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De la UVI a la morgue

7 Febrero 2016 por Carlos Vanaclocha

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Gary Neville, amigo íntimo de David Beckham e hijo predilecto de Sir Alex Ferguson. En el dorso de sus credenciales también figura como socio inversor de Peter Lim en el modesto Salford City. De repente y contra todo pronóstico, el Valencia anunció al Fergi boy  el pasado diciembre; las expectativas de Laudrup, Spalleti o el mismo Lubo Penev saltaron por los aires a la fuerza. La idea fue fichar a un entrenador ajeno al universo Mendes (instrucciones de la presidenta Lay Hoon Chan), pero no del holding empresarial de Lim. Después de tres meses y un buen puñado de frustraciones, la grada de Mestalla todavía no ha digerido que su Valencia se haya convertido en una multinacional con cuartel general en Singapur. El dueño tiene la última palabra desde su teléfono rojo en el sudeste asiático, y la inversión en Neville ha sido menos rentable que sus acciones en la escudería Mclaren. El mosqueo de la masa social está alcanzado proporciones bíblicas, porque si el Valencia Club de Fútbol acaba hundiéndose como el Titanic, Lim actuará como fondo buitre y revenderá las acciones a otro postor. La propiedad pasando de unas manos a otra, sin oficio ni de momento beneficio. Nuno se hartó en secreto antes de empezar la temporada con aquella sonora pitada durante el trofeo Naranja; Neville, comentarista estrella en la BBC hasta hace pocas fechas, sigue siendo el paracaidista que aterriza en Vietnam, sin saber dónde está el norte y el sur.

Rafa Benítez dejó el pabellón tan alto que cualquier resultado que no sea reeditar tiempos añejos sabe amargo. La paradoja es que el propio Mister Rafa acabó firmando el divorcio. Como Héctor Cúper, Quique Sánchez Flores, Unai Emery, Pizzi y cualquier sospechoso habitual en ese banquillo. El caso de Ronald Koeman pertenece a sucesos paranormales: un vestuario destrozado por una guerra de trincheras (Koeman vs Albelda y Cañizares) conquistó la última copa del Valencia. Desde entonces, la maldición de Bela Guttman personificada por el propio Koeman: ”El Valencia no volverá a ganar ningún título”, dijo en El partido de las 12  en 2012. Pero lo último que necesita este equipo es pensar a lo grande; por ahora, basta con sentar a cada futbolista en un diván para que el psicólogo les convenza de que la salvación se alcanza con cuarenta puntos. Ése es el objetivo como si no hubiese mañana.

De Neville, un culpable más de la caótica realidad ché, se esperaba el estilo escocés de su padre sentimental: mano dura y una buena pinta de cerveza para arreglar las crisis. Sin embargo, el técnico ni siquiera puede mantener un diálogo de besugos: él habla dentro de la caseta y su traductor actúa casi simultáneamente. El mensaje lo entienden cuatro futbolistas (mejor no mencionar sus nombres), para el resto es como una visita guiada a un museo en horario escolar. No obstante, tarde o temprano Neville no será más que otro cadáver que pase por delante de la puerta de Mestalla, y la plantilla un enfermo que pasará de la UVI al morgue antes de verano. Nadie ha tenido que sugerir a Lim una flagrante intervención quirúrgica con bisturí: fumigará la mitad del vestuario, la otra mitad dependerá de una decisión demasiado impopular: Jorge Mendes. Y su Valencia, una empresa de compra-venta de jugadores desde la llegada del magnate singapurense, ha entrado en un bazar turco del que es difícil salir sin regatear alguna baratija con botas.

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Gin tonic de moda

4 Febrero 2016 por Carlos Vanaclocha

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Cruyff, Rijkaard y Guardiola agitados en una coctelera. El gin tonic de moda es este Barça que comparte los míticos rondos del Dream Team, los malabarismos de Ronaldinho y los bailes de Billy Elliot nacidos de la era Pep. El debate se traslada a la barra de los bares: ¿Laudrup-Stoichkov-Romario?. ¿Ronaldinho-Eto’o-Deco?, ¿Xavi-el mejor Iniesta-Messi? ¿O la MSN? El bienestar del vestuario, traducido en un grupo de colegas que hacen piña para cenar o visitar Port Aventura en familia, motiva estas sanas discusiones. En este país todos opinan de política, critican al Real Madrid y eligen a su Barça favorito. El de anoche masacró a un Valencia de cartón piedra, con piernas de plástico y corazón de madera. Al Blitzkrieg o ataque relámpago de los primeros minutos ni siquiera se le opuso una patada de respeto, cualquier gesto que delatara que ellos estaban allí. En un puñado de minutos Luis Suárez engatilló su Kalashnikov y twitter bulló de bromas y memes: la más original de las primeras fue Salvar al soldado Ryan; el meme fue el de Pepe Gotera y Otilio en plena reforma de los baños del Bernabéu. Por si al Barça se le ocurre insinuarlo como sede de la final.

