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Uno de los nuestros

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Vicente Del Bosque confesó durante el Mundial de Sudáfrica que si fuera jugador le gustaría  parecerse a Sergio Busquets; habría que preguntarle a Mourinho quién es su predilecto, pero quizá por su entendimiento del fútbol, José Callejón sea el elegido. Si Cruyff ordenó al Barça el fichaje de Miguel Ángel Nadal del Mallorca para erigirlo en su comodín particular, Callejón vale para dar guerra en cualquier palmo del campo. Su estilo escurridizo hizo malo a Modric en Riazor: sus continuos desmarques cayeron en saco roto ante la ceguera del croata de los cuarenta millones (se dice pronto) y, aunque el granadino fue el más peligroso antes de la revolución sugerida por su entrenador, entendió que las necesidades tácticas le obligaban a comerse el marrón del lateral izquierdo, y no es la primera vez. Sin embargo, Callejón lo acata con su habitual disciplina militar que tanto embelesa a Mourinho. Precisamente, éste le describió ante la prensa como uno de los nuestros. No se equivocó el portugués.: Callejón puede fallar delante del portero, errar un pase o no controlar el balón, pero nunca se le achacará ese ímpetu que le excluye de las esporádicas apatías que sufre el equipo. Porque si hay algo que detesta el técnico portugués en su interminable catálogo de manías, la dejadez ocupa un lugar top.

El pasotismo es lo que mató al Madrid de la primera parte. Dijo Butragueño en el palco que la segunda parte de los suyos había sido mejor que la primera del Depor; cuesta creerlo porque, salvo Callejón, ninguno amagó con poner una pizca de ganas. Ni siquiera funcionaron los contraataques, argumento por antonomasia de la era Mourinho. Al menos, un detalle sorprendió en el entrenador: en cualquier otro partido habría cambiado a Higuaín por fallón; en Riazor confió en él hasta el final y el desenlace le dio la razón. No obstante, todavía prevalece el quebradero de cabeza del nueve: del argentino se espera mucho más y a Benzema simplemente se les espera. La buena y peligrosa noticia es que el problema toca a su fin en apenas diez días, porque si ambos no dan la talla en el Camp Nou u Old Trafford, después nada tendrá importancia: uno de los dos será vendido al mejor postor. El fichaje de un delantero galáctico es el gran tráiler de la próxima temporada.

La otra gran noticia o, mejor dicho, presentimiento es el regreso de Kaká a sus orígenes. Quizá haya entendido que siempre quedará eclipsado por Cristiano Ronaldo y por eso ya no juega agarrotado; tampoco se le pueden exigir méritos propios de un Balón de Oro, pero su mente no está nublada y podría convertirse en el socio letal del portugués. Curiosamente, Kaká se confirmó ante el mundo en Old Trafford en un Manchester-Milan inolvidable y dos goles de zancada y regates más antológicos, si cabe. Mourinho ha sacada a Kaká del diván del psicólogo y su titularidad en los duelos cruciales no es descabellada. Sin duda, sería la prueba definitiva del algodón para que Florentino confirme, de una vez por todas, si valió la pena traer a Kaká como si se tratase de un acontecimiento planetario.

 

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Una respuesta a “Uno de los nuestros”

  1. manuel r g dice:

    Hombre Callejón se adapta a muchos sitios hasta para servirle de caballito para trotar por la banda

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