Blogs

La advertencia de Mickey Goldmill

24 Enero 2015 por Carlos Vanaclocha

Real Madrid 2-1 Córdoba: Cristiano se arrepiente y pide perdón a Edimar 

Al valencianista  Rodrigo de Paul le cayeron cuatro partidos por dar un puñetazo en el pómulo a Aleix Vidal en el Sevilla-Valencia de la primera jornada. Entonces, el acta arbitral contempló el cruce de cables del argentino como una agresión. Cristiano Ronaldo podrá agradecer al colegiado Hernández Hernández que haya omitido su agresión aludiendo a una simple “patada”. Ese pequeño matiz supone que la sanción al portugués sea más morbosa que los cuartos de Copa. Si le caen dos partidos, Real Sociedad y Sevilla, la maquinaria mediática antimadridista se activará para recordar en fascículos diarios las bulas papales que el Comité de Competición ha dispensado al Real Madrid a lo largo de la historia; pero si el Comité considera que la reacción de Cristiano fue infantiloide (no admite duda), el paquete puede llegar a cuatro partidos, incluido el derbi del Calderón. Será entonces cuando la caverna (Laporta dixit) repita la palabra ‘villarato’ como un loco atado con un chaleco de fuerza y que habla solo en un manicomio. Y, por supuesto, el Madrid pondrá en liza su lobby institucional para evitar daños y perjurios que pueda devolver en efecto bumerán al son de ‘con el Madrid no se mete nadie’.

Cristiano se desquició así mismo por desquiciamiento colectivo, valga la redundancia. De repente, sus misiles tomahawk se han averiado y su zancada no anda. “Las mujeres debilitan las piernas”, advierte Mickey Goldmill a su púpilo Rocky Balboa en la obra maestra de Stallone. Lo mismo le sucede a CR7 a modo de aduladores, premios y el ‘Sálvame Deluxe’’ que va a inundar su vida a raíz de su reciente ruptura sentimental. Da la sensación que Cristiano, lejos de reposar su cuerpo hercúleo, necesita caña para no cortocircuitarse. Su desborde ha perdido el reprís que hacía volar por los aires cualquier defensa acorazada. Pero no es un diagnóstico aislado: el rock and roll del equipo ha desaparecido de las guitarras eléctricas; más bien son acordes de música clásica, previsibles, relajados, sin poder de intimidación. Las jugadas han perdido su ritmo vertiginoso y las combinaciones perfectas de la ‘BBC’ que antes destripaban a los contrarios apenas alcanzan el balcón del área. Vale, no jugó Isco y el Madrid estuvo a punto de chocar con el iceberg. Pero ésa es la historieta que se contarán los niños en el recreo el lunes. Quién lo diría en verano, cuando en la planta noble del Bernabéu temían que el malagueño repitiera otro caso Özil.

Las crónicas sobarán en el Córdoba el tópico de jugaron como nunca y perdieron como siempre. Ocurre cuando el equipo liliputiense tiene que tirar de la palanca de la guillotina; el miedo a perderle el respeto al señor feudal les mata. Claro que todo habría acabado en palabrería si Bebé, ese émulo de Ronaldo Nazario, hubiera culminado su jugada de sello ‘maradoniano’. Bebé y el larguero que evidencia que Casillas tiene más flor que la selva amazónica fueron el preámbulo de la estocada merengue. Un penalti claro que Bale cocinó y se comió para mantener a raya a un meteórico Barcelona. El fútbol marchito del Madrid es inversamente proporcional a los bailes de Fred Astaire reencarnados por Messi y Neymar, los Balones de Oro del hoy y del mañana. Pero, como dice Manolo Sanchís, los equipos “obedecen a picos de rendimiento” y el de los blancos casi ha tocado el suelo. Al final, uno no sabe si es mejor descansar durante la semana o darse de bofetadas en otra competición, como están haciendo Barça y Atleti. 

 

Comparte este post:
  • Meneame
  • Google
  • TwitThis
  • Facebook

No es otro cuento chino

21 Enero 2015 por Carlos Vanaclocha


Jingxin Li es una periodista china que habla perfectamente español. Su talento para hablar y escribir en nuestro idioma escasea en un país de más de 1.300 millones. Y el gigante inmobiliario Wanda lo supo cuando le contrató el año pasado para sus proyectos internacionales educativos. Ella conoció una vez al flamante accionista del Atlético de Madrid, Wang Jianlin, en una reunión empresarial donde hacía de intérprete y su impresión es que, como buen amante del fútbol europeo, todavía sueña con apadrinar una promesa china que en un futuro pare las rotativas de los grandes diarios deportivos europeos. Li fue contratada por el grupo Wanda para instruir a niños chinos en conocimientos de fútbol: palabras tan manoseadas como ‘gol’, ‘fuera de juego’, ‘chut’ o ‘regate’ fueron repetidas una y otra vez por alevines y cadetes que hoy forman la primera escuela del Atlético de Madrid en China. Ella se encargó del trabajo teórico y varios entrenadores pusieron en práctica esos conceptos con los chavales. Y el magnate Jianlin supervisó personalmente todo el proceso: desde las clases en español de Li en Pekín hasta la llegada de los canteranos a España. Concretamente, ahora hay noventa en nuestro país: treinta en Madrid, treinta en Valencia y otros tantos en Villarreal. Li vive ahora en Barcelona y trabaja en el portal de noticias generalistas Sina.net, también propiedad de Wanda, que no sólo se dedica a la adquisición de inmuebles, sino que también ofrece hostelería, espectáculos como cine y teatro, y posee un grupo audiovisual importante.

