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Archivo de la categoría ‘Benzema’

Un Madrid sospechoso

Martes, 27 Septiembre 2016

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“Se ha perdido la costumbre de blocar el balón”. Palabra de una leyenda silenciosa. La de Bodo Illgner, campeón de todo con el Madrid y que añora a los colegas de su época. En los noventa, cualquier guardameta alemán atajaba por tierra, mar y aire sin ínfulas de ‘palomitero’, tales derechos de autor pertenecían a Paco Buyo. Suelen decir los porteros que la primera parada alimenta la autoestima y la segunda alivia a la defensa. Keylor Navas, héroe y villano en noventa minutos, escaló del infierno al cielo con dos estiradas de ‘gato’ Ablanedo. Despejó melones en la primera parte y se estiró de palo a palo cuando el Borussia engullía a los blancos, con la grada vertical incluida. Reapareció en un campo maldito contra los velocistas más rápidos del fútbol europeo: Aubameyang para los 100 metros lisos y Ousmane Dembélé (atentos a este nombre) los 110 vallas. No se cansa de regatear bosques de piernas y sólo le falta mala leche; de haberla tenido le habría hecho un traje a Danilo. No ganó el Madrid porque últimamente huele la sangre pero no desgarra la yugular. El 1-2 había dejado un último round perfecto para que Cristiano y Bale sacasen la cuchilla con toda la autovía por delante. A estas alturas todavía hay cierta prensa pejiguera que se ruboriza cuando el Madrid juega sin balón: estalló en tiempos de Mourinho y se calmó con Ancelotti, verdadero amante de la posesión. No obstante, si el entrenador del Barcelona, en un arrebato de sinceridad, dice en Leganés que “la posesión a veces no vale para nada” (1-5), entonces al Madrid no tiene sentirse ofendido. Si lo dicen hasta en el Barça…

Segundo debate nacional. La sombra de Casemiro es demasiado alargada. Él es la antítesis de por qué Zidane no debe insistir demasiado con el 4-3-3, que deshace al equipo como la mantequilla en este tipo de montañas rusas que plantea el Dortmund. Zidane ha entendido de entrenador que para pintar un Renoir también necesita una brocha gruesa. Ése es Casemiro, el chico de los recados que se come marrones y cubre palmo a palmo todo el césped. Adonde no llega nadie, aparece el brasileño. Su ausencia es una pesadilla para Toni Kroos, que ya no puede practicar ese preciso putt a ras de suelo porque tiene que dedicarse a la fontanería. Por eso es tan valiosa gente como Busquets o Case, un producto de edición limitada que sólo se encuentra en el mercado por un pastizal. Incluso, Florentino Pérez lo tiene claro: su ‘5’ no es galáctico pero evita posibles ‘galacticidios’. Cuesta creer que una plantilla tan calibrada y fabricada entre miles de muestras no tenga un simple repuesto para Casemiro. O no existe o no es suficientemente bueno. El caso es que Zidane quería quedarse con el canterano Marcos Llorente, albañil llamado para grandes construcciones, pero el club prefirió que se fogueara en el Alavés el primer año.

Y tercer debate nacional. Benzema vuele a amagar con la versión soporífera de Monsieur Empané.  Sólo él podrá explicar si su cabeza está puesta en el Madrid o se distrae con las posibles consecuencias judiciales del engorroso caso Valbuena. Ahora es un superclase en horas bajas, defendido por Cristiano como su “mejor socio”. Ha surgido una corriente de opinión que sospecha de su titularidad: si juega por decreto, la culpa es para el técnico. Si es por meritocracia, la respuesta sólo la entiende Zidane, también. A este Madrid de gatillo fácil no le urge un delantero que salga del área y haga de cada jugada un mecano; Morata es la solución más simplona y contundente. Siempre merodeando el punto de penalti, su ametralladora dispara desde cualquier distancia. Es el clásico delantero centro  que va acabando con la moda de los falsos nueves que puso en órbita Guardiola. Lo advirtió el canterano en una entrevista para Alemania: “El Chelsea ofrecía por mí 70 millones”. Conociendo a Morata, no le traicionó el subconsciente. A veces la prensa es la hoja de reclamaciones perfecta. 

