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Archivo de Mayo, 2012

El fracaso, ingrediente del éxito

Jueves, 31 Mayo 2012

Este pasado domingo, el cómico Andreu Buenafuente protagonizaba por última vez su programa de la noche de los domingos, que llevaba apenas unas semanas en la parrilla de Antena 3. El humorista catalán, un personaje televisivo inteligente y acreditado que practica un humor refinado, no había logrado las audiencias que la cadena, uno de las dos gigantes que forman el actual duopolio, considera indispensables para mantenerse en el ‘prime time’ dominical.

 

El programa en cuestión fue raro por el hecho mismo de que se desarrollase al fin y al cabo un acto funeral, un curioso compendio testamentario. Algunos críticos han subrayado la deportividad con la que Buenafuente aceptó el relativo fracaso -no hay que confundir calidad con cantidad, obviamente, aunque la televisión no haga esos matices-, que quedó de manifiesto en las alusiones irónicas que se hicieron a lo largo de dicho programa terminal. No es frecuente en nuestro mundo ferozmente competitivo que alguien asuma con naturalidad la derrota, que en el caso de un emprendedor –y cualquier artista que se suba a un escenario o salga a la pequeña pantalla lo es sin duda- resulta tan inevitable a veces como estimulante siempre: casi en todos los casos, las victorias son el resultado de varios fracasos encadenados.

 

En la cultura anglosajona, se acepta mejor que en el universo latino que quien tiene arrojo para innovar, emprender aventuras profesionales, arriesgarse, sólo verá fructificar su esfuerzo después de haber fracasado varias veces. Aquí, cualquier traspié es trágicamente considerado el final de todo. Y no: hemos de aprender a fracasar para triunfar.

Recortes indiscriminados

Jueves, 24 Mayo 2012

La práctica indiscriminación en los recortes presupuestarios, casi sin excepciones relevantes, es una prueba evidente de la falta de visón política del establishment actual, de la mala calidad de las decisiones. Porque cuando un país como el nuestro ha de apretarse el cinturón, tiene la obligación de prescindir preferentemente de aquello cuya carencia sea reversible y no cause daños irreparables, manteniendo en cambio lo que, de no hacerlo, causaría lesiones permanentes.

 

Un ejemplo puede servir para explicar lo que quiero decir: si se le pide a una sociedad que, durante uno o dos años, todos los ciudadanos que superen determinado umbral de renta paguen la mayor parte del coste de sus medicinas, no se producirán daños irreparables y es además muy fácil regresar a la situación anterior. En cambio, si se rebaja la calidad del sistema educativo menguando las dotaciones o reduciendo las becas, se habrá lesionado irreversiblemente a la generación que padezca estos recortes, aunque cuando la economía se normalice se eliminen las restricciones.

 

Esta evidencia, tan fácil de percibir, es sin embargo enigmática para el gobierno. De otro modo, los criterios de la austeridad hubieran sido diferentes.

Los olvidados

Lunes, 14 Mayo 2012

En momentos de crisis,  ceden todos los soportes que mantienen la cohesión social y aumenta la sensación de inseguridad colectiva. Sin embargo, en estos casos hay siempre víctimas especialmente damnificadas por la coyuntura, sujetos olvidados porque no tienen voz lo bastante potente para sobreponer su demanda a la necesidad general.

 

Así por ejemplo, los damnificados de Lorca se han lamentado amargamente estos días de su abandono: más de 7.000 personas cuyas casas resultaron dañadas no han podido todavía regresar a una vivienda en condiciones. Un año después de los terremotos sólo ha llegado una pequeña parte de las ayudas públicas y privadas que se prometieron, que era de ley otorgar a unos compatriotas víctimas de una gran catástrofe.

