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Pulgada a pulgada

29 Junio 2016 por Carlos Vanaclocha

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“Las ideas a veces ganan al talento”. Antonio Conte repitió una frase de Fabio Capello, patentada la noche que el Milan humilló al Barcelona en Atenas, y que Guardiola no olvidará jamás. El ex entrenador madridista suele confesar que aquella goleada comenzó con una presión asfixiante sobre Pep que cortocircuitó el primer toque de Cruyff. La batalla del centro del campo fue crucial para que Romario y Stoichkov se quedaran aislados en un islote perdido en el océano. Y Capello reconoce que Desailly se dedicó a un “trabajo oscuro” que nunca fue reconocido por la opinión pública. Ese 4-0 mortal para el Dream Team supuso una de las mayores lecciones tácticas del fútbol contemporáneo. Cada España-Italia guarda una imagen que lo inmortaliza: el codazo de Tassoti (1994), la tanda de penaltis de Casillas (2008), la apología del tiqui-taca (2012) y, desde esta Eurocopa, la pizarra perfecta de Conte. La prensa italiana le declara ganador absoluto del combate por KO; no en vano, el Corriere della Sera le ha comparado con Alejandro Mago en el arte de preparar una guerra.

Las tertulias previas a grandes partidos conllevan fuertes dosis de verborrea barata. Normalmente, los periodistas analistas (o los que presumen de ello) describen tácticas en el imaginario que luego saltan por los aires. Quizá por eso no todo el mundo aspire a entrenador profesional, aunque nos guste jugar a serlo. Conte ha guionizado a su equipo desde que tomó una selección devastada en el Mundial de Brasil; le ha dado forma como un jarrón y sin arcilla de primera calidad. Suena a Rafa Benitez y su “yo esperaba un sofá y me trajeron una lámpara”. Desde luego, no se ha complicado en su reducido reclutamiento: si la Juventus domina el país, la fundición la deben construir sus obreros. Empezando por esa cuchilla de tres hojas que forman Chiellini, Barzagli y, el mejor, Bonucci. Cuando Iniesta o Silva esquivaban a uno, todavía les quedaba un bosque de piernas demasiado frondoso. Los centrales de la Juve son espartanos que darían la vida por cada uno de sus hermanos de sangre. Es la mentalidad azzurra, en la que Leónidas, o sea Conte, morirá al lado de sus compatriotas. O todos o ninguno.

Del Bosque cayó en el jaque desde que anunció una alineación sin cambios. Las pistas de Italia en la primera fase avisaron de una cruenta pelea por el centro del campo. El movimiento más lógico en la partida de ajedrez suponía quitar a Nolito y poblar la medular con Koke, más siderurgia, o Thiago para descerrajar el telón de acero italiano. El seleccionador español no lo creyó oportuno y, de repente, se quedó pasmado viendo cómo Conte defendía en bloque y pisaba el área de De Gea con ¡cuatro!, los delanteros y los carrileros. Italia entendió el carismático discurso de Al Pacino de “pulgada a pulgada” como nunca antes en el deporte moderno. Bueno, sí, Chile también lo aplico letra a letra en la pasada final contra Argentina. A Del Bosque nadie le va a enseñar integridad: murió con sus principios, tocando el balón hasta el fin del mundo. Lícito pero poco inteligente, porque hasta los más grandes estrategas han tolerado jugar al suicidio, por lo civil o lo criminal: lo hizo Cruyff con Alexanco o el mismo Guardiola con Piqué. A veces tienes potra y otras no, pero que no te acusen de no haberlo intentado.

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El show de Truman

27 Junio 2016 por Carlos Vanaclocha

 

“Leo Messi con Argentina es como jugar a la Playstation y dársela siempre al mismo muñeco para que haga la jugada”. Es la mayor lindeza con la que el mito Mario Alberto Kempes puede obsequiar a sus compatriotas en estas horas tan convulsas. El ‘Matador’ dice lo que piensa toda su nación: un equipo con demasiada pasión y poca templanza. Si, acaso, la de Messi y, apurando, Mascherano, Argentina sigue teniendo un D10S y no es el barcelonista. Su explosivo anuncio cayó como una bomba de mil kilotones en plena resignación a convertirse en ese ‘pupas’ que una vez fue el Atleti. Y sí, Messi es el mejor del mundo sin discusión pero ni siquiera un semidiós alivia las penurias del cajón desastre que dirige ‘Tata’ Martino y del que se ríe Diego Maradona, astro en su país también sin discusión. Su adiós forzado o pensado es consecuencia de la frustración imposible de consolar; si él cree ciegamente que nunca llegará la gloria, no le den más vueltas porque todo empieza y acaba en Messi. No hay más lectura en una Argentina desgraciada.

