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Esto es Esparta

28 Abril 2016 por Carlos Vanaclocha

El Atlético de Madrid venció 1-0 al Bayern Múnich en la ida de las semifinales de la Liga de Campeones.

Saúl Ñíguez es la respuesta de por qué Simeone es el entrenador más decisivo de los últimos tiempos. Banquillero discreto, el ‘Cholo’ le convenció con su particular terapia de que podría sustituir sin ninguna vergüenza al lesionado Tiago. Sentado en un diván, Saúl tardó poco en entender que el esfuerzo no se negocia y que, como sucedió con los espartanos de Leónidas, cualquier escudo mal colocado en la facción desarmaría a todos. Partido a partido, el todo terreno rojiblanco se ha convertido en otro prodigio de su entrenador; compañeros como Godín, Giménez, Koke o Griezmann agradecen eternamente a su entrenador que les sacara del montón y, en algún caso, de la nada. Un día después del gol ‘maradoniano’ al Bayern, a Del Bosque le plantean un debate improvisado: la selección necesita un trotón que recorra kilómetros con sentido y Saúl debe ser el elegido. La primera parte de anoche fue la enésima prueba de que la plantilla ha asimilado para sí el mensaje institucional de Arbeloa que parafraseó de J.F. Kennedy: “No te preguntes qué puede hacer el Atleti por ti, pregúntate que puedes hacer tú por el Atleti”.

Simeone nunca habla en vano y en su Arte de la Guerra demostró a Guardiola que “la guerra la gana el que utiliza mejor a sus soldados, no el que más tiene”. Precisamente, la táctica de Pep se hundió en los últimos minutos por llenar el área de Oblak de delanteros, no ‘falsos’ como a él le gusta y sí demasiado descarados para intentar cazar un balón. Reaccionó tarde el Bayern al empuje inicial del Atlético y su habitual resaca de mar que poco a poco arrastra a cualquiera a donde quieren los rojiblancos. Bastó un puñado de minutos para que la pizarra de Guardiola se llenara de tachones y los alemanes se sintieran paracaidistas aterrizados en Vietnam, sin saben dónde está el norte y el sur. El fútbol de alcantarilla tantas veces criticado a Simeone es, en realidad, el sacrificio de extenuantes entrenamientos en los que un solo jugador sin fuelle no es apto en la manada. Así se explica el ritual sagrado de que todos, titulares y suplentes, pasen por la báscula a diario. Si Mourinho es un obseso de la presión “alta, media y baja”, tal como él acuñó en el Real Madrid, al ‘Cholo’ no me molesta descubrirse como un alumno aventajado. La letra pequeña de este sistema es que corre riesgo de caducidad a partir de la hora de juego: de ahí que el Atlético retrasara líneas hasta sentirse acorralado por el Bayern, tal como le sucedió contra el Barcelona. Podría parecer suicida, pero no con  el argentino.

A la pregunta del principio, cada argumento pesa más que el anterior. En el atrevimiento de Saúl en una jugada sin peligro, en tierra nadie, Simeone es la explicación. Cada fichaje surge de una cuidadosa selección de guerreros que superan una criba, casi como los espartanos recién nacidos. Augusto jugaba en el Celta hace unos meses y parece que lleva una década en este Atleti. Es el muro de contención que encuentra el rival antes de arañar, si quiera, la defensa. Fernando Torres, sospechoso a principio de temporada, le ha devuelto la confianza a su entrenador en una misión hercúlea pero simple: enfangarse en el trabajo defensivo y sacar fuerzas para contraatacar. Lástima ese balón al palo de Neuer. Y hablando de porteros, Oblak sigue siendo el portero más caro de la Liga española, pero quién en su sano juicio se atreve a discutir su P.V.P de 16 millones. El club le ha blindado con una cláusula de cien, ¿exagerado? Con Simeone detrás, todo es premeditado. ‘Ya caerán’, decían los criticones acostumbrados a la guerra de dos mundos (Madrid y Barça).) Pero resulta que esa hormiga que intentaron pisotear sigue correteando.

