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Benzema en versión bestial

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“Si fuera por ti, tendría que entrenar a las doce, porque a las diez llegas dormido y a las once sigues durmiendo”. Ésa fue la primera arenga de Mourinho a Benzema a las pocas semanas de coger el mando del Madrid. Lejos de la actitud laxa de Pellegrini, el francés necesitaba un jefe que le espabilara mediante palos, y su actual entrenador siempre es uno de los más acreditados para resucitar muertos. Porque así sentía Karim en su primer año como madridista; el hecho de que el mismísimo Florentino Pérez tocará al timbre de su casa de Lyon para convencerle de que fichara fue una losa demasiado pesada. Sí, fue un capricho del presidente, pero el primer Madrid de la nueva era debía levitar sobre Cristiano Ronaldo y Kaká. Y con la voracidad goleadora del portugués, Benzema se sentía un simple relleno que se aprovecharía de la inercia ganadora de su equipo. Además, y para más desazón del ex delantero del Olympique, sus superiores buscaron a David Villa como primera opción aquel verano del 2009: “Hicimos un esfuerzo enorme por Villa, pero no alcanzó. Vamos a cambiar el objetivo, pero la prioridad quedó clarísima”, desveló el entonces director general Jorge Valdano.

Pero Benzema era un chaval tímido que no podía fallar a las primeras de cambio. Así se lo comunicó Florentino a Mourinho, quien harto de la abulia de su jugador, acudió a Zidane para que rescatase a su compatriota de otro claro ejemplo de talento malgastado. El astro francés recomendó a Karim someterse a un tratamiento de adelgazamiento en una clínica italiana; el resultado fueron siete kilos de menos que le dejaron una fisonomía perfecta para encajar en el juego vertiginoso de pim, pam, pum que sigue proponiendo Mourinho. Por fin, Benzema enterró su versión ‘monsieur empané’ y se puso a perforar porterías y, sobre todo, montar las jugadas para regocijo de Cristiano (hasta quince asistencias se marcó la temporada pasada). Sin esperarlo tan pronto, su entrenador se había encontrado con un delantero total capaz de rematar, controlar, disparar, asistir e inventar fútbol de la nada. Pero Mourinho, cuya habilidad para gestionar vestuarios es indiscutiblemente brillante, era consciente que a veces el estilo del equipo requería la estocada fulgurante de Higuaín. A partir de ahí nació el debate: ¿el perro (Higuaín) o el gato (Benzema? Pues el Madrid en formato contraataque necesitaba al argentino y, en cambio, el artesanal que exigía paciencia par abrir defensas enlatadas, era el más adecuado para Karim.

Durante esta temporada, la carrera por la titularidad se la había llevado Higuaín. Parecía que el lado oculto de Benzema empezaba a aparecer de nuevo y el jugador lo dejó claro en una entrevista en L’Equipe…”Tengo ganas de jugar más; desde principio de temporada paso más tiempo en el banquillo que en el campo”. La contestación de su jefe fue escueta pero contundente: “Yo paso noventa minutos en el banquillo y no pasa nada”. Quizá Benzema echaba de menos algún consejo de su nuevo mentor Zidane, pero el astro francés se ha apartado del primer equipo y en ocasiones, el ariete de la selección gala anhela la tutela permanente de Zizou.  Con o sin él, el mejor partido de Benzema ocurrió el sábado por la noche. Él solo desmontó la defensa del Athletic y su figura se agigantó en cualquier palmo del césped. Se lo estaba pasando de coña y eso es lo más gratificante que se puede descubrir en Karim. No obstante, dice que su mejor actuación no ha llegado todavía (portada del AS de este lunes), pero difícilmente podrá repetir otra igual: su valoración como MVP es máxima. La gracia es averiguar cuántas veces veremos su versión más bestial.

 

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