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El Madrid boxea como Ivan Drago

17 Septiembre 2014 por Carlos Vanaclocha

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Sí pero no. Al Madrid le gusta la música heavy, cuanto más mamporrera mejor. El legado bueno de Mourinho dejó un equipo acostumbrado al fútbol espídico, a un intercambio de puñetazos en el que casi siempre acababa noqueando. Y Ancelotti, a pesar de sus esfuerzos por esa utopía llamada “espectacularidad” (lo anunció a bombo y platilla en su presentación), se ha acabado resignando a ese toma y daca vertiginoso. En modo nostálgico, el Bernabéu no echó de menos a Di María durante la orgía goleadora pero sí a un Von Karajan que pusiera orden y concierto a la sinfonía; parece que la sombra de Xabi Alonso es demasiado alargada. Quizás si el rival no hubiese tenido la ternura del Basilea, más de un jugador estaría sufriendo una lapidación pública. El Madrid golea pero permite que le puedan golear; la defensa es un coladero porque, simplemente, defienden cuatro y algún centrocampista que le da por correr marcha atrás. Seguro que si la ‘BBC’ jugase en el Atlético, Simeone se habría hartado a pegar broncas. Porque los blancos siguen imitando a los equipos de fútbol americano: ataca un bloque y defiende otro compartimento totalmente estanco. De momento, el centro del campo es un oasis por donde no rueda el balón.

En estos partidos donde el equipo apenas importa, es tiempo para el desmelene. Por ejemplo, James Rodríguez, que defendió su precio de mercado y acertó con un taconazo made in Guti (y eso son palabras mayores). Al colombiano se le exige la visión de rayos X que tenía Özil pero con grandes dosis de orgullo personal. Su zurda depurada gustó a una grada que sospecha de su tratamiento galáctico, que no de su coraje. Precisamente, James y Kroos, los nuevos, fueron los que más kilómetros recorrieron según estadísticas UEFA: el primero porque alguien le ha recomendado que correr por todo el campo sobreexcita al Bernabéu; el alemán por necesidad, la de coger la pelota desde atrás y subírsela a los tres cracks que sólo bajaran al barro si hay un Mourinho delante. Y no es por sacar entrelíneas una lectura apocalíptica, pero si Ancelotti no da un puñetazo en la mesa, el transatlántico puede partirse por la mitad como el Titanic. Sólo es cuestión de tiempo encontrar el iceberg si el Madrid no protege sus costillas. Lo comenté en un artículo anterior, este Madrid tiene la pinta de Ivan Drago, el púgil ruso que mató con dos directos a Apollo Creed en Rocky IV pero que sucumbió ante Balboa por falta de fuelle. Conociendo a Ancelotti y su vena italiana, Khedira tiene el camino expedito a la titularidad cuando se recupere de su lesión.

Y, por último, un juego de pizarras. ¿Por qué el técnico no ignora por un día su cargante 4-3-3 y se atreve con tres centrales? Sin riesgo no hay diversión, como dijo Ayrton Senna el año de su fatídico accidente. Ancelotti ha comprobado de mil y una maneras que Bale es un cuchillo en su banda natural y deja de ser cortante en la derecha, donde sus cualidades se deforman. Ésta es la banda de Carvajal, al que le falta pista para subir y bajar en plan Dani Alves en sus mejores tiempos. Los tres centrales evitarían más dolores de cabeza en las jugadas aéreas y marcarían territorio palmo a palmo: Ramos, Pepe y Varane son un experimento de ingeniería futbolística todavía por descubrir. Hace quince años Del Bosque probó con Helguera, Iván Campo y Karanka en una final de Champions y el Madrid ganó la Octava. Tampoco sería un suicidio.

 

 

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Síntomas de ‘Galacticidio’

14 Septiembre 2014 por Carlos Vanaclocha

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Galacticidio. Es la palabra que está desenterrando el madridismo. Una nueva constelación de estrellas que recuerda prematuramente al descomunal batacazo que se pegó el proyecto más faraónico de Florentino Pérez. Hace apenas un mes que Cardiff albergó a la plantilla más compensada de la historia merengue, con un equipo ‘B’ que habría podido incordiar en la mismísima Champions League, y de repente, dos malas ventas (no por dinero sí por importancia) han desguazado a un Madrid tarugo que ni siquiera usa su mejor coartada del contraataque para solucionar líos. Ancelotti insiste en que el sistema no falla….se podría matizar que no sólo falla eso, también las piernas y las ganas de competir. El periodista José Miguélez dio en la diana con un tuit durante el partido: ‘El Atleti compite mejor de lo que juega y el Madrid juega mejor de lo que compite’. No le sobra ni una palabra. Simeone ha conseguido que cada derbi sea para los blancos una visita molesta a la consulta del dentista; y su colega italiano aún no se ha percatado que al Atleti no se le gana sólo con la pegada de un super pesado. Necesita el mono de faena o, más gráfico, los huevos que siempre aplaude el Bernabéu.