“Hablar de Wang Jianlin en China es como hablar de Amancio Ortega en España”. Jingxin Li ha filtrado innumerables noticias del grupo Inditex para el mundo chino. “La noticia impactaría igual si Zara (Inditex) invirtiera en un equipo tipo Guangzhou Evergrande o Beijing Guoan”. El Evergrande ha sido campeón asiático con Marcelo Lippi de entrenador y ahora lo dirige Fabio Cannavaro; el Guoan tiene inquilino español en el banquillo, Goyo Manzano. Quizá la serie animada de Oliver y Benji no sea tan ficticia para Jianlin, obsesionado con moldear un crack chino que compita en las grandes ligas europeas. Y para un empresario tan metódico que nunca arriesga con sus operaciones, el primer paso es educar a las generaciones venideras desde la infancia. De ahí que se haya implicado tanto en persona con la cantera china del Atlético. La compra del 20 por ciento de acciones del club colchonero, o sea 45 millones de euros (en realidad alcanza los 50), sólo es el comienzo de las grandes experiencias que le esperan a Miguel Ángel Gil Marín. El consejero delegado llevaba tiempo negociando un acuerdo con Jianlin porque, tras batir otros mercados emergentes, Wanda ofrece al Atleti la oportunidad de entrar en el selecto club de los ricachones europeos. “De momento son 45 millones, pero dicen que irá invirtiendo más y más en los próximos años”, cuenta Li por conversaciones telefónicas con colegas especializados en periodismo económico.

Jianlin tanteó la Premier sin convencerle las presas disponibles, en concreto el Southampton de Ronald Koeman, y el histórico pero modesto Sheffield Wednesday.  No debió ver negocio en estos clubes y, después de un flirteo con el Valencia antes de que llegara a las manos de Peter Lim, se ha decantado por invertir en el Atlético de Madrid. El Partido de las 12 contó esta semana que las intenciones del multimillonario chino (fortuna 101 en la revista Forbes y cuarto hombre más poderoso de su país) son comprar a la larga la totalidad del club por una cifra aproximada a los 200 millones; es decir, la parte que correspondería a Gil Marín (52% del accionariado) y Enrique Cereo (20%). Lógicamente y hasta que las inversiones no generen riqueza, Jianlin arrastrará la permanente sospecha de la masa social atlética. El miedo a lo desconocido. “Con Wanda metido en el Atlético, a nadie le sorprenderá en mi país que el Atlético tenga más publicidad que el propio Leo Messi, icono futbolístico de las grandes ciudades”. Li no es la única que cree que Jianlin tiene la llave para que algún día, cuando Hacienda y el Atlético resuelvan la vasta deuda, Gil Marín o el propio dueño de Wanda actúen por una vez como Florentino Pérez y extiendan un cheque con interminables ceros por una estrella de relevancia mundial. “Si el Manchester City o el Paris Saint Germain tienen dueños extranjeros, ¿por qué no el Atleti?”. Buena pregunta que se responde con miedo y demasiada dudas a tenor de los extravagantes casos de Dimitri Piterman, el indio Alí Syed o el amago de estafa de un grupo inversor árabe en el Getafe.

“Wang Jianlin nos ha convencido por su seriedad”. Primeras palabras del presidente Cerezo tras rubricar el acuerdo la pasada madrugada en China. Emilio Gutiérrez, hombre fuerte de Gil Marín en el club, habrá suspirado de alivio: por fin una ‘pequeña’ ayuda para encontrar vías de explotación comercial en China y el Sudeste Asiático. Jingxin Li lo tiene claro: “Wanda controla la mayoría de las salas de cine en todo el territorio chino y con lo que les gusta el cine, los goles de Fernando Torres aparecerán más veces antes de las películas que en la propia televisión”.  Harto de estar siempre cuadrando balanzas de pagos para rascar un millón de una venta y regatear otro de un fichaje, Gil Marín necesitaba este acuerdo de magnitud estratosférica. Quizá sea el principio del fin para el consejero delegado, pero en apariencia es el comienzo de la multinacional Atlético de Madrid S.A con acento chino mandarín.

 

 


 

 

 

 

 

Comparte este post:
  • Meneame
  • Google
  • TwitThis
  • Facebook

El ‘Buitre’ en Getafe

18 Enero 2015 por Carlos Vanaclocha

4-tuvo-el-debut-sonado.jpg

Butragueño coge el balón de espaldas y se inventa un caño antológico que deja al defensa Linares clavado. A continuación, saca de su chistera el regate de la ‘cuerda’ para esquivar a Generelo sobre la línea de fondo y en otro instante, también sobre la cal, regatea la salida del portero Jaro con otra ‘cuerda’ para marcar a puerta vacío. Aquel gol antológico del ‘7’ al  Cádiz levantó a un Bernabéu que sacó los pañuelos al grito de ‘¡Buitre, buitre, buitre! La nostalgia emocionó a Butragueño en Getafe viendo cómo Benzema casi calcaba uno de sus goles más legendarios. Así es Karim, un genio todavía incomprendido que, como el Doctor Jekyll, tiene dos caras: la que persuadió a Florentino Pérez para ficharle personalmente en su barriada de Lyon, y la de monsieur l’empané, ese ángel de brazos caídos (no en sentido literal como Butragueño) que se olvida del limbo con ciertos destellos. Él fue lo único potable en otro partido turbio del Madrid, porque el Getafe copió los deberes del Atlético colocando a todo su ejército en medio. Así que la única solución blanca fue abrir las bandas y mandar centros a la olla, casi todos defectuosos, por cierto.

