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Real Madrid: Economía de guerra

4 Julio 2015 por Carlos Vanaclocha

Economía de guerra en el Real Madrid. La escasez galáctica del mercado y el convencimiento en la planta noble del Bernabéu de que la plantilla diseñada para Ancelotti todavía está preparada para emular al último Barcelona han borrado la obsesión ‘marketiniana’ del presidente. Apenas queda un puñado de futbolistas que pueda abarrotar las gradas en una puesta de largo veraniega. Ni siquiera Rafa Benítez se ha visto con galones para exigir un capricho, simplemente porque el vestuario no lo necesita; y aunque el caso Sergio Ramos acabase explotando como una bomba de neutrones (bastante improbable), el sustituto no tendría ese caché que sólo Florentino Pérez otorga eligiendo a dedo. “No hace falta maquillar la plantilla temporada tras temporada”, dice un actual directivo blanco. A fecha de hoy y sin garantizar la despedida de Iker Casillas, sólo el fichaje de De Gea preocupa en los despachos. Y si Van Gaal le sigue tasando con un P.V.P. descerebrado para cualquier portero, Danilo será el único posible titular que se haga la tradicional foto de caras nuevas con el presidente.

Florentino Pérez es amante de las encuestas entre sus socios y, a propósito de sus respuestas habituales, suele tener claro que la masa social necesita comprar ilusión. Desde que asumió la presidencia en 2000, la política de galáctico por verano se agotó cuando no quedaba ninguna bestia parda por comprar. Fue entonces cuando triunfó en el mercado la clase media con los Diogo, Pablo García, Gravesen, etc. Durante su segundo mandato, tan sólo aplicó la economía de guerra en la última temporada de Mourinho, en la que el portugués solicitó a Luka Modric como si se tratase del quinto elemento. Ángel Cappa recuerda que en su segundo año con Jorge Valdano al  frente del banquillo, pidieron a Ramón Mendoza una intentona “suicida·” por Eric Cantona. Entonces contaban con el pichichi Bam Bam Zamorano y un imberbe Raúl González Blanco, pero la respuesta del difunto presidente fue: “Vamos a por Juan Eduardo Esnáider porque ésta es su casa”. Aquel Madrid campeón de la Liga del 95 acabó en el desguace meses después por “oxidación”, como define Cappa.

El nuevo Madrid suena poco ‘florentinista’, al menos de fachada. El presidente ha aplacado sus ansias empresariales por las nuevas inversiones en una decisión fría y calculadora. El diagnóstico no es el de paciente muerto sino paciente enfermo. Las lesiones musculares han tumbado el castillo de naipes con el que Modric sostenía a un equipo mil millonario (¿se acuerdan de Makelele?). Y al margen del affaire de la portería, en la que un Casillas concentrado y ajeno al runrún de la grada podría competir perfectamente con De Gea, la necesidad primaria es sellar el centro del campo, no tanto con locos creativos (ya están James e Isco) como con picapedreros. A vuela pluma, los nombres que copan los primeros puestos del Ibex del fútbol son Paul Pogba y Arturo Vidal. Pero el francés de cresta histriónica ya ha acordado con la Juve que saldrá en un año hacia Can Barça, con una cláusula de bloqueo por si a Florentino le tienta reventar el mercado a finales de agosto. Vidal también fue sondeado el año pasado, pero su vida disoluta mancharía aquel ‘libro blanco’ de buena conducta que una vez existió. ¿Y quién cubrirá las espaldas a Benzema? El Madrid lo tiene claro: “Si Jesé se pone las pilas…”.  


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Propaganda en el Barça

2 Julio 2015 por Carlos Vanaclocha

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“Si soy presidente del Real Madrid, vendrán Cesc, Robben y Kaká”. Fue el cebo electoral de Ramón Calderón para alzarse con la presidencia del club en los comicios del 2006. El funesto presidente colocó su mensaje en las interminables tertulias de radio y televisión porque años atrás la bomba de Luis Figo había surtido efecto en el voto presencial (el de correo fue la clave para las elecciones de Florentino y Calderón). Pero paradojas de la vida o mentiras muy vendibles, esa temporada no llegaron ni Cesc, ni Robben ni Kaká. La foto que ayer inmortalizó a Ariedo Braida, director deportivo del Barcelona de Bartomeu, y Beppe Marotta, consejero delegado de la Juventus, es el imán perfecto para captar al soci. La instantánea no adjuntaba pie de foto, que cada periodista lo intente interpretar con lógica cartesiana, porque las filtraciones se dispararon al segundo: desde la candidatura del Bartomeu insinuaron que Pogba jugaría en el Barça el próximo verano, pero Marotta despejó de un manotazo seco los rumores en La Gazzetta: “Nos han ofrecido 80 millones pero no le vamos a vender”.

