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Archivo de Marzo, 2011

Pacifismo radical

Viernes, 25 Marzo 2011

Llamazares, todavía portavoz de Izquierda Unida, ha defendido en nuestro parlamento el pacifismo radical –la guerra es mala en todo caso-, creyendo quizá que, como la intervención en Libia cuenta con la adhesión del 70% de la ciudadanía según las encuestas, bien pudiera ocurrir que el 30% restante se arrimara a IU. Vana esperanza, sin duda.

 

No parece probable tal cosa porque el rechazo que suscita la violencia, cualquier violencia, se filtra en todos los casos en el tamiz del sentido común. Sentido común que debería alertar a los sedicentes comunistas de lo peligroso que resulta alentar una teoría que, como es fácil de ver, legitimaría la doctrina sistemática de la no intervención que, para desesperación de los demócratas de aquí, practicaron las democracias europeas –no así los regímenes totalitarios de la época- al estallar en España la guerra civil.

 

Por fortuna, el derecho internacional ha evolucionado mucho desde que el mundo se estremeciera con el genocidio nazi, y los nuevos criterios penales, impulsados por la globalización, van adquiriendo vigor universal, aunque el Tribunal Penal Internacional no haya conseguido erigirse aún como una instancia extendida verdaderamente sobre toda la humanidad.

 

Más concretamente, el principio de ‘justicia universal’, o de ‘persecución sin fronteras’ del genocidio, terrorismo o la tortura figura en los Estatutos y en la sentencia del Tribunal de Nuremberg sobre la represión universal de los crímenes contra la humanidad; en el Convenio contra el Genocidio de 1948; en los cuatro Convenios de Ginebra de 1949, que establecen específicamente el principio de justicia universal; en el Convenio sobre la Tortura de 1984 y en el Pacto de Nueva York de 1966, que garantiza a las víctimas el derecho a la justicia. Todos ellos hitos progresistas que sin duda se vinculan a una cierta idea de civilización ligada a la democracia.

 

En nuestro caso, España ha incorporado el ‘principio de justicia universal’ en la ley orgánica del Poder Judicial de 1 de julio de 1985 que establece la competencia de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional para enjuiciar los delitos cometidos fuera del territorio nacional cuando éstos, bien conforme a las leyes, bien a los tratados, deban perseguirse por la jurisdicción española, hecho expresamente previsto en cuanto a los delitos de genocidio, terrorismo y torturas en el Art. 23.4 a), b) y g) de la misma ley orgánica. Como es conocido, en 2009 se aprobó una reforma limitante del art. 23 de la Ley Orgánica del Poder Judicial que reduce la extraterritorialidad de la justicia española a los supuestos en que estén involucrados españoles.

 

En Libia, la resolución 1973 que autoriza a la comunidad internacional el uso de la fuerza si el régimen de Gadafi no deja de masacrar a sus ciudadanos, considera probado que se están cometiendo en el país delitos de lesa humanidad. Detener estos abusos, parar al genocida, maniatar al sátrapa, no puede ser legítimamente criticado desde el punto de vista democrático. Porque, con independencia de la hipocresía que se ha derrochado en el pasado (y que se sigue derrochando) en las relaciones entre Occidente y el mundo árabe, resulta gozoso constatar que ciertos valores prevalecen sobre cualquier interés.

Portugal, la prueba de que así no podemos seguir

Jueves, 24 Marzo 2011

Es muy posible que la crisis política portuguesa desencadenada por la forzada dimisión de Sócrates, que con toda evidencia agravará sus dificultades económicas –el país vecino continúa en franca recesión-, termine afectándonos también a nosotros, ya que las relaciones económicas entre ambos países son muy estrechas. En otras palabras, en una Europa económicamente integrada pero políticamente inconexa, los movimientos políticos de un país afectan a todos los demás.

 

Y ello no es razonable: si realmente queremos que la moneda única –que debería ser concebida como la expresión y no como la fuente de la unidad económica- no se desmorone y que la aventura integradora europea no se frustre, tenemos que lograr cuanto antes una gobernanza europea que centralice –que federalice, si se prefiere el concepto- las decisiones económicas y unifique las políticas fiscales.

 

Precisamente hoy arranca un trascendental Consejo Europeo que ha de lograr el Pacto por el Euro que es en definitiva un gran paso hacia esa gobernanza inaplazable. Pero no hay que detener la marcha en ese punto como si ya todo estuviera conseguido: es preciso avanzar en la articulación de Europa para que los especuladores no puedan introducir más cuñas en las fisuras interiores de la Unión.

