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“Los partidos de España siempre van mal en el calendario”

16 Mayo 2012 por Carlos Vanaclocha

Del Bosque suele tener razón en su rol de diplomático de la Federación: “los partidos de España siempre vienen mal en el calendario”. El último rompecabezas lo ha propuesto la Liga con el beneplácito de….¡la propia Federación! El próximo 15 de agosto, miércoles, la selección jugará en Puerto Rico un amistoso con fines benéficos; enésima ocasión idónea para fardar de país y quién sabe si de tricampeonato (Euro, Mundial y de nuevo Euro). Pero el galimatías viene porque, a falta de lógica, el campeonato comenzará el sábado 18 de ese mes. Así que Barça, Madrid y Athletic ya habrán exigido que, al menos, les dejen jugar en domingo. No obstante, Del Bosque podría usar el amistoso, que ya es invariable, para foguear a sus preseleccionados: de la lista de ayer. Juanfran, Adrián, Isco, Beñat y Javi García  podrían ir entrando en pachangas por si el seleccionador les necesita como recambio de los titulares. Seguramente, todos quedarán excluidos de la lista definitiva, pero sirven de balines para marrones como el de Puerto Rico.

El enredo no acaba ahí, porque la razón del adelanto del calendario liguero se justifica con la propia selección. Ángel Villar ha dado su consentimiento para que el combinado nacional tenga más días para preparar los clasificatorios del Mundial de Brasil 2014. Al menos, la Liga acabará con ese regusto amargo de empezar la competición y dejarlo estancado hasta dos semanas después; ciertamente, la gente futbolera se había hartado de partir la primera y segunda jornada para tragarse suplicios como Liechtenstein o Islas Feroe. Real Madrid y Barça podrán carburar sus plantillas un puñado más de días; el resto de clubes, la plebe para asuntos burocráticos, acatará órdenes sin rechistar. Amén de que los amistosos de la selección siempre incordian en plena competición, la estrella de la camiseta les ha dado un aire festivo.

El segundo entuerto que debe resolver la Liga, en este caso las televisiones, es la ley Cascos. Jaume Roures, tótem y socio fundador de Mediapro, esbozó ayer en Rac1 un supuesto guión en el que “el partido en abierto no tiene por qué caer en sábado”. El lunes ha gustado mucho para no atajar de golpe el domingo y tiene muchas papeletas para mantener el fútbol de ‘interés general’. Seguirá habiendo, porque modificarlo implica una propuesta parlamentaria y su consiguiente votación. El caso es que Premier, Calcio y Bundesliga se guardaron hace años su ‘interés general’ para sus respectivas selecciones, y España, con esa capacidad de imitación chapucera, se quiere acercar a los modelos europeos poniendo de pago los grandes partidos, o sea Madrid y Barça. Ambos se verán casi siempre por tele de suscripción (ese ‘casi’ todavía hay que matizarlo), así que los abonos de Canal Plus o Gol Televisión deberían dispararse por inercia del mercado y del ‘opio’ del pueblo.

Falta que sepamos a qué tele se le encasqueta el paquete cutre, es decir, el del los dieciocho equipos restantes que irán turnándose en abierto. Hay un dato que revela ese ‘interés general’: durante esta temporada cualquier carrera de Fórmula Uno ha tenido mayor audiencia que los partidos en abierto en los que no han jugado los dos grandes. No es de extrañar que el periodismo deportivo rija sus criterios en Madrid, Barça, y muy detrás un compendio de Fernando Alonso, Rafa Nadal, Gasol en sus Lakers y Contador en una vuelta grande, que sigue a años luz del resto del fútbol, salvo que nos planten otra final española de Europa League.

Hay un tercer capítulo por resolver dentro del despiporre del fútbol: los horarios. Las diez de la noche es una hora que no gustan a los futbolistas, ni a los aficionados que acuden a los estadios; Roures está estudiando adelantarla media hora o quizá una. Pero a tenor de lo que contó ayer, la Liga mantendrá los domingos maratonianos con cuádruples y quíntuples raciones que empiezan a las doce del mediodía. ¿Bueno para las teles? No, demasiado fútbol aun para quienes están delante de la tele diez horas…¿bueno para las radios? Esta respuesta requiere otra pregunta, ¿y si al final pagan el canon inventado para acceder a los estadios? Hacerles la puñeta no tiene límites.

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Higuaín, siempre en el alambre

13 Mayo 2012 por Carlos Vanaclocha

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“El Madrid ha fichado a Higuaín por seis temporadas y media. Ha sido una buena venta”. Héctor Grinberg, tesorero de River Plate, no podía creerse todo el revuelo mediático que había montado el ‘Pipa’ cuando marcó dos goles a Boca Juniors en el torneo Apertura de 2006. Su impecable actuación en el clásico argentino llamó la atención de Pedja Mijatovic, entonces director deportivo del Real Madrid,  quien no dudó en rastrillar el mercado sudamericano para apuntalar una plantilla que Fabio Capello intuía poco competitiva. El River, fábrica de promesas con ínfulas de estrellas ‘maradonianas’, convenció al presidente Ramón Calderón de que 13 millones era una cifra asequible para el nuevo Batistuta del fútbol argentino. Ahogado por la urgencia de invertir la inercia triunfante del Barça de Rijkaard, el Madrid se aferró a la necesidad de contratar y no le importó soltar un cheque con tantos ceros; curiosamente, días después pondría veinte millones redondos por otra promesa rimbombante de Argentina, Fernando Gago.

