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Archivo de Marzo, 2009

Pesimismo

Martes, 31 Marzo 2009

El principal partido de la oposición tiene evidentemente la función de ejercer la contradicción y el control del poder. Y ha de hacerlo con contundencia, porque de lo atinado de su actuación dependen en buena medida la salud de la democracia, el rigor del Gobierno, la debida orientación de la opinión pública. Pero también ha de hacerlo atinadamente, con sentido común.

Viene esto a cuento de una crítica muy frecuente: la de que el Gobierno se niega al pesimismo. Hemos conocido el primer indicador negativo de inflación de toda la historia democrática, y enseguida se ha censurado al Ejecutivo que se niegue a aceptar el análisis más pesimista, el de que estamos ya en plena deflación

¿Qué se supone que debería hacer el Gobierno? ¿Alarmarnos a todos con la debida antelación? ¿Mostrarnos las hipótesis más pesimistas para que se retraiga la escasa demanda que aún pervive a pesar de todo? ¿Alertarnos sobre la probable mala situación de algunos bancos y cajas para que metamos nuestro dinero en un calcetín?

Una pregunta para Rajoy

Lunes, 30 Marzo 2009

Estas líneas no versan sobre el programa de esta noche, en que Rajoy responderá a las preguntas prefabricadas de unas docenas de ciudadanos seleccionados por una empresa de sociología aplicada para que la muestra sea lo más representativa posible. Sí se refieren, en cambio,  al formato del programa en sí, que genera un equívoco: si, como parece, la televisión estatal pretende endosarnos este programa como un servicio público y como un alarde de pedagogía política, habrá que decirle que se equivoca de plano por cuanto no es más que un espectáculo, un simple juego, sin valor político alguno.

De la misma manera que el asamblearismo no mejora la democracia sino que la degrada,  las preguntas inorgánicas a un político a cargo de ciudadanos profanos tanto en periodismo como en política no aportan claridad sino al contrario. Lo que la televisión pública debe hacer es auspiciar los debates entre políticos y las entrevistas de verdad a los personajes públicos. Es decir, a cargo de periodistas profesionales y con experiencia que serán sin duda capaces de interrogar con la debida generalidad y profundidad acerca de los problemas perentorios.

Lo de esta noche será, en fin, teatro; no periodismo.

¿Injerencia intolerable?

Sbado, 28 Marzo 2009

La ley autonómica de Cajas de Ahorros elaborada por la Comunidad de Madrid ha merecido un dictamen del Consejo de Estado que asegura inequívocamente que dicha norma no respeta los términos de la representatividad proporcional que impone la LORCA (Ley Orgánica de Regulación de las Cajas de Ahorros). En consecuencia, el Gobierno ha remitido la norma regional al Tribunal Constitucional para que esta institución corrobore o no la opinión del máximo órgano consultivo del Estado.

Ante este proceso que tan ajustado a las reglas del Derecho parece, el Partido Popular, que gobierna con mayoría absoluta en la Comunidad de Madrid, ha calificado la conducta del Gobierno como “injerencia intolerable”.  ¿Han pensado bien lo que dicen los portavoces de la principal fuerza opositora? ¿Constituye realmente una ‘injerencia intolerable’ reprender a la mayoría comandada por Esperanza Aguirre cuando vulnera una ley orgánica?  ¿Acaso se insinúa que el Gobierno debe en estos casos mirar hacia otro lado para no herir la exquisita sensibilidad de sus adversarios?

A veces parece que en este país hemos perdido el tino.