Ley Electoral y libertad de expresión

Lunes, 21 Marzo 2011

La reforma de la Ley Electoral aprobada hace un mes por el Parlamento y que plasma el consenso establecido entre los dos grandes partidos entra a regular la cobertura mediática de las campañas electorales con criterios que, dicho claramente, son muy dudosamente constitucionales. O si se prefiere, parecen claramente inconstitucionales.

 

En efecto, la nueva norma dice textualmente que las cadenas privadas de televisión “deberán respetar también los principios de proporcionalidad y neutralidad informativa en los debates y entrevistas electorales así como en la información relativa a la campaña electoral…”. El criterio que habrá que aplicar será el mismo que obliga a las cadenas públicas a guardar tales equilibrios: proporcionalidad entre los tiempos informativos y los resultados en las anteriores elecciones análogas.

 

La confusión es inocultable: los medios de comunicación públicos, sufragados con cargo sa los Presupuestos, son instituciones claramente obligadas a la neutralidad informativa, en el supuesto de que tal concepto ideal pueda adquirir encarnadura. Pero imponer a los medios privados “neutralidad”, lo que ha de suponer lógicamente la existencia de una censura que constate si se cumple o no el precepto, es, como mínimo, un inaceptable exceso autoritario. El único límite estatal a la libertad de expresión que resulta aceptable para un demócrata es el Código Penal.

Lo llamativo y lo importante

Mircoles, 16 Marzo 2011

Nuestro inefable sistema mediático global es tan limitado que no es posible que dos grandes temas convivan en el tiempo. Como le ocurría a Lyndon Johnson según la malicia popular, nuestros medios son incapaces de andar y mascar chicle a la vez. Y en todos los casos, la propensión más general consiste en dar relevancia a los sucesos aparatosos, llamativos,  causantes de una gran conmoción, sin alcanzar a ver que el sistema mediático, depositario de la libertad de expresión y de información de la ciudadanía y vivero de la opinión pública, tiene una misión pedagógica que cumplir.

 

En efecto, acabamos de asistir al eclipse de la revolución libia, devorada por el terremoto/maremoto que ha afectado a Japón, que ha segado miles de vidas y cuyas consecuencias nucleares se han convertido en amenaza global. Con claridad, la catástrofe japonesa ha salido así en socorro del sátrapa Gadafi, que, de estar en el punto de mira de todo el orbe, ha pasado súbitamente al olvido más absoluto. Infortunadamente, los medios han dejado de preocuparse casi completamente por el auténtico genocidio que están cometiendo los mercenarios libios generosamente pagados por el dictador, a punto de retomar el control total del país, lo que dará paso con seguridad a una brutal represión.

 

Ese silencio mediático, auspiciado por el “providencial” terremoto japonés, ha reducido a cenizas la propuesta francesa de establecer una zona de exclusión aérea para impedir los bombardeos de civiles en el país norteafricano y ha posibilitado al G-8 mirar hacia otro lado. La comunidad internacional en general y Europa en particular han vuelto por sus fueros: no hay la menor grandeza sino sólo intereses en las instituciones supranancionales. La prensa no es inocente en todo este asunto, y sin duda conviene que hagamos examen de conciencia porque, por involuntariamente que sea, ese pastoso silencio ha encubierto los crímenes de Gadafi.

 

 

La desorientación de Eguiguren

Martes, 15 Marzo 2011

Jesús Eguiguren, presidente del PSE, se ha hecho un lío, y está metiendo cizaña en el País Vasco y en el Estado con la legalización o no de Sortu, un asunto que, como corresponde, está en manos de los tribunales. De los mismos que, en virtud de la legislación vigente, decidieron la ilegalización de Batasuna porque, según se consideró demostrado, el “brazo político” de ETA era en realidad parte de la propia ETA.

 

En efecto, el ilustre político socialista, que participó directa y personalmente en las últimas y fallidas conversaciones de paz (conviene recordar que, en aquella ocasión, ETA rompió expeditivamente el diálogo por el procedimiento de volar el aparcamiento de la T4, atentado que produjo dos víctimas mortales), ha acusado a Zapatero de “falta de valentía” en materia antiterrorista ya que su única preocupación es “no molestar  la derecha”. A juicio de Eguiguren, el Gobierno tenía que haberse volcado en la rápida legalización de Sortu.

