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La mejor inversión de Adidas

Jueves, 8 Marzo 2012

Adolf Dassler se fue a la tumba habiendo visto su sueño cumplido: grandes figuras del deporte llevaron su calzado en olimpiadas y títulos mundiales. ‘Adi’, fundador de Adidas, revolucionó para siempre el patrocinio deportivo perseverando en la idea de que los deportistas eran el mejor escaparate para promocionar sus productos. De este modo, iconos como Jesse Owens, la selección alemana de fútbol y, sobre todo, Muhammad Alí fueron inmortalizados con la marca de las tres rayas. Pero ‘Adi’ murió en 1978 con una espinita clavada: su archienemigo Rudolf, creador de la firma Puma y, curiosamente, hermano de sangre, logró captar la atención del mundo en el Mundial de Méjico 70, cuando justo antes de que comenzase la final entre Brasil e Italia, Pelé pidió al árbitro retrasar un instante el pitido inicial para atarse cuidadosamente sus botas negras Puma.

Aquella imagen dio la vuelta al mundo con el considerable impacto económico y mediático de la empresa de Rudolf. El hijo de ‘Adi’ y heredero de Adidas, Horst, logró colocar a Adidas en el escalón superior de ropa y calzado deportivo; firmó contratos históricos con el Comité Olímpico Internacional y vistió a numerosas selecciones de fútbol, pero la imagen de Pelé atándose los cordones de sus Puma también le quedó grabado para siempre.

Lástima que Leo Messi no fuese contemporáneo a ‘Adi’ y su hijo Horst. Sus cinco goles al Leverkusen, aparte de pulverizar récords de Champions, tendrán un hueco en todos los informativos del mundo. Y en alguna de las cinco secuencias aparecerán sus botas Adidas. Sin duda, los actuales dueños de la marca alemana habrán encontrado en la antología del argentino el gancho perfecto para que dentro de unos años presuman de que el mejor jugador del mundo, seguramente también de la historia, marcó cinco goles de una tacada en la mejor competición de clubes…con su calzado personalizado de Adidas. Porque cada bestialidad de Messi agiliza las ventas de su patrocinador: comprar al barcelonista como ‘hombre anuncio’ sale barato si hace de cada temporada mejor que la anterior; da igual que Adidas le haya pagado millones de euros, cada vaselina se contabiliza en miles de niños que insisten a sus padres para que les compren las botas de Messi no porque sean las más cómodas, sino porque las calza el número uno.

Zidane, Del Piero y Beckham han sido grandes personajes de Adidas, pero en la cruenta batalla de ventas con Nike (Messi lleva la zamarra de la firma americana porque viste al Barça), la marca fundada por ‘Adi’ ha encontrado en Messi la mejor inversión publicitaria y no por la amalgama de títulos colectivos e individuales que sigue acumulando. Sólo le falta un reclamo: inmortalizar a su marca en un Mundial, aunque a la velocidad de crucero con la que juega en el Barça, quizá no le haga falta ganarlo: Messi es el mejor porque sólo hay que verle en partidos como el de ayer; lo sabe el Barça, el resto de futbolistas, la prensa y Adidas. Y mientras funcione tan vertiginosamente, la idea comercial que tuvo ‘Adi’ con Cassius Clay persistirá como una de las grandes innovaciones del siglo XX…a pesar de la ‘jugada’ de Rudolf.

 

Un buen rato de sofá

Lunes, 20 Febrero 2012

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La Liga se ha encontrado con dos estilos de fútbol distintos pero muy divertidos.  El Madrid continúa en su máximo apogeo, con un juego rápido y volátil que hace trizas a cualquiera menos al Barcelona, de momento. Pero lejos de ir a por cualquier récord inimaginable, Mourinho se ha quitado esa pátina de ‘aburrido’ y ha descubierto una idea capital: tiene a los mejores jugadores para mover el balón en pocos toques y ponerlo en la portería contraria. No cuesta decir que este Madrid alegra a la vista, pero no tanto por la elaboración sino por esa ansia diabólica de perforar defensas por tierra, mar y aire. Quizá este Madrid se asemeje más al de la ‘Quinta del Buitre’ por su constante punch que al de los ‘Galácticos’; el propio Mourinho dijo hace una semana que el Bernabeu se impacienta y pita cuando el equipo se dedica a tocar y tocar…la indirecta iba lanzada a Barcelona, aunque también afecta a aquella sublime propuesta de Zidane, Figo y Ronaldo.

En una década el Madrid se ha visto obligado a evolucionar su idea: Zidane sólo entendía de ‘fútbol control’ porque la pelota era su necesidad. Sin embargo, con el fichaje de Ronaldo, el equipo fue tomándole cariño a la idea del contraataque, lógico por otra parte: tenía al mejor delantero en carrera. Precisamente, el Madrid exprimió al brasileño hasta las últimas consecuencias del ‘galacticidio’ y después del intervalo del juego simplón pero efectivo de Capello, llegó Schuster con una apuesta de buen gusto. El problema para el alemán es que jugadores como Sneijder y Robben tenían demasiada calidad, pero no la suficiente para emular al Madrid de las constelaciones. Y para mayor escarnio de Schuster, su defunción coincidió con el pistoletazo de salida del mejor equipo jamás visto. Mientras el Madrid moría agotando su fuerza de voluntad con aquellas remontadas increíbles del Bernabeu, Guardiola continuaba enseñando la doctrina Rijkaard sin futbolistas con ínfulas de dioses (Ronaldinho y Deco) y con otro amenazado (Eto’o). El Barça sugería fútbol de gama alta con jugadores rebuscados en La Masía; de repente, apareció Messi que en un pispás se convirtió en el número uno mejorándose a sí mismo con jugadas cada vez más antológicas.

