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La reverencia de Anfield

23 Octubre 2014 por Carlos Vanaclocha

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Anfield rindió su tributo a Cristiano Ronaldo. En señal de gratitud, el estadio aplaudió al unísono su cambio por la enésima actuación galáctica; lástima que todavía no haya encontrado en los campos de España esa reverencia. Culpa suya por unos cuantos años de chulería y también de esa corriente antimadridista que no aguanta el desfase abusivo entre los dos señores de la Liga y el resto de vasallos. De repente, el Madrid pintó un cuadro digno del museo del Prado, como el de Munich de la Champions pasada. Quizás sean sus dos obras maestras, las que el público guardará en la retina para presumir que el fútbol no es sólo pegada. También los blancos saben impartir su vertiente de tiqui-taca, con más velocidad y menos pases. La verticalidad de este equipo supera la de una pared de noventa grados: desde que Toni Kroos cede el balón a Modric la apisonadora se activa para triturar defensas, porteros y hasta los tres palos, si hace falta. A los mandos el de siempre, el Hércules portugués considerado por su vestuario como el mejor de todos los tiempos: “¿Homenaje a Messi? A Cristiano, que es el mejor”. Sin vacilar, Arbeloa daba carpetazo a una polémica surgida del pique motivado por el inoportuno Javier Tebas, presidente de la LFP. Y el propio CR7, consciente de que cualquier desliz cabe en portada, echó balones fuera: “No es un duelo Messi-Cristiano, es un Madrid-Barça”. Él sabe perfectamente cuándo debe empezar a venderse para el Balón de Oro.

Michel Platini lanzó el tomahawk esta semana: “El Balón de Oro lo debe ganar un alemán porque ha sido año de Mundial”. Cristiano se ha aplicado a sí mismo el silencia stampa pero está facilitando demasiado a los votantes su elección. Liverpool era hasta anoche territorio inexplorado por el Madrid y en poco más de media borró de un plumazo su leyenda negra con los reds. Anfield se quedó alelado, como hoy muestra el diario MARCA en portada, ante el portugués y el potencial devastador de un equipo construido para volatilizar todo lo que se le ponga por medio. Y mucha culpa de ello lo tienen los dos guardaespaldas que se han ganado la confianza del ‘bicho’. El primero e indiscutible sigue siendo Benzema. El ‘nueve’ que mejora a otros ‘nueves’ también golea como un killer del área, aunque le repateé ese rol. Al principio del partido falló dos pases porque James todavía no estaba donde debía, quizá porque el francés lee el fútbol más rápido que casi todo el mundo. Sólo Cristiano sabe compartir confidencias con el otrora monsieur empané. Ahora ya no está en el limbo; al contrario, también se ha contagiado de ese apetito voraz e insaciable del personal. Debió pensar que en este Madrid quien no corre, vuela y, por eso, no meter goles es de pardillo.

A Benzema le pone construir jugadas como si fueran mecanos y ahí encuentra la sana oposición de James Rodríguez, la revelación del equipo, Su pase de media vaselina a Cristiano en el primer gol recordó, salvando mucho las distancias, al de Laudrup a Romario en aquel fantástico gol a Osasuna. James se va a divertir mucho imaginando combinaciones imposibles con los de arriba: su zurda es un guante de seda para trazar centros con escuadra y cartabón, y disparar proyectiles inteligentes. Parecía que no (prejuicios absurdos de periodistas), pero el colombiano está dando que hablar. Y, paradojas tácticas, a James le viene mejor que a Bale jugar en su banda antinatural; desde la derecha templa el balón mientras que al galés le vendría mejor la izquierda como pista de atletismo. Está claro que mientras todos los males de Ancelotti sean pintarrajear su pizarra, Florentino no tiene de qué preocuparse.

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Un Madrid de rock and roll

18 Octubre 2014 por Carlos Vanaclocha

Isco

“El Madrid es rock and roll y el Bayern es más como el jazz”. Con su exquisito tacto, Xabi Alonso es la primera voz autorizada que describe de un plumazo el estilo merengue. Cuestión de gustos, claro; sin embargo, hay una palabra innegociable para su ex equipo: ‘rodillo’. En esta enésima ‘liga de mierda’ (Del Nido dixit) el Madrid gana por aplastamiento a la mayoría, noquea al rival y lo remata moribundo sobre la lona. En la época de Mourinho la artillería pesada salía al contraataque; con Ancelotti lo mismo saca el cuchillo a la carrera que golea con todo el equipo metido en campo contrario. El mayor respeto que puede expresar el Madrid por estos campos es acribillar sin piedad, sin amagos de vacilar o chulear. Y la sensación es que, tarde o temprano, brindará a su público una docena de una sola tacada. Ancelotti presumió en verano de disponer de la mejor plantilla de su carrera; son palabras mayores de quien ha entrenado a astros como Zidane o Ibrahimovic. La más completa de la historia del club ya es más debatible. No obstante, hace dos meses (antes de la ‘minicrisis’ de Anoeta y el derbi) este Madrid tenía la pinta de un Iron Man al cincuenta por ciento de su energía. Pero después de un puñado de correctivos severos, el señor Toni Stark (o sea, Carletto) ha probado el traje a su máxima potencia. De momento, los rivales apenas han sido esbirros de poca monta, porque en el primer combate de superhéroes falló (Atlético) y el próximo sábado llega su mayor villano.

