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Archivo de la categoría ‘Bale’

¿A qué juega el Madrid?

Domingo, 6 Noviembre 2016

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Ramón Mendoza despidió a su entrenador Radomir Antic porque “el Bernabéu se aburría cada domingo, incluso en las goleadas”.  La prensa no entendió por qué el equipo que lideraba la Liga agitaba el banquillo sin crisis por medio ni rebeldías de vestuario, pero el entonces presidente creyó que si el Dream Team de Cruyff se parecía al Circo del Sol, su Madrid merecía por lo menos la misma distinción. Mendoza fulminó a Antic y puso a Leo Beenhakker, cuyo funesto epílogo acabó en la primera Liga de Tenerife. Perdieron el campeonato en 45 minutos, pero una encuesta elaborada por la revista Don Balón entre los entrenadores de Primera concluyó que el Barça fue el justo campeón. ¿A qué juega el Madrid? Suele ser debate de barra de bar. Cualquier aficionado merengue espera que el club más mastodóntico de España divierta delante del televisor; quizá, no que juegue como el último Barcelona de Guardiola, pero sí que dé la impresión de rodillo, de sensación de acordeón que se pliega y despliega con estilo. En nuestro periodismo deportivo, cada vez más degradado, opinar del Madrid significa atacarle: porque uno puede decir que el aburrimiento es el patrón de juego y por inercia moral se moviliza una marabunta de tuiteros y/o haters restregándote que Zidane está invicto. Si osas escribir que Cristiano Ronaldo se tiene que desoxidar, de repente te avasallan con infinitas estadísticas de sus infinitos goles. Es la guerra mediática Madrid-Barça que ha cavado dos trincheras en las que no hay sitio en tierra de nadie; bueno, sí, quedarse callado. Opinar de ambos para bien o para mal es vivir una batalla entre jedis y siths, o estás conmigo o contra mí. Si hablas del mal de los blancos, aunque sólo de lo que suceda en el campo, prepárate para el pelotón de fusilamiento.

Una crónica poco marciana sería que un resumen televisivo de 1 minuto explica de sobra por qué el Madrid salió a contemplar cómo el Leganés se dejaba engullir por el “miedo escénico”. Hay jugadores cuyo P.V.P rondan los cien millones porque con apenas dos amagos sentencian un partido. Es el caso de Gareth Bale, en un estado de gracia que está salvando la marca BBC. Ajeno a cualquier odiosa comparación con Ronaldo, Florentino le fichó de número dos y su representante, Jonathan Barnett, le aconseja calma: el protagonismo absoluto estará a tiro en unos años. Su carácter hermético, demasiado anglosajón fuera de las Islas, impide que la prensa le dediquemos más tinta con esas chorradas que tanto nos gustan. Por ejemplo, los movimientos de CR7 sobre el césped no importan, sí su cabreo volcánico en la jugada que termina fallando Bale. Así es el negocio: o lo tomas o lo dejas. Por eso, se agradece que algún protagonista se harte y escupa un titular. Morata salió delante de las cámaras y ante la pregunta de su desafío con Benzema, no especuló: “Estoy cansado de lo de revulsivo”. Gran respuesta. Morata es el delantero centro que Cristiano no quiere ser y él  se aprovecha de esas ‘migajas’. Y mientras Benzema continúe en el limbo,  el canterano seguirá agradeciendo ese máster acelerado que le regaló la Juventus.

Sí, el Madrid ni pierde ni enamora. Quizá sea la poca motivación que supone reventar el cuento de hadas del Leganés, pero la grada merece cierta gratitud. Y la mejor forma de respetar al fútbol es intentar golear sin piedad a cualquiera, como en la noche de la Cultural. Viendo la primera media hora de partido, un ‘entrenador’ aficionado, o sea todos nosotros, pensaríamos que este Madrid se aburre atacando como si fuera un equipo de balonmano. Iniesta y Xavi Hernández podían sobar el balón hasta desgastar el cuero; en este equipo hasta Toni Kroos, pelotero por excelencia, recibe y suelta el balón en décimas de segundo. La leyenda de la posesión se va reduciendo a una mentira popular porque no es superior quien más pelota toca. Recuerdo una goleada del Barça al Rayo de Paco Jémez en la que los vallecanos sólo ganaron esa estadística, y parecía una gesta homérica. Zidane ha entendido que tiene una plantilla ergonómica para salir en estampida desde su propio campo; ¿qué el Madrid no puede jugar así? Pues con Mourinho marcaron 120 goles durante una temporada. La anarquía de los blancos está inspirada en los Harlem GlobeTrotters: el talento de cada crack cubrirá las lagunas tácticas del equipo hasta que Zizou inspire al vestuario con el emocionante discurso de Al Pacino en Un domingo cualquiera: “O nos curamos ahora como equipo o moriremos como individuos”. Sólo así es posible.