El delantero quarterback

Martes, 24 Mayo 2016

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Hugo Sánchez, Butragueño, Bam Bam Zamorano, Suker, Ronaldo, Van Nistelrooy…el Bernabéu siempre ha rendido pleitesía a sus delanteros centros; desde las tijeretas del ‘Matador’ hasta las estampidas de Ronaldo, con permiso de las pícaras genialidades del ‘Buitre’. La grada blanca llevaba décadas acostumbrada a los nueve goleadores hasta que Benzema ha cambiado el compás. Después de aguantar varios años de sospechas, su afición le ha entendido definitivamente porque,  lejos de presumir de estadística, el francés se gusta a sí mismo cuando inventa su jugada. Benzema es el socio perfecto de Cristiano Ronaldo, el primero de su guardia pretoriana. Mimado por Florentino Pérez, quien fue a buscarle a su barriada de Lyon, nunca ha aceptado ser el enésimo killer del Bernabéu; él prefiere salirse del área y construir el gol como si fuera un mecano de múltiples piezas, empezar la jugada como si fuera un quarterback. De lo contrario, se desubica dentro del área y se ensimisma en el limbo. Sin duda, el Madrid necesita en Milan la mejor versión del francés, la del año II de Mourinho que frenó la oleada de críticas que le dejaron a la altura del betún cuando la prensa sacaba a la palestra a todos esos goleadores de leyenda.

“Es el mejor delantero de la Liga”, dijo Cristiano sobre su amigo Benzema en una entrevista a Canal Plus hace unos meses. Señal de gratitud y una indirecta a “los que critican y no son profesionales del fútbol”. Desde luego,  la ‘BBC’ sube el caché de su marca con el mismo futbolista que no hace mucho tiempo fue apodado monsieur l´empané. Por desgracia, en las charlas de barra de bar a Benzema sólo se le contempla por el tamaño de su…saco de goles, al fin y al cabo es el baremo para medir si un delantero vale o no. Sin embargo, el Bernabéu lleva tiempo experimentando una nueva sensación: la del delantero que mejora a sus compañeros. La artillería pesada funciona porque el Madrid tiene un depredador cuya voracidad intimida a cualquier mito blanco. De Cristiano está todo escrito, salvo que supo reconducir su egoísmo a favor del equipo. Dulce transición entre obsesionarse por rematar hasta un microondas en el hasta encontrar ratos de generosidad para complacer a sus colegas de balón: Karim, el primero. Hace años al ‘Kun’ Agüero le dijeron que era medio Atleti o, mejor dicho, el Atlético entero; quizá si un periodista extranjero entrevistase a Cristiano con los números delante, le soltaría el mismo piropo, que en el caso del portugués huele a cumplido. Pero Benzema, y el Gareth Bale de esta temporada han derribado la leyenda popular. Sí, Cristiano es medio Madrid, pero sin Karim…

El ‘Buitre’ en Getafe

Domingo, 18 Enero 2015

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Butragueño coge el balón de espaldas y se inventa un caño antológico que deja al defensa Linares clavado. A continuación, saca de su chistera el regate de la ‘cuerda’ para esquivar a Generelo sobre la línea de fondo y en otro instante, también sobre la cal, regatea la salida del portero Jaro con otra ‘cuerda’ para marcar a puerta vacío. Aquel gol antológico del ‘7’ al  Cádiz levantó a un Bernabéu que sacó los pañuelos al grito de ‘¡Buitre, buitre, buitre! La nostalgia emocionó a Butragueño en Getafe viendo cómo Benzema casi calcaba uno de sus goles más legendarios. Así es Karim, un genio todavía incomprendido que, como el Doctor Jekyll, tiene dos caras: la que persuadió a Florentino Pérez para ficharle personalmente en su barriada de Lyon, y la de monsieur l’empané, ese ángel de brazos caídos (no en sentido literal como Butragueño) que se olvida del limbo con ciertos destellos. Él fue lo único potable en otro partido turbio del Madrid, porque el Getafe copió los deberes del Atlético colocando a todo su ejército en medio. Así que la única solución blanca fue abrir las bandas y mandar centros a la olla, casi todos defectuosos, por cierto.

Bale tiene un guante de seda del que Cristiano y Benzema disfrutarían más si jugase en su banda natural y no en la derecha, donde el galés tiene que colocarse en posición amorfa para colgar pelotas. Es una lástima que en el fútbol moderno de interiores ya no haya un Míchel de turno que se arrime a un lado y ponga balones en la cabeza de cualquier delantero centro. También lo añorará Butragueño. En cambio, a Benzema apenas le importa porque a él lo que le gusta es montarse la jugada y esperar que salga la magia. Ese talento siempre se lo agradecerá el portugués, quien le ha dicho al club por activa y por pasiva que no quiere otro socio que no sea el francés. Cristiano necesita los goles, no por su bestial estadística (28) sino para sacudirse las coñas pesadas de su grito simiesco en la Gala del Balón de Oro. El público quisquilloso se quejará de que al Getafe sí pero al Atleti no: lógico, viene en la letra pequeña del contrato de cualquier estrella. Pero CR7 quiere engullir todos los récords de Liga posibles para dejarla sentenciada cuanto antes. No vaya a ser que el Barça se acerque demasiado y la temporada de la supuesta mejor plantilla del mundo acaba en otro ‘galacticidio’, como el de Carlos Queiroz.

