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Cirugía del contraataque

4 Agosto 2015 por Carlos Vanaclocha

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“Un gol necesita un pase y Koke y Oliver lo dan”. Antoine Griezmann continúa la añada que tan  buenos vinos reservas dejaron Agüero, Forlán, Falcao y Diego Costa. Él no remata microondas en el área (Valdano dixit), prefiere la cirugía del contraataque. Su primer gol al Shanghai SIPG  es la idea perfecta que tuvo el difunto Luis Aragonés durante sus años en el banquillo rojiblanco. Porque al Atleti le gusta el toma y daca, aunque esta plantilla tenga un puñado de locos bajitos que mareen el balón y ‘traicionen’ los gustos siderúrgicos de Simeone. Y aunque la pretemporada permita cualquier galimatías táctico, al ‘Cholo’ nadie le va a pintarrajear su 4-4-2. ¿Con Oliver Torres? Por el bien del arte, sí; por la amenaza a ese fútbol tan industrial, quizá también. De las pocas mejoras que necesita el Atlético, una de ellas es aflojarse el corsé que le desplaza lento pero sólido. Con tanto artista en el mismo camarote, ya es hora de vivir noches alocadas en el Calderón. Habrá atléticos que quieran bailar un twist y otros que convengan a rajatabla las tesis cholistas prefabricadas. La suerte es que hay un equipo camaleónico con ganas de incordiar. Así es el Atleti.

El fondo de armario da para presumir en la Quinta Avenida. Si Griezmann se cansa, los últimos veinte metros los puede esprintar otro velociraptor como Fernando Torres. Aunque por la pasarela desfilará antes Jackson Martínez, especialista en engatillar todo lo que se menee por el área. Y, por supuesto, Vietto, un pillo escurridizo que está al quite de cualquier despiste. Sin olvidar, claro, a Correa, la versión novata del Kun Agüero. O sea, que si el Atlético gafa la portería rival este año, sólo lo podrá explicar la ciencia infusa. Cualquiera que haya visto la goleada de esta mañana, dará fe de ello, porque de repente ha nacido un cuchillo afilado por la banda izquierda. Hizo poco ruido y muchas nueces (perdón por blasfemar la expresión) en Monaco, y ahora le da alas a su nuevo equipo. Carrasco pinta a jugador revelación, de esos que con una mano de chapa y pintura made in Simeone, calentará el mercado del próximo verano. Pero ya lo saben: el Atlético cambió su eslogan del escaparate. No son un club vendedor.  

 

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“Pedro es el más espabilado con y sin balón”

1 Agosto 2015 por Carlos Vanaclocha

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“Cuando todos fallan, él acierta. Es un futbolista al que le sale todo bien”. Minutos después del baile de Wembley, Guardiola respondió a un periodista británico en la sala de prensa interesado en la actuación de Pedro Rodríguez, entonces Pedrito. El Barça acababa de desquiciar al Manchester United en una de las finales de Champions más descaradas de la historia. Fue 3-1 porque los azulgranas así lo quisieron, con un fútbol delicatessen sólo apto para románticos del ‘cruyffismo’. Y no fue Messi quien comenzó la juerga, sino ese veinteañero tímido delante de las cámaras, y escurridizo y pícaro con las botas puestas, que batió a Van der Sar con una especie de putt perfecto y dejó en muy buen lugar a su descubridor, el ojeador canario Sixto Alfonso. “No es bueno porque le suele salir todo, sino porque siempre elige bien”, se ufana en contar el cazatalentos. Coincide Guardiola, quien aposto por él, al igual que por Busquets, como productos de edición limitada de La Masía.

Pedro ha jugado más de 300 partidos, 200 de titular y 98 goles oficiales. “Siempre cumple. No se puede decir lo mismo de muchos otros”, espetó Tito Vilanova en una entrevista a Barça TV.  Claro que su nombre no vendía periódicos ni camisetas; por eso, tuvo que batirse el cobre con personajes de escaparate de Quinta Avenida: en su primer año llegó Ibrahimovic, a continuación David Villa y tiempo después el sueño pernicioso del ex presidente Rosell: Neymar. Cualquier otro habría pedido el exilio, pero ningún entrenador, incluido el ‘Tata’ Martino, quiso desprenderse de un auténtico obrero del fútbol. “Es de los delanteros que mejor me entienden el pase al hueco”, aseguró Xavi Hernández; su primer gol en el Bernabéu (0-2 en la 2009/2010) y el que abrió el cinturón metálico del United en Wembley lo atestiguan. Quizá el mejor cumplido, el que más le gusta a él, se lo sugirió su amigo Busi: “Es el futbolista más espabilado que conozco con y sin balón”. Quizá sea ese el secreto por el que el Barça se resiste a venderlo; también Guti tuvo el suyo que le mantuvo en el Real Madrid década y media.

