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La maldición liguera

Sbado, 10 Mayo 2014

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“La Champions remedia cualquier crisis”. Ésa fue siempre la bendita excusa de Lorenzo Sanz cada vez que los periodistas le preguntaban por los desastres ligueros del Madrid. Sucedió con la ‘Séptima’ y también con la ‘Octava’; y para no traicionar esa curiosa historia merengue, a Florentino Pérez también le persigue la maldición. El madridismo vive en una nebulosa incierta, aferrado a la final de Lisboa y decepcionado tras ver cómo el equipo ha tirado la Liga por el retrete. Y con ese panorama, Ancelotti ha sacado el diván del psicólogo en el vestuario con el único propósito de motivar a unos jugadores alicaídos, los cuales son demasiado conscientes de que Lisboa marca la delgada línea roja que separa un exitazo de temporada de un fracaso sonado. Pero “el Madrid está programado para ganar grandes finales”, dijo un Del Bosque durante la efervescencia de la Champions de Glasgow, la de la inolvidable volea de Zidane. Es la creencia de cualquier aficionado blanco que una la premisa mayor (“El Madrid falla en Liga”) con la menor (“El Madrid juega la final de Champions”) para formar el silogismo más esperado: “El Madrid, campeón de Europa”.

Este pensamiento aristotélico ha regido la historia del club durante su relación contemporánea con Europa. De hecho, Jupp Heynckes fue fulminado el día después de la victoria en Amsterdam por adolecer de mando militar en el vestuario y desistir de pelear por la Liga. En aquella temporada 97-98 los blancos se desengancharon del campeonato la noche que fueron goleados en el Camp Nou por 3-0. El Barça de Rivaldo se lanzó a por el título y en el Madrid nadie desde dentro, ni tampoco la prensa, se atrevieron a levantar el hacha de guerra. Esa misma semana recibían al Bayer Leverkusen con la misión de meterse en semifinales de una Champions que ya no eran tan imposible, a pesar de la supremacía de la Juventus. La presión para Heynckes fue agotadora: quedaba una sola bala en la recámara y, si se fallaba, caos total. La Copa de ese año se resolvió con una vergonzosa eliminación en el Bernabéu contra el Alavés de Segunda División, así que la consigna fue clara: ganar o morir. Treinta y dos años de penurias por el continente supusieron que la grada ignorase los continuos batacazos ligueros en pos de un sueño: el gol de Mijatovic.

“Si no somos capaces de ganar a Rayo Vallecano, Racing y Alavés, cómo vamos a ganar en Old Trafford”. A Roberto Carlos le gustaba arengar a sus compañeros con indirectas mitad hirientes mitad motivadoras. El Madrid de la 99-00 había llegado a estar a dieciséis puntos del Deportivo, líder durante todo el campeonato; sin embargo, en uno de esos arrebatos que les da a los blancos, emprendieron una remontada que les aproximó a sólo cinco puntos. La Liga estaba en el punto de mira y la Champions no invitaba nada al optimismo, sobre todo después de recibir dos correctivos históricos del Bayern Munich con ocho goles encajados en dos partidos. Los cuartos de final emparejaron al Madrid con el temible Manchester United, favorito junto a los bávaros. Y quizá sobreexcitados por un duelo de tan alta alcurnia, el equipo del recién llegado Del Bosque, que sustituyó a JB. Toshack y su “cerdo volando sobre el Bernabéu”, se descentró en el torneo doméstico provocando una auténtica sangría de puntos en Chamartín. Con decir que hasta nueve equipos rascaron un buen resultado del Bernabéu (dato inédito), sobra cualquier otra interpretación. Por eso, aquel mítico taconazo de Fernando Redondo en Manchester sirvió de piedra filosofal para creer en la quimera europea. Los goles del indolente Anelka a Kahn fueron la salvación blanca ante la deriva liguera. Y aquella final de París contra el Valencia debía ganarse por lo civil o lo criminal, de lo contrario el Madrid no habría jugado la Champions del siguiente año.

“No podemos recordar este año por el ‘Centenariazo”. Las palabras de Raúl González fueron entendidas como un dogma de fe en el madridismo. La dolorosa derrota del Bernabéu contra el Depor en la fecha más universal del club reventó los fastos preparados en el estadio. Sin embargo, la gracia de aquella Copa del Rey no fue el título en sí, sino la celebración de una noche centenaria que Florentino había vendido a escala planetaria. El ‘Centenariazo’ devolvió al Madrid a su realidad liguera y, más importante, continental. La eliminación contra el Bayern en la anterior edición motivaron al equipo a recuperar su hegemonía de los últimos tiempos. Pero, una vez perdida la Copa, el presidente blanco exhortó en privado a sus jugadores a ganar los dos títulos. Y a mediados de abril del 2002, la misión era muy palpable. Lideraban el campeonato a falta de cinco jornadas y acababan de noquear al ogro del Bayern, cobrándose su venganza. Entonces, una horrorosa visita a El Sadar y otro bofetón en Anoeta dejaron al Madrid tiritando, y al Valencia a punto de celebrar unas segundas Fallas. Otra Liga al sumidero. Menos mal que la ya legendaria victoria en el Camp Nou en semifinales de Champions expió todas las culpas. De la vaselina de Mcmanaman al ‘voleón’ de Zizou. El Madrid conquistaba su última Copa de Europa y mantenía viva su maldición liguera en años de Champions.