Pero juegue bien, mal o peor, la salsa de este Madrid se la sigue dando Isco. El ex futbolista Javier Casquero comentó en la retransmisión de Tiempo de Juego que el malagueño mejora al cuadrado o al cubo cuando arranca su ingenio desde la izquierda. Desde ahí se convirtió en el mejor jugador joven del mundo en el Málaga de Pellegrini. Escribiendo comparaciones odiosas (o no tanto), la finura de Laudrup eran los pases a vista cambiada y la de Isco son los mil y un amagos que genera en un metro cuadrado. A Morata, el delantero de la Juve, se le ocurrió la metáfora perfecta en la última concentración de la selección: “Isco tiene pegamento en la bota”. Ancelotti también lo piensa, la gracia es que actúe en consecuencia y no le sacrifique cuando regrese el añorado Modric.

El juego del Stratego

Domingo, 26 Octubre 2014

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La última vez que el Bernabéu coreó ‘olés’ en un clásico el Madrid había ganado la Liga más fácil de los últimos tiempos ante un Barça desintegrado, que cumplió con resignación el tradicional pasillo al campeón. Fue el último derbi de Frank Rijkaard, quizá el más humillante de toda su era. Es lo que pensaron Eto’o, Ronaldinho y Deco, que ni siquiera viajaron a Madrid a presentar sus respetos. Quien sí aplaudió a cada futbolista blanco, colocado a un lado del pasillo, fue Leo Messi, entonces un pipiolo que ya advertía un futuro descomunal. Aquella goleada también fue el último gran clásico de Raúl González, que ayer cogió un avión desde Qatar para recibir en su estadio otro baño de masas. Seguro que ni el propio Raúl habría imaginado a un Madrid tan descarado con el balón y osado para pagarle al Barça con su misma moneda. La batalla de estilos fue demoledora porque Ancelotti demostró al Bernabéu que su equipo maneja todas las velocidades, aunque Xavi Hernández no quiera reconocerlo públicamente: reposa la pelota cuando necesitan un respiro y sale en estampida para pegar directos como Tyson. Este Madrid lo tiene todo y la presunta grave baja de Di María la están subsanando James e Isco corriendo de arriba a abajo a pecho descubierto.

Ni siquiera el tempranero gol de Neymar desquició a los blancos. Al contrario, espabilaron con el sopapo del brasileño y da la sensación que ese grado de masoquismo sigue sobreexcitando al Madrid. Pasan las temporadas pero el gigante anestesiado reacciona furibundo a la mínima que le incordian. Casi habría sido más oportuno para el Barça tantear el resultado hasta los momentos decisivos. Pero ni en esas habría aparecido Messi, el gran ausente del clásico; en un puñado de minutos Luis Suárez demostró estar más enchufado que ninguno de sus compañeros. Parecía que se movía con una pila duracell de un lado a otro con el fin de que Messi le pusiera un balón para engatillar a Casillas. “La clave ha sido la parada a Messi”, dijo un Piqué fallón en Canal Plus a pie de campo. Bajo esa lupa de mil lentes que le observan cada partido, el capitán volvió a encontrarse a sí mismo, primero con una parada imposible ante el argentino y, segundo, volando para despejar un misil tierra aire de Mathieu. Aquellos silbidos del derbi madrileño fueron reprimidos anoche con ese ‘¡Iker, Iker!’ que tantas ganas de desempolvar tenía la mayoría del estadio. Lástima que aún haya sectores cafres que juren odio eterno.

