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Archivo de la categoría ‘Del Bosque’

Todo empezó por Peter Kenyon

Lunes, 18 Julio 2016

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“Las pretemporadas en Suiza se van a acabar de un momento a otro…el dinero manda”. Vicente Del Bosque advirtió hace quince años la visión mercantilista de su entonces presidente, Florentino Pérez. Las largas estancias en tierras suizas con presencia de estrellas de caché internacional como Figo o Zidane apenas sacaron rendimiento económico a un club que ya pensaba más como multinacional que como entidad deportiva. El entrenador salmantino estaba en lo cierto, como casi siempre: intuía temeroso que el Madrid debía exprimir la popularidad planetaria de unos futbolistas que no sólo se implicaban en los códigos de un vestuario de fútbol, sino que también estaban obligadas a cuidar su incipiente aura de estrellas de rock. Y, por supuesto, a un folclórico empedernido como Del Bosque no le hacía gracia supeditar la puesta a punto del equipo a la obligación corporativa del clin,clin,caja en una época en la que el fútbol aún era de los futbolistas. Sin embargo, sesenta millones en Figo o setenta y tres por Zizou debían ser correspondidos con títulos y, misión capital, jugosos contratos publicitarios que llenarían la tesorería blanca. De eso se encargó Florentino en Asia, territorio que él conocía a fondo por sus gestiones internacionales de ACS.

“El rendimiento importante, el que proporciona lo demás, es el económico. Las temporadas son largas y los equipos sufren altibajos físicos”. Este pensamiento empresarial de tío Gilito pertenece a Peter Kenyon, verdadero pionero de las giras veraniegas. Contratado por el Manchester United como director ejecutivo, Kenyon había revalorizado la marca deportiva Umbro a nivel internacional; era, y sigue siéndolo, un auténtico genio del marketing, así que el United quiso explorar con él nuevas fórmulas de explotación comercial. Kenyon aterrizó en Manchester en 1997 y suya fue la idea de aprovechar el desconocido fenómeno de internet para crear una tienda virtual, pero dos años más tardes se dio cuenta que vender camisetas y bufandas online no era una ‘experiencia’: los hinchas de todo el mundo querían ver in situ a sus estrellas, saludarles en inmortalizar el recuerdo. Así nació la primera gira asiática de un club de fútbol. Hong-Kong y China fueron los primeros destinos de unos diablos rojos en los que David Beckham era el cebo perfecto de patrocinadores, gobernantes y plañideras desconsoladas que gritaban a su paso por estadios, aeropuertos y centros comerciales. También Sir Alex Ferguson torció el gesto con tanto vanguardismo: Kenyon ha contado más de una vez en foros empresariales que tuvo que darle al escocés un máster acelerado del nuevo fútbol contemporáneo, en el que ingresar dinero era tan crucial como marcar goles. Al final, el manager escocés comprendió que mantener el primer puesto en la revista Fortune como club más rico del mundo exigía esta clase de sacrificios, aunque sólo pudiese dirigir tres o cuatro entrenamientos completos en diez días. La imagen por encima de todo.

Afortunadamente para Del Bosque, nunca tuvo que aceptar con resignación estoica esos compromisos institucionales a quince mil kilómetros. Si acaso, durante su última pretemporada el Madrid hizo un viaje relámpago a Nueva York para jugar contra la Roma, pero no varió nada: la “condición física de base” (patente de Luis Aragonés)  se hizo una semana antes en Austria. Además, ese año el club fichó al brasileño Ronaldo sobre la bocina, con el mercado cerrando la persiana y en vísperas de la primera jornada. Quién sabe si de haber venido antes el delantero, Florentino les habría mandado a Japón y Corea, aprovechando el tirón mundialista del campeón brasileño. No obstante, el presidente no dejó escapar la ocasión al año siguiente en 2003, con Carlos Queiroz como plan renove de la versión “antigua” de Del Bosque. El Madrid de los galácticos, con Beckham otra vez en el papel estelar de cualquier ceremonia, se exhibió en una gira mundial por Oriente Lejano y Estados Unidos que reportó ocho millones de euros. La consecuencia fue un aumento exponencial de la marca Real Madrid, además de un agotamiento físico que hartó a muchos jugadores con tanto avión y presencia protocolaria con las autoridades locales allá donde viajaban. Toni Grande, fiel  asistente de Del Bosque, llegó a decir que ”el galacticidio de Queiroz comenzó con el trajín asiático, aunque los mismos once titulares hubiesen jugado casi toda la temporada completa”. Al final, el marketing también se ha calzado las botas como cualquier otro compañero de vestuario, y las estrellas del celuloide no pueden sudar la camiseta de pretemporada entre remansos de paz. Sí, Del Bosque tenía razón: se acabó entrenar en Suiza. No era bueno para el negocio.

