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Una crónica diferente

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Os escribo en vivo y directo desde la tribuna central del Ellis Park, afín esta tarde a la causa italiana. Conocéis de sobra su estilo: una dulce agonía que culmina en esa jugada rocambolesca y atropellada con la que siempre sobreviven, ¡claro que sí! Ellos manejan como nadie los tempos de este tipo de partidos y saben de qué va la vaina. Bueno, tampoco deseo del todo que la campeona siga abriéndose camino. A mi lado se sienta Marek, un fotógrafo de Bratislava encantado de la vida. Se sobreexcita cada vez que su equipo amaga con cercar el área italiana; refunfuña si los de alrededor vitorean a Cannavaro y aguanta el aire cuando asoma la terna de delanteros que Lippi ha sacado a pasear. No es ninguna bola: Italia juega hoy con tres arietes. Creo que estoy presenciando un hecho histórico en ochenta años de mundiales.

¡Ay va!, Eslovaquia acaba de marcar y mi grada casi estalla por los aires: otro eslovaco no para de bramar y, como no le entiendo, deduzco que agradece el momento de éxtasis. En la fila justo debajo de la mía hay dos coreanos que están flipando; me gritan en inglés (el ruido de las malditas vuvuzelas es ensordecedor) que la campeona está noqueada. Yo les respondo que soy español y que no me importa quién pase. He venido a ver a La Italia  para incordiar a Cannavaro (por aquello que sabe español), en su defecto a Zambrotta (dos añitos de pachorra en Barcelona) y si soy muy torpe, me contentaré con una entrevista al italo-argentino Camoranesi. Vamos, grabar a alguien, aunque sea el aguador. A veces éstos te cuentan algún secretillo de vestuario.

Tanta Italia, tanta Italia, y por el momento poco más que once tíos atusándose el pelo cada dos por tres. Fijaos si les preocupa la moda que cuando Eslovaquia ha sacado de centro tras el pitido inicial, el portero Marchetti estaba peinándose…¡sin los guantes puestos! Soy yo su entrenador y no vuelve a jugar con la selección. En fin, que se acabó la primera parte y hoy no veo animadoras por ninguna parte. Sí las hubo en el Brasil-Corea del Norte, porque para esas pantomimas los brasileños se lo montan como nadie. ¡Ay, no!, perdón: ahora mismito acaban de aparecer las cheerleaders. Ya me parecía raro que los italianos fueran tan pavisosos, o quizás hayan sido los eslovacos quienes hayan insistido en amenizar el descanso.

Acaba de reanudarse el partido y la temperatura ha descendido vertiginosamente. De doce o trece grados hemos pasado a siete, me lo ha dicho un locutor brasileño que está sentado con el gran Mauro Silva, otro de los comentaristas estrella de este Mundial. Si dentro de un rato no tengo mucho ajetreo, le recordaré un par de discotecas de La Coruña. Aunque, pensándolo bien, éste era de los que se cuidaban y no le iba mucho la samba de noche.

Amigos, aquí termina esta crónica porque empiezo a estar aterido de frío y mis dedos no aciertan a pulsar la tecla correcta. El desenlace del partido lo habréis visto por la tele y si no, lo leéis aquí, en Ecodiario. Me despido con el ruido atronador de las trompetitas, ¿por qué? porque la gente está jaleando la salida al campo de Pirlo y me apetece verle con una cerveza…sin alcohol, tranquilos.  

   

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Una respuesta a “Una crónica diferente”

  1. Toni pirulas dice:

    muy bueno Vana, pero lo tenías que haber terminao hombre…
    Disfruta lo que puedas la experiencia!

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