Paradójicamente, a los pocos días de que el Madrid anunciase la contratación de Higuaín, el director deportivo del Celta de Vigo, Félix Carnero, desveló en MARCA que el club vigués también pidió precio por el delantero y River lo tasó en poco más de cinco millones. Quedaba claro que, para los ‘millonarios’, Higuaín sólo era otro episodio más de esa empresa de compraventa de futbolistas en que se había convertido la entidad bonaerense; casos como el del ‘Burrito’ Ortega al Valencia (13 millones), D’Alessandro al Wolfsburgo (12 mill.) o el ‘Muñeco’ Gallardo con el Mónaco (10 mill.) metieron el miedo a la afición madridista. ¿Qué meritos había hecho Higuaín para jugar en el Real Madrid? Incluso, el Madrid había meditado foguear a Higuaín en el Castilla, tal como lo pensó con el brasileño Marcelo, fichado también en aquel mercado invernal de 2006. Pero River vendió con habilidad el cartel de su delantero, pues al parecer el Lyon también había pujado por él.

Su P.V.P fue un lastre demasiado pesado. Higuaín era un chaval de 19 años que debía codearse con una institución como Raúl, y Van Nistelrooy y Cassano, dos delanteros de altísima graduación con diferente mérito que no iban a tolerar impertinencias de alguien salido de la nada. Para más inri, su primer partido le ayudó poco: el ‘Pipa’ debutó en el Bernabeu en enero de 2007 contra el Zaragoza y a pesar de dar la asistencia del 1-0 definitivo, falló varias ocasiones; la grada comenzó a mascullar que había venido un delantero del montón, de esos que necesitaba una docena de ocasiones para clavar una. Tanto fue así que Higuaín tardó más de un mes en estrenarse…fue en el Vicente Calderón y para evitar la derrota del Madrid. Pero, sin duda, el gol que despejó las permanentes sospechas del club, vestuario y afición fue el del 4-3 al Espanyol en una de las remontadas más milagrosas que recuerda el coliseo blanco desde las noches europeas de la ‘Quinta del buitre’. Aquel disparo raso ante Kameni le valió a Higuaín como garantía para no ser cedido la siguiente temporada, en la que Bernd Schuster le usó para segundas partes. Su botín de ocho goles pareció escaso hasta que se sacó un trallazo en el último minuto del Osasuna-Madrid que le dio a su equipo la Liga del 2008. De nuevo, Higuaín había salvado su credibilidad sobre la campana.

Higuaín progresó durante las siguientes temporadas, pero nunca se quitó del todo la etiqueta de ‘casi, pero no’. Cada verano llamaron a su puerta clubes de todos los rincones del continente: en 2008, Milan y Zenit de San Petesburgo (ofertas que Mijatovic rechazó como valedor suyo), y en 2011 Juventus y media Premier League estuvieron atentos a su posible salida. Además, la vuelta de Florentino Pérez le puso en el disparadero porque el presidente quiso deshacerse de todo aquel que olía al desastroso Ramón Calderón. Sin embargo, Higuaín espabiló ante tanta amenaza y calibró mejor su efectividad: con Pellegrini marcó treinta goles y se reivindicó como delantero titular. Pero en el horizonte, apareció un nuevo obstáculo: Karim Benzema, el capricho personal del presidente.

El duelo entre Benzema e Higuaín se intuía fascinante con Mourinho. Ambos debían convencer al entrenador a base de goles y justo cuando el argentino gozaba del favor del jefe, se lesionó a una semana del clásico del Camp Nou. Una desacertada opinión médica le dejó en el dique seco durante varios meses; el jugador no quería operarse de una hernia discal, pero al final no tuvo más remedio. Obviamente, a Mourinho le fastidió el tiempo de demora malgastado y, por fin, la directiva había encontrado la coartada perfecta para venderle una vez se recuperase. Otra vez a sortear obstáculos, como cada año.

Este año ha necesitado la enésima reivindicación ante la mejor versión de Benzema. Y en esa lucha interna, el equipo ha sido el gran beneficiado, con permiso de Cristiano Ronaldo. Además, contribuyó a uno de los goles del alirón en San Mamés y aunque la directiva sigue sin mimar su cuenta corriente, Mourinho lo dejó claro ayer: “Quien quiera a Higuaín, que pague los 150 millones de cláusula”. La contundencia del mensaje debería aliviar a Higuaín, por encima de los viejos cuchicheos de la grada y, sobre todo, de los dólares qataríes del Paris Saint Germain. Quizás el Madrid necesite a su delantero más de lo que éste quiera seguir aportando al club, pero si el ‘Pipa’ quiere dosis de autoestima, que recuerde su frase de presentación el 21 de diciembre de 2006…”no hay club más grande que el Real Madrid. Es genial que me hayan dado la oportunidad”.    