Uno de los nuestros

Lunes, 24 Octubre 2016

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“No me enfado por no ser titular. A mí me gusta jugar, pero firmaría jugar menos y ganar siempre”. El madridismo se acordaría de Álvaro Arbeloa  de no ser porque otro Álvaro tampoco ha escondido nunca su religión. Hombre de club, uno de los nuestros (como diría Mourinho), a Morata le toca resolver marrones a contrarreloj. Con el agua al cuello y ese runrún permanente de que apenas golea, volvió a solucionar el galimatías táctico de Zidane. Es el único delantero clásico del equipo, el que remata hasta un microondas si hiciese falta.  A diferencia de Benzema, Morata dispara, primero, y luego pregunta. La presión del Bernabéu es un juego de niños que aprendió en la Juventus: “yo ya superé la ansiedad”, dijo después del partido. Ahora le toca pelear a tumba abierta y demostrar a Zizou no que tiene el mejor fondo de armario, sino que lo mejor del armario es el fondo. O sea, él; o sea, Lucas Vázquez. La clase media que ve en un puñado de minutos la oportunidad de su vida. La BBC innegociable está bajo sospecha porque la grada no ve en ellos un Circo del Sol con el que quedarse alelado. Y la corriente más corrosiva del antimadridismo seguirá anunciando a un equipo en permanente Apocalipsis. Un amago de galaticidio en el que los P.V.P pesan demasiado.

Los pura sangres reniegan de cualquier crisis de juego. Su explicación es lógica porque el Madrid quizá sea el único equipo conocido que jugando mal, rematadamente mal y soberanamente mal, gana. El Athletic fue la prueba de que el algodón no engaña: en medio de la espesura y acostumbrados a caminar sobre el alambre por encima del abismo, los blancos regalaron al público el habitual minuto de éxtasis. Y si es de fabricación casera, mil veces mejor. El héroe local fue Morata unos pasos por delante de Iñaki Williams, que a lo Salinas, falló para varias noches de pesadilla. El Athletic no salió goleado porque la cabeza de Cristiano está en un desierto sin oasis. El estado físico no falla, sí su mentalidad ciclónica que arrasa cualquier récord que se propone. Cuatro partidos ciegos en casa le ponen en el disparadero de quien sólo contempla al CR7 Terminator, que si baja de la barrera de cuarenta o cincuenta goles, todo huele a basura. Ni siquiera piensan por un segundo que es el jugador más importante de la historia merengue con permiso de Di Stefano. Mala racha de un Cristiano que aceleró su pretemporada para no descabalgar al equipo y que ha ganado puntos fundamentales para no plantear esta Champions a vida o muerte.

En esa disección de la BBC, Benzema bajó del limbo por un rato pero sigue siendo monsieur empané; de repente, aparece en la línea de cal sin sentido, con ese ansia de construir jugadas como si fueran mecanos, y el ataque se diluye. En cambio, con Gareth Bale es fácil ser más paciente: no existe durante un rato y en un abrir y cerrar de ojos se marca un Usain Bolt para dinamitar defensas. El galés es el “atleta” de Guardiola necesario en cualquier equipo, incluido en el de Pep. Su potenciómetro va aumentando a medida que se acercan los fastos gordos. Así que no es prescindible en este momento; de lo contrario, hagan una encuesta en la calle sobre la BBC. Y llévense las manos a la cabeza. 

Bale cuesta un “ojo de la cara”

Domingo, 12 Junio 2016

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Este tío va a ganar un puñado de Balones de Oro”. A John Benjamin Toshack le sobró medio partido para anunciar al mundo su creación. La prensa galesa que cubría a la selección nacional ya estaba curada de espanto de la socarronería y fanfarronería de J.B. Demasiado circo en unas ruedas de prensa que, al menos, anestesiaban los cabreos de las plumas más afiladas. Gales siempre había sido un sparring ‘facilote’ y no había razones para intuir lo contrario, ¿o sí? Los británicos acababan de ganar a Trinidad y Tobago por un pírrico dos a uno en el antiguo estadio Arnold Schwarzenegger de Graz (Austria), y a tenor del bodrio y la aburrida interpretación que pudiese hacer Toshack delante de las cámaras, un periodista le preguntó por el debut de ese lateral izquierdo de 17 años del Southampton que prometía como tantos otros. Su respuesta alivió las soporíferas crónicas, más si cabe, cuando el propio seleccionador advirtió que no se trataba de otra vacilada más. El ex entrenador del Madrid profetizó que algún día el chaval costaría a pretty penny; es decir, un ojo de la cara. Fue entonces cuando algunos reporteros se dieron cuenta que quien hablaba era el ‘viejo John’, el bromista que tenía ocurrencias para todo. La siguiente pregunta vino a colación de la primera: “¿Cree que un defensa como Gareth Bale podría valer tanto?”. La respuesta no la habría acertado ni una médium: “¿Quién dice que va a acabar como defensa?”.

