, con 31 años, Tondo fue consciente de que tanto esfuerzo en segunda línea le estaba dando frutos. Llegó a la salida de Assen con opciones de estar en la zona noble de la carrera. Sin embargo, el hecho de no haber corrido nunca una gran vuelta, terminó siendo un muro demasiado complicado para Xavi. Nunca olvidaré su sonrisa en una entrevista aquellos días, diciendo con la mayor de las humildades: “Es que esta gente está a otro nivel, yo pensaba que venía bien, pero nunca he corrido una prueba de tanto nivel”. Con total naturalidad, como si fuera un amateur.

Tantos sudores y madrugones, sin embargo,  le dieron su premio. Su fichaje por Cervélo ya fueron palabras mayores. A base de tesón, fue convirtiéndose con el paso de los años en un escalador de mucho nivel, y sobre todo regularidad. Tras abandonar en la penúltima etapa del Giro, finalizó en sexto lugar en una Vuelta fantástica. Su fichaje por Movistar fue inmediato. La cúpula que dirige Eusebio Unzué sabía que tenía un fichaje solvente. Una buena persona a la que, además, estarían dando el momento de mayor felicidad de toda su vida. El sacrificio de Portugal, en su caso, estaba dando sus frutos.

Su 2011 tenía una palabra por encima de todas: Tour. Sí, esa que pone los pelos de punta a todos los que hemos soñado alguna vez con dar el paseo triunfal por el mayor paraíso que existe en el planeta: los Campos Elíseos. Xavi, camino de los 33 años, llevaba todo el año emocionado sólo de saber qué sería el líder de un equipo histórico. Sería el relevo, sin ir más lejos, de Perico, Induráin y Pereiro, tres ganadores en París.

Ganar la Vuelta a Castilla y León fue la señal de que Tondo estaba por la buena senda. Derrotó sin ir más lejos, a una leyenda viva llamada Alberto Contador, y lo celebró con el mismo rostro con el que te miraba: una sonrisa perenne en la cara. Con otros ciclistas es más difícil percibir lo que sentí al ver a Xavi vencedor en Zamora. En su caso sabías que su cabeza estaba haciendo un repaso a triple velocidad de todo lo sufrido para alcanzar ese momento. Y, a diferencia de otros, sabiendo que el paso de los años, le estaba deparando sus mejores días encima de la bicicleta.

Este lunes se nos ha ido Xavier Tondo Volpini. Sólo tengo clara una cosa en esta noche repleta de lágrimas. Xavi va a conquistar de inmediato la amistad del que será su nuevo compañero de grupeta, Wouter Weylandt. Si en el cielo hay puertos de mucha pendiente, no le aprietes demasiado, que si no ‘Wout’ se vengará en las etapas con menor dureza. Muéstrale tu mayor virtud, la sonrisa de un gran ciclista que se hizo a sí mismo. Una sonrisa, la tuya, que ya es inmortal.

DEP Xavier Tondo

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Weylandt, un bochorno mediático

11 Mayo 2011 por Borja Cuadrado

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El silencio de una madrugada primaveral es espléndido para hacer balance del día. Para el que esto escribe, la sensación sigue siendo realmente extraña. Me cuesta afrontar los quehaceres de la misma forma que días atrás. Intento disimularlo con la gente, pero en mis adentros hay una parte que me dice que no tengo nada que celebrar tras la muerte de Wouter Weylandt. Como si fuera una falta de respeto hacia él, su familia y el mundo del ciclismo en general. Una sensación extraña, para qué negarlo, pero de una paz interior total.

En mi post ‘El ciclismo es inmortal’ hubo un aspecto que quise evitar a toda costa: la cobertura mediática del triste fallecimiento del velocista belga. Me pareció justo ignorar uno de los temas más comentados desde todos los ámbitos de la sociedad. Quise separar el hecho de la noticia: no podía consentir que el periodismo tuviera tanto protagonismo en un día así. ¡Que había muerto una persona!

Sin embargo,  y tras dejar pasar las horas, ha cambiado mi percepción con respecto al tratamiento de los medios sobre la muerte de Weylandt. He pasado de la rabia a una sensación letal de vacío. El ciclismo no merece ser el juguete con el que las diferentes cabeceras incrementen sus beneficios. Hay que negarse rotundamente. Lo sucedido durante martes y miércoles es para que la sociedad, y el periodismo en sí, reflexione.