La política no es una subasta

Viernes, 27 Marzo 2009

Se extiende la idea, con más o menos fuerza, de que la política democrática española está decayendo cualitativamente y de forma particularmente acusada durante los últimos años. Desde los atentados del 11-M de 2004, el espacio público se ha vuelto un hervidero desordenado en el que faltan liderazgos –ni Zapatero es González ni Rajoy es Aznar- y cunde una desconcertante y creciente confusión ideológica. La crisis económica, aunque convenientemente afrontada por el Gobierno con indudables reflejos y en línea con las grandes potencias, parece estar sacando lo peor de nosotros, de forma que el problema colectivo –puesto de manifiesto en forma de insoportable desempleo- sirve como arma arrojadiza que se tiran a la cara los partidos. Y en lugar de prosperar la idea de que la excepcionalidad de la situación aconseja un gran pacto de Estado, circula con profusión la amenaza de una moción de censura al Gobierno que, aunque políticamente imposible –no le salen las cuentas al PP haga lo que haga-, tendría una función de desgaste que debilitaría al Ejecutivo. E irritaría también a la sociedad civil, que ya  no sabe como exigir a sus representantes que se centren en el problema principal, la recesión.

En este mal ambiente de sorda irritación y grave impotencia colectiva, el espectáculo contradictorio que depara la política general es indecoroso, por no utilizar adjetivos más desestabilizadores. Así, el PP estatal realiza una oposición durísima contra el Gobierno socialista en Madrid, pero ambas formaciones confluyen amicalmente y con gran sintonía recíproca en Euskadi, donde se disponen a compartir fraternalmente el poder y a practicar políticas de desmontaje del hegemonismo nacionalista y de las viejas tramas clientelares forjadas por el PNV. 

El PSOE, por su parte, es la fuerza principal del “tripartito” catalán, junto al independentismo radical de ERC y a la versión catalana de Izquierda Unida. Para el gobierno de la Generalitat, el PP, que reclama una política lingüística prácticamente idéntica a la que ahora se va a poner en práctica en Euskadi con la plena complicidad socialista, es simplemente la caverna.

En definitiva, los partidos demuestran una intercambiabilidad chocante, una capacidad increíble para pactar al mismo tiempo con un partido y con su antagonista ideológico. En el caso del PSOE, esta volubilidad acabará siendo insoportable en cuanto cuaje la nueva fórmula de gobernabilidad que se perfila en el País Vasco. No se puede desembarcar impunemente en una comunidad autónoma para reducir y revertir los excesos practicados por el nacionalismo durante décadas mientras se están cometiendo excesos parecidos en otra comunidad autónoma. No es en fin razonable declarar la libertad de elección de lengua en el sistema educativo vasco mientras se mantiene invariable la inmersión lingüística obligatoria en catalán en Cataluña.

En los sistemas de representación proporcional como el español, las mayorías absolutas son raras y las coaliciones y los pactos de gobierno se vuelven inevitables y deseables. Pero es obvio que no todo vale: en las políticas de alianzas ha de haber una cierta lógica, una coherencia interna,  una mínima concesión al sentido común, un criterio que pueda ser entendido por la ciudadanía. La política no es una subasta en que gana el mejor postor. Hay pujas a las que los partidos no pueden concurrir. Hay principios a los que no deberían renunciar. Por más que decirlo sea como predicar en el desierto.

Trillo

Jueves, 26 Marzo 2009

Produce una sensación ingrata el espectáculo penoso de unos mandos militares que explican atribuladamente ante el tribunal que los juzga cómo trajeron precipitadamente a España los despojos de las 62 víctimas del Yak-42, treinta de ellas sin identificar, para que su ministro pudiera celebrar a tiempo los funerales de Estado. Y cómo súbitamente la incertidumbre cesó, hasta que las familias de los desaparecidos descubrieron el colosal engaño.

Pero aún es más ingrato el hecho de que, en tanto estos dignos profesionales dan la cara, quien tuvo toda la responsabilidad política por el gran y luctuoso desaguisado se mantiene al margen del escándalo. Y aún da lecciones teóricas ocasionales de ética pública a quien quiera escucharle.

Es difícil aclarar quién yerra, si la Justicia que no alcanza o si un modelo de equilibrio de poderes que engendra impunidad. Pero lo seguro es que ni la condena ni la absolución de estos militares que están siendo juzgados –cabezas de turco, y nunca mejor dicho- resarcirá a las víctimas y hará Justicia. Este dramático error tiene otros padres, que no están precisamente sentados en el banquillo.