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¡Leche, Falcao, avellanas y azúcar!

10 Mayo 2012 por Carlos Vanaclocha

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Quizás siga siendo ese equipo simpático que nunca deja de ser un desastre; quizás los rescoldos del llamado ‘gilifato’ todavía prevalezcan en un club de decisiones incomprensibles y quizás el sentimiento popular por esos colores tienda a un martirio permanente. Pero el fútbol necesita al Atlético de Madrid, el amigo tontorrón que la pifia en casi todo y acaba redimiéndose con un gesto inolvidable. De la mano de Gil Marín (sí, de la familia Gil) y Cerezo, Quique Sánchez Flores les devolvió la gloria en 2010 con un doblete tan inimaginable que hasta él mismo aventuró cuarenta años para repetir una hazaña de tan calibre antes de terminar en el imponente mausoleo de entrenadores rojiblancos. Y para más inri, el cabreo de la afición desde que empezó esta temporada alcanzó proporciones bíblicas a en verano, cuando Kun Agüero y Forlán entendieron que el Atleti se les quedaba pequeño para su caché. El grado de crispación alcanzó su cota máxima con la eliminación de Copa ante el Albacete y el posterior despido de Goyo Manzano; el clamor contra la directiva desembocó en un “iros ya” y parecía que sólo un milagro divino podía resolver otro año tortuoso…hasta que llegó el ‘Cholo’.

El cometido de Simeone no fue, desde luego, ganar títulos. Bastante mérito tenía dejar en Europa a un vestuario descompuesto y sin hoja de ruta, aunque fuese la Europa League. El propio Gil Marín es consciente que esta competición es algo así como la ‘GP2 del fútbol’ (copyright del experto en motor Carlos Miquel) y sus beneficios nunca satisfarán los ingresos que debe manejar el Atlético. No obstante, una de dos: o el club se acostumbra a la clase turista sin importarle ser el trampolín de grandes estrellas como Kun o Falcao, o se hace una catarsis de arriba abajo y apuesta sin titubeos por un proyecto deportivo que tenga pinta de Champions. Y por supuesto que el del ‘Cholo’ lo merece para la próxima temporada. De momento, ha ofrecido como señal el título de Bucarest y la sensación de que, con Falcao y el brasileño Diego, el Atleti tiene cabida en el torneo de los mayores.

Anoche el equipo demostró que las finales se le dan bien. Pero para jugarlas hay que contar con cracks como el colombiano, quien de la noche a la mañana se ha metido en el Ibex de los mejores futbolistas. Ni finta como Messi ni encañona como Cristiano Ronaldo, pero le llega el talento para inventarse goles como el primero: determinación con un regate inesperado y disparo colocado. Perfecto. Recuerda a grandes rematadores como Hugo Sánchez o Zamorano, sólo que además de rapiñar cualquier balón que merodea el área, también sabe montarse la jugada por sí mismo. El inconveniente para el Atlético es el de siempre: el primer golazo de Falcao evidenció que si el equipo no logra puesto Champions el próximo domingo, el público no podrá seguir cantando ‘Leche, Falcao, avellanas y azúcar’; Gil Marín no dudó en reconocerlo después de la victoria. Detrás de Falcao aparece un puñado de ayudantes a los que el tiempo les da la razón: Adrián llegó como una promesa incalculable y todavía no conocemos sus límites; de Arda Turan se decía que era bastante bueno y, lejos de quedar encerrado en el cajón de pufos, se ha reivindicado como un tío que sabe jugar al fútbol, y Diego vino con ínfulas de estrella caprichosa hasta que Simeone le cogió de la pechera para bajarle del pedestal.

Este ‘Atleti’ del coraje, la garra y los huevos (por qué no confesarlo) es el que ha ganado la Europa League con cabeza. Porque para abatir al inconmensurable Athletic de Bielsa, hacía falta correr como indios y mantener a raya a Fernando Llorente. La lectura era sencilla: si los colchoneros cuidaban la defensa, las posibilidades de domar a los leones eran exponenciales. Así sucedió en todas las líneas del campo y con ese regusto de buen estratega salió a hombros Simeone ante su maestro Bielsa. Ahora llegan días de éxtasis hasta el próximo domingo, cuando el equipo presumiblemente se quede en Europa League otro año más. O sea que al club no le queda otra que convencer a Falcao con su mística, la de ese Atleti que gana títulos sin aportar jugadores a la Roja…la de ese Atleti de mil y una tropelías pero que sigue siendo uno de los mejores reclamos de nuestro fútbol.