Al tiempo, el Madrid de Pellegrini se estrelló por el ansía de buscar el espectáculo a contrarreloj y Mourinho pidió tiempo para inventar un proyecto ganador. No en vano, la temporada pasada fue avisando de que sus segundos años siempre eran los mejores y a tenor de lo visto, las estadísticas y, sobre todo, el juego le están dando la razón. Pero más allá de la urgencia de títulos, por fin el equipo sabe a lo que quiere jugar y persevera en ello, así de simple. Por eso, extraña que algún equipo no salga goleado del Bernabeu, salvo el Barça, claro. Da igual que le planteen una defensa acorazada o una apuesta valiente, la inercia del Madrid produce una catarata de ocasiones que no suele bajar de los dos o tres goles. Ahora sí es obvio que el madridismo no perdonaría otro Madrid en  su versión habitual de los clásicos, toda vez que en la vuelta de Copa demostró que no debe arredrarse.  

El problema que está notando el Barça es que habiendo sido tan perfecto, hay partidos que aburren por no ser tan bestiales. Al margen de que el equipo esté no ahíto de títulos, su eterna querencia por dominar el balón en todas las partes del campo agiliza la creatividad de Xavi e Iniesta. Y, por supuesto, está Messi, a quien le da igual disfrazarse de Laudrup con asistencias imposibles que romper defensas por explosión. Anoche el Barça se marcó una primera parte inolvidable, con jugadas que sólo enseña la artesanía de La Masía. Fue un rato divertidísimo delante de la tele, al fin y al cabo es lo que se le pide al fútbol. Así que, a pesar de las diferencias siderales de la Liga (el cáncer que acabará engendrando la esperada Superliga europea), debemos agradecer que al menos haya dos partidos a la semana que merezcan ese rato de sofá, que con Barça y Madrid debería convertirse en rito.     

Cuestión de feeling

Sbado, 18 Febrero 2012

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“Salir del fútbol no es fácil, siento que lo dejé demasiado joven. Pero ya no tenía la pasión para ir a la cama temprano, no salir con mis amigos, no beber, y no hacer un montón de otras cosas que me gustan en la vida”. Eric Cantona tardó seis años en desvelar la verdadera razón de su sorprendente retirada el 18 de mayo de 1997. Entonces, el Manchester United había vuelto a proclamarse campeón de liga y la grada de Old Trafford ya había subido a Cantona al pedestal de George Best. Pero su ostracismo en la selección francesa, que no contaba con él para su nueva versión liderada por Zidane, y el empacho de títulos en Inglaterra motivaron su retirada prematura. Sólo Sir Alex Ferguson conocía la decisión de su estrella, tal como confesó el mister escocés en una biografía. Ningún aficionado hubiera imaginado la noticia una semana antes, cuando el equipo ganó la Premier en su estadio y alargó una hegemonía que no atisbaba su fin.  

Cantona ya no estaba a gusto consigo mismo…Guardiola quizás tampoco. Hoy ha dejado entrever que su renovación en Barcelona también responde a motivos íntimos; “para seguir aquí tengo que sentirlo”. Sin duda, el enigma deja un poso de feeling, precisamente lo que sacó a Eto’o del Barça. En las últimas temporadas hubo fumata blanca a estas alturas, hoy ha pedido más tiempo porque necesita garantizarse un nuevo proyecto. Y para ello debe haber un vestuario comprometido que no permita imaginar (o filtrar) historietas de papel cuché (Piqué) y otra línea de productos de La Masía que se venda bien en el primer equipo: Thiago e Isaac Cuenca son la vanguardia de una hornada que el entrenador considera crucial la próxima temporada: Sergi Roberto, Tello, Montoya, Muniesa, Bartra y el lesionado Fontás son ahora mismo lo mejor de la escuela Top Gun de Guardiola, y por ellos pasa la transición de este año al siguiente. Además, el vicepresidente Josep María Bartomeu se ha encargado de adelantar en el diario Sport que no harán “locuras en fichajes el próximo verano”.

