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Archivo de Agosto, 2008

Líderes en la prensa

Domingo, 31 Agosto 2008

Por azar o por cualquier otra razón menos aleatoria, Rodríguez Zapatero y Rajoy han sido entrevistados el mismo día en los dos periódicos de más tirada, con una particularidad: ambos aparecen en el medio que apoya preferentemente a su adversario.

Los papeles institucionales y políticos de los dos son distintos, obviamente, y en este caso también el objetivo de la entrevista respectiva. Pero el contraste resultaba atractivo, y a buen seguro que los partidarios de uno y otro se han reafirmado en sus preferencias. Rajoy es generalista y displicente, Zapatero minucioso y soñador. Y entre la retórica de unas declaraciones tan amplias, plagadas por tanto de lugares comunes y de reiteraciones de lo ya conocido, cabe subrayar algunas –pocas- novedades llamativas.

Por parte de Rajoy, tenemos ya en esquema su propuesta de política económica para afrontar la crisis: una reducción del impuesto de sociedades de las pymes hasta el 20% (está en el 25); una elevación de las deducciones fiscales por los intereses de créditos hipotecarios, desde el 15 al 25%; un crecimiento del gasto público en el Presupuesto para 2009 no superior al 2% (el Gobierno pretende el 4%, con un crecimiento nominal del 3,5%); mantenimiento de la inversión productiva y aceleración de la reforma del mercado laboral, hacia más flexibilidad con mayor estabilidad en el empleo; y actuaciones en pos de la productividad. Asimismo, Rajoy ha dado una buena noticia: está dispuesto a pactar la financiación autonómica con tres condiciones razonables; la unanimidad, no aumentar los impuestos y no dejar desprotegido al Estado. Si se piensa que Zapatero ha reiterado últimamente que el Estado ha de gestionar al menos el 50% de los recursos públicos, parece que el gran acuerdo es verdaderamente posible.

Zapatero, por su parte, ha sorprendido a todos calificando (sin ironía alguna) a Aznar de “gran presidente”, comparable con González, y anunciado una próxima entrevista con él. Pese a negar cualquier “síndrome de La Moncloa” que lo eleve a esta altura desde la que se divisa a los mortales con angélica perspectiva, Zapatero ha llegado ya a la edad de la magnanimidad, y ésta es una prueba de madurez. Con respecto a la crisis, su posibilismo optimista ha vuelto a brillar: “España puede afrontar con más tranquilidad un ciclo económico adverso como el que vivimos”. Que Dios le oiga, porque los de aquí abajo somos bastante más escépticos.

Solbes, en su sitio

Viernes, 29 Agosto 2008

La intervención de Solbes en la ingrata comparecencia del jueves en el Congreso de los Diputados, ante la agresividad de unos interlocutores que se juegan mucho en el sistema de financiación autonómica que está en juego, fue irreprochable. Varias de sus afirmaciones ponen los puntos sobre las íes a los nacionalistas: “No habrá aportación para servicios no básicos: una cosa es la televisión y otra la Justicia”, dijo en velada crítica a varias televisiones autonómicas con elevadas deudas. En otro momento aseguró, para desconsuelo de CiU y de ERC (y quizá también del PSC), que “Cataluña no es la primera, ni la segunda, ni la tercera autonomía con más dificultades de financiación”. Y fue particularmente significativa esa otra: “La LOFCA no desapareció con el ‘Estatut’: sin multilateralidad no hay encaje en el sistema”. En definitiva, se advirtió que el vicepresidente económico es totalmente consciente de su papel, de su obligación de encajar todas las demandas y de limitar las imposibles exigencias de quienes  pretenden obtener una solución particularista que rompa la unidad del conjunto. Paradójicamente, la posición de Solbes es la auténticamente “federal”, frente a quienes se llaman así sin serlo.

El auditorio de Solbes estaba formado por los representantes de los diversos intereses que habrá que conjugar a la hora de conseguir un sistema de financiación acordado por todos. Era lógico, pues, que todas las partes mantuvieran una firme e irreductible oposición a la postura omnicomprensiva del ministro. Pero sólo a partir de los criterios enunciados por éste se podrá obtener una solución, que habrá de estar irremisiblemente basada en dos principios constitucionales: solidaridad y multilateralidad. El acuerdo en todo caso no provendrá del debate parlamentario, político, que está agotado, sino de la discusión técnica que se desarrolle en el Consejo de Política Fiscal y Financiera.

Hasta el portavoz del PP, Montoro, siempre beligerante, tuvo que ceder al final ante las razones de Solbes: “si hubiera hablado así desde 2004, nos habríamos ahorrado algunos viajes”. Y tenía razón.