No fueron todos, pero tampoco fueron pocos. ¿Por qué se emitieron imágenes tan duras y explícitas del estado de Weylandt en televisión, periódicos y ediciones digitales? Lo triste de todo es que la muerte del corredor de Leopard-Trek aporta beneficios económicos al periodismo.

Esta profesión se ha convertido en un circo y me apena. Y visto lo visto, ya no sólo en lo que concierne al llamado ‘mundo del corazón’, una de las mayores lacras que existen, sin ir más lejos, en España. Mientras, otro corazón, el del dignísimo ‘Wout’, tuvo un desenlace cruel, que pudo además seguirse con todo lujo de detalles.

No viví el periodismo de décadas atrás, pero creo que debió parecerse más a lo que yo quería ser de pequeño. Información, veracidad y ante todo, respeto. Creo que jamás percibiré esa sensación, pero de cobardes sería rendirse a estas alturas del camino.

Hoy en día, con el auge del periodismo digital, se ha perdido un toque humano esencial. Se ha pasado de vivir el acontecimiento en primera persona a seguirlo, por norma general, desde una oficina en la que se trabaja en tromba. No existen los hechos. Lo importante es que las noticias que se hagan den tráfico, que ‘tiren’, como se dice en el argot. Incluso, y lo digo por experiencia, la gente comenta con cierta mofa “pues menos mal que hoy ha muerto…”.

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Por eso, me duele recordar las imágenes vistas en versiones digitales de diferentes medios de comunicación, algunos de ellos de un nivel de incidencia increíble en la sociedad. Por suerte, mis compañeros de deportes en EcoDiario.es no han podido tratar con mayor rigor y respeto este delicadísimo asunto. Me hubiera costado mirarles con buenos ojos en caso de hacer lo contrario.

Me dolió especialmente lo visto en el Telediario de TVE1. Cómo no, abrieron el martes su tiempo de deportes con la muerte de Weylandt. Para colmo, emitieron un reportaje con diferentes tragedias ciclistas, sin escrúpulos a la hora de selecciones las imágenes. Me tembló el cuerpo de nuevo al ver a José Antonio Espinosa bañado en su propia sangre durante un critérium en Fuenlabrada. Más que otra cosa porque lo viví junto a las vallas en 1996, y no era necesario que se me vinieran a la cabeza tan tristes escenas. Eso sí, tras el reportaje morboso del día la frase del presentador fue “bueno, pues vámonos ya al fútbol”. Para no perder un segundo más con las banales y rutinarias noticias diarias de Madrid y Barça. Lo que les demanda el pueblo, vamos.

Me encantaría que se hubiera dedicado mucho espacio en los medios al formidable triunfo de Ángel Vicioso, en caso de no haber ocurrido la desgracia de Weylandt. Lamentablemente, entre todos se ha estrangulado tanto el ciclismo que hay que esperar a una ‘contra-noticia’ para verlo en las portadas.

Lo único bueno, que obviamente no puede haberlo en la muerte de una persona, es que cada aficionado al ciclismo, aplaudirá con más rabia cuando vea pasar a sus ídolos; que cada corredor intentará ganar con más fuerza aún para poder dedicarle una victoria a Weylandt; que el periodista que de verdad ama el ciclismo intente tratarlo con más cariño y tacto, para que la gente que quiere relajarse con información deportiva, encuentre noticias que reflejen el esfuerzo y honor de estos valientes deportistas. En resumidas cuentas, que la gente del ciclismo sea más que nunca una piña. Es el legado que nos has dejado, ‘Wout’. Estamos obligados a corresponderte.

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El ciclismo es inmortal

9 Mayo 2011 por Borja Cuadrado

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Hay días en los que uno está completamente absorbido por algo. Tal vez, en mayor medida cuando es por una situación adversa, negativa. Por desgracia, me está sucediendo con la muerte de Wouter Weylandt.

Cierto es que el ciclismo no es el deporte más seguido del mundo. Sin embargo, cuenta con un caparazón que protegen todos los que lo aman. Posiblemente, todo el que adore este deporte lo colocará -sin exagerar- como uno de los elementos más importantes de su vida. Ya sea a nivel de practicante o de simple seguidor. Excluyo, obviamente, a ciclistas profesionales. Para ellos no cabe la menor duda.