Pero la tardanza de Guardiola también contempla la excusa oficial que utilizó Cantona: la falta de hambruna. El francés se retiró en la gloria, con cuatro ligas en cinco años y el orgullo de escuchar su nombre coreado por Old Trafford cada fin de semana. Y aunque el discurso de Guardiola sea morir  por cada título, su actitud delata que ya no hace falta arrasar en todo. Sin ir más lejos, sucedió en Pamplona: Xavi, Cesc e Iniesta se quedaron en el banquillo porque la Champions les necesitaba. Fue la primera vez que Guardiola priorizó una competición a otra…hasta entonces nunca había pasado. En 2010, el Barça se dejó el alma contra el Sevilla en la semifinal de Copa y dejó a Palop casi más internacional que Casillas; la última Copa de Mestalla fue una final a muerte. En esta Liga, el Madrid es el más fuerte porque no ha fallado y punto. Por eso, el Barça no debería agobiarse si no arrambla con todo. Hace un par de años la revista especializada en tenis Deuce, una de las más importantes del mundo, resumió los objetivos de Roger Federer de la siguiente forma: “Todo lo que no sea ganar es un fracaso”. La frase es atribuible a Guardiola, porque habiendo alcanzado la perfección, lo demás no puede ser tan bueno. Así lo pensó Cantona.

P.D: ¿Y alguna oferta mareante del extranjero? Guardiola sólo podría aceptar al Manchester City si resetea su concepto de comprar un equipo entero. En cambio, el United sí tiene una filosofía más afín a la del Barça, sólo que depende de que Ferguson saque el pulgar y lo oriente para arriba o abajo.    

Alexis es la respuesta

Mircoles, 15 Febrero 2012

Mourinho tuvo razón el pasado domingo cuando explicó que “otros equipos tocan y tocan, y la gente los aplaude”. Es el estilo irrenunciable del Barcelona, que agota su paciencia estoica mareando el balón hasta que encuentra un resquicio. Anoche hubo momentos en que la posesión fue indecente: casi ochenta por ciento para los culés contra un Leverkusen cuya vocación natural es buscar arreones ofensivos. Quizá el miedo reverencial de enfrentarse a un Barça enrabietado le obligó a plantar un intento de catenaccio descarado (quedó claro que a los alemanes no se les da tan bien como a los italianos). El caso es que el Barça se encontró a sí mismo, cómodo basculando el balón de un lado a otro como si se tratase de un equipo de balonmano, y firmó ante notario que Cesc, Iniesta o Xavi, uno o varios a la vez, no pueden quedarse fuera del once. De esos tres, Fábregas es quien mejor atiende a los caprichos de Guardiola: puede jugar de dichoso ‘falso nueve’ y también en su oficio innato, el de la creación. Pero para esto último necesita un delantero centro y Alexis ha demostrado con creces que él es la respuesta.

Por una vez, a Guardiola no le ha traicionado su ojo clínico: el chileno reúne los requisitos que su entrenador no encontró en Eto’o ni Ibrahimovic. Necesitaba un ariete que se diese codazos con las defensas enemigas, inventase espacios en esa línea y no se lo pensara dos veces en el momento de disparar…Alexis es su hombre. Le gusta hacer el ‘trabajo sucio’ y ese marrón es de lo más agradecido dentro de un equipo. Por eso, Guardiola está fascinado con él y le añora cuando está lesionado. Además, sus compañeros, en especial Messi, se están percatando que siempre que el balón termina en Alexis, ronda el peligro, bien sea en un remate a bocajarro (su gol ante Osasuna)  o una jugada en carrera. A día de hoy, su PVP de 40 millones está dejando de ser disparatado. De momento, el camino del delantero está expedito sin un competidor directo; habrá que esperar a la vuelta de David Villa para averiguar si Guardiola mantiene su idea de Alexis o combina los recursos de sus dos delanteros, como suele hacer últimamente Mourinho con Benzema e Higuaín.

Cesc comentó en Alemania que van recuperando el físico y, sobre todo, efectivos. Se notó cuando Pedro entró al campo; llevaba tiempo sin estar en la onda, bien por lesión o por un bajón de juego. El caso es que no era ese ‘Pedrito’ que tanto enamoró en sus primeros tiempos y del que se decía que su mejor virtud no era el don de golear en todas las competiciones sino el de elegir siempre la decisión correcta. El canario en su máximo apogeo descarga trabajo a sus centrocampistas y deja suelto a Messi para que torpedeé las líneas enemigas. A veces jugará titular y otras no, pero Pedro on fire es más imprescindible de lo que aparenta. Y Guardiola lo sabe, por algo ha sido uno de sus grandes órdagos de La Masía.

En definitiva, la Champions se nota que sigue siendo la competición fetiche del Barça. El Leverkusen había tenido en sus narices el ejemplo pintiparado de cómo morderle en la yugular; bastaba con haber seguido al dedillo el vídeo de Osasuna. Pero esta vez el césped no estaba minado ni el talante era el de ganar para seguir remando…por si acaso. No, el Barça maneja los tiempos de la Champions como en su día lo hizo el Madrid de la etapa gloriosa 98-2002. Y si le urge marear la pelota con cientos de pases para llegar a la portería contraria, nadie se lo va a reprochar en Europa, sencillamente porque nadie sabe (o quiere) hacerlo. Ni siquiera Mourinho, porque como él mismo reconoció “otros equipos tocan y tocan, y la gente los aplaude…pero en el Bernabeu nos pitan”. Cuestión de gustos.