El Manchester United supuestamente ha pujado fuerte por Pedro (el Barça lo niega) porque no quiere ser el “mejor cuarto delantero del mundo”. Así le considera Luis Enrique cuando le explicó que delante tiene a los “tres mejores del mundo”. Él lo asume con la misma facilidad con la que quiere que el club le agilice una despedida sencilla. Porque así es su vida fuera de un vestuario repleto de egos ‘hollywoodienses’. Su intención es jugar el puñado de minutos que no le descarte para la próxima Eurocopa, ya que Del Bosque insiste en que “la agresividad de Pedro rompe con el molde de España de jugar al pie”. Y de paso, probar otras ligas, por ejemplo la Premier. Allí puede que se rencuentre con el tipo con quien más ha disfrutado y aprendido en los entrenamientos: Thierry Henry, que vive en Las Islas. Fue un solo año de convivencia, pero dio para un máster acelerado con monsieur Tití. Por si acaso, los interminables rumores del mercado también apuntan al Bayern de Guardiola. Caché no le va a faltar, es el currículum que se ha currado el único futbolista de la historia (sí, de la historia) en marcar en todas las competiciones imaginables de clubes en una sola temporada. El Pedrito del Barça quiere alzar el vuelo, sólo que ahora será Pedro. Sencillo, punto.


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El cortador de césped

30 Julio 2015 por Carlos Vanaclocha

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El Madrid ha fabricado una nueva cortadora de césped. El fantasma de Makelele se ha alargado demasiado porque el casting de sucesores fracasó estrepitosamente: Pablo García, Gravesen, Emerson, los Diarra, Gago, Khedira, Toni Kroos en versión atrofiada…ninguno de ellos, ni siquiera Kroos, entendió la importancia que un día asumió aquel escudero de Zidane que vertebraba y aplacaba el ímpetu desatado de los galácticos. Fue irse Makelele por falta de ‘cariño’ y comenzar el galacticidio del primer proyecto faraónico de Florentino Pérez. El propio Zizou llegó a reconocer en una entrevista en L’Equipe la trascendencia de su compatriota: “La salida de Claude partió por la mitad al equipo. Sin él no sabíamos jugar en bloque”. Precisamente, un bloque de ladrillo cementado es la obsesión de Rafa Benítez. Y si del Bosque juró una vez que el doble pivote era “innegociable” y en su dni le hubiera gustado identificarse con Sergio Busquets, a mister Rafa (apodo eterno en Liverpool) también le va el juego de los destructores. Él es Casemiro, construido en Sao Paulo, adaptado en Valdebebas y fogueado en Oporto, donde Lopetegui llora su pérdida por temor a que se le caiga el castillo de naipes (esto es información, no opinión). Su regreso era una prioridad en primavera para el director general José Ángel Sánchez, quien sabía de antemano que el nuevo entrenador le enrolaría en su ejército sí o sí.

Si han visto los amistosos contra Inter y Milan, y han notado que el dorsal 14 no paraba de correr desde su área hasta el centro del campo como si llevara una pila Duracell, no se sorprendan: Case (así le llama el vestuario) sacrificó una semana de sus vacaciones y contrató un preparador físico para entonarse desde Brasil. Se ha tomado tan en serio la oportunidad del club, que la fase experimental del equipo deja dudas de la titularidad indiscutible de Toni Kroos. Sí, el alemán jugará en el estreno liguero junto a Modric, pero no es un secreto que el campeón del mundo preferiría repartir balones sin chaleco antibalas, liberado del marrón que hace un bulldozer como Casemiro. Al Oporto le extrañó que su centrocampista no fuese titular en la pasada Copa América, sobre todo en una selección brasileña tan metálica como la de Dunga. Con Benítez no habrá sospechas: sus rotaciones son sagradas para evitar la oxidación de esos “mismos once cabrones de siempre” (Toshack dixit). Y en esa tesitura, Casemiro entrará como un carromato.

