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“Tanto vídeo, tanta mierda y para nada”

28 Agosto 2015 por Carlos Vanaclocha

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“Quédense con un nombre: George Weah. La puede armar”. Benito Floro advirtió hasta diez veces a su vestuario de la amenaza desconocida. Ni un solo jugador de la primera plantilla había oído hablar del fenómeno que se agigantaba en el país vecino. Incluso, hubo un periódico español que entrevistó a Rappel para dar la exclusiva: ¿quién ganaría esa morbosa semifinal: Real Madrid o Juventus? “Es el año del Madrid”, profetizó el vidente. Poco importaba que los blancos tuvieran que lidiar en cuartos contra el desconocido Paris Saint Germain de Artur Jorge. Uno de los ojeadores del Madrid trajo una pila de vídeos a la vieja ciudad deportiva de La Castellana y comentó a Floro con cierta preocupación las dos trampas del enemigo anónimo. “Arriba juega un liberiano que podría esprintar los 100 metros y en la banda izquierda un malabarista del balón”. El entrenador merengue se quedó con la copla y, junto a su cuerpo técnico, consumió largas tardes en un cine para diseccionar a la presa. Manolo Sanchís sólo necesitó medio minuto de una cinta para enterarse de que iba a bailar con la más fea. George Weah corría con una zancada descomunal y en un contraataque podía desnudar al entonces capitán. Entre Ramis y él debían contener al delantero africano, atándole en corto y aplicando la mítica frase de otro ilustre central, Spasic: “Conmigo pasa el jugador o el balón pero nunca los dos”. A Nando, que jugaría de lateral derecho, le tocaba el otro marrón: frenar a un extremo espigado llamado David Ginola que mareaba el balón hasta descoser las costuras.

El miedo escénico de Valdano empequeñeció al PSG en el Bernabéu. Sanchís aprendió al dedillo sus deberes y, aplicando el manual de buen central, desesperó a un Weah que, a su vez, desesperó al árbitro con tanta queja. “Agarrarle la camiseta, incordiarle, tocarle las…pero no en modo literal”, el ex madridista todavía recuerda su marcaje piel a piel con el liberiano. Recuperando fragmentos del partido, Sanchís imitó a aquel Chendo que secó a Maradona en la semifinal Madrid-Nápoles del 88. Los que suspendieron fueron Ramis y Nando, incapaces de robarle la pelota a Ginola. Afortunadamente, el centro del campo parisino se cortocircuitó antes de que el extremo desplegase el Circo Del Sol entre sus piernas. Bernard Lama, el portero de pantalones largos, detuvo tres y encajó otros tres. Fue el mejor de los suyos y, al acabar el partido, espetó en un corrillo de periodistas que ahora les tocaba jugar en “su Bernabéu”. ¿Hablaba en serio? Las carcajadas de los reporteros apuntaron a vacilada. Nadie intuía la emboscada que se preparaba en El Parque de los Príncipes. El 3-1 de la ida había relajado tanto al Madrid que, incluso, el presidente Ramón Mendoza insinuó a los familiares de sus directivos que acudiría a la elitista tienda Hermés de París para ir de punta en blanco al palco presidencial. Nunca se llegó a contrastar la información.

La caldera parisina no bulló hasta que Weah colocó un cabezazo suicida en la escuadra de Buyo. La bronca entre Ramis y Nando alcanzó proporciones bíblicas hasta que Míchel, agazapado en el primer palo por donde el balón entró como un mísil, puso la paz. El Madrid espabiló con un Bam Bam Zamorano muy espídico ante las paradas felinas de Lama. Fue entonces cuando llegó el fatídico minuto 80: la defensa blanca achicaba cualquier fuga de agua hasta que Ginola cazó un trallazo que rompió la red. El estadio, los Campos Elíseos y la Torre Eiffel patas arriba en una noche histórica en París. El Madrid se desangró con un tercer gol; Zamorano lo sacó de la U.V.I casi en el descuento y otro cabezazo mortal del PSG volatilizó al equipo español. Artur Jorge había obrado el milagro y el Madrid perdió porque ni un solo futbolista repitió las chuletas personalizadas preparadas por el cuerpo técnico. “Tanto vídeo, tanta mierda, y para nada”, soltó Benito Floro en el avión de vuelta. “Al menos hemos puesto en órbita a estos parisinos, míster”. Sólo Míchel (siempre él) se atrevió a soltar la gracia.

