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Archivo de la categoría ‘Cristiano Ronaldo’

Restauración monárquica

Jueves, 3 Mayo 2012

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John Benjamin Toshack justificó hace unos días el nuevo récord goleador del Madrid…”No me fastidia. El equipo que yo tenía estaba en la cuesta abajo, venía de ganar cuatro ligas y la media de edad era muy alta”. Dentro de unos años, cuando Mourinho sea preguntado por la orgía goleadora de esta temporada, el técnico simplemente podrá argumentar que tenía la mejor delantera jamás vista en el fútbol. Y sobre todos se alza uno, Cristiano Ronaldo, a quien hay que agradecerle sus tácticas de motivación, que bien podrían ser adoptadas por el mundo empresarial yanqui que tanto gusta de estas argucias. Cristiano salió sobreexcitado a San Mamés, primero con el punto de mira en el campeonato y segundo por clavar un hat-trick que igualara el que minutos antes había marcado Messi; bueno, quizá este orden pudiera ser invertido y el crack portugués buscase más que nada saciar su inacabable voracidad. El caso es que su permanente estado frenético ya no es el de aquel niño enrabietado que hacía aspavientos cuando no se la pasaban o su disparo no encontraba portería; ese niño ha sabido manipular su talento para levantar partidos ennegrecidos (At.Madrid 1-R.Madrid 4) y decidirlos en momentos capitales (Camp Nou). Anoche se mantuvo políticamente correcto… “Quería el título que no tenía. Botas de Oro ya tengo dos”. Mejor será no creerle a pies juntillas porque su apetito insaciable garantiza espectáculo en las dos jornadas basura que le quedan al campeón.

La Liga de los récords culminó en un escenario de leyenda. La Catedral se llenó e incordió por varias razones: el invitado era el Madrid, con el consiguiente odio sempiterno que arrastra en Bilbao. No obstante, fue la decisión de Florentino de no prestar el Bernabeu para la final de Copa el detonante del rugido de la grada, que no de su equipo. El Barcelona había señalado en rojo esa visita del Madrid en su persecución al líder, pero al campeón le favoreció que el Athletic estuviese pendiente de la final de Bucarest, toda vez que ya está clasificado para la próxima edición de la Europa League. Así que se trataba de una cuestión de honor contra otra mucho más trascendental, la de una plantilla volcada en una especie de restauración monárquica. No es el título número 32 en sí, sino la sensación de que las huestes de Mourinho se pueden codear con el mejor Barcelona de todos los tiempos que, por cierto, sí ha marcado una verdadera era, a pesar de que Karanka defienda la imaginaria “era Real Madrid”.

Al calor de la victoria, Mourinho puso actitud templada y auguró un próximo año “más duro todavía”. Ése es el reto de un proyecto cuyo final sólo atisba la ‘Décima’. Porque esta Liga es un eslabón más de una cadena de éxitos que comenzó con la ansiada Copa del Rey diecisiete años después, sigue con el campeonato y no permite errores en la próxima Champions. Vamos, que la presión por ganarla será brutal; aunque para eso Florentino fichó a Mourinho y le nombró plenipotenciario del club. Y con poderes absolutos, el entrenador ha comenzado hoy mismo a perfilar el próximo vestuario, tal como reconoció anoche. ¿Seguirá Higuaín? Sólo si él se siente mimado en el césped y en los cheques que recibe al final de mes. El argentino volvió a ser decisivo para una liga y esta temporada le ha servido para quitarse definitivamente ese sambenito de ‘fallagoles’. Quizás, al igual que Cristiano se crece receloso de las diabluras de Messi, el ‘Pipa’ ha espabilado cuando Benzema dejó de estar empanado. Ambos se presumen imprescindibles para Mou a expensas de que se desate otro culebrón Kun Agüero. Pero para esto urge llenar la tesorería y ahí entra en juego Kaká.

‘Si Coentrao costó treinta millones, Cristiano no resultó nada caro’

Mircoles, 18 Abril 2012

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‘Si Coentrao costó treinta millones, Cristiano no resultó nada caro’. Fue la frase más repetida en la redacción de COPE deportes. Y es una pena porque, como dice Roberto Palomar, al portugués “se le ve el cartón”…de tabaco. Pero el Madrid de anoche no fueron diez menos Coentrao; desde el principio, la actitud respetuosa del equipo dio la sensación de que le recordaba viejos fantasmas del Olympiastadion. No en vano, el botín que han sacado los merengues de Munich en toda la historia se reduce a un mísero empate a uno de diez visitas. Y, precisamente, este Bayern no es el que más acojona de la historia pero aplica el código Heynckes con perfección alemana: se trataba de anular a Xabi Alonso y mantener a Cristiano lejos, muy lejos del meta Neuer, tanto que ni pudiese activar misiles tierra-aire. Por ello, tuvo que aparecer Benzema, el mejor de los suyos, aunque su elegancia e inteligencia cada vez que cogía un balón quedó muy huérfana. El caso es que el Madrid perdió por oficio pero sobrevivió también por él: aprovechó el bajonazo teutón de la segunda parte para marcar el empate y, entonces, inexplicablemente se diluyó cuando la tendencia del partido intuía que Cristiano dispondría de más contraataques.

