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Archivo de Junio, 2009

Madoff y el sistema

Martes, 30 Junio 2009

El financiero Bernard Madoff, hasta hace poco considerado un prodigioso gestor de patrimonios, acaba de ser condenado por un tribunal de Manhattan a 150 años de cárcel –en la práctica, a cadena perpetua- por haber desarrollado un gigantesco fraude basado en la pirámide de Ponzi: los inversores eran retribuidos no con el fruto de sus capitales sino con los recursos que aportaban los nuevos clientes. El tinglado se ha mantenido en pie mientras ha soplado el viento de popa sobre el sistema financiero; y la estafa ha quedado de manifiesto cuando ha llegado la crisis. Bancos de inversión, potentados de todo el mundo y –lo que es más grave- una infinidad de medianos y pequeños ahorradores han visto como se esfumaban sus dineros; tan sólo se les reembolsará una pequeña parte cuando sean liquidados los bienes del estafador. En España, algunas de las grandes fortunas se han visto afectadas. En diciembre pasado, la CNMV cifró en 106,9 millones de euros la exposición de los fondos y de los vehículos de inversión españoles a la estafa de Madoff. Entre las entidades más afectadas están el Banco Santander, a través de Optimal Strategic, y el BBVA.

Lo más grave del caso no es, con todo, la gran estafa sino el hecho de que haya sido posible llevarla a cabo durante casi cuarenta años (la SEC abrió incluso una investigación sobre el financiero en 2006, que se cerró al año siguiente con todos los pronunciamientos favorables), a pesar de que algunos expertos denunciaron reiteradamente los pies de barro de la empresa de Madoff. Uno de ellos, el agente financiero Harry Markopolos, de Boston, comenzó a denunciar a Madoff ante la SEC en 1999, sin resultados; irónicamente, cuenta ahora Markopolos que, lejos de compartir sus impresiones, sus jefes de entonces le espolearon para que consiguiera él también los mismos buenos resultados de Madoff. Carlo Ponzi (1882-1949), el estafador que arruinó a 20.000 clientes en 1919 por el mismo procedimiento y cuyo nombre ha pasado a la historia para designar el fraude piramidal, se desenvolvió en el marco de un sistema financiero rudimentario y falto de controles. Lo inexplicable es que Madoff, que llegó a ser presidente del Nasdaq, haya conseguido burlar al sofisticado mundo financiero global.

Y si ha sido posible semejante desmán, ¿cómo puede extrañar que otros agentes financieros, con la complicidad de muchas instituciones de crédito, pusieran en circulación las hipotecas basura, después de titulizarlas en forma de activos aparentemente sanos? Inevitablemente habrá que concluir en que la desregulación de los mercados, llevada a extremos paroxísticos, ha permitido todos los abusos que, a la postre, han terminado agostando la confianza y provocando el derrumbe del sistema financiero internacional. La responsabilidad, en fin, de que hayan pasado inadvertidas estafas como la de Madoff o prácticas viciadas como la de las hipotecas basura recae sobre el supervisor del sistema y, en última instancia, sobre el modelo político que ha relajado los controles y ha dado carta blanca a los desaprensivos.

Hoy, la gran urgencia es reconstituir el capitalismo, regenerar el tejido económico, adquirir la velocidad de crucero anterior a la crisis. La reactivación está en marcha, pilotada desde USA por Obama. Pero no deberíamos olvidar que correremos gravísimos riesgos de recaída si al mismo tiempo no instalamos mecanismos seguros y eficaces de supervisión y control del reconstituido sistema financiero. 

Lecciones de la Transición

Domingo, 28 Junio 2009

El libro de Javier Cercas “Anatomía de un instante” es, ante todo, una indagación histórica magnífica sobre el 23-F, que contextualiza brillantemente aquel episodio, agota el análisis y arroja sobre aquel hito crucial de nuestra democracia toda la perspectiva que ya cabe extender sin prejuicios ni límites. No le veo a la obra cualidades literarias pero sí reconozco su aportación decisiva a la reconstrucción de nuestro pasado reciente, velado con frecuencia por la pasión política o por el interés inconfesable.