De Cristiano Ronaldo está todo escrito, salvó quién es su acompañante ideal, su Robin de batallas. El año pasado llegó a formar tormentas perfectas con Bale y durante esta temporada se están reivindicando otros aspirantes. Su preferido, Benzema, no jugó en el Ciudad de Valencia, pero sí James Rodríguez, que se está olvidando del lastre de su P.V.P (80 millones) y saca a pasear la zurda con mucho descaro. Los chismorreos de los cenáculos madridistas apuntan que Florentino Pérez quedó prendado de James por su golazo a Uruguay en el Mundial; incluso, le criticamos en sus inicios que no mejoraba su versión discreta del Mónaco. Quizás por eso, James se ha desinhibido como lo hace con la selección cafetera; el guante de su pierna recuerda a los mejores tiempos de Davor Suker. Sin ocupar la misma posición, le faltan los latigazos del croata. A Guardiola le gustaría un tipo como James por su continua movilidad, ya que tan pronto calibra un centro desde la banda derecha como se desliza entre las líneas del media punta. Y ahora el morbo: James no es Di María, vale. Pero Di María nunca llegó a su plenitud en su primera liga. Sin quererlo, su némesis va a seguir siendo el argentino hasta que levante títulos. Las comparaciones son odiosas pero son las mueven las críticas o los ejercicios de onanismo.

Ancelotti se mojó en El partido de las 12  y analizó a James como un sustituto de Di María de “diez kilos más de peso y motor diesel para todo el partido”. Para chispazos eléctricos ya están Cristiano y Bale, el colombiano prefiere levantar la cabeza y mirar a sus compañeros antes de emprender la galopada. Diferentes, pero igual de útiles para ese rock and roll del que habla Xabi Alonso. Por supuesto que Isco también sabe tocar la guitarra eléctrica, pero le sucede como a Benzema: necesita pensar menos en el limbo y centrarse más en el día a día. El francés lo ha superado, el malagueño está en camino. Un talento tan descomunal como el suyo necesita un educador como Ancelotti que le premie en pequeñas dosis. Sólo de ese modo, Isco se entrenará rabioso y a pecho descubierto, capaz de dejarse la vida por cada titularidad. Da gusto ver sus quiebros, amagos de balón y, sobre todo, el toque final de chef que pone de vez en cuando al borde del área. Él había asumido el rol de desatascador para los minutos decisivos y ha acabado entendiéndose a sí mismo: por fin se ha dado cuenta que también puede aparecer en primera plana. Al fin y al cabo, gente como Isco o Benzema espabilan con una buena colleja. La que sabe dar el técnico italiano, pero no delante de los focos sino en el vestuario, a puerta cerrada.

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Luis Suárez se fija en Ronaldo Nazario

16 Octubre 2014 por Carlos Vanaclocha

Luis Suárez ha lanzado el órdago: “Sería lindo jugar en el Bernabéu. Estoy al cien por cien”. Indirecta para Luis Enrique en la fecha adecuada, a diez días del clásico, y delante de todos los focos en el mejor escenario posible: la entrega de la bota de oro. El mito Kenny Dalglish acudió a a la cita por petición expresa del uruguayo, qué mejor embajador vivo del Liverpool para escuchar en directo el desafío del galardonado. Suárez se había preparado el discurso que el soci quería escuchar, una especie de patata caliente ahora en manos de su entrenador. Su silueta ensanchada de los últimos meses se va puliendo a contrarreloj, los goles a la benévola Omán han sido la inyección oportuna para demostrar que él, en un futuro no muy lejano, también puede entrar en la factoría de Balones de Oro del Barça. Atrás quedó el mordisco y sus devastadoras consecuencias; Luis se ha alejado del runrún mediático para entrenar y dormir en casa de los suegros, un bucle pesado pero necesario. Con una vida casi monacal sin actos publicitarios ni entrevistas, Suárez lo fía todo a una carta: la repercusión mundial del Madrid-Barça.