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Héroe o fusilado

25 Abril 2016 por Carlos Vanaclocha

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“Este tío va a ganar un puñado de Balones de Oro”. A John Benjamin Toshack le sobró medio partido para anunciar al mundo su creación. La prensa galesa que cubría a la selección nacional ya estaba curada de espanto de la socarronería y, a veces, fanfarronadas de J.B. Demasiado circo en unas ruedas de prensa que, al menos, anestesiaban los cabreos de las plumas más afiladas. Gales siempre había sido un sparring  ‘facilote’ y no había razones para intuir lo contrario, ¿o sí? Los británicos acababan de ganar a Trinidad y Tobago por un pírrico dos a uno en el antiguo estadio Arnold Schwarzenegger de Graz (Austria), y a tenor del bodrio y la aburrida interpretación que pudiese hacer Toshack delante de las cámaras, un periodista le preguntó por el debut de ese lateral izquierdo de 17 años del Southampton que prometía como tantos otros. Su respuesta alivió las soporíferas crónicas, más si cabe, cuando el propio seleccionador advirtió que no se trataba de otra vacilada más. El ex entrenador del Madrid profetizó que algún día el chaval costaría a pretty penny, es decir, un ojo de la cara; fue entonces cuando algunos reporteros se dieron cuenta que quien hablaba era el ‘viejo John’, el bromista que tenía ocurrencias para todo. La siguiente pregunta vino a colación de la primera: “¿Cree que un defensa como Gareth Bale podría valer tanto?”. La respuesta no la habría acertado ni una médium: “¿Quién dice que va a acabar como defensa?”.

Zidane no ha querido hacer pruebas de laboratorio con el galés: le intenta acorralar en la izquierda para que arme sus tomahawks de manera natural, donde el disparo puede coger más ángulo endiablado. Y Florentino Pérez sueña con que su fichaje de 91 millones (reconocidos por Football Leaks), deje de arrastrar su P.V.P con grilletes. Le trajo para mezclar un cóctel explosivo junto a Cristiano y el resultado ha salido insípido de momento. Da la sensación de que Bale se agiganta sin CR7, moviendo sin aduanas por cualquier palmo del césped. En estático puede soltar un zurriagazo (el balón al palo de Vallecas); en contraataque y sin campos minados revienta cualquier candado. Y, además, su salto de manual le deja como un gran cabeceador, marcando los tres tiempos como lo hacía Morientes. Quizá Guardiola se refería a Bale cuando dijo que el Madrid era un “grupo de atletas”; desde luego, ningún velocista del Bayern supo pararle en aquel escandaloso 0-4 de Munich. El mejor Bale todavía es un enigma porque sus músculos se tensan y destensan como un chicle; siempre al filo de la lesión, necesita las condiciones perfectas de Usain Bolt para romper la barrera del sonido.

Cristiano suele comentar en público que Benzema es su socio preferido y no se esfuerza en tirarle flores. Bale aún es un ente extraño que, como dice su representante Jonathan Barnett, “él se fabrica las jugadas y él las ejecuta”. Y como las grandes estrellas, necesita sus ratos de ego para atraer la atención del madridismo. Contra el Rayo actuó de líder y supo galopar marcha atrás para no fracturar al equipo; cuando el partido se rompió definitivamente, al galés aún le sobraba gasolina para volar sobre el césped. La paradoja es que si no hubiese sido héroe, a esta hora le habrían fusilado sin nadie que le prestase un chaleco antibalas. Bale busca inmortalizarse en un póster como Zidane con su volea; al fin y al cabo, su esprint en la cara de Bartra en la Copa de Mestalla no tuvo las proporciones bíblica del cabezazo de Sergio Ramos en Lisboa. El Madrid se ha dado cuenta que la Champions no sólo se gana con el CR7.

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Primero dispara y luego pregunta

21 Abril 2016 por Carlos Vanaclocha

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No hubo pájaras en la subida al Tourmalet. Los tres escapados ni siquiera se miran de reojo; casi que pedalean con plato grande. El líder ha vuelto a pegar un arreón cuando ha sentido en el cogote el aliento de los otros; su descalabro sonaba a los de Jan Ullrich en aquellas peleas gloriosas contra Armstrong y el ‘Pirata’ Pantani. Pero el Barça se ha descubierto como la locomotora americana que, lejos de desfallecer, ha vuelto a imponer un ritmo brutal. El que ha querido y le ha dejado un Depor demasiado relajado. El 0-8 es la coartada perfecta para reclamar como accidente la derrota contra el Valencia. El campeón entró en barrena y salió de la crisis de la manera más contundente: asustando como Mike Tyson. Resulta que Luis Enrique, enemigo público número uno de la prensa y casi de la calle, quizá tuviese razón: no fallaba el físico sino la puntería, porque en Anoeta Gero Rulli salvó a la Real Sociedad y el pasado domingo Diego Alves se convirtió en Duckadam, no parando penaltis pero sí disparos por tierra, mar y aire. El Barça espanta fantasmas y Luis Suárez se declara ganador en el debate de quién ha sido el mejor de la MSN. Desde luego, el killer uruguayo no sólo destroza sus propios récords (ya lleva 50 goles esta temporada) sino que garantiza a su equipo el mejor delantero centro del momento. Golea y da asistencias, rechazando las teorías de los ‘falsos’ nueves. Calibró su Kalashnikov cuando más lo necesitaba, y en cualquier palmo del área ataca al balón como un velociraptor a su presa. Tendría su enjundia verle en un equipo de Guardiola, con tantos delanteros móviles que, de repente, cambian a media puntas o interiores. Suárez es el delantero que pivota en el punto de penalti para rematar hasta un microondas (bonita expresión de Jorge Valdano); fuera del agua se muere porque, al contrario que Benzema, él no entiende el fútbol como un mecano donde la jugada empieza a construirse desde la banda.

