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Archivo de Mayo, 2011

La pelota de la negociación en el tejado del gobierno

Martes, 31 Mayo 2011

El sector más duro del empresariado ha impuesto su posición a la cúpula de la CEOE en la discusión con los sindicatos de la reforma de la negociación colectiva: la debilidad del centro-izquierda gobernante, que augura la llegada al poder del centro-derecha, ha influido sin duda en tal firmeza, que por otra parte es lógica en la organización que tiene como principal finalidad la defensa de los intereses empresariales frente a los intereses sindicales.

 

El Gobierno, que auspicia un diálogo social que ya dura demasiado tiempo, ha dado hasta la próxima semana a los negociadores para conseguir un acuerdo que no se producirá. El fracaso de la negociación social le deja las manos libres para proponer al Parlamento una solución equilibrada, cuyo referente tiene que ser, sin ninguna duda, la legislación predominante en Europa, que otorga al empresario una gran flexibilidad en la gestión de sus compañías para adaptar la oferta a la demanda pero que no llega a los extremos desreguladores que propugna el empresariado dirigido por Juan Rosell.

 

La reforma laboral fue excesivamente tímida, y si ahora no se avanza en el impulso a la competitividad de nuestras empresas, no podrá hablarse con propiedad de reformas tendentes a incrementar la productividad de nuestra economía y a reducir el paro a una mayor velocidad. La pelota está, en todo caso, en el tejado del gobierno.

En pos de la prosperidad

Viernes, 27 Mayo 2011

Felipe González, en un artículo sobre la compleja coyuntura del PSOE, criticaba el viernes a quienes proponen “recuperar la senda de la prosperidad perdida” porque fue precisamente la senda que recorrimos durante los años anteriores a la crisis la que nos condujo directamente al precipicio.

 

En efecto, la gran burbuja financiera internacional, producto del nulo control de los Estados sobre la especulación fraudulenta en los mercados, fue la causante del desastre… que en España se agravó por la desidia de los sucesivos gobiernos a la hora de controlar la especulación inmobiliaria. Durante mucho tiempo, se han concedido alegres subvenciones públicas a la compra de viviendas cuando el sector, recalentado hasta la histeria, crecía anualmente a tasas de dos dígitos. Y se ha mirado hacia otro lado cuando aquí tenían lugar incomprensibles abusos urbanísticos o cuando las cajas comprometían los recursos de sus clientes en aventuras descabelladas, que no eran ajenas a sospechosas historias aledañas con la corrupción.

 

Efectivamente, España tiene que volver a crecer, pero no por la misma senda que antaño si no queremos estar ya gestando la futura crisis. No se trata de que los futuros gobiernos intervengan la economía sino de llevar a cabo políticas económicas más estrictas y de que los reguladores controlen la actividad. Sencillamente.

¿Oportunidad perdida?

Mircoles, 25 Mayo 2011

Este gobierno, recién vapuleado electoralmente, pasará a la historia como el que, tras reconocerse en incómoda minoría ideológica en el seno de la Unión Europea, realizó un gran ajuste para evitar el acoso de los mercados y la consiguiente intervención a cargo de sus socios de la Eurozona, y como el que asimismo llevó a cabo un conjunto de reformas estructurales altamente impopulares encaminadas a incrementar la bajísima productividad de nuestra economía.

 

Ambas iniciativas, el ajuste y las reformas, han abrasado literalmente a Rodríguez Zapatero, quien, prudentemente, ya tomó hace tiempo la decisión de no repetir como candidato. Sin embargo, empieza a parecer que el desgaste ha sido mayor que el alcance de las medidas, ya que –por ejemplo- la reforma del sistema de relaciones laborales, tan onerosa y dura, se ha quedado en realidad a medio camino. Algo que también podría suceder con la reforma de la negociación colectiva, que es considerada insuficiente por un sector del empresariado y de la opinión académica.

 

Resultaría un sarcasmo, en fin, que los socialistas, que estaban dispuestos a sacrificarse por el país impulsando medidas simplemente suicidas, se hubieran inmolado en vano por una falta de arrojo a última hora, en el momento de perfilar las aristas más delicadas de los recortes.

Ante el gran ajuste que viene

Martes, 17 Mayo 2011

Toda la clase política, sin excepciones, y algunos ciudadanos avisados somos conscientes de que el día 23, mientras se produce la digestión de los resultados electorales, las fuerzas políticas deberán plantearse con toda crudeza nuevos y rigurosos recortes fiscales.

 

El Gobierno ya anunció en voz baja, aunque audible, que si no se cumplen las previsiones de crecimiento –y nadie cree que el PIB español vaya a crecer este año al 1,3%-, habrá que realizar un nuevo ajuste de unos 3.000 millones de euros como mínimo para cumplir al final del ejercicio el objetivo de déficit del 6% del PIB. Y las nueve autonomías que no han cumplido con el límite de déficit del 2,4% del PIB tendrán que proceder a severísimas restricciones del gasto, del estilo de  las que ya ha emprendido Cataluña, tras las recientes elecciones autonómicas. Igualmente, la mayoría de los ayuntamientos tendrá que proceder a la adopción de rigurosas medidas de austeridad.