Pulgada a pulgada

Mircoles, 29 Junio 2016

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“Las ideas a veces ganan al talento”. Antonio Conte repitió una frase de Fabio Capello, patentada la noche que el Milan humilló al Barcelona en Atenas, y que Guardiola no olvidará jamás. El ex entrenador madridista suele confesar que aquella goleada comenzó con una presión asfixiante sobre Pep que cortocircuitó el primer toque de Cruyff. La batalla del centro del campo fue crucial para que Romario y Stoichkov se quedaran aislados en un islote perdido en el océano. Y Capello reconoce que Desailly se dedicó a un “trabajo oscuro” que nunca fue reconocido por la opinión pública. Ese 4-0 mortal para el Dream Team supuso una de las mayores lecciones tácticas del fútbol contemporáneo. Cada España-Italia guarda una imagen que lo inmortaliza: el codazo de Tassoti (1994), la tanda de penaltis de Casillas (2008), la apología del tiqui-taca (2012) y, desde esta Eurocopa, la pizarra perfecta de Conte. La prensa italiana le declara ganador absoluto del combate por KO; no en vano, el Corriere della Sera le ha comparado con Alejandro Mago en el arte de preparar una guerra.

Las tertulias previas a grandes partidos conllevan fuertes dosis de verborrea barata. Normalmente, los periodistas analistas (o los que presumen de ello) describen tácticas en el imaginario que luego saltan por los aires. Quizá por eso no todo el mundo aspire a entrenador profesional, aunque nos guste jugar a serlo. Conte ha guionizado a su equipo desde que tomó una selección devastada en el Mundial de Brasil; le ha dado forma como un jarrón y sin arcilla de primera calidad. Suena a Rafa Benitez y su “yo esperaba un sofá y me trajeron una lámpara”. Desde luego, no se ha complicado en su reducido reclutamiento: si la Juventus domina el país, la fundición la deben construir sus obreros. Empezando por esa cuchilla de tres hojas que forman Chiellini, Barzagli y, el mejor, Bonucci. Cuando Iniesta o Silva esquivaban a uno, todavía les quedaba un bosque de piernas demasiado frondoso. Los centrales de la Juve son espartanos que darían la vida por cada uno de sus hermanos de sangre. Es la mentalidad azzurra, en la que Leónidas, o sea Conte, morirá al lado de sus compatriotas. O todos o ninguno.

Del Bosque cayó en el jaque desde que anunció una alineación sin cambios. Las pistas de Italia en la primera fase avisaron de una cruenta pelea por el centro del campo. El movimiento más lógico en la partida de ajedrez suponía quitar a Nolito y poblar la medular con Koke, más siderurgia, o Thiago para descerrajar el telón de acero italiano. El seleccionador español no lo creyó oportuno y, de repente, se quedó pasmado viendo cómo Conte defendía en bloque y pisaba el área de De Gea con ¡cuatro!, los delanteros y los carrileros. Italia entendió el carismático discurso de Al Pacino de “pulgada a pulgada” como nunca antes en el deporte moderno. Bueno, sí, Chile también lo aplico letra a letra en la pasada final contra Argentina. A Del Bosque nadie le va a enseñar integridad: murió con sus principios, tocando el balón hasta el fin del mundo. Lícito pero poco inteligente, porque hasta los más grandes estrategas han tolerado jugar al suicidio, por lo civil o lo criminal: lo hizo Cruyff con Alexanco o el mismo Guardiola con Piqué. A veces tienes potra y otras no, pero que no te acusen de no haberlo intentado.

Italia le ha hecho un hombre

Sbado, 18 Junio 2016

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Le ponen nervioso las entrevistas de televisión y, por eso, sus asesores de comunicación le aconsejan cómo hablar delante de la cámara. Quizá Álvaro Morata nunca habría imaginado una avalancha de peticiones para que hable por toda Europa. Tímido de nacimiento, sigiloso en su vida personal, el delantero de la Juventus e inminente fichaje del Real Madrid, entendió hace dos años que el único atajo para ser correspondido por el club de sus amores era olvidarlo durante un tiempo. En su última temporada en España, Jürgen Klopp habló con él después del Madrid-Dortmund del Bernabéu y le dijo sin contemplaciones que intentaría ficharle ese verano. El Borussia no era mala opción, pero cuando la Juve telefoneó a su padre, Alfonso, se decantó por el Calcio para cursar un máster acelerado. El niño que tuvo que buscarse la vida ha madurado a base de collejas, las de Allegri, y los consejos eternos de Andrea Pirlo y Buffon, sus tutores en el vestuario. El fútbol siderúrgico de los italianos ha potenciado el talento atlético de Morata hasta tal punto que el propio jugador se sorprendió de los entrenamientos militarizados del Calcio. “Aquí practico el salto, el remate de cabeza, los movimientos de espaldas a portería y el ‘trabajo sucio”, confesó Álvaro a su familia a los pocos días de su estancia transalpina. Nada que ver con la intensidad diaria de Valdebebas, donde se sentía un marciano a las órdenes de Ancelotti.