 

Del tiqui-taca al contraataque

Mircoles, 30 Abril 2014

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La historia del Real Madrid borró de un plumazo todas sus necrológicas de Alemania, De repente, los espectros de ogros como Augenthaler, Oliver Kahn o Effenberg desaparecieron la misma noche que los blancos se pusieron el traje de los cazafantasmas. Y Munich dejó de ser territorio maldito para convertirse increíblemente en tierra santa: la goleada recordará para siempre a un Bayern liliputiense en manos de un gigante que recuperó el respeto en el viejo continente más de una década después. No fue una simple goleada porque la primera parte demostró a todo el planeta que hay alternativas tan estéticas como el adorado ‘tiqui-taca’; este Madrid se sobreexcita al contraataque, dibujando jugadas con un puñado de rayajos, como en el tercer gol. Es su estilo y Guardiola estaba advertido aunque muriese con sus principios, que le impulsaron a poner futboleros en vez de un peón de contención como Javi Martínez. El Madrid del pim, pam, pum compartirá leyenda con el de Zidane, todavía sin la Copa de Europa pero con la primera antología en Alemania editada en alta definición.

Anoche no ganaron los chispazos de las estrellas sino una mole que se movía en efecto acordeón desplegando y replegándose con ritmo. Tal como sucedió en el Bernabéu, los blancos juntaron a toda su infantería para proteger el frente de Casillas y, cada vez que robaban el balón, atacaban a cañonazos con su artillería pesada. Modric y Xabi Alonso, generosos en el esfuerzo, hicieron de coche-escoba para limpiar a los alemanes por el centro, al tiempo que se remangaban para cubrir a Carvajal cuando éste salía en estampida. Otra pareja, Pepe y Sergio Ramos, están jugando como los mejores centrales de Europa, hegemónicos en defensa e imitando al mejor Fernando Hierro en balones parados, por de pronto el sevillano. En el Allianz Arena, los pájaros dispararon a las escopetas y las jugadas a balón paradas tan propias del rodilla alemán se convirtieron en su peor pesadilla. Si Guardiola detesta el típico estilo alemán, Ancelotti lo exprimió hasta las últimas consecuencias. Al final, serán ciertas las insinuaciones del míster del Bayern y en su propio club aman más el fútbol del Madrid, al menos, uno tan tremendamente efectivo como el de anoche.

El kaiser Franz Beckenbauer no ha tardado en coger el micrófono: “El Bayern no está bien La decepción es inmensa”. Sobre todo, para unas viejas glorias que decidieron jubilar a Jupp Heynckes y “modernizar” su librillo de estilo (tal como hizo el Madrid despidiendo a Del Bosque por Carlos Queiroz). Guardiola ha venido para marcar época pero quizá, se pregunta, su estilo no es el idóneo para sus jugadores. Al revés que los blancos, cuya ergonomía sí está creada para soltar descargas eléctricas de alto voltaje. La mediática ‘BBC’ no son sino depredadores que otean la carnaza desde la lejanía y se lanzan a por ella. Quizá Benzema sea el menos rápido de los tres, también porque es el más pausado, el que sabe desembragar de sexta a quinta marcha. Cristiano y Bale son los auténticos velociraptores, el portugués con unas cualidades sobrehumanas que le transformaron hace tiempo en un semidiós del madridismo.

Bernd Schuster, otro genio cuyo temperamento le privó de un Balón de Oro a tiro hecho, dijo una vez que “para ser el mejor del mundo, hay que decidir una Copa de Europa”. Cristiano está a un solo peldaño de meterse en un olimpo donde Messi ya se acomodó, precisamente a la vera de Guardiola. Le falta esa Champions con el Madrid, que no tiene el mismo caché que ganarla con el Manchester United. La trama promete porque en Lisboa el Madrid no podrá soltar a sus dobermans, allí le esperaran Atlético de Madrid o Chelsea, da igual, ambos vampiros que se alimentan de chuparle la sangre al rival. ¡Ah!, y sin el sancionado Xabi; así que las quinielas ya ruedan por la medular: Modric-Illarramendi, Modric-Casemiro…¿Modric-Khedira? Demasiado arriesgada esta última, aunque sería la elección de Ancelotti con los ojos cerrados. No obstante, todo es anecdótico, trasciende que el rey de copas vuelve a una final y, lo más importante, descuartizando al ogro que todos temían.

Los espartanos del ‘Cholo’

Mircoles, 12 Marzo 2014

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“En cuartos de final habrá siete grandes equipos y uno que molesta”. Al ‘Cholo’ Simeone todavía no le ha traicionado el subconsciente metiendo a su Atleti en la élite de los mayores. Sigue protegiendo al club de sus amores como la hembra que defiende a su cachorro y, como buen entendedor de la relación entre prensa y fútbol, va construyendo una coraza delante del micrófono en caso de que el sueño rojiblanco acabe repentinamente. Los elogios no salen de su boca, sino de la opinión pública y todos los colegas de profesión, el último, un Clarence Seedorf que supo perder honrando al rival. El técnico milanista advirtió en la víspera que el Atlético era “una máquina que funcionaba”. Sin disponer de la artillería pesada de Real Madrid o Barcelona, Simeone ha instruido a ese grupo de espartanos que tanto gusta a Arbeloa y en el que cada uno daría su vida por el compañero. Es el ‘cholismo’ en su esencia más primigenia; el equipo que “pelea como el mejor” (así reza el himno) y sabe sufrir sin volver a la versión del pupas. Porque es cierto que hubo un momento, con el empate a uno de Kaká, en el que el Atleti pareció aturdido y a un solo gancho de caer a la lona. El fantasma de los últimos cuartos fatídicos contra el Ajax del 97 sobrevolaba el Vicente Calderón; sin embargo, esta vez la Champions no podía ser tan caprichosa.