Men in Black

Jueves, 2 Febrero 2012

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Era irremediable. El jefe de los árbitros tuvo que salir a la palestra para apaciguar el fuego cruzado entre los dos clubes que, precisamente, gozan de bula arbitral indefinida. Sánchez Arminio defendió a su gremio ante la avalancha de obuses que se le avecinaba: alguno, directo a la cara como el de Mourinho en el parking del Camp Nou esperando a Teixeira Vitienes y otros menos macarras pero igual de intencionados: “En lo que llevamos de año no pinta bien para el Barcelona”. insinuó Sandro Rosell esta semana. Pero la película de los ‘Men in Black’ todavía guardaba un actor por sorpresa para la escena ¿final?; el Valencia también se aprovechó de luces y taquígrafos para quedarse a gusto y reivindicar que ellos, quizá no al nivel de la bicefalia del fútbol español, también pueden dirigir un lobby muy potente contra las cagadas arbitrales. “Está claro que hay que hablar de los árbitros”…la cara de Manuel Llorente era la de un presidente harto de tanto vacile y que, encima, paga el pato para que el resto se quede satisfecho. Habría que preguntar a Rosell cuando decidió no atender al micrófono de Mónica Marchante: si justo después del ‘resbalón’ de Pinto o al término del partido, consciente de que en el resumen no aparecería ninguna moviola descarada en contra del Barça.

Manuel Llorente armó el arpón con premeditación: su queja nada vehemente puede que sea tomada a broma o, a lo mejor, tiene el recorrido que un antecesor suyo, Jaume Ortí, jamás habría esperado por otro pataleo. El 15 de febrero del 2004, más o menos a la hora que estalló anoche Llorente, el entonces presidente ché  se resignó a decir en el antepalco del Bernabeu “la Liga ya tiene dueño y no hay nada que hacer”. Ortí pasó de acusar directamente el ingenio de Tristante Oliva, cuando a pocos minutos del final se inventó un penalti a favor del Madrid de un forcejeo entre Marchena y Raúl. Por si colaba, Ortí decidió reventar el micrófono también de Canal Plus y esperar concesiones. Aquella liga la acabó ganando el Valencia, no por designios arbitrales sino por el ‘galacticidio’ de Carlos Queiroz, y muy a pesar del diario AS, que diseñó una cortina de humo con la famosa llave de judo ushiro nage para justificar las dádivas al Madrid.

Quizá Sánchez Arminio pase por alto la declaración de intenciones del presidente del Valencia, al fin y al cabo tampoco fueran demasiado ofensivas. En cambio, Roberto Soldado no dudó en morder en la yugular…”(el árbitro) no se ha atrevido a pitar la mano de Pinto tan pronto”. Suerte que el contexto era un partido de Copa, porque si Soldado suelta que un árbitro no ha pitado una jugada aposta delante de la UEFA, el castigo podría haber sido un puñado de partidos. España es más dócil en asuntos arbitrales: la rajada del delantero podría ser examinada por el propio Sánchez Arminio para que éste sugiriese al Comité de Competición una multa con dinero. Sin embargo, los antecedentes indican que Competición archivaría el caso y punto final. Es obvio que todos los clubes pían; si Guardiola utiliza una rueda de prensa para explicar que su equipo saldría perdiendo si hablase de los árbitros, ya está hablando de ellos, aunque sea para amortiguar las declaraciones de Rosell. El Madrid tiene una ventaja: el cañón Bertha de Mourinho. Florentino ha encontrado en su entrenador el altavoz perfecto para atizar a los árbitros…lógico que el portugués se queje de estar sólo ante el peligro. Que se lo digan a Valdano.

Off the record

Sbado, 28 Enero 2012

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Al periodismo deportivo sólo le faltaba otro obstáculo más en busca de su credibilidad perdida. El Barcelona investiga quién filtró a los medios la incendiaria opinión de Xavi Hernández sobre que el Madrid “no sabe perder”, comentada distendidamente con dos periodistas de Barça Tv después del último clásico del Camp Nou y fuera de antena. Era un charla off the record, pero algún espía no se resistió a filtrarla: la resaca mediática de los Barça-Madrid ponen patas arriba los kioscos y suben como la espuma la audiencia televisiva; en consecuencia, una buena ración de declaraciones morbosas es un plato demasiado suculento como para mantenerlo embargado, aunque transgreda el código deontológico de un periodismo demasiado vulnerable ante la nueva praxis del ‘vale todo con tal de vender’. Pudiera parecer un accidente, pues en ocasiones las televisiones reciben grabaciones que incluyen conversaciones mudas, las que no salen a la luz. O sea que, ¿algún editor pudo haberse equivocado mandado íntegro el audio de la entrevista? Una casualidad excesivamente caprichosa en estos tiempos en los que Madrid y Barça delatan un periodismo de camiseta bastante descarado con su parte interesada.