Chacón: mujeres en política

Mircoles, 25 Marzo 2009

Parece inocultable que, como la propia Chacón reconoció, ha habido algún “equívoco” en el anuncio de la salida de nuestras tropas de Kosovo; salida inexorable desde que España decidió no reconocer al nuevo Estado, en contra de la opinión de las principales potencias de la Alianza Atlántica.  Por impericia o por alguna otra causa, una medida lógica y previsible, reclamada además desde hace tiempo por la principal fuerza de oposición, se ha vuelto contra el Gobierno por el desacierto en las formas: no se previó que la falta de una cocina previa en los centros de poder adecuados –el Departamento de Defensa USA y la propia OTAN- generaría un ostensible malestar.

Pero el contratiempo experimentado por la ministra de Defensa, debatido con fruición en el Parlamento y en los medios, ha adquirido pronto una nueva dimensión, la de género. Personalidades políticas –Trinidad Jiménez- y periodistas experimentadas –Aurora Mínguez- han manifestado sin ambages que el alcance descomunal del rapapolvo que ha merecido la ministra Chacón por el incidente se ha debido a su condición de mujer. Mínguez, radicada en Berlín y muy atenta a las dificultades que experimenta Merkel por esta causa, ha hablado directamente de que “el asunto de fondo es el placer extraordinario que se experimenta al hincarle el diente a una mujer que brilla en política”.

El asunto es delicado porque su valoración exige un equilibrio nada fácil de conseguir: es evidente que Chacón se precipitó en su anuncio pero también lo es que ha recibido por ello un castigo exagerado. Asegura Mínguez que, en contra de lo que parecería a los lectores de los medios españoles, el incidente ni siquiera ha asomado a la prensa europea o norteamericana. Y a ello habría que añadir el hecho de que Chacón esté siendo observada con una atención que desde luego no merecen sus colegas masculinos: la imagen de una ministra de Defensa embarazada pasando revista a la fuerza, tan insólita, no ha acabado de ser digerida por un sector de la opinión. Quien firma estas líneas ha podido constatar el estupor y perplejidad que suscita en las Academias Militares la presencia de una mujer al frente de los Ejércitos, así como la intensidad de los debates sobre su idoneidad. Ciertas formas sutiles de machismo basadas en estereotipos ancestrales son muy difíciles de erradicar.

La existencia de cuotas no facilita la ecuanimidad ya que da alas a los escépticos para atribuir a este supuesto privilegio la ubicación de la mujer en puestos de responsabilidad. Tal paradoja no tiene remedio, y su existencia no es bastante para desacreditar la paridad. Pero quienes estamos convencidos de que la erradicación de todas las discriminaciones es un objetivo de justicia irrenunciable debemos hacer un esfuerzo de razón y de voluntad para liberarnos de todas las adherencias accesorias a la hora de valorar la acción política de las ministras, de las mujeres aupadas a cargos públicos. Como mínimo, deberemos asegurarnos de que la crítica no está sesgada a causa de factores o elementos externos a la cuestión de que se trate. 

El hecho de que la violencia de género sea tan difícil de erradicar –los esfuerzos jurídicos y gubernativos no reducen significativamente el número de muertes por esta causa- da idea de la dificultad que entraña extirpar ciertas creencias viejas de la corteza de las convicciones colectivas. Esa violencia no es ajena, obviamente, al filtro deformante con que se observa a las mujeres en política, asunto en que la igualdad razonable tiene todavía mucho terreno por conquistar.

Apatía frente a Europa

Martes, 24 Marzo 2009

Bruselas ha comenzado a movilizarse ante las elecciones europeas de junio, que en España se celebrarán el día 7 de ese mes. El temor de los euroburócratas es, como cada cinco años, la abstención, es decir, el efecto del desinterés que suscita la Unión Europea entre las sociedades nacionales. La abstención batió precisamente récords en las pasadas elecciones de 2004: sólo votó el 45,6% del censo de los Veintisiete, en gran medida a causa de la baja participación en los nuevos socios del Este. En España, la participación fue de sólo el 45,1%.