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La dañina consigna de ‘faltan 3 puntos’

8 Mayo 2012 por Carlos Vanaclocha

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Jornada 28 de Liga…el Rayo golea en su estadio al Betis por 3-0 y, una vez que pita el árbitro, la intrépida reportera de La Sexta, Susana Guasch, reúne en un corrillo a los goleadores Armenteros, Diego Costa y Tamudo: el brasileño no se sale del guión y comenta que la permanencia está “un paso más cerca”. Sin embargo, Armenteros sí da rienda suelta a la imaginación…”¿Por qué no soñar con Europa? De todos modos, tenemos los pies en el suelo”. El Rayo acaba ese fin de semana a dos puntos de Europa League y cuatro de Champions; el descenso quedaba olvidado a trece puntos. Esa misma semana, durante la previa del Málaga-Rayo, el técnico Sandoval escupe lo que llevaba tiempo masticando…”la afición se merece soñar con Europa”. Sabe que su futuro es el chismorreo diario de la prensa y el mérito de entrenar a un club sin blanca y con un vestuario más preocupado por obligación de cobrar la transferencia bancaria que de sacar partidos no pasa inadvertido en Primera División. Pero, de repente, y en medio de una ristra de derrotas consecutivas, el entrenador rayista aparece en rueda de prensa con un taco de folios..¡es la denuncia de su propio club por haber cobrado un dinero de temporadas anteriores!

Esa misma semana de abril el Rayo golea 6-0 a Osasuna, un gallito que tonteaba con Europa. Y aunque la denuncia de los administradores concursales a Sandoval habían convertido el ambiente en un polvorín, al Rayo le faltaba una victoria para asegurar la categoría; el equipo sólo viviría para una consigna, la de ‘faltan tres puntos’. Europa ya era una quimera. Y, verdaderamente, todavía faltaron esos tres puntos en Mestalla, contra el Atlético, en Gijón, al Barça ni se le contaba (0-7) y Mallorca. En el Iberostar debía llegar la conjura, pero el oficio de Caparrós supuso un “palo muy gordo” para el Rayo. No obstante, el propio Sandoval mantuvo la calma: “no es momento para regañarlos. En Sevilla nos jugamos otra bala”. De la noche a la mañana el Rayo había actuado de torturador improvisado alargando el sufrimiento del Sporting y quién sabe si del Zaragoza. La última goleada del Sevilla (5-2) no dejó ninguna crítica constructiva y el guión seguía siendo el mismo: “dependemos de nosotros mismos”.

En sentido diametralmente opuesto, en aquella jornada 28 el Zaragoza se dejó empatar en el último minuto contra Osasuna y quedaba hundido en el último puesto…¡a 18 puntos del Rayo! Ni Manolo Jiménez confiaba ya en sus jugadores. Aquel discurso incendiario de “siento vergüenza por la imagen del Real Zaragoza’  después de perder 5-1 en Málaga había pasado a la posteridad como una de las grandes humillaciones confesadas por un entrenador. Jiménez y sus jugadores tan sólo esperaban el día de la guillotina pero, cuestiones de fe o casualidad, el equipo se soltó en Mestalla consciente de que ya no tenía nada que perder (ni que ganar); a continuación, ganó al Atlético in extremis y también al Sporting, rival directo para evitar no ya el descenso sino el farolillo rojo. En tres jornadas se oteaba milagrosamente la salvación y se colocaba a cuatro puntos del Villarreal. Incluso, a pesar de perder con Barça y Sevilla, tenía opciones reales de no bajar.

Quedaban seis partidos y hasta el penúltimo el Zaragoza sólo perdió en Mallorca. Quique Pina, presidente del Granada, sospechó que la racha maña había sido demasiado exitosa para un equipo clínicamente muerto. Así que no dudó en inflamar las suspicacias en la COPE…”Habría que preguntarle a algún entrenador si Agapito Iglesias le dijo que de las últimas 6 jornadas se encargaba él”. La rajada fue previa a la derrota del Granada contra el Madrid, pero Jiménez la ignoró por completo, no así el propio Agapito que la va a denunciar a los tribunales. El caso es que el vestuario del Zaragoza ha inventado una nueva consigna, ‘remar hasta alcanzar la orilla’; ésa es la frase que repite Jiménez después de cada partido y, sobre todo, de volver a sentirse orgulloso de su equipo.

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Restauración monárquica

3 Mayo 2012 por Carlos Vanaclocha

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John Benjamin Toshack justificó hace unos días el nuevo récord goleador del Madrid…”No me fastidia. El equipo que yo tenía estaba en la cuesta abajo, venía de ganar cuatro ligas y la media de edad era muy alta”. Dentro de unos años, cuando Mourinho sea preguntado por la orgía goleadora de esta temporada, el técnico simplemente podrá argumentar que tenía la mejor delantera jamás vista en el fútbol. Y sobre todos se alza uno, Cristiano Ronaldo, a quien hay que agradecerle sus tácticas de motivación, que bien podrían ser adoptadas por el mundo empresarial yanqui que tanto gusta de estas argucias. Cristiano salió sobreexcitado a San Mamés, primero con el punto de mira en el campeonato y segundo por clavar un hat-trick que igualara el que minutos antes había marcado Messi; bueno, quizá este orden pudiera ser invertido y el crack portugués buscase más que nada saciar su inacabable voracidad. El caso es que su permanente estado frenético ya no es el de aquel niño enrabietado que hacía aspavientos cuando no se la pasaban o su disparo no encontraba portería; ese niño ha sabido manipular su talento para levantar partidos ennegrecidos (At.Madrid 1-R.Madrid 4) y decidirlos en momentos capitales (Camp Nou). Anoche se mantuvo políticamente correcto… “Quería el título que no tenía. Botas de Oro ya tengo dos”. Mejor será no creerle a pies juntillas porque su apetito insaciable garantiza espectáculo en las dos jornadas basura que le quedan al campeón.

