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La noche de los secundarios

Mircoles, 15 Abril 2015

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“Estos derbis recuerdan a los Real Madrid-Bayern Munich de hace 15 años”. Lo piensa uno de los pesos pesados del vestuario blanco y quizá no le falte razón. En las broncas no está metido Effenberg pero sí Mandzukic; Carvajal incordia tanto como Salihamidzic y esa intensidad bávara que tanto ama Simeone también mantuvo espabilado al Madrid. Faltaron los goles porque los blancos revivieron las pesadillas de Kahn en otro gigante de la portería. Apareció Oblak para dejar atónito al Calderón e insinuar que sí es posible crear un Courtois de laboratorio. En una sola parte acumuló más paradas que el mítico David Barrufet en muchos partidos de balonmano; necesitaba reivindicarse en España, porque en Portugal (jugó en el Benfica) sí entendieron el P.V.P. de 16 millones que pagó el Atlético. Oblak sacó mil tentáculos y al Madrid le volvió a traicionar la pegada, su coartada para tapar innumerables bodrios. En el Camp Nou torció el disparo y en el Calderón lo intentó por tierra, mar y aire. Y como el fútbol es injusto, cuando una estrella llamada Gareth Bale cuesta 90 millones (o 100 si preguntan al Tottenham), el mano a mano inicial debe entrar sí o sí.

En la noche de los secundarios, Varane dio otro paso adelante en su meteórica carrera. Es el Hierro 2.0 y el club le cuida en tal consideración (en Chamartín Fernando Hierro siguen siendo palabras mayores).  La galopada de setenta metros con la que arrancó desde su área es digna para estudiar en entrenamientos de velocistas olímpicos; al lado de Ramos y Pepe, ha acelerado su máster de aprendizaje y pronto llegará el momento que asuma el rol de capo. Si Oblak detuvo toda la artillería pesada del Madrid, Varane desarmó el ataque de Pearl Harbor de Simeone. Su cabeza rebotó cualquier balón inteligente programado para Godín o Mandzukic. Este último desquiciado por los codos de Ramos y los forcejeos de Carvajal. ¿Hubo mordisco? Las imágenes aclaran que no.

Otro artista entre bambalinas que también reclamó en el campo mejora de contrato fue Marcelo. Su fama de brasileño alocado nunca le ha permitido compararse con Roberto Carlos, ni siquiera asomarse a él. Sin embargo, el mítico lateral dijo la semana pasada en COPE que Marcelo le parecía el mejor del mundo en su posición. Desde luego, cuando está enchufado y se remanga en defensa, la banda izquierda se le queda pequeña. De pequeño jugaba al fútbol sala en Brasil y ese talento lo ha extrapolado al fútbol profesional: su capacidad para zigzaguear en un metro cuadrado la echará de menos el Bernabéu en la vuelta. Y aunque su trabajo sea más oscuro, al ‘Cholo’ también se le complica el sudoku sin Mario Suárez, un Makelele fornido cuyo oficio de fontanero alivia al técnico argentino.

El Atlético demostró que en alardes físicos no le gana nadie, ni siquiera el portentoso Madrid de la primera parte. Es más, cinco minutos más y los merengues tendrían que haber llamado al Coronel Trauman en Acorralado. Fueron dos versiones: la del campeón de Europa luciendo su corona y la del Atleti sacando los colmillos vampíricos para chuparle la sangre al extenuado Madrid de los últimos minutos. Total, que el empate es un botín que no disgusta al cuerpo técnico del ‘Cholo’ y, en el fondo, sí preocupa a los blancos. Los rojiblancos apelarán a ese lema invertido de ‘Se busca rival digno para derbi decente’, mientras que la esencia madridista de siempre es dinamitar la eliminatoria en su caldera. El ‘espíritu Juanito’ y sus noventa minuti en el Bernabeu son molto longo martillearán las calles de la capital durante una semana. Suenan tambores de guerra, como en la época ye-yé, cuando se decía que el archienemigo del Madrid no era el Barça sino el Atlético.