Pogba es el cheque dorado de su agente Mino Raiola. Y hasta que el histriónico representante salernitano no alce el pulgar como el César en el Coliseo, la Juve no firmará el finiquito de la cresta más cotizada del mercado. Una comisión del 10% de 90 millones pesa un ‘kilo’ más que 80, y Raiola suele decir sin tapujos que Poga vale “lo mismo o más que Gareth Bale”. La intención del todoterreno francés es cristalina: Luis Fernández el ‘Machote’ reveló anoche en El partido de las 12 que Pogba le había confesado su deseo de jugar en España. Y Raiola, amigo íntimo de Joan Laporta, sólo coge llamadas al Barça, en concreto a Laporta, porque con Florentino Pérez se las tuvo tiesas. Y sólo sacará la pluma para firmar contratos cuando el club azulgrana tenga nuevo presidente. Como en Los Idus de Marzo, Raiola conoce todos los trapos sucios de las carreras electorales en el negocio del fútbol, y sabe que la foto de Braida y Marotta es propaganda muy convincente. El efecto acción-reacción no se hará esperar en la Ciudad Condal: Laporta buscará un apretón de manos con el agente de Ibra sin pie de foto. Una imagen siempre vale más que mil palabras.

El Barça no ha fichado a Pogba, pero evita que el Madrid suelte el talegazo sobre la bocina. Las mil reuniones celebradas en Milan estos días entre el director deportivo azulgrana y Marotta han escenificado una superproducción hollywoodiense con un resultado estratégico pero simplón: bloquear a Florentino. El problema para el Barça es que Pogba se quiere gustar en la antesala de su Eurocopa, es el año y su revalorización le puede costar cara. Y aquí no hay fondos de inversión por medio en los que ocultar dinero negro; el fichaje de Neymar ocurrió una vez, Pogba valdrá 80 o 90 justificados, ¿quizá 100 redondos? Si el Madrid los pagó por su galés, ¿por qué no el Barcelona?

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El “antimadridismo” de Van Gaal

28 Junio 2015 por Carlos Vanaclocha

“El antimadridismo de Louis Van Gaal está torpedeando el fichaje de De Gea”. Es la reflexión de un cargo intermedio del Real Madrid y, dados los antecedentes, su opinión huele más a diagnóstico frío y calculador que a un arrebato emocional. El técnico holandés ha dejado un buen reguero de rajadas contra el club blanco, que no esconden una manía que nació en un Madrid-Ajax de 1995. Entonces, el Ajax de Van Gaal creó escuela por toda Europa y se presentó en el Bernabéu para darse uno de los mayores festines que ha presenciado la grada merengue. Acabó 0-2, pero pudo ser un 0-7 si Patrick Kluivert no hubiera fallado más que una escopeta de feria y el árbitro no hubiese anulado dos goles legales. “Los árbitros en este estadio ya se sabe cómo van a actuar”, comentó Van Gaal en la rueda de prensa posterior (22/11/95). Dos años después, el Barcelona ganó el clásico en el Bernabéu con aquel gol de las ‘butifarras’ de Giovanni, y Van Gaal volvió a quedarse a gusto: “Fernando Hierro tiene reglas diferentes al resto” (01/11/97), en referencia a una bronca entre el central y Rivaldo.  Meses después, el Barça goleó al Madrid en el Camp Nou y, preguntado por las claves de la victoria, el holandés lanzó otro tomahawk: “La diferencia es que nosotros tenemos a Rivaldo y Figo, y sin gastar tanto dinero como ellos” (07/03/98).

La traca final sucedió en el palco de honor del Bernabéu. Van Gaal presenció el ascenso a Segunda División del filial azulgrana y celebró los goles con demasiada efusividad. O al menos fue lo que pensó el ex presidente Lorenzo Sanz que le declaró personan non grata en el coliseo blanco advirtiéndole que se fuera a “berrear a su casa”. Alejado de los focos durante varios años, Van Gaal reactivó su guerra fría contra el Madrid la noche que el Bayern jugó la final de Champions 2010 contra el Inter de Mourinho en el estadio de los líos. “Ganar aquí tendría un gusto muy especial”, comentó el entonces entrenador del Bayern a un corrillo de periodistas en la semana previa. Lejos de querer adularlo, provocar al Madrid delante de las cámaras era una de sus obsesiones favoritas. El verano pasado no quiso protagonizar otro circo mediático con el affaire Di María; simplemente, pidió su fichaje exprés y se mordió la lengua cada vez que un periodista inglés le preguntaba por los 80 millones que costó su ‘capricho’. Pero Van Gaal sabía que tarde o temprano podría cobrarse su vendetta. Y David De Gea se la ha servido en bandeja de plata.

