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Archivo de Abril, 2012

La resistencia de los materiales

Viernes, 27 Abril 2012

España ha acumulado en el primer trimestre 365.900 parados más según la EPA. La tasa de paro es ya del 24,44% y todo indica que llegaremos este año al 26%. S&P ha revisado aparatosamente a la baja nuestro rating como país. Las bolsas caen y la prima de riesgo se dispara. Y en modo alguno puede decirse que hemos tocado fondo ya que acabamos de entrar oficialmente en una recesión. que aún está lejos de haber alcanzado su punto de inflexión. Ni siquiera está por tanto en el horizonte el escenario de un crecimiento económico moderado que represente el fin de la destrucción de empleo y el comienzo de la recuperación.

 

Esta realidad atroz, que tiende a agravarse, obliga a plantear cuestiones sobre la resistencia de este país al dolor: ¿en qué momento la adversidad se volverá insoportable? ¿A partir de qué punto se abrirá el precipicio bajo los pies? ¿En qué momento cederá la resistencia de los materiales? Los desempleados se han ido acumulando por millones, hay cada vez más familias con todos sus miembros en paro y es lógico temer que en un cierto momento el país estalle aparatosamente y empiece a arder…

 

La impasibilidad de Europa ante este deslizamiento, que tiene su reflejo en la política gubernamental, resultaría tranquilizadora si tuviéramos la certidumbre de que la terapia de la austeridad es la adecuada. Pero no es así: no hay precedentes ni seguridades. Y muchos empezamos a temer que el pozo en cuestión sea mucho más profundo que lo imaginado.

Merkel pierde la unanimidad

Mircoles, 25 Abril 2012

El hundimiento de la izquierda europea dejó a Merkel al frente de los rumbos europeos sin oposición ni debate. Brown, Zapatero y Papandreu fueron los últimos representantes de una socialdemocracia desorientada que pereció con la crisis… a pesar de que el fracaso, la recesión mundial, fue conscuencia del hundimiento del modelo neoliberal, el de la mano invisible, el que cuando desaparecieran todas las regulaciones sería capaz de asignar correctamente los recursos en todos los casos.

Pero, por fortuna,  el presagio del fin de la historia se ha frustrado. Sigue habiendo más de una política posible y se está reabriendo el debate. En Francia, los sondeos aseguran que el Partido Socialista ocupará la jefatura del Estado el 6 de mayo. En Holanda, el gobierno conservador se ve abocado a convocar elecciones porque la extrema derecha no transige con el drástico plan de estabilidad. El Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza ha dejado ya fuera al Reino Unido y a la República, e incluso uno de los miembros del Eurgrupo, Irlanda, podría abrir una crisis si no venciera el sí en el referéndum que se celebrará a finales de mayo. En España, el PP no ha podido redondear su hegemonía al perder Andalucía, en lo que se intepreta como un germen de disconformidad con las políticas ortodoxas. Y en la propia Alemania, el SPD es favorito en las elecciones de Renania del Norte-Westfalia que se celebrarán el 13 de mayo… mientras los socialdemócratas meditan la conveniencia de apoyar o no el pacto fiscal y el fondo de rescate que Merkel ha de sacar adelante en el Bundestag…

Todo esto ocurre mientras todo el mundo reconoce la necesidad de proceder a una consolidación fiscal. Y en tanto surgen las dudas sobre cómo hacerlo porque quizá no tenga sentido estrangular a las sociedades nacionales hasta la pura consunción de los menos favorecidos con el argumento de que así nos salvaremos todos.

Populismo de aquí y de allá

Viernes, 20 Abril 2012

La presidenta argentina, Cristina Fernández, y su esposo difunto fueron intérpretes aprovechados del viejo peronismo, a su vez encarnación genuina del populismo, el fascismo blando que corroyó la Argentina y que fue el caldo de cultivo en que germinó la ominosa dictadura militar.

 Ahora, con ocasión de la expropiación de Repsol, se ha hecho hincapié en que ésta es una medida ‘populista’, adoptada de cara a la galería, que ha desatado la euforia de quienes, embriagados de nacionalismo, se han dejado arrastrar por la dádiva fácil de su gobierno. Y la profusión del concepto ‘populista’ ha llevado al constitucionalista Francesc de Carreras, catedrático de la universidad de Barcelona, a realizar una disección del concepto: “un régimen político es populista –ha escrito en La Vanguardia- cuando su más alta instancia de poder dice asumir y encarnar la auténtica voluntad del pueblo, pero tiende a prescindir de la división de poderes y a subestimar la representación política. Así, el populismo es una forma más o menos degenerada de democracia liberal que, según su grado de intensidad, puede acabar en su negación”.