La tormenta perfecta llegó en el primer gol de Messi: internada de Iniesta con pared a Neymar, taconazo en pleno giro del brasileño, amago de Luis Suárez y ejecución de Leo. Una jugada maestra de billar a cuatro bandas. De repente, los nostálgicos recordaron aquellos goles patrimonio de la humanidad: cítese la vaselina de Romario en El Sadar a pase aéreo de Michael Laudrup o cítense los 38 toques que pasaron por diez barcelonistas antes del primer gol de Luis Suárez en el último 0-4 del Bernabéu. Cualquier Barça, menos los de la época ominosa de Joan Gaspart sirve para pintar un cuadro con pinceladas de Van Gogh, Rembrandt y Monet, por elegir tres al azar. Hubo un tiempo en el que el madridista Roberto Carlos reconocía cada fin de semana que se divertían como niños en un parque (antes del galacticidio, claro); desde entonces, ni rastro de columpios por Chamartín. En Barcelona, las fiestas cambian de deejay según las tendencias: de las colas de vaca de Romario a la efímera manada de búfalos de Ronaldo; de los trallazos inteligentes de Rivaldo al sambódromo de Ronaldinho; de LEO MESSI en letras capitales a los juegos de magia Borrás de Neymar. Un Circo del Sol que siempre se prorroga en el Camp Nou.

Dice Michael Laudrup que “sólo el Barça puede tumbar al Barça”. Porque en la voluntad de Messi está hacer trizas el último hito de Arrigo Sacchi (dos Champions consecutivas): de él depende que el Barcelona levite o caiga en otro proceso autodestructivo como el que originó la crisis de Anoeta. Por eso, suena imponente para el mundo e impotente para los rivales que los azulgranas arrollen con D10S en plan ahorro. Y como siempre insistía Xavi Hernández, “el peor enemigo del Barça es la autocomplacencia”. Quizá entonces no todo pinte tan negro para el resto: si Ronaldinho se cansó del balón, ¿por qué no Messi, o Neymar, o Luis Suárez…o los tres juntos? En fin, consuelo de tontos. 

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Disparen al pianista

1 Febrero 2016 por Carlos Vanaclocha

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Alfombra roja para el Real Madrid. La orgía perfecta para saciarse con un Espanyol hermano, tullido sin Caicedo y Asensio, y demasiado sedoso para dar patadas. Si el antiguo Sarriá fue considerado un ‘Mini Bernabéu’, el coliseo merengue fue un colegio mayor donde el hermano pequeño sufrió la novata anunciada; recibió collejas hasta que el Madrid lo consideró abusivo. Mérito merengue por no vacilar delante de la portería y culpa de Galca por no mentalizar a su vestuario como si no hubiera mañana. El miedo de los socios es que estas goleadas no amortizan la entrada, al menos las segundas partes, porque cualquier resultado que no sea un saco de goles suena tremendista. Y con la distancia tan abismal que ha puesto el Barça por medio, a los blancos sólo le quedan dos salidas: aferrarse a la nueva campaña del ‘Clavo Ardiendo’ del diario AS o utilizar la Liga como banco de pruebas para pelear la Champions. Es el destino del funambulista: un Madrid inseguro sobre el alambre que sólo dispone de un torneo para evitar el abismo. Una bala en la recámara que sí ha sabido utilizar en su historia contemporánea. No en vano, todas las Copas de Europa a color llegaron sin salvavidas.

Y otra semana más dando la barrila con Cristiano Ronaldo. Los mentideros merengues dicen que su obsesión por esculpir su cuerpo de culturista le ha mermado en agilidad y velocidad. Él responde abofeteando todos los argumentos menos uno: hace tiempo que no decide en grandes veladas. Roma y Atleti aclararán si Cristiano es digno de una venta millonaria este verano o merece seguir en la comparación con Leo Messi. Al fin y al cabo, ya hay demasiados madridistas que aplauden sus goles desde la grada y despotrican de él los lunes en la oficina. Es el maniqueísmo que persigue al Madrid: ganar o fracasar; la ‘Undécima’ o el famoso plan renove que acuñó Lorenzo Sanz para dar boleto a Jorge Valdano y comprarle a Fabio Capello una plantilla a su medida. Con los blancos el futuro inmediato es más imprevisible que el de Marty McFly: de repente se puede encontrar en la final de San Siro o escuchando una incesante catarata de entradas y salidas, unas reales y la mayoría inventadas, que para algo es el negocio más rentable del periodismo de este país.