Otra final con la misma rutina fatídica: abulia de Messi y fallo clamoroso de Higuaín, el delantero del ‘casi’. De repente, se encontró con el único regalo de Gary Medel en el partido y, de repente, reaparecieron los fantasmas del Lyon en Champions (al palo), Neuer en el Mundial (fuera) y la pasada final de Copa América a puerta vacía. Como si le hubieran hecho vudú, el ‘Pipa’ acabará en unos años con un chaleco de fuerza en un manicomio repitiendo sin parar ‘¿por qué?’; la otra opción es aguantar hasta Rusia 2018 y sacudirse la mala suerte con un gol que levante al país. No quiero imaginarme qué habrán dicho de él en las barras de los bares bonaerenses. Ni de Messi, claro. Al menos, el barcelonista siempre podrá cobijarse en su trinchera de defensores, los que piensan que no urge un Mundial o Copa América para reivindicarse por delante de Pelé o Maradona, Ni Cruyff ni Di Stefano lo lograron. Su declaración de intenciones en zona mixta suena a calentón, quizá a una separación temporal hasta que termine la tediosa clasificación sudamericana y Leo vuelva a dar un paso al frente para disparar la última bala del cargador. Será su última gran decisión, sin red, al todo o nada. Pero es que los genios siempre caminan por el alambre: lograr el éxtasis o caer al abismo,

Desde Maradona no había surgido ninguna selección tan monoteísta como la de Messi; ni siquiera Brasil en cualquiera de sus versiones campeonas, la maquinaria pesada alemana o la Francia de Zidane, Por eso, una simple molestia lumbar de Messi activa el estado de alarma en su país. Es el Truman Burbank del Show de Truman. Una población entera pendiente del nacimiento de su estrella, sus primero pasos, los sacrificios en su crecimiento, la meteórica explosión en Barcelona, etc. Sin Messi, sólo queda tierra chamuscada o como suele insistir el maestro César Menotti, “el colmo de la vulgaridad”. En esta selección hay un colapso de actores secundarios que se atropellan unos a otros. Empezando por Higuaín y sin olvidar a Di María o Agüero, ambos en el limbo de Nueva Jersey, adonde fue a parar el penalti de Messi. Y como la grada albiceleste entrega su vida a la selección como si no hubiese mañana, las guadañas están despedazando a todo aquel que aparece en cualquier conversación, Lo advirtió Martino: “Sólo vale ganar”. Y ni las lágrimas disimuladas de D10S son consuelo. Rusia se merece a Messi y el fútbol más.

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Una Croacia irrepetible (no ésta)

25 Junio 2016 por Carlos Vanaclocha

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Robert Prosinecki todavía cree que su Croacia del 98 es irrepetible. “Ya, incluso, en la Eurocopa de Inglaterra deslumbramos a Europa pero nos confiamos contra Portugal y Alemania nos tumbó”. La antigua escuela yugoslava había dejado talentos demasiado refinados a los que se les prohibió rifar el balón. Croacia decidió apostar por un tiqui-taca que chocaba con los panzer alemanes, el ‘patapum p’arriba’ de Javier Clemente o el descarado catenaccio italiano. De repente, Prosinecki y Zvonimir Boban comenzaron un baile de salón que aficionó a la gente. El ex madridista recuperó su versión eléctrica del Estrella Roja con esos pases de escuadra y cartabón que tanto maravillaron al Real Madrid. El mito del gran pufo de la Liga desapareció en Inglaterra. En cambio, Boban ayudó a construir la maquina perfecta de Fabio Capello en Milan, con la personalidad suficiente como para heredar el legado de Ruud Gullit. Pintaba bien aquella Croacia rebelde de zurdos sedosos: Davor Suker, actual presidente de la Federación Croata, intenta evitar comparaciones en el tiempo; no debe ser él quien pronuncie declaraciones políticamente incorrectas. Aunque en las tertulias de esta Eurocopa su regate en dos tiempos al portero alemán Andreas Köpke o la vaselina a Schmeichel se recuerdan con nostalgia. Ayer fue el arte de Suker, hoy es la artillería pesada de Mandzukic. Juzguen ustedes.