Pero los males del Madrid han recuperado el viejo fantasma de Makelele, porque con él ( y por él) comenzó a agitarse la caja de Pandora. El francés, noble escudero de Zidane, reclamó méritos en la planta noble sin suerte alguna: su tratamiento no era ‘galáctico’, más bien de la llamada ‘clase media’ que sostenía al equipo entre bambalinas. La salida de Makelele provocó una colisión en el vestuario porque no había sustituto que supiese enfangarse con su trabajo sucio. Sin embargo, la directiva ni siquiera meditó reponer su ausencia; al contrario, tardó dos años en suplir a Claude con dos tipos sencillamente genios y figuras: Pablo García y Gravesen. La ‘clase media’ se resquebrajó con Makelele y acabó volatilizada con las salidas de Morientes, Mcmanaman y Fernando Hierro. Por primera vez, la afición sospechó de las decisiones del presidente, que había antepuesto intereses comerciales a deportivas en el Real Madrid multinacional, que no club. El once de platino que dirigió Carlos Queiroz fue oxidándose a medida que lo fue exhibiendo por todos lados, fuese en estadios de Champions o campos de Segunda B en las primeras rondas coperas. Era la alineación galáctica más Solari, el banquillero de lujo, y a veces Guti. Normal que Zidane confesara a su compatriota Ludovic Giuly que estaban “agotados” durante el descanso que dio paso al descalabro merengue en los cuartos de final de Mónaco en 2004.

Nadie dudaba que James Rodríguez pertenecía a la jet set del fútbol hasta que se marchó Di María. Al menos, sus credenciales en el Mundial con golazo incluido a Uruguay ilusionaron a la poblada grada que le recibió la tarde de su presentación. Pero un puñado de partidos ha bastado para confirmar que James no es Di María ni se le asoma. James se parece más al jugador que jugó sin pena ni gloria en el Mónaco de la temporada pasada. La gente busca en el colombiano de moda una sombra del ‘Fideo’: un quiebro eléctrico, un amago irreverente o un zurdazo endiablado. Quizás sea cuestión de adaptación y acabe callando bocas, pero su exagerado P.V.P de 80 millones le va a pesar demasiado. Y no es el único que se mueve por el césped con grilletes.

Toni Kroos, por hablar de los nuevos, todavía está buscando el sitio que sí encontró en la Supercopa de Europa y Cristiano siente que por enésima vez él debe sujetar al Madrid como Superman aguanta sobre su espalda un meteorito gigante. Sí, los titulares impresionarán cuando se enchufen a cien mil voltios, pero una mirada de soslayo al banquillo pinta un panorama poco halagüeño. El cambio desesperado de Arbeloa por Varane delató que Ancelotti no tiene más herramientas. Y debería cuidar la de Isco, no vaya a ser que caiga en el limbo con tanto tiempo en el banquillo. Los síntomas del galacticidio vuelven al Bernabéu, aunque esta vez el presidente está a tiempo de cambiarlo. Queda el mercado de invierno…y una mejor preparación física y táctica de arriba abajo. 

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Una bendita decisión

11 Septiembre 2014 por Carlos Vanaclocha

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Diciembre de 1994. Míchel se rompe los ligamentos en Anoeta y al entonces técnico merengue, Jorge Valdano, se le desmonta el puzle táctico. El equipo se queda el resto de la temporada sin los centros del mítico ‘8’ y al presidente, Ramón Mendoza, le entra el enésimo tembleque: sabe que otra Liga más sin premio pondría demasiado nervioso al madridismo. La solución de cajón es cubrir el puesto de Míchel con Rafa Vázquez y el de éste en la izquierda con Amavisca; moviendo estas piezas, la ecuación acabaría con un novato llamado Raúl González Blanco en la delantera junto a Zamorano. Sin embargo, Mendoza fichó a Valdano para aplacar al Dream Team de Cruyff con dosis de buen juego (al menos, más divertido que el estilo lento y telegrafiado de Benito Floro) y, sobre todo, tomar decisiones arriesgadas. Cuatro días después, el entrenador activa el primer plan pos Míchel en el Bernabéu contra el desconocido Odense danés.

El Bernabéu se impacienta porque el Madrid no es capaz de matar la eliminatoria contra un equipo plagado de futbolistas semiprofesionales con oficios de mecánicos y panaderos. Martín Vázquez apenas desdobla por la banda derecha y la grada sospecha que la lesión de Míchel ha maldecido la banda derecha. De repente, un error de Alkorta; a continuación, otro de Nando y el Odense revienta todas las quinielas imaginables. Las reacciones pasionales de Mendoza eran bien conocidas en el mundillo: la prensa empieza a barruntar una posible destitución de Valdano. El Madrid es líder en la Liga empatado a puntos con Deportivo y Zaragoza, pero en el vestuario cala la honda sensación de que la sombra de Míchel es demasiado alargada. Esa misma semana el Madrid vence a un insípido Oviedo pero Martín Vázquez tampoco cuaja. Días después, Valdano habla con Luis Enrique a solas durante un entrenamiento sin aclarar en público el contenido de la conversación. Y el argentino, consciente de que la siguiente alineación contra el Valladolid es la comidilla de los reporteros en la vieja Ciudad Deportiva, prefiere no ensayar con el once titular.