Las televisiones convierten el machismo en espectáculo

Jueves, 28 Agosto 2008

El machismo está, por desgracia, constantemente presente en las televisiones, en los informativos de las televisiones, que desgranan los episodios trágicos que se suceden con pertinaz y dramática persistencia. Y las repulsivas noticias se acompañan ahora casi siempre con el oportuno recordatorio de que existe un teléfono, el 016, de apoyo a las víctimas y con constantes alusiones al inexorable deber ciudadano de denunciar aquellas tragedias de esta índole que se conozcan por vecindad o por otra razón para tratar de impedir el desahogo de los monstruos sobre sus víctimas. El derecho a la intimidad del hogar no debe prevalecer sobre el derecho a la vida de las infortunadas que viven el infierno de la agresividad masculina.

Pero últimamente la televisión, tan capaz de la mayor grandeza como de las miserias más ruines, ha llevado el machismo a debate, con la consiguiente escenografía de la discusión inflamada, del debate acalorado y casi siempre fatuo  entre contendientes conocidos que se profesan proverbial hostilidad. Y cuando se plantea este espectáculo, resulta inevitable que descienda al plató la gran paradoja: puesto que hay que discutir porque está en el guión, desaparece la unanimidad que, en estas delicadas cuestiones, es tan probable como exigible.

Y así, un programa de debate que se ha planteado en teoría como una prueba de la generalizada aversión que producen los maltratadores, los cobardes agresores de mujeres, los sayones que dominan y humillan a sus compañeras, acaba siendo una especie de absurda reprensión en que se acaba vinculando la ideología con la actitud frente a la violencia de género. En definitiva, la especie de que los progresistas serían los defensores de las mujeres y los conservadores los maltratadores potenciales es peligrosísima, primero, porque es falsa de toda falsedad; y, segundo, porque lanza el mensaje subconsciente de que hay en democracia una corriente de opinión que al menos tolera el maltrato.

Por no serlo, ni siquiera es verdad que la violencia de género sea el fruto de temperamento cálido y de la tradición islámica de los países del Sur. En Escandinavia hay más maltratadores de mujeres que en España o en Italia. Y es que en este asunto no caben ni matices ni colores: tan sólo hay una raya que separa a los criminales de la gente honrada.

Regreso absurdo a la guerra fría

Jueves, 28 Agosto 2008

El final de la guerra fría, que puede fijarse en la caída del Muro de Berlín en 1989, produjo, como era de esperar, el desmembramiento del bloque del Este, cuyo engrudo –el colectivismo y el capitalismo de Estado- saltó hecho pedazos, permitió a los satélites europeos de la extinta URSS recuperar su historia y reconciliarse con ella, y obligó a Rusia a realizar primero una dolorosísima catarsis y a intentar después un ingrato y arduo camino hacia la economía de mercado y la democracia. Moscú está muy lejos del objetivo todavía pero no puede negarse que ha dado con cierta soltura los primeros pasos. Y ello permitió atisbar en el horizonte, bajo el espejismo del “fin de la historia”  (Fukuyama), el surgimiento de una globalización relativamente homogénea que podía dar lugar a un mundo multipolar y en equilibrio.

La historia de Rusia en estos años convulsos es conocida: entre la comprensible susceptibilidad ante Occidente, el autoritarismo congénito –no existe la menor tradición democrática en un país que pasó sin solución de continuidad del zarismo al leninismo-, la grave corrupción y el nacionalismo, ha ido abriéndose paso hacia el futuro. Lo lógico hubiera sido que Occidente, con sensibilidad y realismo, la hubiera ayudado en este trayecto que es además vital para el mundo. Pero no: bajo los auspicios de los neocoms norteamericanos, se la ha querido aislar y recluir en sus confines. Se está intentando rodearla de un cordón sanitario militar –la OTAN llega ya a sus propias fronteras-, se la amenaza con un escudo antimisiles, y se hacen oídos sordos cuando, con toda la razón, Putin advierte del gravísimo precedente que se sienta en Kosovo al tolerar un cambio de fronteras en Europa por razones puramente étnicas.

En estas circunstancias, lo de Georgia, que no es un acontecimiento simple –en realidad, fueron los georgianos prooccidentales quienes agredieron primero a la comunidad rusa de Osetia del Sur- no es lo más importante. Lo grave es que Rusia esté intentando junto a China la vitalización del Grupo de Shanghai para formalizar un poderoso bloque que sirva de contrapeso a Occidente. El mundo volverá así a la guerra fría. Toda una proeza de la diplomacia occidental. 

