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La hora del estratega

19 Abril 2015 por Carlos Vanaclocha

“Es la hora de Lucas Silva. Para eso le hemos traído”. Es la reflexión de madrugada de un vocal del Real Madrid instantes después de conocerse el fatídico diagnóstico. Modric se pierde el resto de la temporada y, con ello, el Titanic se aproxima inexorablemente al iceberg. Candidatos para el casting los hay a patadas: Lucas Silva, Illarramendi (de quien nadie en su sano juicio se atreve a susurrar ya que era el padawan más aventajado de Xabi Alonso) y Sami Khedira, a quien su entrenador pediré un alarde de profesionalidad para un último servicio a la causa. Joachim Low le pondría con los ojos cerrados, pero comparando sus méritos con la selección alemana, en el Madrid sólo hemos visto un Khedira de Mercadona. La pasarela es descorazonadora en una plantilla que ronda los 500 millones, kilo arriba kilo abajo, Por eso, el hueco oceánico que deja Modric tiene una solución más cara aún: adelantar a Toni Kroos varios pasos su posición y suplir a éste por un mamporrero. En el fútbol contemporáneo desaparecieron esos ‘Makeleles’ limpios e higiénicos en el trabajo sucio que tanto valoran los entrenadores y los puristas de la prensa.

Son los mismos cronistas que antes aplaudían el fútbol seductor del Barça, copiándolo para la marca España, y ahora han tenido que tragar por succión el juego práctico del pim, pam, pum. No pega con el seny azulgrana, aunque tarde o temprano tenía que venir un entrenador vendiendo las tesis de Maquiavelo. El resultado no sólo importa, sino que vale de coartada para ocultar el extinto tiqui-taca. El calendario es tan vertiginoso que los consejos de sabios en Barcelona no tienen tiempo de fusilar a Luis Enrique y su osada traición al ‘cruyffismo’. El Barça es líder y, con las piernas arrastrando grilletes por el cansacio de la Champions, noqueó a un Valencia sin el arte de Muhammad Ali. Este Barça ya no flota como una mariposa y pica como una abeja; prefiere tumbar al rival a puñetazo limpio, como George Foreman. Un estilo inédito en Can Barça, pero que el Bernabéu lleva presenciando por los siglos de los siglos. Y a la grada blanca le gusta.

El Valencia descerrajó la defensa azulgrana y sólo le faltó abrir en canal al casi muerto. Fue entonces cuando Claudio Bravo imitó al Casillas de sus mejores tiempos y sostuvo al equipo entero. Y Luis Enrique, que todavía es novato para dar giros inesperados a las películas, puso tras el descanso a Busquets en su sitio y el Barça cortocircuitó el énfasis del Valencia. Ahí acabó todo. El murmullo del público a la salida del estadio no despotricaba contra el entrenador: ya no hay tiempo. El ‘triplete’ inimaginable desde la crisis de Anoeta asoma detrás de la esquina y ganar por lo civil o lo crimimal es el único cometido del entrenador asturiano. Tampoco Florentino Pérez le exige a Ancelotti que traiga el Circo del Sol a Chamartín, pero sí un poco de amor propio para salir al derbi como un ciclón y gritar a Europa que esto es el Real Madrid, donde no valen las excusas. Que no juega Modric, pregunten a Carletto; y si tampoco está Bale, de nuevo al entrenador. Se le fichó para tomar este tipo de decisiones, no para arengar al vestuario con un simple ‘Salgan y jueguen como saben’. Las malas lenguas dicen que eso fue lo que repetía Del Bosque e irritaba tanto al presidente. Es la hora de los estratega. Una partida de ajedrez a vida o muerte para Ancelotti.

 

 


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La noche de los secundarios

15 Abril 2015 por Carlos Vanaclocha

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“Estos derbis recuerdan a los Real Madrid-Bayern Munich de hace 15 años”. Lo piensa uno de los pesos pesados del vestuario blanco y quizá no le falte razón. En las broncas no está metido Effenberg pero sí Mandzukic; Carvajal incordia tanto como Salihamidzic y esa intensidad bávara que tanto ama Simeone también mantuvo espabilado al Madrid. Faltaron los goles porque los blancos revivieron las pesadillas de Kahn en otro gigante de la portería. Apareció Oblak para dejar atónito al Calderón e insinuar que sí es posible crear un Courtois de laboratorio. En una sola parte acumuló más paradas que el mítico David Barrufet en muchos partidos de balonmano; necesitaba reivindicarse en España, porque en Portugal (jugó en el Benfica) sí entendieron el P.V.P. de 16 millones que pagó el Atlético. Oblak sacó mil tentáculos y al Madrid le volvió a traicionar la pegada, su coartada para tapar innumerables bodrios. En el Camp Nou torció el disparo y en el Calderón lo intentó por tierra, mar y aire. Y como el fútbol es injusto, cuando una estrella llamada Gareth Bale cuesta 90 millones (o 100 si preguntan al Tottenham), el mano a mano inicial debe entrar sí o sí.

