¡Silencio!..Don Alfredo se pronuncia
Domingo, 26 Julio 2009Don Alfredo ha vuelto a hablar con solemnidad: “algunos ídolos se hacen autopropaganda”. Otra vez ha sentado cátedra. Para un romántico del fútbol como Di Stéfano, ser testigo del incesante martilleo de anécdotas sobre Messi o Cristiano Ronaldo, debe ser atosigador. La Saeta rehúye considerar a cualquiera como el mejor del mundo y dice que las estrellas necesitan de un equipo para erigirse como tales. Hasta el mismísimo Maradona esculpió su historia con un grupo extraordinario a sus espaldas. De otro modo, quién no recuerda la fórmula ‘MáGiCa’ de San Paolo con ‘El Pelusa’, Bruno Giordano y Careca, ¡menudo tridente! Maradona era el genio, sí, pero el resto ayudó a que el Nápoles batallara en el Calcio con Milan e Inter.
A Messi le sucede tres cuartos de lo mismo: sus asombrosas exhibiciones nos han dejado atónitos aunque no tanto como el primoroso espectáculo ofrecido por su equipo. Dentro de muchos años todo el mundo recordará a Messi como uno de los grandes de este deporte que jugó en uno de los mejores Barças de la historia. Quizá por eso, Di Stéfano se ha quejado del autobombo que se dan a sí mismo muchos futbolistas. También es verdad que en el siglo XXI una filigrana en una final de Champions o en un Madrid-Barça es escudriñada por millones de telespectadores. El fútbol de antaño era folclore, hoy es una auténtica fábrica de entretenimiento en la que los sentimientos han sido engullidos por las marcas y sus mercadotecnias.
Siempre es necesario que un prescriptor reflexione del ayer y hoy del fútbol. En consecuencia, Di Stéfano espeta con naturalidad que “los futbolistas deben jugar para el pueblo porque hay gente que llora al ver que su jugador predilecto marca un gol”. Pero eso fue en el pasado, Don Alfredo. Ahora los futbolistas son multinacionales que venden imagen dentro y fuera del campo. La sencillez del futbolista se ha tornado en una vanidad detestable, que ha convertido a los cracks en algo más parecido a emperadores que a chavales que se entrenan y cambian en un vestuario. Por lo menos, todavía quedan esos ‘Raúles’, ‘Casillas’, ‘Xavis’ y ‘Puyoles’ que anteponen su estilo de vida a los pastizales con los que les puedan convencer constructores, jeques y oligarcas rusos.