Pero Mourinho echó por tierra su propio plan con la entrada de Marcelo por Özil. Al equipo se le nubló la vista y en ese momento de incertidumbre el Bayern se aprovechó de sus extremos Robben y Ribery para cobrar ventaja. Quizás el francés estuvo más valiente y atinado que Robben, quien apenas pudo hacer un puñado de amagos con ese regate tan característico de fuera hacia dentro. El peligro vendrá en el Bernabéu, cuando el holandés disponga de una autopista hasta la eternidad en medio del ímpetu blanco. Casualidad o no, dos de los mejores alas de Europa han coincido con un pésimo estado físico de los laterales madridistas, porque Coentrao fue de los peores pero Arbeloa no le anduvo a la zaga, pues apenas se enteró de las incorporaciones del escurridizo Alaba por su flanco derecho.

Un 2-1 a domicilio suele ser buen resultado, más cuando el Madrid le va a pedir un esfuerzo al Bernabeu no sólo en asistencia sino también en animosidad hacia el Bayern. De hecho, la última remontada europea tuvo como víctima a los alemanes: en los cuartos de final de la Champions 2001/02 el Madrid cayó 2-1 en Munich con una actuación sublime del portero César y un gol ‘guarrindongo’ del camerunés Geremi. Entonces, a Raúl, Zidane y compañía no les hizo falta invocar el ‘espíritu Juanito’, bastó otra fanfarronada de Oliver Kahn…”En Madrid no me marcan dos goles ni loco”. Al Madrid le valía un tanto pero el gustazo de cerrarle la boca al portero alemán era casi más deseable que la propia ‘Novena’, que también llegó en aquella edición.

Hoy es diferente. A expensas de las provocaciones del gurú Beckenbauer mentando al Barcelona (“el Madrid es un equipo normal sin la genialidad del Barça”) y del presidente del club bávaro, Uli Hoeness, diciendo al diario AS que “el Madrid nos tiene más respeto que nosotros a ellos”, la urgencia de cobrarse al fin una cabellera de un general obliga al Bernabeu a empujar el primer gol. No sólo hay en juego una final de Champions, sino las ansias de confirmar que el Madrid ha vuelto al viejo continente después de una década ominosa….y contra la bestia negra que le suele hacer llorar.

Cristiano incordia a Messi

Jueves, 12 Abril 2012

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Karanka salió a la palestra minutos después del derbi y a tenor de sus respuestas cortantes y mirada desafiante, dio la sensación de que en el Madrid había ocurrido un cataclismo. Paco González lo comentó en El partido de las 12 porque si no iba a reventar: “Me da rabia que no hable Mourinho o Florentino Pérez, cuando ahora más que nunca el club está en el mejor momento para vender ilusión, optimismo…”. A su argumento no se le puede quitar ni añadir una coma, porque el Madrid, al menos el micromundo que gira en torno a su entrenador, todavía permanece a la gresca con la opinión pública. Sí, a Mou le han caído palos con y sin sentido, pero partidos como el de anoche recalcan que ni el Madrid está un “poquitín nervioso”, tal como matizó Butragueño después del empate contra el Valencia, ni a los jugadores les acojona actuar de funámbulos. Habíamos vendido el derbi como una cita apocalíptica para el devenir de la Liga y entonces apareció Cristiano para recordar que un PVP de cien millones por un futbolista no es tan exagerado en el negocio del fútbol.

La lectura fue sencilla: el Madrid ha bajado las revoluciones de ese juego que volatiliza a cualquiera, pero tiene a un futbolista que sólo piensa en arrasar allá donde juega y que se enrabieta hasta el punto de tirar una servilleta al suelo en una concentración cuando ve por la tele que Messi también la lía. La feroz competitividad con el tricampeón del Balón de Oro es la mejor de las motivaciones para Cristiano, y Florentino lo está agradeciendo. Ya sólo admite comparaciones con Messi, aunque todavía le falta ser el más decisivo en varios clásicos, como lo ha demostrado el argentino. Cristiano decidió en la pasada Copa del Rey, su único título hasta el momento, y el próximo Barça-Madrid se le presenta como la ocasión idóneo para reclamar su metro cuadrado en el pedestal más alto que ocupa la estrella azulgrana. Si Guardiola no se atreve a prescindir de Messi ni aún con gripe, Cristiano ha convencido a Mourinho de que su extraordinario físico nunca agota la batería, da igual que sea en la cita más importante del año (hasta el momento)  o contra la Ponferradina en la primera ronda de Copa.