El Madrid viaja a Zorrilla y los periódicos colocan en sus previas a Martín Vázquez en la banda maldita. Es entonces cuando el equipo salta al césped y Luis Enrique se aproxima a la línea de cal…¡de la derecha! Sorpresa a la vista: de lateral izquierdo a extremo derecho. Luis Enrique coge un balón, sortea a un defensa y 0-1. El asturiano desangra a la zaga vallisoletana todo el partido y la herida acaba con un contundente 0-5. Exactamente el mismo resultado que en el clásico del Bernabéu posterior a Navidades. Preguntado en rueda de prensa en pleno fervor por la manita conseguida, Valdano justifica la elección de Luis Enrique como una “bendita decisión. Casi lo mejor que hemos hecho desde que llegamos al club”.

Sami Khedira ha trastocado los planes de Ancelotti hasta un límite insospechado. El que marca la fatalidad de haber perdido a Xabi Alonso en un pispás; de volver a ver a Khedira postrado en una camilla y, sobre todo, de sospechar de Illarramendi, todavía hecho un flan para partidos de alta alcurnia como el derbi del sábado. Durante estos días han salido alternativas estrambóticas: Varane en una especie de ‘trivote’, Bale en el centro del campo con Modric y Kroos…todo un mar de dudas que convierten a la que hace dos semanas era la plantilla más compensada de la historia en un once dibujado con mil garabatos. En estos momentos el técnico blanco todavía estará meditando su decisión bendita. La lógica apunta a Illarramendi, el miedo a Varane y el riesgo a Bale. Valdano también se devanó los sesos y acabó acertando con la suya. 

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Fernando Llorente: repudiado sin razón

7 Septiembre 2014 por Carlos Vanaclocha

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Y de repente, Munir El Haddadi. El casting de delanteros no había contemplado a este jovencísimo delantero que en junio de 2010 probaba suerte en el Rayo Majadahonda madrileño mientras la selección española subía al olimpo mundialista en Sudáfrica. Una decisión polémica porque Diego Costa, lesionado, había dado la vuelta al resto de cromos, empezando por Fernando Llorente y seguido de Negredo, Fernando Torres y, a una distancia casi sideral, Soldado. Por descarte fácil, Negredo se está recuperando de un dedo roto; Torres aún no se ha vestido de largo en Milan y Soldado casi no huele ni banquillo en el Tottenham. Queda Llorente, cuyo entorno no entiende la última decisión de Del Bosque. Ni su gente ni la prensa italiana, especialmente la turinesa, que sigue alucinada por la ausencia de la tanqueta bianconera. “Fernando es el tipo de delantero que siempre hemos perseguido: dueño del espacio aéreo y sutil con la bota”, no es una opinión gratuita, procede ni mas ni menos que de Pavel Nedved, una de las pocas voces autorizadas que tiene la Juve. La declaración de la leyenda checa quizá sea una de las mejores credenciales de Fernando, aunque el seleccionador español quiera ignorarlo.

La nueva España cambia peones pero no la estrategia para comer al rey. Las modas del ‘falso nueve’ derivaron sin éxito en buscar espacios a Diego Costa, y hasta que el flamante goleador del Chelsea se encuentre a sí mismo, Del Bosque ni siquiera ha meditado meter al típico delantero centro como solución airosa. Si muere con sus ideas, le criticaremos que no haya usado el benigno grupo de clasificación como banco de pruebas experimental; en cambio, si lleva a otro rematador, entonces la polémica con Llorente será interpretada como algo personal. Los méritos del riojano en su primera aventura italiana dejaron un botín de dieciséis goles, una cifra muy respetable en el Calcio y más lidiando con un miura como el ‘Apache’ Tévez. El ex técnico Antonio Conte entendió la utilidad de Fernando la misma tarde que debutó de titular contra el Hellas Verona con un cabezazo perfecto: “Fernando es el tipo de delantero que siempre hemos perseguido: dueño del espacio aéreo y sutil con la bota”. Su adaptación al fútbol metalizado de Italia ha convencido a una Juventus que esta temporada no tendrá ningún reparo en meter balones a la olla…balones, microondas e incluso un yunque si procede. Ahí estará Llorente para rematarlo todo. No opinan lo mismo en esta nueva ‘Roja’, en la que centrar un balón al punto de penalti también se considera casi un sacrilegio.