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Buscando a Van Nistelrooy

24 Agosto 2015 por Carlos Vanaclocha

Tony Stark tiene demasiado trabajo con su proyecto Iron Man. El traje no está preparado para volar y ni siquiera dispara con la potencia necesaria para intimidar a sus enemigos. “Cuestión de calibración”, le fanfarronea Stark a J.A.R.V.I.S, su ordenador de inteligencia artificial. Rafa Benítez le ha comentado a su cuerpo técnico que el gol llegará más temprano que tarde, cuando las kalashnikov afinen la mirilla. El problema todavía no es psicosomático, basta que el mister saque una docena de balones en un entrenamiento y ponga a sus delanteros a acribillar la portería. En el trofeo Bernabéu las ocasiones fueron clamorosas; en Gijón al portero Cuéllar no le hicieron internacional pero casi. El Madrid quizá sea el equipo que merodea el área con más facilidad, pasmosa en su caso: basta un tomahawk de Cristiano Ronaldo para despertar a la bestia. El Sporting peleó por mantener anestesiado al gigante hasta que la cuenta atrás del partido obligó a los blancos a acelerar sus deberes. Son esos minutos decisivos los que evidencian que una noche aciaga la puede solucionar un nueve puro, de esos que se dejan la cabeza para rematar un microondas, si hace falta. Y el galimatías táctico que aún no ha aclarado Benítez invita a pensar en un sacrificio de CR7. Manu Carreño se preguntaba anoche en Tiempo de Juego por qué un futbolista que genera cuarenta o cincuenta goles desde la banda izquierda, tiene que comerse el marrón del delantero centro. Ésa es la génesis del problema: que nadie del vestuario excepto Jesé quiere enjaularse en el punto de penalti, cuando ser rematador ha sido desde siempre el mayor privilegio de este deporte.

La condición atlética de Cristiano le convierten en el candidato ideal para cubrir una laguna cada vez más oceánica (5 de 9 partidos sin hacer diana). Su salto de Bam Bam Zamorano y esa pegada ambidiestra brutal cazaría cualquier balón que pulule por el área. Mister Rafa tiene una ocasión única para resetear el don de su estrella, ¿pero querrá éste? De repente, la preocupación trasciende del un dibujo táctico que todos entiendan; pronto vendrá a escena el domador de egos. Bale falló en la derecha, como de costumbre, aunque dejó de ser inerte los ratos que cambió a su hábitat natural. El fútbol moderno ha borrado de un plumazo a los extremos, pero el galés camparía a sus anchas por la autopista izquierda, poniendo unos centros que el Bernabéu no experimenta desde la jubilación de Míchel. Entonces, volvería la pescadilla que se muerde la cola: quién sería el desdichado percutor. “¿Es mejor ser temido o respetado? Yo digo: ¿es mucho pedir ambos”, se pregunta Robert Downey Jr. en la primera Iron Man. De toda la vida, en pleno éxtasis o sumido en la crisis más existencial, el Madrid nunca ha traicionado el gol. Había una máxima, una especie de mandamiento mesiánico, que decía que los blancos siempre marcaban. Es lo que temían sus rivales. En apenas una semanas, el nuevo Madrid se ha vuelto pétreo, casi siderúrgico como el Atlético de Simeone. La pequeña gran diferencia es que los rojiblancos sobreviven con una estrategia de laboratorio y Benítez aún fía los goles a la inercia de siempre.

El Molinón echó de menos a un Van Nistelrooy. Y hasta que reaparezca otro, dieciocho equipos de la Liga intentarán copiar el generoso esfuerzo del Sporting. Bravo por Abelardo y su sinfónica defensa que no dejó resquicio alguno delante de Cuéllar; actuaron como espartanos, dejándose la vida palmo a palmo. Sólo la improvisación de Isco y el ímpetu de Cristiano inquietó a un recién ascendido que apenas puede fichar a jugadores a los que pague el salario mínimo de la profesión. Mérito a la enésima potencia. El Madrid sí puede comprar a quien se le antoje; quizá este 0-0 sea la prueba del algodón que dé la razón a Benítez. Pidió un delantero de emergencia y la respuesta en la planta noble fue tajante. No está de más otra visita al despacho del presidente para conseguir temor y respeto. Por si acaso cuela. 