 El político populista alardea, en fin, de conectar directamente con la ciudadanía, de interpretar sus deseos más vehementes y de plegarse a ellos… y prescinde de los cauces institucionales de representación política, elude al parlamento, se salta los controles jurisdiccionales y de toda índole que frenan su poder y establecen los juegos de contrapesos que equilibran la democracia y son garantía de todos frente a la arbitrariedad del poder. Frente al populismo se alza, cargado de racionalidad y de prestigio, el parlamentarismo: la democracia semidirecta, en que las decisiones son adoptadas por representantes del pueblo y no por las asambleas populares, es el gran antídoto contra la demagogia y el freno a las medidas encaminadas a halagar a la opinión pública, con independencia de dónde se ubique el interés general, que no siempre aparece con gran explicitud.

 El populista, en fin, se dejar arrastrar por las pasiones de la muchedumbres. El político democrático, en cambio, trata de llevar a la opinión pública al territorio de la racionalidad, criba las decisiones en el harnero de la profesionalidad y del sentido común, busca el debate y la controversia para establecer las direcciones de futuro con fundamento, duda metódicamente de sus propias certezas y está siempre dispuesto a reconocer que el adversario tiene razón.

 Evidentemente, no sólo en Argentina suceden estas cosas: también aquí asoma de tanto en cuanto la sombra amenazante del populismo, que debemos detectar y combatir a tiempo.

Construcción / deconstrucción del estado de bienestar

Jueves, 19 Abril 2012

En estos últimos días, Sanidad y Educación, los dos grandes servicios públicos que son la base de nuestro estado de bienestar, han experimentado ya sensibles recortes que, aunque no merman las prestaciones básicas,  reducen objetiva y subjetivamente el papel del Estado en el mantenimiento de la cohesión social. Anteayer se conocieron recortes en educación; ayer tuvimos noticia de un nuevo e importante “repago” en la asistencia farmacéutica, que alcanzará a los pensionistas; hoy se conocerán las subidas de las tasas universitarias, etc.

 

El Gobierno se ha visto impelido a tomar estas decisiones porque, después de severos recortes en prácticamente todos los gastos presupuestarios y de la subida de varios impuestos –en especial el IRPF-, sigue sin lograrse el equilibrio, por lo que, antes de subir más impuestos que todavía deprimirían más la economía, considera necesario proceder a estos nuevos recortes.

 

Lo ocurrido resulta muy alarmante pero es lógicamente reversible y tiene por tanto enmienda: en realidad, lo que los partidos y los ciudadanos tenemos que empezar a plantearnos, además de la propia salida de la crisis, es cómo vamos a orientar la prosperidad, a la que llegaremos antes o después pero con un estado de bienestar depauperado. Podremos optar entonces entre, o bien mantener el estado residual que habrá sobrevivido a la recesión, o bien reconstruirlo íntegramente hasta alcanzar al menos el nivel anterior al desastre. En definitiva, después de la crisis, las dos grandes opciones ideológicas tradicionales, centro-derecha y centro-izquierda, deberán confrontarse en un debate dialéctico realista tras el que la opinión pública deberá decidir los impuestos que deseará pagar el día de mañana.

Peligra RTVE

Mircoles, 18 Abril 2012

La corporación RTVE está descabezada desde que a primeros de julio pasado dimitió de la presidencia Alberto Oliart, designado con el acuerdo explícito entre el entonces presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, y el jefe de la oposición, Rajoy. La inminencia de las elecciones hizo entonces imposible la elección de otra personalidad de consenso, situación que aún perdura. De momento, Rajoy y Rubalcaba anunciaron tras su primer encuentro que renovarían los órganos constitucionales, incluido el consejo de administración de RTVE, antes de junio.

 

Como es conocido, el audiovisual público se rige actualmente por la ley 17/2006, de 5 de junio, de la radio y la televisión de titularidad estatal, que consagró la neutralización ideológica de tales medios y puso fin a la tácita consideración del ente público como el órgano principal de la propaganda gubernamental. El director general de la corporación deberá ya contar con el apoyo parlamentario de dos tercios, lo que fuerza el consenso de los dos principales partidos. Hasta entonces, con escasas y honrosas excepciones, la radio y la televisión públicas habían sido portavoces del interés de la mayoría política de turno. Sin la menor ocultación ni rubor.

 

Sin embargo, arrecia el rumor de que, ante la dificultad de acordar al nuevo director de la corporación RTVE, el Gobierno estaría considerando la posibilidad de cambiar por decreto-ley la referida norma para que el director general pueda ser elegido por mayoría simple. Ello devolvería el audiovisual público a la situación anterior, es decir, a la fácil manipulación y a la pérdida de crédito político y periodístico.

 

Sectores del PP se lamentan, en público y en privado, de “no controlar” RTVE. Se podrá tener la opinión que se quiera de la labor que realizan los profesionales de la corporación en este tormentoso período de interinidad, pero de lo que no hay duda es de que lo deseable no es que la mayoría política “controle” a unos medios de comunicación cuya única razón de ser es, precisamente, no convertirse en órganos parciales de propaganda política. Antes de dar un paso en falso, Rajoy, que es hombre prudente, debería meditar muy profundamente la conveniencia de mantener un statu quo que es coherente con la democracia madura de que disfrutamos y con el criterio indiscutible de que el interés general ha de prevalecer sobre el interés particular.