Y como la era tecnológica permite retwittear hasta la saciedad cualquier comentario o difundirlo en un pispás desde la estepa rusa hasta la Patagonia chilena, la codicia por sacar a la luz declaraciones políticamente incorrectas (vamos, las verdades de Mourinho) no tiene precio, ni aunque la ética profesional esté por medio. Ayer volvió el fuego cruzado, como era de esperar: ese ‘no saber perder’ fue pregunta obligada a Aitor Karanka, quien en su discurso mimético de su jefe se está convirtiendo en The Special Two. ”Sabemos perder, pero no así”, respondió Karanka con insinuación velada al árbitro Teixeira Vitienes. Pero el caso es que Xavi nunca debió espetar nada del rival, ni aun con el pilotito rojo de la cámara apagado; nuestro periodismo deportivo está demasiado alborotado como para que los futbolistas se fíen del todo. Obviamente, vulneraciones como la de Xavi dejan a los reporteros con contactos dentro de los vestuarios a la altura del betún. Y aunque suene a rollo de universidad, la confianza con las fuentes desaparece de un plumazo desobedeciendo el off the record.  

Hace unos años el gran Shaquille O’Neal también fue traicionado por un micrófono sin escrúpulos: la ex estrella de la NBA estuvo charlando con un grupo de periodistas después de una comparecencia pública; se trataba de una charla distendida de persona a persona, en confianza. Y de repente, Shaquille, en una de sus innumerables metáforas de la vida aplicadas al baloncesto, les comentó: “si contratas a un asesino, déjale que haga su trabajo. Yo no puedo ser Shaq tirando sólo seis veces a canasta”. Un reportero presente publicó la frase y la opinión pública acribilló al lenguaraz jugador, dada la susceptibilidad que el pueblo estadounidense tiene con sus ídolos. A pesar del descuido, a Xavi no se le poner en el disparadero: dijo lo que pensaba en un entorno de confianza del que no esperaba grietas. Y el filtrador de turno pudo meditar si usar la opinión de Xavi para tertulias futboleras o desnudarla, tal como hizo.  Precisamente, los off the record sirven para que los periodistas no sean personas que se pasan media vida escribiendo de lo que no saben y la otra media sin escribir lo que saben, como dijo un periodista holandés llamado Robert St. Bosschart en un artículo en El País. Por ejemplo, MARCA se llevó la gloria el domingo pasado cuando publicó la bronca entre Mourinho y Sergio Ramos: utilizó  una fuente fidedigna que le chivó una información que fue noticia. Las conversaciones en los campos de fútbol también son mérito de los micrófonos que lo captan, como suele hacer Canal Plus: quién no recuerda los reproches de Fernando Hierro a un linier en un Real Sociedad-Real Madrid del 93 gritándole ‘¡Ya no sabes cómo jodernos! o el ‘¡Va a jugar tu puta madre’ que le profirió otro Fernando, Morientes, a su entrenador Vicente Del Bosque cuando éste le iba a conceder un puñado de minutos en un Madrid-Dortmund de Champions.

En definitiva, los periodistas tenemos que intentar lidiar sin romper las reglas. De lo contrario, que no nos sorprenda que el público adopte la definición de periodista que el personaje de Jack Lemmon, el implacable reportero Hildy Johnson, suelta en la película Primera Plana…. “Un hatajo de pobres diablos, con los codos raídos y los pantalones llenos de agujeros, que miran por la cerradura y que despiertan a la gente a medianoche para preguntarle qué opina de Fulanito o Menganita. Que roban a las madres fotos de sus hijas violadas en los parques. ¿Y para qué?. Pues para hacer las delicias de un millón de dependientas y amas de casa. Y, al día siguiente, su reportaje sirve para envolver un periquito muerto“. Quizá no de manera tan grotesca, pero sí puede ser una descripción válida.

Mourinho en el laberinto

Jueves, 26 Enero 2012

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“Sabía que el Madrid no haría un palo y un chut a puerta como en la ida”. Pudiera parecer una perogrullada la explicación de Guardiola al lifting que Mourinho propuso a su vestuario, pero en realidad era una premonición cargada de lógica. Porque la noticia, aparte de que el Madrid cambiara su rácana versión, fue que el propio madridismo se sorprendiera del juego de un equipo que tiene potencial ilimitado para ser valiente ante el Barça. Su osadía dejó demasiadas lecturas, unas para el futuro y otras para la posteridad. Por ejemplo, la gran pregunta que barrunta prensa y afición es si Mourinho le quitará la correa a su Madrid en caso de que la Champions les vuelva a juntar. Anoche no tenía nada que perder; si acaso, empeorar su imagen y, por ende, la del equipo. Y, por eso, el portugués copió la obsesión que había perseguido a su colega de enfrente en la víspera…”jugar, jugar y hartarse a jugar”. Así se ganan títulos o, al menos, se aproxima a ellos, y así se convence a una afición descreída. ¿Punto de inflexión? Los próximos clásicos darán o quitarán razones. El caso es que el Madrid sale animado a por la Liga y ve un resquicio de luz dentro del laberinto en el que Mou lo metió sin avisar.