Los argumentos para instar la participación son sólidos: cuando entre en vigor el Tratado de Lisboa, el Europarlamento poseerá muchas más competencias que los parlamentos nacionales. Y la crisis tiene menores efectos sobre los países periféricos –Irlanda, por ejemplo- gracias a la moneda única. “Si Irlanda no es Islandia (país destrozado por la crisis) es gracias a la UE y al euro”, ha dicho con razón el presidente de la Eurocámara, Hans Gert Pöttering. Pero la verdad es que hay pocos alicientes para interesarse por unas instituciones poco o nadad transparentes que no han conseguido ni siquiera resultar noticiosas en los países miembros de la Unión.

Por añadidura, la Unión Europea está actualmente en el alero. El Tratado de Lisboa, que debía haber entrado en vigor el pasado 1 de enero, fue firmado por los países miembros el 13 de diciembre de 2007 y era una versión menos ambiciosa de la fallida Constitución Europea de 2004, que naufragó en varios Estados. Sin embargo, como es sabido, Lisboa embarrancó en el “no” irlandés en el referéndum de junio del pasado año. Y no hay todavía una nueva convocatoria, de la que depende la entrada en vigor del Tratado.

Ciertamente, la Unión ha mitigado relativamente la crisis en los países miembros; sin embargo, bien a la vista está que ha faltado arrojo para adoptar medidas comunes de relieve y que, a pesar de que el euro es una garantía de solvencia, las instituciones en que se apoya la moneda única son frágiles y tienen escasa iniciativa. La potente respuesta de los Estados Unidos a la recesión no tiene parangón en Europa.

Así las cosas, tampoco los grandes partidos tienen interés en hacer pedagogía. Entre nosotros, PP y PSOE, miembros de sendas internacionales, no parecen estar preparando grandes discursos europeístas. Saben, en el fondo, que se juegan más aquí dentro que en Europa. Porque hasta ahora, las elecciones europeas han presagiado lo que ocurriría en las siguientes elecciones generales, aunque han errado en la correlación de fuerzas. En las europeas de 1994, el PP ganó al PSOE con casi diez puntos de diferencia, y sin embargo en las generales de 1996, el PP sobrepasó al PSOE en poco más de un punto.

Hemos, pues, de esperar que la precampaña y la campaña electorales sean como es habitual un forcejeo de política interna. López Aguilar y Mayor Oreja, candidatos del PSOE y del PP, harán retórica europea con los ojos puestos en la crisis española. Y si éste es el panorama, ¿qué razones tendremos los ciudadanos para vencer la apatía e ir a votar? 

Poca Europa contra la crisis

Domingo, 22 Marzo 2009

Paul Krugman ha resumido en un artículo certero su impresión sobre la evolución de la crisis en Europa tras su viaje a España de la pasada semana. A su juicio, que no es en este caso radical sino muy matizado, la Unión Europea tendrá más dificultades que los Estados Unidos para remontar la recesión por dos razones claras: una, está aplicando una terapia cuantitativamente más liviana que la que ha puesto en marcha Obama en USA; dos, a la Unión Europea le faltan las instituciones fuertes y la capacidad de liderazgo que sí pueden exhibir los Estados Unidos.

Efectivamente, los recursos que ha movilizado el gobierno norteamericano contra la crisis, y que son aplicados tanto en políticas de oferta –reducciones de impuestos- como de demanda –inversiones productivas directas-, son muy superiores a los europeos, que se han cifrado en el 3,6% del PIB, porcentaje que incluye tanto las actuaciones anticrisis cuanto las políticas sociales que mitigan sus efectos entre la población.

Ante esta timidez colectiva, es lógico que los Estados nacionales europeos sean remisos a actuaciones unilaterales que obliguen a incrementar exageradamente los déficit y cuyos resultados revierten más en otros países que en el propio. Así por ejemplo, las ayudas directas españolas a los fabricantes de automóviles, que exportan el 85% de la producción a Europa, sirven para mantener aquí el empleo pero en realidad benefician sobre todo a los consumidores de los países que importan el grueso de nuestra producción.

