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Archivo de la categoría ‘Figo’

Mcmanaman…40 años de carcajadas

Sbado, 11 Febrero 2012

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“No tengo ni idea cómo me ha salido el gol: yo salté, cerré los ojos y el balón entró. Fue un milagro” (14/01/2001). Así describió Steve Mcmanaman la acrobática volea al Oviedo que puso patas arriba al Bernabeu en su segunda temporada. La gracia de Macca no era qué decía sino el compendio de gestos que hacía delante de las cámaras para aclarar su ‘spanglish’. Hoy cumple cuarenta años y sigue siendo especial…en su carácter, que al fin y al cabo es lo que enamoró al Madrid, incluido a ese tendido siete del Bernabeu que siempre le criticó haber olvidado sus famosos regates en carrera de Anfield. Su década prodigiosa de Liverpool fue demasiado ingrata; no en vano, Mcmanaman lanzó un chascarrillo inolvidable el día después de que los reds ganasen la Supercopa de Europa al Bayer de Munich sin él….”¡Joder! Estoy yo diez años en Liverpool para una Copa inglesa, y van ahora sin mí y ganan Copa, Carling, UEFA y Supercopa, ¡joder!”. Su naturalidad le ha hecho ganar adeptos en todas partes; todas, menos en el Everton, pues fue seguidor confeso de los toffees y labró su leyenda en el enemigo de enfrente. Quién sabe si por su pública afición o por una enajenación mental transitoria del portero Bruce Grobbelaar, pero una de las primeras anécdotas que se le recuerdan fue la monumental bronca que recibió delante de su compañero de equipo después de no haber defendido bien un gol en la derrota del Liverpool por 2-0 en un derbi de Merseyside. Por entonces, el extremo de ascendencia irlandesa y profunda creencia católica todavía estaba en periodo de madurez con 21 años, pero después de aquel partido comentó con su buen humor de siempre que él “no era nadie para rebatir algo a un ídolo de Anfield como el gran Grobbelaar” (18/09/93).

Sus fintas, quiebros y autopases en velocidad por el carril derecho de Anfield fueron grabados en vídeo por los grandes de Europa, en especial Barcelona y Real Madrid. Primero fue Joan Gaspart quien se fijó en él en plena descomposición holandesa del Barça de Van Gaal. Tan serio fue el interés azulgrana que Mcmanaman llegó a reunirse con el mandatario culé en la Ciudad Condal. El futbolista inglés ya había anunciado que no renovaría contrato con el Liverpool, por lo que su carta de libertad sólo cotizaría con salarios estratosféricos. A Macca no le debieron convencer los cantos de sirena de Gaspart porque acabó diciendo sí a los 800 millones netos que le ofreció Lorenzo Sanz. “Macca, Yes”, tituló MARCA en una edición de la primavera de 1999. Todavía recuerdo el reportaje de Michael Robinson en Canal Plus enseñando a Mcmanaman el Bernabeu antes de empezar su primera temporada. Robinson le sugirió visitar lugares tan turísticos como la Plaza Mayor o el Paseo del Prado, consciente de que su compatriota era un tío muy de la calle, al que le gustaba ir a conciertos o sentarse en una plaza pública con una buena pinta. A tenor de sus expresiones durante el reportaje, Macca quedó gratamente sorprendido; daba la sensación de que en Madrid se lo pasaría en grande. Y así fue. No obstante, nunca olvidó sus raíces: al poco de instalarse, se interesó por el club de fans españoles de los Beatles.

Como cualquier británico que intenta abrirse camino en un país mediterráneo, los inicios de Mcmanaman fueron complicados. Su llegada había causado demasiada expectación…por sus credenciales futbolísticas en Liverpool y por una ficha insultante, una de las más alta de la plantilla después de la gran adquisición de ese verano de 1999, Nicolas Anelka. Debutó en el Bernabeu contra el Numancia en la segunda jornada, marcó un gol pero dejó ciertas dudas: ninguno de sus esláloms funcionó y a la enésima vez comenzó el murmullo en la grada. Tuvo que vivir con ese sambenito al principio de su estancia en la capital: dejó de ser el extraordinario Macmanaman para degradarse en el vulgar Steve. Sin embargo, lejos de amedrentarse, explotó otras habilidades como esas voleas en el aire a lo Karate Kid (para la memoria del club el gol a Cañizares en la final de Champions de París) y su generosidad en el esfuerzo. Por arte de magia, dejó de obsesionarse con el catálogo de regates que creó tendencia en Inglaterra y se comprometió en la ardua faena de distribuir balones desde el centro del campo. Su inestimable ayuda a Fernando Redondo en la final de París todavía la agradece el volante argentino y, sobre todo, Vicente Del Bosque, quien siempre le consideró imprescindible en ese Madrid.