Las axilas del Madrid

Lunes, 3 Marzo 2014

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‘Peleas como el mejor’. Simeone se ha tomado al pie de la letra el himno del Atlético, razón esencial de la pleitesía que le rinde el Calderón. El preocupante diagnóstico de las últimas fechas había evidenciado dos síntomas claro: falta de alto voltaje y, dicho soezmente, pocos huevos o, al menos, no los exigidos por el ‘Cholo’. Y como el Madrid es un gato con más de siete vidas, el fallo en el mano a mano de Diego Costa con 2-1 le sirvió de electroshock. Y eso que pocos equipos pueden presumir de haber apagado analógicamente la ‘BBC’; los rojiblancos lo lograron durante una hora, el rato que Benzema gateó por el césped, Cristiano se desesperó por la quietud de su gente y Bale se acomodó en ese limbo en el que solía estar su colega francés. Sin que sirva de precedente, las crónicas post partido no aborrecen el nombre de CR7, porque el héroe no fue él sino ese Diego Costa puñetero (en sentido cariñoso) que disfruta pegándose con cuatro a la vez. Le motivan los tipos duros como Pepe o Sergio Ramos; sabe que es el epicentro de las broncas al mismo tiempo que el delantero peligroso que la lía por una banda (penalti de Ramos) o en un contraataque. Los duelos de Costa con la zaga blanca recuerdan a la escena final de Sin Perdón en la que William Munny (Clint Eastwood) entra en el saloon encolerizado y dispara a todo bicho viviente, incluido el sheriff, sin miedo a la muerte.

Si hace una semana la prensa atizó al ‘Tata’ Martino como una esterilla por su locura de entrenador en San Sebastián, el derbi fue causa de otra excentricidad, ésta de Ancelotti. En su columna No me gustan los lunes en MARCA, Roberto Palomar explica la táctica del ‘cagazo’. “Poner a Coentrao y Arbeloa es tenerle miedo al partido…colocar a Marcelo y Carvajal es ir a ganar”. Desde luego, Carletto quedó retratado con la sustitución de los dos laterales; seguro que entre el final del derbi y el día de hoy, algún colega italiano le ha recordado cómo se gestó la Italia campeona del Mundial 82, que ganó a Brasil y Alemania con carrileros desplegados por toda la banda. Aquella innovación planetaria del seleccionador Enzo Bearzot chocó de bruces con el rito por antonomasia del catenaccio. Bearzot supo jugar sus partidas de ajedrez y los italianos conquistaron el mundo en España. Ancelotti lo tenía todo a su favor para pegar el primer gran guantazo a la Liga; su Madrid iba lanzado como un cohete sputnik y, más importante, por fin se había aclarado en sus intenciones: ganar machacando con la artillería pesada. Y, paradójicamente, en ese engranaje no cuadraban ni Arbeloa ni mucho menos Coentrao.

“Carvajal y Marcelo son puro desodorante para las axilas del Madrid. Los otros dos son como ponerse un jersey de lana gorda sin camiseta debajo”. Es un comentario demasiado gráfico de un ex futbolista merengue, pero explica con nitidez la diferencia entre dos laterales ‘jugones’ y otros que no lo son tanto en este Madrid. Quizá a partir del derbi Ancelotti se ha frotado los ojos y sabe dónde no tiene que experimentar. Arbeloa es un soldado cumplidor al que se le exige cubrir su zona y llevar el balón hasta la medular; Coentrao tiene más arranque pero también más despiste. La llegada de Carvajal supone para el Madrid contar con un émulo diestro de Jordi Alba con menos velocidad pero mismo toque de balón. Mientras, Marcelo suele entrar y salir del club elitista de mejores laterales. Si su silueta no le traiciona, desde luego es la daga que necesita Ancelotti.