En la noche de los secundarios, Varane dio otro paso adelante en su meteórica carrera. Es el Hierro 2.0 y el club le cuida en tal consideración (en Chamartín Fernando Hierro siguen siendo palabras mayores).  La galopada de setenta metros con la que arrancó desde su área es digna para estudiar en entrenamientos de velocistas olímpicos; al lado de Ramos y Pepe, ha acelerado su máster de aprendizaje y pronto llegará el momento que asuma el rol de capo. Si Oblak detuvo toda la artillería pesada del Madrid, Varane desarmó el ataque de Pearl Harbor de Simeone. Su cabeza rebotó cualquier balón inteligente programado para Godín o Mandzukic. Este último desquiciado por los codos de Ramos y los forcejeos de Carvajal. ¿Hubo mordisco? Las imágenes aclaran que no.

Otro artista entre bambalinas que también reclamó en el campo mejora de contrato fue Marcelo. Su fama de brasileño alocado nunca le ha permitido compararse con Roberto Carlos, ni siquiera asomarse a él. Sin embargo, el mítico lateral dijo la semana pasada en COPE que Marcelo le parecía el mejor del mundo en su posición. Desde luego, cuando está enchufado y se remanga en defensa, la banda izquierda se le queda pequeña. De pequeño jugaba al fútbol sala en Brasil y ese talento lo ha extrapolado al fútbol profesional: su capacidad para zigzaguear en un metro cuadrado la echará de menos el Bernabéu en la vuelta. Y aunque su trabajo sea más oscuro, al ‘Cholo’ también se le complica el sudoku sin Mario Suárez, un Makelele fornido cuyo oficio de fontanero alivia al técnico argentino.

El Atlético demostró que en alardes físicos no le gana nadie, ni siquiera el portentoso Madrid de la primera parte. Es más, cinco minutos más y los merengues tendrían que haber llamado al Coronel Trauman en Acorralado. Fueron dos versiones: la del campeón de Europa luciendo su corona y la del Atleti sacando los colmillos vampíricos para chuparle la sangre al extenuado Madrid de los últimos minutos. Total, que el empate es un botín que no disgusta al cuerpo técnico del ‘Cholo’ y, en el fondo, sí preocupa a los blancos. Los rojiblancos apelarán a ese lema invertido de ‘Se busca rival digno para derbi decente’, mientras que la esencia madridista de siempre es dinamitar la eliminatoria en su caldera. El ‘espíritu Juanito’ y sus noventa minuti en el Bernabeu son molto longo martillearán las calles de la capital durante una semana. Suenan tambores de guerra, como en la época ye-yé, cuando se decía que el archienemigo del Madrid no era el Barça sino el Atlético.

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Neymar: ¿por qué yo?

12 Abril 2015 por Carlos Vanaclocha

Davor Suker acabó hartándose del descarado ninguneo. Fabio Capello cumplía escrupulosamente su rito favorito casi por inercia: minuto 75, ganase o perdiese el Madrid, Suker se iba a la ducha. Y en su arte del despiste, el técnico italiano sabía interpretar el cambio en cada ocasión: si marcaba un hat trick, salía del campo para recibir la ovación; si debía amarrar el resultado (su táctica fetiche), Suker era el elegido; y si tocaba remontaba, la ruleta rusa también apuntaba al delantero. El fatídico minuto 75 irritó tanto a Suker que, después de un entrenamiento en la vieja ciudad deportiva de La Castellana, se dirigió al sargento Capello y le pidió explicaciones. La conversación textual nunca fue desvelada por el croata, pero Suker siempre se quitaba el muerto aludiendo a “cuestiones tácticas”. Tarde o temprano, Neymar pedirá audiencia con un Luis Enrique que anoche elevó las sospechas al cuadrado. Preguntado por el sorprendente cambio, el técnico retó a la prensa por enésima vez y escurrió el bulto con una simplona “chuminada”. Suker se atrevió a replicar las férreas decisiones de Capello, pero Neymar rellena la hoja de reclamaciones torciendo el gesto. Cualquier palabra vale la de un mudo.

Los periodistas de la sala de prensa del Pizjuán no insistieron demasiado. Luis Enrique había dado carpetazo la “tontería”. Si hubo explicaciones de pizarra, sólo míster y vestuario lo supieron. El resto del planeta Tierra sólo entenderá que a Neymar le cortaron las alas en pleno apogeo: autopases imposibles, quiebros de ballet y un golazo lanzado en una falta simplemente por probar. El brasileño se asoma como futuro Balón de Oro, pero de momento es un astro con ínfulas ‘maradonianas’ o, más actualizadas, de Messi. Su estatus todavía no se acerca al del argentino, aunque desde la planta noble del Camp Nou le estén macerando en oro líquido. Con Luis Enrique los conatos de rebeldía pasan factura y el mismo Neymar que levitó sobre el césped de Sevilla, se había movido como los “pollos sin cabeza” de J.B. Toshack entre bajones físicos y el cumpleaños de la hermana. Suerte que no apareció un Kevin Roldán de testigo indiscreto. Conociendo la fachada del técnico azulgrana, no será la última vez que Neymar sufra la maldición del minuto 75 (en su caso, el 73).

