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Archivo de Enero, 2009

La responsabilidad del PP

Sbado, 31 Enero 2009

Los fundamentos de la democracia parlamentaria, semidirecta, consisten –lo explican los politólogos clásicos- en que la asunción de la representación del pueblo por políticos profesionales, supuestamente avezados e idóneos para la política, garantiza un desarrollo mejor de los problemas hacia su solución y un mejor funcionamiento de las instituciones. Pero ello requiere unos partidos sólidos y poderosos, dedicados en cuerpo y alma y servir y a honrar dicha representación.

La debilidad del Partido Popular, estragado por exorbitantes ambiciones de poder e incapaz de resolver internamente el escándalo del espionaje madrileño que merma gravemente su credibilidad y lo sitúa en una posición desesperada ante las próximas consultas que se avecinan –las autonómicas vasca y gallega del 1 de marzo y las elecciones europeas- no es por tanto sólo una tragedia para los directamente concernidos sino para todo el sistema político, que debe dar respuesta solvente al mayor problema económico que afronta la democracia española desde su fundación. Problema que ataca al bienestar de millones de personas, alarma y preocupa a todas, y puede dar al traste con el esfuerzo de todo un país que, meritoriamente, ha trabajado duro hasta conseguir alcanzar las cotas de desarrollo y bienestar europeas.

Sería injusto culpar a Rajoy exclusivamente de tanta desventura,  de la ambición enfermiza –y quién sabe si de la avaricia, eso habrá que averiguarlo- de algunos conmilitones distinguidos y de la falta de grandeza de unos políticos que se llenan la boca de tópicos mientras procuran exclusivamente su propio afán. Sin embargo,  en un partido tan presidencialista, es evidente que el líder, epígono del omnipotente Aznar, dispone de resortes suficientes para practicar la necesaria cirugía. Es claro que el problema del PP no se arregla provocando algunas resonantes dimisiones –las  de aquellos que han provocado o han sido incapaces de impedir el escándalo- pero es seguro que no se solventará sin ellas. Y sin una investigación depurada y exhaustiva del patrimonio de algunos personajes que han sido objeto de dosieres filtrados a la prensa y que podría ser ciertamente difícil de justificar. Los sueldos políticos son modestos y la ciudadanía no entiende, y con razón, cómo muchos de los políticos de los escalafones autonómico y municipal llevan una vida ostentosa, fruto de un enriquecimiento sospechoso.

Cada vez es más notorio que la gravedad de esta crisis, que no será un episodio efímero, va a requerir un gran pacto nacional, vertical y transversal, de todos los agentes políticos y sociales, y de todos ellos con los ciudadanos. Ni la negociación social ni los debates parlamentarios nos sacarán del atolladero: será necesario un consenso creativo formado por el Gobierno, los partidos políticos y los interlocutores sociales para atravesar el desierto de sangre, sudor y lágrimas que nos aguarda. Y resultaría trágico que el principal partido de la oposición no estuviera a la altura de este requerimiento porque se ha descompuesto en querellas internas. La responsabilidad de Rajoy y de los suyos, del PP en su totalidad, es pues muy grave. Convendría que lo asimilaran y que actuaran en consecuencia.

Quijotismo internacional

Viernes, 30 Enero 2009

La ley orgánica del Poder Judicial (LOPJ) otorga jurisdicción universal a la Audiencia Nacional en aquellos casos criminales de cualquier lugar del mundo en que se hallen envueltos ciudadanos españoles. Pero las nuevas tendencias teóricas del Derecho Internacional proclaman que el genocidio y la tortura, y en general los delitos considerados de lesa humanidad, además de imprescriptibles, son de persecución universal, por lo que cualquier tribunal puede en teoría conocerlos y juzgarlos. La jurisprudencia española se alinea con esta tesis, y ello explica que un juez de la Audiencia Nacional haya admitido una querella por genocidio contra varias autoridades israelíes por el bombardeo de Gaza en 2002. Un episodio en que civiles fueron masacrados cuando el Ejército israelí perseguía a un cabecilla de Hamas.