Pero el verdadero mérito de Cristiano es intentar una bestialidad cada vez más impactante que la anterior. Si el primer gol al Atlético fue un mísil inteligente, el segundo zurriagazo cogió un efecto que la NASA no tardará en investigar. Por eso, a falta de fútbol el Madrid adquirió un viejo hábito: convertir el partido en un combate de boxeo en el que la pegada del Madrid es la más contundente de todas, incluida la del Barcelona. Y eso encabrona incluso a un Atlético de Madrid que fardó de ser peleón, pero que murió cuando Cristiano pulsó el disparador entre los gritos de ‘¡Leche, Falcao, avellanas y azúcar! Los derbis perdieron su folclore hace años, a pesar de que el presidente Sandro Rosell fuese bombardeado ayer por periodistas afines a la causa azulgrana que le planteaban un milagro colchonero. Es obvio que el barcelonismo no puede esperar de los derbis madrileños las mismas remontadas imposibles como las Caminero o Agüero se han inventado en algunos Atleti-Barça inolvidables. Precisamente, Simeone fue muy oportuno en la previa: “Sería de mediocres pensar que ganando al Madrid harían un favor al rival”. A este Atlético con tantas urgencias y más carencias poco le tiene que importar hacerle la puñeta al vecino cuando lleva extasiado varias décadas y aún no sabe cuáles son sus aspiraciones. Por de pronto, la figura desorbitada de Cristiano debería convencerle para que olvide sueños quiméricos y sea consciente que es un equipo más del montón. Porque para competir en la élite, le hace falta un talento exclusivo y hoy por hoy en el mundo sólo hay anunciados dos.

No iba a ganarlo todo

Lunes, 19 Marzo 2012

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Valdano eligió a Manuel Pellegrini en la vuelta presidencial de Florentino por atrevimientos tácticos como el de esta jornada. El Villarreal funcionaba porque mimaba el balón y cuando no lo tenía, sabía anulárselo al rival. Ése fue el plan urdido por el Málaga en el Bernabéu: ponerle la correa al Madrid para que no rondara su portería y soltar alguna cuchillada con Joaquín e Isco, por si acaso. Al menos, lo consiguió la primera media hora, en la que los merengues no pudieron meterle a su fútbol los diez mil voltios que dejan electrificado a cualquiera que esté enfrente. Y como la lesión de Toulalan desmontó el puzle de Pellegrini, éste osó elegir a Demichelis para cortocircuitar los barridos ofensivos del Madrid. La apuesta era de juzgado de guardia pero, en líneas generales, salió airosa; el argentino, lejos de reivindicarse como una holografía del Pepe de semifinales de Champions, siempre se esmeró en pasarla bien en corto. Pero como en cualquier peli de superhéroes, basta que el protagonista saque sus poderes cuando el villano tiene todas las de ganar: tal cual le sucedió al Madrid cuando Cristiano Ronaldo dirigió un centro inteligente a la cabeza de Benzema, seguramente en una de las mejores asistencias de esta Liga. Es el plus con el que cuentan Madrid y Barça en partidos enfangados. Sin embargo, a veces el resto también cuentan con personajes de ficción: Cazorla fue el gran reclamo del jeque el pasado verano y sus mísiles tomahawk le han convertido en el líder indiscutible del club de los petrodólares.

El mérito de Pellegrini es haber sugerido una crónica periodística diferente en el Bernabéu. Después de un buen puñado de goleadas, el campeonato necesitaba que algún sparring hiciera dudar al líder. Y eso que la segunda parte fue un monólogo merengue pero sin gracia alguna: el Madrid se perdió en contraataques alocados y el Málaga, simplemente, desapareció aún con el permanente peligro que suscita Van Nistelrooy. Quizás la prematura sustitución de Isco nubló casi del todo a los malaguistas; también por decisiones como ésta, Pellegrini no continuó en el banquillo madridista. Pero a tenor de actuaciones tan honorables como la de hoy, da rabia que el Málaga no esté codeándose con el Valencia por la tercera plaza. Por lo menos, el empate más satisfactorio de los últimos tiempos le da al equipo andaluz la pólvora suficiente para seguir disparado en la última plaza de Champions.

El pinchazo del Madrid enciende las apuestas por el título, aunque los blancos no deberían titubear. Butragueño cree que diez puntos eran una ventaja “notable” y ocho también lo son. A esta Liga sólo le faltaba averiguar cuándo dejaría de ganar el Madrid y qué mejor ocasión que ante un rival peleón que no ha dejado que le abofetearan ni con el 1-0. El panorama sigue siendo muy blanco y, aunque Guardiola se empeña en convencer a la masa azulgrana con el mismo argumento, basta que el Madrid vuelva a fallar para acusar al entrenador azulgrana de victimista o ponerle delante a Robert De Niro para que le diga eso de “Tú…tú eres bueno…tú…eres bueno” como al terapeuta interpretado por Billy Cristal en la tronchante Una terapia peligrosa. De todos modos, con calculadora en mano y palpando las últimas sensaciones que indican una evolución del Barça y el desgaste del líder, el madridismo sólo debería preocuparse si se planta en el Camp Nou con seis puntos o menos. Es una simple cábala, pero es que en las próximas semanas os hartaréis escuchando especulaciones. La Liga no ha acabado y así le consta a un Madrid que no iba a ganarlo todo.