Las eléctricas apedrean su tejado nuclear

Lunes, 25 Agosto 2008

El pasado 17 de agosto, el Consejo de Seguridad Nuclear(CSN)  –que es el regulador independiente, responsable ante el Parlamento, de dicha actividad de generación eléctrica- proponía al Ministerio de Industria sancionar con una multa de entre 9 y 22 millones de euros a los propietarios de la central de Ascó, en Tarragona, por varios incidentes acaecidos el pasado noviembre. El pasado domingo, la central nuclear de Vandellós II, también en Tarragona, sufrió un incendio en la sala de turbinas, de origen desconocido hasta el momento y que obligará a que se mantenga inactiva largo tiempo. El siniestro es particularmente alarmante dado que dichas turbinas están refrigeradas por hidrógeno, muy inflamable. Esta misma central ya registró una un incidente grave en agosto de 2004 en el que la planta ocultó información y fue multada con 1,6 millones de euros.

Las tres centrales catalanas; Ascó I y II y Vandellós II (la cuarta, Vandellós I, tuvo que clausurarse en 1989, cuando un incendio destruyó la sala de turbinas, y actualmente se está desmantelando), pertenecen al consorcio Nuclear Ascó Vandellós (ANAV)  formado por Endesa e Iberdrola, aunque la gestión incumbe básicamente a Endesa. Y no es exagerado decir que dicha gestión es sencillamente desastrosa ya  que históricamente estas tres centrales acumulan el 71% de los incidentes protagonizados por las ocho nucleares españolas.

El debate nuclear se ha reabierto en todo el mundo a causa de los precios exorbitantes del crudo de petróleo y de la excesiva dependencia energética de muchos países occidentales; España, cuya dependencia era en 2005 del 85,1% según Eurostat, está a merced sobre todo de los suministros del Norte de África. Además, la energía nuclear no expulsa anhídrido carbónico a la atmósfera por lo que no contribuye al efecto invernadero, supuestamente causante del cambio climático, lo que le concede un indudable atractivo.

Es obvio que cuando este debate se ha comenzado a lanzar también en nuestro país, donde rige una moratoria nuclear desde 1984 (el propio Felipe González, que la impuso, recomendó su revisión en octubre del 2006), y cuando habrá que tomar decisiones sobre el cierre o el alargamiento de la vida de las centrales que están a punto de cumplir su ciclo –la licencia de Garoña, en Burgos, concluye en 2009-, los fallos estrepitosos que se producen en las centrales tarraconenses, responsabilidad de ANAV, abonan las posiciones de los ecologistas extremados y demás sectores de opinión que defienden el cierre sucesivo de todas las centrales, que actualmente producen el 20% de la energía eléctrica de nuestro país, con lo que se dispararía todavía más nuestra dependencia energética.

Se entiende mal en fin la frivolidad de Endesa y de Iberdrola en este asunto, máxime cuando ambas compañías invierten ingentes cantidades de dinero en realzar una imagen pública que enfatiza sus preocupaciones ecologistas y su afinidad hacia lo ‘verde’. Es lo que se llama tirar piedras contra el propio tejado.  

El funeral oficial por las víctimas de Barajas debería ser laico

Sbado, 23 Agosto 2008

Si el buen sentido no lo remedia, las instituciones públicas celebrarán un funeral de Estado por las víctimas del accidente del avión de Spanair del pasado miércoles oficiado en la catedral madrileña de La Almudena por el cardenal arzobispo de Madrid, monseñor Rouco, el próximo día 1 de septiembre. Previsiblemente, los Reyes estarán al frente de la representación institucional.

Con la reciente muerte del ex presidente Leopoldo Calvo Sotelo se suscitó por primera vez  la conveniencia de que el Estado disponga de unos ritos civiles de homenaje que permitan honrar oficialmente en su óbito a los personajes que merezcan tal dignidad y que sirvan asimismo de ceremonial póstumo para reconocer a las víctimas de los sucesos luctuosos más graves que siempre aquejan a cualquier sociedad.  Este debate llegó al 37 Congreso del PSOE del pasado julio, en el que se examinaron medidas para avanzar en el camino de la laicidad, y ya entonces el propio partido del Gobierno aseguró que aunque aquella idea era acertada, no resultaba posible suplir de momento a la Iglesia católica porque no están establecidos protocolos laicos que puedan servir eficazmente en estos casos.

Ahora, de nuevo, tras el trágico accidente de Barajas, vuelve a plantearse el sinsentido de celebrar un funeral católico para honrar a unas víctimas que pertenecían a diversas confesiones o no abrazaban fe alguna. Y de nuevo el Gobierno ha mirado hacia otra parte para salvar el trámite.

