Interpretando a Maradona
Sbado, 3 Marzo 2012Javier Aguirre defendió al Kun a capa y espada durante su pubertad rojiblanca…”Para vestir la camiseta del Atlético se necesita algo más que 18 años. He hablado con mucha gente que le entrenó en Argentina y da la sensación de que tiene posibilidades ilimitadas”. Ésa fue la respuesta del entonces entrenador rojiblanco al escepticismo de la prensa española, que no entendía por qué un fichaje de 23 millones de euros apenas jugaba un puñado de minutos cada domingo. El técnico mejicano ejerció de psicólogo con Agüero; no en vano, todavía era un adolescente al que su PVP le podía jugar una mala pasada. Aguirre no quería encontrarse con otro caso Robinho; es decir, un talento sin pulir con ínfulas de crack. Por eso, desde su llegada en el verano de 2006 el mejicano fue de cara con él y con su padre: “Kun puede aprender mucho de Fernando Torres. Le irá observando en los entrenos”. La causa común estaba clara: hacer del chaval un gran futbolista y quizá, sin distracciones, volver a hacer grande al Atlético. Precisamente, Aguirre fue testigo de la paciencia que supuso macerar a un adolescente que bebía litros de Coca-Cola, y engullía pizzas y hamburguesas como si fuera una hormigonera. Al final, el sacrificio tuvo su éxito: el entrenador había colocado a Agüero en el disparadero al estrellato. Faltaba un último empujón y era obvio que su club no se lo iba dar…o sí, pero para fichar por un club que no viviera en permanente convulsión.
Anoche Diego Maradona volvió a insistir en que el Kun debería acabar en el Real Madrid, en declaraciones a la radio argentina La Red. Lo dijo en verano, antes de que el City pusiera los petrodólares para fichar a su yerno, y aún anda con esa fijación. No obstante, el ‘Pelusa’ confiesa que será complicado que el Manchester le deje escapar. ¿Pero quién se necesita más: el Kun al Madrid o viceversa? Quizás, si Aguirre fuese otra vez el tutor del delantero, le aconsejaría no pegar otro timonazo: en Inglaterra ha encontrado la horma de su zapato con un fútbol tan rápido como sus prestaciones técnicas. Evidentemente, la camiseta celeste no tiene el glamour de la merengue, ni la repercusión mediática del vecino pequeño del United reclama tantas televisiones como el Santiago Bernabeu. Pero el grupo árabe, dueño del club, ha demostrado que no va de farol: no puede fardar de sala de trofeos, pero a los jugadores de hoy se les convence con un buen cheque con fondos. Si, además, a la estrella del equipo se le rodea de una guardia pretoriana que sepa hacer la guerra por su cuenta, el convencimiento es total. Agüero tiene detrás de sí al inconmensurable David Silva, al irreverente Balotelli, al imponente Yaya Touré o al contundente De Jong, permitiéndose ignorar a Tévez, todavía uno de los delanteros centros más demandados del planeta.
El problema de este Madrid, si es que tiene alguno, no contempla la delantera. Al revés, Mourinho ha demostrado que a él vale con un punta porque los goles asoman por todos los lados del campo. Así que si Florentino se permite el capricho de fichar al Kun (el precio de salida se antoja más que desorbitado), Benzema tendría que resetearse, pues ni él ni el argentino son delanteros para alternar su puesto. El verano se acerca y el mercado, sin contar a Neymar, ofrece dos seriales: el del Kun y Wayne Rooney. El primero flirteó con el Madrid y al segundo costará sacarlo de su país. Y el fútbol europeo aún no simula a la NBA, en la que es habitual que los mejores jugadores rulen de una franquicia a otra sin titubeos. O sea que será muy complicado que Agüero regrese a España tan pronto, con la familia en plena adaptación al té con pastas, y en un vestuario con voracidad de títulos, a pesar de la novatada de Champions. No obstante, puede que Agüero utilice a Maradona como portavoz…o el suegro opine como en una charla de barra de bar: el Maradona locuaz es más propio de esto último.




Carísimo le ha salido al Atlético de Madrid su debut de Champions en el Vicente Calderón. A la UEFA no le ha temblado el pulso para sancionar a los rojiblancos con la clausura de su estadio por dos partidos más otro que queda en suspenso a expensas de que el club español no reincida en disturbios con público durante los próximos cinco años. Como no podía ser de otra manera, el Atlético ha recurrido la sanción del organismo europeo aunque ya debía haberse esperado lo peor cuando sucedieron los disturbios entre la Policía Nacional y la afición del Marsella en las gradas del Calderón. Lo curioso es que ningún medio de comunicación español barruntaba durante las dos últimas semanas el torbellino que ha originado UEFA esta mañana. Si acaso, una sanción económica, de las de rigor por incidentes con el público que acude a un partido de Liga de Campeones. En cambio, los periodistas franceses llevan incitando al presidente de la UEFA, el también francés Michel Platini, a que castigara a los españoles por los desmanes injustificables del partido desde el pitido final del mismo.
Y Raúl jugó y marcó. Por cierto, dos goles: el del oportunismo y el del destello. Todo estaba preparado para que fuera su noche y el siete deslumbró. Eso sí, ante un Sporting que fue mucho más dócil que el Bate Borisov. El gran capitán había leído y escuchado críticas pero su gesto, lejos de ser mohíno, irradió esa rabia que le caracteriza. Raúl se sobrepone a lo que haga falta y tal actitud le ha encumbrado como titular indiscutible del Madrid durante catorce años, se dice pronto. Cierto es que un partido no es la vara adecuada para calibrar las opciones del merengue pero ya se ha entonado. Schuster ha encontrado los primeros indicios para resolver esta absurda polémica. Su capitán debe jugar en punta y olisquear el área rival. Ése es su jardín y ahí se desenvuelve con soltura, picardía e inteligencia. Porque Raúl es listo, muy listo. Anoche, no sólo goleó sino que también se enfundó el peto de pasador, de un asistente inverosímil. Pero claro, para sus detractores, rayanos en el maniqueísmo, sólo trasciende que su víctima no marque: o mete goles o es inútil. Y como los críticos se agarran a guarismos, pues comentemos los números del delantero: dos goles en cuatro jornadas. Creo que no está nada mal.