El empate a cero ante el Milan habría sido una ofensa al espectáculo en cualquier momento de la temporada. Hoy no es más que otro tubo de ensayo para que Benítez reivindique su fútbol de hormigón, muy del gusto de los entrenadores y poco de los espectadores. Porque este Madrid no pretende invocar los contraataques tan letales como alocados que excitaban al Bernabéu; ahora toca un control más riguroso y disciplinado que el de Ancelotti, en el que una pérdida de balón no altere las matemáticas del equipo. Jugar por inercia, ése es el aprendizaje de esta pretemporada. Y en apenas dos semanas, Casemiro ha cumplido los deberes que le han hecho un “hombre” en Oporto.

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¿Otra vez el “monstruo”?

22 Julio 2015 por Carlos Vanaclocha

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“Me ha devorado el monstruo que he creado”. Florentino Pérez anunció su hartazgo en febrero de 2006, cansado del vedetismo de esos galácticos que él había creado para su proyecto faraónico. La sorprendente dimisión esparció un reguero de leyendas populares (unas ciertas y otras no tanto) que sobredimensionó la pelea de egos que acabó calcinando el vestuario. Entre ellas, el recelo de Luis Figo, ojito derecho del presidente hasta la llegada de Zidane, primero, y Ronaldo un año después. Cuenta la leyenda que el portugués llegó a llamar personalmente por teléfono a Florentino expresándole su malestar por una supuesta falta de cariño o, mejor dicho, su predilección por el astro francés y el brasileño. Figo siempre creyó que la efervescencia de su fichaje bomba nunca se agotaría; ni siquiera intuyó que la intención de la planta noble era llenar la plantilla de estrellas de rock verano a verano.

En sus círculos privados, Florentino juró no volver a cantar nanas a sus nuevos galácticos. A Cristiano se lo demostró esquivándole las primeras veces que le sugirió la renovación de contrato (aquel antológico “estoy triste”). El derrotismo de Kaká le ayudó a no congeniar demasiado salvo por intereses marketinianos: una suculenta venta de camisetas. Por eso, y aunque la opinión pública no supiera o quisiera explicarlo, el fichaje de Kaká sí fue rentable, como espetó Florentino. En términos de multinacional, por supuesto. En cambio, la relación con Benzema sí tiene las dosis de paternalismo que recuerda  a la de Figo. Con éste consiguió el eslogan perfecto: “Si no viene Figo, pago todas las cuotas de socio de la temporada 2000-2001”; a Benzema no le movieron intereses electorales ni comerciales, simplemente una ilusión por moldear un futuro Balón de Oro desde la base. Por eso, se fue expresamente a buscarle a su casa en un arrabal de Lyon.

El nuevo Real Madrid todavía no genera noticias porque aún no ha salido de la fábrica y no se atisban fichajes de alfombra roja. Quizá, por el mero hecho de distraer al aficionado, ha surgido por inventiva periodística o algún indicio oculto en un jeroglífico el repentino mosqueo de Cristiano Ronaldo con Gareth Bale. Y más cuando el galés gozó de patente de corso en el primer amistoso contra la Roma. En la sección amarillista del club (no es una crítica, en Europa vende diarios a toneladas), Rafa Benítez debe mimar al galés para evitar otro juguete roto como Kaká. Y si ello implica ser negligente con Cristiano, al míster no se le reprochará desde los despachos. La ‘Quinta del Ferrari’ de Lorenzo Sanz sazonó el papel cuché de la época; la era ‘galáctica’ definió a los futbolistas como celebrities; y que CR7 mantenga un cabreo de proporciones bíblicas desde el despido de Ancelotti afila cualquier pluma con ganas de rajar.

Una lucha de egos Cristiano-Bale tiene su morbo en Telecinco, pero que Benítez sepa entender al galés y recuperar en el campo su P.V.P de 100 millones (si es que alguna vez los valió) supera ese morbo al cuadrado o al cubo. El presidente apenas presta atención a la columna de chismorreo porque insiste entre su gente que Cristiano es el líder único e intransferible (esto es información y no opinión). Sin embargo y por si acaso, no baja la guardia, añadiéndose su enésima preocupación de su mandato; no vaya a ser que le suene el teléfono móvil y una voz responda: ‘Presi, soy Cristiano’