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El reloj de arena

19 Agosto 2015 por Carlos Vanaclocha

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Hubo un tiempo que los patrocinadores de Roger Federer sugirieron al ex número uno mundial que cualquier resultado que fuese no ganar torneos suponía un fracaso. En pleno apogeo de su carrera, el tenista suizo se aceptó la advertencia como un reto porque Mercedes Benz, Rolex y Gillete querían anunciar al deportista perfecto, sin fisuras. Sin embargo, la eclosión de Rafa Nadal y su mítica victoria de Wimbledon devolvieron a Federer a la más cruda realidad: se había exigido a sí mismo una presión sobrehumana. Rafa Benítez se decidió por el Real Madrid consciente de que su proyecto se construiría a contrarreloj; el marrón de relevar a Ancelotti después de un año aciago, y con el crédito de la Décima vencido el pasado 30 de junio, borraban de un plumazo la paciencia metódica que siempre ha pedido a sus directivos. “En el Real Madrid ganas o fracasas: nadie se acuerda de los subcampeones”. Manolo Sanchís sabe perfectamente lo que dice porque ése es el “adn de la grandeza” del club. El nuevo año cero del Real Madrid tiene demasiado margen de mejora pero está amenazado por un reloj de arena. El último grano caerá cuando lo decida el tendido siete del Bernabéu, que anoche no transigió con Cristiano Ronaldo. Y mister Rafa no vive en una nube: reconoció que la puesta de largo del equipo le preocupó.

Le llaman resultadista y él responde con seriedad. No esconde que ganar por 1-0 le preocupa menos que un 5-4. “Tener el balón”, es la promesa simplona y envenenada que anunció en una entrevista a El País. Y no mintió. El Madrid del trofeo Bernabéu intentó sobar el balón, marearlo de banda a banda y sin la prisa de electrocutar al Galatasaray. Esa parsimonia inquieta a la grada, acostumbrada desde la época Mourinho a combates de cuerpo a cuerpo en los que casi siempre quedaba en pie el Madrid. Este equipo se esfuerza en bailar sobre el ring al ritmo de las piernas de Apollo Creed, pero el entrenamiento de pretemporada parece que ha agotado sus movimientos. El difunto Ramón Mendoza despidió a Radomir Antic con el Madrid liderando la Liga porque su fútbol le aburría a él, primero, y a todos los abonados. Cualquier aficionado que no viese el partido de anoche y haya esperado al resumen del telediario, concluirá que el equipo genera ocasiones por tierra, mar y aire. El trasfondo no es tan próspero de momento: la pelota rueda lenta, como si se deslizase por un tapete sudamericano, y el efecto sorpresa no existe salvo que se le ocurra a Isco. Porque Cristiano todavía está buscando la inspiración divina y Bale regresó a la posición que le da mil y patadas por la cabezonería de Carletto. A Benítez no le importa jugar con telégrafo, anunciando siempre el siguiente pase a la bota del compañero; quizá por eso, Marcelo se espabiló del sopor y probó con una virguería de fútbol-sala que disfrazó el trofeo.

La gran noticia para el Madrid es que Tony Stark aún no ha terminado el traje de su Iron Man al cien por cien de su capacidad. Es un destructor que apenas ha disparado dos cañonazos para intimidar. Y los jugadores tampoco juegan a tumba abierta en pretemporada por miedo a una repentina lesión. El maratón comienza el domingo en El Molinón, las depósitos de energía están llenos, pero la figura no está tan afilada como la de un keniata para adelantar rivales con una zancada estética. Todo lo contrario, este Madrid corre con zancos  y se ladea bruscamente como un elefante africano. ¿Paciencia? Sí, claro. El show acaba de comenzar. No obstante, la arena ya ha empezado a bajar en el reloj.

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Digno sucesor de Romario

17 Agosto 2015 por Carlos Vanaclocha

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“Es el mejor delantero en un metro cuadrado y punto”. El maestro César Menotti le regaló el verso perfecto. En plena efervescencia popular (Argentina había ganado a Uruguay en la última Copa América), el amigo de Leo Messi le había robado el caché más esperado: el éxtasis de aparecer en los informativos del país entero. D10S había jugado bien, sin arrebatos estratosféricos; pero fue Sergio Kun Agüero quien cabeceó el delirio de la nación, reivindicándose como el delantero del momento. Con un mercado congelado por el fair play financiero, la afición del Manchester City suspiró aliviada sin temor a la llamada de Florentino Pérez. Si Kun es el delantero que revienta transfermarket, la biblia de los P.V.P. de los futbolistas, su traspaso debía ser sencillamente galáctico; si el club de los petrodólares puso 63 desorbitantes millones para fichar a Raheem Sterling, a su estrella argentina había que tasarla en tres cifras. El runrún de una salida furtiva siempre ha mosqueado al Etihad porque el Real Madrid no le perdió de vista. En la recámara debía ser el siguiente Ronaldo (Cristiano o el ‘gordito’, a su libre elección), pero su renovación el verano pasado zanjó por un tiempo las sospechas. Kun seguiría siendo el aguijón de Pellegrini si las lesiones musculares se lo permitían. Lastrado durante varios años con esa bola con grilletes, su mala alimentación de base (la pizza y la Coca-Cola fueron su perdición en el Atleti) tampoco le ayudó demasiado en el extenuante fútbol inglés.