Suena curioso que en noches tan plácidas Rafa Benítez siga siendo el muñeco del pim, pam, pum. Da la sensación de que el vestuario necesita hacerle vudú delante de las cámaras. El último fue, precisamente, Cristiano en MoviStar Plus: “Nos hacía falta trabajar más: la pretemporada no fue buena con muchos viajes”. Tomahawk inteligente al ex entrenador y a la planta noble del Bernabéu, donde se cierran las giras mundiales del clin, clin, caja. Es una rajada a mitad de camino entre la esperpéntica relación de Benítez y sus jugadores, y la eterna ansiedad del presidente por proteger el primer puesto de la Lista Forbes. Mola que Cristiano haya empatizado con nosotros, los periodistas, y suelte recados para apañarnos las tertulias y las conjeturas. Porque, al final, cada español, sea o no merengue, opina de su Real Madrid, con sus culpables y salvadores. Y echar todo el estiércol encima de Rafa (todavía Mister Rafa en Anfield) es la coartada fácil. Disparen al pianista.

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El show de Truman

28 Enero 2016 por Carlos Vanaclocha

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El Real Madrid quiso fichar a Leo Messi hasta en tres ocasiones. Lo desveló anoche El Partido de las 12 en plena efervescencia del ¿caso? Neymar. Noticias del pasado cuyo morbo nunca caduca. En los cenáculos madridistas siempre se ha comentado que el Florentino Pérez le dijo a Cristiano Ronaldo en su despacho que si estaba “triste” (¿recuerdan?) y quería irse, pusiera el dinero en tesorería para traer a D10S. Leyendas quizá no tan ficticias. El mejor jugador del mundo nunca deslizó una mirada cómplice al Madrid; una negativa tan tajante que reafirma su compromiso con el Barça. El de Neymar espera su fumata blanca, pero no merengue. La estrategia de Wagner Ribeiro, agente del futbolista, huele a guión de Alfred Hitchcock: enciende el ventilador, esparce el estiércol, no niega la mayor y espera que el Barça acepte un buen estacazo por la renovación. El entorno del brasileño negocia el futuro del próximo Balón de Oro y con ese caché comenzaron las gestiones. En la planta noble del Bernabéu disfrutan con palomitas los cuentos asombrosos de Spielberg y el miedo que pueda provocar la sombra alargada de Luis Figo. Y entre la guardia pretoriana de Pérez nunca dirán de Neymar otro never, never, never. Y menos cuando creía tenerlo atado en Brasil con reconocimiento médico incluido meses antes de dar el sí quiero a Sandro Rosell.

Y mientras Neymar calla, esperando firmar un cheque en blanco en Can Barça, la página web del Madrid no publicará comunicados oficiales hasta que Cristiano Ronaldo reaccione. Un golpe de billar a tres bandas donde Ribeiro simpatiza con Florentino desde el fichaje de Robinho y pretende hurgar en la tesorería culé. Si fuese por el representante, Neymar sería blanco; si fuera por el padre de Neymar, su hijo sería blanco; pero los jugadores casi siempre acaban donde quieran, excepto Falcao. Tratándose de intermediarios brasileños, las partidos de póker suelen alargarse demasiado por faroles que no van a ninguna parte. El mejor ejemplo sigue siendo Roberto de Assis, hermano y agente de Ronaldinho, quien en el verano 2012 convenció a tres clubes diferentes para fichar a Dinho. Y al igual que el ex azulgrana en el Camp Nou, Roberto sacó la magia y tuvo engañados a dos clubes que creían haber fichado al crack. El tercero en discordia fue el Atlético Mineiro, que realmente le contrató.

Entre el Real Madrid y Neymar no hay contacto, ni por vía oficial ni de barra de bar. Porque antes de acometer la macro operación de la historia, 190 millones + I.V.A (no se olviden), Cristiano tiene que ser declarado transferible y ceder todos los honores al brasileño. Primer problema. El segundo tiene origen galés, también está en el club de los tres dígitos y oposita para ser la Isabel Preysler de la jet set.  Sólo hay una, como sólo un líder en el Madrid. Un despilfarro de tales proporciones obligaría al club blanco a montar un Show de Truman en torno a Neymar. Él sería el protagonista permanente de la taquicárdica actualidad blanca, desde que se cepilla los dientes por la mañana hasta que se pone las pantunflas y el pijama. Pagar por O’ Rei Neymar a toca teja el presupuesto entero del Atlético de Madrid no suena a bendita locura; servidor sí lo habría hecho, si los tuviese, por aquel Ronaldo Nazario que se salió del firmamento en el Barça de Bobby Robson. Pero es sólo una opinión. Neymar ha madurado en el Barça y no cometerá alta traición. Eligió jugar allí y allí ganará su Balón de Oro. O no.