Croacia es irrepetible. Ni siquiera Modric (para Suker, el mejor mediocampista del mundo) y Rakitic se pueden inspirar en aquella selección arlequinada donde el pelotazo estaba prohibido. Ganaron a España, sí, porque Perisic, el media punta del Inter, arenga a sus compañeros para que peleen como gladiadores. Dicen que Croacia ha sido una de las sensaciones de la primera fase y quizá haya vivido demasiado bien con los disparos de Modric y las internadas de Perisic. Imagínense al madridista compartiendo mesa y mantel con Prosinecki y Boban. Casi nada. Tampoco es que sea un incomprendido en su vestuario, pero la calidad de Modric aventaja en varias galaxias a la de cualquier otro balcánico. Si no fuera por su silueta ensanchada, Suker tendría que quitarse el traje y reclamar un par de asistencias. Desde luego, algo diferente iba a suceder en esta Eurocopa de sota, caballo y rey. “Ahora todos juegan a no perder, nosotros sólo queríamos demostrar al mundo que Croacia estaba en la élite”, recuerda Robert Jarni, otra zurda que agitó a la grada del Betis. Lo consiguieron goleando a Alemania en los cuartos del Mundial de Francia, pero siempre quedará la derrota que sigue martirizando a Boban.

El Stade de France se había acicalado para homenajear a su anfitrión en las semifinales del Mundial. Croacia llegaba como revelación , aunque delante de Zidane parecieran liliputienses. Los franceses no se fiaban de los balcánicos y, por eso, la fase de cortejo duró toda la primera parte. Fue entonces cuando Suker, quién si no, se desmarcó de la nada y batió por bajo a Barthez.. Desde la desintegración de Yugoslavia, no había sucedido ningún acontecimiento tan relevante en los Balcanes, y tan efímero. Un solo minuto duró la efervescencia croata, el tiempo que tardó Boban en despistarse y perder un balón fatídico. Thuram aprovechó el regalo e instantes después, con el milanista aún aturdido por el fallo, acabó con el cuento de hadas de toda una nación. Cayeron como héroes, pero cualquier tiempo pasado fue mejor. Resulta que Manolo Lama tiene razón: esta Eurocopa está sufriendo la involución del fútbol. Y Croacia no es ajeno a ello.  

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Alemania vintage

21 Junio 2016 por Carlos Vanaclocha

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Thomas Müller no es el mejor futbolista del mundo, pero sí es el mejor del mundo en lo suyo”. Jupp Heynckes habla en muy contadas ocasiones y cada discurso suyo llena auditorios. Van Gaal brindó a Muller su primera oportunidad y fue Heynckes quien disparó su meteórica carrera. Salvando las distancias, el media punta de la Mannschaft tiene cierto aire a Raúl González: su carrera es antiestética, su disparo no intimida y el regate es poco escurridizo. Pero siempre está ahí: rematando centros imposibles, abriendo en canal defensas de hormigón e inventando pases en medio metro cuadrado. Müller es el perfecto ‘falso nueve’, lo supo Guardiola y le imitó hábilmente Joachim Löw desde el pasado Mundial de Brasil. Las míticas selecciones del ‘Torpedo’ Müller, Klinsmann, Bierhoff o Klose han evolucionado hacia una coctelera en la que el propio Thomas Müller, Özil y Kroos han desengrasado un estilo tan mecanizado.

Alemania no juega al ritmo de Iniesta, pero de vez en cuando saca a pasear aquella apisonadora que destripó a Brasil en la mayor humillación del fútbol contemporáneo. Su fútbol suena muy vintage, con delantero centro, y no necesita galimatías tácticos para despistar al rival. El juego alemán del pim, pam, pum perdura por los siglos de los siglos. Dice Bernd Schuster, cuya renuncia a la selección todavía es considerada un sacrilegio en el país, que “Alemania es el Real Madrid de Eurocopas y Mundiales”. Quizá tenga razón, porque manejan el tempo de las competiciones como nadie y callan a su prensa crítica cuando se acaba el fogueo. Se sobreexcitan con pesos pesados y, como Muhammad Ali, eligen al boxeador del momento para decir ‘aquí estoy yo’. A pegada es imposible ganarle porque Löw confía ciegamente en la estructura metálica que empieza por Neuer y sostiene Khedira, el pivote innegociable del seleccionador. El ex madridista mantiene el don de la apariencia, paquete para España y un ídolo en su país. Es la diferencia entre ensayar con alevines una genialidad de David Silva, y la querencia germana por los trotones en las escuelas.