La Liga de los récords culminó en un escenario de leyenda. La Catedral se llenó e incordió por varias razones: el invitado era el Madrid, con el consiguiente odio sempiterno que arrastra en Bilbao. No obstante, fue la decisión de Florentino de no prestar el Bernabeu para la final de Copa el detonante del rugido de la grada, que no de su equipo. El Barcelona había señalado en rojo esa visita del Madrid en su persecución al líder, pero al campeón le favoreció que el Athletic estuviese pendiente de la final de Bucarest, toda vez que ya está clasificado para la próxima edición de la Europa League. Así que se trataba de una cuestión de honor contra otra mucho más trascendental, la de una plantilla volcada en una especie de restauración monárquica. No es el título número 32 en sí, sino la sensación de que las huestes de Mourinho se pueden codear con el mejor Barcelona de todos los tiempos que, por cierto, sí ha marcado una verdadera era, a pesar de que Karanka defienda la imaginaria “era Real Madrid”.

Al calor de la victoria, Mourinho puso actitud templada y auguró un próximo año “más duro todavía”. Ése es el reto de un proyecto cuyo final sólo atisba la ‘Décima’. Porque esta Liga es un eslabón más de una cadena de éxitos que comenzó con la ansiada Copa del Rey diecisiete años después, sigue con el campeonato y no permite errores en la próxima Champions. Vamos, que la presión por ganarla será brutal; aunque para eso Florentino fichó a Mourinho y le nombró plenipotenciario del club. Y con poderes absolutos, el entrenador ha comenzado hoy mismo a perfilar el próximo vestuario, tal como reconoció anoche. ¿Seguirá Higuaín? Sólo si él se siente mimado en el césped y en los cheques que recibe al final de mes. El argentino volvió a ser decisivo para una liga y esta temporada le ha servido para quitarse definitivamente ese sambenito de ‘fallagoles’. Quizás, al igual que Cristiano se crece receloso de las diabluras de Messi, el ‘Pipa’ ha espabilado cuando Benzema dejó de estar empanado. Ambos se presumen imprescindibles para Mou a expensas de que se desate otro culebrón Kun Agüero. Pero para esto urge llenar la tesorería y ahí entra en juego Kaká.

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Segundos entrenadores

2 Mayo 2012 por Carlos Vanaclocha

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Jorge Valdano justificó el fichaje del portugués Carlos Queiroz como un “cambio de libro de estilo”. Sus credenciales como segundo entrenador de Ferguson en un solo año fueron impecables: metódico, firme en sus decisiones y, sobre todo, un gentleman que impresionaba cuando sacaba su vena políglota delante de los micrófonos. El Madrid de Florentino se asemejaba a una multinacional y la directiva creyó que la imagen de Del Bosque era obsoleta para un club con tendencias más ‘marketinianas’ que deportivas. A Valdano le convenció la alta estima con la el entrenador del Manchester United hablaba de su ayudante; Ferguson acaparaba todos los flashes en Old Trafford, pero Queiroz planificaba los entrenamientos diarios. Pero en medio de la nebulosa por el despedido fulminante del ahora seleccionador español, el madridismo no entendió el experimento de fichar a un segundo entrenador para mantener al equipo en el estrellato. No obstante, las noticias (o rumores) que llegaron a Valdano fueron las de un asistente que descargaba de trabajo a Sir Alex y valiente para encararse con Roy Keane, uno de los grandes líderes del vestuario del United.

La historia de Queiroz en el Madrid es archiconocida: calló a los escépticos con un arranque galáctico, pero a su vez fue devorado por el ‘galacticidio’ de unas estrellas intolerantes a disciplinas militares. Precisamente, al portugués se le acusó de blando y carecer de la personalidad rocosa de Ferguson. Sin embargo, Queiroz pagó la novatada de plegarse a los designios de la directiva sin importarle que el propio Valdano no atendiese a un requisito fundamental: Claude Makelele. El entrenador merengue pidió al club que retuviese al centrocampista francés consciente de que él solito era la espina dorsal del equipo y el mejor alivio para Zidane. Naturalmente, Makelele había pedido un aumento salarial por méritos sobre el césped y la tajante negativa le hicieron emigrar al Chelsea. La primera petición se había frustrado, así que Queiroz probó a recomendar un fichaje, el único que le hacía falta para apuntalar una plantilla desbordada de talento pero precaria de efectivos. En el Marítimo de Portugal despuntaba un joven central de veinte años que sobresalía por su colocación y rapidez en el corte de balón; ese defensa pronto iba a estar apuntado en la agenda de media Europa y Queiroz lo ofreció al Madrid por sólo 2 millones de euros. El Madrid, fiel a su nueva estrategia de ‘Zidanes y Pavones’, hizo oídos sordos a la pequeña demanda de su flamante entrenador……cuatro años después, en el verano del 2007, fichó a ese tal Pepe por la sonada cantidad de 33 millones. Hoy, evidentemente, parece barato, pues se trata de uno de los mejores centrales del mundo.