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De Las Gaunas al Camp Nou

19 Julio 2015 por Carlos Vanaclocha

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14 de agosto de 2014. El Espanyol acaba de empatar un amistoso en Olot (Girona) y a la salida del vestuario, entre el escaso puñado de periodistas que se había acercado a cubrir el bolo, Kiko Casilla tiene un gesto de complicidad con Tomás Guasch: “¿El Real Madrid? Veremos qué pasa, pero por qué no”, dice con sonrisa picarona el portero ‘perico’. Es el preludio de lo que tarde o temprano le iba a suceder a un portero de La Fábrica de Valdebebas. Sus casi dos metros gustaron tanto a Fabio Capello en 2006, que advirtió a los técnicos de la cantera que le cuidaran porque tenían en sus manos al “futuro Bodo Illgner”. Sobrio, valiente en las alturas y poco ‘palomitero’, Manolo Sanchís cree que es un portero de los que se requiere el mercado actual: talludo, que domina el área chica y bastante potable en el juego de pies. Credenciales que cubren de sobra la ausencia, ¿momentánea?, de David De Gea, también del mismo corte pero con la experiencia de haber celebrado su bautismo de fuego en un estadio tan exigente como Old Trafford. Casilla ha sostenido durante varios años al Espanyol, un equipo fusilado por tierra, mar y aire, y que con otro portero quizá hubiera sufrido en la zona caliente de la clasificación. El cambio de Cornellá al Bernabéu servirá de tubo de ensayo para averiguar si Casilla tiene porvenir y no es otra promesa embalada en la caja de otras aspiraciones fallidas como Adán, Jordi Codina, Cobeño, etc.

Julen Lopetegui aclaró una vez la razón de su ostracismo en el Barça de Johan Cruyff: “Me dijeron que a Cruyff le gustaba por mis reflejos. Pero yo sabía que la sombra de Zubizarreta era demasiado alargada”. Lopetegui, santo y seña del inolvidable CD Logroñés del ‘Tato’ Abadía y Toni Polster, también llamó la atención de los ojeadores en la vieja ciudad deportiva de La Castellana. Y como a Kiko Casilla, sabía que el club riojano era inexorablemente una estación intermedia. Nunca habría esperado la llamada personal de Cruyff; fue entonces cuando la oportunidad de su vida acabó en un tormento psicológico. De Las Gaunas al Camp Nou: el cambio fue demasiado brutal. “En el Logroñés me chutaban desde cualquier sitio. Estaba caliente todo el partido. En el Barça tienes que prepararte para detener los dos balones que te llegan”. No es fácil cambiar una costumbre tan peligrosa. Fernando Hierro comentó durante la Octava Copa de Europa que el portero del Real Madrid debía estar preparado para las dos o tres ocasiones que le llegaban. Sus palabras fueron rápidamente rebatidas por una estadística demoledora: a finales de los noventa, y  ya con Iker Casillas como titular indiscutible, el Madrid era uno de los equipos más acribillados tanto en Liga como en Champions. Casillas había empezado un máster acelerado de manera fulgurante: precoz para una responsabilidad “muy jodida”, como le dijo J.B. Toshack cuando le hizo debutar.

Kiko Casilla ya ha pisado cualquier estadio que engulla psicológicamente a un portero, aunque como  rival; es decir, sin tener que justificar la hoja de quejas. En el Espanyol se ha fogueado y ha madurado tanto para que Del Bosque le tenga en cuenta. Ahora llega el momento de la verdad: cualquier parada puede pasar desapercibida, pero una cantada sobredimensiona la crónica más aséptica. La comparación con el mito saliente se hace inevitable: no es sólo la presión del Bernabéu, también el holograma de Casillas que se le aparecerá en cada fondo. Kiko es un portero serio, muy alemán para aplacar los nervios y poco amigo de excentricidades teatrales de Paco Buyo. Puede que sea lo que necesite el Madrid en estos momentos. Un personaje ajeno a toda la guerra de trincheras que ha tambaleado al vestuario blanco en los últimos tiempos. “Casilla tiene que parar, ni más ni menos. Es su trabajo”, dice César, otro ex que tardó en digerir el paso de Valladolid a Madrid. También Rafa Nadal sólo se dedica a pasar bolas por encima de la red, como tantas veces ha insistido Toni Nadal en su sobrino. Aunque al final es más que eso. Simple, pero crudo.


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Bartomeu por delante de todos