 

Lógicamente, el Gobierno de Israel, el único país democrático del Próximo Oriente, ha puesto el grito en el cielo. Primero, por la injerencia española. Después, porque el gesto significa objetivamente aceptar los argumentos de Hamas, una organización terrorista. El Gobierno español queda en posición difícil.

 

Este estado de cosas es insostenible. La Justicia española debe replegarse a los términos estrictos de la LOPJ si no se quiere que nuestra diplomacia salte por los aires. Y el Gobierno debe hacer todos los esfuerzos necesarios para potenciar los Tribunales internacionales, y especialmente el Tribunal Penal Internacional, que han de ser los que juzguen las graves violaciones de los derechos humanos en el contexto internacional. Nuestro es celo justiciero es simplemente quijotesco.

 

España en recesión

Jueves, 29 Enero 2009

El decrecimiento del PIB español durante dos trimestres consecutivos –el tercero y el cuarto de 2008- otorga formalmente a la crisis la denominación inquietante de recesión. Pero con ser problemática nuestra situación actual, lo más grave es que, según las previsiones del Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea, en tanto la mayoría de los países que, como nosotros, se encuentran en fase recesiva volverán a crecer en 2010, a nosotros se nos pronostica todavía un leve descenso del PIB el año que viene. La razón la explicó el comisario Almunia en una de sus últimas comparecencias públicas: el sector construcción, que es el más afectado por la crisis española, tarda más que otros sectores en recuperar una velocidad de crucero adaptada a la demanda real. Entre otras razones, porque en este momento hay en España cerca de un millón de inmuebles sin vender, y hasta que el mercado no absorba este stock –lo que requiere que previamente se ajusten los precios al valor real de los pisos-, es impensable una recuperación de la actividad.

Todos los observadores expertos de la realidad española –desde el Banco de España a la Comisión Europea- toman en cuenta al realizar sus cálculos las medidas adoptadas hasta ahora por el Gobierno para combatir esta pésima situación. Es decir, no parece probable que los 8.000 millones de euros destinados a obras municipales más los 22.000 presupuestados en infraestructuras vayan a tener un efecto sensible en los grandes indicadores macroeconómicos. Quizá por ello Solbes expresó recientemente, con criticable conformismo, que ya no disponía de más resortes para combatir la crisis.

Pero esta actitud no es tolerable. Estamos, efectivamente, en medio de un caos internacional, y, como nosotros, están también en recesión los Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido, el Canadá, etc., así como el conjunto de la Eurozona. No cabe, pues, la fantasía de que nosotros solos podremos salir del pozo. Pero sí debería ser posible reforzar la cantidad y la intensidad de las medidas anticrisis de forma que por lo menos pudiéramos adelantar la recuperación y salir del atolladero al mismo tiempo que los demás países afectados por la tormenta.

Con Solbes o sin Solbes al frente de Economía –hay quien piensa que habría que poner al frente de la crisis a una persona con más ímpetu-, es llegada la hora de pulsar todos los registros políticos y sociales para hacer causa común contra la crisis. Las circunstancias actuales no se parecen en nada a las que forzaron el logro de los Pactos de la Moncloa, pero sí valdría la pena efectuar una gran convocatoria nacional para aunar esfuerzos, poner en sintonía voluntades y acopiar ideas. En definitiva, habría que dar visibilidad a un consenso económico en el que participasen el Gobierno, los partidos políticos y los agentes sociales, de forma que la ciudadanía viera que existe músculo bastante en este país para encarar la grave adversidad con grandeza y resolución.

Vino a decir recientemente Zapatero que en la economía no todo son cifras: también los estados de ánimo son agentes económicos. Y no cabe duda de que los propios ciudadanos / consumidores adoptarían una actitud mucho más beligerante y positiva si vieran que existe verdadera iniciativa pública, política y social, frente a la crisis. Lo inadmisible sería sentarse a esperar a que las medidas adoptadas hagan su efecto y a que escampe el temporal. 