También lo era para Wouter Weylandt. Algunos lo califican ahora como un gregario de segunda fila. Para mí era un velocista que aún podría explotar, estando en el lugar justo y en el momento preciso. ¿Podría haber sido el Giro?

La temporada de Wouter tenía su epicentro en la Vuelta a España, la prueba que le dio a conocer para el gran público. Apareció en la salida de Turín para suplir al lesionado Bennati. Como todos los porteros suplentes que juegan por lesión del titular, dijo: “Es una pena correr por la baja de un compañero”. Parte de cierto tendría, pero no nos engañemos: a nadie le amarga comer un dulce.

El destino es incontrolable. Podríamos hilar fino, y pensar que si la espectacular caída que hubo en el GP Scheldeprijs hubiera dejado algo más que ‘chapa y pintura’ en el cuerpo de Wouter, no hubiera podido ni suplir a Bennati. Sin embargo, la suerte que tuvo en aquella montonera le ha sido vilmente contrarrestada en esta ocasión, sobrepasando hasta el último extremo los límites.

El ciclismo es, posiblemente, el deporte que mayores problemas internos tiene, siempre y cuando una de las partes sea alguien que trabaje con traje y corbata en un despacho. Sin embargo, su cohesión es total y absoluta cuando la gente se ha vestido en alguna ocasión con un maillot. La unidad es indestructible.

¿Podría haberse evitado el fallecimiento de Weylandt? Pablo Lastras ha dicho que “se veía venir algo así”. Sinceramente, estremecedor relato que compartió con periodistas españoles antes de tomarse la salida a esta fatídica jornada. Viniendo del ‘Penkas’, seguro que la frase no estaba lanzada al azar. Para algunos ha sido oportunista. Horrillo sufrió un accidente aparentemente más brutal, y ahí está, reconociendo hoy que es un privilegiado por poder contarlo, a diferencia de Weylandt.

El camino será muy duro para TODOS los que componen la caravana de la ‘corsa rosa’, desde el primero hasta el último. Si de por sí la muerte de un ciclista es suficiente drama, peor es aún que suceda al tercer día de competición, convirtiendo el resto de carrera en una cuesta arriba muy desagradable.

Pero si algo me ha llamado poderosamente la atención ha sido el brutal revuelo generado en las redes sociales tras el deceso de Weylandt.  Muchísima gente, muchos de ellos sin conocer de nada al ciclista, han sufrido mucho, de verdad. La gente que ama este deporte considera todo lo que huele a bicicleta como de su familia. Y esa familia, por supuesto, te acoge y te cuida como si llevaras en ella toda tu vida.

Cada día tengo más claro que el ciclismo está hecho de otra pasta. Por eso es el deporte más espectacular, solidario y humano que existe. Pensadlo durante unos segundos, ¿qué sería de vuestra vida sin el ciclismo? 

DEP Wouter Weylandt

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El Giro, termómetro del ciclismo

7 Mayo 2011 por Borja Cuadrado

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El Giro de Italia ya está en marcha. Marco Pinotti tendrá que agradecerle a Alberto Contador que haya decidido volver a la ‘corsa rosa’. El dato es significativo: el italiano ha ganado las dos últimas etapas en las que el pinteño ha participado (crono final de 2008 y crono por equipos de 2011).

Por delante, tres semanas donde la fascinación por el mejor ciclismo va a erigirse en indiscutible protagonista. “El Giro es la carrera más bonita del mundo”, dice buena parte de las personas que guardan algún grado de relación con este deporte.

Sin embargo, estamos ante una prueba inestable, a nivel de cobertura, en España. Sus ‘altos y bajos’ han sido una constante desde hace más de una década. Navega contracorriente y, por suerte, al final encuentra su hueco en los medios españoles.

La explicación es la siguiente. Vuelta y Tour tienen, de alguna forma, su cuota de mercado asegurada, y una cobertura más ‘estable’. Es decir, cuando llega julio los medios de comunicación hablan sí o sí de la ronda gala. Ahora, en pleno dominio de Contador, se habla más que en la travesía por el desierto que fue la ‘dictadura’ que impuso Lance Armstrong. Pero si no estuviera el pinteño, la ‘Grande Boucle’ no pasaría tampoco desapercibida. La nula competencia deportiva de julio siempre jugará ensu favor.