Gary Lineker se quedó boquiabierto en el instante que el Kun Agüero volatilizó a la defensa del Chelsea en un palmo. Valdano no exageró cuando dijo que Messi te regateaba en una cabina de teléfono; le faltó añadir al Kun.  Lineker, comentarista estrella de la BBC, comentó en el post partido que Agüero le recordaba a “Paul Gascoigne en un baldosa”. Un Billy Elliot que cuando se calza los zapatos adecuados hipnotiza al público en dos movimientos. Ésa es la versión perfecta del ex yerno de Maradona, capaz de inventarse una especie de cola de vaca y devolver a Romario a la memoria histórica. Su quiebro de cintura al pétreo Cahill desmontó el cordón sanitario de Mourinho. Silva simplemente se la entregó a su compañero en el balcón del área como el que entrega un paquete para quitarse el marrón de encima. De repente, la grada del Etihad murmuró cada vez más alto aquel grito de guerra ¡Kun, Kun, Kun, Kun! patentado en el Vicente Calderón. La genialidad suponía su quinto intento delante del portero Begovic, salvador de la goleada más escandalosa que pudo haber sufrido Mou en su carrera. Y como cualquier mago, repitió el truco hasta que le acabó saliendo. Sólo él se lo podía permitir.

Agüero deja al Chelsea en la U.V.I, pero sin los cuidados de su doctora Eva Carneiro. Suena exagerado en dos jornadas, pero la estadística es demoledora: desde hacía 16 años los blues no ganaban ninguna de las dos primeras jornadas. El club de Abramovich no ha despilfarrado y el pobre bagaje del equipo quizá le caliente la cartera. Cesc no está entonado y todas las posibilidades pasan por la inspiración de Eden Hazard, que sucumbió en ese duelo de ‘Houdinis’ con el Kun. Al líder de la Premier le sucede casi lo mismo: su estado de júbilo no oculta que Agüero es medio equipo, porque el otro medio es un cóctel batido entre Yaya Touré, Sterling y Silva. Y aunque la afición esté cansada de la incesante y molesta rumorología de cada verano que imprime páginas y páginas en los tabloides británicos, Kun es ídolo de masas en Manchester. Dure lo que dure. 

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El mejor es Messi; y el segundo, Messi lesionado

13 Agosto 2015 por Carlos Vanaclocha

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“El mejor del mundo es Messi; y el segundo, Messi lesionado”. Sin trampa. Lo dijo Jorge Valdano en Mundo Deportivo durante la temporada del ‘Tata’ Martino, en la que D10S fue acribillado entre lesiones musculares y arcadas esofágicas. Todo se reducía a un bloqueo físico que le arrastraba por los campos sin reprís ni oxígeno para el ritual del zigzag explosivo. Necesitaba cambiar hábitos, empezando por los alimenticios. “La base de mi mejoría en la pista ha sido mi nueva dieta sin gluten”, confesó Novak Djokovic en una entrevista posterior a su victoria en Wimbledon del año pasado. El ‘Kun’ Agüero fue advertido por Javier Aguirre en el Atlético de Madrid que las pizzas y los litros de Coca-Cola acabarían con su prometedor carrera. El delantero del Manchester City, precisamente compañero de habitación de Messi en las concentraciones albicelestes, se tomó en serio la amenaza. Y la estrella azulgrana, amante de asados criollos y pizzas de queso, entendió que sólo la disciplina espartana en la mesa le podía devolver la jugada estratosférica del Getafe. El Messi anterior al Mundial de Brasil llegó a sospechar de sí mismo y el debate, por supuesto, llegó a la calle: ¿aceptar al nuevo Messi en un par de metros cuadrados y olvidarse para siempre de su fulminante centro gravitatorio? Su apatía en el césped no exigía un diván de psicoanálisis, sino una nutrición de élite que le facilitase el carburante necesario para recuperar la velocidad perdida. Su gol copero al Athletic esquivando un bosque de piernas ha dado la razón a Guliano Poser, el nutricionista que le ha dicho sí a la verdura, no a la pasta, sí a la fruta de temporada y no a la carnes de barbacoa.