La tormenta perfecta

Jueves, 27 Octubre 2011

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“El huracán Grace se dirige hacia el norte desde la costa atlántica, es enorme y va en aumento. En segundo lugar, hay un ciclón en la isla de Sable a punto de explotar. Y, a la vez, surge un frente frío del Canadá, el condenado viaja sobre la corriente y se abalanza sobre el Atlántico, donde confluirán los tres. Puedes trabajar en esto toda tu vida y no ver nada igual…sería un acontecimiento de proporciones épicas, sería la tormenta perfecta”.

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Quizá sea el estilo que guste al Bernabeu

Mircoles, 28 Septiembre 2011

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Jornada 28 de la temporada 2000/01: faltaba un minuto para el final del Real Madrid-Numancia y Del Bosque, desde el banquillo, le dice a Albert Celades que mantengan el balón para que el equipo soriano ni siquiera tuviese la mínima oportunidad de remontar el exiguo marcador (1-0). De repente, el árbitro andaluz Medina Cantalejo decide dar cinco minutos de prolongación para asombro del Bernabeu…el Numancia había asustado en alguna contra al novato Casillas y era de suponer que tendría tiempo suficiente para armar un último ataque con tanto descuento. Entonces, Figo se juntó a Celades en el centro del campo, Mcmanaman se abrió al flanco derecho y Solari se arrimó a la izquierda; entre los cuatro y con el apoyo de Hierro  y Karanka en la retaguardia lograron retener el balón esos cinco minutos, sin atacar pero sin perder la posesión, salvo en un saque de banda en campo numantino. La grada tampoco se impacientó, pues estaba siendo testigo de un verdadero rondo de entrenamiento…cinco o seis futbolistas tocando la pelota sin perderla. Por entonces, el Madrid era un equipo dominador cuyo ‘fútbol control’ estilizaba su manera de jugar. Así le gustaba al bisoño Florentino Pérez, a Del Bosque y, sobre todo, a una plantilla avezada al juego dominante.

Diez años después, el Madrid ha encontrado el estilo que mejor se ajusta a las circunstancias, esas que obligan a jugar como sea para batir al Barcelona. El contraataque se ha convertido en la consigna diaria y a los protagonistas tampoco les cuesta reconocerlo: Sergio Ramos comentó después del 3-0 al Ajax que ellos juegan en la búsqueda de espacios (los que da el contragolpe); Arbeloa confesó tras el empate de Santander que no tenían “la paciencia suficiente cuando enfrente hay defensas cerradas”. Y Luis García-Plaza, entrenador del Getafe, resumió su derrota del Bernabeu con un “no hay dudas, el Madrid es el mejor equipo del mundo a la contra”. Posiblemente. La cuestión es si al Bernabeu le encandila la idea de que sus chicos ignoren los porcentajes de posesión (anoche sorprendió que el Ajax ganase la estadística) y salgan disparados a la portería contraria en ofensivas fulminantes. La del primer gol fue antológica: once toques en trece segundos y ejecución perfecta de Cristiano Ronaldo. Cada partido es una prueba más irrefutable que el anterior de que Kaká está renaciendo con la propuesta táctica de Mou… repliegue made in Xabi Alonso y a partir de ahí, un robo cualquiera en el centro del campo que aproveche los espacios para elegir el mejor pase definitivo. La ‘nueva’ moda del equipo va con Kaká, Özil y, por supuesto, Cristiano Ronaldo, quien prefiere la zancada de cuarenta metros que le asemeja a Usain Bolt a abrir la lata ladeado desde la izquierda.