Van Gaal está molesto con De Gea por rechazar sus invitaciones públicas y, como al otro lado de la trinchera se encuentra el Real Madrid, ha decidido juguetear con la negociación. Le ha pedido a Richard Arnold, CEO del Manchester United, que no lo malvenda como una baratija, y al club más rico del mundo (certificado por la consultora Brand Finance) tampoco le molesta mantener a su portero una temporada más aunque deje de ingresar 25 o 30 millones. El técnico de los diablos rojos ha ordenado endurecer la negociación: 40 millones como punto de partido y no sacar la bandera blanca hasta que Florentino Pérez les comunique cuánto cuesta Sergio Ramos. Batir el mercado en busca de un sustituto del guardameta español no es problema para el United. Hasta el momento suena el holandés Jasper Cillesen, con la incógnita de qué versión enseñará Víctor Valdés; pero, al fin y al cabo, De Gea no deja de ser otro actor más en la fijación maniática de Van Gaal. Quizás sea verdad que su antimadridismo le delata.

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“Por dinero no va a ser”

23 Junio 2015 por Carlos Vanaclocha

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La consultora Brand Finance  publicó la semana pasada el ranking de los clubes más ricos del mundo. El Manchester United sigue en cabeza y, además, se convierte en el único billonario del salón VIP (más de mil millones de dólares). Casualmente (o no), un directivo del Real Madrid comentó también la semana pasada que la vuelta de vacaciones del director general del United, Richard Arnold, “recalentaría el verano”. El mismo Richard Arnold que en un foro económico comentó que el fútbol “estaba dirigido por los representantes porque son ellos quienes mueven el dinero de este negocio”. Y cuando los ‘diablos rojos’ ya han preparado en su cámara del tío Gilito 300 millones líquidos para volatilizar el mercado, René Ramos les ha entreabierto la compuerta. Necesitaba Arnold que un Mino Raiola de la vida, en este caso el hermano del camero, filtrase el estancamiento de la renovación. Una medida anunciada con fuegos artificiales, porque si Raiola dirigiese la operación, Ramos acabaría en Old Trafford previo paso por algún equipo untado de petrodólares. No en vano, Raiola, agente de Paul Pogba e Ibrahimovic entre otros, suele comentar que si representase a Leo Messi, “le habría movido un puñado de veces”. Por aquello de la fiebre de las comisiones, suponemos.

En el affaire Ramos todos tienen razón. El futbolista lleva pidiendo meses el aumento que la ‘Décima’ le brindó y en la planta noble del Bernabéu siempre le han considerado el capitán, único y exclusivo por delante de Casillas. El Real Madrid aún no le ha ofertado un contrato nuevo, pero ni siquiera en el imaginario de Florentino Pérez aparecen esos diez millones que retumban en la mesa de negociación. Como dice el amigable abogado Denzel Washington en Philadelphia, “explíquemelo como si yo tuviera seis años”. Pues bien: Ramos cobra 6, quiere 10 y el club le pagará una cifra en tierra de nadie, 8 es la más diplomática. ¿Fin del asunto? Sí para el club, no tanto para el jugador, cuya ambición natural puede herir sensibilidades sociales. Y más tratándose de gente millonaria. Ramos necesita un estratega de comunicación, un Robert de Niro que cree la Cortina de humo que despiste al Bernabéu. Porque el fútbol es muy perro y a la mínima que el camero falle, se esparcirá por la grada la sospecha de pesetero. Quienes le conocen, saben que no es verdad, pero el fútbol no es justo. Que se lo digan al portero.

Viene el Manchester como un carretón a por Sergio Ramos y, como dijo el ex presidente del Real Madrid, Fernando Martín ‘Martinsa’, “por dinero no va a ser”. En la ecuación un nombre que tarde o temprano se ejecutará pero que se está volviendo puñetero: David De Gea. Piensa  Richard Arnold que si el Madrid busca a su portero, ellos tocarán al central. La lógica cartesiana se traduce en que De Gea acabará enfundándose los guantes en su nuevo club, mientras que Ramos, su hermano y Florentino pactarán una Entente Cordiale. Pero como “los agentes mueven el dinero de este negocio”, si el madridista alza la vista, verá unas cuantas novias al acecho, cualquiera de ellas macro operación. Lo hizo Di María, que llamó al despacho de Florentino pidiendo su barbaridad, y acabó en la Premier. Y aunque Ramos es madridista de corazón y cabeceó la Champions de Lisboa; también Pedja Mijatovic marcó el gol más importante de la historia contemporánea del Madrid en Amsterdam y apenas duró una temporada más.