15 Julio 2015 por Carlos Vanaclocha

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Debate sano y sin zancadillas en Ca Barça. Lejos quedan ya aquellos duelos electorales en los que una frase cortaba de raíz horas de verborrea anestésica (por ejemplo, aquel misil antológico de Ramón Mendoza en las elecciones del Real Madrid en 1995, cuando lanzó “ambos contendientes son igual de malos”, en referencia a un novato Florentino Pérez  y al testimonial Santiago Gómez Pintado). Anoche el Camp Nou celebró la última oportunidad para aclarar el voto del soci indeciso, y el resultado sigue siendo una incertidumbre absoluta de esa cuarta parte del electorado que elegirá presidente por arrebato más que convencimiento. Josep María Bartomeu, el peso pesado, saltó al ring con la guardia alzada y no tardó ni quince segundos en soltar su directo favorito: el triplete, concepto demasiado manoseado como propaganda electoral pero que vende tanto como la corrupción de PSOE y PP para Podemos. El último presidente habló por boca de Luis Enrique, su entrenador blindado a los ataques por tierra, mar y aire. Nunca ha sido personaje en el universo Barcelona ni pretende serlo, por eso su falta de carisma la rellena con datos demoledores para el resto de contrincantes: títulos, figuras hollywoodienses, patrocinios millonarios y ese Espai Barça que pretende convertirse en un parque de atracciones más temático que Port Aventura.

Minimizar daños fue el objetivo de los asesores de Bartomeu. Salir a pegar a sabiendas que recibiría un puñado de jabs esperados: el fraude del caso Neymar, sanción FIFA y las sospechas éticas de Catar. Esos debían ser los asaltos de Joan Laporta, pero su vaguería o dejadez por preparar un debate muy decisivo para su candidatura le relevaron a páginas interiores. Tenía que ser Laporta en portada con tomahawks inteligentes contra Bartomeu y acabó liado en un discurso aburrido, farragoso y que el favorito se encargó de engorronar más con demagogia barata pero útil (“usted que es abogado, señor Laporta, no confunda los términos ‘imputado’ y ‘procesado”). Da la sensación que el ex presidente vive y se emborracha de su propio ego, de un carisma inflado con el prodigio de Guardiola y viviendo de ese pasado. Cuando el resto de candidatos se ha esforzado en redactar un programa electoral sesudo, él sale con un tríptico simplón con menos texto que las pegatinas que regalan dentro del envoltorio de un Bollycao. Se jacta de que el electorado conoce de sobra sus intenciones, pero como dice un ex barcelonista del Dream Team de Cruyff: “Laporta es como un loco con una camisa de fuerza que no para de repetir en un manicomio: ‘Cruyff, Guardiola y Masía’ “. Precisamente, la cantera suele ser un arma de varios kilotones imprescindible en una guerra de trincheras, aunque poco le preocupa a Bartomeu haber fallado en la fabricación en serie de una nueva remesa de jóvenes perfectos cuando su pegada de carteles se abrevia en Messi- Suárez- Neymar.

Y entre bambalinas, los dos sparrings que debían montar bulla. Uno lo hizo con creces y el otro se evaporó entre tanta cordialidad y diplomacia empapada de suavizante. Agustí Benedito sabe zafarse en el uno contra uno, pero necesita prensa mamadora: al menos, un diario deportivo y alguna televisión local que le dé carrete. Comparado con los demás, su discurso inicial de minuto y medio fue copiado del mismísimo Marco Tulio Cicerón: FIFA, Catar, el dinero negro de Neymar y un Barça entre juzgados nacionales y provinciales. Pim, pam, pum; una combinación de puñetazos perfectos para alguien que necesita personajes con cara y ojos en sus presentaciones. A Toni Freixa sí le conocen, como un rebelde sin causa, pero le conocen. Preside la corriente subversiva de Sandro Rosell: cabreado porque su propio ex presidente atrofió un proyecto de amigos yuppies en un modelo faraónico, donde él decidía. Freixa como Benedito son opciones de futuro. Sus puestas de largo necesitan envejecer en una barrica de malos tiempos y con un nuevo Elefant Blau. Así fue como nacieron Laporta, Bartomeu…es decir, todos.    

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“El primero en romper el muro siempre sangra…”

8 Julio 2015 por Carlos Vanaclocha

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Veinticinco años de servicio al club. Las credenciales de Iker Casillas sobran con este dato. Su destino a Oporto es inminente, le separan 7 millones que el Real Madrid no quiere pagarle. Y aunque la directiva esté filtrando una adiós homenajeado, el capitán sabe que se irá a Portugal por la puerta del trastero. Allí, donde se acumulan reliquias como Manolo Sanchís, Fernando Hierro, Raúl (a quien costó años en ofrecerle el Bernabéu como despedida) y en cuestión de horas su último mito. El dinero está retrasando la salida; por supuesto, el club no tiene por qué cubrir su ficha entera si el Oporto sólo le ofrece un tercio de contrato, pero el madridismo también debe saber que, después de Cristiano Ronaldo, es Iker Casillas quien más genera ingresos por publicidad (50% para el futbolista, 50% para el Madrid). La imagen del portero está resquebrajada y ni siquiera juntando al equipo de las 6 Copas de Europa, al ‘yé-yé’, a la ‘Quinta del Buitre’ y a los ‘Galácticos en un emotiva despedida, se podrá restañar el daño. El yerno de España (así le consideraron las encuestas después del Mundial de Sudáfrica) es hoy un padre escéptico, harto de las charlas de barras de bar que airean su nombre con el primer y segundo café de la mañana. Ha aguantado desde ese runrún molesto de la grada hasta pitos e insultos descarados. Ha salido del estado varias veces con la cabeza gacha, sin encontrar razón a tanto rencor. La misma chavalería que se compraba su camiseta del ‘1’, escupía insultos como un papagayo. Por suerte, es una minoría.