Zidane nunca quiso hacer pruebas de laboratorio con el galés: le intentó acorralar en la izquierda para que armara sus tomahawks de manera natural, donde el disparo puede coger más ángulo endiablado. La obsesión de Florentino Pérez por que su fichaje de 91 millones (reconocidos por Football Leaks), deje de arrastrar su P.V.P con grilletes puede acabar en la Eurocopa. Por de pronto, dejó su marca ante Eslovaquia. Bale puede soltar un zurriagazo en estático (el balón al palo de Vallecas), en contraataque y, sin campos minados, revienta cualquier candado. Y, además, su salto de manual le deja como un gran cabeceador, marcando los tres tiempos como lo hacía Morientes. Quizá Guardiola se refería a Bale cuando dijo que el Madrid era un “grupo de atletas”; desde luego, ningún velocista del Bayern supo pararle en aquel escandaloso 0-4 de Munich. El mejor Bale todavía es un enigma porque sus músculos se tensan y destensan como un chicle; siempre al filo de la lesión, necesita las condiciones perfectas de Usain Bolt para romper la barrera del sonido.

Cristiano suele comentar en público que Benzema es su socio preferido y no se esfuerza en tirarle flores. Bale aún se siente en el Madrid un ente extraño que, como dice su representante Jonathan Barnett, “él se fabrica las jugadas y él las ejecuta”.Y como las grandes estrellas, necesita sus ratos de ego, ahora con su selección, para reivindicarse como una estrella que merece posar en la alfombra roja de Hollywood. Ayer contra Eslovaquia jugó de media punta, donde a él le gusta, aunque su talento de correcaminos luzca más en las autopistas de las bandas. Bale busca inmortalizarse en un póster como Zidane con su volea; al fin y al cabo, su esprint en la cara de Bartra en la Copa de Mestalla no tuvo las proporciones bíblicas del cabezazo de Sergio Ramos en Lisboa. Quizá Saint-Denis espere al hombre de las finales.

Messi hace de Xavi

Lunes, 2 Mayo 2016

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“Messi acabará jugando de Xavi Hernández”. La reflexión en petit comité de un ex alto directivo del Barcelona va cobrando cuerpo. En su versión taciturna, sin voltios para arrancadas explosivas, D10S camina hacia atrás para ponerse la chaqueta de crupier. Manosea la baraja y reparte las cartas con precisión geométrica; tan pronto cambia el sentido del juego con un pase de cuarenta metros como recuerda al mejor Michael Laudrup, con su escuadra y cartabón. Le falta, si acaso, mirar al lado contrario como el danés, pero no tendría tanta personalidad. Dice el maestro César Menotti que cuando Messi se canse del gol, le quedará regalarlos con un lazo. Luis Suárez lo sabe de sobra porque sus pases son casi de la muerte. Es otro Leo que procesa más con la cabeza que con las piernas, una CPU actualizada de Xavi, quien hace unos días se enojó en La Vanguardia: “Messi no hace de Xavi, hace de Messi, ¡qué cojones!”. Si Messi anda, el Barça no corre; y jugando en el hábitat del antiguo capitán, da la falsa impresión de que los azulgranas se han cansado de su temporada, sin ganas de emular al Circo del Sol y sacando resultados como cualquier otro día en la oficina. Se jugó la Liga sin ningún apuro ante un Betis con toalla y chanclas; la inercia de las últimas orgías (0-8 y 6-0) acabará con el título en Granada porque, de lo contrario, el ‘galacticidio’ de Carlos Queiroz quedará a la altura del betún.