Las historias de segundos entrenadores han cobrado más relevancia que nunca a raíz del testigo que coge Tito Vilanova en el Barça. Y a diferencia de Queiroz, el nuevo primer técnico azulgrana no tendrá que sortear tantas reticencias; él sabe dónde flaquea la plantilla y el club ya ha garantizado una buena suma (se habla de 100 ‘kilos) para gastar en Jordi Alba y los que vengan. Cruyff dijo anoche en la COPE que Vilanova “ha asimilado las bases del Barça porque lo ha aprendido desde hace años”, así que la sombra de Guardiola seguirá siendo alargada. La maniobra de Sandro Rosell es muy hábil, pues evita ataques externos de Laporta o el mismo Cruyff.  En el Madrid, Mourinho también dejó entrever que Karanka podría seguir trabajando con él, si el español no quería continuar en el club. Le considera un fiel escudero y está entregado a ultranza a su causa. Pero como dice Míchel Salgado, “Karanka parece otra persona cuando sale a rueda de prensa”. El poder de Mourinho es tan omnímodo que sus acólitos deben asumir todas sus decisiones. Y Karanka está para ayudar a su entrenador en el campo, no para dar la cara ante los medios….hasta que reciba la llamada que sí tuvo Queiroz.  

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Tristes despedidas

28 Abril 2012 por Carlos Vanaclocha

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“No ha sido buena temporada, pero llevamos cuatro años ganando títulos”. Ése fue el escueto resumen de Johan Cruyff a TV-3 cuando le preguntaron por sus impresiones de la Liga 94-95. Fue el año de descomposición del Dream Team, con Laudrup devolviendo manitas desde el Bernabéu, y Stoichkov y Romario estudiando ofertas que les alejaran de un club en estado volcánico casi en erupción. Aquel equipo se había oxidado y, por ello, Cruyff intentó emprender un nuevo proyecto con el fichaje del joven y prometedor Luis Figo, el consolidado goleador Meho Kodro de la Real Sociedad y, sobre todo, con el mimo de una nueva generación, la llamada ‘Quinta del Mini’, liderada por el producto estrella de la La Masía, Iván De la Peña, y secundada por los hermanos Óscar y Roger García-Yunyent, Celades y Toni Velamazán. Pero la nueva remesa de canteranos, con la controversia de Jordi Cruyff en el primer equipo por decisión de su padre, no cuajó o la directiva de José Luis Núñez no quiso darle el suficiente tiempo.

El caso es que el presidente y su  fiel ejecutor, Joan Gaspart, se hartaron y comenzaron una tarea fangosa: buscar sustituto a un entrenador insustituible, que había cambiado para siempre la esencia segundona de algo ‘más que un club’. El 11 de enero de 1996, Núñez sentenció en una entrevista a El Periódico de Catalunya que “si fuera un entrenador con menos años en el Barça, no tendría dudas sobre la decisión a tomar”. Cruyff había comentado días antes a TV-3 que la directiva “tenía que aclararse porque el portavoz había apoyado al cuerpo técnico y, por el contrario, Núñez salía con amenazas”. En el mismo sentido que el presidente, Gaspart también quiso manifestar la defensa a ultranza de su jefe… ”Cruyff debe tomar nota de las palabras del presidente, cuya paciencia tiene un límite, y rectificar algunas cosas de las que dice y de las que hace, no sólo en el campo deportivo sino sobre todo en el campo de lo que es la institución“.

El desenlace sucedió el 18 de mayo: la prensa publicó que la directiva había contactado con Bobby Robson. Núñez, quizá más por orgullo propio que por los intereses del club, se había enquistado en una guerra con Cruyff sin visos de bandera blanca. Aquella mañana, el técnico holandés, enterado del rumor, llegó al entrenamiento con un cabreo de proporciones bíblicas y se reunió con sus ayudantes, Charly Rexach y Toni Bruins en el vestuario. Al poco rato apareció Gaspart para convencerles de que ignoraran las portadas de los periódicos. Pero Cruyff no aguantó más y estalló: la guerra fría de los últimos meses se había calentado demasiado y Gaspart optó por tomar una decisión irrevocable. El holandés estaba fuera del Barça y Rexach asumía sus galones en las dos últimas jornadas ligueras.