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La cirugía no ha terminado

25 Enero 2016 por Carlos Vanaclocha

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El Barça atufa a campeón, mientras el Real Madrid todavía está tumbado en la camilla  en plena operación de lifting. La cirugía mejorará su imagen, pero el bisturí tardará en conseguir ese equipo apoteósico que aspira a la versión galáctica sin ‘galacticidio’, claro.  El empate en el Villamarín fue un accidente que sucedió por sorpresa, luego está la autopista de Danilo, ese portugués que el pasado abril iba a emular al mejor Roberto Carlos en banda contraria y anoche twitter le comparó con aquel pufo también luso llamado Carlos Alberto Secretario. Carvajal se ha ganado el puesto por meritocracia y Gareth Bale por absentismo laboral: dos años y medio después podemos decir que el Madrid echa de menos al fichaje de los 91 millones (o 100 según el diario AS). El debate comienza a cocerse a fuego lento: Bale entrará de lleno en el Ibex 35 del fútbol, Cristiano está a punto de salir. Sólo un puñado de goles decisivos le mantendrían en la poltrona de Zeus. Al final, lo mejor es escuchar a los madridistas en las barras de los bares: hace tiempo todo era imposible sin Cristiano, hoy es traumático que Modric o Benzema se constipen.

Zidane insistió a la prensa con la segunda parte, pero el instinto depredador de cualquier gigante anestesiado le impulsa a acorralar a la presa; lo contrario sería hablar de un pelele. El Madrid tenía que atrincherar al Betis sí o sí, por lo civil o lo criminal, y para no seguir desgastando el proyecto faraónico del presidente. Atacó por tierra, mar y aire pero se topó con Adán, santo y seña del Betis, que alterna actuaciones tipo Benji con otros de Alan (el eterno segundón de la serie). Que el balón no quisiera entrar no es coartada para seguir agrandando la efímera carrera del técnico; ni siquiera vale la perspectiva tan deslumbrante que éste pintó en rueda de prensa. Quizás detrás de sus palabras haya una sonrisa de joker. El calendario se ha envenenado porque la gente de la calle no presta atención a los equipos de media tabla hasta que llega un patinazo; hablando en plata, los primeros exámenes finales llegarán en la velada del derbi. Entonces, averiguaremos si Zidane ha construido un mecano con prisas y de cartón piedra, o de verdad hay cimientos macizos para que la grada se sobreexcite. El frenazo de Sevilla hará correr como la pólvora el runrún del Bernabéu. De eso no se salva ni una leyenda.

Sin Liga, el Madrid tiene que invocar el espíritu de las Champions recientes. Jugarse toda la temporada a una carta va en el adn merengue. La ‘Séptima’ salvó una Liga estrepitosa; la ‘Octava’ eclipsó el quinto puesto de aquel año; la ‘Novena’ abrió la puerta al título del Valencia y la ‘Décima’ de Ancelotti provocó despistes antológicos. No obstante, si tuvieran que jugarse un all in por un equipo, apuesten por el Real Madrid. No les defraudará. Como tampoco lo hará James Rodríguez si nosotros, como periodistas o ‘terroristas de la pluma’, no damos la vara con esa vida llena de salsa rosa. A él le “jode” que hablemos demasiado, al socio que paga 500 euros por su carné le cabrea aguantar cómo el mejor jugador de la temporada pasada se ha vuelto de repente en un rebelde sin causa. Su segunda parte ante el Betis le permite licencia para soñar. Ése es el método, si la noche no le confunde como a Dinio, ni se marca más Fast and Furious por la M-40.          