El sueño de la ‘orejona’ ha merecido varios calentamientos en la Europa League con premio incluido. Durante los últimos años el Atlético ha sido el canterano al que la liga filial se le quedaba pequeña y ansiaba por reivindicar su talento entre los mayores.  Le han dejado un balón y ha demostrado que en el fútbol no sólo se pintan los ‘picassos’ de Bayern y Barça, o se destroza al rival mediante una somanta de puñetazos al estilo Madrid o Paris Saint Germain. No, este Atleti ejerce una presión mayor de la que un ser humano puede aguantar a cientos de metros bajo el agua y deja al contrario con la tensión del levantador que aguanta pesas de tres dígitos. Pero la comparación que se lleva la palma la dijo Bernd Schuster, ídolo de masas en el Calderón: “el nuevo Atleti es una hormiguita que intentas pisarla y sigue correteando de un lado a otro”. Es una hormiga obrera que trabaja con las mismas ganas en una bonita noche de Champions o en una visita marrón de Liga, como la de Balaídos del pasado sábado. Y en ese sentido, todos y cada uno de los futbolistas le deben la vida a su entrenador. Empezando por Courtois y acabando por Diego Costa, con nueve tipos por medio que dejaron de ser comparsas hace tiempo.

Costa afiló la guadaña y enterró para siempre su sambenito de mamporrero. Ahora es el delantero de ‘La Roja’ que ha hecho olvidar al killer cafetero Falcao con goles y huevos (el orden de los factores no altera el producto). Y no se trata de un goleador del montón que necesita fallar más que una escopeta de feria para clavar uno; Costa aparece en el momento más inesperado, para abrir la lata o culminar la fiesta. Su gran virtud es que no necesita que el Atleti le busque, ya se buscará él las castañas. Si Falcao era capaz de rematar un microondas, su sucesor no sólo dispara melones de todos los tamaños sino que también le gusta montarse su propia jugada para terminarla con disparo raso cruzado. Sin embargo, en la asignatura del buen cabeceador le ha salido un competidor demasiado peleón: Raúl García.

Nunca es tarde pero si el ‘Cholo’ hubiese tomado como discípulo suyo a aquel chaval fornido que despuntó en Osasuna y por el que el Madrid preguntó, quizás la selección española tendría desde hace años una roca entre sus centrocampistas. Raúl acaba los partidos con heridas de guerra por todo el cuerpo, es la consecuencia de batirse el cobre en cada metro cuadrado. Además, esta temporada se ha erigido como un gran cabeceador, no tan avasallador como Diego Godín pero sí más efectivo. Lástima que Del Bosque tenga casi cerrada su lista para el Mundial, porque de haber sido argentino, Raúl García iba directo a Brasil. Es el futbolista a imagen y semejanza de Simeone.

 

Otra Champions es posible

Viernes, 28 Febrero 2014

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Zlatan Ibrahimovic tumbó en la lona al Bayer Leverkusen él solito y, de repente, el Paris Saint Germain se hizo ogro en esta Champions. El Madrid destripó al Schalke en Gelsenkirchen y la magia de la Champions se esfumó en un pispás. Si durante estos días escribís en twitter ‘formato Champions’, leeréis una ingente cantidad de palos contra la UEFA. En apenas 48 horas han salido a la luz varias corrientes de opinión: la predominante en las redes clama por un cambio de estilo. Bicocas como Leverkusen, Schalke o Zenit celebran los octavos como una fiesta final de curso; es un premio demasiado exagerado en la competición de los mayores. Y ninguno de ellos lo es. Esa corriente pide aquella segunda liguilla de grupos que purgaba a los menos favoritos y apenas dejaba revelaciones. El problema de ese formato fue su ‘injusticia estadística’, expresión acuñada por el ex portero del Bayern, Oliver Kahn. No en vano, durante la Octava del Madrid, los bávaros golearon en el Bernabéu 2-4, marcaron otros cuatro en Munich e, incluso, ganaron uno de los dos partidos de semifinales. Tres victorias contra una, y el Madrid campeón. La pataleta del amado y odiado Kahn fue previsible a la par que estúpida. El sistema era el sistema.

Los más folclóricos, entre los que hay una buena legión de periodistas, abogan por el viejo formato. Quizá no el primigenio con los campeones de cada país, pero sí con primeros y segundos. Los demás son un condimento innecesario. Cuando la UEFA decidió abrir la mano, la Copa de la UEFA murió para siempre. Quién no recuerda aquellos tiempos en los que ganar la UEFA era casi más complicado que la Copa de Europa. Huesos como el Mönchenglabach de Heynckes, la Juventus de Baggio, el Inter de Jürgen Klinsmann o ese estiloso Paris Saint Germain de Weah y Ginola pelearon en un torneo que, entonces, tenía la misma gracia que la ‘orejona’. Pero llegó un momento en el que el negocio eclipsó a la esencia puritana del fútbol y la UEFA decidió pulir la joya de su corona. Al fin y al cabo, se trataba de “vender la Champions mejor que los Mundiales”, viejo sueño del ex presidente Lennart Johansson. Y cuantos más clubes se amontonasen en la misma copa, más euros para las arcas del tío Gilito, o sea, UEFA. El inconveniente es que con tantos grupos sin cruces de favoritos, solían (y suelen) sobrar un par de jornadas, las de la honrilla para hacer clin clin caja. El espectáculo de las últimas Champions comenzaba a partir de octavos con los duelos fatídicos. Este año ni siquiera eso, salvo ese obsequio del Manchester City-Barcelona que casi está finiquitado.