El efecto dominó de la infantería alemana provoca que Toni Kroos juegue sin corsé. En la Mannschaft Khedira desatasca cañerías y Krooos copia a Xabi Alonso. Sin mirar de reojo a su defensa, el madridista coloca pases de cuarenta metros y luce ese putt tan tan característico en su pierna derecha. Löw no traicionó la costumbre patria por tercera vez: del falso nueve contra Ucrania y Polonia, hoy hizo caso a la opinión pública colocando un boya en el área, Mario Gómez. Cualquier club de la Bundesliga construye su plantilla a partir de un delantero centro y un francotirador. Por eso, Guardiola fue un genio incomprendido. Alemania volvió a ser Alemania. 

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Italia le ha hecho un hombre

18 Junio 2016 por Carlos Vanaclocha

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Le ponen nervioso las entrevistas de televisión y, por eso, sus asesores de comunicación le aconsejan cómo hablar delante de la cámara. Quizá Álvaro Morata nunca habría imaginado una avalancha de peticiones para que hable por toda Europa. Tímido de nacimiento, sigiloso en su vida personal, el delantero de la Juventus e inminente fichaje del Real Madrid, entendió hace dos años que el único atajo para ser correspondido por el club de sus amores era olvidarlo durante un tiempo. En su última temporada en España, Jürgen Klopp habló con él después del Madrid-Dortmund del Bernabéu y le dijo sin contemplaciones que intentaría ficharle ese verano. El Borussia no era mala opción, pero cuando la Juve telefoneó a su padre, Alfonso, se decantó por el Calcio para cursar un máster acelerado. El niño que tuvo que buscarse la vida ha madurado a base de collejas, las de Allegri, y los consejos eternos de Andrea Pirlo y Buffon, sus tutores en el vestuario. El fútbol siderúrgico de los italianos ha potenciado el talento atlético de Morata hasta tal punto que el propio jugador se sorprendió de los entrenamientos militarizados del Calcio. “Aquí practico el salto, el remate de cabeza, los movimientos de espaldas a portería y el ‘trabajo sucio”, confesó Álvaro a su familia a los pocos días de su estancia transalpina. Nada que ver con la intensidad diaria de Valdebebas, donde se sentía un marciano a las órdenes de Ancelotti.

La razón de la titularidad de Morata en esta Eurocopa resulta casi imposible de rebatir. Su espectacular contragolpe en el Allianz Arena de la pasada Champions terminó por convencer a Del Bosque: no sólo dispondría de un ariete clásico, rematador de microondas en el área, sino también a un Ronaldo Nazario de marca blanca. Dribló a tres jugadores del Bayern con una zancada que recordó a esa manada de búfalos con la que Jorge Valdano describió al ‘Fenómeno’. Sí, suena muy exagerado, pero la explosividad de Morata la tienen muy pocos delanteros en el mercado. Y, por supuesto, su empeño en el ‘trabajo sucio’ o, dicho en cristiano, darse de codazos con las defensas y despistar con desmarques para que otro se lleve la gloria. Ese trabajo de alcantarilla lo ha resuelto con matrícula de honor, porque así se forjan los capocannoniere en el campeonato mas puñetero del continente. Y el ex madridista sabe que, a pesar de no fardar de una estadística made in Cristiano, ya presume de cicatrices de guerra para afrontar la Eurocopa. Le acusaron de novato y en sus credenciales figura un gol en una final de Champions; le acusaron de que esta selección no tiene gol y en dos jornadas ha subido su P.V.P. Lo saben sus representantes y también en la planta noble del Bernabéu, donde están preparando una reventa de proporciones bíblicas. Arsenal, Manchester United y otra oferta desconocida también de la Premier aguardan al final de París, y Morata tiene claro ahora mismo que necesita minutos para continuar su meteórica carrera. Todavía no ha hablado con Zidane, pero ni el consejo más sabio de una leyenda, la leyenda, le perturbará su idea. No quiere ser fiel escudero de Benzema e intentar motivarse para jugar los minutos de la basura. Álvaro ha subido el escalón y es delantero titular. Volver al banquillo del Madrid es un lujo que él no se puede permitir. “Y eso que decían que no teníamos gol”, dijo Morata en la zona mixta de Niza, Parece que también le ha dado caña a eso de perder la timidez.