Habemus Liga y la prensa del Barça que cubre al equipo sin fanatismos (¿la hay?), si tiene ganas, jugará a Carl Bernstein y Bob Woodward. Investigar por qué Luis Enrique saca del campo a Neymar con la misma facilidad que Messi golea implica dos esfuerzos: preguntarle, recibir el tortazo a modo de ironía (muy del gusto del entrenador) y repreguntar por esa “cuestión táctica” que nunca ha confesado Suker. Si Neymar quiere sentirse importante en este Barça, la gente necesita saber qué chirría en el minuto 75. Porque, al final, el jugador acabará rajando en una entrevista furtiva de su país. Cuanto más lejos la onda expansiva, mejor. Siempre sucede lo mismo.

  

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Xavi y su Rumble in the jungle

8 Abril 2015 por Carlos Vanaclocha

xavi hLouis Van Gaal siempre esboza una sonrisa en cada entrevista en la que cae la pregunta de rigor. ¿Es verdad que Xavi Hernández le salvó una vez del despido? “Rotundamente sí. Lo he dicho una y mil veces. Aquel gol suyo en Valladolid lo cambió todo”. Diciembre de 1998. El Barça había sufrido cuatro derrotas consecutivas y el presidente José Luis Núñez había sentenciado al holandés. La noche de Pucela suponía el juicio final de Van Gaal, quien no había logrado introducir sus métodos como a él le gusta: por succión. El club le había dado un proyecto nuevo que, al menos, amagase con ser la sombra del extinto Dream Team de Cruyff. Y una de las cláusulas tácitas (no figuraba en su contrato) suponía impulsar una Masía marchita cuyo producto de la ‘Quinta de Lo Pelat (Iván de la Peña)’ había resultado defectuoso. Xavi Hernández fue el elegido aquel verano para “dotar de alma al club”, tal como reconoció Guardiola en una de sus últimas declaraciones como futbolista azulgrana. La prensa barcelonista, en sus ansias por vender futuras estrellas, consideró al bajito de Terrasa como el discípulo adelantado de Pep. Éste lo había sido de Cruyff, y de la escuela creada, la nueva promoción la lideraría Xavi. Sin embargo, tardó años en macerar, a pesar de que el Milan casi le convence con 19 años para que dejase el club de su vida por una más lujosa (250 millones de pesetas por temporada y chalet en residencia exclusiva) y con la tutela de mitos como Paolo Maldini.

La historia de Xavi y sus maneras de Von Karajan datan su año 0 en la Eurocopa de Viena. O, mejor dicho, con aquel diálogo entre Luis Aragonés y su confidente Jesús Paredes, en el que el ‘Sabio de Hortaleza’ honró su apodo diciendo que la selección española jugaría a lo que quisiera Xavi. Entre las eternas discusiones de barra de bar, Iniesta aparece como el jugador más decisivo de la historia de España y Xavi el más importante de sin discusión. Años después y sin nada que demostrar, a esa diminuta CPU no le molestó que Luis Enrique le convenciese seguir como segundo plato. Su azotea sigue siendo tan privilegiada como la de Rafa Nadal, y su reto es acabar con las malas lenguas o, hablando en plata, jubilar a sus jubiladores. En Balaídos instruyó un máster acelerado de balón durante el puñado de minutos que tomó la batuta. Rafinha tiene mucho potencial, y demasiado que aprender; Xavi es su vademécum del perfecto centrocampista. Lo saben en la Academia catarí Aspire, que perdió un maestro como Raúl González, pero que ganará en los próximos tiempos otro igual de inteligente. Porque a cualquier entrenador que se le pregunta, dirá sin pestañear que madridista y azulgranas (amigos personales, por cierto) son los más espabilados que ha dado el fútbol contemporáneo. Raúl tuvo que pelear contra aquel murmullo molesto de la calle que insinuaba que ‘nunca hacía nada’; Xavi no sufre esa losa tan injusta. Venerado por el Camp Nou, es una cuestión de orgullo propio, como el Muhammad Alí pasado en años que volvió al ring para retar al púgil que más pegaba entonces. Alí preguntó a quién había que noquear para volver a ser considerado el mejor de todos los tiempos, Cuando le dijeron que George Foreman era el boxeador del momento, entonces espetó: “¡Traédmelo, que le daré una paliza!”.