Los cantos de sirena sobre una futura ‘Super Liga’ suenan como una dulce melodía a la par que puñetera. El desfase económico de los clubes elitistas no sólo ha anestesiado las ligas domésticas, sino que también produce litros de tila en la idolatrada Champions. Ni siquiera los clubes ingleses del campeonato marketiniano por excelencia han salido indemnes: Arsenal y City están medio muertos, y el United necesita conjurar la magia de Old Trafford para remontar a un Olympiakos cuyo cuento de hadas no puede durar mucho más. Bayern, Madrid, Barcelona y Paris Saint Germain son gigantes en un fútbol cada vez más de liliputienses. Culpa del dinero, culpa de la UEFA. El inminente Fair Play financiero se ajustará a la medida de los grandes. Algo así como el engañoso límite salarial de la NBA.

Personajes que no pueden faltar en Champions

Jueves, 12 Diciembre 2013

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1.“El único objetivo era no ganar la Europa League y se ha cumplido”. Sea en Madrid o Londres, José Mourinho no ha perdido ni un ápice de su labia incisiva. El recado lo soltó anoche, después de la victoria del Chelsea y la eliminación del Nápoles de su viejo enemigo Rafa Benítez. Pero lejos de sus habituales discursos triunfalistas, Mourinho sorprendió a la prensa inglesa con una realidad demoledora: “el principal objetivo es asegurarse una plaza entre los cuatro primeros de la Premier”. Sin mentar posibles títulos futuros, emuló a su colega Simeone: del ‘partido a partido’ del Cholo al step by step de Mou. Él lo tiene claro: Bayer, Barça y Madrid son lo favoritos. Casualidad o no, los dijo en ese orden, aunque tratándose del portugués, suena a una lista premeditada. Quien no estará muy de acuerdo es su jefe Roman Abramovich, que cedió el testigo de millonario despilfarrador al jeque del Paris Saint Germain, pero que también ha extendido un puñado de cheques para que el Chelsea se esfuerce en hacer algo más que “quedar entre los cuatro primeros”.

2. El Chelsea juega rematadamente mal, pero también lo hizo con Di Matteo y un cabezazo furtivo de Drogba les dio la Champions en la casa de la gran mole de esta Chamnpions, el Bayern. Curiosamente, los alemanes son vigentes campeones por aplastamiento; con Heynckes, no necesitaron esos chispazos de suerte que deciden un campeón. Y parece que esta edición acabará irrevocablemente en unas semifinales con elllos, Madrid y Barça. El cuarto podría bailar entre PSG según se le antoje a Ibrahimovic, el Mark Lenders del equipo; el propio Chelsea de Mou del que todavía se venera en Madrid su gen competitivo o un Manchester City, que da la sensación de que es un chaval de 18 años al que su padre le acaba de comprar un porsche. Tan pronto toma una curva como si fueran raíles, como se estrella a 200 km por hora. Su plantilla barnizada de oro todavía no le ha cogido el tranquillo a combinar bien Premier y Europa.

3. La Champions vuelve a delatar al Calcio. Sigue siendo una liga desvencijada a pesar del comienzo fulgurante de la Roma y la frescura española del Nápoles de Benítez. La Juventus se quedó en el camino justo cuando Fernando Llorente comenzaba a ser algo más que bello; el Nápoles fue decapitado como un samurai, es decir, con todos los honores de guerra, y solo ante el peligro queda una pésima calcomanía de lo que fue el último gran Milan, no el de Sacchi sino el del Ancelotti. Sinceramente, da pena la eliminación de un Nápoles que había ilusionado a su ferviente afición con despojos de otros clubes: Reina, cedido por el Liverpool, y Callejón, Albiol e Higuaín sin más oportunidades en el Madrid. Sin embargo, se queda en la elite el descarado Dortmund de Jürgen Klopp,  genio y figura de este mundillo y cuyas ruedas de prensa son las preferidas por los periodistas. Las suyas, y las de Mourinho, por supuesto.

4.Huele a una Champions con semifinales muy españolas, pero basta mentarlo para que alguno se atragante antes. El Madrid está predestinado a llegar a Lisboa (la final), de lo contrario, volverán a azotar tormentas apocalípticas. Y en el empeño, Cristiano necesita de Xabi Alonso para cortocircuitar ese ordenador cuasi perfecto que ha programado Guardiola en Munich. Su sombra sigue incordiando en Barcelona: con Tito la prensa mantuvo un respeto solemne, pero al Tata le ven como un intruso que debe salir tan rápido como entró. Neymar podrá acaparar las portadas del momento, pero al final todo depende del de siempre, que andando o corriendo, revienta cualquier partido un palmo de césped. Por algo, Messi fue o es, cuestión de gustos, el mejor, el único.  Y el Atlético se ha ganado su dosis de credibilidad; ninguna sospecha para quien afronta ultimátum y partidos de padres e hijos como un rottweiler rabioso con espuma por la boca. Se deja los huevos y gana; no se los deja, y también. No sucedía antes, por eso, este Atleti también ha entrado en el juego de la silla y tiene muchísimas posibilidades de no quedarse sin asiento.