“Sé que allí te están dando duro pero el primero en romper el muro siempre sangra… ¡Siempre!”. Sabia cita del dueño de los Red Sox de Boston al vanguardista Billy Bean (Brad Pitt) en Moneyball.  Él, Iker, fue el primero en desafiar el maniqueísmo de Mourinho: conmigo o contra mí, sin término medio. Ésa fue la génesis del ciclón que temporada a temporada ha ido ennegreciendo la leyenda de ‘El Santo’. Y no queriendo pecar de egoísmo, sin ganas de montar en cólera y crear una guerra de trincheras, nunca celebró una rueda de prensa para poner las cartas encima de la mesa. Quizá fue un error no salir delante de las cámaras para frenar los arrebatos de Mourinho; pero así lo creyó y a lo hecho, pecho. Sin duda, ahora tendrá su despedida impostada, con el estadio coreando su nombre y la troika en el palco (Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y la sombra fantasmagórica de Mou)  aplaudiendo a radiar. Sin embargo, Casillas se ha construido un carácter en el que la argamasa es su cabezonería, y cuando el presidente, o Butragueño, le sugieran una última visita a su casa de siempre, no esgrimirá un ‘sí’ rotundo; al menos lo meditará un instante. Aunque sabe que la afición le merece por tantos años de servicio, por tantas paradas imposibles, por tantos ¡uys! taquicárdicos.

Iker siempre podrá aceptar una despedida sin fastos faraónicos, como la de Sanchís en 2001. El futbolista que más partidos de Liga había disputado hasta entonces, con casi veinte años de militancia merengue, no quiso las llaves del Bernabéu. Florentino cumplía su primer año de mandato y pidió a Butragueño que convenciese a su amigo para un adiós de gran capitán. Sanchís, poco amigo del jaleo público, se negó varias veces y acabó aceptando un homenaje de andar por casa. Sucedió después del último partido contra el Valladolid en junio de 2001: el estadio, todavía abarrotado, se oscureció y brindó al central una fiesta exprés en el centro del campo delante de toda la plantilla. Casillas también ha oteado su adiós desde hace meses (su interés por jugar en otro club no es repentino), pero su entorno se había obsesionado en un gesto, sólo uno: una rueda de prensa convocada por el presidente en la que se fundiera en un fuerte abrazo con Iker Casillas. Que fuera o no fingido sería interpretado por la opinión pública. Nada más.

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Real Madrid: Economía de guerra

4 Julio 2015 por Carlos Vanaclocha

Economía de guerra en el Real Madrid. La escasez galáctica del mercado y el convencimiento en la planta noble del Bernabéu de que la plantilla diseñada para Ancelotti todavía está preparada para emular al último Barcelona han borrado la obsesión ‘marketiniana’ del presidente. Apenas queda un puñado de futbolistas que pueda abarrotar las gradas en una puesta de largo veraniega. Ni siquiera Rafa Benítez se ha visto con galones para exigir un capricho, simplemente porque el vestuario no lo necesita; y aunque el caso Sergio Ramos acabase explotando como una bomba de neutrones (bastante improbable), el sustituto no tendría ese caché que sólo Florentino Pérez otorga eligiendo a dedo. “No hace falta maquillar la plantilla temporada tras temporada”, dice un actual directivo blanco. A fecha de hoy y sin garantizar la despedida de Iker Casillas, sólo el fichaje de De Gea preocupa en los despachos. Y si Van Gaal le sigue tasando con un P.V.P. descerebrado para cualquier portero, Danilo será el único posible titular que se haga la tradicional foto de caras nuevas con el presidente.