A Romario le preguntaron en O Globo quién era su favorito de este Barça. Y cuando todo el mundo intuía que tiraría de inercia patriótica con Neymar, el senador más transgresor del parlamento brasileño sorprendió con Luis Suárez. “Me recuerda a mí, con mi instinto pero sin mis regates”. O Baixinho sigue pendiente del negocio del balón y sabe que el club azulgrana compró la mejor semiautomática del mercado. El Camp Nou la disfruta, como lo hizo Anfield en el año que casi les devuelve la Premier League. Por eso, el mito del Liverpool, Kevin Keegan, avisó hace tiempo al barcelonismo:No saben de qué es capaz el monstruo”. Entre sus diabluras de extremo derecho y delantero centro, se sacó dos Balones de Oro. Al igual que Suárez, ‘Super ratón’ Keegan triunfó en la Premier alejado del estereotipo de tanqueta goleadora (tal honor le correspondió a J.B.Toshack). Los regates del uruguayo son una vintage de aquellas fintas del gran ariete de los setenta. Keegan cambió la idea simplona y folclórica de los inventores del fútbol, mientras que el uruguayo no ambiciona tanto, si acaso, un recuerdo como el de Hristo Stoichkov, de quien le han dicho que puede aspirar a lo mismo: un Balón de Oro. Casi nada. Luis plantea cada partido como un duelo en el Lejano Oeste. Dispara nada más recibir, sin pensar, sin imaginar el ángulo. Le da igual a bote pronto o en pirueta, remata el balón como Hugo Sánchez. Y cualquier aroma añejo siempre es bienvenido. Suárez es el goleador del momento, que dio pistas en Amsterdam y se consagró en Inglaterra. Si Football Leaks desvelase que el Real Madrid le tuvo tan a tiro…

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El ‘galacticidio’ de Queiroz

18 Abril 2016 por Carlos Vanaclocha

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“¿El hecho de haber ganado te quita un poco de ansiedad? El que te diga que no, te miente. La victoria te da tranquilidad y confianza, y la derrota te la quita”. Rafa Nadal, la cabeza mejor amueblada del deporte, respondió a pecho descubierto a Joseba Larrañaga en el Tiempo de Juego de anoche. Gerard Piqué dio la cara ante los periodistas y afirmó estar “cero preocupado”; un discurso demasiado protocolario, de manual y para no alarmar al barcelonismo. Sin embargo, el ‘cagómetro’ de Tomás Guasch ya se ha disparado por las nubes porque el Barça no ha sabido hacer un torniquete a su hemorragia de puntos. Acaba de entrar en la U.V.I con síntomas del ‘galacticidio’ que acabó con el Madrid de Carlos Queiroz; éste acabó muerto, el todavía líder de la Liga aún tiene tiempo de evitar la hecatombe. De repente, el equipo que hace menos de un mes era el Circo del Sol sobre la faz de la Tierra ha entrado en descomposición. Antes del empate de Villarreal nadie, ni siquiera el vestuario, intuía que la carga de partidos y las cero rotaciones podrían ponerles bolas con grilletes en los pies. No obstante, el físico no le jugó una mala pasada contra el Valencia. Fue un accidente porque Diego Alves volvió a sacar tentáculos en un estadio con solera y porque Luis Suárez descalibró su Kalashnikov.  En lo que dura un chasquido de dedos, las tertulias periodísticas han pasado de debatir si la MSN es la mejor delantera de la historia a por qué el club permitió a Neymar viajar a Brasil en plena competición para no perderse la fiesta de cumpleaños de su hermana.