Reescribo una anécdota de un artículo anterior que delata el valor del gol en el Calcio. Fabio Capello llegó a comentar a la prensa romana que Gabriel Batistuta “no era el mejor delantero en Italia porque hubiese ganado títulos, ni siquiera porque fuese ídolo de la albiceleste. No, “Batigol era el mejor porque había logrado marcar veinte goles cada año en la liga más complicada del mundo”. A los delanteros del Calcio se les venera por su letalidad; y si son italianos y artísticos como Roberto Baggio, entonces pueden ser canonizados. Y en un campeonato tan encorsetado, donde los entrenadores maquinan tácticas férreas y los tifosi se contentan con cualquier victoria por pírrica y soporífera que sea, el rol de delantero se cotiza demasiado caro. Que se lo pregunten a Edinson Cavani, cuya orgía goleadora en Nápoles (29 goles en su último Calcio) le costó al París Saint Germain la disparatada cifra de 64 millones de euros. El P.V.P. de Llorente también va engordando partido a partido; lástima que en su país no cuaje. ¿Sucedió algo extraño en la pasada Eurocopa de Polonia y Ucrania, donde Llorente fue convocado sin gozar de ni un solo segundo? El runrún de la calle aumenta cada vez que no va a la selección sin motivo concreto. Claro que si Del Bosque dice a las claras que Munir es una estrategia geopolítica, entonces congelaremos la polémica hasta la siguiente convocatoria. 

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La imagen

4 Septiembre 2014 por Carlos Vanaclocha

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A Juan José Millás le gusta desentrañar el lado oculto de las cosas escudriñando fotografías en El País Semanal.  Con su pluma ácida, intenta (o no) convencer al lector de cuál sería, a su modo, un mundo mejor. Por eso, en homenaje a su estilo a veces irónico y siempre agresivo, la imagen del selecto cónclave de entrenadores reunido en Nyon esta semana delata por sí mismo a cada personaje. Al más enrollado se le detecta a la legua: Jurgen Klopp nunca oculta esa sonrisa picarona de Joker, medio sarcástica medio vacilona. Disfruta del balón desde la banda del Westfalenstadion tanto como lo hacía con la pizarra magnética de la televisión alemana explicando tácticas que ningún telespectador veía en el Mundial de Sudáfrica. Debajo de él se sienta el padrino del tinglado, Sir Alex Ferguson, que seguirá acudiendo a estas reuniones para justificar su jubilación. Quizá Klopp se pregunte por qué no fue el elegido para el banquillo con más solera de Europa, aunque es más probable (sólo por la rumorología mentirosa del mercado) que mire de reojo al novato que está pegado a Guardiola.

Klopp sonó en las quinielas del Barça, que no de Zubizarreta, pero Luis Enrique es un tipo de la casa, no de La Masía sino proscrito del madridismo. Su resquemor hacia la falta de palabra de Lorenzo Sanz le ayudó a amar rápido a su nuevo club; era de cajón que tarde o temprano lo acabaría entrenando. Y como buen conocedor de la idiosincrasia culé, debía rendir pleitesía al tótem 2.0 de Can Barça; el indiscutible es Cruyff, por supuesto. Luis Enrique se acaba de sentar en la mesa de los aristócratas, aunque deja caer por sus zapatillas que su estereotipo runner y triatleta nada tiene que ver con las siluetas ensanchadas de colegas como Ancelotti o Rafa Benítez. Como los grandes generales norteamericanos, Carletto y Mister Rafa apenas tienen espacio en la solapa para más medallas; han pisado los estadios de toda Europa y el gremio les habla desde un respeto reverencial. Pueden hablar de vinos gran reserva porque ellos los han creado; Luis Enrique, en cambio, todavía no ha pasado la fase de la vendimia. Por lo visto, Herr Pep le ha servido de consigliere. Sigue siendo único y genuino por su éxito meteórico y esas ideas vanguardistas que otros de la foto aún no entienden. Descubrir una conversación táctica entre Guardiola y los otros invitados sería digno del Pulitzer; no obstante, lean Herr Pep (de ahí el apodo) de Martí Perarnau y entenderán su obsesión tremebunda por el estilo.

Míchel también es de los últimos invitados y por eso se coloca en un extremo, para no molestar. Conociéndole, seguro que ha ido más de oyente que de ponente. Emigró a Atenas para encontrar el reconocimiento que le negó España y cada año construye un Olympiacos nuevo con un puñado de euros. Su meta se parece a la original de Simeone, el gran ausente: incordiar a las grandes moles de Europa como una mosca cojonera. Y cuanto más dé la vara en la Champions, mayor será el botín en un banquillo futuro. En el otro extremo, un zorro viejo en este foro. Wenger prefiere aproximarse a Guardiola que a Ancelotti porque lo suyo es mimar el balón hasta descoserlo y fabricar promesas en cadena. El fútbol base es la génesis del Arsenal y, por eso, no habrá perdido la ocasión de susurrar a Platini que más cantera y menos cartera (a pesar de que los gunners presuman de talonario).

Unai Emery tiene pinta de vendedor en la foto; de vendedor de ideas, precisamente. Su gesto es el de un tipo agradecido por la invitación para que le tomen en serio. Y aunque la Europa League no es ninguna broma, los jerifaltes sólo piensan en  modo Champions. Emery huele a revelación, como lo fue André Villas-Boas en el Oporto. No obstante, al ex amigo de Mourinho le quedó demasiado grande el Chelsea y ésa es la sensación que planea sobre Emery. Revelación también lo fue Manuel Pellegrini cuando Riquelme estuvo a punto de meter al Villarreal en la final de las finales. Su carácter discreto le aleja de las bullas, de ahí que no lo moleste en la pose. Quizá si respondiera a la permanente guerra dialéctica de Mourinho, los periodistas ávidos de morbo dejarían de llamarle el ingeniero de caminos.