La obra de Cercas da respuesta a la mayoría de los interrogantes que quedaban abiertos sobre aquella compleja cuartelada. Queda clara la ambición cómplice de Armada; el temple tabernario y primitivo de Tejero; la connivencia de la AOME –la unidad de elite del CESID- de José Luis Cortina con el golpe, sin conocimiento del CESID de Narciso Carreras y Javier Calderón; las imprudencias verbales del Rey antes del 23-F y su firme decisión de abortar la intentona cuando ésta tomó cuerpo… Pero probablemente el mayor acierto del monumental reportaje sea la puesta en valor de los héroes que brillaron en aquella fecha infausta, mantuvieron enhiesto el honor de la democracia y salvaron definitivamente al Parlamento de un ridículo que pudo haber lesionado su prestigio para siempre en el imaginario colectivo: Adolfo Suárez, Manuel Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo, los únicos que permanecieron en sus escaños cuando el tiroteo de los uniformados a las órdenes de Tejero asoló la Cámara y obligó a los diputados a ocultarse prudentemente bajo los asientos.

El rescate para la historia de estos tres personajes clave cuando ya no son actores de la política –Suárez se halla como es sabido ensimismado en su irremisible enfermedad, Gutiérrez Mellado murió absurdamente en un accidente de automóvil en 1995, Carrillo sigue lúcido a sus 94 años- restaura con justicia una postergación que sólo puede atribuirse a la ingratitud congénita de la naturaleza humana, puesto que sin su contribución al país hoy no podríamos disfrutar de un régimen modélico que nos ha traído, pese a los contratiempos, a la prosperidad material e intelectual.

La rehabilitación de la memoria histórica ha sido particularmente pertinente en el caso de Adolfo Suárez, cuyos cinco años al frente del Gobierno dejaron establecido nuestro magnífico sistema de libertades. Como es bien sabido, tal autoría no sólo no le fue reconocida entonces sino que padeció la más pertinaz, injusta y absurda campaña que jamás se haya desatado contra alguien en nuestro país desde la muerte de Franco. En delirante conciliábulo, todos, desde la extrema derecha a sus propios conmilitones se empeñaron en destrozar a quien, de la mano del Rey, edificó la democracia, hasta el extremo de forzar su dimisión, que fue espoleta del golpe de Estado. Cercas reproduce algunos párrafos del doliente adiós de Suárez: tras enunciar con sencillez su legado explica que se va porque ha llegado a la conclusión de que su marcha puede ser más beneficiosa que su permanencia; quiere que su renuncia sea “un revulsivo moral” capaz de desterrar para siempre de la práctica política de la democracia “la visceralidad”, “la permanente descalificación de las personas”, “el ataque irracionalmente sistemático” y “la inútil descalificación global”.

Tres décadas después, la figura de Suárez adquiere sus verdaderos perfiles gigantescos. Incluso algún biógrafo de entonces que contribuyó a demonizarlo ha revisado ahora sus posturas. Pero algunos de los vicios cainitas que denunció Suárez siguen en el orden del día. Quizá fuera oportuno extraer las lecciones de la Transición y releer la historia, que es una manera de no tener que volver a vivirla.

La nueva Ertzaintza

Viernes, 26 Junio 2009

Los líderes del PNV –Urkullu, Ibarretxe y Balza, éste antiguo consejero del Interior- están irritados con López y su equipo de gobierno porque –dicen- de las manifestaciones del Ejecutivo socialista parece desprenderse que la actual Ertzaintza es distinta de la anterior, de la que estaba a las órdenes de los nacionalistas. 

El nuevo consejero Rodolfo Ares, sucesor de Javier Baltza, ha quitado hierro a la polémica por respeto a la propia Ertzaintza y para no introducir cuñas en unas relaciones políticas ya tensas desde que Ibarretxe fue descabalgado del poder. Sin embargo, los nacionalistas aciertan, contra su voluntad, en lo que dicen. Y una gran parte de la ciudadanía de este país está muy satisfecha, emocionadamente satisfecha, de que la policía autónoma vasca sea al fin un cuerpo de seguridad del Estado, dispuesto a luchar codo con codo con la Guardia Civil y la Policía Nacional contra los asesinos de ETA.