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Y ya no regateaba ni a una farola

21 Enero 2016 por Carlos Vanaclocha

Con o sin Messi. Con o sin Suárez. El Barça ni se inmutó en plena metamorfosis. Si Luis Enrique deja huella en la posteridad, habrá que agradecerle su poca obsesión con La Masía. Respeta el universo Cruyff, pero sugiere el noble arte del contraataque. Sus detractores le restregarán que es estilo Mourinho, será entonces cuando Luis Enrique escupa esa carcajada entre la ironía y el descojone. Por tierra, mar y aire el Barça parece imbatible. Es el Roger Federer que clava aces, mete reveses a una mano imposibles y volea como los ángeles. En San Mamés no necesitó velocistas para cuadrar el contragolpe perfecto: cinco pases desde la portería de Ter Stegen que acabó resolviendo Munir con un ‘tac’. Y entre medias, una ración de ardaturanismo (genio y figura del balón), y el pase final con escuadra y cartabón de Rakitic. En otra época todavía reciente había un madridismo que acusaba a su equipo de prehistórico; era cuando la perfección se apellidaba Guardiola. Entonces, Madrid y Barça eran el yin y el yang, y Mourinho y Guardiola héroe y villano para una camiseta u otra. Pero Luis Enrique pasa de todo: su enemigo es la prensa que le incomoda cada vez que pisa su sala de prensa, y el Real Madrid sólo un club de su pasado. El asturiano fichó por el Barça convenciendo a Zubizarreta de que no perseguiría la escuela holandesa. El producto final, consensuado con Leo Messi, es un Barça que no se agobia por defender atrincherado y sigue bailando claqué con el balón en un palmo de césped. Véase el 0-4 del Bernabéu.

Con Messi o sin él. El Barça salió aplaudido de Madrid, y el Athletic rugió como un gatito. La hipnosis de San Mamés desapareció con el contraataque perfecto. A partir de ahí, alfombra roja a Don Andrés Iniesta, cuyas virguerías tendría que probarlas dentro de una cabina de teléfono. Su eterna tranquilidad sólo se altera en Bilbao, donde parece que juega cabreado desde que el viejo San Mamés le acusó de tramposo por provocar una expulsión de Amorebieta en 2011. Llama la atención que el manchego rompa con esa facha discreta y a veces sosaina, sobre todo por decisiones absurdas como la amarilla del árbitro González González. Amonestar a Iniesta suena hiriente, casi como cuando penalizaban a Raúl González. Quizá porque apenas queda un reducto de futbolistas que no pierde los nervios. Si el barcelonista hubiese nacido en un club pequeño, nadie se molestaría en recordarle: le habría faltado el lado vividor del Mágico González. Pero, por suerte para España y el Barça, le cuesta menos de un segundo pensar la mejor decisión.  Por eso, Arda alucina por estar jugando con los mejores.

Y en este país tan cainita y amante de destrozar mitos por el mero ocio de ponerlos a parir como cotorras, Iniesta también sirvió de carnaza. Y no hace demasiado tiempo. Sucedió al principio de la temporada y coincidió con la versión más centrada de Isco (odiosas comparaciones). Mientras el madridista convencía a Ancelotti con noches de teatro y días en la mina, esforzándose en correr, a Iniesta no le funcionaban sus gafas de rayos X: la mente nublada y el ánimo bajo tierra. Llegamos a decir que ya no regateaba ni a una farola. Otra reliquia al trastero para cubrirse de polvo. Sin embargo, el manchego supo desde que Xavi Hernández se retiró que él debía volver a pintar lienzos. Tarde o temprano la inspiración le llegaría. Sólo rezamos para que no vuelva a esfumarse.

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Pegarle al saco como si no hubiera mañana

17 Enero 2016 por Carlos Vanaclocha

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Vuelve el Circo del Sol. Pero lejos de ser galáctico por temor a otro galacticidio, Zidane no quiere cerca aduladores que le calienten la oreja. Y como en el Real Madrid se sube del infierno al cielo a la velocidad de la luz (y viceversa), al entrenador no le lloverán palos o zanahorias hasta que empiecen las grandes veladas de Las Vegas. Por el momento, esparrin a esparrin, entrenando los mejores golpes y pegándole al saco como si no hubiese mañana. Eso fue el Sporting, un fardo que cayó al suelo mientras el speaker jaleaba la alineación merengue por los altavoces. Abelardo insistió durante la semana en que un fallo en el coliseo merengue “te mata para el resto del partido”; sus defensas no escucharon la rueda de prensa porque en menos de lo que se chasquean los dedos los centrales habían perdido dos balones en su área. Y ni una sola falta en veinticuatro minutos, aunque fuese para hacer acto de presencia. La defensa del ‘Pitu’ sacó el cartón piedra y la BBC se aflojó el cinturón para la bacanal romana que se avecinaba: vomitar a posta para seguir engullendo con todo el descaro del mundo. El fútbol es un estado de ánimo (Valdano dixit), pero, ¿tanto han cambiado los mismos once cabrones de siempre (ahora Toshack) de repente? De empatar a cero con el Málaga a clavar sendas manitas a Depor y Sporting. Saquen sus propias conclusiones, aunque hay alcantarillas que aún no se han destapado.