Algo similar sucede con la Vuelta. Es la carrera de casa y, de alguna manera, los escenarios y el cariño por el ciclismo están por encima de los protagonistas. Véase la jornada de la Bola del Mundo del pasado septiembre. Nibali por aquel entonces no tenía ninguna gran vuelta en su palmarés y Mosquera tampoco pasa por ser el ciclista más mediático del planeta. ¿Recuerdan tanta expectación en una etapa de la Vuelta desde el descubrimiento del Angliru?

Hablemos del Giro. Durante la época de Induráin, era una carrera tan importante como el Tour e incluso, por encima de la Vuelta. En los pocos ratos de aburrimiento que me deparó mi etapa en MARCA, revisaba los enormes tomos en los que se encuentran todos los periódicos de la historia. Por supuesto, centrándome en ciclismo.

Un ejemplo me dejó en estado de shock, porque yo era muy joven y no lo recordaba con tantos detalles. Dos días antes de comenzar el Giro’93, MARCA abría su edición con unas quince páginas dedicadas al arranque de la ‘corsa rosa’. Se centraban en la llegada de Induráin a la isla de Elba, pero dedicaban páginas íntegras sobre el resto de equipos españoles. Se vendía, además, la rivalidad entre Banesto y ONCE de una forma evidente, aunque de una forma saneada.

El ejemplo de las radios era magnífico. El Giro se cubría en directo en todas las radios nacionales, y era uno de los eventos más relevantes del año. Incluso las televisiones se pegaban por los derechos de la carrera. Fueron ‘inolvidables’ los dos años en los que Telecinco ofreció el Giro, con Kike Supermix regalando bicicletas Klinton mientras las etapas decisivas estaban resolviéndose… bueno, eso ya serviría para abrir otro post.

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Pero las tinieblas llegaron para el Giro en España con la retirada de ‘Big Mig’, como siempre se le conoció en el mundo anglosajón. Las radios, aguantando la inercia de los años de gloria, siguieron ofreciendo la carrera hasta que dejaron de hacerlo. Los periódicos fueron reduciendo sus páginas ciclistas, y la televisión generalista maltrató con crueldad a una prueba tan prestigiosa.

TVE se desentendió del Giro, que fue turnándose por algunas emisoras autonómicas, Localia, Vocento… en muchos casos con contratos que se firmaron a dos días del inicio de la carrera. Con prisas y mal… y al año siguiente si te he visto no me acuerdo.

La única cadena de televisión que apostó con fuerza por el Giro fue Eurosport, eso sí, con las consiguientes limitaciones que ofrece una cadena de pago. Desde 2001, impecable trabajo de la cadena ‘pan-europea’, pero que desgraciadamente pasaba desapercibido para el aficionado que podía permitirse el lujo de pagar por ver ciclismo.

El Giro es muy prestigioso, pero no le interesa a la gente, debió pensar TVE en 2008. Jamás se vivió una situación tan surrealista en la cobertura de un evento deportivo. Se le ignora, se le maltrata… y luego a toda prisa el Ente Público desplazó a un equipo de enviados especiales a Milán para ver coronar al madrileño.

Es decir, una carrera que ignoraron los medios se convirtió en apertura de todos los informativos, despliegue fantástico en prensa… y ‘rompiendo’ las aperturas de los portales de de Internet con el mismo tamaño que, por ejemplo, la muerte de Bin Laden.

Y así hemos llegado a 2011. Los brotes verdes llegan para el Giro en España. Al margen de Eurosport, Veo7 y ETB, uno se encuentra con la alegría de que una emisora de radio, COPE, emitirá en directo los finales de etapa, con comentaristas de tronío como Óscar Pereiro. Los enviados especiales, ver para creer hace unos años, han crecido de forma exponencial… desde el primer día. Este año, pase lo que pase, que nadie se queje de cobertura en los medios. ¿Siete tutti pronti?