Cristiano Ronaldo se cabreó con razón en la zona mixta de Anfield: no era un duelo contra Messi, sino un Madrid-Barça. Y se cumplió literal. Ninguno de los dos salió como un coloso del clásico; fueron los actores de reparto quienes decidieron el resultado. Por delante de todos, monsieur Karim Benzema, al que nadie se atreverá a soltarse eso de ‘empané’. Ancelotti dio en el clavo: “Benzema no necesita marcar muchos goles”. Cierto, para eso está CR7. En este equipo, el ‘nueve’ tiene que saber hacer de ‘nueve’, ‘diez’ y cualquier número próximo. Ésa es la esencia del delantero francés porque participa en cada jugada y, sólo de vez en cuando, pisa el punto de área para poner la guinda del pastel. Si el Madrid jugara con el típico delantero centro, su estilo se haría demasiado telegráfico. Por eso, ni Falcao, ni Luis Suárez, el más apto para este equipo es  Benzema, que además sabe disparar, ¡qué cosas!

El primer gran examen del año se lo llevó el Madrid porque estudió más y mejor que el Barça. Como en el juego del Stratego, Ancelotti supo colocar más soldados que Luis Enrique en cada palmo del campo. La batalla del centro del campo fue decisiva porque el eje blanco no sólo consistía en Kroos-Modric-Isco; eran ellos más James y a veces Benzema. En cambio, el tridente Busquets-Xavi-Iniesta evidenció que es una reliquia del pasado ‘guardiolista’. ¿Qué había hecho mal Rakitic para chupar banquillo? Absolutamente nada. Y mientras Busquets no esté fino y a Iniesta le cueste sacar conejos de la chistera, Rakitic se antoja imprescindible para no sufrir migrañas. A la espera de que el nuevo Barcelona se aclare, el madridismo puede leer con placer los periódicos de hoy: seis años después, su equipo volvió a aplastar al eterno rival jugando al fútbol. Simple de decir y complicadísimo de hacer si a un entrenador le ciega la tozudez. No es el caso de Carletto.

La reverencia de Anfield

Jueves, 23 Octubre 2014

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Anfield rindió su tributo a Cristiano Ronaldo. En señal de gratitud, el estadio aplaudió al unísono su cambio por la enésima actuación galáctica; lástima que todavía no haya encontrado en los campos de España esa reverencia. Culpa suya por unos cuantos años de chulería y también de esa corriente antimadridista que no aguanta el desfase abusivo entre los dos señores de la Liga y el resto de vasallos. De repente, el Madrid pintó un cuadro digno del museo del Prado, como el de Munich de la Champions pasada. Quizás sean sus dos obras maestras, las que el público guardará en la retina para presumir que el fútbol no es sólo pegada. También los blancos saben impartir su vertiente de tiqui-taca, con más velocidad y menos pases. La verticalidad de este equipo supera la de una pared de noventa grados: desde que Toni Kroos cede el balón a Modric la apisonadora se activa para triturar defensas, porteros y hasta los tres palos, si hace falta. A los mandos el de siempre, el Hércules portugués considerado por su vestuario como el mejor de todos los tiempos: “¿Homenaje a Messi? A Cristiano, que es el mejor”. Sin vacilar, Arbeloa daba carpetazo a una polémica surgida del pique motivado por el inoportuno Javier Tebas, presidente de la LFP. Y el propio CR7, consciente de que cualquier desliz cabe en portada, echó balones fuera: “No es un duelo Messi-Cristiano, es un Madrid-Barça”. Él sabe perfectamente cuándo debe empezar a venderse para el Balón de Oro.

Michel Platini lanzó el tomahawk esta semana: “El Balón de Oro lo debe ganar un alemán porque ha sido año de Mundial”. Cristiano se ha aplicado a sí mismo el silencia stampa pero está facilitando demasiado a los votantes su elección. Liverpool era hasta anoche territorio inexplorado por el Madrid y en poco más de media borró de un plumazo su leyenda negra con los reds. Anfield se quedó alelado, como hoy muestra el diario MARCA en portada, ante el portugués y el potencial devastador de un equipo construido para volatilizar todo lo que se le ponga por medio. Y mucha culpa de ello lo tienen los dos guardaespaldas que se han ganado la confianza del ‘bicho’. El primero e indiscutible sigue siendo Benzema. El ‘nueve’ que mejora a otros ‘nueves’ también golea como un killer del área, aunque le repateé ese rol. Al principio del partido falló dos pases porque James todavía no estaba donde debía, quizá porque el francés lee el fútbol más rápido que casi todo el mundo. Sólo Cristiano sabe compartir confidencias con el otrora monsieur empané. Ahora ya no está en el limbo; al contrario, también se ha contagiado de ese apetito voraz e insaciable del personal. Debió pensar que en este Madrid quien no corre, vuela y, por eso, no meter goles es de pardillo.