El Barça afronta el penúltimo round con su gente y sin fantasmas de ‘Tamudazo’. Más que nada, porque Tamudo ya no juega, ni siquiera un De La Peña de turno que meta miedo. La última vacuna del Valencia en el Camp Nou hirió el orgullo del campeón. De repente, de la noche a la mañana, los azulgranas habían perdido la mirada del tigre por razones fantasmagóricas. Sin rotaciones parecía que la MSN había entrado en fase de oxidación, pero las estadísticas contra el propio Valencia, con un Diego Alves omnipresente, desmintieron el desplome físico. El Barcelona juega según la ley Messi, y aunque Suárez remate balones por tierra, mar y aire, sólo hay un Oscar para el mejor actor. Sucede lo mismo con Griezmann, con un caché inigualable en la alfombra roja de Hollywood. Simeone decidió reservarle hasta que se hartó de la apatía de Oliver Torres y Vietto (quién le ha visto y quién le ve). El Rayo aclaró al ‘Cholo’ que sólo once titulares se desviven por ese grafiti que ocupa todas las paredes del Cerro del Espino: el esfuerzo no se negocia…para casi todos.

En el Madrid la segunda unidad funciona a medias por deficiencias de James.  Es una pena que Zidane no saque más provecho de este jugadorazo y más aún que él no saque provecho de sí mismo. En pocas semanas, después de la Copa América, el técnico tendrá su primera misión: recuperarle en el césped y sobre un diván de un psicólogo. A James le pasa como a Neymar, ambos han perdido el ‘mojo’ de Austin Powers sin un diagnóstico claro. Pero esas cabezas ahora mismo no están bien amuebladas. La de Gareth Bale sí que brilla con testarazos decisivos que le descubren como el mejor cabeceador del Madrid. La recuperación milagrosa de Cristiano es una cuestión nacional, pero Bale está aporreando la puerta para que el madridismo no se olvide de él. El club pagó por él 91 millones con un propósito claro: ser el telonero del portugués hasta que llegara el momento. Así lo quería el presidente. Pero con esa losa de P.V.P, el galés juega para sacudirse las sospechas, una detrás de otra. Lesiones, abulia…demasiados cuchicheos para un gentleman tranquilo, cuyo ritmo de vida corre más lento que dentro del campo. Quizá vaya siendo hora de imaginar un Madrid con Bale sí o sí. 

Ese “grupo de atletas”

Domingo, 3 Abril 2016

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Primero empezó con el centenario del Barcelona (1998). Aquel inolvidable canto a capela de Joan Manuel Serrat con el Camp Nou oscurecido acabó en tragedia por un gol del colchonero Jugovic. En 2002 el Real Madrid cuadró sus cien años en el Bernabéu con la final de Copa y, además, pidió a la FIFA que ese día, 06 de marzo, no se celebrase ningún partido oficial en todo el mundo. El ‘Centenariazo’ pertenece a la antología de descalabros madridistas. En 2003, el Atlético de Madrid quiso brinda al Calderón un homenaje familiar, sólo apto para sufridores, y acabó en el túnel del terror en el que le metió Osasuna. Johan Cruyff merecía un homenaje en vida, tal como se quejó Dani Alves el sábado, aunque fue Pep Guardiola quien se lo brindó durante un puñado de años. Las casas de apuestas aumentaron con descaro la distancia entre Barça y Madrid, planteando como un suicidio la victoria merengue. La prensa culé se había preocupado más por el grado de emotividad de los fastos a Johan; al fin y al cabo, la sombra del Madrid ya no era demasiado alargada. Un ex peso pesado del Dream Team de Cruyff insistió en días pasados que no quería ver a los blancos “ni en pintura” en la Champions. Con los vídeos en mano, cualquier Real Madrid jugó mejor los clásicos del Camp Nou que del Bernabéu en la última época; quizá por aquella exhibición de Ronaldinho, o el cataclismo del 2-6. Mourinho debutó con un guantazo literal y aprendió de sus errores.

Zidane prestó atención a ese 5-0 porque entendió que a este Barça se le gana en velocidad. Necesitaba al “grupo de atletas” (Guardiola dixit) que arrasó en la semifinal de Munich o la versión más discutida de Rafa Benítez. Habría sido el partido perfecto para Mister Rafa. No en vano, él jamás habría quitado a Casemiro del once si la presión popular o, mejor dicho, de la planta noble no hubiese sido tan intensa en la ida. Ha nacido un nuevo Makelele, pero con más estilo; especialista en marrones, se especializa en fontanería soldando averías. Y no le quema el balón en los pies, como al gran Claude, quien reventaba jugadas a la espalda del propio Zidane. Case (así le apoda el vestuario) es la prueba de que el algodón no engaña: ni siquiera el Barça se puede permitir el lujo de bailar claqué sin un rottweiler. Pero Busquets sólo hay uno en el fútbol, Casemiro tiene todo el futuro por delante y no lejos de Chamartín, precisamente. De repente, las críticas al ‘Cholo’ Simeone y su fútbol siderúrgico se esfumaron: Zinedine Zidane, cuyo póster voleando la ‘Novena’ aún está colgado en muchas habitaciones, planteó una hormigonera en campo propio. La primera conclusión a vuelapluma fue intuir que el cemento armado era para impedir un resultado obsceno; el cansancio y la posesión oxidada del Barça dedujeron que era una estrategia. Suicida, pero meditada.