Ronaldo soñó con la Décima

Lunes, 22 Abril 2013

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“Si no gano la Décima ahora, no la gano nunca”. Antes que Tomás Guasch  hubo un galáctico de Florentino obsesionado con la Copa de Europa. Porque dentro de los anales de la historia, a Ronaldo Nazario, el ‘gordito’, siempre se le achacará no haber conquistado la competición de clubes con más solera: quizá su error más flagrante fue haber huido del Barça en el mejor momento de su carrera, habiendo ganado la Recopa del 97 y preparado para asombrar a Europa entera en la siguiente Champions. Pero el Inter de Milan se le quedó pequeño para sus expectaciones y la de sus representantes, que sacaron buena tajada a los italianos con un traspaso  de 4.000 millones de pesetas que José Luis Núñez no pudo frenar a tiempo. Cinco temporadas después y cansado del lastre de las lesiones, Ronaldo convenció a Florentino para ser elegido el siguiente crack de la lista después de Figo y Zidane. El presidente, prendado de él después de un Mundial sublime, le dio la última gran oportunidad de su vida: el delantero temía que su rodilla biónica se averiase en el fútbol italiano y, encima, el Madrid más faraónico de todos los tiempos le iba a regalar el último rato divertido de su carrera.

Ronaldo llegó a Madrid sin forma ni fondo y con los ligamentos de la rodilla tiritando. Fue él quien suplicó al presidente por un último voto de confianza. Florentino peleó la negociación con Moratti y bajó la inalcanzable pretensión de 80 millones a 45. Tales eran las ganas del jugador que no le molestó perdonar cuatro millones de euros por temporada. Le importaba renacer y en el horizonte un título: la ‘Décima’, sobre todo por él. Así se le confesó a la corte de recuperadores y fisioterapeutas que le acompañaron a la piscina durante sus primeras semanas en Madrid. Había fichado in extremis, casi al cierre del mercado, pero su puesto a punto iba a requerir mucha paciencia, demasiada. Ronaldo aprendió a trabajar con paciencia estoica y motivado por la final de Old Trafford (allí se proclamaría el campeón).  Le daba igual nadar cincuenta o cien largos: cualquier sacrificio merecía la pena por escuchar el himno solemne de la Champions. Dicho y casi hecho.

El Madrid se plantó en semifinales con el propósito de mantener la hegemonía del continente y reeditar un título con una foto que inmortalizarse el imperio que el presidente había levantado. La Juventus visitaba el Bernabeu y a Ronaldo se le agolpaban las entrevistas: no era el hecho de ser un experto en el Calcio, sino que esa Champions le ilusionaba a él más que a nadie. Todas sus respuestas eran un corta y pega continuo…”Quiero ganar la Champions”, “Llevo muchos años pensando en la Champions”, “Sólo hay un título que me haga el más feliz del mundo”,etc. Cualquier declaración dejaba de ser una hipérbole en boca del brasileño; al final, él mismo delataba sus terribles ansias por levantar la ‘orejuda’.

En una entrevista que Ronaldo concedió a la televisión brasileña O Globo años más tarde, desveló que sólo había llorado dos veces en el Madrid: de alegría cuando el Inter le dejó marchar al Madrid en agosto de 2002 y un puñado de meses después, cuando una lesión muscular le dejó KO durante la ida de aquellas fatídicas semifinales contra la Juve. Ronaldo se lesionó cuando su equipo ganaba 1-0 con gol suyo y apenas pudo moverse los siguientes días. Los servicios médicos planearon una recuperación a contrarreloj que no tuvo éxito y el brasileño llegó muy tocado a la vuelta de Delle Alpi. Del Bosque, consciente de que si le alineaba titular podía obsequiarle con una retirada prematura, decidió mantenerle en el banquillo por si el resultado se torcía. Y no tardó en hacerlo: Ronnie salió al rescate para intentar igualar una eliminatoria casi perdida y en un instante su eterna presencia inquietante surtió efecto: provocó un penalti que falló Figo. A partir de ese momento, el Madrid hincó la rodilla y el astro brasileño se perdió en el limbo. El sueño de la Champions se volvía una quimera. Aquella derrota marcó para siempre a Ronaldo y, por eso, en estos días, que va de conferencia en conferencia, evita contagiarse de la ‘Décima’, no vaya a ser que se torne un virus para el madridismo.

 

Síndrome de ‘La Décima’

Jueves, 14 Febrero 2013

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Hugo Sánchez siempre fue considerado el rematador por excelencia por tierra, mar y aire hasta que llegó Bam Bam Zamorano para reinventar los saltos en suspensión. Durante años el Real Madrid encontró cabeceadores herederos del majestuoso Carlos Santillana que vivían en las alturas y meditaban el gol levitando sobre las defensas. Cristiano Ronaldo es digno de unirse a esa selecta elite, por de pronto casi extinguida. Su mecánica de salto resulta imposible porque, sencillamente, depende de una proeza de la genética. Lejos ya de disparar los misiles tomahawk con ambas piernas o de reventar cronómetros a base de zancadas propulsadas, Cristiano a veces saca su otra arma secreta, sólo recomendable para las grandes ocasiones; desde luego anoche lo era, tal como sufrió Pinto en la final de Copa de Mestalla o Peter Cech en la de la Champions de Moscú. Tanta admiración causó su salto de trampolín en las narices de Evra, que hasta el mítico Michael Owen no se cortó en twitter diciendo que el portugués era el futbolista más completo de la faz de la tierra.