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“Hay que vender el muñeco”

2 Mayo 2011 por Borja Cuadrado

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Acaba de finalizar una semana especial en el mundo del ciclismo. Se han disputado Tour de Romandía y Vuelta a Asturias, pero ha llegado un momento en el que uno la recuerda como la semana en que se corrió la Vuelta a Turquía.

Es indudable que los tiempos están cambiando, evolucionando o involucionando, pero cambiando al fin y al cabo en el ciclismo. Para ver las dos primeras carreras, ilustres donde las haya, hemos tenido que recurrir a ’streamings’ por Internet de mayor o menor calidad. Turquía, la prueba menos prestigiosa sobre el papel, se ha adueñado de Eurosport HD, y nos ha vuelto a conquistar a todos.

Es cierto que la participación va mejorando año tras año en la ronda otomana, sí. Sin embargo, si hay algo que destaca por encima de todo son los paisajes, especialmente la calidad con la que se emite en la pequeña pantalla. He podido comprobar que hay gente que no es aficionada al ciclismo que ha disfrutado cada tarde con la Vuelta a Turquía. En lugar de ver un documental de viajes, qué mejor que disfrutar de esta portentosa exhibición de la televisión turca… y de la organización de carrera.

En la Vuelta a Turquía los recorridos vienen dictados por los paisajes. Más allá de la orografía del país, lo importante es que los ciclistas sirvan como excusa para poder tomar un plano espectacular que muestre una playa paradisíaca, por ejemplo. No te das cuenta, pero estás viendo una especie de publirreportaje de una altísima calidad.

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La Alta Definición es cara, pero a la vez rentable. Ver rodar a un pelotón por rectas kilométricas es algo infumable, le pese a quien le pese. Por eso, ejemplos como el de Turquía son un precedente buenísimo para definir cuál es el camino a seguir por el ciclismo… y muy malo para los que no apuesten por las nuevas tecnologías.

Obviamente, me estoy refiriendo a TVE, y en concreto a la Vuelta a España. Sus arcáicas retransmisiones suponen un lastre considerable para el aficionado. Ha habido una notable progresión en los últimos años en lo que se refiere a los contenidos: previas con entrevistas y reportajes didácticos para los menos entendidos. Sin embargo, la progresión en cuanto a la realización no llega.

Los planos muestran una monotonía alarmante y una falta de dinamismo frustrante, incluso en las etapas de mayor emoción. ¿Y qué decir de los rótulos? Uno entra en Youtube para recordar vídeos de hace 20 años, y al margen de la nostalgia que genera ver algo del pasado, tengo la sensación de que no se ha progresado nada. Cuando el director de Teledeporte es un apasionado del ciclismo, la frustración es aún mayor.

Y es que en el ciclismo es tan importante el espectáculo como el envoltorio. ¿Se imaginan el Giro de Italia con la realización de France Television y en Alta Definición? En Italia y, por consiguiente, en la RAI, ocurre tres cuartos de lo mismo que en España. ¡Dichoso helicóptero! Menos mal que, en este caso, el deporte en sí sigue prevaleciendo por encima de cómo se vea por televisión. El Giro siempre será el Giro, claro.

Este bendito deporte, en resumidas cuentas, tiene que seguir el camino de la Vuelta a Turquía. Nunca ver etapas -algunas- de poca calidad deportiva fue tan atractivo. Debe ser un país bonito. Sin embargo, viendo su carrera te parecerá el país más apasionante del mundo. Y no creo que sea para tanto.

Para los que dicen que el ciclismo es aburrido: ¿quién no recuerda la imagen más morbosa del último Tour? No, no hablo del problema mecánico de Andy Schleck. Me refiero al drama que todo el mundo vivió mientras un caracol se aproximaba al suicidio, es decir a una carretera que estaba a punto de ser transitada por el pelotón. Un contrapicado del cámara -con mala leche, pero una creatividad bárbara-, finalizó con el suspiro de alivio. Y es que el caracol, por fortuna, salió con vida del Tour.

Lo decía el fallecido Andrés Montes, grande entre los grandes por sus frases más que por sus motes: “Daimiel, si aquí lo importante es que sepamos vender el muñeco”.

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La ‘Batalla de Rivoli’ y la afición vasca

15 Abril 2011 por Borja Cuadrado

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Sigo impactado por la carta de Jens Voigt a los aficionados vascos. Que se acuerde, concretamente de ellos, uno de los corredores más curtidos durante los tres últimos tres lustros, es señal de que guardan un misticismo especial dentro del ciclismo.