 

 

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Kun Agüero, galáctico sin galaxia

17 Junio 2015 por Carlos Vanaclocha

“Es el mejor jugador en un metro cuadrado y punto. A Agüero no hay quien le gane cuando tiene que zafarse de dos o tres jugadores en un palmo de terreno, ni siquiera Messi, que necesita más recorrido para accionar sus prodigiosas quiebros”. La osadía del maestro Menotti fue repicada este miércoles por Olé, el diario deportivo con más solera de Argentina. Kun anestesió a Uruguay con un cabezazo versión Hugo Sánchez y, de paso, agitó el mercado europeo, tan huérfano de nombres galácticos este verano. Es el único nombre por el que pelearía media élite, entre ellos un Real Madrid sin una superestrella en la recámara. Sin embargo, ni Ferrán Soriano, CEO del Manchester City, ni Txiki Beguirstain, director deportivo, tendrán que obsesionarse este verano mirando sus teléfonos móviles cada cinco minutos: el blindaje que firmó el Kun hasta 2019 con su actual club le permite unas vacaciones relajadas, sin portadas de tabloides británicos apuntando al Bernabéu ni su nombre en boca de intermediarios tiburones que llaman a los clubes ofreciendo aire.

Agüero dejó de ser rebelde cuando acabó su pataleo en el Calderón. Fichó por el City seducido por un buen fajo de petrodólares y sin perder de vista la sección de chismorreos. Pero han pasado los años y Agüero no se ha movido; al contrario, es ídolo de masas en el Etihad (honor compartido con Yaya Touré) y brazo ejecutor de la ‘albiceleste’. Porque si Messi es medio Barça o casi entero, en Argentina no es tan estrella de Hollywood. El hincha argentino más pasional todavía no puede presumir de D10S; los culés sí le reverencian en los altares. Por eso y de repente, reaparece en la palestra Kun Agüero. “Cuando acabe la hegemonía de Messy y Cristiano, entraremos en los tiempos de Neymar y Agüero”, espetó Jorge Valdano en una entrevista a ESPN. Quizás los del ‘Kuncito’ llegan tarde porque sólo él y esa bola en los grilletes llena de pinchazos musculares saben cuánto tiempo podrá seguir regateando piernas en una cabina de teléfono. Como dice mi compañero Paul Tenorio, “fichar al Kun es como haber rechazado a Pamela Anderson en los 90 y decirle ahora que sí, que palante. O sea, mola…pero te perdiste lo mejor”.

Javier Aguirre defendió al Kun a capa y espada durante su pubertad rojiblanca…”Para vestir la camiseta del Atlético se necesita algo más que 18 años. He hablado con mucha gente que le entrenó en Argentina y da la sensación de que tiene posibilidades ilimitadas”. Ésa fue la respuesta del entonces entrenador rojiblanco al escepticismo de la prensa española, que no entendía por qué un fichaje de 23 millones de euros apenas jugaba un puñado de minutos cada domingo. El técnico mexicano ejerció de psicólogo con Agüero; no en vano, todavía era un adolescente al que su PVP le pesaba como una mancuerna de gimnasio. Aguirre no quería encontrarse con otro caso Robinho; es decir, un talento sin pulir con ínfulas ‘maradonianas’. Por eso, desde su llegada en el verano de 2006 el mejicano fue de cara con él y con su padre: “Kun puede aprender mucho de Fernando Torres. Le irá observando en los entrenos”. La causa común se intuía quimérica: hacer del chaval un gran futbolista y quizá, sin distracciones, engrandecer al Atlético. Precisamente, Aguirre fue testigo de la paciencia que exigía macerar a un adolescente que bebía litros de Coca-Cola, y engullía pizzas y hamburguesas como si fuera una hormigonera. Al final, el sacrificio tuvo su éxito: el entrenador colocó a Agüero en el paseo de las estrellas hollywoodiense. Ya se ha encargado él de darle brillo.