Xavi se frota las manos esperando ofrecer también su particular Rumble in the jungle. Los pases imposibles y su visión en cuatro dimensiones envejecen con la edad, pero nunca desaparecen. Y Sergio Busquets lo sabe, por eso a veces mira de reojo al banquillo esperando la entrada del mesías al que poder entregar el paquete, que él ya se encargará de abrírselo a Messi. Frans Hoek, ex preparador de porteros de la selección holandesa en el pasado Mundial de Brasil, habla un perfecto español de sus tiempos en Can Barça con Van Gaal: “Si hubiéramos estado más rápido, Louis habría intentado persuadir a Xavi para que viniese a Old Trafford”. Y quizá esa tentadora oferta le habría hecho replantearse su amor incondicional por el Barça. Steve Gerrard, otra leyenda que rema contra su jubilación, lo tiene claro: “Hay buenos centrocampistas, otros más completos, están los top y luego Xavi Hernández”. José Mourinho se reunión con Raúl días antes de su adiós para conocer sus intenciones de primera mano y, si acaso, buscarle un resquicio para evitar su salida. No lo consiguió. Con Xavi todo ha sido más fácil: las toneladas de orgullo tragado, sin un mal gesto ni una rajada pública, bien valen un rato más de balón.

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“Cristiano es como Allen Iverson, ¡se tira hasta las zapatillas!”

5 Abril 2015 por Carlos Vanaclocha

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Si el Bernabéu hubiese presenciado un combate de boxeo, el árbitro lo habría detenido al comienzo del segundo asalto, ni siquiera habría permitido terminar los tres minutos. El gigante anestesiado despertó sin efectos secundarios del virus ‘FIFA’ y abusó del Granada hasta dejarle la cara como un mapa. El Madrid perdió en campos como Mestalla o San Mamés sencillamente porque nunca disparó. Pero con la artillería que compra cada año, las ocasiones deberían llegar por inercia. Los blancos aprovecharon el parón de selecciones para resetearse y empezar de cero. El primer combate vale el mismo que los siguientes, aunque haya sido contra un sparring amateur. Abel Resino comentó en la víspera que esperaba un Madrid “constipado” y aún así rotó a su equipo porque no esperaba ningún sorpresón de quiniela. Tampoco la grada soñaba con una goleada histórica para fidelizar a los niños aún más en su madridismo y presumir de que ellos vieron cómo Cristiano Ronaldo ahuyentaba todos sus demonios: los de Irina, alguno de Kevin Roldán y, más importante, esa odiosa comparación mediática con su némesis Leo Messi que tanto le molesta.  

De repente, la ‘BBC’ se solidarizó consigo misma y recuperó sus emisiones, tal como nos gusta titular a la prensa. Bale marcó el primero y dio otro a Cristiano; Benzema enchufó dos y Cristiano se llevó el balón a casa para meterlo en una vitrina. No obstante, después de su primer gol el portugués susurró a Benzema que el siguiente sería para él. Todo un buen rollo que no se veía desde que los blancos apabullaron en el Mundialito de Marruecos allá por diciembre. ¿Ha resucitado un nuevo Madrid? Estas orgías goleadoras dan que pensar: las diferencias entre los grandes y el montón son demasiado abismales en esa ‘liga de mierda’ (Del Nido dixit) que ya no lo es tanto por cortesía del ‘Cholo’ Simeone y el Valencia de Peter Lim. Y, por otra parte, destrozar a un equipo de Primera División hasta amputarle las extremidades (suena violento pero es que son nueve goles) es una hazaña homérica al alcance de casi nadie; los Dream Team de Cruyff y Guardiola nunca lo lograron. Sin embargo y para asombro de quien haya visto la goleada de reojo o el resumen de televisión, el Madrid habría clavado la docena si la hubiese necesitado como la selección española en la legendaria noche de Malta. Cristiano celebró su repóker porque chutó ¡trece veces!; “es como aquel Allen Iverson de los Sixers, que se tiraba hasta las zapatillas”, comenta un ex futbolista del Real Madrid poco amigo de que el ‘bicho’ avasalle tanto.

Paco González, en su enésimo alarde de ‘nostrapacus’, barruntó a los veinte minutos que el Granada podía ser un hueso duro de roer. Sus dotes de adivino volvieron a quedar a la altura del betún pero dejaron una lectura entre preocupante e inquietante por parecer quisquilloso: la cabezonería de Ancelotti por los tres centrocampistas supone que el Madrid se fracture con una facilidad pasmosa. Y hasta el 1-0, la víctima de la mañana había merodeado el área de Casillas sin saltar vallas por medio. Pero eso es un debate imposible, al menos para el técnico italiano. Y, por supuesto, para el presidente, a quien lo que más le entusiasma es que sus nuevos galácticos diviertan al Bernabéu como los niños que se ponen de ‘chupagoles’ en el patio de colegio. 