Preocupa en Can Barça su falta de ritmo, las sensaciones oxidadas después de tanto tiempo, pero Luis Suárez tiene coartada para devolver toda es a ilusión de un plumazo. El ejemplo más sonado, y que le consta personalmente al delantero (su gente –hoy llamada entorno- se lo recordó con vídeos) es el de Ronaldo Nazario. El ‘gordito’ fue un capricho de Florentino Pérez en plena efervescencia mundialista de 2002 con el pequeño gran inconveniente de arrastrar una rodilla averiada de arriba a abajo. Aquella lesión con lloro desconsolado incluido en el Lazio-Inter estuvo a punto de noquearle para siempre, tanto que los médicos más pesimistas intuyeron que Ronaldo sólo volvería a jugar al fútbol con una rodilla biónica. Su brutal ejercicio de superación culminó con la victoria en Japón y Corea, pero su físico había dejado de ser aquella manada de búfalos que años antes había acuñado Jorge Valdano. Ronaldo tardó en debutar con el Madrid porque su carrocería soportaba seis o siete kilos más de lo indicado. Sesiones eternas de carrera continua y piscina cubierta aligeraron el peso suficiente para que la rodilla no sufriese. Fue entonces cuando los servicios médicos le autorizaron para debutar aquella tarde apoteósica contra el Alavés.

A Luis Suárez no le han cazado en bañador, pero sí con la sudadera empapada de sudor. La desproporcionada sanción de FIFA le ha enjaulado demasiado tiempo, permitiéndole sólo celebrar discretamente los goles en las pachangas de Sant Joan D’Espí. Admira cómo Ronaldo aguantó la presión de ser el tercer fichaje galáctico (Figo y Zidane fueron los primeros) y, lejos de competir con Messi y Neymar por el protagonismo en la próxima superproducción hollywoodiense (o sea, el Madrid-Barça), quiere reencontrarse a sí mismo. Al fin y al cabo, todo depende de la valentía de Luis Enrique. Él, como jugador del Real Madrid, vivió aquel clásico del 92 en el que el árbitro Díaz Vega replicó las críticas de Johan Cruyff diciendo que el holandés “se cagaba en los pantalones cada vez que iba al Bernabéu”. Pero al asturiano le gusta atacar por tierra, mar y aire sin esperar a entrar con el balón en la cocina: con Luis Suárez la artillería pesada ya está armada.

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Evitando más jaleo

13 Octubre 2014 por Carlos Vanaclocha

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Del Bosque había advertido que la única referencia de Luxemburgo para el gran público era un club modestísimo llamado Jeunesse d’Esch, que en la década de los sesenta se llevó siete goles en el Bernabéu y cinco o seis en su país. Lo dijo en modo irónico porque a los periodistas apenas les apetecía hablar del rival del turno, obvio. Casillas, el bofetón de Eslovaquia, la nulidad de Diego Costa…demasiados incendios como para rellenar páginas y minutos de tertulia con una selección del saco de Islas Feroe o San Marino. Pero el seleccionador, viejo zorro en olfatear las corrientes de opinión, confirmó cinco cambios en el once titular de anoche para distraer atenciones, sobre todo, de los opinadores que piden dimisiones a pecho descubierto. Ha sido una concentración convulsa porque poner a parir a esta continuación de España, campeona de todo, es un lujo que cualquiera se puede permitir pero pocos aceptan. Eslovaquia ha abierto la veda: todo es debatible en esta selección que está en plena construcción con andamios en todas las líneas.

Si hace pocos meses España ofrecía a las masas partidos verbeneros en los que el fútbol eran fiestas apiladas unas detrás de otras, estos días convulsos han dejado un marrón espinoso a Del Bosque. Aliviado por el gol ratonero de Diego Costa en Luxemburgo (Mourinho tardará tiempo en recriminarle otra convocatoria), al debate Casillas-De Gea le sale uno más añejo, el de Cesc. Anoche no jugó porque oficialmente el seleccionador había meditado cambios y oficiosamente no rindió en Eslovaquia. El centrocampista del Chelsea vive en una permanente paradoja táctica: con Mourinho ha vuelto a jugar donde le enseñó Wenger y, sin embargo, en la selección ha sido fundamental según los preceptos de Guardiola. Cesc espabiló y aprendió rápido esa idea extravagante del ‘falso nueve’; Del Bosque copió la invención de Pep y defenestró cualquier recuerdo folclórico de delanteros centros. Ahora, Fábregas ha vuelto a su génesis y chirría. ¿Solución? El ‘buenismo’ del entrenador le obligará a seguir convocándolo como mediapunta. Y si no, al tiempo.