Bale tiene un guante de seda del que Cristiano y Benzema disfrutarían más si jugase en su banda natural y no en la derecha, donde el galés tiene que colocarse en posición amorfa para colgar pelotas. Es una lástima que en el fútbol moderno de interiores ya no haya un Míchel de turno que se arrime a un lado y ponga balones en la cabeza de cualquier delantero centro. También lo añorará Butragueño. En cambio, a Benzema apenas le importa porque a él lo que le gusta es montarse la jugada y esperar que salga la magia. Ese talento siempre se lo agradecerá el portugués, quien le ha dicho al club por activa y por pasiva que no quiere otro socio que no sea el francés. Cristiano necesita los goles, no por su bestial estadística (28) sino para sacudirse las coñas pesadas de su grito simiesco en la Gala del Balón de Oro. El público quisquilloso se quejará de que al Getafe sí pero al Atleti no: lógico, viene en la letra pequeña del contrato de cualquier estrella. Pero CR7 quiere engullir todos los récords de Liga posibles para dejarla sentenciada cuanto antes. No vaya a ser que el Barça se acerque demasiado y la temporada de la supuesta mejor plantilla del mundo acaba en otro ‘galacticidio’, como el de Carlos Queiroz.

Pero juegue bien, mal o peor, la salsa de este Madrid se la sigue dando Isco. El ex futbolista Javier Casquero comentó en la retransmisión de Tiempo de Juego que el malagueño mejora al cuadrado o al cubo cuando arranca su ingenio desde la izquierda. Desde ahí se convirtió en el mejor jugador joven del mundo en el Málaga de Pellegrini. Escribiendo comparaciones odiosas (o no tanto), la finura de Laudrup eran los pases a vista cambiada y la de Isco son los mil y un amagos que genera en un metro cuadrado. A Morata, el delantero de la Juve, se le ocurrió la metáfora perfecta en la última concentración de la selección: “Isco tiene pegamento en la bota”. Ancelotti también lo piensa, la gracia es que actúe en consecuencia y no le sacrifique cuando regrese el añorado Modric.

Comparte este post:
  • Meneame
  • Google
  • TwitThis
  • Facebook

El miedo escénico que nunca llegó

14 Enero 2015 por Carlos Vanaclocha

juanitojpg.JPG

“El Bernabéu tiene que recuperar el miedo escénico”. Jorge Valdano invocó a la grada blanca en su semana más decisiva como entrenador. El Madrid debía remontar al Espanyol el 4-1 de Sarriá para no caer en la Copa del 96 y la pareja Valdano-Cappa se jugaba el finiquito de antemano. El entrenador argentino había aludido al ‘espíritu Juanito’ durante los días previos y Telemadrid, como si de un ciclo de cine se tratara, emitió reportajes a punta pala de las noches históricas europeas. Borussia Mönchengladbach, Anderlecht, Inter de Milan…los cadáveres que habían pasado por el Bernabéu hicieron correr ríos de tinta en los diarios deportivos a modo de historias del abuelo cebolleta. Y el Espanyol parecía otra víctima propicia para el éxtasis merengue. Como suele ocurrir en los amagos de heroicidad, el Madrid salió en tromba desde el pitido inicial y quiso intimidar a los pericos con Zamorano, Esnáider y un jovencísimo Raúl González Blanco. El estadio se convirtió por unos momentos en una olla a presión hasta que Jordi Lardín fue el más listo de la clase y le robó el balón a Sanchís para enmudecer al ruidoso ‘gallinero’. “No ha habido margen para intentar la remontada: Lardín nos despertó del sueño”; las palabras de Valdano fueron el epitafio que usó Lorenzo Sanz, recién nombrado presidente, para darle la patada.

Raúl siempre ha sabido cómo ganarse a su público. Una carrera suicida de cuarenta metros sin ninguna posibilidad de balón bastaba al Bernabéu para arrancarse en un estruendoso aplauso. El ‘7’ encarnaba la actitud rabiosa de Juanito porque así lo necesitaba el madridismo. Debía ser él y nadie más. Por eso, Raúl ejerció de capitán y, aún estando lesionado, ofreció una rueda de prensa para alentar al madridismo. “Suena imposible pero en este club no existe nada imposible”. El Madrid tenía que voltear el vergonzoso 6-1 copero con el que se había ensañado el Zaragoza en la ida de las semifinales coperas del 2006. La gesta parecía quimérica en cualquier escenario menos en el ‘verdadero teatro de sueños’, como lo apodó Robinho. Y por poco no acierta el brasileño: Cicinho lanzó un obús en el primer minuto a la escuadra del meta César y fue el propio Robinho quien puso patas arriba el coliseo blanco con dos tantos en cinco minutos. El Zaragoza se encontraba aturdido por tres ráfagas fulgurantes y Ronaldo, el ‘gordito’ enloqueció a la gente con el 4-0. Imposible pero cierto, las palabras de Raúl habían estimulado al vestuario, de tal manera que los blancos habían hecho los deberes demasiado rápido: quedaba un mundo de treinta minutos para remachar la madre de todas las remontadas. Fue entonces cuando el Madrid sufrió un bloque mental. El Zaragoza aguantó con autobuses, frontones y tanques rodeando a César y, desangrado por tantos goles, celebró la clasificación para la final desde la UVI.