No se trata, en absoluto, de restar protagonismo, eminencia o presencia a las confesiones religiosas sino de destacar la neutralidad del Estado. En este caso, lo lógico sería que tras el funeral civil oficial, las diversas confesiones celebraran sus respectivas honras fúnebres para las víctimas adscritas a su credo, o una sola interconfesional, sin intromisión alguna del poder político.

Pero carece de sentido aplazar indefinidamente una cuestión que no es vital pero que debe abordarse por pura coherencia interna de un Estado que no es confesional y que debe proteger y promocionar por imperativo constitucional la libertad religiosa.  Por respeto a las propias víctimas, es urgente resolver cuanto antes esta carencia.

El azar y la necesidad (sobre la tragedia de Barajas)

Jueves, 21 Agosto 2008

Los grandes siniestros como el de Barajas –más de 150 muertos y menos de veinte supervivientes-, que siempre se deben a una acumulación fatal de causas y son por ello mismo en gran parte fortuitos,  tienden a alumbrar los buenos sentimientos de la gente. Vista la contingencia que suscita la zozobra de los seres humanos, es lógico que la subitaneidad de la muerte masiva engendre un momentáneo relativismo: la importancia de las cosas cede ante la eminencia sobrecogedora del azar.

En el caso de los siniestros aéreos, además, se trae inevitablemente a colación la conocida paradoja: pese al dramatismo de los accidentes, que producen un saldo abultado de muertos, el avión sigue siendo el medio de transporte más seguro.  He aquí algunos datos, tomados de documentos oficiales que están en Internet: en la década de los noventa, primera de la historia en que la seguridad se colocó a las elevadas cotas actuales, el riesgo de muerte de quien realizase un vuelo nacional en un país desarrollado era de 1 entre 13 millones.

Para hacer más comprensible esta fría estadística, puede añadirse que si se tomase un vuelo al día, con este índice de mortalidad, se podría viajar una media de 36.000 años antes de padecer un accidente y de perecer en él. Y un niño de diez años que despegue hoy en un vuelo nacional tiene diez veces más probabilidades de obtener una medalla olímpica que de no llegar a su destino. Por último, y para concretar el riesgo, si compramos un décimo de lotería y emprendemos un viaje en avión, tenemos unas 130 veces más probabilidades de que nos toque el gordo que de que muramos en el vuelo.

Dicho esto, es lógico que el concepto predominante de todos los análisis sea la fatalidad. Lo que ha ocurrido es que los fallecidos tenían mala suerte. Que ha contrastado llamativamente con la buena suerte de los pocos que, contra su voluntad, se quedaron en tierra y salvaron la vida, volvieron a nacer. Pero la reflexión cabal no puede quedar en la piel de los acontecimientos.

Exigencia de una investigación exhaustivo

Ante una mortandad tan terrible, es obligado descender a la necesidad y exigir la más exhaustiva investigación que pueda imaginarse con todos los medios técnicos disponibles, depurar hasta el final hasta las más mínimas responsabilidades que pudiera haber, y obtener y publicar unas conclusiones que amplíen todavía más los márgenes de seguridad de este modo de transporte, que –conviene recordarlo- compendia por sí solo el prodigioso avance tecnológico de la humanidad en las últimas décadas.

Spanair tenía problemas empresariales en los últimos meses –hay quien habla de quiebra técnica-, iban a producirse despidos y se llegaron a divulgar protestas sindicales airadas por la sobrecarga de trabajo de sus empleados. El avión siniestrado era un modelo antiguo, cercano a su desguace, y es preciso conocer con detalle si pasó estrictamente todas las revisiones obligatorias que, como es sabido, están rigurosamente tasadas por el regulador de aviación civil que sigue las recomendaciones del fabricante. Y, como se ha publicado, tras una salida fallida, el piloto de ese vuelo regresó al estacionamiento a realizar una reparación antes de emprender definitivamente su último viaje.

Todo esto debe ser cuidadosamente investigado, más que para resarcir a quienes ya no pueden volver a la vida, para que el principio civilizador actúe y la sociedad constate que existen mecanismos automáticos para fortalecer su propia integridad.

Sentado esto, resulta también inevitable ceder a relativización de que hablábamos al principio. Las diferencias políticas e ideológicas, las crisis ocasionales, las coyunturas más o menos encrespadas, ceden todo protagonismo al imperio del gran dilema entre la vida y la muerte.

Y es quizá oportuno llegar a una conclusión personal, que nada tiene de admonición ni de moraleja: no está mal mantener en la prosa diaria de lo racional y pedestre un punto de idealismo.