 

La razón de tan pintoresca pretensión es confusa: “por mucho ruido que se haga para ocultarlo –escribe hoy en un artículo en “El País”- ningún político serio que conozca el País Vasco puede negar que Batasuna ha optado por el adiós a las armas y que eso nos lleva antes que después al fin de ETA. Menos aún, ningún político serio puede olvidar que estas cosas no son irreversibles, que desde la política y las instituciones se pueden hacer cosas decisivas para facilitar, dificultar o dejar pudrir esa evolución”.

 

¿En qué quedamos? ¿Ha optado realmente Batasuna por abandonar las armas y emprender la vía democrática? ¿O quizá esta decisión es reversible, como reconoce Eguiguren? ¿No estaremos, una vez más, ante un conocido chantaje, por el cual o nos plegamos a la voluntad de Batasuna o corremos el riesgo de ser acribillados a balazos?

 

Cuando se trata de condenar, aislar, combatir y exterminar a los violentos, no hay ni debe haber banderías, ni por tanto “derechas” e “izquierdas”, en el campo de los demócratas. Y conviene recordar que quienes ahora reclaman con tanta vehemencia su derecho a participar en la ceremonia democrática son los mismos que ayer aplaudían a ETA cuando asesinaba a un ciudadano. Los mismos que delataban a los “españolistas”. Los mismos que han asistido sin rechistar ni parpadear a un goteo de más de ochocientos asesinatos.

 

No se trata de tomar venganza, ni siquiera de excederse en la exigencia de garantías, pero tendrá que perdonarnos el señor Eguiguren a los escépticos sobre la buena fe de esa izquierda abertzale hoy tan escrupulosa con sus propios derechos, ayer tan relajada con los derechos humanos. Y aun ha de quedar claro que el día en que estos sujetos, tan tardíamente convertidos a la democracia, ingresen en las instituciones, permanecerán algún tiempo bajo sospecha. La historia de ETA no se puede borrar de un plumazo: ha habido en ella demasiada vileza, demasiada cobardía –ahora si-, demasiada malignidad en los sayones y en sus cooperadores necesarios.

 

 

Prensa, radio, televisión

Lunes, 14 Marzo 2011

 

Los grandes acontecimientos ponen a prueba a los medios de comunicación y permiten una reconstitución de los equilibrios internos del sistema mediático. Así, el colosal terremoto y el ulterior maremoto de Japón han permitido indagar acerca del papel que corresponde a los diferentes medios de comunicación y atribuir a cada uno de ellos su misión genuina.

 

Es notorio que las catástrofes han adquirido una sobrecogedora visibilidad a través de la televisión y de los vídeos difundidos a través de Internet. La radio, por su parte, ha permitido conocer en todo el mundo y en tiempo real el súbito devenir de los dramáticos acontecimientos y, sobre el terreno, alertar a la población que quedaba a merced del maremoto. Y la prensa ha sido el escenario idóneo de los análisis divulgativos sobre los terribles sucesos, el soporte ideal de los reportajes pormenorizados que han facilitado la comprensión, y la sede de los grandes debates que todavía no han cesado sobre los riesgos, las ventajas  y los inconvenientes de la energía nuclear.

 

Los errores procesales que se han cometido –algún periódico empeñado en el imposible de sustituir a la televisión, alguna televisión poco consciente de que su función no es difundir discursos de bustos parlantes- permiten ilustrar esta lección de periodismo que ha cabido obtener de la gran tragedia.

Millonarios

Jueves, 10 Marzo 2011

Pese a que el 2010 fue un año catastrófico para la economía mundial, nunca hubo tantos ciuadanos con más de 1.000 millones de dólares en el mundo: concretamente, 1.210, bastantes más que los 1.011 que se contabilizaron hace un año en la lista de Forbes, que acaba de presentarse en Nueva York y que se elabora anualmente desde hace 25 años. Además, la fortuna total de estos privilegiados se ha incrementado.Encabeza la lista el mexicano Carlos Slim, con 74.000 millones de dólares, 20.500 millones más que en 2010, el mayor crecimiento cuantitativo de toda la lista. Y como él, todos los que ocupan los veinte primeros puestos han visto como su riqueza aumentaba, con una excepción, el empresario indio Mukesh Ambani, que ha pasado del cuarto al noveno puesto y ha perdido 2.000 millones de dólares. Tras Slim aparecen Gates, Buffet y el francés Bernard Arnault, propietario del grupo LVMH, cuyo éxito confirma visualmente una tendencia que se anunciaba el pasado año y se consolida en este: las firmas que venden artículos de lujo sobreviven bien a las crisis.