A esto algunos le llamamos nada eufemísticamente “normalización” de Euskadi. Por vez primera, se visualiza a toda una sociedad movilizada contra el terrorismo que trata de corroerla. Incluso a una policía que hasta hace poco era instada a mirar hacia otro lado con demasiada frecuencia.

Fiscalidad e ideología

Mircoles, 24 Junio 2009

El Gobierno –conviene recordarlo- disfruta en teoría de una amplia mayoría parlamentaria -169 diputados tiene el PSOE- que, en teoría, debería permitirle cierta comodidad. Si se piensa que el PP gobernó en la legislatura 1996-2000 con 156 diputados sin sobresaltos, se coincidirá en que la mayoría parlamentaria actual tiene un peso suficiente. Por tal motivo, Rodríguez Zapatero decidió esta vez afrontar su investidura en solitario, sin apoyos de los demás grupos.

En estas circunstancias,  el logro de la mayoría necesaria para que prosperen ciertas iniciativas –los presupuestos generales del Estado de cada año por ejemplo- ha de obtenerse pactando con las minorías. Y estas ocasionales alianzas pueden conducir fácilmente a la esquizofrenia. Esto es lo que ocurrió ayer martes en el Congreso de los Diputados cuando el PSOE, al negociar el apoyo al techo máximo del gasto en 2010 que debe votarse mañana jueves, intentó primero aliarse con el grupo parlamentario ERC-IU-ICV, mediante un acuerdo una mayor progresividad fiscal, para terminar después aceptando un pacto con CiU que garantizará la abstención –suficiente, a estos efectos- del grupo catalán.

Este vaivén, llamativo y pintoresco pero inexorable a causa de la inamovible matemática parlamentaria, genera lógicas dudas sobre la consistencia del modelo fiscal del Gobierno, que por la mañana parece dispuesto a subir los impuestos a los ricos y por la tarde desiste de ello. Sin embargo, la cuestión no es tan simple.

En primer lugar, hay que decir alto y claro que el modelo fiscal ya no es el distintivo que delimita decisivamente los espacios de la izquierda y de la derecha. Desde la llegada irreversible del realismo capitalista en los años noventa del pasado siglo, socialdemócratas y liberales coinciden en otorgar la iniciativa económica al mercado. La Unión Europea se basa sobre esta ortodoxia –el Pacto de Estabilidad que sostiene la moneda única va en esta dirección- y nadie discute que el Estado no debe interferir en la economía productiva. El objetivo esencial de la nueva socialdemocracia, asentada sobre el liberalismo económico, consiste en la universalidad de unos servicios públicos básicos de calidad, que garanticen una auténtica igualdad de oportunidades en el  origen. El progresista Obama no ha prometido más impuestos sino la creación de una sanidad universal en Norteamérica. Y, de hecho, sólo algunos desorientados poscomunistas –como los que militan hoy en Izquierda Unida o en ERC- creen en la bondad intrínseca de la fiscalidad alta, del Estado interventor embarcado en una utópica redistribución de la riqueza.

En segundo lugar, es patente que la salida de la recesión actual, que obligará a reducir los altos déficit públicos y a regresar cuanto antes al Pacto de Estabilidad, hará necesarios sacrificios fiscales, subidas de impuestos para cuadrar las cuentas públicas, no por razones ideológicas. La vicepresidenta Salgado lo ha dicho con claridad, y es de prever un incremento inminente de la presión fiscal, siquiera hasta que este país recupere su velocidad de crucero.

En tercer lugar, y por último, conviene recordar que la actual soledad parlamentaria del PSOE no es fortuita ni se debe a su mala cabeza: conscientemente, ha tenido que renunciar al apoyo del PNV porque se ha negado a pactar con él en Euskadi para provocar el magnífico cambio político a que estamos asistiendo. Y tampoco puede contar con el respaldo estable de CiU porque esta formación está en la oposición en Cataluña y el Gobierno central no cede por completo a sus pretensiones en materia de financiación.

Hay otros modelos parlamentarios, mayoritarios en vez de proporcionales, en que no son precisas estas alianzas del partido gobernante con las minorías, pero si hemos optado constitucionalmente por éste, tenemos que aceptarlo con sus grandezas y sus miserias. Sin ceder a la demagogia cada vez que el sistema chirría por alguno de sus puntos débiles. 