Paco González comentó que “la buena suerte se trabaja y la mala suerte se acaba encontrando”. Es el resumen perfecto del estado catatónico en el que ha entrado el Barça. Piqué la provocó con sus tuits y Periscopes, mientras que Dani Alves levita en un mundo paralelo. Hasta Neymar ha entrado en barrena por un sospechoso estado de forma que le priva de sus lambrettas. Por eso, Messi sigue dando la cara con goles y pases versión Michael Laudrup, y jugando con molestias musculares por si dudan de su compromiso. De la noche a la mañana la ironía de Luis Enrique ha desaparecido en la sala de prensa; ahora sólo contestaciones groseras, secas y rancias, esperando a la última pregunta para levantarse de la silla. Su cabreo permanente con los periodistas también alcanza a la planta noble: ¿dónde está ese Nolito porque el que tanto insistió? La tesorería no se podía permitir 18 millones. Tarde o temprano llegará el dardo a la directiva. Seguro.

Salió el comodín Sergi Roberto en la banda derecha cuando en el banquillo miraban cuatro laterales, tres diestros (Alves, Aleix Vidal y Douglas) y el zurdo Adriano. Hasta Munir, convocado por Del Bosque contra Macedonia para evitar conflictos diplomáticos, esperó su turno para salir a morir en los minutos de la basura. Ingenuo de él, todavía no conoce esa ley no escrita que prohíbe tocar a la MSN, aun cuando el brasileño se desvive por las broncas y no por los regates. Suena ventajista soltarlo ahora, pero exiliados como Halilovic, Deulofeu o Adama le habrían dado cierto caché a los secundarios. A Luis Enrique le está sucediendo como al avinagrado Queiroz: miraba al banquillo para recomponer a sus galácticos y sólo encontraba a Santi Solari y a Guti cuando no estaba revenido. El mensaje del vestuario a la calle no tiene aristas: un tropiezo sin más. Pero perder contra el mismo Valencia deconstruido que sufrió la humillación de un 7-0 en el Camp Nou hace dos meses no lo imaginaría ni la ciencia ficción de Spielberg.  Luis Enrique sí, pero nunca lo diría. 

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Los puñetazos de Tyson

13 Abril 2016 por Carlos Vanaclocha

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Con la pegada de ‘El Terror del Garden’, el Madrid se metió en semifinales. No baila al blues del Barcelona ni presume del bloque granítico del Atlético de Madrid, pero los puñetazos de Tyson sólo se ven en el Bernabéu. A falta de jugadas de videoteca, al equipo le basta con una ráfaga de metralla, un pim, pam, pum para noquear al esparrin que suba al ring. Zumbar al Wolfsburgo era una obligación, pero cualquier otro semifinalista exige picar en la mina. Hablando en plata, que Bale y Cristiano (sí, el ‘Bicho’), no se queden pasmados arriba cuando el resto sufre con el agua al cuello. Dicen que es una remontada histórica porque los últimos intentos habían frustrado el espíritu de Juanito; en ese caso, aceptamos pulpo como animal de compañía. Fue la comunión del semidios del madridismo con la grada; del sospechoso runrún a la ovación más atronadora; del hay que  venderle por una pasta gansa a CR7 forever.  Y aunque la odiosa comparación con Messi le hierva la sangre, el portugués arrasó el debate de la calle, si es que aún lo había: sí, es el mejor futbolista de la historia del club, que no significa que sea el más importante. Porque ahí entran los folclóricos con Di Stéfano y los puristas de Raúl González.

A Cristiano le preguntaron en zona mixta por qué nunca descansa. “Estoy bien, no hay motivo para parar”. Lo dice el mejor profesional de su oficio; entregado al culto de su cuerpo mañana, tarde y noche; obsesionado con romper la barrera del sonido y sacudirse las habladurías de segundón. Un ex peso pesado del vestuario cuenta que durante las dos primeras temporadas de Mourinho, su fijación con ser el número uno llegaba a límites insospechados. Por ejemplo, estar cenando durante una concentración viendo al Barça en televisión, y tirar la servilleta al suelo instantes después de un gol de Messi. Y aunque su egolatría le ha causado odios por muchos campos, ese ansia de superación mantiene su voracidad de tiburón blanco, sin que ningún Jefe Brody lo arpone. Hace dos semanas encasquilló demasiados fusiles en el Camp Nou, anoche le demostró a Florentino Pérez una teoría peligrosa para un club de casi 600 millones: el Madrid es Cristiano por tierra, mar y aire. Y sin él, se asoma al Apocalipsis. Aunque lo misma dirán los merengues del Barça sin Messi. Sólo la estrella lusa podía evitar el cataclismo del club y las supuestas terribles consecuencias en la planta noble del Bernabéu.