El Madrid ganó el debate de la calle: sí, hay que tenerle en cuenta para la Champions. Necesitaba una demostración mundial en el Circo del Sol del fútbol, delante de Leo Messi y una MSN agotada por las convocatorias internacionales. La trinchera merengue le brindaba a Bale una autopista hasta Claudio Bravo. Y en el duelo de correcaminos, la zancada del galés superó al molinillo de Jordi Alba. A Bale le sucede como al mejor Cristiano (me temo que ya no le veremos): es peligroso sin correa, sin el corsé que le ponía Benítez. Desde anoche, tiene licencia para matar por donde él quiera. Cristiano también, por supuesto, pero Zidane se ganaría el favor de los puristas si le reduce el radio de explosión. Ya no es el velocista que adelanta defensas, ahora se fía de su olfato de Van Nistelrooy. El problema, o capricho, sigue siendo que CR7 no quiere jugar de delantero centro, a pesar de que remataría cualquier microondas que le llegue. Decían las lenguas viperinas que el Espanyol siempre había sido la vaselina de Cristiano. Su enésimo gol decisivo callará a los rajadores: quince tantos a los ‘pericos’ y dieciséis al Barça. Aunque pensándolo bien, no cambiará nada: seguirán despellejándole.

Gareth se reencontró con Bale

Lunes, 21 Marzo 2016

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Noche ciclónica en el Bernabéu. Un alto directivo de la planta noble insiste en que “el mejor Bale es el as que se guarda en la manga Zidane”; no en vano, hasta su última lesión contestó con goles a toda esa corriente mediática que le restriega su P.V.P de 91 millones. Es un galáctico que necesita cuidados intensivos, una puesta a punto casi perfecta que evite amagos de contracturas, roturas o cualquier tipo de calambre muscular. Su preparación se asemeja a la de un velocista del hectómetro; de ahí, su zancada descomunal y la tensión en esos muslos de chicle para lanzar tomahawks inteligentes. A Steve Mcmanaman le llamaban Steve  por su carácter bonachón dentro y fuera del campo; Bale ha sido Gareth demasiado tiempo. Steve acabó complaciendo al Bernabéu hasta retomar el nombre y talento de aquel ‘Macca’ que surcaba la banda de Anfield con regatos y fintas, mientras que el tímido Gareth  se ha reencontrado con el torpedo Bale que puso patas arriba White Hart Lane. 

Le ocurre como a Will Smith en su papel de Hancock: derrocha poderes sobrehumanos sin nadie que se los corrija. Ancelotti consiguió por momentos controlar su hipervelocidad encorsetándole en la banda derecha, con esprines que no sobrepasaban la línea de fondo. Pero esa camisa de fuerza le inhibió de momentos antológicos como su carrera de medio campo en Mestalla, delante de la cara del impotente Bartra. Bale no tiene la cintura de avispa de Arjen Robben, que le permite amagar por fuera y adentrarse por el balcón del área. Pero tampoco lo necesita porque el defensa nunca sabe si se embala en la autopista o conecta el proyectil.

El Bernabéu suspira por esa conexión Bale-Benzema-Cristiano, tan comercial como poco práctica. Hasta el momento, demasiados cuentos chinos para una delantera de la que apenas se recuerdan jugadas de videoteca. Por supuesto, el Sevilla rompió con el pesimismo de una grada que no entiende cómo un vestuario tan bestial sufre en Granada, casi pierde en Málaga y no da una a derechas en los últimos derbis. El primer gol del Madrid demostró que Bale no arrastra una pata de palo en la derecha, y que el tópico de que Benzema sólo sabe fabricarse la jugada desde fuera del área es pura farsa. Quizá no tenga el salto gimnasta de Falcao ni el aguijón de Lewandowski (o sí), pero si su cabeza se lo permite y deja de pensar en el limbo, es el delantero nacido para jugar en el Real Madrid. Cristiano siempre insiste en que Karim es su “mejor socio” y cuando raja ante la prensa de que sufre en el campo cuando no están los mejores, su verdad no es políticamente correcta. Pero tiene más razón que un santo. Porque no es lo mismo poner un balón al espacio a Bale para que reviente un contraataque, que cedérsela a James y rezar para que salga cara y no cruz; porque no es lo mismo que Benzema escurra la jugada en un par de toques limpios, que ralentizar el ataque con el pegamento que suele llevar Isco en la bota. El 4-0 no fue el mejor partido de la temporada por chutar catorce veces a portería, sino porque al fin se vio ese vendaval que arrolla con todo a su paso. Y Zidane, que entiende que teledirigir su mito desde el banquillo es casi imposible, va ejerciendo de entrenador práctico, y si tiene que blindar al equipo en el Camp Nou con Casemiro, se olvidará del fútbol de Billy Elliot tan acostumbrado en su época.