 

 

 

 

 

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Raúl también pegó “cuatro gritos”

1 Septiembre 2014 por Carlos Vanaclocha

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Octubre de 2001. Raúl González aparece por la zona mixta del estadio Insular de Las Palmas para justificar lo injustificable: “Tenemos que ser conscientes del escudo que llevamos. No puede volver a suceder esto”. A continuación, un periodista escupe la tan ansiada pregunta: “¿Crisis?”…”Para nada, Esto se resuelve hablándolo en el vestuario y, si hace falta, gritándonos”. El Madrid acababa de recibir cuatro bofetones de Las Palmas y la prensa ya no cuestionaba la presencia de Zidane en aquel ridículo debate sobre si el francés empeoraba el juego del equipo. Vicente Del Bosque no acertaba con un once tipo y los reporteros que cubrían la actualidad merengue sospechaban que el equipo se despistaba por falta de entrenamiento y, sobre todo, actitud, esa palabra que desangra al Madrid cuando corre como la pólvora entre el público.  Caprichos del fútbol, Casillas participó en el desastre pero las críticas no le ametrallaron a él en ese preciso momento: tardó varios meses más en perder la titularidad en favor de César por un aparente bajón de forma. Aquella noche Casillas ignoró los micrófonos porque, sencillamente, no era su responsabilidad dar la cara ante el madridismo.

Ayer sí salió a la palestra el capitán que anhelaba el club. La estrepitosa actuación del Madrid galáctico 2.0 (qué daño hizo ese apodo, según Raúl) ha convulsionado las ilusiones de una afición que presumía de la mejor plantilla de la historia, en el estricto sentido de la expresión. El presidente sabe cómo ganarse a las masas en la arena del circo y, por eso, necesita más cromos que sobreexciten a la gente. Falcao era la última estrella en el desfile de la alfombra roja, pero Florentino Pérez no quiere ampliar el vestuario con más egos. Hoy mas que nunca, las puestas de largo de Kroos y James quedaron en el olvido cuando el club decidió tullir al equipo con las ventas de Di María y Xabi Alonso. Pero “por dinero no va a ser”, como dijo el ex presidente efímero Fernando Martín, el célebre ‘Martinsa’. Anoeta contempló el desequilibrio monumental de un equipo que jugó como uno de fútbol americano: el ataque por un lado y la defensa por otro en departamentos estancos.

Falta un nuevo Makelele que se embarre con el trabajo sucio; Xabi lo hacía con elegancia y Khedira acabará siendo el elegido porque Ancelotti, ante todo, tiene sangre italiana y sólo entiende el espectáculo a partir de una defensa acorazada a prueba de balas. La de ayer fue más blandengue que la mantequilla y no sólo porque Ramos y Pepe no sacasen sus respectivas trilladoras: las jugadas a balón parado se entrenan hasta la saciedad y no parece que los madridistas se hayan esmerado mucho en practicarlas. Más bien, parecían cuatro jugadores que se juntan en el homenaje de algún compañero o en aquellos ‘Partidos contra la Droga’ en los que se marcaba una docena de goles. Si la Real Sociedad clavó cuatro después de ser fulminada en la Europa League tres días antes, qué no hará la apisonadora que ha construido (mejor dicho, comprado) Mourinho o el City de Agüero y el inminente Falcao.

Pero volvamos a Casillas. Ha perdido el santo que le sacaba manos prodigiosas donde nadie más llegaba y cada gol o mala salida se compara de reojo (o descaradamente) con lo que hace Diego López. Mal día para dejar de fumar, entonces: López detuvo un penalti en Milán como un felino instantes antes de que empezara el sainete blanco de la defensa. A Iker le urge un puñado de partidos que evoquen esos que Ronaldo el ‘gordito’ y él solventaban durante la época galáctica. Hasta que lleguen, el público seguirá murmurando si el portero pudo o no hacer algo más en cada gol. Sin embargo, tampoco es plan de debatir la génesis de este Madrid: no estuvo Cristiano Ronaldo, que seguirá siendo medio o casi todo el Madrid un año más. Y si Casillas cree que la caja de Pandora se cierra con pegar cuatro gritos en el vestuario, esperaremos acontecimientos. Raúl lo creyó y su Madrid acabó ganando la Novena.