“Ahora entendemos un poco más lo que quiere el míster”. Tarde o temprano Isco tenía que romper su silencio. Defenestrado por Rafa Benítez y sus galimatías tácticos, Zizou le ha entendido de jugón a jugón. Su asistencia made in Laudrup a Benzema fue aplaudido por el entrenador, que le sugiere guante de seda arriba y disciplina espartana campo atrás. El Madrid necesitaba el pegamento de la bota de Isco, una chistera de la que nadie sepa cuándo va a salir el conejo. Y, desde luego, que sin él ni la mejor versión de James Rodríguez (ahora en una galaxia muy lejana) nunca habrá efecto sorpresa. Quien sí sorprendió fue Cristiano, que vuelve a exhibir esa sonrisa Profident oculta en la anterior etapa. Dice que tiene más empatía con Zidane que con Benítez, una manera modosa de aclarar que no aguantaba al técnico español. Así que un mensaje para el sector cafre de twitter: quizá la prensa no pequemos tanto de salsa rosa. Si ninguna cámara capta un guiño entre Rafa y Cristiano, si cualquier imagen es pasotismo absoluto entre ambos, puede que suceda algo. Y no se trata de encabronar al madridismo.

Todo es felicidad en el mundo de Pocoyó. Palmadas en la espalda, pulgares arriba y mil perdones entre jugadores cuando el balón no entra o el pase falla. “Con un vestuario cabreado no vas a ninguna parte”, soltó Fabio Capello después de abandonar el Madrid por segunda vez en la era Ramón Calderón. Él mismo lo sufrió en sus carnes, cuando tuvo que ceder a la presión de los capitanes Raúl y Guti, y volver a convocar al repudiado David Beckham. Capello entendió al vestuario, hincó la rodilla, y el Madrid remontó aquella Liga. Por acabar la disección del cadáver, Benítez nunca supo interpretar a Clint Eastwood en El Sargento de hierro; Zidane no lo necesita. Los mitos pesan demasiado, aunque alguno se empeñe en seguir viéndole como un póster voleando la Novena.    

 

 

 

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Madrid y Atleti olvidaron la letra pequeña

15 Enero 2016 por Carlos Vanaclocha

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Sucedió el 30 de marzo de 2006. El diario AS desveló que la Federación Madrileña tramitó una ficha del Real Madrid a un brasileño enclenque de 14 años llamado Neymar Junior. La versión oficial es que su representante, Wagner Ribeiro (el Jorge Mendes de Brasil) pidió al club sesenta mil euros en concepto de fichaje. La versión desconocida es que el entonces director general, Carlos Martínez de Albornoz, decidió no ficharle porque el padre de Neymar no quería vivir en Madrid con un contrato de trabajo tramitado por el Madrid. Si la estrella del Barça hubiese emigrado entonces a la capital española, el radar de la FIFA habría detectado su caso porque la investigación comenzó en 2005. Hace dos años las cámaras de televisión captaron a un niño argentino de apenas un metro de altura que sorteaba un puñado de piernas en un palmo de césped. Argentina, tan obsesionada con vender al mercado europeo chavales con ínfulas ‘maradonianas’, le apodó el “Messi de las nieves” por su origen andino. Estuvo a prueba en Valdebebas dos días y otro en El Cerro del Espino del Atlético. Vino con su abuelo y su madre, pero ninguno aceptó el sacrificio que exigía mudarse desde un pueblo montañoso cercano a la Patagonia al jaleo de una gran ciudad. Claudio Ñancufil, el pequeño en cuestión, era tan exageradamente bueno, que el Madrid ya había sugerido a la mamá un trabajo fijo.