Messi ha aprendido a dosificar su voltaje. Ya no es aquel canterano que desgastaba el pegamento de su bota izquierda para regatear hasta al utillero; ahora corre por el centro sin malgastar ni una de sus diminutas zancadas. Le sucede como al brasileño Ronaldo, que puso patas arriba al Camp Nou con una “estampida de búfalos” (Valdano dixit) que el fútbol no ha vuelto a presenciar, y años después reculó debido a esa rodilla reconstruida con un puñado de tornillos. El Ronaldo del Real Madrid esprintaba veinte o treinta metros, ya no engullía el campo de mitad hacia arriba. Le recomendaron que, aparte de los pies, jugara con la cabeza, y no sólo en sentido literal. Desde hace un tiempo, Messi es el mejor goleador y el mejor asistente. Un don tan descomunal podía valer para más cosas que perforar porterías. En el arte del regate no hay sucesor a la vista, y él mismo se ha postulado como un pasador de época. En corto o en largo, no importa cualquier balón que pone con visión 3D le mete en un debate sano en el que aparece por activa y por pasiva Michael Laudrup. Pongámonos en pie.

No admite comparación con nadie del presente. Ni siquiera Cristiano Ronaldo, que en ese ciclo de subidones y bajonazos, le toca sufrir en estos instantes. La Supercopa europea es un relleno más en su sala de trofeos que seguramente no desempolvará en la vida, pero ha dejado la enésima reverencia: Messi regatea, golea, asiste y lanza misiles inteligentes a balón parado. Su pegada no atraviesa las redes que arrancaba de cuajo Roberto Carlos, ni dibuja la trayectoria perfecta de Ronald Koeman y ni siquiera está tan envenenada como la de CR7. Sin embargo, algún misterio tiene su parábola de dentro afuera que despista a los porteros. Beto se tragó una y no vio la otra, y Courtois podrá excusarse ante una falta imposible que Messi le colocó con escuadra y cartabón en un Atlético-Barça. ¿Entonces por qué braman los argentinos contra un jugador? La respuesta la tiene Valdano: “Él solo carga a sus espaldas con la demanda entera de un país”. Y no es una hipérbole.

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Bale de izquierdas

9 Agosto 2015 por Carlos Vanaclocha

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“Este tío va a ganar un puñado de Balones de Oro”. A John Benjamin Toshack le sobró medio partido para anunciar al mundo su creación. La prensa galesa que cubría a la selección nacional ya estaba curada de espanto de la socarronería y, a veces, fanfarronadas del mister J.B. Demasiado circo en las ruedas de prensa que, al menos, anestesiaba los cabreos de las plumas más afiladas. Gales siempre había sido un sparring  ‘facilote’ y no había razones para intuir lo contrario, ¿o sí? Los británicos acababan de ganar a Trinidad y Tobago por un pírrico dos a uno en el antiguo estadio Arnold Schwarzenegger de Graz (Austria), en un amistoso de preparación de los caribeños para el Mundial de Alemania 2006, y a tenor del bodrio y la  aburrida interpretación que pudiese hacer Toshack delante de las cámaras, un periodista le preguntó por el debut de ese  lateral izquierdo de 17 años del Southampton que prometía como tantos otros. Su respuesta alivió las crónicas más soporíferas, más si cabe, cuando el propio Toshack advirtió  que no se trataba de otra vacilada más. El ex entrenador del Madrid profetizó que algún día el chaval costaría a pretty penny, es decir, un ojo de la cara; fueentonces cuando algunos reporteros se dieron cuenta que quien hablaba era el ‘viejo John’, el bromista, el que tenía ocurrencias para todo. La siguiente pregunta vino a colación de la primera: “¿Cree que un defensa como Gareth Bale podría valer tanto?”. La respuesta no la habría acertado ni una médium: “¿Quién dice que va a acabar como defensa?”.

A Steve Mcmanaman le llamaban Steve  en el Real Madrid por su carácter bonachón dentro y fuera del campo; Bale ha sido Gareth demasiado tiempo. Sin embargo, Steve acabó complaciendo al Bernabéu hasta retomar el nombre y talento del ‘Macca’ que regateaba la banda de Anfield, mientras que el tímido Gareth todavía busca al torpedo Bale que puso patas arriba White Hart Lane. Le ocurre como a Will Smith en su papel del superhéroe Hancock: derrocha sus superpoderes sin nadie que se los corrija. Ancelotti consiguió por momentos controlar su hipervelocidad encorsetándole en la banda derecha, con esprines que no sobrepasaban la línea de fondo Pero esa camisa de fuerza le inhibió de momentos antológicos como su carrera de medio campo en la cara del impotente Bartra. Y Rafa Benítez sabe que Bale no tiene la cintura de avispa de Arjen Robben, que le permite amagar por fuera y adentrarse por el balcón del área. No, el galés se esforzaba en centrar desde la derecha y el resultado estético era casi siempre un escorzo amorfo dañino para la vista.