El pasado siempre fue mejor

Lunes, 14 Diciembre 2015

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Cristiano Ronaldo utilizó la ESPN de consultorio matrimonial: “Ancelotti era como un gran oso. Un tipo genial, muy sensible”. Obús directo a la planta noble del Bernabéu. La entrevista se grabó antes del panorama apocalíptico que asola al Real Madrid este lunes; no obstante, cualquier otro resultado en Villarreal no habría manipulado sentimientos. La plantilla no cree en Rafa Benítez, ni éste en el proyecto faraónico que impone a la BBC. Si el entrenador no se traicionara a sí mismo, su equipo prescindiría de ese tridente tan ‘marketiniano’, de alfombra roja de Hollywood. Hasta que llegó al Bernabéu, su predilección por el fútbol siderúrgico era innegociable; ahora paga el tributo por vestir traje de Armani. La temeraria alineación del clásico contentó al palco y a la gente, pero desquició las tácticas informatizadas del entrenador. En El Madrigal optó por Casemiro, su bíceps en el campo, y la pizarra acabó emborronada de rayajos. La solución es jeroglífica, un sudoku que nadie en el club se va a molestar en completar. Al menos, con Benítez.

El Madrid carece de actitud y de fútbol. Un cuarto de hora no es la coartada perfecta para hacer de abogado del diablo, porque la primera parte contempló a un Villarreal espabilado y a otro en el limbo. El Depor había cantado bingo en el Camp Nou, y los blancos tenían la Liga en la mirilla del Kalashnikov, a medias entre un Barça dormido con cloroformo y una crisis a punto de extinguirse. El mundo al revés: el Madrid se vuelve a precipitar al abismo y el 2-2 de Barcelona acaba en un punto de oro y mirra. Lejos de las matemáticas, al vestuario merengue le preocupa la falta de ideas: no saben a lo que juegan y, peor, por qué juegan. “Últimamente no estamos a la altura de nuestro escudo ni de nuestra entidad”. Palabra de capitán Sergio Ramos. Y un aviso para navegantes. Por ejemplo, Gareth Bale, que a diferencia de Neymar en el Barça, aterrizó en Madrid con ínfulas de Balón de Oro. Es el último galáctico de Florentino Pérez y nadie le va a privar de esa obsesión. En cambio, a Neymar le dijo su representante Wagner Ribeiro que aprendiese de Messi a su vera. La prueba de que el algodón no engaña. Pero una historia es el misterio táctico del galés y otra más grave es su rebeldía delante de Benítez. Desobedeció la orden de cubrir el lateral del lesionado Marcelo y puso cara de ofendido cuando Jesé le comunicó las instrucciones del entrenador; duró medio minuto en la defensa y subió a por algún balón rifado. Cualquier Mourinho o Capello de la vida tomaría represalias.

La pitada contra el Rayo en la próxima jornada puede alcanzar proporciones bíblicas, Quizá sea cuando el presidente tome soluciones drásticas, porque por mucho menos la grada ha pedido decapitaciones. Y para seguir remando hace falta otra conjura: la ‘cofradía del clavo ardiendo de Roncero’ o, sin menos teatro, el sentido común: un Real Madrid al que le mueva el orgullo y, como señala Ramos, el peso de la historia. A la Quinta del Buitre nunca se le recriminó que no tumbara al PSV en aquella fatídica semifinal en Eindhoven. Al contrario, se le envolvió de épica. “Que mueran con las botas puestas. Y la camiseta sudada”. No lo dice uno de la calle, sino Paco Gento, historia viva de esa grandeza al que se le pide una visita a Valdebebas.

Capello style

Domingo, 29 Noviembre 2015

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El Madrid todavía no se ha levantado del diván del psicólogo. Le cuenta sus penas obsesionado con la pesadilla del clásico, estresado por el ruido exterior e inseguro de sí mismo incluso en trámites que suenan a goleada. El de Ucrania fue un mal entrenamiento, el de Eibar un marrón de tres puntos. En otra galaxia levita un Barça que pelea por un hueco en su leyenda desde que anestesió a su némesis: la cuestión nacional (la pregunta que se hace todo el mundo, como diría Manolo Lama) es saber qué Madrid despertará cuando regresen los duelos del Lejano Oeste. La cuesta hasta Navidad va rodada con equipos de otra liga; espera en enero un Valencia enrabietado cada vez que huele madridismo. Ni el aficionado más merengón agobiaría a Rafa Benítez con un rato de buen fútbol; ganar sí es suficiente para que el escarnio no se agigante. Ése fue el talante en la cajita de Ipurúa, donde las dimensiones del campo obligan a un fútbol siderúrgico antes que el delicatessen: el fútbol que le gusta al técnico, hablando en plata.