Es decir, ¿cómo jugarían Zidane o Messi en la pizarra de Mourinho? Pues quizá soltando balones largos y precisos, con pocas opciones de descerrajar defensas con internadas imposibles o ruletas circenses. Así fichó el Atlético de Madrid a Schuster en el verano del 90: Jesús Gil le trajo para asestar un golpe moral a Barça y Madrid, pero en el fondo para que exprimiese las cualidades explosivas de su otra estrella, Paulo Futre. Schuster había dejado la orquesta sinfónica de ‘La Quinta del Buitre’ para amoldarse al entrenador yugoslavo Ivic, y el Atlético encontró en el contraataque su arma más letal. A aquel equipo le entusiasmaba que le reconocieran por su estilo…a Mourinho no es que le mole, sino que es el juego en el que se siente superior por los perfiles de su vestuario. Alfredo Relaño escribió en su editorial de AS el pasado lunes que hubiese preferido que “el Madrid hubiese cambiado a Mourinho y no al revés”. Hablaba del discurso vehemente de Florentino en la Asamblea, pero la reflexión es extrapolable a todas las dimensiones del club; por algo, el portugués manda, ordena y dirige promocionado como el Dios Rá, por encima de un presidente degradado a faraón. El gusto futbolero queda ahí y, a diferencia de siempre en el Bernabeu, no está sujeto al gusto del consumidor. No obstante, como dijo Manolo Lama anoche en COPE…”¿Al madridismo le gusta jugar al contraataque? A lo mejor. ¿Le gusta q le domine el Rayo? Pues igual también”.  

“El equipo juega como si arrastrara la bola de un preso”

Viernes, 23 Septiembre 2011

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“Los equipos se nos cierran atrás y nosotros no tenemos la paciencia suficiente para encontrar huecos y oportunidades adecuadas”. Arbeloa, uno de los portavoces que siempre pone la mejilla, se inhibió de supuestas conspiraciones arbitrales y artimañas enemigas, para buscar explicaciones tácticas. “Tenemos mucha pegada y somos muy peligrosos al contraataque, por eso, nos cuesta abrir defensas tan cerradas”, matizó el lateral madridista en El Partido de las Doce. Puede que los seguidores, desencantados con el Madrid abúlico de El Sardinero, sólo quieran escuchar por qué su equipo ha pegado un bajonazo tan brusco; de la goleada de La Romareda a la última jornada sólo ha transcurrido un mes, pero la sensación que deja la actitud del vestuario es de incertidumbre total. Porque Mourinho propone planteamientos muy dudosos sobre el tapete (se empeña en Coentrao y sus malas actuaciones le han puesto en el ojo del huracán de la prensa); los jugadores se sinceran delante de los micrófonos bajo amenaza de pena capital (Sergio Ramos) y el búnker que ha construido el entrenador en el vestuario apenas aclara los motivos de la regresión. Por eso, la opinión pública agradece análisis como el de Arbeloa, lejos de las simulaciones con las que Mou justificó el último empate o el fútbol de barrio del Levante que tanto le exasperó tras la derrota en Valencia.

Orfeo Suárez escribió una metáfora en su crónica de Santander para El Mundo que sintetiza el apagón futbolístico…”el equipo juega como si arrastrara la bola de un preso. Sólo falta discernir si es el peso de la responsabilidad o el de las cadenas”. Extrañaría que fuese lo segundo, porque la pretemporada ha sido óptima y el físico de los futbolistas debería tener pilas suficientes hasta el último tercio de Liga, por lo menos; o sea que, en caso de que estén sufriendo la presión (o agonía) de ganar sí o sí este año, Mourinho tiene un problema que sólo puede arreglar el psicoanálisis. A tenor de lo sucedido contra Levante y Racing, la némesis blanca, aparte de seguir siendo el Barça, lo son también estos partidos en los que el juego arrítmico y las defensas espartanas cortocircuitan cualquier propuesta ofensiva. Arbeloa dijo que su fuerte es la pegada y más al contraataque; quizás lo dijera sin querer, pero faltaba el reconocimiento de una voz autorizada para constatar que a este Madrid le va el fútbol de toma y daca, vertical a la portería sin margen para la elaboración. La cuestión es si un grupo con tanto talento para dominar el balón debería acostumbrarse a ese estilo. Parece que los resultados mandan y punto.

Atrás quedaron los tiempos en los que la imagen importaba más, si cabe, que los goles: un ejemplo descarado fue el despido de Radomir Antic después de acabar la primera vuelta de la temporada 91/92. Entonces, el Madrid aventajaba al Barça en tres puntos (las victorias valían dos), pero después de una victoria por 2-1 ante el Tenerife en el Bernabeu, el presidente Ramón Mendoza confesó a Canal Plus que el Tenerife le había gustado más que su equipo. Aquella declaración fue concluyente para la salida del serbio y la vuelta de Leo Beenhakker, quien culminó la pifia liguera, precisamente, ante el equipo insular. Hoy, la urgencia de títulos ha cambiado el libro de estilo del club: el ciclo prodigioso del Barcelona obliga a Florentino a aferrarse a un entrenador que garantiza éxitos a costa de todo. Da igual si Mourinho se arroga un poder casi omnímodo, la consigna es levantar copas. Pero para ello, hay que sumar puntos, sobre todo, en campos donde un empate rival se convierte en festividad. Sucedió lo mismo el año pasado, cuando Almería, Osasuna y el mismo Levante, sacaron tajada; en pocos días al Madrid se le ha desactivado lo que mentaba Arbeloa, esa pegada tan letal y exclusiva que desequilibra partidos enredados.