“Pedimos perdón a todo el madridismo. Lo de Alcorcón no puede volver a ocurrir, pero lo arreglaremos”. Guti se vio obligado a hincar la rodilla como uno de los capitanes de un vestuario que nunca ha encontrado una explicación lógica. El famoso ‘Alcorconazo’ con Pellegrini en el banquillo y estrellas de la talla de Raúl, Benzema (entonces mounsieur l’empané) y Van Nistelrooy es el mayor suceso paranormal del fútbol contemporáneo. El ridículo fue tan histórico que ni siquiera Pellegrini se atrevió a mentar al miedo escénico. Había que ganar por lo civil o lo criminal a un equipo de Segunda ‘B’ porque el escudo había quedado ya bastante magullado. Pero ni mucho menos el ambiente en el Bernabéu se parecía al de las noches de Juanito, Camacho y Santillana. El partido fue un ajusticiamiento público al penoso juego del equipo y, sobre todo, al técnico chileno que esa misma noche firmaba su defunción. Otra vez el miedo escénico por los suelos.

 

 

Comparte este post:
  • Meneame
  • Google
  • TwitThis
  • Facebook

Alma de chupón

11 Enero 2015 por Carlos Vanaclocha

bale-cris_560x280.jpg

“Maldito rumano de los demonios”. Fue el grito de desesperación de Fernando Hierro cada vez que se refería a su compañero Gica Hagi. Su individualismo llegó a exasperar a toda la plantilla, hasta el punto que el holandés Leo Beenhakker, entrenador del Real Madrid en la temporada 91-92, amenazó a Hagi en el vestuario de Mestalla con quitarle la titularidad los siguientes partidos por un egoísmo de proporciones bíblicas. Genio y figura, el ‘Maradona de los Cárpatos’ era un futbolista demasiado especial: “no había término medio: o le aceptabas con todas las consecuencias o mejor mandarle a freír espárragos”, comentó Míchel en una entrevista a la desaparecida revista Don Balón. El colmo del cabreo de Hierro sucedió la noche de la vuelta de cuartos coperos en Mestalla; el Madrid había ganado 2-1 en su casa y el Valencia salió en tromba a por un solo gol que le clasificara. El malagueño, entonces centrocampista goleador aún no reconvertido en central, compartía palmos de césped con Hagi cuando a éste no se le cruzaban los claves y probaba un disparo de cuarenta metros o sobaba el balón en toda su superficie con compañeros desmarcados por todos lados. Hagi quería demostrar que podía ser la estrella de un Madrid que, a esas alturas, combatía en la temporada contra el naciente Dream Team de Johan Cruyff. “El Real fue el escaparate que me dio la fama”, suele comentar Hagi cuando le preguntan por su etapa merengue. Y, claro, no podía menospreciar el apodo que le habían acuñado sus compatriotas sintiéndose un amago de Maradona o, por lo menos, jugar con esas ínfulas.

Hierro nunca lo tomó como un asunto personal: la advertencia de Beenhakker a Hagi delante de sus compañeros continuó con unas declaraciones lapidarias del presidente Ramón Mendoza, “el equipo juega con un balón y Hagi, que es muy bueno, necesita otro para él solo”. Decenas de veces, Butragueño arqueó los brazos en señal de desaprobación a Hagi. Sus golazos de falta solventaban partidos, pero su talento chupón también estropeó algunos, como la decisiva derrota liguera en Oviedo por culpa de un control estúpido e innecesario. Ayer Cristiano sacó toda la rabia contenida justo en el dramático momento en que Bale decidió jugársela a jugarla. La ocasión delante de Kiko Casilla era propicia para el segundo gol del galés, pero CR7 se había pegado un sprint de treinta metros para sólo tener que empujar un envío que nunca llegó. Ejerciendo por un momento de abogado del diablo, quizás este mano a mano del galés era más fácil que el de Mestalla, pero tanto Benzema allí como el portugués en el Bernabéu habían preparado el gatillo para dos goles demasiado placenteros. Bale ha recibido muchos palos y ninguna zanahoria tras la derrota de Mestalla; “si se la llega dejar a Benzema, hubiéramos ganado a Valencia”, dijo un peso pesado del vestuario. Tal fue su egoísmo que incluso un defensor acérrimo del galés como J.B. Toshack analiza su golazo en la última final de Mestalla y suspira de alivio. “Menos mal que batió a Pinto porque también podía haberla pasado….”.

La grada se mosqueó con Bale no por mandarla fuera de la portería sino por los aspavientos de Cristiano. El galés viene acostumbrado de la Premier a golopar con el balón y su punto máximo de velocidad es inalcanzable para el resto del mundo. “Él fabrica jugadas y él las ejecuta”, fue el mensaje que difundió el representante de Bale, Jonathan Barnett, entre los periodistas el día que el Madrid anunció su fichaje. Ayer fue héroe y villano, capaz de calibrar dos centros perfectos de banda a banda (el primero a CR7 acabó en gol de James) y también de fallar un gol imposible. El propio Cristiano fue generoso cediéndole una falta al borde del área que acabó en un trallazo a la red, pero Bale necesita más; primero, para reivindicar su P.V.P. de 100 millones (o 91 según a quien se pregunte) y, segundo, porque inventando goles con ínfulas ‘maradonianas’, como Gica Hagi, quizás él también pueda competir en el futuro por algún Balón de Oro. Y no se trata de un conflicto de egos porque Cristiano y Bale se han hecho amigos. La invitación personal del portugués a su fiesta privada del pasado Balón de Oro es la prueba del algodón. Pero es evidente que en la cabeza de Bale está controlar esa relación o no deteriorarla con su alma de chupón.

