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El portero de los mil tentáculos

Mircoles, 2 Abril 2014

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El Tata Martino tuvo olfato con la guerra de trincheras que se le avecinaba. Su mensaje a la plantilla fue contundente: “Si no vamos con todo, nos ganan”. Cristalino. El vestuario entendió la teoría pero tardó en ponerlo en práctica, el tiempo que don Andrés Iniesta se puso la camiseta del New Team de Oliver Atom. Porque hasta que llegó la inspiración manchega, el Atlético fue la pesadilla que Martino había definido con la habitual grandilocuencia argentina, “es el equipo que maniata a las individualidades”. Tal cual. Simeone jugó al despiste con Diego Costa en la previa pero no vaciló en su pizarra táctica: sacó su bloque de cemento armado para que Messi se pegara cabezazos contra el muro. El secreto estaba en la masa; no sólo se trataba resquebrajar la zaga rojiblanca, el Barça tenía que lograr una gesta todavía más homérica: batir al portero más en forma del mundo.

Thibaut Courtois sacó sus mil tentáculos delante de la portería sacando balones de todos los colores. Elástico por abajo y volador por arriba;  el meta belga se doctoró en un santuario más. Precisamente, en el Camp Nou tenían informes cum laude sobre Courtois, pero éste anunció anoche en COPE que su futuro inmediato se limita a Atlético y Chelsea. Es decir, que renovará su contrato con el club londinense pero le pedirá a Mourinho que le mantenga un año más en el Calderón. No en vano, el pasado verano ‘Tibito’ pidió al técnico portugués que le dejase continuar en Madrid para foguearse. Ésa fue la razón deportiva; había otra personal y era su novia. Mourinho fue flexible con él consciente de que aún podría disfrutar de los últimos coletazos del pétreo Peter Cech. Pero Courtois ya se ha hecho mayor y sólo una súplica con inmensas contraprestaciones le puede retener en España. En su decisión, que hará pública en unos días, pesa la continuidad del guardameta checo la próxima temporada. Tal es la jerarquía de Cech en el Chelsea que Mourinho aceptó que su asistente Silvino Louro dejase de ser entrenador de porteros para convertirse en primer ayudante del entrenador (así reza en la web del club); el francés Cristophe Lollichon se mantiene como entrenador de porteros desde que Cech fichó por el Chelsea.

Pero volviendo al partido, sólo Iniesta se puso el disfraz de superhéroe para poner balones imposibles, como la asistencia made in Laudrup en el gol de Neymar. La jugada fue tan espectacular como el misil tomahawk de Diego Ribas. El brasileño regresó a Madrid en loor de multitud y hasta anoche no devolvió los agradecimientos. Desde luego, su gol compensa su fichaje. Tal fue la barbaridad de su gol que más de un compañero lo comparó con la volea de Zidane en la ‘Novena’. Francamente, ambos fueron bestiales y con ejecuciones complicadísimas. El de Zizou ha quedado inmortalizado y el de Diego también es apto para un museo, siempre que el Atlético remate la faena en el Calderón. Tampoco sería una sorpresa porque los rojiblancos se han quitado la piel de cordero; son tan duros de pelar como los boinas verdes. Razón: portería de Simeone.

Cada partido agiganta el talante del argentino en el banquillo, porque sólo gracias a él su Atleti ha cambiado los decadentes derroteros que había tomado su centenaria historia. En las charlas de barra de bar siempre se ha comentado que cualquier ignorante podría entrenar a las plantillas millonarias de Madrid y Barça, más que nada porque juegan solos. En el Atlético es diferente: Simeone es un motivador nato y casi infalible en el ajedrez táctico que plantea cada rival. Anoche sólo falló en la sustitución de Villa por un ingenuo y tierno Sosa (al argentino le queda grande este Atlético). En la otra acera, la resaca del empate deja un fuerte aplauso a Martino por inyectar un buen chute de intensidad a sus jugadores, pero en el horizonte otea una verdad injusta e hiriente para el barcelonismo: el Barça de Guardiola y el de ahora son como la noche y el día. Nada tienen que ver en su fútbol. Es más, si Iniesta no hubiese actuado de mago improvisado, el partido se habría parecido a las peleas cancheras de la liga argentina. Así que, gracias, Iniesta de mi vida.