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El fontanero de Francia

16 Junio 2016 por Carlos Vanaclocha

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En Bein Sports Francia publicaron esta mañana un mapa de calor con el que analizaban la omnipresencia de N’golo Kante en el Francia-Albania. A continuación, metieron con humor un mapamundi totalmente coloreado de rojo en el que se podía leer Ici est Kante! (¡Aquí está Kante!). Es el personaje en la sombra que vertebra a la anfitriona y su desgaste hercúleo entre bambalinas tiene enamorado a Deschamps y toda la nación, que ve en el todoterreno del Leicester una versión mejorada de Makelele, el fiel escudero de Zidane. Su seleccionador lo ha repetido por activa y por pasiva: “Sólo quitaría a Kante si le rompen una pierna y después de ver la radiografía”. Del Bosque llegó a la selección con una declaración de intenciones cristalina: Busquets y diez más; Deschamps tocó la gloria en el Mundial del 98 desde la misma atalaya que Kante, desde donde intuye cualquier jugada segundos antes de que suceda. No en vano, es el ‘ladrón’ por excelencia de esta Eurocopa, el que más balones intercepta, el que más ataques cortocircuita. Si desactivase bombas, sería el mejor artificiero; siempre sabiendo qué cable cortar. Kante no arrastra el circo de otros ilustres de su talento, como Genaro Gattuso, por ejemplo, pero sí necesitaría campañas mediáticas que le den el caché de Pogba. El problema es que el trabajo de fontanería en el fútbol ni esta bien pagado ni agradecido.

Deschamps confesó una sola obsesión en los amistosos contra Holanda y Rusia del pasado marzo: saber si ese panzer de raíces malíes no se acomplejaría vestido de blue. En el Leicester estaba soñando con un cuento de hadas, pero en Francia un puñado de minutos le bastarían para subir al cielo o bajar a los infiernos. Y más en el combinado de los líos. Debutó en el Amsterdam Arena y en tres jugadas su entrenador entendió que había descubierto a una proeza de la genética capaz de limpiar un balón en su propio área y disparar desde treinta metros en lo que dura un pestañeo. Kante ahora mismo es el mejor bulldozer del mundo porque apenas hay rivales que se molesten en bajar a la mina como él. En un negocio en el que los peinados y las celebraciones de los goles cobran tanta relevancia como jugar bien al fútbol, el trabajo entre bambalinas queda muy cotizado en el gremio de entrenadores. El espectador que ojea el partido en un bar no conoce a Kante porque sólo mira cuando ronda el gol; los analistas tipo ‘Maldini’ o Fernando Evangelio sí se sobrexcitan cada vez que el campeón de la Premier persigue un balón en tierra de nadie como un rottweiler con la boca llena de espuma. Es el trabajo sucio de alcantarilla que sólo el siderúrgico estilo italiano valora tanto como sus capocannoniere.

Anoche Lucas Vázquez contaba en la COPE que jamás habría soñado hace un año ganar la Champions y estar en Francia. N’golo Kante ni siquiera habría imaginado jugar en cualquier primera división hace dos temporadas, cuando se embarraba con el Caen de la Ligue 2. Tarde o temprano su tela de araña no pasaría desapercibida y fue el jefe de ojeadores del Leicester, Steve Walsh, quien redactó el primer gran informe. “Necesitará rodaje en Inglaterra pero acabará montando su rancho”, vaticinó un Walsh que todavía espera una medalla por uno de los grandes descubrimientos de esta temporada.

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Recibe Iniesta y et voilà!

14 Junio 2016 por Carlos Vanaclocha

 Iniesta República Checa

Yo odio el tiquitaca, no sirve para nada”. La confesión de Pep Guardiola a Martí Perarnau en su biografía Herr Pep nunca pasó inadvertida para Del Bosque. “Hacemos lo que podemos con lo que tenemos, y eso es jugar con balón. Llámenlo como quieran”, dijo el seleccionador en un foro universitario la pasada temporada. A punto de firmar su epílogo con La Roja, a Del Bosque no le molesta que le acusen de plagio, bien de Luis Aragonés bien de Guardiola. Podrán desfilar por delante varias generaciones, que el estilo del salmantino jamás cambiaría: marear el balón hasta colarlo en la cocina. Desesperante para el rival y a ratos para el espectador, que agradece un francotirador por equipo. Y España no los tiene. El gol sólo podía llegar de una manera: fusilar a Cech a quemarropa o después de una esas carambolas de billar que con tanta maestría dominan Iniesta y Silva, de largo los más espabilados en la victoria. El barcelonista volvió a inmortalizarse en otra foto de Oliver y Benji rodeado de un ejército de piernas; su Circo del Sol no actúa tan rápido como en otros tiempos, pero recibe el balón y et voilà!, saca un conejo de la chistera. O el centro perfecto a su amigo ‘Geri’. El Balón de Oro perdió una oportunidad inolvidable para rendir pleitesía a uno de los más grandes, quizá al nivel del mejor Zinedine Zidane. Y no es una exageración.