 

 

Comparte este post:
  • Meneame
  • Google
  • TwitThis
  • Facebook

Explota el propano

7 Enero 2015 por Carlos Vanaclocha

corte-pelo-messi.jpg

“Presidente, o me deja sancionarle o me voy”. En su habitual estado volcánico, Louis Van Gaal amenazó al presidente José Luis Núñez porque el caso Rivaldo le había agotado. Sucedió en diciembre de 1999, cuando la estrella brasileña del Barça acababa de ser informado que recibiría el Balón de Oro y había decidido ir de gallito con su entrenador. Bajo ninguna circunstancia, Rivaldo jugaría de extremo izquierdo en el partido liguero de Vallecas porque se había hartado de los planteamientos férreos del holandés. El cuerpo técnico y algunos compañeros como Figo o Kluivert intentaron convencer al media punta brasileño para que rectificara, pero prevaleció su tozudez. Van Gaal consideró la negativa como un acto de indisciplina y le dejó fuera de la convocatoria contra el Rayo. Al día siguiente, Núñez y su entrenador se reunieron en el Camp Nou, y Van Gaal le dijo que no iba a tolerar “caprichos de niño” por mucho Balón de Oro del que pudiera sacar pecho.El desencuentro protagonizó la trama de aquellas Navidades en la Ciudad Condal y Rivaldo evitó meter otra cerilla en el inflamable vestuario rechazando más días libres de lo habitual para las vacaciones de fin de año en su país. Después de Reyes, Núñez comunicó al jugador que estudiarían seriamente aumentarle el salario en su próxima renovación pero, a cambio, le insistió en que no fuera tan rebelde con Van Gaal por el bien del equipo.

Los decibelios de los chismorreos en Can Barça llegaron a un nivel tan ensordecedor que Van Gaal, conminado por el club, aprovechó una rueda de prensa rutinaria para activar el protocolo de mentiras. “Hablé con Rivaldo y no hay ningún problema (…) Todo el vestuario está unido para intentar ganar todos los títulos (…) ¡Felicidades! Os habéis reído mucho inventando en el tema de Rivaldo”. Meses después, el Barça fue cayendo en todas las competiciones como fichas de un dominó y Van Gaal, oteando el tsunami que se aproximaba, se despidió de los periodistas al son de “¡Felicidades, lo habéis conseguido!”. Rivaldo ganaba un pulso demasiado latoso en el tiempo y José Luis Núñez se despedía de la presidencia por el desgaste de las críticas de la grada, la prensa y esas pequeñas peleas de vestuario que fueron esquilmando su último proyecto. “Había demasiada tensión”, comentó Núñez años después en una entrevista en TV3.

“Había que rebajar la tensión”. Coartada de parvulario que ha usado Josep María Bartomeu para convocar elecciones. El soci las pidió a gritos el día que Sandro Rosell dio la espantada; necesitaban a un presidente electo, no de cartón piedra. Pero los cenáculos periodísticos del Barça ya murmuraban entonces que el flamante presidente tenía fecha de caducidad: la que dictara Leo Messi. Descontento con la gente de traje y corbata de la  planta noble del Camp Nou, el crack argentino intuye que la directiva filtra a la opinión pública basura sobre él. El ‘Tata’ Martino fue un obsequio generoso de parte de Rosell, pero la familia Messi sabía que su fichaje exprés apenas duraría una temporada por la “falta de sintonía con la cultura culé”. Es decir, que Martino era un ente ajeno y extraño para el universo Barça.

Y de Martino a Luis Enrique, la solución (según Zubizarreta) a la dejadez del vestuario y la pelea de egos, empezando por el ‘10’ argentino. “Soy un líder”, espetó Luis Enrique en una de sus primeras comparecencias públicas en julio. Lo supo Francesco Totti, gurú físico y metafísico de la Roma, cuando decidió subirse al ring con Luis Enrique en su única temporada en Italia, y lo ha terminado por entender Messi, capataz del rancho desde que Guardiola lo abandonó. En el trasfondo, irá apareciendo Joan Laporta. La carta maestra del próximo entrenador quizá decida presidentes, pero el barcelonismo olvidará la due diligence del ex presidente a tenor de este desastre de proporciones bíblicas. Al fin y al cabo, la clave del éxito en el Barça es controlar el propano. O, dicho políticamente correcto, “rebajar la tensión”. O, hablando en plata, seguir dispensando a Messi trato de faraón. Rivaldo ganó su pulso a Van Gaal, ¿qué suicida cree que el argentino no se impondrá a Luis Enrique?

Comparte este post:
  • Meneame
  • Google
  • TwitThis
  • Facebook

El esfuerzo no se negocia

4 Enero 2015 por Carlos Vanaclocha

afp-triunfo-valencia-644x362.jpg

El valencianismo más cachondo pidió por redes sociales a Peter Lim una invitación permanente al Coritiba para el Trofeo Naranja. El club brasileño mantiene a salvo el récord histórico de victorias consecutivas porque el Real Madrid no supo meter mano a un partido ‘canchero’, el que propuso Nuno Espirito Santo y que recordó a Mestalla los tiempos gloriosos de Rafa Benítez. Quizá la efervescencia del Mundialito de clubes y la pachanga de Dubai despistaron demasiado a un Madrid falto de intensidad, la única herramienta válida para desatornillar a este Valencia. Desde el estropicio de Anoeta, los blancos no habían jugado tan cegados, sin mando en plaza a causa del fallón Kroos y con la pólvora mojada, tanto la del inoperante Cristiano como la de Gareth Bale que, viendo el caótico panorama, decidió lanzarse al abismo con galopadas suicidas. Cuando los blancos no salen a arrasar como El increíble Hulk, necesitan la picada letal que les dé la victoria. Bale falló un mano a mano claro y Benzema se asomó a aquella versión (en pasado) de Monsieur l’empané.