 

Sin embargo, aunque se ha frenado la proverbial alegría con que se anuncian dádivas en las campañas electorales, ningún partido habla estos días de recortes. El PP, incluso, ha llegado a anunciar bajadas de impuestos –Rajoy, en Baleares, ha ofrecido una bajada del IVA turístico al 4% y una reducción del 30 al 20% del impuesto de sociedades-. En definitiva, se está produciendo una gran omisión tendente a eludir el castigo de la ciudadanía en las urnas.  Una omisión que en algún caso ronda la categoría de la simple y vulgar estafa.

La detestable ética del FMI

Lunes, 16 Mayo 2011

El Fondo Monetario Internacional, una de las instituciones de Bretton Woods, es un mecanismo de la comunidad capitalista creado específicamente para mantener un sistema cambiario estable, facilitar el comercio y reducir la pobreza. Su papel ha sido polémico ya que sus ayudas han estado siempre ligadas a rígidos ajustes que, al menos a corto plazo, han generado más miseria y desigualdad que las que se pretendía remediar. En todo caso, es una institución supranacional que administra aportaciones públicas, por lo que sus gestores tienen la obligación de la buena administración y la transparencia.

El espectacular y detestable escándalo provocado por el último director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, un seductor compulsivo con largo historial de incidentes violentos que cuenta incluso con copiosa bibliografía,  pesará sobre una losa sobre la imagen de la institución, y tendrá evidente repercusión sobre las delicadas tareas que el Fondo estaba acometiendo en Europa, con buen tino por cierto. Sin embargo, los escándalos sexuales pertenecen al ámbito personal de quien los provoca, aunque en este caso en los puritanos cenáculos de Washington se ha tejido ya una nada edificante leyenda de excesos y abusos en torno de DSK y de su misión diplomática financiera.

Es posible sin embargo que lo que haya colmado el vaso de la opinión pública es que este ciudadano, casado actualmetne  con una periodista de gran fortuna personal (es su tercer matrimonio), se hospedase en Nueva York en un Sofitel de 3.000 dólares la noche. No es demagógico asegurar que este derroche en un funcionario público puede estar muy cerca de la malversación de fondos.

Lujo, corrupción decadente, despilfarro ostentoso, violencia machista,  arrogancia… Éstas son las señales que ha lanzado el FMI a unas sociedades sobrecogidas por los efectos de la recesión, por los abusos de la comunidad financiera, por la impunidad de unos especuladores que han arrasado todo a su paso. Señales que acrecentarán sin duda la explosiva irritación que a muchos europeos nos embarga en los últimos tiempos.

¿De quién es la culpa de la crisis?

Viernes, 13 Mayo 2011

No es sencillo acometer esta vez la tarea de seducción que una campaña electoral impone ya que, por razones obvias, los candidatos no pueden ir derramando raudales de promesas sobre los sufridos electores. Estamos en tiempos de grave estrechez en que los recortes y los ajustes fiscales son la pauta, y la virtud que deben exhibir los aspirantes a munícipes o a parlamentarios es la austeridad. Un atributo poco vistoso que no suele generar grandes adhesiones.

 

Ésta es la causa, seguramente, de que los discursos que se escuchan en estos días de campaña sean en su mayor parte impropios y hasta impertinentes. Y uno de ellos, que se utiliza últimamente con profusión, es el relativo a la atribución de las culpas de la gravísima crisis que nos embarga. Algunos socialistas culpan de ella a los ocho años de Aznar, en tanto los populares intentan sacudirse la acusación con el inapelable argumento de que hace siete años que no están en el poder.

 

La realidad es, como casi siempre sucede, compleja porque el desastre ocurrido, el estallido de la gran burbuja inmobiliaria con sus desoladores e irreversibles resultados, tiene muchos padres. Desde los años noventa, los sucesivos gobiernos han transigido con un recalentamiento creciente del sector inmobiliario, inducido por absurdos estímulos fiscales, que nadie valoró en sus justos términos aun cuando todos sospechábamos que cualquier contratiempo podía provocar una catástrofe, como finalmente ocurrió.

 

Sucede sin embargo que no es estético en absoluto que quien gobierna, en lugar de asumir las responsabilidades de cada coyuntura, fausta o infausta, eche las culpas de los contratiempos a sus predecesores. Gobernar en democracia es afirmarse en el presente y arriesgar soluciones de futuro, no lamentarse del pasado.

 

Todo esto es tan obvio que produce sonrojo tener que decirlo, pero conviene reprender a los culpables porque este debate absurdo agrava la desazón de una ciudadanía que se siente muy defraudada por su clase política y que experimenta una creciente irritación ante la falta de imaginación y de grandeza que los ocupantes de las instituciones desarrollan ante la gran adversidad. Pueden ser divertidos los rifirrafes políticos en época de bonanza, pero cuando el desastre nos alcanza no tienen, evidentemente, ninguna gracia.