Florentino Pérez es amante de las encuestas entre sus socios y, a propósito de sus respuestas habituales, suele tener claro que la masa social necesita comprar ilusión. Desde que asumió la presidencia en 2000, la política de galáctico por verano se agotó cuando no quedaba ninguna bestia parda por comprar. Fue entonces cuando triunfó en el mercado la clase media con los Diogo, Pablo García, Gravesen, etc. Durante su segundo mandato, tan sólo aplicó la economía de guerra en la última temporada de Mourinho, en la que el portugués solicitó a Luka Modric como si se tratase del quinto elemento. Ángel Cappa recuerda que en su segundo año con Jorge Valdano al  frente del banquillo, pidieron a Ramón Mendoza una intentona “suicida·” por Eric Cantona. Entonces contaban con el pichichi Bam Bam Zamorano y un imberbe Raúl González Blanco, pero la respuesta del difunto presidente fue: “Vamos a por Juan Eduardo Esnáider porque ésta es su casa”. Aquel Madrid campeón de la Liga del 95 acabó en el desguace meses después por “oxidación”, como define Cappa.

El nuevo Madrid suena poco ‘florentinista’, al menos de fachada. El presidente ha aplacado sus ansias empresariales por las nuevas inversiones en una decisión fría y calculadora. El diagnóstico no es el de paciente muerto sino paciente enfermo. Las lesiones musculares han tumbado el castillo de naipes con el que Modric sostenía a un equipo mil millonario (¿se acuerdan de Makelele?). Y al margen del affaire de la portería, en la que un Casillas concentrado y ajeno al runrún de la grada podría competir perfectamente con De Gea, la necesidad primaria es sellar el centro del campo, no tanto con locos creativos (ya están James e Isco) como con picapedreros. A vuela pluma, los nombres que copan los primeros puestos del Ibex del fútbol son Paul Pogba y Arturo Vidal. Pero el francés de cresta histriónica ya ha acordado con la Juve que saldrá en un año hacia Can Barça, con una cláusula de bloqueo por si a Florentino le tienta reventar el mercado a finales de agosto. Vidal también fue sondeado el año pasado, pero su vida disoluta mancharía aquel ‘libro blanco’ de buena conducta que una vez existió. ¿Y quién cubrirá las espaldas a Benzema? El Madrid lo tiene claro: “Si Jesé se pone las pilas…”.  


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Propaganda en el Barça

2 Julio 2015 por Carlos Vanaclocha

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“Si soy presidente del Real Madrid, vendrán Cesc, Robben y Kaká”. Fue el cebo electoral de Ramón Calderón para alzarse con la presidencia del club en los comicios del 2006. El funesto presidente colocó su mensaje en las interminables tertulias de radio y televisión porque años atrás la bomba de Luis Figo había surtido efecto en el voto presencial (el de correo fue la clave para las elecciones de Florentino y Calderón). Pero paradojas de la vida o mentiras muy vendibles, esa temporada no llegaron ni Cesc, ni Robben ni Kaká. La foto que ayer inmortalizó a Ariedo Braida, director deportivo del Barcelona de Bartomeu, y Beppe Marotta, consejero delegado de la Juventus, es el imán perfecto para captar al soci. La instantánea no adjuntaba pie de foto, que cada periodista lo intente interpretar con lógica cartesiana, porque las filtraciones se dispararon al segundo: desde la candidatura del Bartomeu insinuaron que Pogba jugaría en el Barça el próximo verano, pero Marotta despejó de un manotazo seco los rumores en La Gazzetta: “Nos han ofrecido 80 millones pero no le vamos a vender”.

Pogba es el cheque dorado de su agente Mino Raiola. Y hasta que el histriónico representante salernitano no alce el pulgar como el César en el Coliseo, la Juve no firmará el finiquito de la cresta más cotizada del mercado. Una comisión del 10% de 90 millones pesa un ‘kilo’ más que 80, y Raiola suele decir sin tapujos que Poga vale “lo mismo o más que Gareth Bale”. La intención del todoterreno francés es cristalina: Luis Fernández el ‘Machote’ reveló anoche en El partido de las 12 que Pogba le había confesado su deseo de jugar en España. Y Raiola, amigo íntimo de Joan Laporta, sólo coge llamadas al Barça, en concreto a Laporta, porque con Florentino Pérez se las tuvo tiesas. Y sólo sacará la pluma para firmar contratos cuando el club azulgrana tenga nuevo presidente. Como en Los Idus de Marzo, Raiola conoce todos los trapos sucios de las carreras electorales en el negocio del fútbol, y sabe que la foto de Braida y Marotta es propaganda muy convincente. El efecto acción-reacción no se hará esperar en la Ciudad Condal: Laporta buscará un apretón de manos con el agente de Ibra sin pie de foto. Una imagen siempre vale más que mil palabras.