No fue la derrota del Madrid sino la remontada de un Valencia generoso en el compromiso. Ésa es la esencia en una plantilla que, copiando la fórmula de moda de Simeone (el esfuerzo no se negocia), juega quien pelea a tumba abierta. Por ejemplo, José Luis Gayá, otro correcaminos de la factoría ché. Primero fue Jordi Alba, luego Bernat; parece que el club les fabrica de serie con el mismo molde. Gayá descosió a Carvajal al tiempo que Barragán y Parejo se deshacían de Marcelo por el ala derecha. La arriesgada decisión de jugar con tres centrales encumbra a Nuno y demuestra que su equipo puede cambiar el dibujo táctico con una facilidad pasmosa. Hay muchas similitudes entre el Valencia de Lim y el que hace años se inventó de la nada Benítez. Entonces, las diferencias con los dos poderosos no eran tan abismales en tesorería, aunque la esencia es la misma. Otamendi revivió aquellos misiles que el ratón Ayala conectaba con la cabeza en el área. Centrales poco altos para su posición pero con una potencia de salto al estilo de Iván Zamorano o José Mari Baquero. Poco pudo hacer Casillas ante el tomahawk que se le vino encima; precisamente, Ayala marcó un cabezazo calcado en el Bernabéu la noche del Ushiro Nage.

Pero al Madrid nunca se le puede mandar a la morgue antes del pitido final. Como dijo muy acertadamente Iñako Díaz-Guerra, cronista del diario AS, en twitter, “al Madrid hay que reconocerle que como villano es terrorífico: pierde 2-1 en el minuto 90 y todos los que quieren que pierda, firmarían sin dudar el empate”. Sergio Ramos pudo revivir el milagro de Lisboa pero el balón no vio portería, mientras que Isco metió la cabeza pero mandó el balón al muñeco, es decir, a Diego Alves. Precisamente, Isco se echó todo el Madrid a su espalda durante el rato que le duró la gasolina; el resto fueron seres inertes que no entendieron el duelo como mejor lo hacía la Quinta del Buitre en las históricas noches del Bernabéu: con dos…

Comparte este post:
  • Meneame
  • Google
  • TwitThis
  • Facebook

El lobo de Wall Street

29 Diciembre 2014 por Carlos Vanaclocha

 

Cristiano Ronaldo, James Rodríguez, Falcao, Diego Costa, Pepe…y, cómo no, Mourinho. Todos firman los ceros de sus contratos con la pluma del mismo agente, el rey midas del fútbol mundial. Sigue siendo el hombre de moda y un auténtico mito en las plantas nobles de los estadios a la hora de rubricar acuerdos. Sus gestiones se han estudiado en la Universidad de Boston, tarde o temprano llegarán a Harvard y miles de ‘yuppies’ de Wall Street pagarían barbaridades para que les impartiese un master acelerado de negocios deportivos. Así es Jorge Mendes, un vanguardista del mercado capaz de montar una oficina itinerante en la ciudad deportiva de Valdebebas con toda una corte de representados o poner patas arriba al Monaco con un puñado de llamadas telefónicas. Tal es su influencia que Florentino Pérez se negó a fichar a Falcao este verano porque de lo contrario, “tendría que dejar la presidencia a Mendes”. Literal.

Las discusiones por el dinero de los futbolistas han tenido durante décadas nombres propios y archiconocidos por los directivos: Ginés Carvajal, Alberto Toldrá y los hermanos García Quilón copaban casi todo el panorama de representados españoles. De vez en cuando salía a la palestra Zoran Vekic para tratar asuntos de Hierro, Guti o Prosinecki; y gracias al Atleti, también apareció en escena Marcelo Lombilla, padrino y consigliere de una buena ristra de argentinos tales como el ‘caño’ Ibagaza, Fernando Gago (el gran negocio del ex presidente Ramón Calderón), o Kily González. Obviamente, en esta selección no puede faltar el ‘Vito Corleone’ (apodo acuñado con cariño por la prensa italiana) de los intermediarios: Ernesto Bronzetti, quien lejos de enfrascarse en arduas discusiones de despacho, gestiona citas internacionales. Su amistad con Adriano Galliani y Florentino  Pérez es su principal credencial: ni Milan ni Madrid hacen negocios recíprocos sin su conocimiento.

Pero todos ellos han sucumbido al furor de Mendes, que ha heredado la voracidad y el ingenio de José Veiga, el representante que agitó los cimientos del Barça con un precontrato ultra secreto entre Figo y Florentino Pérez en el año 2000. Aquella artimaña culminó en el fichaje más sonado de principios de este siglo; el otro gran contrato, el de Cristiano, también tuvo su enjundia por la cabezonería de Sir Alex Ferguson, aunque ahí estuvo Mendes y cien millones de euros para resolverlo. La venta de Cristiano al Madrid fue la prueba definitiva para que Mendes entrara con honores en el exclusivo grupo de los ‘tiburones’ del negocio, pero, ni mucho menos, fue su mayor proeza moral, que sí económica: los 9 millones que sacó de la compra-venta lo certifican.

