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Archivo de Septiembre, 2009

Alemania, la derecha y la izquierda

Lunes, 28 Septiembre 2009

La socialdemocracia alemana acaba de pagar el precio de sus vaivenes ideológicos, en brazos de los verdes, primero, y en gran coalición con la derecha, después. Lo cierto es que Merkel sigue, ahora en coalición con el FDP –el venerable partido liberal progresista de las Tesis de Friburgo-, normalizándose así la dialéctica política en el mayor país de Europa: la derecha a un lado, la izquierda a otro.

El mensaje que lanza a toda Europa el electorado alemán es bien claro: en época de crisis, hay que descartar la tentación del intervencionismo. Máxime en aquellos países prósperos en que los grandes partidos de centro-derecha han asumido perfectamente el Estado de Bienestar y están convencidos de que la ciudadanía quiere preservar los sistemas de protección social velando al mismo tiempo por su sostenibilidad (la famosa Agenda 2010).

El centro-izquierda, ya desplazado del poder en Francia, acaba de perderlo en Alemania (donde padece, además, una grave fractura) y muy posiblemente será desalojado pronto en el Reino Unido. En los países ricos de la UE, la sociedad apuesta por el centro-derecha para guiar la recuperación económica. España, más atrasada, mantiene problemas muy peculiares que la singularizan, pero los socialistas deberían ver que el intervencionismo es anacrónico y que el afán igualitarista debe convivir con la desregulación económica y converger siempre en propuestas de modernización.

Padres e hijos

Mircoles, 23 Septiembre 2009

El recién publicado “Informe de la inclusión social en España” elaborado por la Obra Social de Caixa Catalunya obtiene una conclusión que refuerza la intuición que muchos teníamos: el nivel de formación de los padres condiciona decisivamente el éxito escolar de los hijos.  He aquí una muestra: el 73% de las personas entre 25 y 39 años cuyo padre tenía formación universitaria ha alcanzado este mismo nivel. El fracaso escolar y el acceso a los niveles de formación no obligatoria también se relacionan con la educación de los progenitores.

La conclusión política de esta evidencia es clara: falla estrepitosamente el designio democrático de asegurar la igualdad de oportunidades en el origen, que abrazan retóricamente los grandes partidos de la derecha y de la izquierda. O, en otras palabras, la Escuela no es capaz de producir una verdadera nivelación intelectual y social partiendo de una sociedad desequilibrada y heterogénea.

El asunto es relevante porque se resumen en él el sentido mismo de la política y los requerimientos exigibles a los programas de partido: el gran objetivo de lo público debe seguir siendo conseguir que las diferencias de origen no se conviertan inexorablemente en desigualdades de destino.

Tentaciones

Lunes, 21 Septiembre 2009

El consejo bíblico recomienda evitar las tentaciones si no se quiere pecar (los cínicos, en cambio, aseguran que nada hay más delicioso que caer en las tentaciones). La ética pública, menos voluntarista, recomienda que las instituciones se doten de controles estrictos para evitar que la naturaleza humana, que es frágil, se desvíe de su camino y actúe en perjuicio de la comunidad.

Viene esto a cuento del escándalo protagonizado por Félix Millet durante su etapa al frente del Palau de la Música de Barcelona, ante la consternación general. Este hombre de cultura, respetado y mimado por la sociedad catalana hasta conocerse su imperdonable desliz, no pudo resistirse a la tentación de adueñarse de gran parte de los caudales públicos que pasaban por sus manos. El desfalco es muy importante y podría llegar a los nueve millones de euros.

Desde el punto de vista del interés general, lo grave de este caso no es tanto el yerro de este ciudadano, que se enriqueció a costa de su dignidad, cuanto el hecho de que nadie se percatara en años de que una institución que vive en gran parte de subvenciones públicas comenzaba a acumular un colosal agujero. La lección es clara: contra las tentaciones, riguroso control fiscal.

Más opciones para el Constitucional

Mircoles, 16 Septiembre 2009

Se supone que el Tribunal Constitucional sigue deliberando sobre la constitucionalidad o no del nuevo Estatuto de Cataluña. Tras tres años de lucubraciones corporativas, que han hecho posible un desarrollo ya irreversible de la carta autonómica catalana, el TC ya no logrará salir airoso de la dura prueba: si convalida la norma, habrá cedido a las presiones exorbitantes que han ido arreciando a medida que se demoraba la respuesta; si no lo hace, habrá puesto irreflexivamente en peligro la estabilidad y la cohesión del Estado.

Ante esta disyuntiva dramática, cabrían aún dos opciones más: una de ellas, la de declarar por unanimidad la incapacidad del organismo actual, mutilado y caducado, para obtener una decisión con suficiente peso, por lo que se aplazaría la decisión hasta después de su preceptiva renovación, que debió haberse producido a fines de 2007. La otra, más evasiva, consistiría en reconocer la impertinencia de dictaminar sobre la constitucionalidad de una norma que ya ha sido refrendada en referéndum; en el futuro, la cuestión de constitucionalidad debería ser previa al plebiscito.