Por cierto, partido horrible del Madrid que le vale para tumbar al Wolfsburgo que todos querían. Suena de chiste que la ida acabase en zozobra con una defensa que, lejos de tener fiabilidad alemana, se parece al cartón piedra. Demuestra que la psicología de los blancos necesita un buen rato de consulta en un diván. Cuando quiere y no se distrae, pasa por encima como una apisonadora, pero de repente viene el Málaga y le hace un brete. Lo decía el mítico Raúl en una entrevista con Jorge Valdano, “no sé por qué, pero la Champions nos evadía de todo. Y eso era muy peligroso”. Al fin y al cabo, desde que se extinguió la ‘Quinta del Buitre’ y su récord de cinco Ligas, el Madrid se ha acostumbrado a jugar a la ruleta rusa: o Champions o hecatombe. Sin término medio. Pero se divierte como nadie jugando a ser funambulista sobre el alambre.

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Felix Baumgartner

10 Abril 2016 por Carlos Vanaclocha

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Estadio Luis II de Mónaco; abril de 2004. Zinedine Zidane se acerca a su compatriota Ludovic Giuly en el túnel de vestuario durante el descanso y le suelta un susurro cómplice: “Estamos muertos, agotados”. El Madrid plantea la segunda parte de aquella fatídica Champions con grilletes en los pies, sin físico para la reacción. De repente, el Mónaco del exiliado Morientes voltea los cuartos de final y el proyecto faraónico de Florentino Pérez entra en barrena en el famoso ‘galacticidio’. El equipo construido para barrer en Europa comienza a arrastrarse sobre el césped monegasco sin amago de ruletas de Zidane ni manadas de búfalos (Ronaldo). Es entonces cuando la prensa aduladora dispara toda su metralla contra Carlos Queiroz y su nulo ojo clínico, porque el Madrid galáctico fueron once titulares, con Solari y Guti como banquilleros de lujo; rotar a las estrellas no estaba autorizado en el reglamento del club. Primero fue el sopapo del Zaragoza en la final de Copa; días más tardes la catástrofe de Mónaco y, a continuación, cinco derrotas ligueras que desmontaron la plantilla como si fuese un lego.

El madridismo recuerda en estas horas su fatal recuerdo. Anhela que al Barça le suceda la misma Apocalipsis, ese paso del cielo al infierno a la misma velocidad que bajó Felix Baumgartner desde la estratosfera. Desde la Ciudad Condal surge cierta corriente pesimista que rememora el victimismo ochentero culé: son varios ex jugadores como Jose Mari Bakero los que se acuerdan del descalabro de Queiroz. Sus declaraciones off the record no cambian nada de las públicas: son cautos porque el ocaso del Dream Team les forjó su cautela. Sin embargo, en el vestuario azulgrana se aferran a la palabra de su capitán Iniesta: necesitaban un colchón demasiado mullido para amortiguar la caída. Visto desde fuera, el Barça se agrieta porque Luis Enrique no ha embadurnado con antioxidante a su MSN. El ritmo de partidos es brutal desde la Supercopa de agosto, sin apenas descanso y con un puñado de viajes transatlánticos que atenaza los músculos. Existe cierto temor en la planta noble del Camp Nou (esto es información, no opinión) a que el equipo se desmorone como el del ‘Tata’ Martino, que se quedó sin gasolina para el esprint final de temporada y con Leo Messi en las portadas por sus arcadas y no su Circo del Sol.

Por pura estadística, el Barça tenía que sufrir la pájara en su Tourmalet. Por pura estadística, los jugadores no podían aguantar el fútbol ciclónico de estos meses. Por pura estadística, Messi, Neymar o Luis Suárez tenía que quebrar. No ha sido el uruguayo, cuyo letalidad sostuvo a todos ante el Atlético. Y del mejor jugador del mundo tampoco se duda porque, al fin y al cabo, él decide el destino del Barça y no al revés. Curioso, entonces, que el mejor año de Neymar se ennegrezca ahora con escapadas disolutas (aceptadas por Luis Enrique); y como este deporte olvida su memoria en pocas horas, el brasileño necesita devolverse a sí mismo a las favelas donde le descubrieron. Allí encontrará el catálogo de regates que asombró al mundo hace…..¡tres semanas! De locos. Por pura estadística y sin fanatismos, el Barça sigue siendo favorito para todo. Tampoco lo olviden.

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La alfombra roja de Hollywood

7 Abril 2016 por Carlos Vanaclocha

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Es la moneda al aire que puede caer hasta de canto. Demasiado talento y muy poco equipo; con esta credencial quizá el Real Madrid gane otra Champions, pero seguramente perderá otras siete Ligas. Los primeros 45 minutos delataron a los ojeadores del club: ni un solo vídeo del Wolfsburgo, ni una estrategia para averiar a los alemanes. Dio la sensación de que la épica victoria del Camp Nou tenía premio doble: resucitar y sumar media victoria en Alemania. Sin embargo, la Champions es muy traicionera y nadie mejor que el Madrid debería saber que en su competición todos pelean como si no hubiera mañana, a tumba abierta. El Wolfsburgo es un equipo de media tabla de Bundesliga que ha convertido la Champions en su cuento de hadas. Y a falta de fútbol, la velocidad no se la quita nadie. Julian Draxler y Bruno Henrique recibirán este jueves llamadas de media Europa porque cualquier plantilla necesita velocistas. Draxler es el que vende las camisetas en la fábrica de la Volkswagen y, desde ayer, quien talla los trajes a Danilo. Por tierra, mar y aire le superó, con y sin balón.