También repetirán convocatoria los locos bajitos, pero todos ellos por inercia. Con permiso de Don Andrés Iniesta, el balón pide a gritos las botas de Silva, genio y figura cuando el equipo se marea a sí mismo. La noche de Eslovaquia necesitó líderes que cargaran el peso en la espalda; no hubo voluntarios y sí varios acusados. El mismo Iniesta, que sin chispa no es ese ‘Iniesta de mi vida’ (Camacho dixit) o Busquets, perdido en el campo como si fuera la jungla, lejos del mejor ‘5’ que recordaba al mítico Fernando Redondo. Ahora es turno para los extraordinarios becarios: Paco Alcácer, Bernat, Rodrigo, etc. Quédense con el primero: goleador en Mestalla y en busca de pulverizar récords con ‘La Roja’. Alcácer era un delantero potable que mejoró hasta hacerse bueno; un puñado de partidos le han convertido en buenísimo. Y de ahí a la clase crack, paso a paso. Su facilidad para marcar recuerda a la de Raúl González, cuando Fernando Hierro vaticinó que era un “Ferrari que adelantaría a todos por la izquierda”. Todavía no conocemos el techo de Alcácer, pero nos deja la pista evidente de que golea por oportunista e inteligente. Y hacía demasiado tiempo que la selección no contaba con un prototipo así. Cualquier noticia que no provoque jaleo siempre será bienvenido en la selección. 

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Olor a napalm

10 Octubre 2014 por Carlos Vanaclocha

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Derrota con olor a napalm. Lejos de una simple lamentación, las redes sociales rescataron aquel 2-0 en Suecia posterior al Mundial de Alemania. Incluso, los más apocalípticos compararon la herida de anoche con el hundimiento de Chipre que le costó la cabeza a Javier Clemente. Brasil ha dejado una herida sangrienta y complicada de cicatrizar; las grandes victorias de los últimos años han legado una herencia demasiado pesada para cualquier España, porque el agravio comparativo es demoledor. La selección todavía sube al ring con miedo a recibir otro directo a la lona; está en plena cocción intentando descubrir el regusto exacto. Y en esa transición, se tiene que acostumbrar a recibir bofetones y el qué dirán: de los palos se aprende. Cuatro derrotas en seis partidos invitan o, mejor dicho, obligan a Del Bosque a ignorar por un instante sus actos de fe en el tiqui-taca y probar nuevas recetas. Gente de futuro como Koke, Thiago e Isco saben tocar y sobarla, por ahí el balón está asegurado; quizá falte ese músculo del que Alemania sabe presumir en los momentos pertinentes. Una estilo híbrido con el que ataquemos en un pim, pam, pum sin necesidad de escanear el césped palmo a palmo.

España perdió como podía haber goleado si el portero eslovaco Kozacik no hubiese sacado tentáculos por todos lados. Él fue el héroe del partido y en la portería contraria Casillas el villano. Su cantada entierra el paradón de reflejos a lo David Barrufet: es el tormento eterno de cualquier portero. Y en el caso de Iker, la lupa sobre él tiene más ópticas que con el resto. Es injusto, pero son los grilletes que debe arrastrar. Precisamente, cuando había encontrado tranquilidad con un puñado de partidos sobrios, el primer gol propone indirectamente otro debate latoso en la portería de España. Aunque no más molesto que el de la falta de líderes. Con permiso del guardameta blanco y tras las retiradas de Xavi y Xabi, urge un jugador que reclame protagonismo para el clímax de la película. España echó de menos anoche la discreción de Iniesta, porque sigue siendo el más talentoso y sin su antiguo compañero de diabluras (Xavi), tiene que pedir turno de liderazgo.

La noticia agradable vuelve a darla Paco Alcácer, cuya voracidad no acabará hasta que la remache con títulos. De repente, ha adelantado por la derecha a Fernando Llorente, que no pertenece a la guardia pretoriana de Del Bosque; Negredo, lesionado sin fecha límite y Soldado, hundido en el ostracismo en el Tottenham. Alcácer está de moda en Valencia y con España, y si Diego Costa no estuviese arrasando la Premier, ya sería el delantero referencia de ‘La Roja’. Pero el crédito del hispano-brasileño tiene más fondo que las tarjetas opacas de Bankia por sus sensaciones goles en el Chelsea y el lío diplomático que casi acaba a tiros entre la Federación y Scolari. Éste es otro debate, el enésimo, porque a medida que se agrava la sequía de Costa, los murmullos suben decibelios. La sensación general es que el público no será paciente con esta España. Pero intentar recuperar la estética del pasado inmediato es, sencillamente, una quimera, la misma que es incapaz de imaginar que este Barça evoque a Guardiola.