La razón de la titularidad de Morata en esta Eurocopa resulta casi imposible de rebatir. Su espectacular contragolpe en el Allianz Arena de la pasada Champions terminó por convencer a Del Bosque: no sólo dispondría de un ariete clásico, rematador de microondas en el área, sino también a un Ronaldo Nazario de marca blanca. Dribló a tres jugadores del Bayern con una zancada que recordó a esa manada de búfalos con la que Jorge Valdano describió al ‘Fenómeno’. Sí, suena muy exagerado, pero la explosividad de Morata la tienen muy pocos delanteros en el mercado. Y, por supuesto, su empeño en el ‘trabajo sucio’ o, dicho en cristiano, darse de codazos con las defensas y despistar con desmarques para que otro se lleve la gloria. Ese trabajo de alcantarilla lo ha resuelto con matrícula de honor, porque así se forjan los capocannoniere en el campeonato mas puñetero del continente. Y el ex madridista sabe que, a pesar de no fardar de una estadística made in Cristiano, ya presume de cicatrices de guerra para afrontar la Eurocopa. Le acusaron de novato y en sus credenciales figura un gol en una final de Champions; le acusaron de que esta selección no tiene gol y en dos jornadas ha subido su P.V.P. Lo saben sus representantes y también en la planta noble del Bernabéu, donde están preparando una reventa de proporciones bíblicas. Arsenal, Manchester United y otra oferta desconocida también de la Premier aguardan al final de París, y Morata tiene claro ahora mismo que necesita minutos para continuar su meteórica carrera. Todavía no ha hablado con Zidane, pero ni el consejo más sabio de una leyenda, la leyenda, le perturbará su idea. No quiere ser fiel escudero de Benzema e intentar motivarse para jugar los minutos de la basura. Álvaro ha subido el escalón y es delantero titular. Volver al banquillo del Madrid es un lujo que él no se puede permitir. “Y eso que decían que no teníamos gol”, dijo Morata en la zona mixta de Niza, Parece que también le ha dado caña a eso de perder la timidez.

Recibe Iniesta y et voilà!

Martes, 14 Junio 2016

 Iniesta República Checa

Yo odio el tiquitaca, no sirve para nada”. La confesión de Pep Guardiola a Martí Perarnau en su biografía Herr Pep nunca pasó inadvertida para Del Bosque. “Hacemos lo que podemos con lo que tenemos, y eso es jugar con balón. Llámenlo como quieran”, dijo el seleccionador en un foro universitario la pasada temporada. A punto de firmar su epílogo con La Roja, a Del Bosque no le molesta que le acusen de plagio, bien de Luis Aragonés bien de Guardiola. Podrán desfilar por delante varias generaciones, que el estilo del salmantino jamás cambiaría: marear el balón hasta colarlo en la cocina. Desesperante para el rival y a ratos para el espectador, que agradece un francotirador por equipo. Y España no los tiene. El gol sólo podía llegar de una manera: fusilar a Cech a quemarropa o después de una esas carambolas de billar que con tanta maestría dominan Iniesta y Silva, de largo los más espabilados en la victoria. El barcelonista volvió a inmortalizarse en otra foto de Oliver y Benji rodeado de un ejército de piernas; su Circo del Sol no actúa tan rápido como en otros tiempos, pero recibe el balón y et voilà!, saca un conejo de la chistera. O el centro perfecto a su amigo ‘Geri’. El Balón de Oro perdió una oportunidad inolvidable para rendir pleitesía a uno de los más grandes, quizá al nivel del mejor Zinedine Zidane. Y no es una exageración.