La salida de Cruyff fue el tristísimo epílogo de una época sublime. Pero la afición culé, lejos de secundar a Núñez y Gaspart, rindió tributo al entrenador más importante de la historia. Aquel domingo de mayo, el Barça recibía en el Camp Nou al Celta de Vigo, ya sin opciones por el título, y la victoria azulgrana por 3-2 quedó en anécdota. Las cámaras de televisión y fotógrafos dirigieron sus objetivos durante todo el partido a las pancartas a favor de Cruyff y, por supuesto, recogieron los gritos al unísono que coreaban el nombre del holandés. Evidentemente, él quería continuar, pues se había merecido otra oportunidad para levantar un nuevo Dream Team. Al menos, la ovación del Camp Nou, sin él presente, le convenció de que la masa social sí era cruyffista.

A Cruyff le habría gustado un adiós como el de Guardiola en el sentido de haber sido él quien pusiera el cierre. La pena es que el Barça ha pintado un emotivo adiós cuando en realidad el técnico se ha visto obligado a soltar un ‘basta ya’. El “desgaste” del que habla Guardiola es inexorable en un equipo ahíto de gloria y cuya única motivación es batir récords. Sucedió con Cruyff y su intento de resetear la plantilla fracasó; pasó con Sacchi, aunque el Milan encontró en Capello otro ganador nato. En el fútbol contemporáneo, las leyendas tienen una esperanza de vida muy corta y en un vestuario cuyo punto común es el origen, duele que un camarada tenga que prescindir de otro. Guardiola debía dejar fuera a Piqué, Alves, y dosificar a Xavi y Puyol. Una decisión necesaria pero difícil cuando se trata de gente que juega al fútbol defendiendo una causa común. Por eso, a Guardiola no le tembló el pulso cuando Ronaldinho, Deco y un año después Eto’o se vieron obligados a cambiar de aventura. Ganar no cansa pero el intento de hacerlo estresa demasiado. Ésa es la conclusión del adiós de Guardiola.

El presente es de Tito Vilanova, la mano derecha de Pep. Una decisión con sentido común que mantiene inmaculada la hoja de ruta del club. La fachada será parecida, con los retoques necesarios, y el librillo de estilo exactamente el mismo. Sin embargo, los rumores de la opinión pública puede causarle problemas al Barça: ¿tendrá Vilanova autonomía propia o la sombra de Guardiola será demasiado alargada? Ésa es la disyuntiva con la que tendrá que lidiar el nuevo entrenador. Guardiola se ha convertido, desde ayer, en otro Cruyff en la sombra.

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No es que sea injusto, es fútbol

25 Abril 2012 por Carlos Vanaclocha

Todo olía a Mourinho en el Camp Nou…Di Matteo y el catenaccio más descarado que se recuerda desde el Barça-Inter del 2010, la ubicación de Fernando Torres en el lateral izquierdo a imagen y semejanza de la de Eto’o en aquella semifinal, la sombra alargada del 1-2 del pasado clásico, el estado de psicosis que sufrió el Barça cuando Messi falló el penalti y, quizás, el recelo de observar desde la barrera cómo el máximo rival se acerca a la restauración monárquica que Florentino encargó a su entrenador.

Es la ley no escrita del fútbol: los azulgranas enjaularon al Chelsea y propusieron un fútbol metódico y paciente, parecía un equipo de balonmano basculando de un lado a otro hasta encontrar disparo. Pero desde que Arrigo Sacchi soltase aquello de que ‘la Champions no perdona’, un solo gol lo cambia todo y el Chelsea alardeó de lo que nunca se le ha achacado al Madrid: capacidad para matar. Además, en Londres todavía quedan reminiscencias del efecto Mourinho; a los blues les importa un comino ignorar el balón y colgarse del larguero para defender a ultranza un resultado. Lo demostraron en la ida y no iba a ser menos en Barcelona. Ellos mejor que nadie saben que la Champions recuerda a su ganador, lo demás no tiene ninguna trascendencia. Y Abramovich ha tenido que despilfarrar más de mil millones de euros (se dice pronto) para conseguir una segunda oportunidad de levantar la gran corona. Continuar leyendo esta entrada »

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La misma epopeya de 2003

22 Abril 2012 por Carlos Vanaclocha

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Florentino Pérez llegó a decir que la victoria del Madrid en el Camp Nou en diciembre de 2003 había sido el  “partido más importante del club en su era moderna”. Entonces, el equipo entrenador por Carlos Queiroz acabó con una desastrosa racha de veinte años sin ganar en Barcelona; la saga galáctica entendió que, por encima de fobias históricas, ganar al archienemigo en su propio campo era otro paso imprescindible para lograr la fama eterna. Cierto es que las circunstancias de aquel 1-2 no tuvieron el mismo contexto que la gesta de anoche porque, en contraste con la personalidad omnímoda de Mourinho, la dimensión estelar de Zidane, Figo, Ronaldo y Beckham dejaron en un rol testimonial a Queiroz. Además, el Madrid del primer mandato de Florentino venía saciado de títulos, mientras que el Barcelona de Rijkaard comenzaba un periodo de gestación para olvidar el decadente lustro presidencial de Gaspart. No obstante y aun con matices muy diferentes, la consigna del Madrid en el clásico del 2003 era de ‘ahora o nunca’, tal como la afición suplicó en el duelo decisivo de esta Liga.