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El niño probeta

15 Junio 2015 por Carlos Vanaclocha

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La travesía por el desierto está siendo dura. Las heridas del Mundial todavía no han suturado porque, sencillamente, no ha empezado la Eurocopa. Entre el lifting  poco convincente de España y la ternura del grupo de clasificación, la gente ha dado la espalda a ‘La Roja’; así lo certifican las audiencias de televisión. Ha tenido que hablar Piqué y responder la afición de León para encender (e incendiar) con napalm la convocatoria nacional. Quizá fuera la única forma de prestarle atención: Costa Rica y Bielorrusia apenas han ocupado un breve en los periódicos, salvo el morbo de Keylor Navas en la portería. Desaparecido el tiqui-taca, la selección es un niño probeta con un futuro sospechoso: nadie se atreve a asegurar que crecerá fuerte y sano.  A la generación de Luis Aragonés le ha sucedido otra promoción de locos bajitos que antes de triunfar tiene que meter la pata. Así sucedió en el Mundial de Alemania., pero entonces el ‘Sabio de Hortaleza’ había encontrado en Xavi la solución al eterno sudoku de España y peleó con esa idea. Del Bosque tampoco se olvida del balón, la verdadera génesis de tanta borrachera de éxito: Iniesta, ausente por lesión, todavía amaga con instantáneas de Oliver Atom que superan la ficción; Isco es el quinto elemento que está por llegar. De su imán en la bota de derecha depende la circulación sanguínea del ‘enfermo’.

Bielorrusia eligió el estadio del Bate Borisov para pergeñar una encerrona. Su particular Ipurúa amenazaba con cortocircuitar el juego de España y convulsionar aún más el incierto establishment de la selección. Pero, de repente, los nuestros salieron de la trinchera y buscaron la yugular del metalizado bloque bielorruso. Morata es un delantero centro que descompone defensas con red de arrastre; su pureza en el área facilita el fútbol en tres dimensiones del resto, entre ellos, un Jordi Alba que desgasta la banda como el correcaminos y ahora sólo tiene que alzar la cabeza para poner el balón en la olla. De la fábrica de laterales en serie que ha generado el Valencia, Alba es el que mejor imita la explosividad del ex madridista Roberto Carlos.; de su estado físico en Francia dependerá la viveza de la selección.  Y cómo no David Silva, considerado un duende en Manchester y que con la camiseta roja tan pronto saca el diablillo como se queda alelado en el limbo. El canario es creatividad pura, un Michael Laudrup en chico que nunca sabes cómo te va a sorprender; su espontaneidad atrajo al Real Madrid, que preguntó por él hace seis años. Y para romper muros de hormigón como el de anoche, mejor sortearlos que pegarlos de frente.

Y cómo no el efecto Casillas. Concentrado en la importancia de no complicar la clasificación, sacó un  mano a mano decisivo e inspiró confianza. Detuvo las tres ocasiones de los bielorrusos recordando aquella frase de Fernando Hierro cuando espetó que el Madrid necesitaba un portero que parase los dos balones que le llegaban al área. Casillas siempre superó esa expectativa, falseando además la reflexión de Hierro. Porque la estadística no miente y al Madrid del gran Iker le solían acribillar a disparos. Quizá sea tarde, pero un Casillas mentalizado, ajeno al ruido ensordecedor del entorno, puede competir contra De Gea sin ninguna sospecha. 

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Bartomeu saca los panzer

11 Junio 2015 por Carlos Vanaclocha

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“Si Juan Villalonga se ha adjudicado un salario de 1000 millones de pesetas, no entiendo por qué Raúl no puede cobrarlos”. Fue la justificación del ex presidente del Real Madrid, Lorenzo Sanz, al programa Supergarcía el día que el club anunció la ampliación de contrato de su estrella madrileña. Sanz maniobró antes de convocar elecciones anticipadas para ganarse el favor de la gran masa social: recién ganada la ‘Octava’ en el año 2000 y para neutralizar el aluvión de ofertas por Raúl (el presidente José Luis Núñez dijo meses antes que un abogado había ofrecido a Raúl al Barça), la directiva merengue brindó al ‘7’ el contrato de su vida con el primer sueldo galáctico del Madrid. Y sin prometer grandes fichajes, tan sólo Diego Tristán, entonces delantero de moda en el Depor, el presidente de las dos Champions anticipó el periodo electoral. El desenlace de aquellas elecciones pertenece a la memoria histórica: Florentino Pérez y 10.000 millones de pesetas trajeron a Luis Figo.

Josep María Bartomeu ha sacado la artillería pesada desde su privilegiada poltrona. Anunció elecciones por presión popular y remordimiento de conciencia, pero antes sacó el Gran Berta para intimidar a los rivales. El primer cañonazo fue la renovación de Dani Alves. Cuando todo estaba perdido, el brasileño olvidó que había rociado con napalm a la directiva días antes. La Champions de Berlín y el clamor del Camp Nou durante la noche de los festejos han convencido al lateral. Quizás haya pesado más la sugerencia de Leo Messi, amigo íntimo de Alves en el vestuario. El caso es que la incertidumbre del jugador provocó el fichaje relámpago de Aleix Vidal, velocista explosivo del Sevilla al que no le importa entrenarse sin jugar durante media temporada. Oficialmente, Alves se queda porque mudar a sus hijos de ciudad le supone un marrón de proporciones bíblicas; extraoficialmente, el Barça le ha soltado un contrato “más que interesante”, como dice Miguel Rico. Hablando en plata, Bartomeu ha evitado el runrún de la grada: querían a Alves y le seguirán teniendo.