El Partido de las 12 de COPE adelantó el pasado 28 de abril que el máximo organismo del fútbol sancionaría a Real y Atlético por unos irregularidades en la contratación de menores de edad que el club blanco desmiente categóricamente, y el Atleti responde con un recurso. Un informe de cien folios enviado por burofax a ambos clubes con nombres y apellidos de niños bajo sospecha. De los rojiblancos no se han filtrado nombres, pero Paco González contó anoche que hay 150 expedientes mirados con lupa. El eje de la trama es que cualquier chaval extranjero que juegue en un club hermanado con los dos grandes (por ejemplo, el famoso Canillas del hijo de Mourinho, con el Real Madrid), puede ser sospechoso. La investigación al Madrid abarca 39 jugadores, entre ellos Luca Zidane, hijo de Zizou. Su ejemplo no encuentra ninguna ilegalidad: nació en Marsella en 1998 y con 6 años ya vivía en Madrid y jugaba en los prebenjamines   con la nacionalidad hispano-francesa. Extraña, como ha dicho el director general del Madrid, que José Ángel Sánchez, la sorpresa en la planta noble del Bernabéu haya sido mayúscula, cuando la Federación Española conocía esta investigación desde la pasada primavera (cuando COPE anunció la primicia). FIFA no publicó la sanción antes por los permanentes incendios y corruptelas a escala mundial en su directiva. Esto es información, no opinión.

El Barcelona fue sancionado con un veto de dos mercados porque la Federación Catalana de Fútbol tramitó fichas a ciegas, sin consultar a la RFEF, que precisamente había advertido de las posibles consecuencias. El Barça no escuchó y reaccionó demasiado tarde. Al menos, consiguió aplazar un mercado la sanción, aprovechándolo para fichar a Luis Suárez. En los casos de Madrid y Atlético, la Federación Madrileña garantiza que sus fichas están perfectamente tramitadas con la Federación de Ángel Villar. Entonces, ¿cuál es el problema? Quizás que la Federación Española no se ha puesto las pilas y ni siquiera ha mirado la letra pequeña de la normativa FIFA en sus estatutos de menores. No es mala pista. Tampoco lo es que los clubes debían saber que los niños tenían que vivir un año natural en España; sus padres debían tener reglados contratos de trabajo, alquileres de domicilio, etc. Pura burocracia que les ha jugado una mala pasada.

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Dejó de ser el quinto rey

12 Enero 2016 por Carlos Vanaclocha

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Hablando para el cuello de su camisa, con voz tímida y esa fobia a expresarse en público, Leo Messi se desmarcó para siempre de esa línea roja que delimita al mejor cuarteto de la historia. Si  Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona son patrimonio de la humanidad, el pentacampeón de los balones dorados merece la canonización; un episodio que explique qué sucedió en el fútbol antes y después de aquel debut contra el Albacete a la vera de Ronaldinho; un capítulo de la importancia de La Revolución Francesa en la historia monárquica francesa. El mayor aprieto para Messi será elegir cuidadosamente sus palabras dentro de un puñado de años, cuando tenga que contarle a su hijo Thiago qué hizo para que se enorgullezca de su padre. Los mortales alzamos la cabeza al cielo para encontrar la comparación más próxima; cualquier exageración se queda corta para el diminuto goleador que mira al resto como liliputienses.  “El mejor del mundo es Messi, y el segundo mejor, Messi lesionado”. Sin trampa ni cartón. Jorge Valdano, corazón merengue y lógica matemática; los números no engañan, las sensaciones tampoco. Incluso, Ibrahimovic revela en su biografía Yo soy Zlatan  que su pesadilla con Guardiola empezó con una conversación entre entrenador y Messi, en la que el argentino le suplicó jugar de media punta. Guardiola aceptó la sugerencia y su agradecimiento sigue siendo eterno.

Un 30 de octubre cualquiera, cumpleaños de Diego Armando Maradona, Leo Messi todavía no era titular en el Barça de Frank Rijkaard. En la entrevista de Barça TV posterior a un partido le preguntaron si había felicitado al ‘Pelusa’, y su titubeante respuesta fue: “No, ¡qué va!, me da vergüenza”. Los periodistas del canal azulgrana se rieron por la timidez de un juvenil al que los focos de las cámaras le intimidaban. Su cara tradujo lo que nunca se atrevió a decir: “Quién soy yo para felicitar a Maradona por su cumpleaños”. Ni su padre, Jorge, ni Josep María Minguella, responsable de traerle desde Rosario a La Masía, habrían imaginado una película de Steven Spielberg en la que Messi llegara a ser el epicentro del fanatismo argentino. Y con el mismo ruido mediático y popular que Maradona. Uno es el mítico 10 que detuvo el mundo durante los 10 segundos más bestiales que recuerdan los mundiales, y él es D10S en el cielo y en la tierra.