Sus últimas aportaciones fueron de traca: el golazo por alto que se inventó ante Bonano en el Camp Nou en la semifinal de Champions del 2002 y una magistral clase de conducción de balón en la exhibición de Ronaldo en Old Trafford en 2003. Muy amigo de Figo y también de Ronaldo en la temporada que compartió con el brasileño, Macca nunca se quejó por haber quedado a la sombra de los incipientes ‘galácticos’ (faltaba Beckham). No obstante, en 2003 volvió a su tierra, al Manchester City, para retirarse allí. No escucharéis a ningún compañero rajar de él; sus carcajadas diarias dejaban muy buen rollo en el vestuario. Era futbolista de profesión, pero nunca ignoraba esos pequeños placeres de la vida, como la cerveza tibia de la taberna Irish Rover. Vamos, que Macca se lo pasó de coña en Madrid: cuando le tocaba jugar, se dejaba el alma, y cuando no, le gustaba aprovechar, los privilegios de la capital, como a cualquier guiri. Una vez le preguntaron si no le molestaba quedarse en el banquillo con asiduidad, se le ocurrió responder: “Vivo en Madrid, estoy en uno de los mejores clubes del mundo, gano mucho dinero y, de vez en cuando, tengo la suerte de jugar”. Simplemente genial. Tratándose de Macca, al final siempre acabas riéndote. 

Jorge Mendes, un vendedor nato

Sbado, 8 Enero 2011

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Cristiano Ronaldo, Di María, Pepe, Carvalho…y, claro está, Mourinho. Todos conviven en el mismo vestuario y todos ‘apañan’ sus contratos con un mismo negociador. Es el hombre de moda y un auténtico fenómeno cuando tocar rubricar acuerdos. Sus gestiones podrían estudiarse en la mismísima Harvard y seguro que miles de ‘yuppies’ neoyorquinos pagarían barbaridades para que les impartiese un master acelerado de negocios deportivos. Así es Jorge Mendes, un vanguardista del mercado, capaz de endilgar a un club como el Real Madrid toda una corte de representados. 

Durante muchos años las discusiones por el dinero de los futbolistas tenían nombres propios y archiconocidos: Ginés Carvajal, Alberto Toldrá y los hermanos García Quilón copaban casi todo el panorama de representados españoles. De vez en cuando salía a la palestra Zoran Vekic para tratar asuntos de Hierro, Guti o Prosinecki; y gracias al Atleti, también apareció en escena Marcelo Lombilla, padrino y consigliere de una buena ristra de argentinos tales como Ibagaza, Gago, o Kily González. Obviamente, en esta cuadrilla no puede faltar uno que nunca pasa de moda: Ernesto Bronzetti, representante y ante todo intermediario, porque, más que enfrascarse en arduas discusiones de despacho, su cometido suele ser gestionar citas internacionales. Su amistad con Galliani y Florentino es su principal credencial: ni Milan ni Madrid hacen gestiones recíprocas sin su conocimiento.

Pero todos ellos han sucumbido al furor de Mendes, quien ha heredado la voracidad y el ingenio de José Veiga, el representante que agitó los cimientos del Barça con un precontrato ultra-secreto entre Figo y Florentino Pérez. Aquella artimaña culminó en el fichaje más sonado de principios de este siglo; el otro gran contrato, el de Cristiano, también tuvo su enjundia por la cabezonería de Sir Alex Ferguson, pero ahí estuvo Mendes y cien millones de euros para resolverlo. Paradójicamente, la venta de Cristiano al Madrid fue la prueba definitiva para que Mendes entrara con honores en el selecto grupo de los ‘tiburones’ del negocio, pero, ni mucho menos, fue su mayor proeza moral, que sí económica: los 9 millones que sacó de la compra-venta lo certifican.  