A Benzema le pone construir jugadas como si fueran mecanos y ahí encuentra la sana oposición de James Rodríguez, la revelación del equipo, Su pase de media vaselina a Cristiano en el primer gol recordó, salvando mucho las distancias, al de Laudrup a Romario en aquel fantástico gol a Osasuna. James se va a divertir mucho imaginando combinaciones imposibles con los de arriba: su zurda es un guante de seda para trazar centros con escuadra y cartabón, y disparar proyectiles inteligentes. Parecía que no (prejuicios absurdos de periodistas), pero el colombiano está dando que hablar. Y, paradojas tácticas, a James le viene mejor que a Bale jugar en su banda antinatural; desde la derecha templa el balón mientras que al galés le vendría mejor la izquierda como pista de atletismo. Está claro que mientras todos los males de Ancelotti sean pintarrajear su pizarra, Florentino no tiene de qué preocuparse.

De paseo con el lamborghini

Domingo, 21 Septiembre 2014

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Volvió Ivan Drago al cuadrilátero de Riazor. En un campo maldito hace unas épocas, cuando los derechos de televisión aún no habían triturado para siempre la Liga, el Madrid se puso los guantes del gigante ruso y masacró a golpes a un esparring de peso supermosca, ni siquiera welter. Si los blancos se toman en serio estos entrenamientos, se pueden pegar un buen puñado de orgías en este campeonato. Al fin y al cabo, se trata de que el Madrid se tome en serio a sí mismo. “Cuando nos tocan los…, respondemos a bofetones”, es la reflexión vehemente de una figura de la ‘Quinta del Buitre’ y no es Manolo Sanchís, tan protocolario siempre en sus formas. Es el sentimiento del aficionado merengue, harto de que a su equipo le sacudan más que una esterilla desde la prensa. Una derrota más en Coruña habría desatado la temida palabra crisis que tanto gusta a los periodistas y que tanto vende desde el morbo. Pero el Madrid ya se encuentra en defcon 2 y cualquier resbalón supone medio título para ese Barça de Luis Enrique más abonado a resultados prácticos que a intentar dibujar cuadros del Prado. Otra temporada jugando a remolque, limpiándose esbirros a patadas y puñetazos hasta llegar al jefe de la organización.

La eterna historia del gigante contra los liliputienses no exige sesudas partidas de ajedrez. Apenas importa que el Madrid reconozca un estilo o, al menos, un esqueleto táctico, basta con que Cristiano inaugure la bacanal romana para que el resto se ponga las botas. Todos se apuntan a la fiesta hasta el punto que llegará una goleada en la que Arbeloa pida chutar un penalti para no quedar en mal lugar. Y como hay jugadores con tratamiento de estrella, aunque se les diferencie por los ceros del contrato, quitando al ‘Bicho’ portugués, Bale es quien debe remar a toda pastilla. Solemos contar que CR7 sujeta a la mole blanca sobre su espalda, pero va siendo hora que el portugués dosifique y reparta peso con el galés. La sensación con Bale es la misma de su primer año: un lamborghini recién salido del concesionario que no conviene pisar a fondo. Bale se pone de cero a cien en centésimas de segundo y sólo en contadas ocasiones. Es el capricho del ricachón que lo saca de paseo los domingos soleados.

Más allá del potenciómetro de Bale, el Depor indirectamente descubrió la paradoja de este Madrid: el ‘nueve’ que juega mejor de cualquier número menos de nueve. Ancelotti debería confesar en una rueda de prensa que no necesita ‘nueves’. Del Bosque, Carletto…todos acaban contagiados por el fenómeno Guardiola. Y no es que los blancos jueguen con ‘falso nueve’, es que el suyo, lejos de golear, actúa de samaritano. Así es Benzema cuando no está en el limbo: un futbolista fantástico que se aburre (o no sabe) pegarse con los defensas en el punto de penalti; prefiere salirse del área, pedir el balón y construir la jugada como si fuese un quarterback. Esto funciona si de vez en cuando marca algún gol, porque al fin y al cabo las masas aplauden o critican a los delanteros por una estadística sencilla a la vez que maldita. Casi nadie se acuerda de cuántas asistencias da Benzema cada temporada. 