¿Es posible que Rajoy prefiera a Hollande?

Lunes, 16 Abril 2012

Lo explicó ayer con claridad Soledad Gallego-Díaz en su habitual análisis dominical, que en esta ocasión ha versado sobre la necesidad de que este gobierno se dote de un portavoz económico: es probable que Rajoy esté conteniendo la respiración ante las elecciones francesas, pero no esperando que gane Sarkozy sino rogando que lo haga Hollande. Y lo explica así: “una victoria del socialista sería en este momento su mejor baza para sus intereses inmediatos, por su negativa a ratificar el Tratado de Estabilidad y su exigencia de ampliar plazos…”.

 

Es obvio que el Partido Popular no reconocerá jamás esta preferencia, pero sin duda sería una verdadera bendición para Rajoy (y para nosotros) que el candidato socialista expulsara de la presidencia francesa a Sarkozy, el ambicioso, acomplejado y megalómano pequeño gran hombre que juega con los instintos reaccionarios de la profunda Francia, para iniciar un diálogo constructivo con el liderazgo alemán, que ha podido llevar hasta el paroxismo, sin oposición alguna de nadie, sus criterios ortodoxos, que rayan en el fundamentalismo y que entroncan claramente con los clásicos miedos ancestrales del país centroeuropeo.

 

Hollande no es un rupturista que vaya a poner en riesgo el euro sino al contrario: es un progresista a la francesa que forzará la renegociación del Tratado de Estabilidad y que dirá en voz alta lo que todo el mundo dice en voz baja en las instituciones europeas: que la apuesta obstinada por la estabilidad en plena recesión nos acerca peligrosamente al precipicio, por lo que hay que poner cuanto antes en el otro plato de la balanza estratégica el crecimiento, los estímulos fiscales que animen la deprimida economía europea.

 

Ello es vital para España porque no resulta difícil adivinar que, por el camino actual, los recortes ya programados para este año, con tasas de crecimiento negativas, no permitirán que se recauden los ingresos previstos. Y la bancarrota estaría al final de este camino absurdo.

Envejecer, una contrariedad

Jueves, 12 Abril 2012

El Fondo Monetario Internacional ha deslizado en su informe “La estabilidad financiera global”, recién publicado, un capítulo delirante en el que analiza la sostenibilidad de las pensiones públicas o, más concretamente, el riesgo financiero que supone el incremento de la longevidad en el mundo. El texto en un ejemplo de lo peligrosos que pueden resultar los técnicos unidireccionales, incapaces de ver su disciplina en el marco contextual.

 

Sintéticamente, los expertos de este organismo, autores de la tesis, denuncian, en tono sombrío, un error de los demógrafos que en los últimos tiempos habrían equivocado sus previsiones sobre la longevidad media de los seres humanos, que sería ya unos tres años mayor que lo previsto. Y en lugar de alegrarse por ello, en vez de mostrar satisfacción por el hecho de que vivamos cada vez más tiempo, como parecería natural, fruncen el ceño, esgrimen la calculadora y avisan de que “si en 2050 la duración media de la vida aumentase tres años, el coste del envejecimiento de la población, ya de por sí elevado, aumentaría en 50 puntos de PIB en los países avanzados y en un 25% en las economías emergentes”. En definitiva, sobrevendría la catástrofe.

 

Lo que debemos desear quienes aspiramos a la longevidad es que en 2050 ya no hayan de existir organismos macabros y parasitarios como el FMI. Ello proporcionará a las siguientes generaciones, con toda seguridad, una vida más relejada, saludable y feliz.

¿Transparencia?

Sbado, 7 Abril 2012

La ley de Transparencia podría ser una valiosa herramienta para incrementar la credibilidad de la clase política, la confianza de la ciudadanía en la gran ceremonia pública, hoy desacreditada por la pusilanimidad de sus protagonistas, la escasa calidad de sus designios intelectuales y la copiosa corrupción que ha estado presente en demasiados sitios durante los últimos años, a derecha e izquierda. Sin embargo, no puede pesar inadvertido que el anuncio de una futura ley, precedido de un período de consulta a la opinión pública, ha coincidido en el tiempo con una claudicación indecente del Gobierno: la amnistía fiscal que permitirá a los defraudadores blanquear sus capitales adquiridos ilegítimamente –cuando no delictivamente-, pagando por ello una cantidad simbólica, desde luego muy inferior a la que han tenido que abonar los contribuyentes que han cumplido escrupulosamente con sus obligaciones fiscales y que sostienen as´.

La paradoja no tiene solución. No es creíble el político que anuncia al mismo tiempo más claridad de actuación ante los ciudadanos y el encubrimiento consciente del fraude fiscal. Y que nadie diga que teníamos que optar entre esta claudicación y otros recortes porque el sofisma es demagógico: en democracia, nunca el fin justifica los medios. Y afirmar otra cosa es efectuar una dolosa concesión al populismo.