Cada vez que España juega una Eurocopa, rememoramos la charla de Luis Aragonés en el hotel de Viena horas antes de la final contra Alemania de 2008. El agradecimiento nunca será suficiente por haber cambiado para siempre y de una tacada las décadas del peor ‘pupas’, como el Atleti. Cada vez que juega España, el patapum p’arriba del guiñol de Javier Clemente queda más enterrado. Afortunadamente, aquel fenómeno todavía inexplicable pertenece a la época paleolítica. El prodigio que Aragonés creo en torno a la figura de Xavi Hernández es patrimonio de la humanidad y sólo necesita de otros filántropos que lo cuiden: el primero, Iniesta, que ya no tiene a Xavi y Xabi a su espalda, pero sí a Busquets, la viga maestra del proyecto de Del Bosque. Esta selección aún no ha provocado la efervescencia de sus anteriores, ni siquiera el sano debate en las barras de los bares de quién gusta más. Hasta ayer todo era De Gea o Casillas, y el repentino estiércol del caso Torbe. Hoy la gente ha cambiado el discurso, recordando que por algo David Silva es, de lejos, el mejor media punta de la Premier League, y que a nadie le extrañe. Su zurda es la más talentosa del vestuario y de su cabeza dependerá que ponga asistencias sin mirar (versión Michael Laudrup). Y si Morata, generoso en el esfuerzo, puede cazar una de esas pelotas inteligentes, al de enfrente no le valdrá blindar un Fort Knox como Chequia. Hará falta una flota de autobuses para desesperar a estos pequeños diablillos.

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Bale cuesta un “ojo de la cara”

12 Junio 2016 por Carlos Vanaclocha

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Este tío va a ganar un puñado de Balones de Oro”. A John Benjamin Toshack le sobró medio partido para anunciar al mundo su creación. La prensa galesa que cubría a la selección nacional ya estaba curada de espanto de la socarronería y fanfarronería de J.B. Demasiado circo en unas ruedas de prensa que, al menos, anestesiaban los cabreos de las plumas más afiladas. Gales siempre había sido un sparring ‘facilote’ y no había razones para intuir lo contrario, ¿o sí? Los británicos acababan de ganar a Trinidad y Tobago por un pírrico dos a uno en el antiguo estadio Arnold Schwarzenegger de Graz (Austria), y a tenor del bodrio y la aburrida interpretación que pudiese hacer Toshack delante de las cámaras, un periodista le preguntó por el debut de ese lateral izquierdo de 17 años del Southampton que prometía como tantos otros. Su respuesta alivió las soporíferas crónicas, más si cabe, cuando el propio seleccionador advirtió que no se trataba de otra vacilada más. El ex entrenador del Madrid profetizó que algún día el chaval costaría a pretty penny; es decir, un ojo de la cara. Fue entonces cuando algunos reporteros se dieron cuenta que quien hablaba era el ‘viejo John’, el bromista que tenía ocurrencias para todo. La siguiente pregunta vino a colación de la primera: “¿Cree que un defensa como Gareth Bale podría valer tanto?”. La respuesta no la habría acertado ni una médium: “¿Quién dice que va a acabar como defensa?”.

Zidane nunca quiso hacer pruebas de laboratorio con el galés: le intentó acorralar en la izquierda para que armara sus tomahawks de manera natural, donde el disparo puede coger más ángulo endiablado. La obsesión de Florentino Pérez por que su fichaje de 91 millones (reconocidos por Football Leaks), deje de arrastrar su P.V.P con grilletes puede acabar en la Eurocopa. Por de pronto, dejó su marca ante Eslovaquia. Bale puede soltar un zurriagazo en estático (el balón al palo de Vallecas), en contraataque y, sin campos minados, revienta cualquier candado. Y, además, su salto de manual le deja como un gran cabeceador, marcando los tres tiempos como lo hacía Morientes. Quizá Guardiola se refería a Bale cuando dijo que el Madrid era un “grupo de atletas”; desde luego, ningún velocista del Bayern supo pararle en aquel escandaloso 0-4 de Munich. El mejor Bale todavía es un enigma porque sus músculos se tensan y destensan como un chicle; siempre al filo de la lesión, necesita las condiciones perfectas de Usain Bolt para romper la barrera del sonido.