¿Qué tendrán ellos que no tengan los demás? En el ciclismo hay otras aficiones renombradas: los ‘tiffosi’ italianos durante el Giro o la locura que pueden desatar los ‘pirados de la capilla’ que cada año acuden, religiosamente, a desgañitarse en el Muur y por todo el Tour de Flandes, por extensión.

Sin embargo, Voigt, camino de los 40 años y en plena recta final de su brillante trayectoria profesional, ha elegido a la afición vasca. Los halagos no son, precisamente, casualidad.

El ciclismo es una religión en el País Vasco. Es indudable y la afirmación no aporta nada que no se sepa. Sin embargo, los vascos combinan una serie de aspectos que les convierten en la ‘afición perfecta’: pasión por el ciclismo, conocimientos, respeto y emotividad. Un cocktail insuperable a nivel mundial.

Para aportar mi granito de arena sobre el asunto, es inevitable que se me venga a la cabeza la ‘Rue de Rivoli’. Su ubicación es inmejorable en el centro de París: paralela a las Tullerías y Louvre, y con desembocadura en la Plaza de la Concordia. Se llama así en homenaje a la célebre ‘Batalla de Rivoli’ (1797), en la que las tropas de un Napoleón en auge derrotaron a los austríacos en plena ‘Primera Coalición’, lo cual desembocó en la rendición de Mantua… tan de moda en el ciclismo por temas no tan agradables, precisamente.

Pues bien, en esa maravillosa ‘Rue de Rivoli’ se encontraba un servidor disfrutando detrás de las vallas de la etapa final del tercer Tour de Francia que conquistó Lance Armstrong. Bajo un calor asfixiante, que rozaba los 40º, me situé a unos 2 kilómetros de meta, donde pude, porque todo el que conoce el final del Tour sabe lo difícil que es colocarse en posición de privilegio para vivir el desenlace de la ‘Grande Boucle’. Junto a nosotros se colocó una pareja de aficionados que portaban una camiseta naranja. Fue fácil adivinar de dónde venían…

No era una etapa pirenáica, pero no hizo falta para comprobar que cumplían a la perfección las características del buen aficionado vasco. Mostraron pasión en cada una de las ocasiones que rodó el pelotón por nuestra ubicación. Aplausos que rozaban la violencia para dejar claro que no estaban allí de paseo.

El respeto lo demostraron con nosotros. Tuvimos que abandonar la valla por unos minutos -sinónimo de perder la posición y tener que recorrer marcha atrás un kilómetro para buscar un hueco-, y cuando volvimos no sólo nos habían reservado el hueco junto a la valla, sino que nos prepararon un buen bocadillo, además de ‘regalarnos’ una de las famosas manos gigantes verdes de PMU con las que los aficionados esperan a sus héroes en meta. Sí, las de infausto recuerdo para Hushovd camino de Estrasburgo en 2006, cuando casi le desangran en pleno esprint.

Los conocimientos de todo aficionado vasco están fuera de toda duda. Se conocían hasta los invitados que acudían en los coches de los equipos más variopintos de la carrera. Uno tiene la sensación a veces de que el ciclismo sólo lo siguen cuatro ‘frikis’ que ves en los foros de Internet, pero cuando te encuentras con alguien así en persona, se agradece.

¿Y la emotividad? Este fue el aspecto que más me impactó. El año 2001 fue histórico para el País Vasco. Por primera vez participó en el Tour el equipo de la tierra, el Euskaltel Euskadi. Lo hicieron a lo grande, además, con triunfo de Roberto Laiseka en Luz Ardiden. Pero eso no fue lo más importante para mis compañeros de valla.

Para ellos, lo importante era ver que el hecho de lucir el color naranja en los alrededores de los Campos Elíseos estaba siendo correspondido por lo que estaban viendo en la carretera. El sueño de todo el pueblo vasco, en resumidas cuentas. Esa fusión provocó el estallido de ambos. Empezaron a llorar a llanto limpio, mientras se fundían en un abrazo profundo. A uno le pilló todo por sorpresa, y se me pusieron los pelos de punta. Definitivamente, entiendo a Jens Voigt.