Pero volvamos a lo de jugar a remolque en la clasificación. Ese jefe de la organización se presume el Barça y no el vigente campeón. Por mucho que Simeone sólo acepte gladiadores en su escuela, tanto cambio se acaba notando. Las estrategias siguen siendo cuasi-perfectas pero de eso no puede vivir. Y eso que el ‘Cholo’ tiene razón: anoche jugaron el mejor partido de las últimas semanas, incluido el plan maestro del Bernabéu. No ganó porque el portero de Celta sacó tentáculos imposibles y Griezmann se fue a la caseta antes que Raúl Jiménez, el mexicano de la discordia. La gente no le conocía cuando le ficharon y ahora que le han podido examinar, las sospechas se agigantan. Huele a uno de esos fichajes pufos de la era Gil, la auténtica. Sin embargo, mientras Godín siga rematando en los córners hasta un microondas, los cronistas no serán malvados. Es increíble la sensación de terror que infunde el Atleti en cada saque de esquina, la misma que sufre Federer cada vez que Nadal está a punto de hacerle un passing.  

Un Iron Man en construcción

Mircoles, 13 Agosto 2014

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Carlo Ancelotti confesó en una entrevista para Fiebre Maldini que la mejor plantilla que entrenó en su vida fue el Milan que sucumbió al milagro de Rafa Benítez y su Liverpool en la final de Estambul. “Kaká, Seedorf, Maldini, Shevchenko, Cafú…nunca tuve a gente tan buena”, comentó el técnico italiano al referirse a aquella Champions. Año y medio después de la entrevista, habría que compararle ese Milan con el Real Madrid que le ha construido el club. Del Madrid galáctico al de hoy, con cromos distintos pero no menos icónicos, porque si el Bernabéu rendía pleitesía a Zidane, Cristiano merece estatuas esculpidas en cada vomitorio del estadio; si Ronaldo volvía a correr como esa “manada de búfalos” que describió Valdano, Gareth Bale prefiere los acelerones de un fórmula uno; donde Beckham ponía camisetas, primero, y después balones al pie, Toni Kroos prefiere el arte de la escuadra y el cartabón sobre el césped, y cuando Figo lucía la chapa de galáctico I de Florentino, James Rodríguez ha exprimido un Mundial para convertirse en el chico de oro de los 80 millones de euros. El periodismo se alimenta de comparaciones odiosas pero inevitables, y las menciones entre la flor y nata de hace una década y la de esta temporada van a chorrear tinta. Y con un pequeño matiz: el Madrid estelar de Carlos Queiroz sólo tenía dos camisas de recambio: Solari y Guti, mientras con el banquillo de anoche se podía armar un equipo Champions. Con tanta opulencia, el entrenador se permitió el lujo de no convocar a un campeón mundialista como Khedira, cuya misión destructora apenas sabe ejercerla él.

El Madrid ha extendido la alfombra roja a los pies de Ancelotti para que vaya gestionando el orden del desfile. La Supercopa de anoche es una muestra insignificante de la mole que ha construido Florentino Pérez tirando de su mejor recurso: dinero. Eso y el ojo clínico de fichar al repudiado Kroos que, inexplicablemente, no tenía hueco garantizado en el galimatías táctico de Guardiola. Al alemán le bastó un puñado de minutos para reivindicar la nueva hoja de ruta de Carletto: fútbol control y, por si acaso, el contraataque como arma de destrucción masiva. Kroos juega como Xabi Alonso en su mejor versión: templa la pelota, la aguanta con pases cortos y tira diagonales cuando los velociraptores arrancan en carrera. Ésa es la opción con Cristiano y Bale, la otra es coquetear con Benzema, tan discutido por su apatía delante de la portería como aplaudido por su sentido de la creatividad. La prueba del algodón no engaña: el delantero del presidente insiste en que él no es delantero centro rematador, le gusta provocar las jugadas liando a defensas y quien se ponga por medio. Su movimiento sin balón en el segundo gol de CR7 es una acción para enseñar en el curso avanzado de entrenadores.

A James Rodríguez todavía le queda un rato para calibrar su zurda. Tiene pinta de ser el jugador tapado que irá agigantándose durante el transcurso de la temporada. Cubrir la banda de Cristiano tiene sus inconvenientes, por eso, no será extraño que su entrenador le alterne en ambos lados. Como debería hacer Bale, mucho mejor en su flanco natural por la facilidad con la que centra al milímetro. En definitiva, un sinfín de recursos que suponen que este flamante Madrid parezca de momento un Iron Man cargado al cincuenta por ciento. Imagíneselo en su pleno apogeo. Sin embargo, hasta que termine su acople, todavía tenderá a partirse en dos. El Sevilla sólo inquietó la vez que el taciturno Iker volvió a ser el convincente Casillas, pero quizá otro equipo con más empaque y veneno en la delantera habría traído de cabeza a la zaga blanca. Kroos es un pulmón en defensa, pero su talento ayuda más arriba que abajo. De ahí que el club no deba tensar tanto la cuerda con Khedira; vamos, para evitar otro caso Makelele. Con Di María y él, hacía demasiado tiempo en Chamartín que no se intuía no un equipazo, sino una plantilla faraónica, en la que hay muchas estrellas de rock pero el mismo jefe de siempre con licencia para perforar porterías.