 

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De Rocky a Ivan Drago

28 Agosto 2014 por Carlos Vanaclocha

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“Khedira va a terminar jugando y renovando”. Son las palabras de Thorsten Merch, compañero del diario Bild Zeitung, instantes después de que La Sexta Deportes anunciará el bombazo de Xabi Alonso. Una reflexión perspicaz que soluciona (a medias) los achaques de columna que venía sufriendo el Madrid. El donostiarra, experto sumiller en catar bueno vinos, intuía que esta añada venía peleona, con un fulgurante y joven Toni Kroos delante y en un boceto tan predilecto para Ancelotti como el 4-3-3. De repente, el “regalo de Navidad” con el que el Madrid obsequió al entrenador se ha ido por el desagüe; Xabi había renovado dos temporadas más perfilando su plan de jubilación Madrid. Y seguir jugando en el Bernabéu dependía de no gripar su motor diesel, lo sabía él y así lo entendió Carletto. Casualidades de la vida, los dos arquitectos de la selección española se sienten trastos viejos en sus respectivos equipos: Xavi Hernández ha aceptado resignado su nuevo rol en el banquillo (ninguna oferta acabó prosperando), mientras que Xabi se dio cuenta en la Supercopa de España que Kroos, Modric y él, lejos de complementarse, se embarullan en un cajón desastre.

A Martí Perarnau, filólogo del ‘guardiolismo’, no le sorprendió la primicia de La Sexta. Tan cercano a Pep, había escuchado cantos de sirena hacía tiempo. No en vano, Xabi es la versión 2.0 de aquel Guardiola del Dream Team y, aunque se haya erigido junto a Arbeloa en la guardia pretoriana de Mourinho, comulga con la tesis de la posesión exagerada. Guardiola es el Spielberg del que esperaba una llamada para involucrarse en una superproducción, porque su modo de ver este negocio no coincide con el de Florentino Pérez, siempre ansioso por presentar nuevos cromos a la grada. El caché de Kroos se había disparado exponencialmente con el Mundial, mientras que la sanción de Lisboa y el calamitoso papel de España en Brasil habían quitado a Xabi de los créditos principales. En una temporada con tantos títulos por medio, Ancelotti necesitaba fondo de armario para intercambiar rápido la ropa de invierno con la de verano: sustituir peones entre Champions y Liga, y partir de diciembre Copa y Liga, para que nadie del vestuario esbozase aquello que Zidane susurró al oído de su compatriota Ludovic Giuly en aquel Monaco-Real Madrid de comienzos del galacticidio: “Estamos agotados”.

El Madrid de Queiroz fue un desfile made in Hollywwod de galácticos desde la portería (Casillas) hasta la delantera (Ronaldo), pero el proyecto faraónico del presidente comenzó a resquebrajarse desde un banquillo precario, con Solari y Guti como únicas alternativas, y el apocalíptico adiós de Makelele (su salida desató las siete plagas de Egipto). Las comparaciones de aquel Madrid con la actual constelación de estrellas tenían un matiz diferente: el club le había construido a Ancelotti la plantilla más compensada quizás de toda la historia merengue, con un equipo B capaz de pelear en la mismísima Champions League. Sin embargo, la efervescencia de la Supercopa de Cardiff ha desaparecido en un puñado de días: lo que han tardado Di María y Xabi en desguazar el equipo. Al argentino le han pesado los billetes y a Xabi el orgullo propio. Su estatus quo no le permitía ejercer de comparsa sólo para relevar a gente fatigada. No, él se siente comandante en jefe y Guardiola le ha convencido de que mantendrá los galones en el intento de asalto a Europa.

Xabi es el fichaje perfecto para reemplazar a un Schweinsteiger que acabó el Mundial más tiesto que la mojama. Además, su condición de ancla del equipo es la solución al afán de experimentar que le suele dar a Guardiola; es decir, que si no hubiera elegido a Xabi, el marrón de sostener a peso al equipo le habría tocado al polifacético Philipp Lahm, puesto que Javi Martínez jugará sí o sí de central el próximo año, cuando se recupere de la triada. Xabi ha elegido bien y el Madrid vuelve a perder empaque: la mole compacta que aparentaba este verano empieza a descubrirse puntos débiles. Ya no es ese Rocky Balboa IV rocoso e imposible de noquear, ahora se asemeja más al ruso Ivan Drago, letal en su pegada pero frágil de costillas. Y ya sabemos cómo acabó el combate de la URSS.

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Una bendita pesadilla

26 Agosto 2014 por Carlos Vanaclocha

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Problemas en la sala de máquinas. Ancelotti ha pintarrajeado toda su pizarra y la única conclusión es que necesita tiempo para solucionar el galimatías táctico que atasca al Madrid. En vez de rodar el balón, el tráfico del centro del campo parecía la escena final del show de Benny Hill en la que todos corrían detrás de todos. Modric y James no se enteraron de la película y si el Bernabéu quiere ver a ese colombiano que se puso de moda en Brasil, tiene que engancharse con la ‘BBC’. Recuerdo que Fabio Capello, en su primer año de 1996, colocó a Raúl González en la izquierda, lejos del punto de penalti donde olfateaba el gol; claro que Raúl era Raúl y habría funcionado hasta de lateral. Después de muchos años criticando que el Madrid no mimaba las bandas, quizás desde que se retiró Roberto Carlos, anoche no encontró soluciones en el mogollón, donde suele diseccionar al rival.