El Barça no ha fichado a Pogba, pero evita que el Madrid suelte el talegazo sobre la bocina. Las mil reuniones celebradas en Milan estos días entre el director deportivo azulgrana y Marotta han escenificado una superproducción hollywoodiense con un resultado estratégico pero simplón: bloquear a Florentino. El problema para el Barça es que Pogba se quiere gustar en la antesala de su Eurocopa, es el año y su revalorización le puede costar cara. Y aquí no hay fondos de inversión por medio en los que ocultar dinero negro; el fichaje de Neymar ocurrió una vez, Pogba valdrá 80 o 90 justificados, ¿quizá 100 redondos? Si el Madrid los pagó por su galés, ¿por qué no el Barcelona?

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El “antimadridismo” de Van Gaal

28 Junio 2015 por Carlos Vanaclocha

“El antimadridismo de Louis Van Gaal está torpedeando el fichaje de De Gea”. Es la reflexión de un cargo intermedio del Real Madrid y, dados los antecedentes, su opinión huele más a diagnóstico frío y calculador que a un arrebato emocional. El técnico holandés ha dejado un buen reguero de rajadas contra el club blanco, que no esconden una manía que nació en un Madrid-Ajax de 1995. Entonces, el Ajax de Van Gaal creó escuela por toda Europa y se presentó en el Bernabéu para darse uno de los mayores festines que ha presenciado la grada merengue. Acabó 0-2, pero pudo ser un 0-7 si Patrick Kluivert no hubiera fallado más que una escopeta de feria y el árbitro no hubiese anulado dos goles legales. “Los árbitros en este estadio ya se sabe cómo van a actuar”, comentó Van Gaal en la rueda de prensa posterior (22/11/95). Dos años después, el Barcelona ganó el clásico en el Bernabéu con aquel gol de las ‘butifarras’ de Giovanni, y Van Gaal volvió a quedarse a gusto: “Fernando Hierro tiene reglas diferentes al resto” (01/11/97), en referencia a una bronca entre el central y Rivaldo.  Meses después, el Barça goleó al Madrid en el Camp Nou y, preguntado por las claves de la victoria, el holandés lanzó otro tomahawk: “La diferencia es que nosotros tenemos a Rivaldo y Figo, y sin gastar tanto dinero como ellos” (07/03/98).

La traca final sucedió en el palco de honor del Bernabéu. Van Gaal presenció el ascenso a Segunda División del filial azulgrana y celebró los goles con demasiada efusividad. O al menos fue lo que pensó el ex presidente Lorenzo Sanz que le declaró personan non grata en el coliseo blanco advirtiéndole que se fuera a “berrear a su casa”. Alejado de los focos durante varios años, Van Gaal reactivó su guerra fría contra el Madrid la noche que el Bayern jugó la final de Champions 2010 contra el Inter de Mourinho en el estadio de los líos. “Ganar aquí tendría un gusto muy especial”, comentó el entonces entrenador del Bayern a un corrillo de periodistas en la semana previa. Lejos de querer adularlo, provocar al Madrid delante de las cámaras era una de sus obsesiones favoritas. El verano pasado no quiso protagonizar otro circo mediático con el affaire Di María; simplemente, pidió su fichaje exprés y se mordió la lengua cada vez que un periodista inglés le preguntaba por los 80 millones que costó su ‘capricho’. Pero Van Gaal sabía que tarde o temprano podría cobrarse su vendetta. Y David De Gea se la ha servido en bandeja de plata.

Van Gaal está molesto con De Gea por rechazar sus invitaciones públicas y, como al otro lado de la trinchera se encuentra el Real Madrid, ha decidido juguetear con la negociación. Le ha pedido a Richard Arnold, CEO del Manchester United, que no lo malvenda como una baratija, y al club más rico del mundo (certificado por la consultora Brand Finance) tampoco le molesta mantener a su portero una temporada más aunque deje de ingresar 25 o 30 millones. El técnico de los diablos rojos ha ordenado endurecer la negociación: 40 millones como punto de partido y no sacar la bandera blanca hasta que Florentino Pérez les comunique cuánto cuesta Sergio Ramos. Batir el mercado en busca de un sustituto del guardameta español no es problema para el United. Hasta el momento suena el holandés Jasper Cillesen, con la incógnita de qué versión enseñará Víctor Valdés; pero, al fin y al cabo, De Gea no deja de ser otro actor más en la fijación maniática de Van Gaal. Quizás sea verdad que su antimadridismo le delata.

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