El discurso del presidente arrancó más fuerte que el mítico de Steve Jobs en la Universidad de Stanford. Su primer bombazo fue ampliar el contrato al esquivo Luis Enrique, que durante seis meses ignoró las preguntas capciosas de los periodistas. El entrenador del triplete no podía sufrir un final dramático. Arreglado (o congelado) el lío con Messi, el vestuario había salido en defensa de su técnico. Y habría sido demasiado feo si Luis Enrique hubiese anunciado el adiós: otra convulsión inesperada en Can Barça. Instantes después de la buena nueva y habiendo tocado la fibra del soci, anunció lo que a todo seguidor le gusta escuchar de refilón, sin mucha parrafada, para poder presumir en charletas de barra de bar: el Barça firmó un contratazo con Qatar Airways y mantiene saneada la tesorería. Clin, clin, caja. Que para fichar a Luis Suárez por 81 ‘kilos’ y a Neymar por 52 o casi cien redondos (nunca lo sabremos), se necesita dinero líquido o, al menos, aparentarlo.

Bartomeu ya ha diseccionado su programa electoral, poco puede mejorarlo salvo en la relación tormentosa del club y los juzgados. Justo el dardo que ha lanzado el directivo díscolo, Toni Freixa, candidato entre bambalinas que dará guerra en este periodo electoral. ¿Y Laporta? “Es el gran mesías para acabar con el nido de yuppies  que llegó a la directiva con Sandro Rosell”, dice un ejecutivo que pertenecía a la guardia pretoriana de Laporta al principio de su mandato. Su fantasma es el despilfarro a talegada limpia, pequeña gran anécdota que los contrincantes no tardarán en escupir. Se intuyen elecciones a tumba abierta, entre la trinchera y el campo de batalla. Pero Bartomeu dirige los panzer y, excepto Laporta, el resto se huele un aplastamiento total. 

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El Barça de Foreman…el Barça de Ali

9 Junio 2015 por Carlos Vanaclocha

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George Foreman fue invitado por el ex presidente del Barcelona, José Luis Núñez, al palco del Camp Nou en un derbi catalán de noviembre de 1992. El club había garantizado al ‘Gran George’ un espectáculo parecido a sus combates en el MGM de Las Vegas: nada más y nada menos que presenciar en formato televisión al Dream Team de Cruyff en su momento más sublime. El Barça goleó al Espanyol por 5-0 en su enésima versión del Circo del Sol, protagonizada desde el lanzador Ronald Koeman hasta el trapecista Hristo Stoitchkov y con actuaciones estelares de un malabarista llamado Pep Guardiola y la infinita creatividad del funambulista Michael Laudrup. Justo antes de abandonar el estadio, a Foreman le preguntaron si ese soccer que había aplaudido desde su butaca se asemejaba más al del ‘Bombardero de Tejas’ (es decir, el suyo) o a la técnica acuñada por Cassius Clay de flota como una mariposa y pica como una abeja.  La respuesta del legendario boxeador no fue tan contundente como sus directos: “cualquiera vale porque sólo jugaba un equipo”.

Gerard Piqué escupió en Berlín una palabra prohibida en el vademécum de La Masía: el regusto por el CONTRAATAQUE. El Barça descubrió en la final su génesis del triplete: la estética del billar en el primer gol a la Juve y la contra escurridiza para la anestesia total. Odiando las comparaciones, Guardiola murió en la noche del Chelsea sin traicionar sus principios: toque, retoque y sobar el balón hasta desgastar su cuero. Casi siempre le valió, casi. Había un plan incomparable, el problema fue que carecía de plan B. Al Barça de este Messi (la figura de Luis Enrique ni se asoma) nunca se le catalogará en la colección ‘davinciana’. Ahí Cruyff y Pep acaparan la estantería. El flamante tricampeón es una reminiscencia del gran Pep, pero dotado de una cuchilla tan afilada como el Madrid de Mourinho. Tiqui-taca y pim, pam, pum agitados en una coctelera. El resultado es un elixir made in Barça. Y como sucede con el secreto de la Coca Cola, el fútbol necesitará tiempo para reencontrar un equipo que haya arrasado como Atila. Lo acabó haciendo en una Liga regalada por el Real Madrid y en la Champions aniquilando a los campeones de las grandes Ligas.