El lateral del futuro, así le vendimos sin verle (las cosas de los periodistas), quedó hecho trizas en un puñado de minutos, los que tardaron Draxler y Arnold en hacerle la ‘trece-catorce’. Danilo todavía no se ha enterado de que jugar en su puesto supone defender y atacar en una especie de pinball; su problema es que ni mete la pierna ni levanta la pelota en los centros. Sus gestos recuerdan a aquel ‘Bolo’ Zenden del Barça que no metía ni una en el área. Danilo no fue el único que pasó por el cadalso. Sergio Ramos inquietó a su propia defensa con errores de patio de colegio y Casemiro no sacó la máquina cortacésped. De repente, la medular merengue fue engullida por el Wolfsburgo. Y cuando Modric arrastra su peor versión, la gripe no la cura ni el mejor Cristiano Ronaldo. Haciendo de abogado del diablo, un penalti tan riguroso como la expulsión de Fernando Torres desquició al Madrid toda la noche. Ni siquiera un amago de ese vendaval que proponen los blancos durante un rato; y eso que a Bale se le notaba escurridizo, con los músculos tersos para preparar la zancada. Nada importó porque cuatro meses después el plan sigue siendo que no hay plan. Y el claqué que quiere bailar Zidane necesita el aprendizaje de unos pasos; no se trata de desenrollar la alfombra roja de Hollywood para que se paseen las estrellas. A esta hora la incertidumbre agobia demasiado al madridismo, ¿cuál es el Doctor Jekyll y cuál es Mister Hyde?

Por si acaso, el hijo del mito Juanito, Roberto, advirtió en twitter que no molestemos al espíritu de su padre. Suena poco práctico porque el famoso Madrid de las remontadas se extinguió hace décadas, aunque siempre es un recurso para la prensa satélite del club. La cabeza de Santillana y los quiebros de Butragueño son desempolvados de las hemerotecas para abonar la remontada. Cualquier motivo para sobreexcitar al madridismo. Y seguramente sin Benzema, para que el salto con triple tirabuzón sea completo. El Madrid sacará el ataque relámpago en los primeros minutos y si su combinación de puñetazos todavía no noquea al Wolfsburgo, entonces Zidane deberá sentarse delante del tablero de ajedrez. Pero para eso, hay que trabajar la eliminatoria en Valdebebas; sopesar si el defenestrado James tiene hueco para la épica y si Kroos es tan imprescindible como Zizou nos quiere hacer creer. Cosas sin lógica, como Danilo.  

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Ese “grupo de atletas”

3 Abril 2016 por Carlos Vanaclocha

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Primero empezó con el centenario del Barcelona (1998). Aquel inolvidable canto a capela de Joan Manuel Serrat con el Camp Nou oscurecido acabó en tragedia por un gol del colchonero Jugovic. En 2002 el Real Madrid cuadró sus cien años en el Bernabéu con la final de Copa y, además, pidió a la FIFA que ese día, 06 de marzo, no se celebrase ningún partido oficial en todo el mundo. El ‘Centenariazo’ pertenece a la antología de descalabros madridistas. En 2003, el Atlético de Madrid quiso brinda al Calderón un homenaje familiar, sólo apto para sufridores, y acabó en el túnel del terror en el que le metió Osasuna. Johan Cruyff merecía un homenaje en vida, tal como se quejó Dani Alves el sábado, aunque fue Pep Guardiola quien se lo brindó durante un puñado de años. Las casas de apuestas aumentaron con descaro la distancia entre Barça y Madrid, planteando como un suicidio la victoria merengue. La prensa culé se había preocupado más por el grado de emotividad de los fastos a Johan; al fin y al cabo, la sombra del Madrid ya no era demasiado alargada. Un ex peso pesado del Dream Team de Cruyff insistió en días pasados que no quería ver a los blancos “ni en pintura” en la Champions. Con los vídeos en mano, cualquier Real Madrid jugó mejor los clásicos del Camp Nou que del Bernabéu en la última época; quizá por aquella exhibición de Ronaldinho, o el cataclismo del 2-6. Mourinho debutó con un guantazo literal y aprendió de sus errores.