¿Nacionalización de la banca?: el modelo sueco

Mircoles, 28 Enero 2009

A principios de los años noventa, Suecia padeció una importante crisis bancaria. En aquella ocasión, las autoridades de dicho país obligaron a las instituciones bancarias a publicar sus pérdidas reales mediante la valoración de sus activos a precios de mercado, declaró en quiebra las que no tenían posibilidades de mantenerse en pie, recapitalizó las que eran viables y aquellas que convenía mantener a flote para evitar una catástrofe estructural del sistema y sacó de su balance los activos tóxicos para que se recuperara la normalidad en el menor tiempo posible. Se trató, en fin, de una nacionalización explícita que “permitió conciliar el interés público y privado, a la vez que se protegía a los impositores y se penalizaba a la propiedad, que había tolerado tales riesgos”.

Esta apelación al “modelo sueco” para resolver la actual crisis financiera internacional, que según todos los indicios no ha concluido y requerirá todavía cuantiosos recursos públicos, ha sido hecha por Christopher Woods en un resonante artículo del Financial Times, que ha dado la vuelta al mundo y que ha sido glosado, entre otros, por Ángel Urbide de “El País” y por S. McCoy de “El Confidencial”. Asimismo, el último premio Nobel de Economía, Paul Krugman, bestia negra de los ’neocon’, apunta una solución semejante para salvar las entidades con dificultades del sistema bancario norteamericano: en lugar de rescatar tales instituciones mediante inyecciones de capital que constituyen objetivamente un regalo a los accionistas, propone aplicar el método que el propio Gobierno USA utilizó a finales de los años 80 cuando se produjo la gran crisis de las cajas de ahorros: “se incautó de los bancos difuntos y se deshizo de los accionistas. Después transfirió sus activos morosos a una institución especial, la Resolution Trust Corporation (Corporación del Fideicomiso de Resolución), pagó suficientes deudas de los bancos como para devolverles la solvencia y vendió los bancos saneados a nuevos propietarios”. Fue, como en el caso sueco, una nacionalización instrumental que no tuvo nada de ideológica –nadie en su sano juicio puede proponer en Occidente la nacionalización de la banca- y que sirvió para resolver el problema financiero con los menores costes posibles.

En los dos casos citados, el sueco y el norteamericano, se trataba de resolver problemas localizados; hoy, en plena globalización, no tendría demasiado sentido aplicar soluciones nacionales a los problemas financieros. Pero valdría la pena explorar estos procedimientos, que tienen dos ventajas: asegurarían que el beneficio del rescate no favorecerá sólo a los accionistas, que son al fin y al cabo los que han provocado la crisis, y, durante el plazo de la nacionalización, permitiría al ente nacionalizador –el Estado- gestionar la liquidez mediante una oportuna política de créditos. No es razonable que, después de que el sector público esté aportando ingentes cantidades de recursos y avales –aunque no sea a fondo perdido, obviamente-, los bancos y cajas españoles estén restringiendo el crédito con criterios mucho más estrictos que lo que ha sido habitual. La lucha contra la morosidad, que ya es de más del 3% y que podría llegar al 7% en las cajas, no justifica la denegación de liquidez a empresas solventes ni autoriza a concebir la solvencia como un absoluto.

Existe la certeza de que uno de los dos factores desencadenantes de esta crisis ha sido el derrumbe del sistema financiero minado por la avaricia y la corrupción (el otro ha sido la burbuja inmobiliaria). No es, pues, ilógico que los Estados, que han de salir ahora a apagar fuegos,  mantengan el mayor control posible sobre las instituciones financieras que, paradójicamente, ha habido que salvar para evitar males mayores. 

Parados angustiados

Domingo, 25 Enero 2009

Tras el último consejo de ministros, la vicepresidenta del Gobierno, requerida por los periodistas, manifestó que el Gobierno está observando con atención a esos 807.000 hogares en los que todos sus miembros están en paro según la última Encuesta de Población Activa. Asimismo, el Gobierno, que insiste en que la crisis no provocará recortes sociales, ha dado a entender que podrían ampliarse las prestaciones de desempleo si la situación lo requiriera.