Cristiano suele comentar en público que Benzema es su socio preferido y no se esfuerza en tirarle flores. Bale aún se siente en el Madrid un ente extraño que, como dice su representante Jonathan Barnett, “él se fabrica las jugadas y él las ejecuta”.Y como las grandes estrellas, necesita sus ratos de ego, ahora con su selección, para reivindicarse como una estrella que merece posar en la alfombra roja de Hollywood. Ayer contra Eslovaquia jugó de media punta, donde a él le gusta, aunque su talento de correcaminos luzca más en las autopistas de las bandas. Bale busca inmortalizarse en un póster como Zidane con su volea; al fin y al cabo, su esprint en la cara de Bartra en la Copa de Mestalla no tuvo las proporciones bíblicas del cabezazo de Sergio Ramos en Lisboa. Quizá Saint-Denis espere al hombre de las finales.

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Estrella de rock por un rato

8 Junio 2016 por Carlos Vanaclocha

James Rodríguez se volvió a sentir estrella de rock en Colombia. Jugar con la ‘cafetera’ es su retiro dorado, algo así como la tierra batida para Rafa Nadal. Allí cada quiebro de cintura precede a un estruendoso aplauso; cada pase milimétrico de un puñado de anuncios comerciales y cada gol de un día nacional. Con Falcao olvidado en un sumidero, el madridista es líder natural de un vestuario que nunca ha dejado de creer en aquel futbolista desconocido para el gran público al que un gol estratosférico a Uruguay y el pago de 80 millones de P.V.P pusieron en órbita en esa galaxia que ha creado Florentino Pérez. En la Copa América James juega sin los grilletes que le oprimen en el Bernabéu; toca el balón sin miedo a la bronca y corre sin la carrocería que le ha ensanchado su voluminosa silueta esta temporada. Da la sensación de que le han practicado un exorcismo antes de vestirse de cafetero: su mente está liberada de cualquier culpa, suda como en la mina y, la clave, puede fallar sin miedo al ‘qué dirán’’.

Los tótem de la historia le respaldan: desde el inigualable Valderrama hasta Faustino Asprillla, quien dijo hace unos meses que a su compatriota “no le dan cariño en el Real Madrid”. Quizá el ex delantero del Parma no haya seguido capítulo a capítulo el drama de James, desde que la grada le rendía pleitesía por pegarse una carrera imposible al estilo Raúl hasta el silbido unánime por vago y dejado, las peores acusaciones que se pueden sufrir con esa camiseta. Como en el caso de Iván Zamorano, cuando Valdano y Ángel Cappa le recuperaron para la causa después del frustrado fichaje de Eric Cantona, la Copa América de James le está viniendo bien por higiene mental. Manolo Sanchís confiesa que es un “Porsche de alta gama con una caja de cambios complicada”; definición perfecta para explicar por qué James ha pasado del todo a la nada sin una razón que entienda la calle. Bueno, a lo mejor sí.

James quiere abandonar el Real Madrid. Lleva tiempo atrincherado en su realidad y a su todopoderoso representante, Jorge Mendes, le abrasan por teléfono con tanta llamada interesada. El colombiano intentó lucir abdominales a la salida de una de esas cenas de conjura merengue para demostrar que no está gordo, y aguantó el silenzio stampa con la persecución policial por la M-40 hasta que el club le exigió explicaciones públicas. Mucho estiércol y poco fútbol; líos a diestro y siniestro, y ninguna crónica generosa sobre el césped. Hace unos meses, en la penúltima convocatoria internacional de Colombia, lanzó un tomahawk  pero fuera del campo: mandó un  recado a Zidane porque allí se siente futbolista y rey Midas de los anuncios. Anoche repitió ritual en la Copa América: partidazo ante Paraguay, gol y un nuevo guantazo a Zizou: “Aquí juego hasta cojo”. Sin embargo, en Madrid aún no ha entendido que la ópera es demasiado selecta. Si no juega y, peor, no suda, los oídos le seguirán pitando. El galimatías de su cabeza empieza y acaba en él. O en el diván de un psicólogo que le recuerde por qué Florentino Pérez escuchó su nombre en Brasil no hace demasiado tiempo. Como dice Paco González, “es increíble que el Madrid no saque más provecho de este jugadorazo y más aun que él no saque provecho de sí mismo”. Para bien o para mal, sólo hay un único culpable y Jams sabrá quién es cuando quiera quitarse la venda de los ojos.