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Las reglas del ocio

31 Marzo 2015 por Carlos Vanaclocha

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La fin. El diario L’Equipe publicó su demoledor titular en letras capitales la tarde que Dinamarca bailó a la entonces campeona de todo en el Mundial de Japón y Corea. Aquella generación comandada por Zidane se había preparado para reventar la historia: su fútbol solidarizó odios raciales en su Mundial del 98, redujo al continente en la Eurocopa de los Países Bajos y la leyenda les esperaba en el Lejano Oriente. El fútbol contemporáneo no había visto un prodigio semejante desde el Brasil del setenta hasta que las tertulias periodísticas dieron un vuelco con el bombazo inaugural de Senegal. Pero aquel titular de L’Equipe y el tsunami de dramatismo de la opinión pública indignó al vestuario nacional. “Creo que no merecimos tanta leña”, comentó David Trezeguet años después de la debacle; “Palos y más palos. Parece que nunca hayamos logrado nada”, espetó Thierry Henry, uno de los jugadores más vapuleados por la prensa.  Sin embargo, la reflexión niquelada la pronunció Zidane en Le Monde durante la pretemporada de ese verano con el Real Madrid: “En Francia tan pronto te barren como te ponen la corona”.

La prensa española todavía no se ha atrevido a llevar a ‘La Roja’ al cadalso. La selección de todos ahora no lo es de nadie, al menos para la calle. La decepción de Brasil mantiene anestesiado a cierto público que se emborrachó de emoción durante cuatro años y hoy considera al equipo un marrón molesto que petardea entre Liga y Champions. Antes eran Madrid, Barça y España, la genuina de Luis y la continuista de Del Bosque; hoy la prensa rellena minutos de telebasura sobre la selección a golpe de mamporros. Casi todos al entrenador y al portero, por cierto. Juanma Castaño sacó el bisturí en el Tiempo de Juego del domingo y diseccionó al ¿cadáver? por donde a pocos ‘cirujanos’ se les había ocurrido: “El último partido que divirtió España fue en Saint Denis en la fase de clasificación para Brasil”. Tal cual. Fue la última vez que el combinado nacional fardó de tiqui-taca, aunque entonces España oliese a la misma colonia que Francia cuando aterrizó en Corea para comerse el mundo.

La travesía es demasiado dura porque, como asegura Del Bosque a su círculo privado, “cada partido es una reivindicación permanente”. O Globo, el periódico brasileño con más solera, condenó a sus once penitentes de por vida por la masacre de Alemania en las semifinales de su Mundial. ‘La Roja’ ha entrado en fase experimental y jugar con probetas hasta que vuelva a salir otro tiqui-taca aburre a la gente. O de repente España vuelve a orquestar fútbol en versión Von Karajan o el interés bajará al submundo, cuando la época de Javi Clemente. Es duro pero son las reglas del ocio en este país. Y la selección sabe (porque lo ha visto) que jugar un partido aseado de cada dos no vende. Quizá esos aficionados que ya no se atreven a desempolvar la camiseta de Sudáfrica, tengan que meterse en la mollera que Puyol ya no está; Xavi sólo hubo uno y Villa dejó de golear. Iniesta lo dejó caer hace unos días: “El mismo éxito será devolver la ilusión a la gente que haberlo ganado todo”. Puede, pero desde luego que esa gente, hoy amplia mayoría, no se lo reconocerán. Es la cultura de esta España. Por eso, Inglaterra, Argentina o Brasil siguen gozando de un privilegio casi exclusivo: en las buenas y en las malas, siempre la selección. Aquí Real Madrid y Barça se metieron entre bastidores cuando la selección gritó ‘¡fútbol’! al mundo. Sólo un instante, sólo un momento.  

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El Rey Leónidas sigue reinando

25 Marzo 2015 por Carlos Vanaclocha

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“O me sigues, o no me sigues; el liderazgo no se puede explicar”. Un dogma de fe con el que Simeone justificó su hueco en el fútbol en una entrevista en Jot Down Magazine. Y como el esfuerzo no se negocia, cada atlético sabe que, con más o menos talento, debe entrar todos los días al vestuario con el mismo alma de espartano; la falange es crucial para que el equipo no se desplome, porque si un solo futbolista no baja a defender, si uno de ellos no mantiene rígido el escudo, el enemigo puede clavarle el puñal hasta el esternón. Aquel sábado de enero de 2012 su primer Atleti empató a cero en Málaga y Radamel Falcao acabó el partido jadeando: “Ni en el Oporto corrí tanto”, dijo el tigre colombiano en La Rosaleda. El efecto ‘pupas’, coartada facilona para ahogar las penas de la sufrida afición, tenía sus días contados: el ‘Cholo’ no era otro producto volátil de esa empresa de compraventa de entrenadores que había devorado días antes a Goyo Manzano. No, el club necesitaba un carisma como el de Luis Aragonés y sólo Simeone estaba preparado para captar feligreses. Gil Marín le eligió sin contemplaciones, así lo habría querido don Jesús.