Xavi Hernández confesó en una entrevista en El País Semanal de diciembre que “el pasado había que olvidarlo”. Fue su respuesta a las sospechas ensordecedoras sobre Luis Enrique. Su caducidad se iba a precipitar tanto como la del Tata Martino porque ni los resultados eran explosivos, ni la sintonía con el vestuario tenía el buen rollo de Ancelotti, Mister Carletto en los círculos privados de los futbolistas merengues. La bronca de Navidades entre Leo Messi y su técnico descompuso a la plantilla, incluidos todos los familiares que escucharon el reguero de insultos que ambos se cruzaron. Los ecos de la bronca y el Madrid de las 22 victorias intuían un futuro inmediato apocalíptico: un segundo año en blanco (con todo el retintín del mundo) habría devuelto al club a la época de los horrores de Gaspart. Fue entonces cuando Luis Enrique supo abrirse a su psicólogo de cabecera y escuchar al mismo vestuario que había intentado dirigir con mano de hierro o, más bien, de chatarra. Es decir, que Messi necesitaba cariño o, al menos, la paz de los hippies: centrarse en su mundo de la pelota sin nadie que le taladrase con órdenes incómodas. Y si al mejor jugador del mundo le apetece hace diabluras, todo lo demás puede esperar. Absolutamente todo. 

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Thank you, Mister Rafa

3 Junio 2015 por Carlos Vanaclocha

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“¡Gracias Mister Rafa, gracias de corazón!”. Palabras sentidas de Michael Robinson segundos después de que Jerzy Dudek detuviese el penalti decisivo a Shevchenko. La Champions del milagro, en la que el gigante Milan aplastaría al liliputiense Liverpool voló por los aires cuando once futbolistas apesadumbrados entraron en el vestuario con miedo de regresar a casa. “La afición no se lo merece, dad la cara por ellos”, arengó Benítez a sus jugadores. Sólo es un fragmento del secreto mejor guardado de la historia red: la charla textual que estimuló a un equipo hundido para remontar lo imposible. Aquella fue la final de la gratitud porque un grito al unísono recorrería la mítica grada The Kopp para siempre: cualquier aficionado que visite el templo de Anfield no tardará en descubrir una pancarta que rece Thank you, Mister Rafa. Por eso, Liverpool es el hogar familiar y profesional del entrenador madrileño. Y allí acabará cuando se agote en el Real Madrid o el Madrid se canse de él.

Benítez llega a Madrid rebotado por la grandeza del Madrid. La que dicta que ganas o fracasas. Y Ancelotti ha sido la última víctima. El flamante entrenador merengue presenta un nuevo “librillo de estilo” (ocurrencia de Jorge Valdano) que debería mejorar el de Carletto. “Entrenamiento duro, éxito seguro” en el epígrafe 1 (tal como reveló en una entrevista al analista Marcos López); “Quedar segundos es lo mismo que quedar último” en el 2 (entrevista en La Reppublica) y rotaciones en el 3. Sus equipos son expertos en el cuerpo a cuerpo de las eliminatorias directas, aunque esta temporada Dnipro en Europa League y Lazio en Copa italiana hayan amargado su ciclo napolitano. Precisamente, el epígrafe 3 es en el que le ha insistido el club: el pavor a un tercer ‘galacticidio’ por falta de piernas preocupa tanto en la planta noble del Bernabéu, que el ‘entrenador del método’ (así le ha definido Florentino Pérez en su presentación) sabe cómo inyectar el óxido nitroso que una plantilla de tres competiciones necesita al final de temporada. La fama de Sargento de Hierro de Benítez versión Clint Eastwood es la gran incógnita en un vestuario escocido permanente por la lucha de egos. En los cenáculos de la capital ya se murmulla si será capaz de sentar a Gareth Bale cuando el rival sea más esparrin que peso pesado, o si mismamente le cambiará esa posición amorfa en la banda derecha que atasca su misil izquierdo. Quien no admite sospechas es Cristiano Ronaldo, porque la cúpula directiva ya ha advertido al nuevo mister que las rotaciones deben dejar al margen al astro portugués.

Acatadas las sugerencias, Mister Rafa se dedicará estas semanas a ver a sus jugadores, sobre todo los no aptos. Él decidirá si Lucas Silva tiene que foguearse en un equipo de serie B o si Illarramendi tiene talento para suceder a Xabi Alonso. Su predilección por el doble pivote delante de la defensa aumenta exponencialmente las posibilidades de Casemiro, que se fue a Oporto con cara de niño y regresa con cicatrices de guerra. Si algún tornillo no encaja en su maquinaria, no dudará en pedir fichajes sensatos, eso sí, porque en Valencia le trajeron a Canobbio y su respuesta sublime fue “he pedido un sofá y me han traído una lámpara”. Su primera rueda de prensa ha sido demasiado obvia, con respuestas manoseadas como “jugar bien y ganar”. Ancelotti fue más atrevido en el día de su estreno y prometió una “espectacularidad” que logró en momentos inoportunos, los menos útiles de esta temporada. Pero de repente se encuentra de sopetón con el quebradero de cabeza del ‘1’: viene De Gea e Iker tiene contrato. O sale del Madrid o Benítez tendrá que buscar una solución. Aunque sea cual sea, no le temblará la mano. Ni la conciencia. 