En una profesión cada vez más informatizada, Benítez se guía de las estadísticas. Sus respuestas son numéricas, de ahí que La Sexta anunciase el pasado viernes que, según el cuerpo técnico merengue, James Rodríguez es de los que menos trabajan en entrenamientos y partidos. Datos irrefutables para Mister Rafa. Sin embargo, el fútbol también se mueve por instinto o sensaciones, y el empeño en pegar con espátula a Gareth Bale de media punta centrado sólo lo entiende el entrenador. Ni siquiera una cifra podrá interpretar que el galés es práctico en una posición amorfa para él. Su galopada por la banda izquierda en la Champions recordó al olor añejo de Roberto Carlos. Precisamente, Ipurúa habría sido la pista de pruebas perfecta para dejar a Bale toda la autovía, del lateral al extremo. Bendita locura. No obstante, su gol de cabeza quizá alimente un debate interno: delantero centro. ¿Por qué no? A Cristiano Ronaldo le da mil patadas que le obliguen a colocarse en el punto de penalti como un boya de waterpolo. Todos quieren construir, como si fueran especialistas en mecano; hasta Benzema, socio único e intransferible de CR7 (la BBC sólo es una coartada de la prensa para darle la misma importancia al fichaje de los 91 millones o 100 según el Tottenham).

Ganar y punto. Es el único método para levantar a las masas. “A la caza del líder”, que fue el santo y seña de Fabio Capello en el vestuario la temporada del milagro. Entonces, reaparecerán las cofradías del clavo ardiendo y cualquier victoria pírrica, cualquier pestiño infumable valdrá su peso en oro. Así pensaba Capello y así vuelve a pensar este Madrid. La grandeza se reduce a los títulos. La bisutería de frivolite no tiene cabida en el Bernabéu.

Mejor la locura

Martes, 10 Noviembre 2015

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“Es curioso que el portero sea el mejor en cada partido”. Fabio Capello lanzó el dardo en El Partido de las 12 con su habitual socarronería italiana. Estaba escrito que Keylor Navas aguantaría el castillo de naipes hasta que cayera la primera carta por una cantada o, simplemente, una lesión. Sucedió lo segundo y los balones imposibles (quizá el primero no tanto) acabaron en la red. Veinticuatro horas después de su primera derrota, MARCA atinó en su portada de ayer: sí, Se veía venir porque el milagro de los panes y los peces (PSG) sólo podía ocurrir una vez. Y sin entrar en modo apocalíptico como pinta la mitad del país, nunca una derrota había dejado sensaciones tan preocupantes, que no catastróficas. Las barras de bar siguen discutiendo si Cristiano está en el limbo y por qué razón alienígena James Rodríguez no pertenece a la guardia pretoriana de Rafa Benítez. Un puñado minutos confirmaron la prueba del algodón: la zurda colombiana es el arma destructora de este Madrid, algo así como el Increible Hulk para Los Vengadores. Porque CR7 de momento es Cris para los amigos, como Mcmanaman fue el bonachón Steve hasta que empezó a jugar algo en el Bernabéu.

La paradoja táctica de Rafa Benítez, el entrenador que informatiza todo el fútbol, desconcierta al vestuario. Menos Keylor, Varane y Casemiro, el resto no tiene claro su propósito. Toni Kroos arrastra la fatiga de la pasada temporada, y eso que el marrón defensivo se lo come Casemiro; Modric es la CPU del equipo, pero en Sevilla se cortocircuitó por el barullo de arriba. Y ahí es donde Bale y Cristiano han revelado el secreto de la Coca Cola: no Benzema, no party. La BBC salta por los aires. El caso de Cristiano trasciende de una mala racha. Toda la intención que debería poner sobre el tapete la malgasta flirteando con su futuro en los medios. Benítez se agarrada a la coartada de un picapleitos de causas imposibles: así es la vida. Punto. Pero la mente de la estrella portuguesa es una coctelera en la que se mezcla su futuro parisino, el alarmante bajonazo físico en un tris y sin reprís,  y el ostracismo que sufre de delantero improvisado. Al final, resultará cierto que su mejor socio es Benzema, como Guti lo fue para Ronaldo Nazario (confesado por el brasileño).