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Muur van Geraardsbergen: sangre y velocidad

3 Abril 2011 por Borja Cuadrado

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La épica y el ciclismo van de la mano, llegando a alcanzar en muchos casos la agonía más extrema. El Tour de Flandes es una de las pruebas con mayor Historia de este deporte, más valoradas por los propios protagonistas y la afición. Por encima de todo, como no, con la fábula del Muur van Geraardsbergen a la cabeza.

Geraardsbergen fue destruído en 1381 por las tropas de Gerard IV de Enghien. Para ello, la ciudad fue sitiada, y la resistencia de los habitantes locales fue impresionante.Cuenta la leyenda que las gentes de Geraardsbergen lanzaban comida de sus hogares mientras vivían el asedio de las tropas. ¿Qué buscaban? Lanzar un golpe de orgullo que dejara claro que tenían viandas para rato, y que sería difícil derrotarles. La batalla fue cruel y desigual.

El drama en Geraardsbergen fue absoluto.  Mucha gente trató de huir por el empedrado, que era la única forma de escapar hacia no se sabe dónde. El coraje y valentía de los habitantes de esta ciudad de Oost-Vlaanderen dejó un legado místico difícilmente comparable en el mundo del ciclismo.

Hace siete siglos, la gente intentaba escapar de la muerte. En la actualidad, por esos adoquines repletos de historia, los héroes de nuestro deporte intentan otro tipo de huída por esas empinadas cuestas, en este caso hacia la gloria. Antes y ahora, marcados por la velocidad y la agonía. La gloria final se encuentra en la meta de Meerbeke. Sin embargo, el paraíso y la leyenda se citan a 13 kilómetros antes de la línea de meta. El Muur van Geraardsbergen pasa por ser uno de los lugares con mayor misticismo del deporte de las dos ruedas, y como consecuencia, del Norte de Europa.

Cada año, las previas de los diferentes medios hacen uso del habitual rosario de ‘tags’ relacionados con este tramo de 1,1 kilómetro de longitud y pendiente media del 9,3 %, alcanzando un máximo desnivel del 19,8%. Grammont, Geraardsbergen, Muur-Kapelmuur… Muchas veces se usan sin saber exactamente lo que significan, partiendo de la base de que no pertenecen ni siquiera al mismo idioma.

Grammont y Geraardsbergen significan lo mismo (en francés y flamenco): la ciudad en sí. Por cierto, una de las primeras ciudades que existieron en la Edad Media en Bélgica.

Más confusión existe con la expresión Muur-Kapelmuur. En verdad, no son lo mismo. El ‘Muur’ es el tramo completo, que arranca en las faldas del pueblo, mientras su última sección es el denominado ‘Kapelmuur’ (muro de la capilla, en flamenco). En verdad, poco más de 30 metros.

La gente que visita este monumento del ciclismo recuerda a la perfección su trazado, y pueden recitarlo de memoria con el paso de los años. Dicen que no hay nada comparable a la prueba que la organización de ‘De Ronde’ prepara para los cicloturistas. Hay que saborear metro a metro, adoquín a adoquín. Llegar a la capilla es un éxito de por sí.

Todo comienza tras cruzar el río Dender. A partir de ese momento la carretera se empezará a empinar de forma inevitable. El aspecto medieval es impactante. Como si los años no hubieran pasado.Es un tramo asfaltado, pero que hay que afrontar con respeto.

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Entonces se atraviesa la mítica curva a derechas donde arranca el infierno. Es el denominado Oudebergstraat (Calle de las cuestas viejas). El tembleque se impone en todo el cuerpo: por los nervios y por la inercia que produce en el cuerpo el adoquín. Eso sí, y seguro que no es casualidad, en pleno giro se encuentra una cervecería con un enorme cartelón que dice ‘Jupiler’, famosa marca de cerveza en Bélgica. Los menos valientes optan por un refrigerio antes que por seguir la ascensión. En carrera, es otra cosa.

La pendiente empieza a dramatizarse. La carretera, a estrecharse. La gente dejándose la voz es cada vez mayor. No es fácil colocarse por el lado que da al interior. La inclinación es tan salvaje, que se puede producir una ‘montonera’ de aficionados en el peor momento. Pero no, es imposible. La hipnosis que siente la gente es tan salvaje, que los pies se fijan en el suelo. Espacio no hay, ganas de vivir un momento irrepetible, todas y más.