Berlusconi

Martes, 23 Junio 2009

Sólo el 23% de los ciudadanos acudió el domingo a las urnas para participar en el referéndum sobre la reforma de la ley electoral, un proyecto impulsado por Berlusconi. De este desaire podría interpretarse que al fin la sociedad italiana, que tan mala suerte ha tenido en la evolución de su sistema político, ha comenzado a indignarse ante la acumulación de escándalos centrados en la figura singular de su primer ministro.

No deja sin embargo de ser sorprendente que los italianos hayan transigido de buen grado ante el cuasi monopolio informativo de Berlusconi, que controla la televisión pública y es propietario de la privada y de buena parte de los restantes medios; ante más que probables síntomas de corrupción que han sido tapados frecuentemente mediante golpes de fuerza; ante la frivolidad de un discurso frecuentemente populista y demagógico… y apenas hayan saltado como un resorte al comprobar que su líder llevaba una vida decadente, entregado a docenas de jóvenes huríes alquiladas con dinero contante y sonante en sus palacios oficiales.

Estos últimos escándalos, probablemente los menos importantes, no hacen sino corroborar que Berlusconi se ha saltado todas las barreras morales que protegen el poder de los abusos y de los desaprensivos. Muchos ya lo sabíamos pero a los italianos les ha costado mucho entenderlo. 

El modelo alemán

Lunes, 22 Junio 2009

Los dos grandes sindicatos se han escastillado en la negativa a cualquier reforma laboral. Se apoyan para ello en un manifiesto firmado por más de 700 expertos y profesores que viene a decir que cualquier negociación sobre la materia sería en el fondo un medio de facilitar el despido y de eliminar la distinción entre despidos procedentes e improcedentes y, en última instancia, representaría la precariedad generalizada de los trabajadores y un abaratamiento de la rescisión del contrato laboral.

Las organizaciones obreras tienen razón cuando dicen que la legislación laboralno ha sido la causa de la crisis”, por lo que resultaría sangrante que ahora los trabajadores fueran castigados a pagar en primer lugar por una coyuntura que no han desencadenado. Sin embargo, yerran cuando afirman que una reforma del modelo de relaciones laborales no podría haber evitado en parte el fortísimo desempleo que padecemos ni sería capaz de reducir el alto número de parados actual.

Xavier Vidal-Folch acaba de publicar un artículo revelador sobre el modelo alemán, un país en que la recesión es más fuerte que la española (en el primer trimestre de este año, la caída del PIB fue del 6,9%, frente al 3% en España). Pero entre abril de 2008 y abril de 2009, el desempleo creció en Alemania del 7,4 al 7,7%, mientras que en España casi se duplicó, pasando del 10% hasta el 18,1%. Y explica el articulista que la razón de del “milagro” alemán, que contrasta con el desastre español, ha de buscarse en buena medida en la reglamentación laboral, que en aquel país incluye dos poderosas herramientas.

Una de ellas es la flexibilidad para efectuar reducciones de jornada con apoyo del Estado en empresas que hayan de reducir su producción a causa de la caída de la demanda por la crisis. A esta fórmula se han acogido 1,5 millones de trabajadores que han reducido en promedio un tercio de su jornada, lo que supone que se han salvado 500.000 empleos. La otra herramienta es el aparcamiento o suspensión temporal de empleo: la empresa paga el 10% del salario y el resto el Estado; el trabajador mantiene su contrato y sigue en nómina hasta que la demanda se reavive. En principio, esta situación podía mantenerse seis meses pero se ha ido prorrogando el plazo y ahora puede durar hasta 24 meses.

En el caso alemán, tales medidas no son simple cosmética para disimular el paro porque los empleos a los que se aplican son viables, productivos, y no cabe duda de que las empresas afectadas reanudarán su rentable actividad en cuanto se recupere la economía. En el caso español, es obvio que ciertos empleos que acaban de desaparecer no eran viables –muchos del sector construcción, por ejemplo-, pero sí otros muchos de los sectores industrial y de servicios que actualmente han desaparecido mediante EREs o, en el peor de los casos, mediante quiebras seguramente evitables.