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Dani Alves, Samuel Eto’o….gente imprescindible

3 Junio 2016 por Carlos Vanaclocha

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“Si Guardiola me dice que suba al tercer anfiteatro y me tire, pensaría que algo bueno debe haber ahí abajo”. Dani Alves es un tipo agradecido a quien le ha dado la fama; “que la gente mire lo que hago dentro del campo, no fuera, que es mi vida. Y si bailo, así soy yo”. Dani Alves es tan sincero como Samuel Eto’o, el primer culé que puso patas arriba el Camp Nou al son de correré como un negro para vivir como un blanco; “Hay mucho racismo en el fútbol. En España se venden como un país del primer mundo, pero en algunas cosas están muy atrasados”. Dani Alves es tan gráfico, que es capaz de comerse un plátano tirado desde la grada y servir de inspiración a media humanidad; “Ser del Barça es recomendable para la salud”. Dani Alves no necesita haber jugado en La Masía para presumir de ADN azulgrana; “A mí me pone cachondo mi chica, no un partido en el que te golpean”. Y Dani Alves se siente futbolista, pero sobre todo un privilegiado de la vida. Genio y figura hasta la sepultura, los periodistas esperamos las ruedas de prensa de Alves como un rottweiler con espuma en la boca en busca del mordisco. Armamos la metralleta y a la primera que suelta un titular demoledor vaciamos el cargador. Es brasileño pero entiende que la rivalidad hay que calentarla a la antigua usanza, como Stoichkov y Míchel, Gaspart y Mendoza. Con él se va uno de los personajes de nuestro fútbol y eso que todavía tenemos nostalgia de Eto’o, Guti, Schuster…Aborrecidos de tanta sota, caballo y rey en las salas de prensa, siempre nos quedarán Piqué y Cristiano Ronaldo cuando se alinean los planetas.

Dani Alves había firmado su defunción azulgrana un año antes, cuando retó en público a la directiva y renovó en plena efervescencia del triplete. Digno sucesor de Cafú, ha sido, de lejos, el mejor lateral derecho de la última década. Sus cabalgadas por la banda convencieron a Guardiola para inventarse un carrilero con esencia de extremo; tan pronto defendía su área como se inventaba centros con escuadra y cartabón. Monchi le descubrió donde ningún otro ojeador buscó, en un modesto club llamado Esporte Clube Bahía que lo vendió al Sevilla por menos de un millón de euros. Cuatro temporadas después y con un buen zurrón de títulos, el Barça le compró por 35 millones, hasta entonces el segundo fichaje más caro de la historia azulgrana, sólo superado por el del holandés Overmars. El Real Madrid se quedó con la miel en los labios, a pesar de que el propio Alves inmortalizó una de esas frases que tanto gustan a Florentino Pérez, “¿a quién no le hace ilusión jugar en el Madrid?”. La única verdad indiscutible es que el Barça no despilfarró el dinero porque al brasileño le bastó un puñado de partidos para agenciarse la línea de cal. Proeza de la genética, Guardiola llegó a preguntarse públicamente que para qué necesitaba un jugador delante de Dani si valía para todo. La estadística es sobrecogedora: cierra su ciclo firmando más asistencias que ¡¡Xavi Hernández!! Pongámonos en pie.

Nunca engañó a nadie ni dentro ni fuera del césped. Jugaba cada partido como si no hubiese mañana, y las redes sociales delataron su vida alegre, con ese eterno vacile que no pretende ser hiriente. Logró tanto en tan poco tiempo que bajó las revoluciones en el campo: en el último año de Pep, a Dani se le había nublado la mirada del tigre. Sus centros se quedaban cortos o largos por milímetros, y el lateral a veces se convertía en un coladero delante de un media punta escurridizo. No en vano, el propio Guardiola recomendó su traspaso porque se había desgastado demasiado. Pero Alves es un luchador que sólo se motiva con retos gigantescos (“si no me enfrentara a los mejores, estaría en el equipo de mi pueblo”); se acercó a su versión más exagerada con Tito Vilanova para amortiguar todas esos chismorreos que le escaneaban con lupa,  y acto seguido volvió a dejarse llevar. En los últimos años ya no era esa tanqueta que recorría la banda de fondo a fondo con un motor diesel; jugaba como si estuviese agotado, distraído en jugadas absurdas. Como a cualquiera, le ha llegado su fecha de caducidad: ocho años en el Barça y el suculento honor de ser el tercer futbolista con más títulos de la historia…¡del fútbol mundial! Sólo detrás de Ryan Giggs y Vitor Baia. Quédense con el legado de Dani Alves, una trituradora de trofeos y la mejor rotativa que podría tener cualquier medio de comunicación. Que siga la fiesta en Turín.

 

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