Pero después de múltiples tertulias en los medios y escasas valoraciones de los protagonistas, los achaques tácticos siguen convergiendo en la sala de máquinas. Un mal partido de Xabi y el desacierto de Cristiano condicionan todo el proyecto. Se vio ante el Levante con el galimatías que generaron las suplencias del portugués y Özil, y en Santander, donde Mou se limitó a cambiar hombre por hombre. Aunque, claro, si el técnico suelta en público que los españoles que tiene no son compatibles, entonces la propuesta de enmienda para alinear a un creativo como Granero junto a Xabi ni siquiera será escuchada. Sí, la Liga sigue siendo cosa de esos dos…sólo que el Barça revirtió una situación extrema en Mestalla y a punto estuvo de ganar, mientras que al Madrid pronto le falla su pegada descomunal, ese superpoder que salva resultados y oculta el fútbol que ansía el Bernabeu.  

Cristiano y el Cal de James Dean

Viernes, 16 Septiembre 2011

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Durante el rodaje de Al Este del Edén, James Dean soltó en una entrevista uno de sus prontos rebeldes…”No puedo obligarme a ser un ser humano sociable cuando estoy trabajando en un personaje como Cal (su personaje en la película), que es esencialmente demoníaco”. En dicha película, Dean interprete su rol fetiche, el de un chico rebelde que repele los convencionalismos de la época, representados por su padre. El director, Elia Kazan, apostó por Dean porque él representaba el relevo generacional del Hollywood de mediados de los cincuenta. Pero si hubiera sido contemporáneo, Cristiano Ronaldo también habría sido actor predilecto del mítico Actor’s Studio de Kazan. Sorprende que el “soy rico, guapo, gran jugador y me tienen envidia” haya herido tantas susceptibilidades (si es que lo ha hecho) y no haya sido tomado como una frase célebre más del CR7 personaje; porque la ironía no estaba mal tirada, aunque fue políticamente no correcta sino nefasta. Salió del estadio Maksimir cojeando y con el tobillo hecho trizas, y debía sacar toda la rabia reprimida, la que el árbitro, émulo de Ovrebo según Eladio Paramés en su twitter, no contuvo en el césped. A Cristiano le cosieron a patadas, cada cual más agresiva, y el portugués encontró un argumento ocurrente y quizás cierto para explicar su persecución: sí, es rico, evidente; sí, es brillante en el campo, indudable…y lo de guapo está sujeto a opiniones muy personales. Actúa como un James Dean de la vida: le importa su ego futbolístico, porque le regala todo lo demás. Y, guste o no, ha pulido un personaje poderoso pero distante; voltaico, aunque chulesco; omnímodo y adusto a la vez. Cristiano ha mamado en un año el carácter público de su entrenador: sinceridad solemne, aunque no siempre sea el protocolo adecuado.

La ironía no es sino más carnaza para la prensa. A Cristiano le ponen a parir en los campos porque no agacha la cabeza, sino que aprovecha los flashes para inmortalizar su chulería. Él, como dice Juanma Castaño en su artículo de ayer en Sportyou, sí hace caso al público, irreverencia que éste considera como afrenta. Por eso, cada partido de visitante es una historia con un único argumento: intentar enrabietar a la estrella. Pero el portugués, como Mourinho, se monta su película; sabe que es tarde para lucir un carácter más de Messi o simplemente se siente cómodo enfundado en su camiseta prieta. No obstante, debió matizar mejor su declaración: no se trata de envidiarle sino de comprenderle. Seguro que el Bernabeu ruge la próxima vez que aparezca sobre el tapete. Y aunque los modales le pierden, intuyo que su esfuerzo por arramblar con todas las distinciones a las que pueda aspirar (copas, pichichis, botas y balones de oro,….) va enfocado al aplauso de la grada. Quiere ser el mejor y que se lo reconozcan; su antipatía le trae al pairo. El análisis freudiano de CR7 guarda muchas similitudes con el de Dean…”intento con todas mis fuerzas que la gente me rechace, ¿por qué?”. Puede que el portugués se lo pregunte a sí mismo incluso en sueños, aunque no le importe encontrar la respuesta.

Pero la culpa de la sobredimensión de Cristiano es nuestra, de los periodistas. Acostumbrados al sopor de las ruedas de prensa, el madridista para las rotativas cuando sale para decir realmente algo. A veces su vehemencia le estalla en la mano….”A ver si el Barça nos mete ocho a nosotros” (declaraciones al micrófono de Susana Guasch de La Sexta después de la jornada del Almería 0-Barcelona 8 y Real Madrid 5-Athletic 1). A la semana siguiente los azulgranas dejaron el clásico en cinco goles, pero bien pudieron ser ocho. Sin embargo, también confiesa verdades que dejan boquiabiertos a sus detractores y bajo amenaza de castigo…”no me gusta jugar así, pero tengo que adaptarme” (crítica velada al planteamiento táctico de Mou en la ida de Champions contra el Barça). Lógicamente, no fue convocado para el Madrid-Zaragoza que venía después. Ése es Cristiano, el que juega para ganar y punto. El propósito de James Dean “no incluía el anhelo de encandilar a la sociedad”, Cristiano sí quiere, pero al estilo del Cal demoniaco.