Cristiano responde cuando más se le necesita, pero el problema o bendición del Madrid (todo es relativo, claro) es que siempre se le requiere. Cada vez es más entendible que Florentino Pérez sólo conciba el futuro del club con el permiso del líder portugués; sin embargo, al Madrid de lo cientos de millones le convendría espabilar al resto de la plantilla para que le echen una mano. Cristiano se vale solo para voltear rivales, aunque los hay puñeteros como el United que precisan de más ayudas. Justamente, las que no ofrecieron ni Benzema ni Higuaín, a quienes les ha salvado el momento crucial de la temporada: cada vez que juegan mal, el Bernabeu oye los susurros de Falcao, Cavani o el otrora querido Sergio Agüero. Por eso, sea cual sea el botín final, el presidente tiene decidido refrescar la delantera por el bien de Cristiano. Es una pena que el reconocimiento de un delantero sean tan ingrato como el de un portero: sus méritos quedan lapidados si los sucesivos no son igual de buenos. Y para mayor escarnio de los dos arietes merengues, Cristiano eclipsa a todos convirtiéndose en el mejor lanzador, pasador o rematador. Quizá el Madrid no tenga más remedio que accionar la última palanca colocando a CR7 de delantero centro; no sería una idea descabellada para el Camp Nou y Old Trafford. Porque ésas son las dos vidas que le quedan y debe jugárselas a tumba abierta.

Veinte días exactos tiene el Madrid para solucionar la temporada; de lo contrario, las disputas sucesorias en el banquillo pueden ser insoportables. La fatalidad le va a dar a Cristiano la oportunidad de entrar de veras en la leyenda blanca; el madridismo espera de él su mejor versión por enésima vez, salvo que la exhibición no admitirá errores, ni siquiera un empate que no sea a dos o más goles en ambos casos. Si el Madrid-United pintaba como el partido más trascendental de la era Mourinho, ni qué decir tiene el cartel que presentan los dos venideros. Ya no se trata de presumir de trofeos o hacerlo mejor que el Barça, sino de demostrarse a sí mismo que todavía infunde un respeto que parecía eterno. Lo último que necesita el Madrid es crearse en la cabeza el síndrome de ‘la Décima’ y repetirla en voz alta como un loco con una camisa de fuerza. Las Champions se ganan sabiendo competir, como el Chelsea del año pasado, o simplemente sacando el mejor fútbol. Por eso, el Barça parte como favorito cada edición, llegue o no a la final.

El consejo médico para el Madrid es que olvide la flagrante crisis de los octavos o la losa histórica de la volea de Zidane. Tiene fuelle para ser campeón, aunque todo dependa de cómo se levante Cristiano; pero también le sucede al Barça con Messi y no le ha ido mal. El secreto es que los blancos no se obsesionen con los clichés de siempre, tales como que la Champions es la competición fetiche o que el Madrid es rey de Europa por decreto. Al menos, Mourinho, un tío ajeno a la idiosincrasia  merengue, no lo cree así y sólo concibe ganar su tercera ‘orejuda’ peleando como el resto de los mortales. Hace tiempo que el Madrid dejó de estar por encima de todos, ése debe ser el punto de partida.

Héroe y villano

Jueves, 28 Abril 2011

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¡Estudiad Derecho!, Madrid y Barça han abierto bolsa de trabajo. Es la conclusión chistosa que se deduce del galimatías jurídico en el que se han embolicado ambos clubes. Porque la expulsión de Pepe ha desatado un asunto casi de Estado en el que, por supuesto, Mourinho es héroe y villano. El fuego cruzado entre los entrenadores tan sólo encendió el seísmo que se espera en las próximas horas y  tanta crispación sólo contempla una solución: que se acabe de una vez el dichoso rally de los clásicos. Los telediarios no se cansan de emitir la rueda de prensa del portugués; los periódicos encontraron en el ‘ ¿por qué?’ la coartada perfecta para no hablar del partido, que dicho sea de paso, fue el peor de los tres jugados….¿y las aficiones? Pues los azulgranas relamiéndose con aquella final de Roma contra el United y los otros sopesando si Wolfgang Stark es un instrumento más de la supuesta conspiración UEFA que denuncia Mou o si éste debió plantear algo más que no perder en su Bernabeu.

El dilema de la roja de Pepe cambió el partido (eso es indiscutible); si fue acertada o no depende de la interpretación arbitral: Stark dudó y sólo le echó por la determinación de su asistente. Pero mal haría el Madrid en simplificar la derrota en ese lance; el trasfondo subyacente describe a un equipo simplón que se fió de la Copa para jugar con las mismas cartas la Champions. Y eso que la actitud no fue ni mucho menos la de Mestalla; más bien se asemejó a la del clásico liguero. No es opinión, es la evidencia que delató Cristiano Ronaldo cuando a los diez minutos se hartó de la táctica férrea de su entrenador y reclamó presión en campo contrario. Sus aspavientos no fueron la única prueba… “No me gusta jugar con ese estilo pero tengo que adaptarme”, la resignación del crack era demasiado descarada. El problema es que la dimensión arbitral eclipsó todo lo demás y Mourinho se salió con la suya: fue raudo para soltar su perorata ante las cámaras y se convirtió (como él planeó) en el pim,pam, pum de la opinión pública, no por su calamitoso planteamiento, sino por la ristra de ‘verdades en el mundo hipócrita’ que hoy ha denunciado el Barça.