Zidane prestó atención a ese 5-0 porque entendió que a este Barça se le gana en velocidad. Necesitaba al “grupo de atletas” (Guardiola dixit) que arrasó en la semifinal de Munich o la versión más discutida de Rafa Benítez. Habría sido el partido perfecto para Mister Rafa. No en vano, él jamás habría quitado a Casemiro del once si la presión popular o, mejor dicho, de la planta noble no hubiese sido tan intensa en la ida. Ha nacido un nuevo Makelele, pero con más estilo; especialista en marrones, se especializa en fontanería soldando averías. Y no le quema el balón en los pies, como al gran Claude, quien reventaba jugadas a la espalda del propio Zidane. Case (así le apoda el vestuario) es la prueba de que el algodón no engaña: ni siquiera el Barça se puede permitir el lujo de bailar claqué sin un rottweiler. Pero Busquets sólo hay uno en el fútbol, Casemiro tiene todo el futuro por delante y no lejos de Chamartín, precisamente. De repente, las críticas al ‘Cholo’ Simeone y su fútbol siderúrgico se esfumaron: Zinedine Zidane, cuyo póster voleando la ‘Novena’ aún está colgado en muchas habitaciones, planteó una hormigonera en campo propio. La primera conclusión a vuelapluma fue intuir que el cemento armado era para impedir un resultado obsceno; el cansancio y la posesión oxidada del Barça dedujeron que era una estrategia. Suicida, pero meditada.

El Madrid ganó el debate de la calle: sí, hay que tenerle en cuenta para la Champions. Necesitaba una demostración mundial en el Circo del Sol del fútbol, delante de Leo Messi y una MSN agotada por las convocatorias internacionales. La trinchera merengue le brindaba a Bale una autopista hasta Claudio Bravo. Y en el duelo de correcaminos, la zancada del galés superó al molinillo de Jordi Alba. A Bale le sucede como al mejor Cristiano (me temo que ya no le veremos): es peligroso sin correa, sin el corsé que le ponía Benítez. Desde anoche, tiene licencia para matar por donde él quiera. Cristiano también, por supuesto, pero Zidane se ganaría el favor de los puristas si le reduce el radio de explosión. Ya no es el velocista que adelanta defensas, ahora se fía de su olfato de Van Nistelrooy. El problema, o capricho, sigue siendo que CR7 no quiere jugar de delantero centro, a pesar de que remataría cualquier microondas que le llegue. Decían las lenguas viperinas que el Espanyol siempre había sido la vaselina de Cristiano. Su enésimo gol decisivo callará a los rajadores: quince tantos a los ‘pericos’ y dieciséis al Barça. Aunque pensándolo bien, no cambiará nada: seguirán despellejándole.

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James, la moneda al aire

1 Abril 2016 por Carlos Vanaclocha

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James lanzó el tomahawk en plena efervescencia cafetera. “Rindo  mejor en Colombia porque juego y recibo el apoyo de todos”. Héroe nacional, su selección se alteró cuando Benítez y Zidane coincidieron en su sacrificio. La prensa colombiana, resignada por la desaparición fantasmagórica de Radamel Falcao, saturó la televisión con un debate unánime: el estado físico de su flamante estrella. De James se ha hablado demasiado en las charlas de barra de bar: su gusto por la juerga madrileña y una silueta sospechosamente ensanchada. De repente, los golazos inteligentes desaparecieron por un murmullo sin explicación: la estrella de los 80 millones comenzaba a calentar banquillo. La imagen en Mestalla, en la última noche de Rafa Benítez, subió los decibelios del mosqueo a límites insospechados: Isco y James sentados con el peto suplente. O Mister Rafa se había delatado como amarrete número uno de su promoción, o de veras los entrenamientos de Valdebebas les había delatado. El colombiano se reveló como un trotón con guante de seda la temporada pasada; se comía el césped palmo a palmo y colocaba el balón donde quería con escuadra y cartabón. Una inoportuna lesión el pasado septiembre en Colombia le mermó casi un mes; desde entonces, ni un amago de esfuerzo hercúleo, ni una ovación del Bernabéu. Su nombre saltó al disparadero del cuchicheo rosa: discotecas de moda y una vida poco apta para un futbolista de élite.