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Benzema dejó de ser monsieur l’empané

6 Octubre 2014 por Carlos Vanaclocha

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Hugo Sánchez, Butragueño, Bam Bam Zamorano, Suker, Ronaldo, Van Nistelrooy…el Bernabéu siempre ha rendido pleitesía a sus delanteros centros; desde los tijeretas del ‘Matador’ hasta las estampidas de Ronaldo, pasando por las pícaras genialidades del ‘Buitre’. La grada blanca llevaba décadas acostumbrada a los nueve goleadores hasta que Benzema se atrevió a cambiar el compás. Ha aguantado cinco años de sospechas para que su afición le haya entendido definitivamente, porque lejos de fardar de estadística, el francés se gusta a sí mismo cuando inventa su jugada. Tan asistente como goleador (5 asistencias más 5 goles), Benzema es el socio perfecto de Cristiano Ronaldo, el primero de su guardia pretoriana. Mimado por Florentino Pérez, quien fue a buscarle a su barriada de Lyon, Benzema nunca ha aceptado ser el enésimo killer del Bernabéu; él prefiere salirse del área y construir el gol como si fuera un mecano. De lo contrario, se desubica dentro del área y se ensimisma en el limbo. Sin duda, el Madrid se está aprovechando de la mejor versión del francés, la del año II de Mourinho que frenó aquella oleada de críticas que le dejaban a la altura del betún cuando la prensa sacaba a la palestra a todos esos goleadores de leyenda.

“Es el mejor delantero de la Liga”, dijo Cristiano sobre su amigo Benzema en Canal Plus. Señal de gratitud y una indirecta a “los que critican y no son profesionales del fútbol”. Desde luego que la ‘BBC’ está encantada con el mismo futbolista que no hace mucho tiempo fue apodado monsieur l´empané. A Benzema sólo se le contempla por el tamaño de su saco de goles, al fin y al cabo es el baremo para medir si un delantero vale o no. Sin embargo, es bueno que el Bernabéu vaya encontrando nuevas sensaciones, las que le da el nueve que mejora a sus compañeros. De todos modos, la artillería pesada funciona porque el Madrid tiene un depredador cuya voracidad intimida a cualquier mito blanco. De Cristiano está todo escrito, salvo que ha sabido reconducir su egoísmo a favor del equipo. Es decir, lo remata todo y si falla un gol después de un hat trick se enrabieta como un niño en el patio de un colegio; no obstante, también ha encontrado ratos de generosidad para complacer a sus colegas de balón: Karim, el primero. Pero el riesgo de tanta ‘cristianomanía’ es que un equipo construido a talegazo limpio dependa de la rodilla de su estrella. Hace años al ‘Kun’ Agüero le dijeron que era medio Atleti o, mejor dicho, el Atlético entero; quizá si un periodista extranjero entrevistase a Cristiano con los números delante, le soltaría el mismo piropo, que en el caso del portugués ya suena a cumplido.

Y mientras Cristiano provoca el éxtasis del Bernabéu y Benzema le hace ojitos a su afición, Gareth Bale sigue trabajando entre bambalinas. Anoche se curró dos asistencias, una con su pata de madera, pero sus acelerones por la banda todavía debe ensayarlos. No controla sus límites y, por eso, le vendría bien un entrenador de velocistas de 100 metros. Bale es un expreso que funcionaría mejor por su banda natural como un híbrido de lateral y extremo. Porque hace más daño con pista por delante que en un ataque pausado que le obliga a arrancar con pocos metros. El día que pula su esprint con balón, y con permiso de Ronaldo, nadie discutirá los 90 millones de su P.V.P.

 

 

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Porteros como antioxidantes

1 Octubre 2014 por Carlos Vanaclocha

“Siempre he creído que Claudio Bravo era el titular”. Palabra de un Hristo Stoichkov que siempre ha desconfiado de las rotaciones. La nueva moda de la portería traicionó al atlético Oblak, cuyo P.V.P de 16 millones le perseguirá en vida, y anoche dejó a Ter Stegen a la altura del betún. Las referencias del alemán eran casi exquisitas: dominio aéreo, aceptable juego de pies y, ante todo, la sobriedad del portero alemán. Sin embargo, sus credenciales se borraron de un plumazo por una salida a por uvas. Stoichkov se preguntaba en COPE por qué cambiar la portería; Diego López y Casillas tampoco lo entendieron la temporada pasada. Aquella decisión poco ortodoxa de Ancelotti ha sido copiada por Simeone y Luis Enrique, aunque dos noches aciagas de Champions han podido dar carpetazo al lío. Queda un Madrid mentiroso, en el que su entrenador aseguró en verano que Iker para Liga y Champions, y Keylor para la Copa. Éste ya se ha fogueado en el Bernabéu a la espera de que a un Segunda ‘B’ le toque el gordo por adelantado o que el capitán nunca más vuelva a recuperar el ‘santo’.