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Messi, sin Maradona

1 Junio 2015 por Carlos Vanaclocha

Maradona o Messi, la gran pregunta.

Charles Barkley, comentarista estrella de la televisión TNT en los partidos de la NBA, propuso la pasada semana el debate más popular entre los mitómanos: ‘¿Se puede comparar a Lebron James con Michael Jordan?’. Hasta la fecha ni siquiera Kobe Bryant había opositado para romper el tabú que Air Jordan se inventó en el preciso instante que anotó la canasta decisiva en la cara de John Stockton. El pasado sábado en el Camp Nou, en medio de la efervescencia copera, Javier Mascherano comentó a los periodistas que en un futuro podrá contar que él jugó con Leo Messi. Y aún siendo amigo personal, la reflexión no parecía impostada ni oportunista. Cualquier jugador del Athletic, preguntado por el prodigio ‘maradoniano’ del primer gol, respondía que es el mejor del mundo para evitar cualquier remordimiento de conciencia. Una perogrullada que  ya no admite ni la sombra de Cristiano Ronaldo. Dijo Menotti en el documental de Álex de la Iglesia, Messi, que “el fútbol se detiene y acelera a sus pies”. Su gol de época es la prueba de que el algodón no engaña. Incluso, otro mito como José Ángel Iríbar se quedó pasmado cuando el argentino “taló el bosque de piernas de los defensas del Athletic”. En otro tiempo habría pasado Messi o el balón, pero no los dos (Óscar Ruggeri dixit). Claro que en otro tiempo hubo un barrilete cósmico que bailó a media selección inglesa sin una trilladora por medio.

Es el debate del momento: Maradona o Messi. Y como el periodismo se nutre de comparaciones odiosas porque publicar que Leo es simplemente buenísimo no llama la atención, intentamos ensuciar la grandeza de los clásicos. Maradona es uno de ellos, el único que ha puesto patas arriba un Mundial con un gol estratosférico y otro con la picardía de Dios; el único que ha convertido a un Nápoles mediocre en campeón indiscutible. y en un Calcio que durante los ochenta era el Hollywood del fútbol. Genialidades a borbotones que gustarán más o menos que las de Messi, pero al fin y al cabo irrepetibles. Cada una de fabricación artesanal, como el gol del sábado. Carlos Bilardo, seleccionador argentino en Italia 90, recordó que con un “Maradona enfermo, Argentina llegaba por lo menos a semifinales”. Lo mismo le sucedió a Messi en Brasil, la última vez que el mundo se decepcionó con la versión apática y tristona del barcelonista. Ni una sonrisa ni un amago de chispa, el último campeonato del mundo sufrió la cara de Buster Keaton con la que Messi se arrastraba por los campos (Keaton fue uno de los grandes humoristas de siempre que jamás sonrió en una de sus películas porque así lo estipulaban sus contratos.). Pero un dietista italiano y el orgullo herido por toda la batería de tomahawks lanzados desde la prensa, han provocado su metamorfosis.

Messi vuelve a acelerar como antes, sólo que ahora escoge los momentos de la foto, los decisivos. Su radio de acción no abarca treinta metros; le basta con un palmo de césped porque sabe que se regatea a cualquiera en una cabina de teléfono. Aquel Messi que arrasaba con un egocentrismo típico de Cristiano Ronaldo, hoy ha comprendido que su talento le da para parecerse también a Michael Laudrup. LLanero solitario y mejor compañero de equipo, ésa es la patente que Maradona nunca consiguió. Y, por supuesto, el tiempo. La estrella azulgrana apenas ha pegado un par de petardazos; en dos años se cumplirá una década desde que sacudió la bola del mundo con un hat trick al Real Madrid. Allí jugaban Ronaldinho y Samuel Eo’o, pero ninguno tan dotado como ‘la pulga’. Precisamente, el brasileño de la eterna sonrisa nunca siente vergüenza cuando alardea de que él fue el primero en descubrir al Messi de hoy. Y tiene razón porque los agradecimientos del argentino son interminables. ¿Messi o Maradona? Elegir uno es mentir a la gente.

 

 

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