Cada vez que España juega una Eurocopa, rememoramos la charla de Luis Aragonés en el hotel de Viena horas antes de la final contra Alemania de 2008. El agradecimiento nunca será suficiente por haber cambiado para siempre y de una tacada las décadas del peor ‘pupas’, como el Atleti. Cada vez que juega España, el patapum p’arriba del guiñol de Javier Clemente queda más enterrado. Afortunadamente, aquel fenómeno todavía inexplicable pertenece a la época paleolítica. El prodigio que Aragonés creo en torno a la figura de Xavi Hernández es patrimonio de la humanidad y sólo necesita de otros filántropos que lo cuiden: el primero, Iniesta, que ya no tiene a Xavi y Xabi a su espalda, pero sí a Busquets, la viga maestra del proyecto de Del Bosque. Esta selección aún no ha provocado la efervescencia de sus anteriores, ni siquiera el sano debate en las barras de los bares de quién gusta más. Hasta ayer todo era De Gea o Casillas, y el repentino estiércol del caso Torbe. Hoy la gente ha cambiado el discurso, recordando que por algo David Silva es, de lejos, el mejor media punta de la Premier League, y que a nadie le extrañe. Su zurda es la más talentosa del vestuario y de su cabeza dependerá que ponga asistencias sin mirar (versión Michael Laudrup). Y si Morata, generoso en el esfuerzo, puede cazar una de esas pelotas inteligentes, al de enfrente no le valdrá blindar un Fort Knox como Chequia. Hará falta una flota de autobuses para desesperar a estos pequeños diablillos.

El niño probeta

Lunes, 15 Junio 2015

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La travesía por el desierto está siendo dura. Las heridas del Mundial todavía no han suturado porque, sencillamente, no ha empezado la Eurocopa. Entre el lifting  poco convincente de España y la ternura del grupo de clasificación, la gente ha dado la espalda a ‘La Roja’; así lo certifican las audiencias de televisión. Ha tenido que hablar Piqué y responder la afición de León para encender (e incendiar) con napalm la convocatoria nacional. Quizá fuera la única forma de prestarle atención: Costa Rica y Bielorrusia apenas han ocupado un breve en los periódicos, salvo el morbo de Keylor Navas en la portería. Desaparecido el tiqui-taca, la selección es un niño probeta con un futuro sospechoso: nadie se atreve a asegurar que crecerá fuerte y sano.  A la generación de Luis Aragonés le ha sucedido otra promoción de locos bajitos que antes de triunfar tiene que meter la pata. Así sucedió en el Mundial de Alemania., pero entonces el ‘Sabio de Hortaleza’ había encontrado en Xavi la solución al eterno sudoku de España y peleó con esa idea. Del Bosque tampoco se olvida del balón, la verdadera génesis de tanta borrachera de éxito: Iniesta, ausente por lesión, todavía amaga con instantáneas de Oliver Atom que superan la ficción; Isco es el quinto elemento que está por llegar. De su imán en la bota de derecha depende la circulación sanguínea del ‘enfermo’.

Bielorrusia eligió el estadio del Bate Borisov para pergeñar una encerrona. Su particular Ipurúa amenazaba con cortocircuitar el juego de España y convulsionar aún más el incierto establishment de la selección. Pero, de repente, los nuestros salieron de la trinchera y buscaron la yugular del metalizado bloque bielorruso. Morata es un delantero centro que descompone defensas con red de arrastre; su pureza en el área facilita el fútbol en tres dimensiones del resto, entre ellos, un Jordi Alba que desgasta la banda como el correcaminos y ahora sólo tiene que alzar la cabeza para poner el balón en la olla. De la fábrica de laterales en serie que ha generado el Valencia, Alba es el que mejor imita la explosividad del ex madridista Roberto Carlos.; de su estado físico en Francia dependerá la viveza de la selección.  Y cómo no David Silva, considerado un duende en Manchester y que con la camiseta roja tan pronto saca el diablillo como se queda alelado en el limbo. El canario es creatividad pura, un Michael Laudrup en chico que nunca sabes cómo te va a sorprender; su espontaneidad atrajo al Real Madrid, que preguntó por él hace seis años. Y para romper muros de hormigón como el de anoche, mejor sortearlos que pegarlos de frente.

Y cómo no el efecto Casillas. Concentrado en la importancia de no complicar la clasificación, sacó un  mano a mano decisivo e inspiró confianza. Detuvo las tres ocasiones de los bielorrusos recordando aquella frase de Fernando Hierro cuando espetó que el Madrid necesitaba un portero que parase los dos balones que le llegaban al área. Casillas siempre superó esa expectativa, falseando además la reflexión de Hierro. Porque la estadística no miente y al Madrid del gran Iker le solían acribillar a disparos. Quizá sea tarde, pero un Casillas mentalizado, ajeno al ruido ensordecedor del entorno, puede competir contra De Gea sin ninguna sospecha. 