Cuenta Alberto Egea, uno de los mejores analistas de fútbol,  que la crisis de Luis Enrique en Anoeta fue consecuencia de un galimatías táctico con Messi (que no de Messi). Jugó de ‘5’, como Zidane, retrocediendo a la medular para coger balones; de ‘10’, fundido fuera del área por detrás de un Neymar despistado, y de ‘9’ sin recibir ni siquiera un microondas para rematar. Exprimido en casi todos los palmos de césped sin resultado, acabó pegado a la banda, donde sus incursiones made in Arjen Robben, terminaron en triplete. Cocinar a Messi es un artículo para que los menos puristas conozcan cómo combatió su kryptonita. La conclusión es demasiado simplona: Messi rinde donde le apetece, en espacios claustrofóbicos o con pradera para contragolpear; en un bosque de piernas germanas o delante de defensas de plástico. Por eso, era el ‘quinto rey’ del fútbol. Hoy el apelativo suena a insulto.

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Cortita y al pie

6 Enero 2016 por Carlos Vanaclocha

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“Si pudiera dirigir un equipo, siempre jugaría Riquelme. Fue un honor haberme retirado con su camiseta en mis manos”. Es el libro de estilo de Zinedine Zidane. Cortita y al pie, en campo contrario y sin perder el balón. Florentino Pérez siempre tuvo dos obsesiones: reventar el mercado con Leo Messi (así lo soñaba y así se lo transmitió a Cristiano Ronaldo en su despacho de ACS) y moldear a Zizou, su galáctico de cámara, en una copia perfecta de Pep Guardiola. “Los grandes jugadores serán grandes entrenadores”, sentenció Johan Cruyff. Entonces, Maradona, Van Basten o Michael Laudrup son la excepción que confirma la regla. Zidane está llamado a desconectar esa trituradora andante que engulle entrenadores al ritmo que el club gasta millones. Es el Neo de Matrix, el elegido para abrir una nueva era sin vedetismos, estrellas de rock con derechos y sin obligaciones, y caprichos multimillonarios. Si hay un líder es, desde hoy, el hombre que fue convertido en mito por el Bernabéu. “Nunca se está preparado para entrenar al Real Madrid”; de repente, una incontinencia de sinceridad. La leyenda mundial bajó al barro, sin promesas ni ruido hipócrita: “¿Ganar? Vamos a intentarlo”. Dos palabras repitió Zidane hasta la extenuación: trabajo e ilusión. De lo segundo iba sobrado Benítez, otra historia en otra galaxia muy lejana fue ver un Madrid currado (y de currantes). Ni las persianas cerradas de Valdebebas mienten.

A un tipo volcánico como Zidane le habría molestado que un entrenador intentase corregir la técnica de sus roulettes. Cristiano Ronaldo aguantó cómo Mister Rafa le sugería patear las faltas y Toni Kroos cómo debía colocar el pie para un pase largo. La gente del fútbol respeta unos códigos que el vestuario blanco considera vulnerados por el técnico saliente. Por eso, ni rastro de agradecimientos públicos en las redes sociales: los mismos jugadores que abrasaron twitter con mensajes de apoyo a Ancelotti, han ignorado a Benítez, aunque su entorno confiese que sí ha recibido llamadas personales de algunos futbolistas. En julio no fingió lágrimas cuando se emocionó en su presentación porque, mimetizando el himno merengue de las mocitas madrileñas, “cuando pierde da la mano, sin envidias ni rencores, como bueno y fiel hermano”. Su carta de despedida lo atestigua. Él ya es historia (no literal, claro), Zidane es el presente y el futuro la gigante y eterna duda en el banquillo más complicado del mundo. No obstante, el adn del astro francés no miente: “ganar, no hay nada más”. Sí, otro fracaso de consecuencias apocalípticas. Y no es hipérbole.

Zidane ama el arte de Guardiola en rondos y ejercicios claustrofóbicos con balón. Cuanto menos espacio, más habilidad. James e Isco pueden volver a respirar; incluso si volviese el incomprendido Guti, al que el propio Zizou y Ronaldo el ‘gordito’ nunca dejaron de tirar flores. Pero quizá el vestuario más joven sólo conozca la historia de su nuevo entrenador desde el año cero de la volea de Glasgow o aquel regate de la ‘cuerda’ al deportivista Héctor. Tampoco sabrán que en los años del Madrid galáctico, la única vez que se detuvo un entrenamiento para aplaudir a alguien fue al que ahora viste de traje y corbata de seda.  Que Zidane sea entrenador no va a implicar sesiones made in Globetrotters; su talento aguantaba noventa minutos porque la Juventus le sometió a carne de gimnasio. Así que se anuncian cargas físicas pesadas en Valdebebas. Una dosis de pelota de Guardiola; otra de Ancelotti en gestión de cracks; Marcello Lippi la física…¿Y del Bosque? Habrá que preguntárselo.

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