Florentino Pérez le ha pedido a su nuevo entrenador una terapia intensiva con su último galáctico. Necesita que Bale deje el poso de la volea de Zidane en la ‘Novena’, una jugada de varios quiebros imposibles de los de  Raúl al Atleti o el taconazo de Redondo en Old Trafford.  Llegará el día que Bale se quite su propia coraza, quién sabe si en su rancho natural donde puede centrar, acelerar y colocar misiles inteligentes soltando la pierna, o en el experimento de la media punta. A él no le disgusta porque olisquea la portería, pero a un potro de carreras no se le puede encerrar en un puñado de metros cuadrados. Bale no tiene el don de regatear en una cabina de teléfono; Isco y James sí. Y la autopista izquierda del Bernabéu necesita un Roberto Carlos actualizado, uno que reclame toda la banda y la desgaste con tanto Coyote y Correcaminos. No parece un debate muy sesudo.

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Cirugía del contraataque

4 Agosto 2015 por Carlos Vanaclocha

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“Un gol necesita un pase y Koke y Oliver lo dan”. Antoine Griezmann continúa la añada que tan  buenos vinos reservas dejaron Agüero, Forlán, Falcao y Diego Costa. Él no remata microondas en el área (Valdano dixit), prefiere la cirugía del contraataque. Su primer gol al Shanghai SIPG  es la idea perfecta que tuvo el difunto Luis Aragonés durante sus años en el banquillo rojiblanco. Porque al Atleti le gusta el toma y daca, aunque esta plantilla tenga un puñado de locos bajitos que mareen el balón y ‘traicionen’ los gustos siderúrgicos de Simeone. Y aunque la pretemporada permita cualquier galimatías táctico, al ‘Cholo’ nadie le va a pintarrajear su 4-4-2. ¿Con Oliver Torres? Por el bien del arte, sí; por la amenaza a ese fútbol tan industrial, quizá también. De las pocas mejoras que necesita el Atlético, una de ellas es aflojarse el corsé que le desplaza lento pero sólido. Con tanto artista en el mismo camarote, ya es hora de vivir noches alocadas en el Calderón. Habrá atléticos que quieran bailar un twist y otros que convengan a rajatabla las tesis cholistas prefabricadas. La suerte es que hay un equipo camaleónico con ganas de incordiar. Así es el Atleti.

El fondo de armario da para presumir en la Quinta Avenida. Si Griezmann se cansa, los últimos veinte metros los puede esprintar otro velociraptor como Fernando Torres. Aunque por la pasarela desfilará antes Jackson Martínez, especialista en engatillar todo lo que se menee por el área. Y, por supuesto, Vietto, un pillo escurridizo que está al quite de cualquier despiste. Sin olvidar, claro, a Correa, la versión novata del Kun Agüero. O sea, que si el Atlético gafa la portería rival este año, sólo lo podrá explicar la ciencia infusa. Cualquiera que haya visto la goleada de esta mañana, dará fe de ello, porque de repente ha nacido un cuchillo afilado por la banda izquierda. Hizo poco ruido y muchas nueces (perdón por blasfemar la expresión) en Monaco, y ahora le da alas a su nuevo equipo. Carrasco pinta a jugador revelación, de esos que con una mano de chapa y pintura made in Simeone, calentará el mercado del próximo verano. Pero ya lo saben: el Atlético cambió su eslogan del escaparate. No son un club vendedor.  

 

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“Pedro es el más espabilado con y sin balón”

1 Agosto 2015 por Carlos Vanaclocha

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“Cuando todos fallan, él acierta. Es un futbolista al que le sale todo bien”. Minutos después del baile de Wembley, Guardiola respondió a un periodista británico en la sala de prensa interesado en la actuación de Pedro Rodríguez, entonces Pedrito. El Barça acababa de desquiciar al Manchester United en una de las finales de Champions más descaradas de la historia. Fue 3-1 porque los azulgranas así lo quisieron, con un fútbol delicatessen sólo apto para románticos del ‘cruyffismo’. Y no fue Messi quien comenzó la juerga, sino ese veinteañero tímido delante de las cámaras, y escurridizo y pícaro con las botas puestas, que batió a Van der Sar con una especie de putt perfecto y dejó en muy buen lugar a su descubridor, el ojeador canario Sixto Alfonso. “No es bueno porque le suele salir todo, sino porque siempre elige bien”, se ufana en contar el cazatalentos. Coincide Guardiola, quien aposto por él, al igual que por Busquets, como productos de edición limitada de La Masía.