Tras un par de giros, se aproxima la hora de la verdad. Una curva a izquierdas desencadena en uno de los puntos más álgidos del ciclismo mundial: el tramo de mayor pendiente del Muur. El sobreesfuerzo es poco menos que inhumano, y más con los 242 kilómetros que llevan las piernas. Las escenas son dantescas: ciclistas retorciéndose sin igual, y en muchos casos, poniendo pie a tierra. Flandes y Muur en estado puro.

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Nos acercamos al Kapelmuur. Antes de llegar, hay uno de los más famosos puestos ambulantes de la carrera. Los aficionados ya habrán hecho la digestión de los ‘frituur’ (especialmente las patatas fritas, bien pasadas por la sartén). Los tiempos han cambiado. Antes la gente tiraba comida en señal reivindicativa. Ahora, la devoran antes de ver a los esforzados de la ruta.

Finalmente, en mitad de la marabunta, se divisa la capilla más mítica del deporte mundial, la de Oudeberg. Coronarla es un reto, continuar con fuerza hacia Meerbeke, una hazaña.

Uno lleva grabado con fuego desde hace años una frase del fallecido Jeff van Looy, antiguo director de Meta2Mil. “En Bélgica habrá muchos tramos duros con adoquines, pero sólo hay dos muros: Huy y el Muur”. Disfruten el Tour de Flandes 2011.

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Dopaje y verdad absoluta

25 Marzo 2011 por Borja Cuadrado

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Finaliza el 24 de marzo, desde hace tiempo la fecha señalado con una cruz por el mundo del ciclismo. El futuro de Alberto Contador, mejor ciclista del mundo, sigue en el aire. Una noticia lamentable, a todos los niveles.

Este tinglado del ciclismo y sus organismos internacionales está muy, pero que muy mal montado. Cada entidad, ya sea del deporte o de cualquier otro ámbito de la vida, trata de camuflar sus carencias y vender sus cualidades. El ciclismo, no. Cuanto más desnudos estemos, mejor. Pues sí, así nos va.

No vengo aquí a defender a Contador, como podría deducirse de los párrafos anteriores. Tampoco a atacarle, porque mientras se demuestre lo contrario, es inocente. Lo que vengo a mostrar es mi profunda decepción ante la larga duración de un proceso que no ayuda absolutamente a nadie.

Contador se habrá dopado o no. Sin embargo, cuanto más se vaya ramificando el asunto, más tengo la sensación de que el veredicto final será el que tenga que ser, sin tener por qué reflejar la realidad, alejado de LA RESPUESTA, como pide el director del Tour de Francia, Christian Prudhomme.

Estos casos que tardan tanto en resolverse me recuerdan a los correveidiles en que se convierten los rumores que se dan en el trabajo o en la familia. Van pasando de boca en boca por diferentes personas, y al final lo que te llega es más que probable que cuente con una notable dosis de distorsión… o que incluso no tenga que ver nada con lo realmente sucedido.

Esa es la sensación que tengo con el ‘caso Contador’. Unos le sancionan provisionalmente, otros tienen que decidir y le sancionan con un año… pero unos días después le consideran inocente. Los primeros se tiran una eternidad en decidir (me consta que la decisión no ha estado siempre tan clara) que hay que recurrir la decisión del segundo, tras haber ‘rajado’ todo lo posible y más sobre el ciclista. Todo ello lo hacen de la mano de un tercero. ¿Y quién tiene que resolver? Pues un cuarto. Todo ello, ocho meses después de que se produjera el positivo.

Este cuarto ya ha dejado claro que se muestra pesimista en resolver el caso antes del Tour, es decir dentro de cuatro meses. Y, atención, que una resolución insatisfactoria del caso, terminaría en un quinto.

Parece claro que estamos ante un caso de una complejidad mayúscula. Asumo que no es fácil comprobar si Contador se dopó o no, pero me queda la sensación de que con tantas ‘interferencias’, será declarado culpable o inocente por motivos de ‘ingeniería del Derecho’. ¿Y la verdad absoluta? Me temo que nunca la conoceremos. Si el solomillo levantara la cabeza…

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