“El Barça se confundió fichando a dos porteros de nivel”. Obviamente, no lo dijo Zubizarreta, responsable de sus fichajes y que vivió una época dorada donde la Copa era el único premio del suplente. En su caso, su sustituto del Dream Team fue el extravagante Carles Busquets, más parecido a un David Barrufet de balonmano que a la sombra del peor Urruticoechea, si es que lo hubo. El testimonio es de Vitor Baia, paradójicamente estrella en su tiempo pero que acabó engullido por sus propios errores en el Camp Nou. Baia recuerda que lo jugó todo durante el año de Bobby Robson, apenas dejando minutos al propio Busquets: “En equipos grandes, el portero necesita partidos para hacerse al equipo. Pero si juegas dos veces y fallas, entonces no vales”. El legendario guardameta portugués tiene claro cómo funciona el negocio de las porterías de élite. Por eso, chirría que Simeone relevara a Moyá después de una exhibición colosal en el Bernabéu y, más desconcertante aún, que Claudio Bravo calentara banquillo sin haber encajado ni un solo gol. “Me hace gracia esta moda porque un portero puede jugar uno, dos o tres partidos por semana”. Conciso y claro, César Sánchez se delata también como cancerbero de otro tiempo. En el Valladolid fue héroe local hasta que el Real Madrid le llamó, pero se encontró la eclosión de un jovencísimo Casillas, que viajaba en cercanías a la antigua Ciudad Deportiva de La Castellana.

César saltó al césped del Bernabéu en el momento que Del Bosque decidió reemplazar a Casillas. Hasta entonces, la Copa le había dado media vida. Bueno, más bien al contrario porque el ‘Centenariazo’ del Depor y el ‘Galacticidio’ de Montjuic ante el Zaragoza se los comió él. Fabio Capello siempre ha sido un entrenador de ideas clásicas e innegociables: le gustan los porteros únicos, y si son altos y de buena envergadura, mejor. Llegó al Madrid por primera vez (1996) con dos  titulares en horas bajas, Buyo y Cañizares; tras unos entrenamientos y unos cuantos vídeos, exigió el fichaje de Bodo Illgner. Por supuesto, el alemán sólo alternó en amistosos. Una década después, Capello estuvo tentando de fichar a Buffon pero no se atrevió a tocar a un Casillas que sostenía medio Madrid.

La rotación de porteros choca con esa folclore que técnicos como Guardiola o Mourinho aún respetan. Pep exprimió al mejor Valdés en las competiciones que le importaban, y Pinto, motivador de vestuario y amigo de Messi, se ganó sus renovaciones tomándose muy en serio la Copa. El portugués siempre fue amante de un solo portero. “En las finales tienes que sacar a tu mejor portero”, respondió Mourinho cuando la prensa madrileña le preguntó si Adán tenía posibilidades de jugar la final de Copa de 2011, tal como iba a hacer Guardiola con Pinto. El puesto de portero, maldito y gratificante a la vez, necesita más rodaje que ninguno. No en vano, siempre es el primero que sale a calentar porque necesita tensar músculos en caso de un acto reflejo o un vuelo puntual de poste a poste. Antes creíamos que un cancerbero que jugaba veinte partidos la había cagado a media temporada, ahora se les intercambia como antioxidantes, o para satisfacer a la secretaria técnica o la grada. Las normas de siempre corrompidas, ¡qué pena!

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Xavi, Giggs…mitos que se sacrifican

29 Septiembre 2014 por Carlos Vanaclocha

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Ryan Giggs pidió consejo a Sir Alex Ferguson sobre una oferta millonaria de Estados Unidos. El Cosmos de Nueva York quería relanzar la fama que le dio Pelé en la década de los setenta y propuso a Giggs, de entonces 36 años, finiquitar su carrera en una liga de fogueo. En el verano de 2010 Giggs ya no era titular indiscutible para Ferguson, pero seguía ejerciendo de consejero espiritual en el vestuario de Old Trafford. “Eres como un mito en este club y la decisión es tuya. Pero si te quedas, seguirás siendo referente”; ésa fue la respuesta textual del técnico escocés, según el Daily Mail.  Giggs ya era todo un veterano de guerra y su frescura no era la misma que la del pipiolo que reclutó Fergie para su bautismo de fuego contra el Everton en marzo de 1991. Aceptara o no la oferta del Cosmos, la afición le seguiría rindiendo pleitesía por sus casi veinte años de incombustible servicio. Su competidor natural, el coreano Park, tenía más velocidad y, sobre todo, rapidez de piernas en aquel inolvidable zigzag que patentó Giggs en la banda de Old Trafford; sin embargo, Ferguson apostilló su charla con el galés  (siempre según el Mail) recordándole que “cerebros como el suyo no los tenía en la plantilla”.

Nunca hemos sabido si aquella conversación motivó a Giggs para seguir renovando año a año con el club de sus amores. Lo que sí comprobó todo el mundo fue la conversión del extremo galés en centrocampista organizador: velocidad por cerebro, la nueva virtud del casi cuarentón. Xavi Hernández ha reconocido delante del micrófono que le bastó una conversación con Luis Enrique para pensárselo dos veces. Catar le había  seducido con petrodólares y Estados Unidos con una liga de genios medio retirados. Incluso, él había mandado sms a su gente anunciando su despedida, pero ofertas insuficientes o la persuasión definitiva de Luis Enrique le retuvieron en Can Barça. En una entrevista reciente con Fiebre Maldini, Xavi reconoció que su nuevo entrenador le da el mismo feeling que Guardiola al principio de su primer año. Callado sin armar follón, Xavi siente que su segunda juventud pasa por competir tanto como decida el técnico. Esta temporada no sentirá las piernas pesadas como si arrastrara grilletes ni se le nublarán las ideas porque, a priori, va a jugar con cuentagotas. De momento, el mito calienta banquillo sin rechistar y, por eso, el barcelonismo le aplaude su sacrificio a la mínima que Luis Enrique le ha colocado en el expositor.