Las reglas del ocio

Martes, 31 Marzo 2015

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La fin. El diario L’Equipe publicó su demoledor titular en letras capitales la tarde que Dinamarca bailó a la entonces campeona de todo en el Mundial de Japón y Corea. Aquella generación comandada por Zidane se había preparado para reventar la historia: su fútbol solidarizó odios raciales en su Mundial del 98, redujo al continente en la Eurocopa de los Países Bajos y la leyenda les esperaba en el Lejano Oriente. El fútbol contemporáneo no había visto un prodigio semejante desde el Brasil del setenta hasta que las tertulias periodísticas dieron un vuelco con el bombazo inaugural de Senegal. Pero aquel titular de L’Equipe y el tsunami de dramatismo de la opinión pública indignó al vestuario nacional. “Creo que no merecimos tanta leña”, comentó David Trezeguet años después de la debacle; “Palos y más palos. Parece que nunca hayamos logrado nada”, espetó Thierry Henry, uno de los jugadores más vapuleados por la prensa.  Sin embargo, la reflexión niquelada la pronunció Zidane en Le Monde durante la pretemporada de ese verano con el Real Madrid: “En Francia tan pronto te barren como te ponen la corona”.

La prensa española todavía no se ha atrevido a llevar a ‘La Roja’ al cadalso. La selección de todos ahora no lo es de nadie, al menos para la calle. La decepción de Brasil mantiene anestesiado a cierto público que se emborrachó de emoción durante cuatro años y hoy considera al equipo un marrón molesto que petardea entre Liga y Champions. Antes eran Madrid, Barça y España, la genuina de Luis y la continuista de Del Bosque; hoy la prensa rellena minutos de telebasura sobre la selección a golpe de mamporros. Casi todos al entrenador y al portero, por cierto. Juanma Castaño sacó el bisturí en el Tiempo de Juego del domingo y diseccionó al ¿cadáver? por donde a pocos ‘cirujanos’ se les había ocurrido: “El último partido que divirtió España fue en Saint Denis en la fase de clasificación para Brasil”. Tal cual. Fue la última vez que el combinado nacional fardó de tiqui-taca, aunque entonces España oliese a la misma colonia que Francia cuando aterrizó en Corea para comerse el mundo.

La travesía es demasiado dura porque, como asegura Del Bosque a su círculo privado, “cada partido es una reivindicación permanente”. O Globo, el periódico brasileño con más solera, condenó a sus once penitentes de por vida por la masacre de Alemania en las semifinales de su Mundial. ‘La Roja’ ha entrado en fase experimental y jugar con probetas hasta que vuelva a salir otro tiqui-taca aburre a la gente. O de repente España vuelve a orquestar fútbol en versión Von Karajan o el interés bajará al submundo, cuando la época de Javi Clemente. Es duro pero son las reglas del ocio en este país. Y la selección sabe (porque lo ha visto) que jugar un partido aseado de cada dos no vende. Quizá esos aficionados que ya no se atreven a desempolvar la camiseta de Sudáfrica, tengan que meterse en la mollera que Puyol ya no está; Xavi sólo hubo uno y Villa dejó de golear. Iniesta lo dejó caer hace unos días: “El mismo éxito será devolver la ilusión a la gente que haberlo ganado todo”. Puede, pero desde luego que esa gente, hoy amplia mayoría, no se lo reconocerán. Es la cultura de esta España. Por eso, Inglaterra, Argentina o Brasil siguen gozando de un privilegio casi exclusivo: en las buenas y en las malas, siempre la selección. Aquí Real Madrid y Barça se metieron entre bastidores cuando la selección gritó ‘¡fútbol’! al mundo. Sólo un instante, sólo un momento.  

Entre Del Bosque y Queiroz

Domingo, 8 Marzo 2015

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La mano blanda de Del Bosque y el galacticidio de Carlos Queiroz se cruzan como misiles en las tertulias periodísticas de estos días. Ambas teorías agitadas en una coctelera explican el declive de un Real Madrid obligado a resetearse, a empezar de cero en juego y actitud o, dicho con un eufemismo, intensidad. “Si Fabio Capello no hubiese sido tan tozudo con su estilo, habría sido el entrenador perfecto”, lo dice un directivo de la planta noble del Bernabéu que no coincidió con el entrenador italiano. El caos táctico tiene un responsable y los periodistas, expertos en el arte del tremendismo, ya estamos haciéndole vudú a Ancelotti. También Del Bosque tuvo la cabeza debajo de la guillotina en dos ocasiones, y acabó compensando sendos desastres ligueros con la ‘octava’ y la ‘novena’. En la primera Champions le salvó una actuación antológica en Old Trafford, y en la segunda, la volea de Zidane estaba predestinada. O eso creyeron en el club hasta que admitieron que las órdenes del salmantino en el vestuario se resumían en ’salgan y hagan lo que saben’. El Barça-Madrid decidirá si Ancelotti tiene que salvar la temporada con la competición fetiche de los blancos.