Está bien que el Gobierno se mantenga ojo avizor. Pero con los datos macroeconómicos en la mano, ya puede asegurarse que el desempleo seguirá creciendo probablemente hasta bien entrado 2010, que aumentará por tanto el período de desempleo de los parados y que muchos de ellos agotarán en consecuencia el período de la prestación a que tienen derecho según la normativa vigente. Es de suponer, pues, la zozobra que experimentan hoy muchas personas ante la expectativa de que, dado que sus esfuerzos por trabajar no fructifican, puedan quedar en la indigencia a un plazo determinado.

Así las cosas, más que ‘observar’, el Gobierno debería reunir cuanto antes a los agentes sociales para concertar e implementar una nueva reglamentación del seguro de desempleo que tranquilizase a estos trabajadores inactivos a su pesar. Quizá algún desaprensivo desista entonces de seguir buscando trabajo –éste es el riesgo- pero se aliviaría la angustia de mucha buena gente damnificada por la crisis que hoy está al borde de la desesperación.

Carod en Manhattan

Viernes, 23 Enero 2009

Es tan escandaloso como ridículo: mientras Obama tomaba posesión de la presidencia de los Estados Unidos, el actual vicepresidente de la Generalitat, Josep Lluis Carod Rovira, abría la “embajada” de Cataluña en Nueva York, en el corazón de Manhattan –en el Rockefeller Center-, para “defender los intereses económicos, culturales y políticos de los catalanes” y para que el gobierno catalán pueda desempeñar “una política exterior propia”, según precisó Carod en una pintoresca conferencia pronunciada en la Universidad de Nueva York. Carod no quiso aclarar a los periodistas que el coste que supone para las arcas catalanas esta iniciativa. Transparencia ante todo.

Aun con independencia del intolerable despilfarro económico que representan estos faraónicos gestos histriónicos –y que contrastan con la austeridad y con la frecuente falta de medios del Servicio Exterior español-, el asunto es gravísimo porque distorsiona gravemente la imagen de España en el mundo y choca frontalmente con el espíritu de la Constitución, que, con meridiana claridad, declara en su artículo 149 que las “Relaciones Internacionales” son una de las “competencias exclusivas” del Estado.

Ha habido dejación de responsabilidad por parte de los sucesivos gobiernos, que han consentido en silencio que las sedes “diplomáticas” regionales proliferen por doquier (también, por cierto, a iniciativa de comunidades gobernadas por los grandes partidos estatales). El disparate, además de serlo, indica con claridad que estamos distorsionando el sentido cabal del Estado de las Autonomías. Porque algo falla en el dibujo cuando en muchas ciudades del mundo empieza a haber más “personal diplomático” proveniente de las autonomías españolas que funcionarios del propio Estado

Escándalo en Madrid

Jueves, 22 Enero 2009

El enconamiento de la lucha por el poder interno en el PP de Madrid entre dos de los principales aspirantes a sustituir a Rajoy al frente del principal partido de la oposición pone de manifiesto no sólo la endeblez del liderazgo de éste –sus conmilitones se disputan abiertamente la sucesión, que no creen lejana- sino la falta de escrúpulos de sus contendientes, que al parecer no entienden que esta guerra abierta no sólo les enfanga a ellos mismos sino que también desacredita a la formación a la que pertenecen.

La ambición de Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad madrileña, y de Alberto Ruiz Gallardón, alcalde capitalino, ambos en posesión de holgada mayoría absoluta en sus respectivas instituciones, ya quedó claramente de manifiesto cuando ambos pretendieron hasta la extenuación pero sin éxito ser incluidos en las listas del PP al Congreso (desde Hernández Mancha, se teme la dificultad que entraña ostentar el liderazgo nacional de un partido sin ser diputado). La confirmación a la búlgara de Rajoy en el Congreso de Valencia pareció alejar aquella rivalidad. Pero pronto, ante las debilidades de la actual posición de Rajoy en su papel opositor, se ha reproducido el conflicto.