 

En otro orden de ideas, los medios ya se han hecho eco –el lamento será largo- de que la víctima principal de la crisis de Bankia será la obra social de las siete cajas de ahorros fusionadas en el Banco Financiero y de Ahorros, en vías de nacionalización. Las antiguas cajas , que desempeñaron en sus orígenes una meritoria tarea asistencial y filantrópica que hoy ya correspondía a otras instancias, se habían convertido en mecenas  y en activos agentes de excelencia intelectual y de dinamización cultural. Tanto es así que la hipotética clausura de tales iniciativas sería una tragedia para este país.

 

Estos dos infortunios no son comparables, no representan cantidades homogéneas pero sí guardan una cierta familiaridad: cuando llega la crisis, crece la insensibilidad y padecen tanto los sistemas de solidaridad –decaen las políticas sociales- cuanto las atenciones a la cultura. Ni aquéllos ni éstas son superfluos sino al contrario: su decadencia ahonda la crisis, nos degrada a todos y dificulta psicológicamente la recuperación.

Recortes en Sanidad

Jueves, 10 Mayo 2012

Una de las circunstancias que hay que tener en cuenta para redimir a la democracia de sus defectos y de sus muy humanas carencias es el hecho de que no todos los políticos ni todas las ideologías son iguales. Y en estos días en que la crisis económica arrecia y se están adoptando duras decisiones impopulares y lesivas para los ciudadanos, a los que se recorta toda suerte de ventajas y derechos, ello se hace si cabe más evidente.

 

Una de las medidas de las llamadas de austeridad, sin duda errónea pero en vías de implementarse, es la privación del derecho a la sanidad de los inmigrantes en situación irregular, unos 150.000 según cómputos aproximados. Y en este caso, las diferencias mencionadas se manifiestan en el tono en que se enuncia el tijeretazo, que postrará todavía más a un colectivo ya muy golpeado por la vida. Algunos dirigentes políticos –como el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, un tal Fernández-Lasquetty- han anunciado el recorte con arrogancia y seguridad, como si no tuvieran dudas de que todo el mundo pensará que la inhumanidad es lo correcto. Otros, en cambio –y creo que es obligado citar a la propia ministra de Sanidad, que patrocina la medida-, enuncian la restricción en tono compungido, con evidente mala conciencia, y regresan sobre el asunto para mitigarlo con concesiones que harán más llevadero el dislate.

 

No todos son iguales. Ni lo son todas las ideologías. Ni siquiera son internamente homogéneas las distintas opciones ideológicas. Y en una de las partes está la superioridad moral. 

Vergüenza de lo accesorio

Domingo, 6 Mayo 2012

No sé si mis colegas periodistas, si quienes en general escriben en los medios y contribuyen por tanto a formar la opinión publicada, han sentido alguna vez esta sensación agridulce de tener que prestar toda la atención a lo perentorio, a lo urgente:  los cinco millones y medio de parados, que serán más de seis millones a finales de año, constituyen una pesadísima carga intelectual que relativiza todos los demás análisis que puedan hacerse sobre las diversas cuestiones que nos afectan. A la hora de ponderar lo que ocurre, de efectuar propuestas de futuro, de hablar incluso de asuntos tangenciales a la crisis, el factor del insoportable desempleo, la evidencia de casi seis millones de personas desesperadas buscando un acomodo en la vida que les permita supervivir y realizarse, lo embarga todo, todo lo mediatiza y condiciona.

 

No se ve sin embargo que predomine en la clase política esta preocupación que debería aspirar a la exclusividad porque todo lo demás es accesorio (los suicidios que ya acompañan en el sur de Europa a la crisis son el trágico indicador de la insuperable contrariedad). Las ecuaciones que se dibujan en público, las cuentas que se muestran para argumentar decisiones, los razonamientos que se esgrimen para hacer esto o aquello no indican la consternación que resultaría natural al ver a esa masa de rostros inquietantes que preguntan tácitamente por un porvenir más amable que nadie sabe describir, ni mucho menos atraer. Lo dejó escrito André Gide con mano maestra: “Pienso siempre que se preparan acontecimientos de tanta importancia que uno casi siente vergüenza de ocuparse de la literatura”.