La otra teoría tan manoseada desde hace semanas evoca al “monstruo” que acabó devorando a Florentino Pérez. De infausto recuerdo, el equipo más ‘hollywoodiense’ de la historia del fútbol hizo enloquecer al madridismo tanto como los Backstreet Boys a las quinceañeras de todo el mundo. El problema de aquel Madrid de Queiroz es que era un Apollo Creed que boxeaba con estilo refinado pero le faltaba fuelle en las costillas. Zidane se lo contó a su compatriota y rival, Ludovic Giuly, en el descanso del dramático Mónaco – Real Madrid de Champions: “Estamos agotados”. El robot cuasi perfecto de Ancelotti se ha cortocircuitado: juega cansado, sin ritmo y con grilletes en los pies, y además, se ha olvidado de golear. De repente, esa pegada que ha justificado tantos y tantos partidos, ha desaparecido. Peter Pan se hizo mayor y se olvidó de volar en el país de Nunca Jamás; no sabemos cuál es la kriptonita que está debilitando al Madrid, si la falta de veneno en el aguijón o que, de verdad, tienen las piernas mustias. Quizás sea una crisis mental porque el equipo no tiene la azotea privilegiada que ha salvado a Rafa Nadal en un buen puñado de aprietos en los que le falló el físico.

Dicen los cenáculos de la capital que el presidente podría presentarse otra vez en Valdebebas esta semana. Otra charla al estilo de Santiago Bernabéu para que cada futbolista sienta el peso del escudo. Sin embargo, disipado el efecto de la primera reunión con Florentino, el vestuario necesita organizar un brainstorming (‘tormenta de ideas’ que dicen los gurús del marketing) y aclarar a qué quiere jugar. La solución comodona y desesperante en estos momentos es seguir envidando todas las cartas a la pegada. Pero San Mamés delató que es un error, diagnosticado públicamente por Ancelotti. La otra alternativa es borrar de la pizarra el garabato del 4-3-3 que se va difuminando a pasos agigantados y volver al fútbol folclórico. A Modric se le espera como el maná, será entonces cuando Carletto ponga a prueba su talento para reciclar a Gareth Bale. Él se siente delantero, aunque su equipo preferiría su zancada de velociraptor en la banda izquierda, donde pueda centrar sin escorzos. De ese modo, la fábula de la ‘BBC’ reanudaría sus emisiones en otro formato, no tan atractivo para la prensa deportiva, pero muy práctico para compararlo con los tres goleadores del Barça. Al fin y al cabo, “el problema está arriba” (Ancelotti dixit), literal…o no. 

Evitando más jaleo

Lunes, 13 Octubre 2014

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Del Bosque había advertido que la única referencia de Luxemburgo para el gran público era un club modestísimo llamado Jeunesse d’Esch, que en la década de los sesenta se llevó siete goles en el Bernabéu y cinco o seis en su país. Lo dijo en modo irónico porque a los periodistas apenas les apetecía hablar del rival del turno, obvio. Casillas, el bofetón de Eslovaquia, la nulidad de Diego Costa…demasiados incendios como para rellenar páginas y minutos de tertulia con una selección del saco de Islas Feroe o San Marino. Pero el seleccionador, viejo zorro en olfatear las corrientes de opinión, confirmó cinco cambios en el once titular de anoche para distraer atenciones, sobre todo, de los opinadores que piden dimisiones a pecho descubierto. Ha sido una concentración convulsa porque poner a parir a esta continuación de España, campeona de todo, es un lujo que cualquiera se puede permitir pero pocos aceptan. Eslovaquia ha abierto la veda: todo es debatible en esta selección que está en plena construcción con andamios en todas las líneas.

Si hace pocos meses España ofrecía a las masas partidos verbeneros en los que el fútbol eran fiestas apiladas unas detrás de otras, estos días convulsos han dejado un marrón espinoso a Del Bosque. Aliviado por el gol ratonero de Diego Costa en Luxemburgo (Mourinho tardará tiempo en recriminarle otra convocatoria), al debate Casillas-De Gea le sale uno más añejo, el de Cesc. Anoche no jugó porque oficialmente el seleccionador había meditado cambios y oficiosamente no rindió en Eslovaquia. El centrocampista del Chelsea vive en una permanente paradoja táctica: con Mourinho ha vuelto a jugar donde le enseñó Wenger y, sin embargo, en la selección ha sido fundamental según los preceptos de Guardiola. Cesc espabiló y aprendió rápido esa idea extravagante del ‘falso nueve’; Del Bosque copió la invención de Pep y defenestró cualquier recuerdo folclórico de delanteros centros. Ahora, Fábregas ha vuelto a su génesis y chirría. ¿Solución? El ‘buenismo’ del entrenador le obligará a seguir convocándolo como mediapunta. Y si no, al tiempo.