El rey Leónidas no ha traicionado a su pueblo. El club se ha volcado en él porque sin el ‘Cholo’ se olían el fatalismo. Todavía no ha nacido un digno sucesor; alguien que abra un cajón desastre y aplique una terapia de choque brutal. “No hay lugar para la debilidad. Sólo los recios…sólo los fuertes”, el resto no merece adoctrinarse en el ‘cholismo’.  Un ejemplo reciente fue el italiano Cerci, de gran cartel en Italia pero que no supo embarrarse lo suficiente para pelear por ese sentimiento de pertenencia en la plantilla. Simeone le amenazó con ignorarle si no perdía cuatro kilos y la estrella del Torino no se creyó el órdago del entrenador. En una comida el ‘Cholo’ saca su guasa, pero con el trabajo nunca bromea. Y menos de las sugerencias del ‘profe’ Ortega. Se fue Falcao y la prensa se echó las manos a la cabeza; ¿quién más en el mundo remataría un microondas con la cabeza? Nadie, ni siquiera Diego Costa, aunque tampoco hizo falta. De suplente del Rayo Vallecano a martillo pilón del Real Madrid. El hispano-brasileño entendió el fútbol arrabalero de Simeone y jugando a tumba abierta (requisito imprescindible) se ha convertido en estrella mundial. Es la verdadera gracia del ‘Cholo’, rey Midas de las causas perdidas. ¿Acaso Godín parecía un émulo de Fernando Hierro en el Villarreal? Su compañero de batallas, Miranda, tenía más pinta de Pablo Ibáñez o Luis Amaranto Perea que de central suplicado por media Europa. Razón: miren al banquillo.

Raúl González siempre agradecerá a Valdano aquella oportunidad imposible y Koke Resurrección se atrevió a darle un portazo al Barcelona el pasado verano sugestionado por Simeone. Su disyuntiva era evidente: ganar dinero y fama en Can Barça con el riesgo de marchitarse a la sombra de Iniesta, o mirar de reojo a la banda del Calderón y encontrar a su confidente. No se ha arrepentido porque esos cuartos de final ante el Madrid los habría firmado el mismísimo Adelardo. “Va a arder Troya”, dice un peso pesado del vestuario colchonero. Desde luego, con Simeone los derbis se han disfrazado en duelos Nadal-Federer en los que Federer es el mejor de la historia, pero en los que Nadal casi siempre tumba a la historia. Ahora el gigante no puede con el liliputiense. Disculpas al Atleti, hablaba en pasado. Precisamente, el ‘Cholo’ ha necesitado pocas sesiones para convencer a sus acólitos que la grandeza volvía a ser posible. Pero su aspiración no es ser tercero de España. De eso no presume Simeone, sí lo hacía la familia Gil; tampoco de títulos como su admirado Mourinho. “Hay un refrán que dice que si el 49% de la gente te sigue, date por satisfecho. Cuarenta y nueve, eh, ni siquiera el cincuenta”, cuenta el ‘Cholo’. No ha calculado bien porque ha reinventado el refrán: dejémoslo en un 99%.

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Piquenbauer

23 Marzo 2015 por Carlos Vanaclocha

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Él es ‘Piquenbauer’. El mismo que juega al póker disfrazado; que se distrae con su vida de papel cuché y que se atreve a juguetear con su teléfono móvil en un banquillo. Le cayeron palos por tierra, mar y aire sin entrar al trapo; entrenaba y, gracias a esa inspiración divina llamada Carles Puyol, se reencontró con su mejor versión, aquella que durante la era Guardiola le metió de golpe en el club de los más grandes: Beckenbauer, Hierro, Baresi, etc. Piqué estuvo descomunal y evitó que el Madrid destripara su defensa de arriba abajo; colocado como un mariscal de campo, su cuerpo fue un muro de contención que rebotó cualquier balón. Si su cabeza está centrada, Luis Enrique sólo tendrá que preocuparse por rotar a Mascherano y Mathieu. Del resto ya se ocupa Messi, quien sin explosividad se pone el casco de capataz para dirigir al equipo como un arquitecto. Así desquició al Madrid, repartiendo cloroformo a los madridistas desde que Luis Suárez reivindicó que su Bota de Oro no cayó del cielo. Cuando el Madrid cocía el clásico a fuego lento, el uruguayo se desmarcó de la espalda de Sergio Ramos, pinchó un centro largo de Dani Alves, ¡sorpresa!, y cruzó el balón a un Casillas que cayó a plomo. “Por eso pagamos lo que pagamos por Luis Suárez”, justificó Luis Enrique cuando le preguntaron por la actuación sublime de su goleador.

El Barça se asegura media Liga porque puede pinchar dos veces en diez partidos. Y quizá suceda, pero en estos momentos los azulgranas siempre serán más fiable que un Madrid valiente y generoso en el esfuerzo. Los blancos tardaron en soltar el primer directo, pero desde que Cristiano reventó el larguero de Bravo, atacó como una víbora que observa a su presa hasta que lanza el mordisco. Le faltó veneno, el recurso habitual que soluciona la mayoría de sus partidos, Y es muy raro que el Madrid no sepulte a un rival cuando le tiene grogui entre las cuerdas, pero los puñetazos no fueron certeros y la moraleja del fútbol nunca falla en estos casos. Suárez mandó al Madrid al diván del psicólogo y parece que Ancelotti no sabe gestionar las semanas largas. Cristiano comentó una vez en una entrevista que necesita jugar cincuenta partidos por temporada para mantener los músculos tensos; el técnico italiano no sólo desperdicia el fondo de armario sino que tiene a los jugadores fatigados, arrastrándose en las segundas partes con grilletes en los pies. Es el caso de Isco, una liebre de lujo para desfondar contrarios en los primeros minutos, pero que transcurrido un rato se convierte en historia dramática.