Mendes es un vendedor nato, así de simple. Su pose ejecutiva recuerda a la de Jordan Belfort, el insaciable broker interpretado por Leonardo Di Caprio en El Lobo de Wall Street. Es de esos comerciales que te ofrece un bolígrafo, te habla de sus ventajas, y acaba vendiéndote el estuche entero. Esa virtud la lleva explotando desde que empezó con las vallas publicitarias de un equipo de la segunda ‘B’ portuguesa, continuó con la gestión de un videoclub y en una discoteca propiedad suya conoció a Nuno, un portero que pasó sin pena ni gloria por el Depor y el Osasuna, y que ahora es un fenómeno de masas en el banquillo del Valencia. Quién le iba a decir años después que poseería los contratos de media élite. Gran parte del secreto de su éxito se lo debe, directa e indirectamente, a la presencia omnipresente de Mourinho y Cristiano Ronaldo. Y como Mendes quiere envejecer como un vino reserva en una barrica de roble francés, necesita dejar su huella en el establishment del fútbol contemporáneo. Celebra cada navidad los Globe Soccer Awards, premios que reúnen a la créme de la créme y que podrían competir perfectamente con el Balón de Oro. Cristiano y Mourinho son invitados asiduos; Fabio Capello, Sacchi, Ancelotti, Maradona, incluso Gil Marín, también tienen asiento vitalicio en la ceremonia. El universo Jorge Mendes al estilo faraónico.

Comparte este post:
  • Meneame
  • Google
  • TwitThis
  • Facebook

¡Fernando Torres, Atletico’s number nine!

25 Diciembre 2014 por Carlos Vanaclocha

fernando-torres.jpg

El ‘profe’ Ortega acabó confesando su nombre tras hacerse el remolón durante unos instantes. “Vale, les puedo decir que el futbolista mejor dotado físicamente que he entrenado ha sido Fernando Torres”, dijo en El partido de las 12. No se trataba de una entrevista mamporrera para sacarle morbo a la actualidad sino una plática (como le gusta decir al preparador físico del Atlético) sobre sus métodos de trabajo con Simeone. “Torres no corre, se desliza sobre el césped casi como si levitase”; no es la primera vez (ni la última) que al ‘Niño’ le caen metáforas sobre su elegante carrera de guepardo que recuerda a la de Nicolas Anelka en sus años prometedores del Arsenal. El ‘profe’ lo explicaba con una sonrisa picarona, como si intuyese ya en octubre que volvería a pulir esa figura del Discóbolo de Mirón que tanto admira. Si era un mensaje encriptado, ninguno de los periodistas presentes en el estudio se percató; pero si era un vaticinio, habrá que dar más la vara a Ortega. El caso es que Fernando Torres regresa con su hinchada, la que nunca le desmitificó, ni siquiera cuando decidió apearse de una experiencia ruinosa la noche que el Barcelona desangró al Atleti en el Calderón (0-6). Entonces, el delantero fuenlabreño decidió poner su talento al servicio de un proyecto seductor, no en España sino en el Spanish Liverpool que Rafa Benítez había puesto tan de moda.

El cambio no admitió sitio para el arrepentimiento. El fútbol vertiginoso y directo de la Premier le dio a Torres borbotones de tinta para dibujar filigranas y goles inimaginables. Al compás de Steve Gerrard y con la batuta reposada de Xabi Alonso, el ‘niño’ se volvió ‘beatlemaniaco’. El contraataque red parecía fabricado a su medida y su galope, al contrario que en el Calderón, sí encontraba delante balones calibrados con escuadra y cartabón. Su dimensión se agigantó tanto que pasó de ser un ídolo de barro en Madrid (aunque en el Atlético nunca lo reconozcan) a uno de carne y hueso; la prueba de que el algodón no engaña se la dio Anfield con ese tributo musical del Fernando Torres Liverpool’s Number Nine. Sí, su club podía presumir de misticismo y rituales únicos, pero no de la fuerza del dinero. La prensa inglesa murmuraba que Torres necesitaba retos y no ritos en clubes más competitivos. Y el Chelsea de Abramovich abría las arcas del tío Gilito cada año para intentar asaltar la Champions. Fue en el mercado invernal de la temporada 2010/2011 cuando, tras un tira y afloja de regateos, el Chelsea puso sobre la mesa una oferta definitiva de cincuenta millones de libras. “Demasiada pasta como para dejarla escapar”, aseguró el legendario Ian Rush, tercer máximo goleador en la historia red. De Merseyside a la opulenta ciudad de entrenamiento de Cobham en el helicóptero privado de Abramovich. Así pisó Torres por primera vez su nuevo club para pasar el pertinente reconocimiento médico.

El desorbitante traspaso le pasó factura o, al menos, pesó en su responsabilidad. De repente, el goleador sufrió una de esas crisis pasajeras de los ‘nueves’ que se alargó en el tiempo. La confianza de los aficionados blues  iba desapareciendo a la misma velocidad que se incrementaban las sospechas de la prensa que cubría el Chelsea. Un solo gol en tres meses sirvió de carnaza para los mordaces tabloides británicos. Y unas declaraciones a la web de la Liga Española en las que dio a entender que su equipo jugaba con tíos muy lentos corrieron como la pólvora en Stamford Bridge. Estuvieses o no malinterpretadas sus palabras, Fernando Torres necesitaba cada gol para reivindicar cada uno de los cincuenta millones invertidos en él. Pero el ‘niño’ siempre ha tenido esa flor que tanto se alaba en Iker Casillas: su segunda temporada con el Chelsea se saldó con la Champions y un gol suyo en el Camp Nou para finiquitar las semifinales. Sus actuaciones eran de banquillero porque Roberto Di Matteo contaba con la presencia intimidante del gigantón Drogba. Un año después y otra vez con Benítez, aunque de forma transitoria, el Chelsea repitió éxito en la Europa League con gol incluido de Torres en la final. Ya no era aquel delantero estilizado y grácil que corría treinta o cuarenta metros como un velocista jamaicano; había ganado corpulencia y se había adaptado forzosamente al fútbol romo y pesado de su equipo. Mourinho no fue la excepción; al revés, sus minutos en el campo escasearon en beneficio de un Samuel Eto’o trabajador y sacrificado.