Aquel 5-0 de la pasada Liga dejó a Mourinho con un enigma diabólico: pensó que si sacando a los mejores, el Barça le bofeteó hasta la saciedad, jamás volvería a desnudar a su equipo para llevarse otro rapapolvo. De ahí que el protagonismo pasase a los cerrajeros: Lass y Khedira asumieron una responsabilidad importante, pero el Pepe reconvertido caló muy hondo, tanto como para recordarle al entrenador los mandamientos universales del club. Pero si el futuro inminente ya no pinta apocalíptico para Mou, el pasado sí exige explicaciones: ¿por qué la actitud del Madrid no fue la misma hace una semana?…¿por qué, siendo líder de la Liga, no intentó noquear al Barça para dejarle moribundo el resto del campeonato? Son cuestiones que aflorarán en pocos meses, cuando conozcamos el botín definitivo del año II. El poso que queda en el fondo lo resumió Manolo Lama en Tiempo de Juego…”¡Qué curioso que la gente se sorprenda por cómo le está jugando el segundo mejor equipo del mundo al primero!” Simplón pero con todo el sentido del mundo.

Por momentos el partido recordó a la fatídica noche de Eindhoven de la Copa de Europa del 88. La ‘Quinta del Buitre’, en su máximo apogeo, acorraló al PSV, pero ni por tierra, mar y aire pudo cortarle los tentáculos al ‘paralotodo’ Van Breuckelen. Aquel Madrid no venció pero convenció: estaba preparado para conquistar un cetro que jamás consiguió. El Madrid de anoche también se reivindicó a sí mismo: son de lo mejorcito del mundo y derrochan talento a espuertas para tutear a cualquiera, incluido un Barça más humano al que quitarle el balón es como enseñarle su ‘kriptonita’. Poco se le puede reprochar al Barcelona; “no siempre se puede golear por cuatro a cero”, justificó Xavi Hernández cuando le preguntaron por la mejora del Madrid. El problema del Barça es el mismo que le sucede al tenista Roger Federer: cualquier resultado que no sea ganar títulos es un fracaso y eso es simplemente durísimo. Porque al Barça no está acostumbrado a atrincherarse en su campo y menos ser maniatado con contraataques que le obligan a mirar para atrás, hacia su portería. Así que el Madrid, una vez que ha demostrado de qué pasta puede estar hecho, debe exigirse un deber más: no ser mejor que el Barça, sino ganarle. Por lo menos, Mourinho ya puede despistar a Guardiola…un Madrid con gusto para jugar a lo que sus estrellas saben o el repelente de los últimos tiempos; en cambio, el técnico azulgrana no engaña, fútbol y nada más.

El clásico…sigue siendo un clásico

Jueves, 19 Enero 2012

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El 20 de noviembre de 2005 se intuyó apocalíptico para el madridismo. Ronaldinho había logrado un hecho sin precedentes: llevarse los aplausos de un Bernabeu rendido a la evidencia de un talante sin parangón. El primer proyecto faraónico caía en barrena en lo que se llamó el ‘galacticidio’ y la solución que buscó el club, a expensas de la huida del presidente, fue resetear el modelo mediante diferentes propuestas electorales. El caso fue que, a pesar del mandato verbenero de Ramón Calderón, el Madrid buscó una alternativa para sacudirse la nueva versión del Dream Team ideada por Rijkaard. Aquel 0-3 del Bernabeu volatilizó para siempre a los Zidane, Ronaldo, Beckham, etc…y engendró de la nada un equipo ansioso por comerse el mundo siguiendo el librillo de estilo de La Masía, es decir, jugando al fútbol. Lástima que los malditos egos de dos estrellas devoradas por el éxito, Ronaldinho y Eto’o, destrozaran prematuramente lo que se antojaba un nuevo ciclo triunfal en Can Barça. Pero ese Madrid murió dando la cara; sí, los ‘galácticos’ habían dejado de preocuparse por el equipo años antes, pero el balón seguía siendo la única forma de reivindicarse. Más que nada, porque era inimaginable que el equipo más mediático de la tierra se hiciese una lobotomía y plantease los clásicos como los que la afición merengue sufre aterrada en estos tiempos.

Es una pena que en España la opinión pública no sondee encuestas de popularidad como suelen hacer los americanos. La Supercopa del pasado agosto aumentó el optimismo social con Mourinho; ‘su’ Madrid se había dejado de planes antichoque y había cocinado una estrategia no para evitar perder sino para alzarse con el título. Entonces, el portugués cambió la pizarra y propuso un dibujo valiente, quizá mortificado por el famoso ‘trivote’ de la Champions que tantas críticas le había supuesto. La batalla estuvo en el alambre y sólo la enésima genialidad de Messi decantó el partido. Sin embargo, fue una derrota dulce para el Madrid: había descubierto la fórmula para acabar de una vez por todas con su némesis. El precedente convenció a Mourinho para plantarle cara al Barça en Liga; no saldrían agazapados, pero sí a contraatacar, su arma fetiche para matar rivales. De nuevo, fracasó el intento y el técnico pensó ‘nunca mais’. Incluso, en la víspera de anoche, Mou espetó en rueda de prensa que no, no había sabido dar con la tecla en los clásicos….¿lo dijo en serio o era una respuesta premeditada que escondía un plan? Al menos, consiguió mantener en vilo a todos los periodistas: sin declaraciones incendiarios ni fuego cruzado Madrid-Barcelona, el morbo lo ponía la presunta alineación del Madrid.