Paradojas de este deporte, el casi adiós a la Liga descubre a Ancelotti una lectura demasiado evidente. Su Madrid se gustó cuando jugó en efecto acordeón, atacando y defendiendo en bloque, con Gareth Bale remangándose la impoluta camisa en marrones defensivos. El Bale centrocampista da empaque al equipo, el Bale delantero descuajeringa toda la pizarra táctica. A Carletto le susurran al oído la idea del 4-4-2, extravagante en el club porque el galés no puede ir al banquillo y Benzema no lo merece, menos anoche. Pero el italiano porfía en mantener ese 4-3-3 que se inmoló con estrépito en Mestalla, Vicente Calderón, San Mamés…casi nada. Y un dato espeluznante para Ancelotti: en dos campeonatos sólo ha conseguido una victoria y un empate en todos sus derbis contra Barça y Atlético de Madrid. La ‘Decima’ le salvó de un verano convulso y sólo la ‘Undécima’ le puede mantener en el cargo. La imagen del Camp Nou fue atrevida pero las derrotas pesan demasiado en Chamartín. No le queda otra que apelar a la historia reciente y fiarlo todo a una carta, la Champions. Su preferida. Y cuando se trata de situaciones al borde del abismo, el Madrid camina por el cable como el más experto funambulista. Ocurrió con la ‘Séptima’, la ‘Octava’, la ‘Novena’ y nunca falló. ¿Por qué debe ser diferente este año? La primera parte invita a pensar que no. 

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“¡Mario, cabeza y atrás!”

18 Marzo 2015 por Carlos Vanaclocha

Mario Suárez/fichajes.net

El esfuerzo no se negocia. Tiene pinta de que será el título de un futuro Informe Robinson sobre este Atleti, cuando pasen los años y el fútbol mire en perspectiva cómo un entrenador cambió para siempre la historia de este club. Hace años, durante el apogeo del ‘pupas’, los rojiblancos habrían perdido la eliminatoria de anoche sí o sí. Un despropósito, cualquier jugada maldita o un fallo a lo ‘loco’ Abreu habrían descompuesto a una hinchada que ni siquiera con Simeone habría esperado estos paseos por el elíseo. Y como lo que no te mata, te hace más fuerte, el sufrimiento extremo de los penaltis ha inmunizado al equipo hasta el punto que hay futbolistas en el vestuario que piensas que Berlín es un destino muy viable. Como dijo Rubén Martín en la narración de Tiempo de Juego, “si se cree y se trabaja, se puede”, axioma cholista que entierra de por vida cualquier gafe pasado. El Atlético se ha esforzado por entrar en la sala VIP y el resto de Europa ya no le mira por encima del hombro: ningún club, menos el Real Madrid, quiere cruzarse con ese Rafa Nadal puñetero al que intentan pisar y sigue correteando. Quizá no vuelvan a rozar otra ‘orejuda’, pero sin duda la buscará a tumba abierta. Viene en las tablas de los mandamientos de Simeone por los siglos de los siglos o, al menos, hasta el 2020, fecha de caducidad de su próximo contrato.

El Atlético se sobrepuso a sí mismo porque entendió que no merecía la pena sentarse en un diván ni un solo instante. Agitado por el jugador número 12, salió encendido a por la yugular del Bayer Leverkusen con demasiado alboroto. Y mientras Arda frotaba su lámpara sin que saliese el genio del ‘ardaturanismo’, el partido necesitaba a un pecho frío que pusiera sentido común al fútbol. Sin Gabi en el campo, Koke se perdió entre la maraña alemana; así que un invitado siempre sospechoso dio un paso al frente. Mario Suárez necesita trabajar el doble que los demás para arrancar una sonrisa al Calderón; los pitos y el murmullo siempre penden de un hilo cuando el balón llega a sus pies. Pero, paradojas de este bendito espectáculo, Suárez nunca se borra en los partidos grandes, marrones para cualquier suplente pero bendiciones para él. Y se agradece que no viva en un universo paralelo como la mayoría de su gremio: “Me esfuerzo para que no me piten”, dice con resignación. Su trallazo al estilo Deco alivió a un Simeone que nunca se acaba de fiar de Mario titular. Y no lo hace porque frecuentemente pierde ese balón tonto que puede causar un cataclismo, Anoche también sucedió pero el Leverkusen no supo interpretar el regalo. El rol de Suárez bordea el precipicio porque un solo despiste suyo desnuda a toda la defensa. ”¡Mario, cabeza y atrás!”, fue la orden permanente del ‘Cholo’ a su pupilo. No sabemos si Mario se ha quedado en el Atleti por una negociación torpe con el Inter de Milan o el empecinamiento repentino del entrenador, el caso es que el centrocampista necesitaba cobrarse alguna recompensa.