El Barça echó de menos a Xavi en Málaga a pesar de la tozudez de Luis Enrique, del que huelga decir que morirá con sus ideas. Y ese mismo equipo bailó al Granada al son del que ha sido (y lo será por décadas) mejor centrocampista de nuestra historia. Quizá vuelva al banquillo en Paris para ejercer de revulsivo o como mera comparsa, pero el lujo de tenerle en la banda esperando rascar minutos como cualquier canterano se sale del estereotipo de estrella mimada. Bien por Xavi, al que algunos seguidores de ‘La Roja’ le tomen ya por una reliquia. Juegue o no, el cerebro del gran Barça sigue maquinando jugadas por amor propio o al servicio de su majestad: el Barça, su club. “Jugar otra vez noventa minutos. Me quedo con eso”, parece que el capitán se exige a sí mismo muy poco: error. Es el punto de partida de una leyenda reciclada que pelea a contrarreloj contra el mismísimo tiempo. Y al igual que la afición del Manchester United, la azulgrana también entiende de mitos que se sacrifican y no sacrificados con permanentes juicios públicos. Pero eso es otra historia.

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En el mismo sitio y a la misma hora

25 Septiembre 2014 por Carlos Vanaclocha

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En el mismo sitio y a la misma hora. Antoñito Ruiz describió con gracia el enésimo holograma del gol atlético por antonomasia. Ese balón inteligente que centra Koke y remata Miranda en forma de obús en el primer palo, o ese balón inteligente que centra Koke y llega como un imán a la frente de Godín entre varias cabezas enemigas. De córner a córner y tira porque le toca. Cada saque de esquina es una coreografía perfecta en la que todos tienen su rol: rematadores, amortiguadores y un cebo que suele ser Tiago (se coló en el primer palo de Casillas en el Bernabéu y para él fue el premio gordo). “Creo que marcamos catorce o quince goles a balón parado en el año del ‘Doblete”, la memoria de Radomir Antic no es fotográfica pero todavía retiene aquellos goles de Pantic y sus centros calibrados a las testas de Kiko, Penev y Simeone. Una cifra demasiado alta que el plan de Simeone ha hecho trizas en apenas cinco jornadas. El ‘Cholo’ ha guionizado los córners de tal forma que las subidas de Godín y Miranda son como una embestida de bisontes imposible de parar (la manada de búfalos se la adjudicó Valdano a Ronaldo).

El campeón huele raro. A veces ordenador, otras sin concierto. Quizá la ausencia de Simeone detrás de la línea de cal ha desnortado a los jugadores hasta el punto que les falta el tío cañero que les pone las pilas desde la banda. El ‘Cholo’ gesticula, hace aspavientos y salta sobre su silla en los palcos privados; el tigre enjaulado no aguanta más desde la distancia y necesita oler el napalm desde abajo.El ‘Mono’ es carismático, sí, pero no tiene la reacción visceral del ‘Cholo’, cabreado con un mal pase y más enrabietado si uno de sus gladiadores hinca la rodilla. Las sospechas del sábado pasado en el Calderón terminaron en Almería, y el capítulo quinto del tomo II del ‘Ya caerán’ (invención de Rubén Uría) tampoco es válido. Suma y sigue, entre Barça y Real Madrid. La misma película de la Liga pasada. Las crónicas periodísticas son simplonas: gol de córner y a otra cosa. Todos lo saben pero nadie ha averiguado la fórmula exacta de la Coca Cola. Imagino a los entrenadores rivales dibujando mil garabatos en sus pizarras tácticas, visionando una y otra vez los vídeos de los córners del Atleti. Un auténtico calvario que al Madrid le pilló de repente y del que aún sufre efectos psicosomáticos.

¿Y qué le pasa a Gabi? Lideraba la guardia pretoriana de Simeone y de la noche a la mañana se ha quedado fuera de una convocatoria. La coartada de la rotación no es creíble, suena a toque de atención. La afición colchonera no entendió su ausencia en el Mundial, sobre todo después de la debacle. Disfrutó de vacaciones largas y se suponía que llegaría a la pretemporada con un físico descomunal. Pero todo lo contrario: Gabi está agotado, con los mismos síntomas que la peor versión de Xabi Alonso en el Madrid. Si el trajín de partidos de la temporada pasada le ha agarrotado los músculos, ahí está el ‘profe’ Ortega para destensarlos. Su bajonazo se ha precipitado tanto, que no ha podido seguir el vertiginoso ritmo de Simeone. Sólo por su amor propio debe volver a encontrarse a sí mismo. Porque le van los partidos frenéticos y porque su entrenador le eligió a dedo para cambiar la historia del Atleti. 