Un caos táctico aderezado con una falta de ganas exagerada. El Córdoba presentó ilusión y una hoja de ruta muy trabajada, pero seguramente no esperaba que la mole merengue tuviera las vértebras fracturadas. Al ‘Chapi’ Ferrer le gusta tocar la pelota y evitar rifarla si es necesario, se nota que mamó la escuela cruyffista. Curiosamente, al primer toque (como le gustaba jugar a Cruyff) Benzema marcó un gol que fastidia al representante Jorge Mendes, quien ya se frotaba las manos con un negocio exprés por Falcao. El francés salió del limbo un instante decisivo y volvió a sumirse en un estado melancólico que irrita a la grada. Benzema es un delantero especial que, lejos de intentar clavar la bandera en el área, prefiere arrimarse a una banda para construir jugadas: le grada le aceptará o no, pero no exigirle que cambie. Y más, después de cinco años.

El público ve a la legua que su Madrid se divierte más contraatacando. No en vano, una de las zanahorias que se llevó Mourinho durante todo su serial de palos fueron esos ciento y pico goles de la segunda Liga. Bale y Cristiano suspiran aliviados cuando tienen delante autovías de cincuenta o sesenta metros. Su condición de velociraptores no termina de cuajar en esa idea de fútbol-control de Ancelotti. Tampoco lo habría conseguido el jugador que últimamente metía a los partidos cien vatios extras, pero eso ya es un imposible porque Di María estuvo pasando el reconocimiento médico en Manchester a las dos de la pasada madrugada. Si la propuesta del técnico es usar a Toni Kroos como mando de control remoto, a Modric tiene que programarle para una misión específica: o airear la pelota o contener atrás. De momento, se ha diluido demasiado respecto al final de temporada. “Es una bendita pesadilla”, dijo Manolo Lama durante la retransmisión del pestiño que anestesió al Bernabéu. Aclarar el dibujo de la medular hará de Ancelotti un entrenador más fiable o más sospechoso porque todos le mirarán a él. Quizá si Zidane se volviese a vestir de corto….

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La consulta del dentista

23 Agosto 2014 por Carlos Vanaclocha

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El Madrid pasó por la “consulta del dentista”. No es la misma de Joaquín Caparrós en Barcelona, donde el año pasado le hicieron hasta siete empastes, pero sí otra que anestesia el dolor de muelas. Porque eso es el Atleti de Simeone, una mosca cojonera que incordia hasta la desesperación. Allí donde cogía el balón un madridista, había tres rojiblancos; una trampa tras otra en un campo minado de portería a portería. Al ‘Cholo’ le han desguazado el equipo y ha ido comprando piezas de recambio con el dinero del Chelsea. Y desde que el argentino aterrizó como sustituto improvisado de aquel proyecto etéreo de Goyo Manzano, el Madrid siente la fobia de Federer cuando tiene delante a Rafa Nadal. Entendido, los merengues seguirán martilleando con la final de Lisboa, pero el Atlético dejó de vivir encerrado en el trastero, merece un ático y, además, se lo puede comprar. A estas alturas, el discurso plañidero de Simeone quizá cuele entre sus seguidores, pero no para el resto: a pesar de los abusos presupuestarios, dejó el peso welter engordando músculo y pelea en las grandes veladas de súper pesado contra Madrid y Barça.

El capitán Gabi comentó en pretemporada que la gente comprometida se ha quedado en el club. El mito de Koke comenzó cuando el Calderón vio en él un futbolista distinto en el sistema robotizado de Simeone. Fabricado en el Cerro del Espino, le echa huevos (axioma indiscutible del ‘cholismo’) y tiene buena bota. Su negativa a fichar por el Barcelona en verano confirmó su condición de ídolo de masas; un nuevo Fernando Torres que, afortunadamente y a diferencia del ‘Niño’, no ha muerto en la orilla. Torres se hartó del club de sus amores la noche que el Barça le estampó en su cara la cruda realidad: aquel 0-6 evidenció que no ganaría títulos de rojiblanco. En cambio, Koke ha arramblado con toda clase de copas responsabilizándose de la especialidad que nadie quería o sabía manejar: la creatividad. Y si viene Marco Reus (se acercan las horas decisivas), a Simeone se le acabaría la excusa de usar la brocha y no el pincel. Sin duda, sería el fichaje, como lo fueron Futre, Schuster y Christian Vieri.

Está el mito y, luego, el currante de Mandzukic. De clase media alta, exprimió su caché en la pasada Eurocopa de Polonia y Ucrania. Jupp Heynckes convenció al Bayern Munich para ficharle como delantero tanque tan típico de la Bundesliga y Guardiola le intentó comer la cabeza como falso nueve. Pero el croata no entendió el galimatías táctico de Pep y prefirió marcharse a cualquier otro equipo que centrase balones al área. El Atleti es uno de ellos y le está dando licencia para matar con una sola condición: que mire de reojo atrás y no se canse de pelear. Como un boya de waterpolo, se codea con los defensas como Diego Costa y tiene talento para hacer la guerra por su cuenta. Mientras marque goles, no habrá quejas. Paco González lo expresó a la perfección anoche, “Mandzukic ha caído de pie en el Calderón”; entiende las tesis ‘cholistas’ y las defiende a ultranza. Lejos del prototipo elegante de Davor Suker, el nuevo fichaje rojiblanco olfatea la pelota por todo el campo y maneja el abecedario del buen delantero: remate y desmarque. Falcao cabeceaba yunques, Costa golpeaba los contraataques y veremos cómo taladra Mandzukic. De momento, tiene gol, que no es poco.  