Sin el complejo de David contra Goliat

Lunes, 15 Agosto 2011

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Chapó a la portada del MARCA…’Puro fútbol [y todavía queda la vuelta]’ y aparecen dos instantáneas decisivas, la del gol de Messi en la parte superior de la primera plana y el de Özil en la inferior. Pero el diario podía haber agudizado más su ingenio dedicando también la primera página a los zambombazos de Villa y Xabi Alonso. Porque Madrid y Barça jugaron un epílogo inmejorable de pretemporada: defensas poco rodadas, asistencias sorprendentes y hasta algún eslalon versallesco (Thiago en su estado natural). Sin duda, un cúmulo de detalles, que eclipsados por el talante táctico de Mourinho, dibujaron el mejor partido del año, el que deja a la altura del betún el ‘rally de los clásicos’ (MARCA dixit). Precisamente, después del nuevo Madrid de anoche, es incomprensible por qué el mismo equipo no fue capaz de plantarle cara al campeón hace unos meses sin el complejo de David contra Goliat; el secreto de la presión asfixiante habría sido un aliado incuestionable para los blancos en las semifinales de Champions.

Y es que durante los primeros treinta minutos de la Supercopa, el Bernabeu se enorgulleció de las intenciones de su entrenador, frotándose las ojos con un Xabi Alonso que manejaba a sus compis a ritmo de rock and roll; no obstante y en defensa de Mou, el planteamiento no fue una jugada de póker, pues la prensa había vaticinado en la previa un ‘ataque total’ al Barça con Özil, Benzema y Cristiano; el orden  está escrito adrede en sentido de mayor a menor porque el francés siguió dándole publicidad al endocrino que ha afilado su cuerpo, el alemán se ha apoderado de esa sensación de ¡peligro! cuando coge el balón y CR7 arrastró a la defensa azulgrana con galopadas infinitas, aunque no sacase provecho de ninguna. Se le veía que no estaba a gusto y, por eso, tal como dice el periodista Manuel Saucedo en su twitter…”el portugués no debe estar feliz, poca participación, ni le buscaban ni le encontraban. Y golito de Messi”. Otro más del argentino a Casillas en un arrebato de bestialidad que acalló a quienes le criticaban su inopia (leí varios tweets que decían con sorna ‘Tierra llamando a Messi’).

El caso es que el Madrid tiene fuelle y talento para dominar el juego contra cualquier rival que se le antoje; otra historia es que Mourinho persevere en esa valentía. Sin embargo, el empate también deja un poso inquietante para los blancos…si su  mejor fútbol no ha tumbado a un Barça experimental, difícilmente podrá doblegar al once fetiche de Guardiola, si es que logra hacerse con uno en una temporada larga y prolija por la cantidad de títulos en disputa. De esas rotaciones, sale por la puerta grande Thiago (¡que hábil fue el club renovándole este verano!). El hijo de Mazinho recordó a su padre en tareas organizativas; templaba el balón y abría el campo para que sus compañeros se desahogaran de la contunde presión del Madrid. La diferencia entre ambos es que Thiago ha nacido para mimar el balón y así lo hizo con el detalle del eslalon que dejó a tres merengues boquiabiertos. Quien tampoco sucumbió a las expectativas fue Alexis, batallador y al que le gusta jugar al choque; habría sido más excitante un cara a cara entre Pepe y él, que no con Marcelo. Sin embargo, la intentona Mascherano-Abidal no resultó: no se entienden y, sobre todo y más importante, no se sabe quién ostenta la jerarquía; sin duda, al Barça le urge la vuelta de Puyol. Por el contrario, el Madrid sí tiene claro que Pepe es su jefe: ordena, corrige a sus colegas de demarcación, aunque aún no se atreve a sacar el balón desde atrás al estilo del antiguo ‘jefe’, Fernando Hierro. Pero anoche el central no estuvo en su línea: se cayó de bruces en el gol de Messi en un fallo defensivo de patio de colegio y tampoco estuvo acertado en el penalti de Marcelo a Pedro. Dos desaciertos puntuales, sin más.

Y hoy se presenta un viejo camarada de La Masía. Cesc cumple su sueño frustrado de los últimos veranos y entra en un vestuario donde el talento creativo abunda, que no sobra. Porque el Barça de anoche careció de frescura y Guardiola ha meditado engrasar a la plantilla durante el transcurso de la temporada; no así el Madrid, que ya rueda a la velocidad de un Sputnik. Así que, aunque Cesc huela a carne de banquillo, el míster volverá a sacar la política de rotaciones que en su día empleó su antecesor, Fran Rijkaard. Sólo de ese modo, el Barça será competitivo en diciembre contra ¿el Santos de Neymar? y llegará sin agarrotamientos a la primavera definitiva.