A bote pronto, cualquier Madrid desde Mourinho suena melódico al contraataque. Y aunque al sector folclórico del madridismo le gustaría presumir de fútbol hegemónico, los grandes partidos se han resuelto con un equipo mortífero en el pim, pam, pum. Bale y Cristiano no saben regatear en una cabina de teléfono como Messi (Valdano dixit) porque son velociraptores que necesitan pradera libre. Habría que preguntar al entrenador si Isco es tan prescindible porque ralentiza ese ritmo vertiginoso; de ahí la importancia capital de Di María en el año de La Décima. El ansiado equilibrio de Benítez pega más en las tesis ‘guardiolistas’: el Madrid se desenvuelve mejor en la locura. Así disfruta el Bernabéu. El próximo duelo al sol sí puede ser letal. El Barça de Neymar llegará con Messi arreglado; será el momento de averiguar si el casting de entrenadores en la casa blanca vuelve a salir a escena.

 

¿Otra vez el “monstruo”?

Mircoles, 22 Julio 2015

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“Me ha devorado el monstruo que he creado”. Florentino Pérez anunció su hartazgo en febrero de 2006, cansado del vedetismo de esos galácticos que él había creado para su proyecto faraónico. La sorprendente dimisión esparció un reguero de leyendas populares (unas ciertas y otras no tanto) que sobredimensionó la pelea de egos que acabó calcinando el vestuario. Entre ellas, el recelo de Luis Figo, ojito derecho del presidente hasta la llegada de Zidane, primero, y Ronaldo un año después. Cuenta la leyenda que el portugués llegó a llamar personalmente por teléfono a Florentino expresándole su malestar por una supuesta falta de cariño o, mejor dicho, su predilección por el astro francés y el brasileño. Figo siempre creyó que la efervescencia de su fichaje bomba nunca se agotaría; ni siquiera intuyó que la intención de la planta noble era llenar la plantilla de estrellas de rock verano a verano.

En sus círculos privados, Florentino juró no volver a cantar nanas a sus nuevos galácticos. A Cristiano se lo demostró esquivándole las primeras veces que le sugirió la renovación de contrato (aquel antológico “estoy triste”). El derrotismo de Kaká le ayudó a no congeniar demasiado salvo por intereses marketinianos: una suculenta venta de camisetas. Por eso, y aunque la opinión pública no supiera o quisiera explicarlo, el fichaje de Kaká sí fue rentable, como espetó Florentino. En términos de multinacional, por supuesto. En cambio, la relación con Benzema sí tiene las dosis de paternalismo que recuerda  a la de Figo. Con éste consiguió el eslogan perfecto: “Si no viene Figo, pago todas las cuotas de socio de la temporada 2000-2001”; a Benzema no le movieron intereses electorales ni comerciales, simplemente una ilusión por moldear un futuro Balón de Oro desde la base. Por eso, se fue expresamente a buscarle a su casa en un arrabal de Lyon.

El nuevo Real Madrid todavía no genera noticias porque aún no ha salido de la fábrica y no se atisban fichajes de alfombra roja. Quizá, por el mero hecho de distraer al aficionado, ha surgido por inventiva periodística o algún indicio oculto en un jeroglífico el repentino mosqueo de Cristiano Ronaldo con Gareth Bale. Y más cuando el galés gozó de patente de corso en el primer amistoso contra la Roma. En la sección amarillista del club (no es una crítica, en Europa vende diarios a toneladas), Rafa Benítez debe mimar al galés para evitar otro juguete roto como Kaká. Y si ello implica ser negligente con Cristiano, al míster no se le reprochará desde los despachos. La ‘Quinta del Ferrari’ de Lorenzo Sanz sazonó el papel cuché de la época; la era ‘galáctica’ definió a los futbolistas como celebrities; y que CR7 mantenga un cabreo de proporciones bíblicas desde el despido de Ancelotti afila cualquier pluma con ganas de rajar.

Una lucha de egos Cristiano-Bale tiene su morbo en Telecinco, pero que Benítez sepa entender al galés y recuperar en el campo su P.V.P de 100 millones (si es que alguna vez los valió) supera ese morbo al cuadrado o al cubo. El presidente apenas presta atención a la columna de chismorreo porque insiste entre su gente que Cristiano es el líder único e intransferible (esto es información y no opinión). Sin embargo y por si acaso, no baja la guardia, añadiéndose su enésima preocupación de su mandato; no vaya a ser que le suene el teléfono móvil y una voz responda: ‘Presi, soy Cristiano’