Tampoco el Barcelona mereció un premio tan goloso: Messi suspiró cuando Pepe enfiló la bocana de vestuarios y, entonces, sacó su geniecillo para matar la eliminatoria. El resto, menos Xavi, cayeron en la bronca continua y alguno, como Pedro, inventó. La hipótesis más lógica si el Madrid hubiese mantenido a los once es una obcecación desesperante por el 0-0, tal como reconoció Mou. El mister ha conseguido cambiar las prioridades del club que pregona la excelencia cada vez que se encienden los micrófonos…y eso es peligroso para las intenciones ‘cortoplacistas’ de Florentino. Obviamente, esto sobraría si el Madrid hubiese sorprendido con una segunda victoria consecutiva, pero ése es el riesgo que ha propuesto el portugués: ganar de cualquier manera justifica todo, perder descubre las penurias, y ayer hubo muchas. Como, por ejemplo, desaprovechar el talento de Özil alineándole solo y perdido en la delantera. Un dato: el alemán no ha jugado más de cuarenta y cinco minutos en cada clásico, y supuestamente venía como un proyectil. Su ostracismo dio el relevo a Adebayor, no sé con qué propósito. El togolés es un buen delantero que necesita de compañeros que le conciban como un pivote de balonmano. Es una pena que Benzema e Higuaín, que volatilizaron al Valencia la pasada jornada, no encajen en la fundición de Mourinho. Quizá ahora que el Madrid viaja al Camp Nou descompuesto y sin presión, haya margen para los ‘jugones’, incluido Kaká.

El desenlace, como decía al principio, trasciende del tapete. El Barça quiere empurar a Mourinho por injurias y calumnias contra su historia; el Madrid también ha movilizado a sus abogados para reprender la actitud de algunos barcelonistas (dedúzcase Pedro por fingimiento, Pinto por bruto y Alves por liarla todo el partido) y la UEFA ha declarado al portugués enemigo perpetuo. No recuerdo un combate tan cruento y serio (las demandas lo corroboran) ni siquiera en los tiempos de Núñez y Mendoza, en los que las provocaciones no pasaban de pura guasa. Esto va en serio. Y, por cierto, en medio de la deflagración el héroe y villano espetó que están eliminados y sólo irán a Barcelona por respeto…Bernd Schuster exclamó que era imposible ganarle al Barça después de perder 3-4 con el Sevilla (07/12/08)  y Ramón Calderón le sentenció. No ocurrirá lo mismo en este caso: el actual mister, para bien o para mal, es necesario para este Madrid. Pero, ¿hasta cuándo?

P.D: el diario AS ha publicado una encuesta digital con la pregunta ‘¿Sientes que empieza a decrecer el fervor por José Mourinho?’…con casi 150.000 votos, el 61% de los internautas cree que sí, ¿algo está cambiando?

Fantasías manchegas

Jueves, 7 Abril 2011

Su inspiración basta para matar partidos, pero lo que más le engrandece es su extraordinaria polivalencia. Cuando Messi y Villa están aciagos, aparece Iniesta para marear la pelota y encumbrar a otros compañeros no tan ‘killers’; extraña que anoche ninguno de los goleadores fuera delantero, poco importa: la segunda línea de batalla es tan demoledora que Guardiola ni se preocupa por la pólvora mojada de sus arietes. La inercia es exageradamente abrumadora..¡más de diez goleadas por cinco o más tantos en la actual temporada!, y el entrenador angustiado porque las últimas victorias habían sido pírricas. Obviamente no se puede abusar cada partido, ni siquiera el propio Iniesta o Xavi se esmeran por asombrar siempre; sobra con  mantener el nivel y salirse en ocasiones pintiparadas. Y desde luego que la de anoche lo era.

Porque el Barça enfilaba el partido con el runrún del 4-0 del Madrid y con las sospechas de que las advertencias de Guardiola en la previa pintaban un panorama traicionero. Nada de eso barruntó el Barça cuando Iniesta se percató que no tenía un perro de presa pegado a su cogote. El manchego abrió la grieta desde su banda  y los demás le siguieron el ritmo. Me encanta verle crear desde el lado porque los equipos rivales pierden los papeles en defensa: no saben si descuidar a Xavi para pararle a él, o sacrificar tíos ofensivos para taponar a ambos. Precisamente, Xavi tuvo una noche plácida porque fue su compañero quien decidió poner patas arriba al Shakhtar. Es una flipada ver cómo una serie de combinaciones y triangulaciones al primer toque provocan la histeria de un rival cuya única misión era evitar una derrota dolorosa para exprimirse en su campo.

Fantasías manchegas al margen, Dani Alves también apareció en los primeros créditos, para lo mejor y lo peor. Le sucede como a Roberto Carlos en su última etapa: confía demasiado en su físico  y no siempre le da para estar omnipresente. Lee mejor que nadie las subidas al ataque (el míster Xabier Azkargorta sólo las entiende por su efecto sorpresa), véase en el tercer gol, y en contraste descuida su tarea primera de cubrir el lateral. En noventa minutos Alves sacó su mejor virtud y su peor vicio.