Pedro ha jugado más de 300 partidos, 200 de titular y 98 goles oficiales. “Siempre cumple. No se puede decir lo mismo de muchos otros”, espetó Tito Vilanova en una entrevista a Barça TV.  Claro que su nombre no vendía periódicos ni camisetas; por eso, tuvo que batirse el cobre con personajes de escaparate de Quinta Avenida: en su primer año llegó Ibrahimovic, a continuación David Villa y tiempo después el sueño pernicioso del ex presidente Rosell: Neymar. Cualquier otro habría pedido el exilio, pero ningún entrenador, incluido el ‘Tata’ Martino, quiso desprenderse de un auténtico obrero del fútbol. “Es de los delanteros que mejor me entienden el pase al hueco”, aseguró Xavi Hernández; su primer gol en el Bernabéu (0-2 en la 2009/2010) y el que abrió el cinturón metálico del United en Wembley lo atestiguan. Quizá el mejor cumplido, el que más le gusta a él, se lo sugirió su amigo Busi: “Es el futbolista más espabilado que conozco con y sin balón”. Quizá sea ese el secreto por el que el Barça se resiste a venderlo; también Guti tuvo el suyo que le mantuvo en el Real Madrid década y media.

El Manchester United supuestamente ha pujado fuerte por Pedro (el Barça lo niega) porque no quiere ser el “mejor cuarto delantero del mundo”. Así le considera Luis Enrique cuando le explicó que delante tiene a los “tres mejores del mundo”. Él lo asume con la misma facilidad con la que quiere que el club le agilice una despedida sencilla. Porque así es su vida fuera de un vestuario repleto de egos ‘hollywoodienses’. Su intención es jugar el puñado de minutos que no le descarte para la próxima Eurocopa, ya que Del Bosque insiste en que “la agresividad de Pedro rompe con el molde de España de jugar al pie”. Y de paso, probar otras ligas, por ejemplo la Premier. Allí puede que se rencuentre con el tipo con quien más ha disfrutado y aprendido en los entrenamientos: Thierry Henry, que vive en Las Islas. Fue un solo año de convivencia, pero dio para un máster acelerado con monsieur Tití. Por si acaso, los interminables rumores del mercado también apuntan al Bayern de Guardiola. Caché no le va a faltar, es el currículum que se ha currado el único futbolista de la historia (sí, de la historia) en marcar en todas las competiciones imaginables de clubes en una sola temporada. El Pedrito del Barça quiere alzar el vuelo, sólo que ahora será Pedro. Sencillo, punto.


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El cortador de césped

30 Julio 2015 por Carlos Vanaclocha

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El Madrid ha fabricado una nueva cortadora de césped. El fantasma de Makelele se ha alargado demasiado porque el casting de sucesores fracasó estrepitosamente: Pablo García, Gravesen, Emerson, los Diarra, Gago, Khedira, Toni Kroos en versión atrofiada…ninguno de ellos, ni siquiera Kroos, entendió la importancia que un día asumió aquel escudero de Zidane que vertebraba y aplacaba el ímpetu desatado de los galácticos. Fue irse Makelele por falta de ‘cariño’ y comenzar el galacticidio del primer proyecto faraónico de Florentino Pérez. El propio Zizou llegó a reconocer en una entrevista en L’Equipe la trascendencia de su compatriota: “La salida de Claude partió por la mitad al equipo. Sin él no sabíamos jugar en bloque”. Precisamente, un bloque de ladrillo cementado es la obsesión de Rafa Benítez. Y si del Bosque juró una vez que el doble pivote era “innegociable” y en su dni le hubiera gustado identificarse con Sergio Busquets, a mister Rafa (apodo eterno en Liverpool) también le va el juego de los destructores. Él es Casemiro, construido en Sao Paulo, adaptado en Valdebebas y fogueado en Oporto, donde Lopetegui llora su pérdida por temor a que se le caiga el castillo de naipes (esto es información, no opinión). Su regreso era una prioridad en primavera para el director general José Ángel Sánchez, quien sabía de antemano que el nuevo entrenador le enrolaría en su ejército sí o sí.

Si han visto los amistosos contra Inter y Milan, y han notado que el dorsal 14 no paraba de correr desde su área hasta el centro del campo como si llevara una pila Duracell, no se sorprendan: Case (así le llama el vestuario) sacrificó una semana de sus vacaciones y contrató un preparador físico para entonarse desde Brasil. Se ha tomado tan en serio la oportunidad del club, que la fase experimental del equipo deja dudas de la titularidad indiscutible de Toni Kroos. Sí, el alemán jugará en el estreno liguero junto a Modric, pero no es un secreto que el campeón del mundo preferiría repartir balones sin chaleco antibalas, liberado del marrón que hace un bulldozer como Casemiro. Al Oporto le extrañó que su centrocampista no fuese titular en la pasada Copa América, sobre todo en una selección brasileña tan metálica como la de Dunga. Con Benítez no habrá sospechas: sus rotaciones son sagradas para evitar la oxidación de esos “mismos once cabrones de siempre” (Toshack dixit). Y en esa tesitura, Casemiro entrará como un carromato.