Mendes es un vendedor nato, punto. Es de esos que te ofrece una cuchara, te habla de sus ventajas, y te acaba vendiendo la cubertería entera. Y es que esa virtud la lleva explotando desde hace tiempo: empezó con las vallas publicitarias de un equipo de la segunda ‘b’ portuguesa, siguió con la gestión de una discoteca y sus primeros pinitos en el mundo del fútbol los hizo de la mano de Nuno, un portero que pasó sin pena ni gloria por el Depor y el Osasuna; quién le iba a decir que un tiempo después poseería los contratos de media élite. Pues lo ha logrado y mucha culpa de ello lo ha tenido, indirectamente, el éxito meteórico de Mourinho.

Aunque, al margen de la confianza ciega entre Mou y su agente, Mendes se ha especializado en ventas grupales: cuando el técnico del Madrid fichó por el Chelsea, Mendes estuvo listo y, exprimiendo las carencias técnicas del equipo, convenció a Abramovich para que gastara sus petrodólares en Carvalho, ahora también en el Madrid, Paulo Ferreira, Tiago (el del Atleti) y Cech, uno de los pocos con los que Mendes se entiende en lengua no portuguesa. Precisamente, ese curioso don lo ha aplicado y con creces en el Bernabeu; ahí ha cuajado el clan de los portugueses. Y ahora, el próximo reto de Mendes es usar su persuasión para que el Madrid dé a Pepe el contrato de su vida. Muy difícil sería que no lo consiguiese, pues hoy por hoy Mendes es el ‘conseguidor’ por excelencia del fútbol mundial.

     

El personaje ‘Mou’ y la fanfarria del Barça

Mircoles, 28 Abril 2010

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Los dos personajes más odiados del barcelonismo se sentarán juntitos esta noche en el banquillo del Inter: ¿provocación? algún propósito habrá urdido Mourinho si ha decidido que Figo sea su confidente esta noche. La guerra dialéctica se la ha llevado el técnico portugués, más que nada porque Guardiola, después de su patochada de ‘los árbitros y la meseta’, ha vuelto a su extremo comedimiento. ‘Mou’, en su plan habitual, ha ignorado la cortesía profesional y políticamente correcta espetando que para su equipo jugar la final es un sueño, mientras que para el Barça es una ‘obsesión por su antimadridismo’. No le falta razón, incluso es una perogrullada decir que un culé jugaría sobreexcitado una final de Champions en el Bernabeu, tal como un madridista lo haría en el Camp Nou. Así que no creo que el barcelonismo se lo haya tomado mal.

Más mordaz estuvo ‘Mou’ cuando mostró su desconcierto por los preparativos de la remontada azulgrana. “El mejor equipo del mundo no necesita esto para levantar un 3-1”, soltó el lenguaraz protagonista de la rueda de prensa. Aquí se equivoca, porque en vez de haber sacado a paseo su sarcasmo, debería haberse congratulado que una ciudad entera casi haya declarado día nacional la visita de su Inter, o sea que algo de respeto (o temor) seguro que infunde. De todos modos, esta fanfarria preparada para los prolegómenos no tendría que ser  para tanto, ¿a qué equipo en la faz de la tierra no le puede meter dos golitos el Barça?

Los goles caerán si el Barça no se engaña a sí mismo, tal como reconoció ayer Guardiola. Este Barcelona, quizá no el de otras épocas, se basta con su fútbol, ése que tiene en exclusiva; no le hace falta ni la grada ni artimañas psicológicas. La otra versión (esperemos que no haya que recurrir a ella) es que el Inter marque un gol por casualidad. Entonces, comprobaríamos si los chicos de Pep saben interpretar cuentos épicos tan bien como el Madrid. Porque Guardiola entrenador nunca ha tenido que jugar a las remontadas; sí lo hizo de jugador con aquella famosa goleada al Chelsea por 5-1, que levantó el 3-1 adverso de la ida. No obstante, si se pone serio, el Barça le puede clavar al Inter los que le dé la gana.