También repetirán convocatoria los locos bajitos, pero todos ellos por inercia. Con permiso de Don Andrés Iniesta, el balón pide a gritos las botas de Silva, genio y figura cuando el equipo se marea a sí mismo. La noche de Eslovaquia necesitó líderes que cargaran el peso en la espalda; no hubo voluntarios y sí varios acusados. El mismo Iniesta, que sin chispa no es ese ‘Iniesta de mi vida’ (Camacho dixit) o Busquets, perdido en el campo como si fuera la jungla, lejos del mejor ‘5’ que recordaba al mítico Fernando Redondo. Ahora es turno para los extraordinarios becarios: Paco Alcácer, Bernat, Rodrigo, etc. Quédense con el primero: goleador en Mestalla y en busca de pulverizar récords con ‘La Roja’. Alcácer era un delantero potable que mejoró hasta hacerse bueno; un puñado de partidos le han convertido en buenísimo. Y de ahí a la clase crack, paso a paso. Su facilidad para marcar recuerda a la de Raúl González, cuando Fernando Hierro vaticinó que era un “Ferrari que adelantaría a todos por la izquierda”. Todavía no conocemos el techo de Alcácer, pero nos deja la pista evidente de que golea por oportunista e inteligente. Y hacía demasiado tiempo que la selección no contaba con un prototipo así. Cualquier noticia que no provoque jaleo siempre será bienvenido en la selección. 

Olor a napalm

Viernes, 10 Octubre 2014

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Derrota con olor a napalm. Lejos de una simple lamentación, las redes sociales rescataron aquel 2-0 en Suecia posterior al Mundial de Alemania. Incluso, los más apocalípticos compararon la herida de anoche con el hundimiento de Chipre que le costó la cabeza a Javier Clemente. Brasil ha dejado una herida sangrienta y complicada de cicatrizar; las grandes victorias de los últimos años han legado una herencia demasiado pesada para cualquier España, porque el agravio comparativo es demoledor. La selección todavía sube al ring con miedo a recibir otro directo a la lona; está en plena cocción intentando descubrir el regusto exacto. Y en esa transición, se tiene que acostumbrar a recibir bofetones y el qué dirán: de los palos se aprende. Cuatro derrotas en seis partidos invitan o, mejor dicho, obligan a Del Bosque a ignorar por un instante sus actos de fe en el tiqui-taca y probar nuevas recetas. Gente de futuro como Koke, Thiago e Isco saben tocar y sobarla, por ahí el balón está asegurado; quizá falte ese músculo del que Alemania sabe presumir en los momentos pertinentes. Una estilo híbrido con el que ataquemos en un pim, pam, pum sin necesidad de escanear el césped palmo a palmo.

España perdió como podía haber goleado si el portero eslovaco Kozacik no hubiese sacado tentáculos por todos lados. Él fue el héroe del partido y en la portería contraria Casillas el villano. Su cantada entierra el paradón de reflejos a lo David Barrufet: es el tormento eterno de cualquier portero. Y en el caso de Iker, la lupa sobre él tiene más ópticas que con el resto. Es injusto, pero son los grilletes que debe arrastrar. Precisamente, cuando había encontrado tranquilidad con un puñado de partidos sobrios, el primer gol propone indirectamente otro debate latoso en la portería de España. Aunque no más molesto que el de la falta de líderes. Con permiso del guardameta blanco y tras las retiradas de Xavi y Xabi, urge un jugador que reclame protagonismo para el clímax de la película. España echó de menos anoche la discreción de Iniesta, porque sigue siendo el más talentoso y sin su antiguo compañero de diabluras (Xavi), tiene que pedir turno de liderazgo.

La noticia agradable vuelve a darla Paco Alcácer, cuya voracidad no acabará hasta que la remache con títulos. De repente, ha adelantado por la derecha a Fernando Llorente, que no pertenece a la guardia pretoriana de Del Bosque; Negredo, lesionado sin fecha límite y Soldado, hundido en el ostracismo en el Tottenham. Alcácer está de moda en Valencia y con España, y si Diego Costa no estuviese arrasando la Premier, ya sería el delantero referencia de ‘La Roja’. Pero el crédito del hispano-brasileño tiene más fondo que las tarjetas opacas de Bankia por sus sensaciones goles en el Chelsea y el lío diplomático que casi acaba a tiros entre la Federación y Scolari. Éste es otro debate, el enésimo, porque a medida que se agrava la sequía de Costa, los murmullos suben decibelios. La sensación general es que el público no será paciente con esta España. Pero intentar recuperar la estética del pasado inmediato es, sencillamente, una quimera, la misma que es incapaz de imaginar que este Barça evoque a Guardiola.