A Torres le llegó en forma de penalti decisivo. Ya no es ese Fernando Torres, Liverpool’s number nine de Anfield, pero tampoco se le caen los anillos para afanarse en el trabajo sucio. Sabe que Griezmann es la sensación y él se empeña en lo suyo: buscar espacios atrofiando líneas defensivas. Desde luego, la responsabilidad en la tanda de penaltis era demasiado arriesgada: son una lotería maldita que pone a cada uno en su sitio. Sucedió con Kaká cuando falló su disparo ante Neuer en aquella semifinal Madrid-Bayern Munich. Y a Torres le habrían perseguido los fantasmas de la calle si el portero Leno se hubiese estirado medio metro más. No fue así y eso demuestra que el ‘Niño’ tiene talento para situaciones límite. Que se lo digan a la selección española o al Chelsea.

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El Madrid evita el DEFCON 2

16 Marzo 2015 por Carlos Vanaclocha

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El Bernabéu esperaba al otro Real Madrid. Al Mike Tyson que salía en ciclón a tumbar rivales; al Roger Federer que limpiaba las líneas con una batería de puntos ganadores. Cualquier motivo que olvidase la abulia contra el Schalke y, más importante, el cabreo de la grada que había alcanzado proporciones bíblicas. El vestuario se había enterado de las críticas (siempre lo hace), leídas directamente o comentados por terceros, pero, al fin y al cabo, un runrún de sospecha de pasotismo. El dato del miércoles fue demoledor: los blancos habían corrido casi diez kilómetros menos que el Schalke. Traicionando la filosofía Simeone, en el Madrid el esfuerzo sí se negoció. Y no una vez, porque San Mamés evidenció que el equipo no se había tomado tan en serio al Athletic. Pero estaba escrito que el Levante no podía dar la campanada; otro batacazo habría alarmado al Madrid a nivel DEFCON 2, en un estado de neurosis demencial. Afortunadamente para el universo merengue, el Levante juega otra liga y a Barral no le llegaron los balones como a Huntelaar. Fueron veinte minutos del ansiado vendaval y, después, una bajada de tensión preocupante. Más que nada, porque el Madrid pudo haberse vaciado sin reservas, con una semana completa para preparar el clásico.

Sin jugadas potables salvo la espuela estratosférica de Benzema (da gusto cuando el francés intenta las diabluras que practicaba de pequeño en su arrabal de Lyon), el partido fue la contradicción de la ‘BBC’. La cara amable, por fin, la de un Gareth Bale que reactivó su instinto goleador porque él se siente delantero de pura cepa a pesar de haber evolucionado desde el lateral izquierdo en el fútbol inglés. No obstante, Ancelotti podría aumentar exponencialmente su protagonismo si le colocara en la banda izquierda; en la contraria sigue dando la sensación que regatea y central forzado: Bale no sabe dibujar esa filigrana tan característica de Arjen Robben a banda cambiada. Sus goles dan para un par de minutos de resúmenes televisivos, la celebración del primer gol estirará como un chicle las tertulias nocturnas. Enfadado con el mundo, el tímido Gareth (así le definió Pepe en El partido de las 12) sacó su rabia y pateó un córner. Algún compañero o su representante, Jonathan Barnett, han debido comentarle a esta hora que Florentino Pérez ofreció una comparecencia pública para defender en el fondo a su último galáctico. Una inversión de noventa millones (100 según el Tottenham) debe examinarse con lupa para evitar debates mediáticos. No vaya a ser que la multinacional de turno, en este caso el Real Madrid, no explote su P.V.P.

La versión grisácea de la ‘BBC’ la ofreció Cristiano Ronaldo. Le hierve la sangre porque su insondable voracidad le está dando la espalda. Necesita goles para volver a sentirse líder de este Madrid, pero en sus horas más bajas tampoco le está ayudando su comportamiento ni su nula efectividad en las faltas. Su careto en el primer gol de Bale delató rápidamente que le molestó no haber marcado él su golito. Un comportamiento de guardería que recuerda al Cristiano de los dos primeros años. El portugués corre a por la presa pero no la alcanza; por eso, el Barça-Madrid pinta trascendental para los intereses del equipo y su pelea eterna con Leo Messi. Preocupado por el particular duelo de titanes que acapara cualquier previa de clásico, ahora Cristiano tiene que alzar la cabeza en la tabla del pichichi y esa irritación insoportable sólo la puede remediar con goles. O calmando al Camp Nou por segunda vez. Será entonces cuando el Madrid recupere a su Cristiano de siempre, no éste triste y amargado.

 

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