El dudoso once de la década (parte II)

Sbado, 9 Enero 2010

Toca una de centrocampistas. The Sun, en su once ideal de la década, ha encontrado en Zidane, Ronaldinho, Figo y Cristiano Ronaldo su médula ideal. Con el francés y el brasileño la aquiescencia es indiscutible, pero a los lusos se les pueden poner ciertas objeciones.

El astro francés ha sido considerado el mejor jugador de los últimos veinte años, por tanto, su elección es más que obvia. Nadie en su sano juicio discutiría que ‘Zizou’ es el heredero de Maradona por derecho casi divino. Aquella volea estratosférica en la final de Glasgow del 2002 le ha encumbrado para siempre. Después, se contagió del ‘galacticidio’ blanco, aunque lo supo subsanar con una actuación sublime en el Mundial de Alemania. Lástima que en la final Materazzi no fuese expulsado antes de martillear el oído de Zidane a propósito de la hermana del francés. Ese cabezazo lleno de ira y furia también quedará para la posteridad.

Ronaldinho ha sido paradigma del éxito y la decadencia de una estrella. Florentino Pérez lo tuvo a tiro en el verano del 2003 pero le tentó más contratar la voraz mercadotecnia de Beckham. En consecuencia, el Barça, que anduvo listo, concluyó que al brasileño le quedaba pequeño el Paris Saint Germain. Ronaldinho se vistió azulgrana, se inventó un trallazo contra el Sevilla en su segundo partido, y contagió de ilusión a un Barça totalmente abatido tras la ominosa época de Gaspart. ‘Ronie’ recordaba a los alevines que sólo piensan en divertirse con la pelotita. Cuando inventaba algo, lo hacía con su eterna sonrisa, puesto que su inabarcable felicidad era su máxima credencial. Sus actuaciones con Brasil eran majestuosas y la cabalgada en el Bernabeu, que levantó del asiento hasta al más antibarcelonista, dio la vuelta al mundo, con el resultado de un Balón de Oro y un FIFA World Player. Lo siguiente ya es archiconocido, y como tan pronto te suben a un pedestal como te bajan, Ronaldinho no fue una excepción. A día de hoy, y a pesar de la anchura y pesadez de su cuerpo, el fútbol le sigue debiendo mucho a Ronaldo de Assis Moreira.

Ahora vienen las dos elecciones más controvertibles. De Figo siempre he dicho que culminó su mejor temporada en el Barça del 99/00, justo antes de su transfuguismo al Madrid. Si como azulgrana destacó por su explosividad en el regate corto, en el Madrid dosificó más su físico a base de centros medidos. Hay que decir que su Balón de Oro lo ganó en el 2000 por sus méritos en Barcelona. También se le puede achacar su falta de liderazgo con Portugal, ya que no es un secreto que su selección siempre le haya reclamado mayor protagonismo. Además, su fútbol se diluyó por completo antes del ecuador de la década. En contraste, Steven Gerrard sí que ha dado la talla en toda la década. Junto a John Terry, del Chelsea, es el icono futbolístico de Las Islas. Su visión de juego kilométrica, disparo arrollador y esa capacidad de reacción, muy del gusto de Anfield, le han convertido en cabeza visible del Liverpool. El capitán de los ‘reds’ fue el inspirador de la remontada más épica que se recuerda en una final de Champions, la del 3-3 contra el Milan en 2005. El único problema es que en los últimos tiempos Gerrard se ha dedicado más a sacarle las castañas del fuego a Rafa Benítez, que a orientar su talento en pos de títulos. No obstante, Gerrard debería estar en el once ideal.

Por último, puede parecer una osadía quitar a Cristiano Ronaldo, pero es que el astro portugués va a disponer de mucho tiempo para entrar en el once mágico de la siguiente década. Y más, jugando en el Real Madrid. Empezó a despuntar en el Manchester United la temporada anterior a la Eurocopa de Portugal en el 2004. Con su selección, se le llegó a tildar de individualista. Sin embargo, la omnímoda sabiduría de sir Alex Ferguson le ayudó a templar su carácter y focalizar toda su calidad en el juego de equipo. No fue hasta el 2005 cuando llenó con frecuencia las portadas de los tabloides británicos, y así continuará siendo hasta finales de la próxima década. Por eso, y porque su aureola estuvo madurando en el primer lustro de estos diez años cumplidos, a Cristiano le reservaría para el siguiente equipo ideal. En su lugar, otro compatriota, Deco.