Los partidos, con sus marrullerías, han acorralado al Constitucional, que hoy es el ojo de un huracán temible. Quizá no sea lícito pedir a sus miembros el heroísmo de pronunciarse para que, en cualquier caso, caiga sobre ellos el injurioso rayo de la descalificación.

Intereses mediáticos

Martes, 15 Septiembre 2009

Estamos en presencia de una inflamada guerra mediática –una más- entre grupos de comunicación y el Gobierno en la que están en juego intereses materiales muy concretos. Y quienes otorgamos a este oficio –el periodismo- cierto valor sacramental  (no en vano la prensa es el perro guardiánthe watchdog- de la democracia), asistimos atónitos a una fluctuación sorprendente de opiniones y juicios, que oscilan invariablemente en el sentido que cabría esperar, a la vista de las amistades y enemistades que se dirimen.

No cabe duda de que estos comportamientos terminan de desacreditar a un sector, el de los medios de comunicación, que siempre, como la mujer virtuosa de las novelas románticas, ha de  exhibir su decencia como seña de identidad. El espectáculo de venerables cabeceras cayendo en  la tentación de la presión política o del chantaje más o menos blando resulta sobrecogedor en un país que tanto ha trabajado para solidificar una democracia decorosa.

No es cuestión de plantearse ahora quién tiene la culpa, si un gobierno poco neutral o unos medios demasiado codiciosos. Lo cierto es que hay que dar un toque de atención ante el escándalo, que en el fondo nos salpica a todos.

Libros

Martes, 8 Septiembre 2009

Las nuevas tecnologías de la información, con Internet a la cabeza, han afectado decisivamente a las grandes industrias culturales: los medios de comunicación, la música y el cine están experimentando transformaciones decisivas en su modelo de negocio. Y ahora le toca el turno al libro. El libro electrónico –el eBook- ha irrumpido con fuerza imparable, tanto en el terreno de la explotación legal –Amazon carga automáticamente por wifi los libros adquiridos por Internet en su lector Kindle- como en el de su difusión gratis total en las redes de intercambio P2P. En España, la explotación comercial de libros electrónicos está en sus primeras fases, pero en la red ya pueden encontrarse sin esfuerzo las últimas novedades (la trilogía de Larson, por ejemplo, está íntegra al alcance de quien quiera descargarla).

Google, por su parte, ha emprendido una vasta labor de escaneo de todas las obras literarias cuyos derechos de autor han caducado, ha firmado un acuerdo de comercialización con los editores americanos y está negociando con los de la Unión Europea. Su proyecto global se suma a otras iniciativas espléndidas más locales (en España, realiza esta tarea el Instituto Virtual Cervantes, que disfruta de financiación del Banco de Santander).

El libro clásico no desaparecerá, sin duda, ya que su valor como objeto cultural perdura. Pero no hay duda de que toda la industria editorial sufrirá una grave convulsión. Es la hora de aceptar el gran cambio y de adaptarse a él. La innovación es imparable y perecerán en el camino quienes no entiendan que lo inteligente es anticiparse al futuro.

Sevilla

Jueves, 3 Septiembre 2009

Jordi Sevilla se ha ido de la política a la empresa privada. Su marcha no ha sido sorprendente: quien fue jefe de gabinete de Pedro Solbes con Felipe González y portavoz económico del PSOE tras la llegada de Zapatero a la jefatura socialista en el 2000 no acabó de encajar en los proyectos presidenciales de su jefe de filas, pese a pertenecer a su círculo más cercano. Ministro para las Administraciones Públicas en 2004 -Solbes fue entonces el vicepresidente económico-, fue destituido en la primera crisis, la de 2007, cuando se vio que no era la persona idónea para gestionar el Estatuto de Cataluña y Zapatero prefirió para el cargo a Elena Salgado. Se dijo entonces que se dedicaría a la política valenciana, pero Ferraz pensaba otra cosa.

En los últimos tiempos, Sevilla, diputado por Castellón, ha mantenido una meritoria actividad periodística a través de sus artículos económicos dominicales en Madrid y de su propio blog en Internet. Ha criticado con sensatez al Gobierno, ha marcado pautas, ha analizado con inteligencia la coyuntura. No resultaba posible ocultar que la buena cabeza de Sevilla estaba siendo claramente infrautilizada por su propio grupo.

No es buena noticia que un experto con buenas ideas abandone el Parlamento. Un hecho nada anecdótico que corrobora lo que ya se sabía: que la inteligencia no es una virtud sino un lastre para estar en la política partidaria. Y así nos va.