El periodismo deportivo se había devanado los sesos apostando por el once titular…que si ‘trivote’, Lass o Coentrao como escudero de Xabi Alonso o, incluso, la osadía de tres centrales con la que amagó el Madrid de Mallorca. Todas las conjeturas se rompieron en mil pedazos cuando Canal Plus adelantó la alineación: Altintop, que apenas había jugado media hora en Liga, se ocuparía del lateral derecho y Pepe-Lass sería el coche escoba que barriese a Xavi Hernández o quien se atreviese a pasar por ese desfiladero. Claro que si está Pepe, la recomendación es ir protegido hasta con una coquilla. Mourinho consiguió que las críticas a Javier Clemente dejasen de ser para siempre un hecho sin precedentes. Lo curioso es que este Madrid se rocía con ácido sulfúrico cada vez que pone al Barça en un pequeño aprieto; poco le beneficia adelantarse en el marcador porque a partir de ahí se inmola. Y eso que ayer tenía el camino limpio, por lo menos la banda derecha que descuidó Dani Alves para regocijo de Cristiano Ronaldo. Ése fue el único descuido del Barça, que ya no necesita a Messi en plena apoteosis. Está ganando a menudo en el Bernabeu por inercia y eso es, simplemente, porque le tiene comida la moral a Mourinho, primero, y al vestuario, después, aunque Iker Casillas lo niegue tajantemente.

“Las victorias tienen muchos padres y la derrota sólo uno, yo”. La declaración de condolencias de The Special One no le va a eximir de la somanta de palos que se está llevando. Y lo peor no es que Florentino pierda cualquier coartada para defenderle con vehemencia, sino que detrás hay una masa social descreída que ya asume un Madrid segundón y un Barcelona estratosférico. ¿El Madrid tiene jugadores para dar guerra? Puede, aunque los tendría mejores si en vez de Lass y Pepe, Xabi pudiese ceder el balón a Silva o Mata. Porque al Barça se le ganará un día jugando al fútbol, no siempre suena la flauta como le sucedió a Mou con su Inter acorazado del Camp Nou, Mientras tanto, Xavi Hernández lo advirtió después del Barça-Betis…”¿Dudas? No siempre podremos ganaremos, pero dudas jamás”. Ésa es la película.     

La coartada de la Liga

Sbado, 14 Enero 2012

¿Champions o Liga?…”La prioridad es la Liga, por eso el partido de Mallorca es fundamental”. La coartada de Mourinho del año pasado continúa activada; sus segundos años son los mejores (los de la consolidación) porque el campeonato nacional es su obsesión capital. Así lo argumentó en el Oporto, con el que ganó la Liga en su segunda temporada, y, sobre todo, en Londres después de golear al Manchester United un sábado de abril de 2006 y proclamarse campeón de la Premier. Entonces, Mourinho acabó el partido visiblemente emocionado y lanzó al público la medalla que le galardonaba como campeón de Inglaterra por segunda vez consecutiva. “Ya tenía una del año pasado y, por eso, el  público se merecía otra. Ha sido clave en Stamford Bridge”, espetó el portugués, quien también obsequió a los aficionados con su americana. Durante toda la temporada estuvo recalcando que la Liga era crucial para asentar el proyecto de Abramovich, pues sólo la regularidad de resultados daría empaque a un equipo fabricado con petrodólares y con la misión de arramblar títulos.

Pero Mou también aprovechó aquella tarde primaveral para reivindicar la ‘justicia’ que la prensa no había querido concederle…”Estoy feliz de de quedarme porque es un placer trabajar con este club, pero la sensación siempre es negativa. Debería ser el técnico más feliz del mundo y no lo soy”. Su gremio había sido ingrato con él, con sus jugadores, con sus victorias: dos Ligas seguidas habían acabado con el monopolio de Sir Alex Ferguson, pero no pareció suficiente para la opinión pública. Tal era su fijación por el campeonato que meses antes, en uno de sus habituales fuegos cruzados contra colegas, atizó con sorna a Rafa Benítez, entonces manager del Liverpool…”¿Tres años sin ganar ninguna Premier? No creo que yo todavía tuviese trabajo”. Hace justo una semana las tertulias futboleras se encontraron con una jugosa declaración de intenciones que sorprendió en España, pero no Inglaterra a tenor de aquella Liga del 2006: “Lo que más me gustaría es ganar la Liga. La Champions es ‘El Dorado’, todos quieren ganarlo y tenerlo en su currículum, pero algunas veces se gana sin merecer”. La hoja de ruta de Mourinho quedó meridianamente clara; su palmarés necesita de otra liga diferente para que pueda decir en otro club lo que reclamó en una entrevista de Gol Televisión a los dos meses de empezar en Madrid…”El Real no puede tener un entrenador sin palmarés. Ahora hay uno con 2 Champions League, 6 campeonatos en países diferentes, copas y genera tantas dudas que si llega aquí un pobre, por muy bueno que sea, si no tiene títulos lo matan”.