Postdata I: Agradecimientos a Mourinho por entender que el Madrid debe coger el pincel y no un martillo neumático, y al Barça por ser competitivo tanto en versiones apoteósicas (las de casi siempre) como ‘empanadas’ (anoche).

Postdata II:  Un tirón de orejas a Karanka, porque, aún teniendo que dar la cara en público, le hace un flaco favor al 2-2 entreviendo que “hay cosas que no han cambiado” sin explicar el motivo del dardo. Teixeira Vitienes fue salomónico en sus errores: penalti para cada bando no pitado, punto.

Pistoleros y estrategas

Domingo, 7 Agosto 2011

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Al gran Tomás Guasch no le ha sorprendido la meteórica progresión de José Callejón. Su fichaje por el Madrid sonaba a moneda de cambio o pack de jugador más un puñado de millones por otra estrella; incluso, se le intuía como banquillero de lujo para minutos coperos. Pero Guasch me advirtió antes de pretemporada que el ex canterano blanco incordiaría en los planes de Mourinho, pues es “un tío de brega que va al choque y se mancha la camiseta”. Y, ciertamente, al portugués le gusta mandar a futbolistas de este perfil. Ha venido para agrietar defensas desde la banda, cometido al que podría haber aspirado Pedro León, perdido para la causa, y podría hacerse un hueco titular en el once de la Supercopa; ha marcado goles y los ha dado mejores. Por eso, en el Espanyol se preguntan de dónde le viene el tino (allí marcó diez tantos…en casi cien partidos). Quizá sea precipitado meterlo en el once fetiche de este Madrid, aunque su estilo driblador y las aspiraciones de Mou con él recuerdan a Santiago Solari, el jugador número doce de la ‘época galáctica’. Bien le vendría al equipo revalorizar cantera con detalles como la adquisición de Callejón: demuestra que sí es posible alcanzar el primer equipo, aunque sea con paciencia y rodeos. Además, él sí ha debido nacer para jugar en el Madrid; al menos, era su pretensión desde alevín. Tal es su desaforado madridismo, que la temporada pasada, siendo jugador del Espanyol, llegó con cara de pocos amigos al entrenamiento matinal posterior al 5-0 del Barça en el clásico.

Quien también debería entender el vademécum del club es Özil. Aúna las mejores cualidades de Guti y su entrenador le ha concedido la oportunidad de salirse del mapa; el año pasado amagó con una ristra de buenas actuaciones y para este curso su función es el de aligerar la responsabilidad de Cristiano Ronaldo. Si el Barça cuenta con Xavi e Iniesta como apuntadores estrellas del equipo, Ózil también debe hacerse un hueco en los créditos principales. Porque a la espera de su regularidad definitiva, el Madrid seguirá pendiendo de la inspiración del portugués, siempre el mejor en pretemporada, temporada y postemporada. Pero la dimensión exagerada de CR7 juega a favor del alemán: un par de malos resultados no se le tendrán en cuenta, pero si se concentra en su talento partido a partido, llegará a ser un mito silencioso, como Xabi Alonso, y evitará concursos tan paupérrimos como el que protagonizó durante el mes frenético de los Madrid-Barça, en el que en unos duelos fue suplente y otros sustituido por falta de soluciones. No obstante, se le ve fresco este verano, con soltura para repartir pases entre líneas y desatascar barullos en el área….ha encontrado en Benzema a su compañero de aventuras y mientras el delantero se emborrache de goles, el mérito de Özil no decrecerá.

Por cierto, Benzema está tan espabilado como las pasadas navidades, cuando Mou le dio un toque para que meditara si realmente valía los 35 millones que Florentino pagó por él. Entonces, se hinchó a golear y parece que ha vuelto a pillar el tranquillo. A lo mejor esa clínica extraña que le recomendó Zidane le ha reseteado….o puede que tanto rumor sobre la cresta más mediática del momento le haya puesto en guardia. Porque, a tenor de la facilidad goleadora del Madrid, Neymar quizá no sea el delantero tan imprescindible que está sobredimensionando el Santos; Benzema se ha ganado los primeros minutos oficiales e Higuaín espera al acecho una racha aciaga de su competidor. De todos modos, me fío de mi compañero de COPE, Fernando Evangelio, quien insiste que Neymar no es otro Robinho mejor vendido…pero sucede que a este Madrid no le urgen pistoleros, sino estrategas. Y, de momento, en ese rol Xabi es el más preciado, Özil está opositando y ya veremos qué sale de Sahin, cuando se recupere……porque Kaká no es quien esperaba el presidente.