El Madrid no juega ni a las tabas (episodio VIII)

Domingo, 6 Octubre 2013

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Paco González escupió la comparación que temía el madridismo y que habrá rondado en la cabeza de Florentino: “Este Madrid perdería con el del año pasado”. Nadie quería mentar a Mourinho el día que se autoproclamó desde Londres rey de reyes por haber conseguido la Liga de los récords, pero tampoco nadie imaginaba una calamidad semejante en un equipo confeccionado con billetera para cortarle las alas al Barça. El sospechoso Ancelotti descubrió el secreto mejor guardado de su nuevo club: el orgullo incontenible del Madrid que provocan esos “cinco minutos que le valen para ganar, cuando juega”, como justificó el italiano ante la prensa. Sin embargo, un pequeño matiz: el equipo recuperó ese momento espasmódico que barre a cualquiera del campo, pero no el fútbol. El Madrid no juega ni a las tabas, y los chispazos milagrosos no sucederán en cada partido; a la afición se le está acabando la paciencia y a Carletto se le exige aclarar una táctica contrarreloj. Menos mal que toca parón de selecciones y el mismo de siempre, o sea, Cristiano, evitó una crisis demasiado duradera.

Susana Guasch le comentó una noche al ‘Kun’ Agüero que él era medio Atleti, bueno, mejor dicho, el Atlético entero. A Cristiano nadie, insisto, nadie, tiene que recordarle que el Madrid de los cientos de millones depende exclusivamente de su ánimo. Si está triste, peligro, y si celebra goles con la rabia del Increíble Hulk, entonces todo el equipo puede permitirse el estado de euforia. CR7 hace y deshace a su antojo, por eso su renovación era asunto capital para el porvenir del club y su presidente. Precisamente, sería aconsejable que Florentino corrigiera sus discursos plomizos añadiendo ‘cantera’ en la misma frase que ‘cartera’. La historia contemporánea de los merengues se refiere a la cantera como recurso agónico para salvar situaciones límite: por orden cronológico, ocurrió con José Luis Morales y sus goles salvadores en el año 94; con la promoción exprés de Raúl, cuando no figuraba en la primera plantilla de Valdano y Ángel Cappa; con Casillas por una lesión de hombro de Bodo Illgner en el 99; con la eclosión de Javier Portillo ‘Portigol’ en aquel drama de Dortmund del 2003, y desde el derbi del pasado sábado Morata se ha convertido en el resorte físico y emocional del vestuario. Dicho soezmente, Morata es la colleja que el Madrid va necesitando en cada partido. Porque si la salud del grupo dependiese de Benzema, el equipo jugaría con un gotero.

El francés no se inmuta ni por el drama de cada partido ni, mucho menos, por el debate continuo y altisonante de la opinión pública. Él sale al campo y hace lo que puede, sólo que “los ganadores se llevan a la chica del baile y follan”, tal como le explica Sean Connery a Nicolas Cage en un diálogo de La Roca. Benzema juega y punto; si mete gol, pues vale, y si no, pitada con desgana. Su indiferencia es máxima en un equipo que anoche sacó el carácter para no tirar la Liga por el sumidero. A Morata le falta rodaje, pero su motivación cuadruplica, como mínimo, a la de su competidor. Y de momento, Ancelotti no ha sacado el látigo, pero su impasibilidad no cuadra en esta fase de mayday, en la que el Madrid pierde el control contra todos los equipos. Y no es que urja una catarsis en las próximas dos semanas, sino que entrenador y futbolistas deben construir algo desde la tabula rasa que ciega al Madrid. 