En España, se consumen ingentes cantidades de recursos en financiar el subsidio de desempleo –se acaban de aplicar 19.000 millones de euros adicionales-, cuando se podría haber evitado con un coste incluso menor la desaparición de una parte sustancial de los puestos de trabajo destruidos. Obviamente, estamos a tiempo todavía de intentar unos cambios que en otros países –y no sólo en Alemania- han dado resultado. La negativa sindical a negociar y la ciega defensa que hace el Gobierno de las posiciones sindicales son, por lo tanto, una obstinada locura que no nos lleva a parte alguna. 

¡Es el Estado, estúpido!

Martes, 16 Junio 2009

Ayer fue inaugurada la T1, la magnífica nueva terminal del aeropuerto de El Prat barcelonés, que sitúa a la capital catalana a la cabeza del mundo en el decisivo campo del transporte aéreo. Pero mientras Zapatero y Montilla cumplían el protocolo, discurría una sorda polémica sobre la paternidad de tan magna infraestructura.

Ante la gran proeza arquitectónica, obra del arquitecto Bofill, CiU y el PP se han apresurado a manifestar que la T1 fue fruto del pacto de Majestic de 1996, por el que Aznar lograba la presidencia del gobierno español con apoyo de Pujol. Rápidamente, la izquierda catalana ha negado esta versión y ha atribuido el gran logro al Plan Delta de 1994, firmado en tiempos de Felipe González por Borrell y Pujol, que preveía la ampliación de las actividades aeroportuarias. Lo cierto es que en diciembre de 2003, el entonces ministro de Fomento Álvarez Cascos colocaba la primera piedra de la T1, inaugurada ayer por el presidente de un gobierno socialista.

Esta disputa cuasi biológica sobre la paternidad de la T1 es pueril e inane. Porque precisamente la grandeza de estos grandes hitos estriba en que el Estado, que es quien los promueve, trasciende de los particularismos. Y la democracia hace posible que todos los ciudadanos podamos arrogarnos el mérito del progreso colectivo.

La democracia continua

Viernes, 12 Junio 2009

Los sistemas parlamentarios son democracias de opinión pública.  Quiere decirse que, con independencia de las formalidades constitucionales, que tasan rigurosamente el modelo de representación semidirecta –los ciudadanos eligen parlamentarios que a su vez designan al Ejecutivo-, el devenir de los diferentes poderes y de las instituciones está sometido al escrutinio constante de la ciudadanía, a través de esta abstracción que denominamos opinión pública.

La opinión pública es, en definitiva, el juicio colectivo que en cada momento merece la actuación de los diferentes actores. Se establece sobre la estructura del sistema mediático, de forma que el conjunto de los medios de comunicación es el gran elemento vertebrador de una opinión continua que sirve de contraste a las instituciones democráticas. Por supuesto, existen mecanismos diversos para conocer el estado de opinión de la ciudadanía, como las encuestas sociológicas, pero el concepto cabal de opinión pública va más allá de esta concreción: el sentir espontáneo del cuerpo social se percibe con claridad si se observan con cierta perspectiva todas sus circulaciones y si se palpa el pulso del país a través del conjunto de los flujos mediáticos e informativos.

Viene esto al caso de lo acontecido tras la derrota del PSOE en las elecciones europeas. Con el argumento de que el Gobierno ha perdido el apoyo popular, el PP ha exigido al Gobierno que presente una moción de confianza, a lo que el Gobierno ha respondido retando al principal partido de la oposición a que plantee una moción de censura. Y Rodríguez Zapatero ha manifestado que para conquistar el poder hay que vencer en las elecciones generales y no en Estrasburgo. En cierta manera, ambos actores tienen su parte de razón. La legitimidad de este Gobierno, que venció en 2008, es plena, y además el Partido Popular no tiene –salvo piruetas inimaginables de las minorías parlamentarias- posibilidad de sacar adelante una moción de censura. Pero también es innegable que el Gobierno y el partido que lo sostiene deben asimilar el explícito aviso del cuerpo electoral que, aunque elegía el 7-J a sus representantes europeos, también juzgaba indirectamente el papel desempeñado por los diferentes sujetos políticos en los últimos tiempos.