Torres había vuelto a tomar otra decisión el pasado verano como en 2007: su futuro en el barracón de Mourinho pintaba demasiado grisáceo y un Milan de Mercadona llamó a su puerta. El Calcio exige tiempo para amoldarse a su estruendo físico y el delantero madrileño apenas había entrado en la fase de cortejo. Ni a él le gustaba ni el Milan tampoco ha encontrado el revulsivo exprés que buscaba. Pero la suerte no le ha dado la espalda totalmente: Simeone pidió precio por él en verano y, como adelantó Antonio Ruiz en COPE el pasado 12 de diciembre, el Atlético ha acelerado las gestiones para contratarle este verano. El italiano Cerci ni siquiera ha sido una anécdota, por lo que el todavía mito rojiblanco se batirá el cobre con la tanqueta croata Mandzukic. Dos estilos antagónicos que darán soluciones diferentes al ‘Cholo’. Porque a Koke le da lo mismo poner pases en carrera que centros inteligentes al área. En ambos casos siempre habrá respuesta. El Calderón prepara la alfombra roja para recibir a su ‘niño’ que no llegó a forjarse en un hombre con la misma camiseta. Hace siete años y medio el Atleti le suplicó a él recuperar su dañada historia. Fue una responsabilidad demasiado violenta. Hoy es diferente: Torres vuelve para encontrarse a sí mismo, mirar a los ojos al club de su vida y explicarle por qué se fue y por qué iba a regresar algún día.

Comparte este post:
  • Meneame
  • Google
  • TwitThis
  • Facebook

El Monte Rushmore

21 Diciembre 2014 por Carlos Vanaclocha

monte-rushmore.jpg

Iker Casillas advirtió en una entrevista con Cuatro en Marruecos que debían “mantener los pies en el suelo por miedo a volver estamparse como en 2004”. El capitán todavía recuerda aquella caída libre que provocó el llamado ‘galacticidio’ y, por eso, sospecha de tanta adulación. Hace una década la puesta en escena era parecida: un equipo construido, entonces mediante la filosofía de ‘zidanes y pavones’, para barrer en todas las competiciones. Y, desde luego, las intenciones no podían ser más prometedoras: líderes en la Liga sin nadie que les tosiera, y aspirantes casi exclusivos en Champions y Copa. Precisamente, la final de Montjuic contra el Zaragoza fue sólo la punta del iceberg que comenzó a resquebrajar el Titanic de Florentino Pérez. Semanas más tardes, Zidane susurró al oído de Ludovic Giuly en el descalabro de Mónaco que estaban literalmente “agotados”. Dicho y hecho. El Madrid más mediático de la historia devorado por sí mismo en apenas un puñado de partidos.

El Madrid de Ancelotti colecciona títulos a un ritmo vertiginoso porque se contempla a sí mismo como un gigante entre liliputienses. Y la realidad momentánea no le engaña: jugando al tran tran, ha levantado el Mundial de clubes con las pantunflas puestas. Es cierto que la competición no le ha exigido esfuerzos hercúleos porque el Cruz Azul hizo honor a su fatídica historia doméstica (18 años sin ganar la liga mexicana) y San Lorenzo de Almagro demostró media ración de agresividad y nada más. Con el trofeo en el zurrón, los merengues cierran un año de festín y afrontar el 2015 con un reto aún más ambicioso: meter mano de alguna manera al inolvidable Barcelona de Guardiola. A diferencia de 2004, la plantilla sí tiene esta vez suficiente fondo de armario: Isco dejó de ser banquillero de lujo para convertirse en un titular casi imprescindible con la lesión de Modric. Y Khedira ahora sí quiere renovar, a la vista de que un campeón mundial como él no quiere quedarse fuera de una foto que puede ser, sencillamente, bestial.

Casillas rebajó la efervescencia del momento, consciente de la cuesta de enero que se avecina. Arrigo Sacchi comentó el sábado en Italia que ve a un Madrid “poco fresco”. Y la vuelta de vacaciones no tiene falso llano: para empezar un regalo envenenado en Mestalla y días después las batallas coperas: primero, los derbis madrileños y, en caso de supervivencia, la madre de todos los partidos. Ahí es donde Ancelotti tendrá que impartir otro máster de gestión de equipo: repartir minutos a Jesé, Varane e Illarramendi; dar descanso a Benzema y Kroos; y convencer a Cristiano de que no podrá alinearse por capricho porque la primavera lo decide todo. Y repetir Champions es el sueño platónico dentro del vestuario (esto es información y no opinión).

Desde la temporada 2003/2004 el madridismo no había estado tan ilusionado. Aquella instantánea con Ronaldo, Zidane, Figo, Beckham y Raúl en la gira asiática quedó inmortalizada como el mayor casting de estrellas jamás reunido. Pero en todo este tiempo, el monte Rushmore ha cambiado de rostros, como no podía ser de otra manera. Cuando parecía que Cristiano no admitía personajes tan influyentes como él, ha aparecido Sergio Ramos, cuyo ascenso meteórico desde la “clase media” (¿recuerdan a Helguera, Makelele, Míchel Salgado?) al salón de los VIP se intuía fácil. En las nuevas caras también se puede esculpir la de Casillas, pero ya saben: él no es galáctico, sino de Móstoles. Lo dijo entonces y lo sigue pensando ahora.

 

Comparte este post:
  • Meneame
  • Google
  • TwitThis
  • Facebook