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De paseo con el lamborghini

21 Septiembre 2014 por Carlos Vanaclocha

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Volvió Ivan Drago al cuadrilátero de Riazor. En un campo maldito hace unas épocas, cuando los derechos de televisión aún no habían triturado para siempre la Liga, el Madrid se puso los guantes del gigante ruso y masacró a golpes a un esparring de peso supermosca, ni siquiera welter. Si los blancos se toman en serio estos entrenamientos, se pueden pegar un buen puñado de orgías en este campeonato. Al fin y al cabo, se trata de que el Madrid se tome en serio a sí mismo. “Cuando nos tocan los…, respondemos a bofetones”, es la reflexión vehemente de una figura de la ‘Quinta del Buitre’ y no es Manolo Sanchís, tan protocolario siempre en sus formas. Es el sentimiento del aficionado merengue, harto de que a su equipo le sacudan más que una esterilla desde la prensa. Una derrota más en Coruña habría desatado la temida palabra crisis que tanto gusta a los periodistas y que tanto vende desde el morbo. Pero el Madrid ya se encuentra en defcon 2 y cualquier resbalón supone medio título para ese Barça de Luis Enrique más abonado a resultados prácticos que a intentar dibujar cuadros del Prado. Otra temporada jugando a remolque, limpiándose esbirros a patadas y puñetazos hasta llegar al jefe de la organización.

La eterna historia del gigante contra los liliputienses no exige sesudas partidas de ajedrez. Apenas importa que el Madrid reconozca un estilo o, al menos, un esqueleto táctico, basta con que Cristiano inaugure la bacanal romana para que el resto se ponga las botas. Todos se apuntan a la fiesta hasta el punto que llegará una goleada en la que Arbeloa pida chutar un penalti para no quedar en mal lugar. Y como hay jugadores con tratamiento de estrella, aunque se les diferencie por los ceros del contrato, quitando al ‘Bicho’ portugués, Bale es quien debe remar a toda pastilla. Solemos contar que CR7 sujeta a la mole blanca sobre su espalda, pero va siendo hora que el portugués dosifique y reparta peso con el galés. La sensación con Bale es la misma de su primer año: un lamborghini recién salido del concesionario que no conviene pisar a fondo. Bale se pone de cero a cien en centésimas de segundo y sólo en contadas ocasiones. Es el capricho del ricachón que lo saca de paseo los domingos soleados.

Más allá del potenciómetro de Bale, el Depor indirectamente descubrió la paradoja de este Madrid: el ‘nueve’ que juega mejor de cualquier número menos de nueve. Ancelotti debería confesar en una rueda de prensa que no necesita ‘nueves’. Del Bosque, Carletto…todos acaban contagiados por el fenómeno Guardiola. Y no es que los blancos jueguen con ‘falso nueve’, es que el suyo, lejos de golear, actúa de samaritano. Así es Benzema cuando no está en el limbo: un futbolista fantástico que se aburre (o no sabe) pegarse con los defensas en el punto de penalti; prefiere salirse del área, pedir el balón y construir la jugada como si fuese un quarterback. Esto funciona si de vez en cuando marca algún gol, porque al fin y al cabo las masas aplauden o critican a los delanteros por una estadística sencilla a la vez que maldita. Casi nadie se acuerda de cuántas asistencias da Benzema cada temporada. 

Pero volvamos a lo de jugar a remolque en la clasificación. Ese jefe de la organización se presume el Barça y no el vigente campeón. Por mucho que Simeone sólo acepte gladiadores en su escuela, tanto cambio se acaba notando. Las estrategias siguen siendo cuasi-perfectas pero de eso no puede vivir. Y eso que el ‘Cholo’ tiene razón: anoche jugaron el mejor partido de las últimas semanas, incluido el plan maestro del Bernabéu. No ganó porque el portero de Celta sacó tentáculos imposibles y Griezmann se fue a la caseta antes que Raúl Jiménez, el mexicano de la discordia. La gente no le conocía cuando le ficharon y ahora que le han podido examinar, las sospechas se agigantan. Huele a uno de esos fichajes pufos de la era Gil, la auténtica. Sin embargo, mientras Godín siga rematando en los córners hasta un microondas, los cronistas no serán malvados. Es increíble la sensación de terror que infunde el Atleti en cada saque de esquina, la misma que sufre Federer cada vez que Nadal está a punto de hacerle un passing.  

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