El empate a cero ante el Milan habría sido una ofensa al espectáculo en cualquier momento de la temporada. Hoy no es más que otro tubo de ensayo para que Benítez reivindique su fútbol de hormigón, muy del gusto de los entrenadores y poco de los espectadores. Porque este Madrid no pretende invocar los contraataques tan letales como alocados que excitaban al Bernabéu; ahora toca un control más riguroso y disciplinado que el de Ancelotti, en el que una pérdida de balón no altere las matemáticas del equipo. Jugar por inercia, ése es el aprendizaje de esta pretemporada. Y en apenas dos semanas, Casemiro ha cumplido los deberes que le han hecho un “hombre” en Oporto.

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¿Otra vez el “monstruo”?

22 Julio 2015 por Carlos Vanaclocha

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“Me ha devorado el monstruo que he creado”. Florentino Pérez anunció su hartazgo en febrero de 2006, cansado del vedetismo de esos galácticos que él había creado para su proyecto faraónico. La sorprendente dimisión esparció un reguero de leyendas populares (unas ciertas y otras no tanto) que sobredimensionó la pelea de egos que acabó calcinando el vestuario. Entre ellas, el recelo de Luis Figo, ojito derecho del presidente hasta la llegada de Zidane, primero, y Ronaldo un año después. Cuenta la leyenda que el portugués llegó a llamar personalmente por teléfono a Florentino expresándole su malestar por una supuesta falta de cariño o, mejor dicho, su predilección por el astro francés y el brasileño. Figo siempre creyó que la efervescencia de su fichaje bomba nunca se agotaría; ni siquiera intuyó que la intención de la planta noble era llenar la plantilla de estrellas de rock verano a verano.

En sus círculos privados, Florentino juró no volver a cantar nanas a sus nuevos galácticos. A Cristiano se lo demostró esquivándole las primeras veces que le sugirió la renovación de contrato (aquel antológico “estoy triste”). El derrotismo de Kaká le ayudó a no congeniar demasiado salvo por intereses marketinianos: una suculenta venta de camisetas. Por eso, y aunque la opinión pública no supiera o quisiera explicarlo, el fichaje de Kaká sí fue rentable, como espetó Florentino. En términos de multinacional, por supuesto. En cambio, la relación con Benzema sí tiene las dosis de paternalismo que recuerda  a la de Figo. Con éste consiguió el eslogan perfecto: “Si no viene Figo, pago todas las cuotas de socio de la temporada 2000-2001”; a Benzema no le movieron intereses electorales ni comerciales, simplemente una ilusión por moldear un futuro Balón de Oro desde la base. Por eso, se fue expresamente a buscarle a su casa en un arrabal de Lyon.

El nuevo Real Madrid todavía no genera noticias porque aún no ha salido de la fábrica y no se atisban fichajes de alfombra roja. Quizá, por el mero hecho de distraer al aficionado, ha surgido por inventiva periodística o algún indicio oculto en un jeroglífico el repentino mosqueo de Cristiano Ronaldo con Gareth Bale. Y más cuando el galés gozó de patente de corso en el primer amistoso contra la Roma. En la sección amarillista del club (no es una crítica, en Europa vende diarios a toneladas), Rafa Benítez debe mimar al galés para evitar otro juguete roto como Kaká. Y si ello implica ser negligente con Cristiano, al míster no se le reprochará desde los despachos. La ‘Quinta del Ferrari’ de Lorenzo Sanz sazonó el papel cuché de la época; la era ‘galáctica’ definió a los futbolistas como celebrities; y que CR7 mantenga un cabreo de proporciones bíblicas desde el despido de Ancelotti afila cualquier pluma con ganas de rajar.

Una lucha de egos Cristiano-Bale tiene su morbo en Telecinco, pero que Benítez sepa entender al galés y recuperar en el campo su P.V.P de 100 millones (si es que alguna vez los valió) supera ese morbo al cuadrado o al cubo. El presidente apenas presta atención a la columna de chismorreo porque insiste entre su gente que Cristiano es el líder único e intransferible (esto es información y no opinión). Sin embargo y por si acaso, no baja la guardia, añadiéndose su enésima preocupación de su mandato; no vaya a ser que le suene el teléfono móvil y una voz responda: ‘Presi, soy Cristiano’

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