Además, la debilidad del engrudo interno de la Unión Europea y la falta de un liderazgo sólido no sólo impiden la adopción de medidas más intensas sino que redundan en la debilidad de las instituciones comunitarias. El Banco Central Europeo, por ejemplo, no disfruta del respaldo político incuestionable que sí tiene en Norteamérica la Reserva Federal.

Krugman destaca en cambio el efecto benéfico del Estado de Bienestar europeo, que no sólo mitiga el sufrimiento de los ciudadanos –mucho más protegidos que en Estados Unidos- sino que mantiene también elevado el consumo, ya que aporta recursos a los desempleados y a la población pasiva.

Con respecto a España, Krugman destaca con razón que nuestro país, en el que se ha hundido un sector construcción sobredimensionado,  deberá implementar nuevas fuentes de actividad y empleo que compensen la reducción de dicho sector que inexorablemente tendrá lugar cuando se produzca su estabilización. España necesita menos de 400.000 nuevas viviendas anuales y no 750.000, las que se construían hasta la crisis.

Estas tesis deberían mover a la reflexión. Porque ponen de manifiesto que tan importante como actuar directamente contra crisis es contribuir al fortalecimiento de la Unión Europea y, sobre todo, avanzar en la generación de nuevas actividades de alto valor añadido que reduzcan en lo posible el presagio de que España tardará más que los países del entorno en salir del pozo. 

Tres años para un dictamen

Jueves, 19 Marzo 2009

El nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña de 20 de julio de 2006 fue recurrido aquel mismo mes ante el Tribunal Constitucional por el Partido Popular, el Defensor del Pueblo y otros actores institucionales. Quiere decirse que pronto se cumplirán tres años de deliberaciones, durante los cuales se ha abierto paso, a modo de filtración, la idea de que el texto estatutario no saldrá indemne de la prueba. La duda estriba en si la sentencia será interpretativa –no modificará la carta catalana y se limitará a expresar cómo debe interpretarse- o si inexorablemente habrá cambios en las cuestiones más polémicas.

Pero en el entretanto, como es natural, el Estatuto está en pleno vigor y el Parlamento de Cataluña lo está desarrollando. La nueva Ley de Educación de Cataluña es el último ejemplo de las normas que podrían quedar invalidadas según cuál sea la resolución del Constitucional. En definitiva, una sentencia tan tardía puede producir graves daños en diversos sentidos.

Y la pregunta es inevitable: ¿cómo es posible tanta demora? ¿Hacen falta tres años para que unos profesionales del Derecho lleguen a conclusiones y ofrezcan una decisión sobre el caso? ¿No estaremos ante un fracaso debido a una gran incompetencia?

Fanatismo irresponsable

Mircoles, 18 Marzo 2009

Si a alguien se le ocurriera criticar agriamente a las organizaciones filantrópicas que nutren de alimentos a los desplazados africanos con el fin de que no mueran de hambre con el argumento de que así se les desmotiva para que intenten ganarse la vida, se le tacharía de loco o de fanático. Pues es igualmente irracional la actitud del Papa cuando afirma que el preservativo agrava el problema del sida porque la solución consiste en extender “la humanización  de la sexualidad”.

En África se concentra el 70% de los infectados de sida en el mundo, y la pandemia avanza a caballo de la miseria, la incultura y la falta de higiene. Gracias a los preservativos, que son distribuidos gratuitamente por numerosas ONGs (con la oposición de la Iglesia católica), el terrible mal, que allí no puede ser curado por el alto precio de los tratamientos, está empezando a ser controlado. Y si las cosas son así, ¿cómo puede entenderse que el Papa haya querido comenzar su viaje africano con una explícita condena del preservativo, que salva vidas y que reduce significativamente el terror que provoca la enfermedad?

Fanatismo irresponsable se llama la figura.