Grecia, en el pozo

Lunes, 9 Mayo 2011

El rescate griego acordado en términos durísimos por la UE y el FMI no está dando resultado. Más bien sucede al contrario y los efectos secundarios de la gran cirugía comienzan a ser tan insoportables como destructivos: en 2010, el PIB griego cayó un 3,3%, pero la recesión se agrava: en el cuarto trimestre de 2010, la caída del PIB alcanzó el 6,6% y todo indica que el derrumbe progresivo continuará este año si no se adopta alguna solución extrema para impedirlo.

 

Todo esto no ha sorprendido a nadie que conociera la situación y tuviera datos para el análisis: los griegos están entrampados hasta el cuello por una deuda inasumible y se han deslizado hacia un perturbador círculo vicioso: condenados a trabajar para pagar los intereses de la deuda a sus acreedores, en buena parte extranjeros, no pueden invertir ni un euro en su propio país para salir del pozo y emprender la senda de la recuperación. La presión de los prestatarios está, en definitiva, ahogando al deudor, que se aboca indefectiblemente a la quiebra, a la suspensión de pagos o, en términos eufemísticos, a la reestructuración de la deuda (es decir, a devolver apenas una fracción de lo adeudado).

 

El desastre se veía venir: la pretensión comunitaria de que todos los países de la Unión Europea regresen al pacto de Estabilidad en 2013 representaba el estrangulamiento de varias economías. La griega, por supuesto, pero también la portuguesa, la irlandesa… y quien sabe si la española, la belga o la italiana. Apretar al deudor más allá de lo razonable significa condenarlo a no superar la recesión y renunciar por tanto al cobro de la deuda. Esta teoría ya era bien conocida por los banqueros, pero no, al parecer, por los burócratas de Bruselas aleccionados por Alemania que han ideado la catastrófica situación.

La mala salud del Rey

Jueves, 5 Mayo 2011

En democracia, los principales personajes públicos que ocupan puestos relevantes en la escala institucional tienen, en principio, la obligación de la transparencia como una más de las servidumbres inherentes al cargo, y ello incluye la renuncia a una parte del derecho a la intimidad y la consiguiente publicación de los datos más relevantes sobre su estado de salud. El hecho de que en Francia no se haya seguido esta pauta (tanto Pompidou como Mitterrand ocultaron sus graves afecciones mientras fueron presidentes de la República)  no desvirtúa la regla general, que es de sentido común.

 

El Rey de España, don Juan Carlos, ha seguido escrupulosamente esta pauta. Se somete a revisiones periódicas de las que se da noticia a la opinión pública; se han conocido al detalle diversos accidentes domésticos y deportivos que ha padecido; su último contratiempo, en forma de un tumor benigno de pulmón, fue gestionado mediáticamente con plena claridad informativa… De ahí que no haya motivo para albergar dudas sistemáticas sobre supuestas enfermedades inconfesadas, alentar rumores infundados, extender sospechas, hacer comentarios maliciosos que sugieren que el Rey está secretamente enfermo.

 

Don Juan Carlos tiene 73 años, la mente lúcida y una presencia física acorde con su edad. No hay, pues, razón de peso que justifique alguna duda sobre su salud. A menos que se quiera debilitar las instituciones, sembrar gérmenes de malestar político, extender zozobras innecesarias o vender periódicos de la manera más ruin e inconfesable.

El mundo sin Bin Laden

Lunes, 2 Mayo 2011

La muerte de Bin Laden, el autor intelectual de las grandes masacres que ha padecido Occidente en los últimos lustros,  es un éxito indudable de la comunidad democrática, que todavía combate en Afganistán contra los esbirros del fundador y líder del islamismo fundamentalista.

 

Es claro que la desaparición del taumaturgo no supondrá por sí sola el automático eclipse de Al Qaeda, que es una franquicia ideológica que se ha adaptado al territorio en varia regiones del globo. Sin embargo, no cabe duda de que la ausencia del líder carismático será un duro revés para todos los predicadores del fanatismo. Máxime cuando en el mundo árabe, contra pronóstico, se está viendo un ascenso admirable de las inclinaciones democráticas y un afán plausible de instaurar las grandes libertades civiles. Regímenes como el iraní han persuadido a las sociedades árabes e islámicas de que su objetivo no es la sharia involucionista sino la democracia agnóstica y racionalista.

 

Si Occidente tuviera suficientes reflejos, entendería que este momento de la desaparición de Bin Laden sería sería una magnífica ocasión de salir en socorro de las muchedumbres árabes que, hartas de satrapías, están intentando redimirse y ejercer su derecho de autodeterminación. Si es cierto que Bin Laden se ha aprovechado de la falta de expectativas de la mayoría de las sociedades islámicas, sería inteligente rubricar su muerte con una ayuda abierta y desinteresada del Norte cristiano al Sur musulmán que está intentando emanciparse y se encuentra hoy en una comprometida encrucijada.