Fernando Llorente: repudiado sin razón

Domingo, 7 Septiembre 2014

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Y de repente, Munir El Haddadi. El casting de delanteros no había contemplado a este jovencísimo delantero que en junio de 2010 probaba suerte en el Rayo Majadahonda madrileño mientras la selección española subía al olimpo mundialista en Sudáfrica. Una decisión polémica porque Diego Costa, lesionado, había dado la vuelta al resto de cromos, empezando por Fernando Llorente y seguido de Negredo, Fernando Torres y, a una distancia casi sideral, Soldado. Por descarte fácil, Negredo se está recuperando de un dedo roto; Torres aún no se ha vestido de largo en Milan y Soldado casi no huele ni banquillo en el Tottenham. Queda Llorente, cuyo entorno no entiende la última decisión de Del Bosque. Ni su gente ni la prensa italiana, especialmente la turinesa, que sigue alucinada por la ausencia de la tanqueta bianconera. “Fernando es el tipo de delantero que siempre hemos perseguido: dueño del espacio aéreo y sutil con la bota”, no es una opinión gratuita, procede ni mas ni menos que de Pavel Nedved, una de las pocas voces autorizadas que tiene la Juve. La declaración de la leyenda checa quizá sea una de las mejores credenciales de Fernando, aunque el seleccionador español quiera ignorarlo.

La nueva España cambia peones pero no la estrategia para comer al rey. Las modas del ‘falso nueve’ derivaron sin éxito en buscar espacios a Diego Costa, y hasta que el flamante goleador del Chelsea se encuentre a sí mismo, Del Bosque ni siquiera ha meditado meter al típico delantero centro como solución airosa. Si muere con sus ideas, le criticaremos que no haya usado el benigno grupo de clasificación como banco de pruebas experimental; en cambio, si lleva a otro rematador, entonces la polémica con Llorente será interpretada como algo personal. Los méritos del riojano en su primera aventura italiana dejaron un botín de dieciséis goles, una cifra muy respetable en el Calcio y más lidiando con un miura como el ‘Apache’ Tévez. El ex técnico Antonio Conte entendió la utilidad de Fernando la misma tarde que debutó de titular contra el Hellas Verona con un cabezazo perfecto: “Fernando es el tipo de delantero que siempre hemos perseguido: dueño del espacio aéreo y sutil con la bota”. Su adaptación al fútbol metalizado de Italia ha convencido a una Juventus que esta temporada no tendrá ningún reparo en meter balones a la olla…balones, microondas e incluso un yunque si procede. Ahí estará Llorente para rematarlo todo. No opinan lo mismo en esta nueva ‘Roja’, en la que centrar un balón al punto de penalti también se considera casi un sacrilegio.

Reescribo una anécdota de un artículo anterior que delata el valor del gol en el Calcio. Fabio Capello llegó a comentar a la prensa romana que Gabriel Batistuta “no era el mejor delantero en Italia porque hubiese ganado títulos, ni siquiera porque fuese ídolo de la albiceleste. No, “Batigol era el mejor porque había logrado marcar veinte goles cada año en la liga más complicada del mundo”. A los delanteros del Calcio se les venera por su letalidad; y si son italianos y artísticos como Roberto Baggio, entonces pueden ser canonizados. Y en un campeonato tan encorsetado, donde los entrenadores maquinan tácticas férreas y los tifosi se contentan con cualquier victoria por pírrica y soporífera que sea, el rol de delantero se cotiza demasiado caro. Que se lo pregunten a Edinson Cavani, cuya orgía goleadora en Nápoles (29 goles en su último Calcio) le costó al París Saint Germain la disparatada cifra de 64 millones de euros. El P.V.P. de Llorente también va engordando partido a partido; lástima que en su país no cuaje. ¿Sucedió algo extraño en la pasada Eurocopa de Polonia y Ucrania, donde Llorente fue convocado sin gozar de ni un solo segundo? El runrún de la calle aumenta cada vez que no va a la selección sin motivo concreto. Claro que si Del Bosque dice a las claras que Munir es una estrategia geopolítica, entonces congelaremos la polémica hasta la siguiente convocatoria.