La sede de la gran conflagración está ahora en Caja Madrid. Ante la renovación de la presidencia de la institución, en la que Miguel Blesa, amigo de Aznar, lleva doce años en el cargo y pretende continuar, y dado que la actual correlación de fuerzas le permitiría hacerlo con el respaldo de Gallardón, Aguirre ha reformado la ley madrileña de Cajas de Ahorros, para restar peso representativo a la capital madrileña y aumentárselo a la representación regional. El dilema estriba en si esta elección ha de realizarse de acuerdo con la reglamentación antigua, conforme a la cual comenzó el proceso, o a la nueva. Ni que decir tiene que del procedimiento que se adopte dependerá que Blesa continúe o no. Ante la falta de acuerdo político, el enmarañado asunto terminará inexorablemente en los tribunales.

Esta querella absurda resulta escandalosa y condenable a los ojos de una ciudadanía que ve aterrada cómo la consume la crisis más grave que ha conocido en su vida y cómo las propias instituciones de crédito están en entredicho. Sólo la arrogancia extrema y la ambición desmedida de poder de sus protagonistas son capaces de auspiciar, precisamente ahora, semejante espectáculo. Un espectáculo que acaba de aderezarse con un episodio indecoroso de espionaje en el que, según todos los indicios, unos políticos del PP han investigado  la actividad privada de otros utilizando para ello medios y recursos públicos. Es muy dudoso que no haya delito en ello, como afirma provisionalmente la Fiscalía; en todo caso, estas prácticas son políticamente odiosas e intolerables, y no se entendería que no rodaran cabezas. Y cabezas principales, por supuesto.

Ante este desaguisado esperpéntico, en el que por añadidura Aguirre trata de apoyarse en el PSOE y Gallardón en Comisiones Obreras, Rajoy ha subido precipitadamente a los cerros de Úbeda. La respuesta del líder popular al escándalo ha sido la sugerencia de que el Banco de España controle las cajas de ahorros para evitar su politización. Al parecer, él se considera incapaz de obligar imperativamente a los suyos que abandonen esta rivalidad destructiva y consigan un rápido consenso sobre quién con mejores méritos debe presidir la Caja. Una Caja que es la segunda del país, que desarrolla un papel central en la economía madrileña y española y que sale gravemente perjudicada por la pérdida de imagen que semejante rifirrafe le acarrea.

Obama, el pragmatismo con valores

Mircoles, 21 Enero 2009

El derrumbamiento estrepitoso del marxismo en la década de los ochenta del pasado siglo y el ascenso de la llamada posmodernidad supuso la desaparición de las ideologías cerradas, de los “metarrelatos”, interpretaciones omnicomprensivas de la vida humana y de la sociedad , así como de los paradigmas interpretativos de carácter universal.

Fue entonces cuando Gianni Vattimo acuñó el concepto de “pensamiento débil” (1983), que, aunque muy polémico, resultó ser una crítica decisiva del ‘pensamiento fuerte’, de los dogmatismos autoritarios. Según el propio Vattimo, su tesis era así de simple: “Frente a una lógica férrea y unívoca, necesidad de dar libre curso a la interpretación; frente a una política monolítica y vertical del partido, necesidad de apoyar a los movimientos sociales transversales; frente a la soberbia de la vanguardia artística, recuperación de un arte popular y plural; frente a una Europa etnocéntrica, una visión mundial de las culturas”.

Aquellas evoluciones se plasmaron políticamente en la izquierda mediante la “tercera vía” de Giddens, y en realidad, un conjunto de terceras vías acomodaticias adoptadas por todas las fuerzas políticas del arco democrático. En el caso británico, el camino elegido por Blair se caracterizó por la aceptación de la globalización y el rechazo a los instrumentos clásicos de la socialdemocracia posmarxista, como las nacionalizaciones.

Paradójicamente sin embargo, ha sido un sector de la derecha conservadora la que ha mantenido hasta el final una visión cerrada y dogmática de la realidad. El movimiento neocon, un grupo de intelectuales republicanos que alcanzó gran influencia con Bush, sostuvo una idea beligerante acerca de la misión trascendente de exportar la libertad a todo el mundo, designio que supuestamente se correspondía con la propia historia de los Estados Unidos. Aquel idealismo revolucionario, cobijado bajo el paraguas psicológico del 11-S, consiguió desencadenar la invasión de Irak y constreñir peligrosamente el sistema de libertades norteamericano.