Más alla del debate del ‘Mou resultadista’ (las estadísticas goleadoras de este año despejan todas las dudas menos la némesis del Barça), la Liga sí le daría un respiro en sus embates contra la prensa detractora, incluso aunque tampoco gane la vuelta del Camp Nou. El propio Guardiola no deja de repetir que van segundos porque delante hay un líder, que está siendo mejor; es una  evidencia simplona, pero que el portugués podría utilizar como fuego de artillería en caso de que aparezcan los ‘sí, pero…’. Sin embargo, la moneda tiene otra cara y es que la dimensión estratosférica  de los clásicos reduce el mérito del Madrid a ganar al eterno rival, no caben más lecturas posibles. Y aunque la tendencia del técnico madridista indica que, de conquistar la Liga, la salud del equipo será óptima, quizá Florentino le exija algo más en caso de que continúe la inercia perdedora en los clásicos. Obviamente, para el madridista de la calle no es lo mismo vencer sin obligar al Barça a hincar la rodilla, igual que Muhammad Alí no podría haber fardado de seguir siendo el mejor si no hubiese noqueado a George Foreman en aquel combate de Kinshasa . Por eso, la coartada de la Liga  no es tan válida como siempre pregona The Special One.

Pochettino conocía la historia

Lunes, 9 Enero 2012

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Mauricio Pochettino siempre guardará un grato recuerdo del último Espanyol-Barcelona de Sarriá. Sucedió en la temporada 96/97 y el desafío perico se intuía más importante, si cabe, que el meritorio cuarto puesto conseguido en la liga anterior. El Barça afrontaba el derbi en plena persecución del Madrid de Capello y lo que debía pasar como otro trámite a la espera del gran clásico, se convirtió en una pesadilla táctica para el entonces técnico azulgrana, Bobby Robson. Su colega en el banquillo local, Vicente Miera, había preparado el partido a conciencia, temeroso de que todo el plan garabateado sobre la pizarra pudiera irse al garete si al brasileño Ronaldo le daba por copiarse a sí mismo con otra jugada estratosférica made in Compostela o algún arrebato de potencia sin control como la que sufrió Zubizarreta cuando ya era portero del Valencia. El problema es que detrás de la obsesión por Ronaldo, asomaban Figo, Luis Enrique y Guardiola. Por eso, Miera ordenó plegar líneas e incordiar al propio Guardiola para cortocircuitar sus pases a la estrella brasileña. Pochettino vivió aquella gesta en primera persona; no en vano, él fue uno de los dos centrales, el otro fue Herrera, que consiguieron frenar aquella ‘manada de búfalos’ que acuñó Valdano para referirse a Ronaldo en el momento de coger el balón. El brasileño acabó empotrado en el muro que había levantado Pochettino y el Barça no sólo perdió el partido, sino que, por segunda vez (la primera fue el Madrid en el Bernabeu), otro equipo tuvo la osadía de reñirle la pelota. No obstante, el 2-0 tampoco afectó demasiado a Ronaldo, pues nada más pitar el árbitro, salió disparado de Sarriá rumbo al aeropuerto de El Prat…los Carnavales de Río le esperaban.

Ese vídeo le habría valido a Pochettino entrenador como una especie de máster acelerado para su vestuario; sin embargo y a tenor del empate de anoche, tampoco les habría hecho falta. Partidos como el de la Real Sociedad o Getafe eran una buena guía para aprender cómo buscarle las cosquillas al Barça. Pero el Espanyol ha ido más allá y ha editado un libro todavía mejor. Los requisitos: muchos huevos y saber tirar contraataques, a pesar de que a los blanquiazules les urja un delantero centro, no ya que golee, sino simplemente que remate a portería. Al menos, Álvaro Vázquez, condenado al banquillo los últimos partidos por su nulidad en ataque, supo leer un gol de ratilla, de esos que tanto gustan al eterno Raúl González. De todos modos, anoche el Barça no pinchó por su a veces peligrosa autocomplacencia; una estadística fue demoledora: ochenta y ocho balones perdidos por los azulgranas. Es decir, ni a Xavi le funcionó su ordenador de a bordo ni Iniesta pudo usar esa visión nocturna que le permite encontrar resquicios donde el resto sólo ve defensas. La consecuencia fue el hartazgo de un Messi tan cabreado como el gran Ronaldo del 97.

Quizá Guardiola también recuerde aquel último derbi de Sarriá. El Barça salió trastabillado, pero no claudicó en su lucha por el liderato. El Espanyol había puesto al Madrid la Liga en bandeja…ocho puntos parecían demasiados, aunque aún faltaba casi toda la segunda vuelta, aquella que resolvió por sorpresa el Hércules. “De vez en cuando la afición perica se merece un alegrón como éste, y si es para fastidiar al rival, pues bueno”, dijo el actual entrenador blanquiazul aquel 09 de febrero del 97. La ventaja del técnico espanyolista es que imparte cátedra a una pléyade de chavales curtidos en la cantera y que han sido educados para jugar a mil revoluciones los derbis catalanes. “Me alegro que le hayamos quitado dos puntos al Barça de cara a la Liga”….Álvaro Vázquez comprende la esencia de su club, ésa que no trasciende de una rivalidad auténticamente deportiva. El problema para el Barça no es el amago de ‘fin de ciclo’ que quiso atajar anoche Sandro Rosell sino, como dice el bloguero futbolero Borja Pardo, el abuso de “los automatismos de salón de té” de un Barça al que le falta sacar registros que no sean ‘tiki-taka’.