Con Ancelotti, las estadísticas dieron la razón a James: 17 goles y 18 asistencias, más que Isco, su competidor directo. El colombiano jugaba escurridizo y Cristiano Ronaldo le adoptó como socio itinerante con permiso de Benzema. Hasta Ancelotti zanjó la odiosa comparación con Di María, sentenciando que James era “un Di María con diez kilos más de peso y motor diesel”. Entonces, la grada quedó prendada de aquellos pases de banda a banda, versión Xabi Alonso, y los latigazos fuera del área que recordaban al mejor Davor Suker. Sin embargo, de la noche a la mañana ha dejado de pelear por su P.V.P Se mueve lento y tosco; apenas se entiende con la BBC o cualquiera de las tres siglas, y el 0-4 del Barça le dejó retratado (como al resto, claro). El Bernabéu, en su habitual actitud de tendido siete de Las Ventas, perdió la paciencia y reclamó la presencia de Isco para volatilizar partidos. Y la sensación se agiganta cada vez más: sin ser ninguno titular, cuando el malagueño conduce la pelota con ese pegamento que le caracteriza, se escucha runrún. Con James todo es una moneda al aire, porque tan pronto inventa un centro calibrado por la NASA, como malgasta un contraataque con pases absurdos. Doctor Jekyll y Mister Hyde en décimas de segundo.

James se ha atrincherado contra la prensa. Intentó lucir abdominales a la salida de una de esas cenas de conjura para demostrar que no está gordo, y aguantó el silenzio stampa con la persecución policial por la M-40 hastq que el club le exigió explicaciones públicas. Mucho estiércol y poco fútbol; líos a diestro y siniestro, y ninguna actuación decisiva. Esta semana, desde Colombia, ha mandado el recado a Zidane porque allí se siente futbolista y hombre anuncio. Vamos, el rey Midas. Pero en Madrid aún no ha entendido que la ópera es demasiado selecta. Si no juega y, peor, no suda, sólo escuchará abucheos. El galimatías de su cabeza empieza y acaba en él. O en el diván de un psicólogo que le recuerda por qué Florentino Pérez escuchó su nombre en Brasil no hace demasiado tiempo. 

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Ni siquiera el Madrid sabe a quién quiere

28 Marzo 2016 por Carlos Vanaclocha

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Thibaut Courtois fue protagonista sorpresa en las oficinas del Santiago Bernabéu durante unas semanas. Su padre y representante, Thierry, llamó varias veces a José Ángel Sánchez, director general, para sugerir su contratación. Consciente de que el Real Madrid todavía no había garantizado a Keylor Navas un dorsal fijo para la próxima temporada, y que el fax de De Gea quizá vuelva a llegar tarde, o directamente ni lo envíen, el portero del Chelsea necesita un equipo ganador y el Madrid asegurar unos guantes para un puñado de años. Courtois fue la primera opción del presidente Florentino por unos instantes, hasta que la COPE informó que el club mejorará el sueldo a Keylor en junio por méritos indiscutibles. El Madrid de hoy sobrevive por las paradas del costarricense y los goles de Cristiano, recordando aquella apoteosis galáctica de Iker y Ronaldo (el brasileño). El guardameta merengue trabaja hasta la extenuación en Valdebebas, partido a partido como el Cholo, sin alzar todavía su mirada a la planta noble. Y aunque no lo sepa, su profesionalidad alivia a la directiva de otros casos embarazosos, como los de Özil y Di María. El padre del alemán forzó su venta al final de la era Mourinho, después de que su hijo mezclara en un cóctel molotov vaguería y falta de compromiso. Sus mejillas rollizas con la camiseta poca empapada delataban sus vicios nocturnos. Di María retó a Florentino y le pidió un contrato desorbitado; pensó que había sido el héroe de la Décima (desde luego, se echó el equipo a la espalda) y que merecía cobrar como la élite.

Keylor y su agente, Ricardo Cabañas, saben que el Madrid no negocia renovaciones a mitad de temporada, pero Zidane ya ha comunicado a sus superiores que le gusta su portero para el próximo proyecto. Courtois se quiere ir del Chelsea sin esperar a que Antonio Conte, próximo entrenador blue, le intente convencer en cinco minutos o con más ceros en la cuenta bancaria. A De Gea aún le retumban las palabras de Jorge Mendes la medianoche del 31 de agosto, justificándole con resignación que un problema burocrático había frustrado su fichaje. Él lo ha tenido que aceptar reivindicándose en Old Trafford con paradas imposibles ante una afición que le adora y ansía que José Mourinho le retenga en Manchester. Su destino no se jugará al Monopoly, porque no se trata de quien ponga más pasta, sino que es un misterio de Cluedo. De Gea no quiere seguir con Van Gaal; Mourinho no le soltará al Madrid con ligereza, y Zizou no se va a desvivir por él.  Ni siquiera el Madrid sabe a quién quiere la próxima temporada. La sombra del mejor Casillas sigue siendo demasiado alargada. Empecemos por ahí.

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