Demagogias aparte, todo esto tiene un trasfondo escandaloso. Y aunque ya no tenga apenas carga ideológica la idea de redistribución, que en la práctica no resuelve problema alguno ni beneficia realmente a los menos favorecidos, sí cabe suscitar viejas cuestiones, como la pertinencia o no de mantener un impuesto sobre las sucesiones, o de gravar los patrimonios a partir de ciertos límites, o de cuestionar la responsabilidad social de quienes logran, por legítimamente que sea, tales acumulaciones de capital.

En algún caso -los de Gates o Buffet-, los afortunados son grandes mecenas y contribuyen de forma muy tangible a remediar carencias sociales. Pero en otros -el de Slim-, los provilegiados se cierran en banda a cualquier filantropía. Todo lo cual estimula el debate sobre la equidad, que se ha quedado viejo pero que inevitablemente renace ante estas informaciones que contrastan abruptamente la opulencia de algunos con la miseria de tantos.

El asunto se presta a la demagogia en varios sentidos. Pero aunque, por eludirla, no pongamos en cuestión el “pensamiento único”, es claro que la estética obliga en este caso a hacer definiciones. Y aunque los ricos empresarios hayan creado casi siempre ingente riqueza alrededor, la ética no puede supeditarse a su buen corazón.

Turquía al alza

Lunes, 7 Marzo 2011

Los acontecimientos que están teniendo lugar en el ámbito de los países árabes, que han servido para arruinar la generalizada hipocresía occidental con respecto a las dictaduras de la zona, están poniendo en valor al régimen de Turquía, una democracia todavía imperfecta en que el islamismo moderado compite con las restantes fuerzas en un marco laico de convivencia. En cierto modo, y guardando las obvias distancias, el modelo se asemeja a los que se desarrollaron en Italia y Alemania cuando se produjo el auge de la democracia cristiana en esos países.

 

El sistema turco ha sido visto en Europa con desconfianza porque pareció a veces un sucedáneo del islamismo radical, que tomaba posiciones para imponerse después abiertamente. Lo ocurrido en Túnez y en Egipto, sin embargo, demuestra que no es la pulsión del integrismo religioso la que está represada en esos países sino la de la libertad real, moderada e inscrita en un marco democrático.

 

No hay que hacer un gran esfuerzo de razón para entender que Turquía puede servir de pauta a estos regímenes emergentes y en construcción. Y que el experimento será productivo para Europa si, finalmente, se integra también a Turquía en la Unión Europea con la condición de que se acelere la evolución del sistema hasta la completa homologación del régimen con los baremos europeos.

Libia, la impotencia

Martes, 1 Marzo 2011

La fragilidad de la Unión Europea queda de manifiesto cada vez que esa entelequia supranacional deja de adoptar decisiones que debería tomar. En el caso de las revoluciones de los países árabes, que afecta a un territorio vital para Europa que en teoría está bajo su influencia directa, la pasividad de Europa es tan desazonante como expresiva.

En efecto, ya no se trata sólo de realizar injerencias humanitarias y democráticas que eviten pulsiones genocidas de los autócratas: también deberíamos defender nuestros intereses, que se juegan en buena medida en estos países. La crisis libia, con independencia de su entidad y de su gravedad, amenaza la autosuficiencia energética de buen número de países europeos, y el daño que se está causando a las economías europeas, todavía no rehechas de la recesión, será tanto mayor cuanto más dure la crisis.

En definitiva, habría que actuar desde Europa en dos sentidos: apoyando militarmente a los pueblos que se emancipan y que están siendo masacrados por sus dictadores -el caso libio clama al cielo- y proporcionando a los regímenes nacientes ayuda mediante un verdadero plan Marshall, financiado con recursos públicos y no por las multinacionales, como proponen algunos líderes occidentales, Zapatero entre ellos.

Sin embargo,  Europa es incapaz de tomar estas decisiones, que requerirían el consenso de los veintisiete países, cuya obtención, además de premiosa, sería una aventura imposible por obvias razones. Por resumir: o se produce una verdadera federalización, que ha de suponer una transferencia importante de soberanía política a las instituciones comunes, o carece de sentido seguir pensando que Europa es una realidad capaz de actuar como tal en el escenario global.