Por supuesto, la derrota del PSOE no ha sido humillante, y se corresponde con el descenso que han experimentado todos los partidos gobernantes europeos, enfrentados con la crisis y por tanto con el malhumor de los electores. Pero no cabe duda de que este contratiempo ha de llevar al Gobierno a una reflexión humilde sobre sus propios errores, que son los que a fin de cuentas ha sancionado el cuerpo social. Ni el “Zapatero dimisión” que coreaban algunos partidarios de Rajoy en la noche electoral tiene sentido, ni el mantenella y no enmendalla de un presidente del Gobierno que no parece dispuesto a analizar el porqué de algunas defecciones resulta razonable.

La democracia de opinión plantea, junto a su propia grandeza, un problema de fondo: los líderes políticos ceden con frecuencia a la tentación de complacer acríticamente las demandas colectivas. Es lo que se llama gobernar con encuestas. Cuando es patente que en ocasiones, los estadistas tienen la obligación moral de afrontar las consecuencias de decisiones impopulares si creen que beneficiarán a la colectividad. Talleyrand –cuenta Ortega- reprochó con dureza a Mirabeau “no haber tenido el coraje de ser impopular” cuando le correspondía enfrentarse a las críticas para salvar a la patria. Pero éste no es el caso que suscita este comentario: Zapatero y Rajoy, Rajoy y Zapatero, tienen la obligación de mantener el oído atento a la democracia continua que se expresa a través de la opinión pública y de los hitos electorales de la legislatura… Porque ese sonido de fondo enriquece la ceremonia política, orienta a los líderes y carga de matices el debate entre el poder y la oposición. 

El centro, de nuevo

Martes, 9 Junio 2009

Los analistas más prestigiosos explican lo ocurrido el 7-J mediante referencias al centro político. El Partido Socialista habría radicalizado su mensaje en los últimos tiempos al introducir en el debate asuntos polémicos y vidriosos como la ley de plazos, la píldora del día después o la reforma de la ley de Libertad Religiosa. Y este ensimismamiento sería el causante de que el PSOE haya perdido una parte notable del sector más centrista, más moderado, de su clientela habitual.

En sentido contrario, el PP exhibía el 7-J la moderación y la templanza adoptadas en el Congreso de Valencia en el pasado verano, que lo llevó a la ruptura con lo más reaccionario del complejo mediático que lo había acompañado durante la legislatura anterior. Tal viraje habría reconciliado a Rajoy con un electorado conservador moderado que no transigió en su momento con aquella radicalización.

Evidentemente, este planteamiento es demasiado simplista y lineal, pero la realidad se acomoda indudablemente a estas pautas. PP y PSOE deben terminar de convencerse de que la gran disputa se plantea en el centro. Y quizá este convencimiento lleve a ambos a calmar sus ímpetus y a rebajar el tono de la confrontación. Todos saldríamos ganando con ello.

Berlusconi y nosotros

Lunes, 8 Junio 2009

Los últimos escándalos han afectado al crédito de Berlusconi, quien, pese a no tener enfrente a un adversario organizado, tan sólo ha logrado, al frente del Polo de la Libertad, el 35% de los votos, un 2% menos que en las elecciones generales del año pasado y muy por debajo de sus propios pronósticos (tanto el primer ministro como las encuestas auguraban un 40% para el PdL). La opinión pública no ha sido, en fin, insensible a la degradante conducta del personaje.

Aquí, en cambio, la corrupción económica no hace mella en los electores. Pese al “caso Gürtel”, que involucra a políticos de las comunidades de Madrid y Valencia, en ambas el Partido Popular ha mejorado ostensiblemente el apoyo de que disfruta. En localidades cuyo alcalde ha tenido que dimitir por haber sido imputado judicialmente, el ascenso ha sido espectacular.

Estas líneas de asombro y desazón no son en absoluto partidistas. El color político de los protagonistas de la sinrazón carece de importancia. Porque lo inquietante no es que haya corrupción sino que la ciudadanía no la rechace con contundencia. Diríase que nuestros códigos de valores éticos se han relajado hasta extremos difíciles de entender.