¡Peligro! Benzema en estilo lounge

Martes, 1 Octubre 2013

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Cuenta Diego Torres en su diatriba contra Mourinho Prepárense para perder que durante un Zaragoza-Real Madrid del primer año del portugués, éste no se cansaba de corregir desde el banquillo los movimientos de Benzema sobre el césped ante la mirada de todos su cuerpo técnico y suplentes. “¡Esto es una vergüenza!, ¡esto no es ni gato, esto es un conejo!”, gritó el entrenador aludiendo a la metáfora sobre cazar que días antes había hecho con su ‘perro’ Higuaín y el ‘gato’ Karim. A Mourinho le importó poco que el delantero francés fuese elegido a dedo por el presidente, tan implicado en el fichaje que viajó hasta su casa en el barrio del Bron de Lyon para convencerle: “Si fuera por ti tendría que poner los entrenamientos a las doce, porque llegas dormido a las diez y a las once todavía sigues dormido”, le dijo su entrenador a la cara en un entrenamiento. La duda era averiguar si sólo Mourinho le tenía ojeriza personal o, de verdad, la grada no iba a tolerar futbolistas acomodados en el limbo. El tiempo le está dando la razón a quien una vez fue The Special One.

La culpa de que Benzema deambule por el Bernabeu como si llevase grilletes está en la cabeza del propio futbolista. Quién sabe si todavía guarda rencor a los malos momentos que vivió con Mou o el poco afecto que encontró entre los directivos durante sus primeros meses, cuando el entonces director deportivo, Jorge Valdano, desveló que la primera opción “clarísima” fue David Villa por delante del ‘gato’. El caso es que el estado anímico del jugador discurre por una auténtica montaña rusa: de jugar apenado, de repente se activó en la Liga de los récords previo asesoramiento de Zidane, quien le recomendó después del primer año que acudiese a una clínica italiana para estilizar su figura. Benzema obedeció, perdió siete kilos y notó que su presencia ya no era tan arrítmica en el Madrid voltaico que pretendía Mourinho. Sin embargo, no tardó en caer otra vez en el ensimismamiento, volviendo a la versión de monsieur empané. Y el Bernabeu es un público exigente que puede perdonar fallos delante de la portería, como los tuvo Higuaín, pero nunca una relajación de sauna turca.

Una fuente muy autorizada para hablar del Madrid, ex leyenda del club, compara a Benzema con Anelka. Afirma que al Bernabeu no le gustan esa clase de jugadores porque, sencillamente, “jamás han funcionado”. Y a tenor de lo poco que ha demostrado Benzema en cuatro temporadas, sí es cierto que el fútbol elaborado es lo que cuaja mejor con su técnica, lejos de los contraataques de tres o cuatro pases a los que se ha acostumbrado el equipo en los últimos tiempos. El delantero siempre se ha aliado bien con Cristiano, pero el portugués está ocupado ganando batallas por su cuenta, porque el colectivo no funciona, y Ancelotti aún no ha aclarado al vestuario cuál es la hoja de ruta. Tanta incertidumbre está atorando la cabeza de Benzema, sobre el que no paran de aflorar rumores en la capital, el último apunta a que juega titular porque Carletto quiere agradar a su presidente. Sea o no cierto, el madridismo no entiende por qué el club se mostró tan reticente a las salidas de Morata y Jesé, y ambos apenas han dispuesto de minutos. Técnicamente, Morata no es mejor que Benzema pero diez minutos en el derbi constataron que, a falta de fútbol, el Madrid reacciona con espasmos, como hizo el canterano y ni siquiera intentó el francés. Al final, todo es tan simple como observar la bronca de Pepe a Karim exigiéndole que sudara la camiseta (al central sólo le faltó darle varios tortas para espabilarle). El Bernabeu lo entiende así y no aceptará mucho más tiempo a un Benzema estilo lounge.

El funámbulo Higuaín

Sbado, 6 Abril 2013

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Llega de nuevo el momento de Higuaín. Fiel a la tradición de cada año, el ‘Pipa’ es quien más debe esforzarse para recibir la palmadita en la espalda. Como si se tratase de Bill Murray atrapado en el día de la marmota, el argentino parece despertarse cada día en el mismo momento de cada temporada, el de las dudas y los murmullos, el de si Higuaín merece revalidar su vida en el Madrid o venderlo a buen precio de una vez por todas. Esta primavera no está siendo diferente: la avalancha goleadora de Cristiano Ronaldo ha puesto en la picota a los dos delanteros centros del equipo. Benzema y él apenas han firmado estadísticas potables para lo que se estima en un ariete del equipo merengue. En consecuencia, la prensa no tardado en sugerir el debate: ¿Higuaín, Benzema o ninguno? En el caso del francés, el diván del psicólogo ha tenido mucha culpa: Karim no encuentra a Zidane para que le reoriente en el día a día y su temida abulia ha vuelto a aparecer con frecuencia. Pero el diagnóstico de Higuaín nada tiene que ver con estar en el limbo. (more…)