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Derbi de argamasa y amasijos de hierro

20 Agosto 2014 por Carlos Vanaclocha

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A Jürgen Klopp le desmontan su Borussia Dortmund cada año y sigue siendo un dolor de muelas. Su filosofía no es el partido a partido tan repetitivo de Simeone, cuyo segundo entrenador, el ‘mono’ Burgos, se encargó de recordar anoche a los telespectadores. No, Klopp cambia de peones (bastante baratos, por cierto) pero mantiene la idea de rodar el balón cuanto más rápido mejor. El ‘Cholo’ también ha asumido que el Atleti es una empresa de compraventa de futbolistas y, más importante, el casting más fiable del que se nutren las grandes moles europeas. Sin embargo, a pesar de la exportación de estrellas y como le pasa al Dortmund, los rojiblancos incordian allá donde juegan, sea en el trofeo Ramón de Carranza o en el mismísimo Bernabéu, al que le han pillado el gustillo. Simeone es cabezón: juega a morder la yugular, a chupar la sangre del contrario como un vampiro. Y para ello, cambian los personajes pero se mantiene el músculo. La esencia es innegociable, justo lo que debe buscar Ancelotti, todavía ahogado en un mar de incertidumbre: dominar el balón o machacar a mamporros.

El nuevo Madrid quiere controlar el fútbol, aunque le sigue tirando la inercia del contraataque made in Mourinho. Provoca relámpagos en ataque con apenas un puñado de pases, pero ahora el problema se ha detectado en la ‘sala de máquinas’, como le gusta decir al narrador Sixto Miguel Serrano. El ocurrente, que no elocuente, trivote formado por Kroos, Modric y Xabi Alonso se obturó por las tuberías de los dos últimos. Al alemán se le ve suelto y, por eso, el partido pedía que él siempre cogiese la pelota. En contraste, a Xabi se le ve cansado, sin la mente clara para interpretar su orquesta sinfónica, mientras que Modric sufre el mal de Sansón: no es el mismo desde que se cortó el pelo justo después de la final de Lisboa, ¿casualidad? Ancelotti tiene que aclararles su hoja de ruta porque desde la grada da la sensación que los tres centrocampistas traspapelan sus funciones: todos hacen lo mismo o lo que no deben.

Quienes lo tienen claro son los colchoneros. Mandzukic ha encajado como un molde en ese rol de delantero tanqueta o boya de waterpolo que se pelea con toda la defensa; en cuanto abra la lata, recibirá el guiño de su entrenador. Los que están en segundo curso de Simeone y repitiendo son su guardia pretoriana: Koke, Gabi, Mario Suárez y el novato Saúl han sido fabricados artesanalmente por su míster argentino. Se entienden, quizá por pertenecer a la misma escuela del Cerro del Espino (de la que habrá que investigar su génesis) y darán que hablar, vaya que si lo harán. Tienen buen pie y sudan como Raúl García, el soldado perfecto del ‘Cholo’. Paradójicamente, en 2005 el Real Madrid sondeó el fichaje del ex jugador de Osasuna, pero por aptitudes más estéticas y, a tenor de lo visto, menos eficientes de las que presta en el Atlético.

La velada continuará el viernes con un Madrid rabioso que lo último que necesita es otro regodeo del vecino, que no hace demasiado tiempo era el hermano pequeño e inocente que recibía collejas del blanco abusón. Y la estrategia de Simeone con la ventaja del empate a uno debería ser sencilla: meter argamasa en la defensa y hasta amasijos de hierro si hace falta. Porque ellos no necesitan un contraataque, les vale un solo corner en el que Godín remata con la cabeza hasta un microondas. Vamos, como Falcao antes de que le pudiera la codicia. Pero ¡cuidado!, que en esas de repente puede aparecer un obús de Bale o una jugada de tres rebotes de la que se aproveche el pícaro James Rodríguez a lo Raúl González. Claro que de un tipo de 75 millones se esperan zurdazos a la red como el del Mundial o recortes escurridizos en un metro cuadrado. No obstante, para esto último está Di María, no sabemos por cuánto tiempo aunque si fuera por la ovación del Bernabéu, un año más seguro. Venderle huele a cagada de proporciones bíblicas. Y si pide ocho millones en el contrato, Florentino debería ser flexible. El caso Makelele le jugó una mala pasada por las devastadoras consecuencias que arrastró. Y el presidente no quiere repetir aquel error de proporciones bíblicas.

 

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