El puñetazo del Madrid no sólo supone la abdicación del Barça en la Liga sino que éste ve peligrar una hegemonía que tarde o temprano dejaría de ser tan contundente, con casi el mismo número de títulos conseguidos que disputados. Pero el gol de Cristiano y la impecable actuación de todos echan por tierra varias leyendas populares: la primera y más importante es que el portugués ya ha demostrado que, al igual que Messi, le van las citas inolvidables. Suyo fue el tanto que dio la Copa del Rey y suyo es el que finiquita este campeonato; la segunda afecta a Mourinho y le deja como un gran estratega. Apostó por Coentrao en la semana que sólo el Rey de España había sido más discutido que él,  y el lateral con mechas y vicios in fraganti respondió con creces conteniendo a Dani Alves en sus centros y amagos de regate. Pero, sobre todo, a Mou hay que aplaudirle la idea de haber cerrado con candado el ‘departamento de trivotes’. Sin embargo, le queda pendiente el casting a escudero de Xabi Alonso: Khedira es hoy por hoy insustituible y más después de haber entrado en el museo del club como el futbolista que rompió el récord de los 107 goles. Sin embargo, Granero reivindicó en un puñado de minutos que este Madrid (sí, el de Mou) también demuestra tacto con el balón. Por último, la tercera leyenda popular la creó anoche el propio Madrid y es la vía para buscarle las cosquillas al mejor Barcelona de todos los tiempos: orden y concierto en defensa, y un contraataque mortal. Claro está que sólo los merengues pueden presumir en el mundo de asediar el área en apenas dos o tres pases. Continuar leyendo esta entrada »

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Esperando otro fusilamiento

19 Abril 2012 por Carlos Vanaclocha

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Ochenta por ciento de posesión, pero ganó el equipo al que le abrasaba el balón; veinticuatro disparos, pero fue Drogba quien enganchó uno por sorpresa; 740 pases correctos de 900 posibles, y el Chelsea se metió en el área de Valdés en apenas tres toques….estadísticas demasiado contundentes que evidencian un mal día del Barcelona. Porque si Messi continúa con su mal fario en Londres significa que a los azulgranas les faltó pegada, esa virtud de la que abusa el Madrid aún cuando no juega bien. Gustavo Poyet, ex futbolista del Chelsea y amigo íntimo del entrenador Di Matteo, lo intuyó desde un principio: “Hablé con el entrenador del Chelsea hace una semana y podría adivinar cómo le jugará al Barça”, espetó entre risas en El partido de las 12 de COPE. Su indirecta delataba que jugarían con un cerrojazo blindado y a la espera de que cayese en gracia algún ataque. Y a tenor de lo visto en Stamford Bridge, el planteamiento de Mourinho en la semifinal Barça-Inter del 2010 podría ser una broma comparado a lo que prepara el Chelsea. El Barça no debe rallarse la cabeza: sin traicionar un ápice su esencia, podrá probar a Cech otra vez e intentar hacerle menos internacional de lo que fue anoche.

Tan sólo un matiz: Messi y Xavi abusaron de ataques frontales y apenas buscaron a Dani Alves en sus desdobles o a Iniesta inclinado en la izquierda. Porque aparte de Messi, el manchego era quien más expectativas de peligro creaba con el balón; la pena es que no asumiese galones más relevantes. Pero al Barça no le van los faroles: se mete hasta el área contraria con ese fútbol de salón que cuadra a base de infinitos pases de metro a metro y pulsa el botón de disparar casi a bocajarro. Da la sensación (por sacarle algún ‘pero’) que le falta un Cristiano Ronaldo o cualquier lanzador expeditivo que no se lo piense en el momento de soltar un zurriagazo de treinta o cuarenta metros. No obstante, la gracia del fútbol español es contar con dos estilos tan antagónicos y efectivos a la vez.

El Chelsea ha sido testigo de que alguna vez se alinean todos los planetas del sistema solar contra el Barça y que no basta con jugar hasta hartarse. Pero si Di Matteo propone otro suicidio semejante, la probabilidad no engaña: Cech se puede plantar en un fusilamiento total de más de cincuenta disparos. Claro que los blues tienen poco que perder: no todos son capaces de forzar al Barça a tope de revoluciones y eso es de agradecer. Porque el asedio que van a plantear los azulgranas pinta descomunal, aunque el Chelsea de Di Matteo se sienta como un cerdo en el barro en su cometido de despejar balones. Y de nada valdrá el consuelo de Guardiola argumentando que para él “la temporada está ganada” si el Barça no juega la final de Munich…quizás este Barça sea el único capacitado para levantar un buen puñado de Champions en tan poco tiempo. Sin embargo, 1-0 adverso y a esperar la vuelta.

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