Pero entre tanto virtuosismo, Cruyff tenía algo de razón en su artículo del pasado lunes: el Madrid lo iba a tener más fácil. Y a tenor de lo que el Shakhtar falló en el Camp Nou, no cabe duda que el 5-1 no fue tan irrisorio para los ucranianos como lo fue el 4-0 para el Tottenham. Últimamente Valdés y la suerte se aplican más de la cuenta porque la sombra de Puyol es demasiado alargada. Busquets es un jugadorazo al que le cuesta recular cuando juega de central; se siente más cómodo por delante de su zaga. Por eso, Guardiola habrá tomado nota para el año que viene: hace falta un central de garantías para suplir al capitán. Aunque con el antecendente de Chygrynskiy…

Bendito problema…

Mircoles, 6 Abril 2011

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‘’Era imposible jugar con diez tanto tiempo’’. De poco le sirvió a Harry Redknapp el consuelo de Mourinho, más cuando su abatimiento en la rueda de sugirió que ya estaba todo dicho. El míster del Tottenham se resignó a la mastodóntica superioridad del Madrid y sólo tuvo que esmerarse  en justificar ante sus paisanos la idiotez de Peter Crouch. El partido dio un vuelco a los quince minutos, aunque para los ingleses (siempre según su entrenador) el apocalipsis se adelantó con retirada del escurridizo Lennon en el calentamiento. Su idea era jugar agazapado y montar el contraataque con el propio Lennon para buscar la rapidez de Bale y el olfato de Crouch. En un pispás el plan saltó por los aires.

Y eso que el Madrid, quizá por no faltarle al respeto a ‘Juanito’, salió a devorar. Lo hizo con la seguridad que Xabi Alonso otorga en el centro del campo ; su vuelta es la mejor noticia y eso es peligroso, porque una lesión inesperada del donostiarra hará temblar los cimientos de todo el club. Es el riesgo (o el nulo ojo clínico) de contar con un solo jugador de ese corte. Pero anoche jugó y sus compañeros lo agradecieron, sobre todo Khedira, al que le gusta animarse al ataque para rapiñar balones aéreos. Pero, a pesar de esa curiosa polivalencia, sigo prefieriendo a Lass para cumplir la función de ‘jugador-escoba’, y me da que Pepe y Carvalho también. El francés es rápido en el corte y nunca se despista en las coberturas, dos requisitos imprescindibles para ser escudero de Xabi.

La medular del Madrid vale como barómetro para calibrar el ritmo del equipo: si Lass (o Khedira) pasa el balón a Xabi y éste mueve el balón con rapidez a Özil y Di María, asunto cerrado. Ellos ya se entienden arriba con Cristiano Ronaldo y muy a menudo le hacen un guiño a las internadas de Marcelo por la izquierda. Quién iba a pensar que este Madrid le necesitaría tanto por la banda….ya dijo Mou después de pretemporada que Marcelo había sido la sorpresa más grata, y no ha bajado el nivel. Sí lo ha hecho la estrella portuguesa, pero tiene coartada por su meteórica recuperación: jugó sin forzar, se notó porque no intentó quiebros imposibles ni echó mano del reprís con el que deja tirados a los defensas. Al menos, fue constante y su gol lo demuestra (bendito gol que evitó otra rabieta pueril). Y bendito problema el que se le presenta a Mourinho: con Benzema KO e Higuaín buscando sus sensaciones, el último actor demostró que no ha venido de comparsa.

Adebayor es un gigante cuya presencia en el área pequeña requiere el vistazo de dos centrales. Dawson y Gallas no supieron cómo quitárselo de encima, y el portero Gomes, anoche más de discoteca que de cancerbero, se aterrorizaba cada vez que el togolés asomaba la cabeza. Así fue como el Tottenham cayó a la lona. Y así es como el Madrid debería atacar cuando juegue con ‘Manolito’. Porque el empecinamiento de insistir por el centro cansa. Adebayor no entiende de asistencias al hueco, a él le gustan las pelotas templadas desde las bandas. Que tomen nota Di María y Marcelo. No obstante y aunque sea por estética, cuesta ver que el Madrid percuta con un delantero estilo pivote de balonmano, cuando se había acostumbrado al ingenio de Raúl, a la explosividad de Ronaldo y ahora a Benzema.

También molaría ver a Gareth Bale en nuestra Liga. Se contagió de la impotencia de los demás pero dejó un par de destellos con una galopada made in Roberto Carlos y un desmarque ante Sergio Ramos que recordó al traje que le hizo Henry al sevillano en aquel 2-6 del Bernabeu. El Tottenham le queda muy pequeño, más que a Agüero el Atleti, y su salida ya se está preparando al mejor postor, entre ellos el propio Madrid. De las tarjetas poco que decir: Pepe estuvo avispado, no así CR9, Carvalho, Ramos y Di María. O sea que las quejas de Mou son injustificables, porque no es lo mismo provocar rojas como el día del Ajax, que forzar una amarilla con pillería. Ahora tendrán que estar pendientes de no meter la pierna más de lo debido hasta la próxima Champions… la supuesta eliminatoria contra el Barça no permite escaqueos y menos la final.