Desprestigiado el republicanismo por la guerra de Irak y por la crisis económica, Obama representa en cierto modo el ascenso del ‘pensamiento débil’, de un pragmatismo posibilista que, basado en los grandes valores fundacionales de la democracia americana, se dispone a aceptar compromisos y adaptaciones que orillen todo fanatismo. Obama defenderá sin duda el liderazgo de su país con todas sus fuerzas, pero lo hará en un marco multilateral y conciliador, lejos de todo fanatismo idealista. Sin duda hará proselitismo de la democracia liberal, pero sin las connotaciones neoimperialistas de su predecesor sino más bien siguiendo los pasos genuinamente europeos de la cooperación y la persuasión. No en vano se ha traído la idea del “poder blando” mediante la persuasión acuñada por Joseph Nye.

En definitiva, Obama representa este cambio radical. Quizá no sea capaz de colmar completamente todas las expectativas que su llegada ha generado pero no hay duda de que estamos en puertas de una era en que la persuasión y las ideas sustituirán a los dogmas y a las intransigencias revolucionarias.

¿Cuánto durará la crisis?

Martes, 20 Enero 2009

El comisario Almunia ha mostrado especial pesimismo con respecto a la evolución de la economía española, y con un argumento de peso: la crisis española será más larga que en el resto de la Unión Europea porque el sector inmobiliario, que es el más dañado en nuestro país, tarda más tiempo que otros sectores económicos en recuperarse y adquirir la velocidad de crucero. Además –habría que añadir- es impensable que la construcción represente de nuevo en el futuro el 11% del PIB y el 14% del empleo: habrá que buscar actividades que sustituyan aquella desmesura.

Frente a esta opinión, el Gobierno disiente: asegura que las medidas adoptadas–grandes inversiones en infraestructuras, obras municipales, restauración de edificios- tendrán un efecto positivo que paliará en buena parte el problema detectado por Almunia. Si así fuera, en 2010 podríamos haber superado también la recesión en lugar de permanecer en ella, como prevé la Comisión Europea para nuestro infortunio.

Ojalá acierte el vicepresidente Solbes, quien además tiene a su favor la globalización (la recuperación de nuestros proveedores y clientes será también la nuestra). Pero para que no se confirmen los malos presagios de Almunia es necesaria gran audacia no sólo en la aplicación del gasto público para provocar la reactivación y cebar la bomba de la inversión privada sino también en la reconversión del sistema económico para lograr más productividad y engendrar nuevos nichos de actividad y empleo. Y estos últimos empeños están todavía por empezar. 

Obama

Lunes, 19 Enero 2009

Mañana se cumplirá el sueño de la mayoría de los americanos y de gran parte de los ciudadanos del mundo. Los Estados Unidos, belicosos y ásperos, egoístas y refugiados en la introspección, decadentes y aislados en los últimos años, rectifican al fin y entronizarán a un personaje nuevo, limpio de mirada y de ideas, capaz supuestamente de infundir nueva savia a la globalización, de zanjar los conflictos abiertos, de establecer nuevas bases para unas relaciones internacionales más humanas y ecuánimes, de defender valores que su predecesor había enterrado en el pozo fantasmagórico de la seguridad.

Las expectativas son, pues, inmensas. De entrada, todos confiamos en que las rotundas terapias anunciadas por quien hoy asume la presidencia de la nación más poderosa de la tierra contribuirán decisivamente a suavizar y remontar la crisis económica. Y para más adelante, todos esperamos que el mundo se deslice hacia terrenos más habitables, más amorosos, más justos. Que concluyan las guerras, que se consigan equilibrios humanitarios inaplazables, que muchas personas desheredadas se sientan portadoras de una oportunidad de la que nunca han disfrutado hasta ahora.

La carga de responsabilidad que llevará Obama sobre los hombros tras suscitar tantas esperanzas será, pues, inmensa. Ojalá nos defraude lo menos posible y adquiera fuerza suficiente para que la mayor parte de los buenos propósitos de su liderazgo mundial se materialicen. Ojalá, en fin, el personaje sea de los que son capaces de enderezar la historia.