Habrá quienes se llevan las manos a la cabeza con esta apuesta, pero es que Deco es, sencillamente, buenísimo. Repudiado en Portugal por haber nacido en Brasil, el seleccionador luso, Scolari, finalmente le convocó para la Eurocopa de Portugal, en la que el ritmo y compás de Deco valió a su equipo para disputar la final. Por otra parte, su trayectoria en clubes ha sido espectacular. Fichó en 1999 por el Oporto para arrasar en la liga los tres años siguientes. Su cénit con los ‘dragoes’ llegó de la mano de Mourinho y la Champions del 2004. La recompensa fue fichar por el Barcelona de Rijkaard y montar, junto a Ronaldinho y Eto’o, un equipo de videojuego. Con los ‘culés’ se llevó otra Champions y, cuando cayó en la autocomplacencia, fue seducido por la opulencia de Abramovich. En el Chelsea está poniendo fin a su carrera, aunque le sobra cuerda para llevarse una Premier u otra Champions.  

El dudoso once de la década (parte I)

Jueves, 7 Enero 2010

El diario The Sun ha confeccionado  su once ideal de la década. Se trata de una amalgama de distinciones individuales y verdaderos méritos deportivos, que los convierten en más o menos discutibles. De lo contrario, no se entiende que Cannavaro o Puyol hayan sido elegidos  mejores centrales. Es cierto que el italiano ganó el Mundial de Alemania 2006 con una actuación portentosa, pero su colega Materazzi también se salió durante todo el campeonato. Después, el título mundialista le valió para llevarse el Balón de Oro. Sin embargo, tal galardón también se lo podría haber llevado Buffon, quizá el más decisivo de la selección italiana aquel año. Por cierto, el portero de la Juventus también figura en el once de The Sun. Estaba claro que Casillas o él ocuparían la plaza. Pero Buffon ganó un Mundial, que pesa más que la Eurocopa.

La elección de Puyol suscita más dudas que la de Cannavaro. El catalán siempre ha mantenido la titularidad en el Barça, aunque ha combinado temporadas excelentes (2004-05 y 2005-06), con otras no tan destacadas (desde su debut en el 2000 hasta el 2004 y durante la oxidación del Barcelona de Rijkaard). Su resurgimiento se produjo hace un año, pero Piqué ha obtenido más nota que él con el hexacampeón. Con todo, yo habría elegido a Rio Ferdinand, inconmensurable en el Manchester United desde que fichó en 2002. No en vano, hasta ese año fue el defensa más caro de la historia. El central británico ha fallado poco y con el serbio Vidic forma la pareja más fiable de las zagas europeas.

Del resto de defensas, aparecen el brasileño Cafú como mejor lateral derecho y Paolo Maldini en el izquierdo. Coincido con la designación de Cafú. Es el jugador que más veces ha jugado con Brasil; ha participado en tres finales mundialistas consecutivas; titular indiscutible en el Calcio que ganó con la Roma de Capello, y en el Milan desde el 2003 hasta el 2008. Y por supuesto, no se ha quedado sin Champions. Vamos, que el brasileño lo ha ganado todo y sin nadie que le tosiera. Su largo recorrido por el fútbol de primerísimo nivel sólo ha sido superado por Maldini.

Pero, precisamente, la votación de Maldini no la veo tan clara. Más bien, yo le habría metido en el once ideal de los noventa. El sensacional lateral rossonero se retiró el año pasado, pero llevaba un lustro sin rendir adecuadamente. El sempiterno capitán figura en innumerables instantáneas: la máquina de Sacchi, el equipo devorador de Capello, el Milan de Shevchenko, etc. Sin embargo, sus mejores tardes las ofreció hace algunos años. Sería justo dejar a Maldini entre los mejores de la pasada década y meter aquí a Roberto Carlos, historia viva del Real Madrid. El correcaminos brasileño se despidió del equipo de sus amores en loor de multitud y ganando la Liga del 2007. Inmediatamente después,  empezó su ‘retiro’ en el Fenerbache, con el que ha jugado cuartos de Champions. Por ello, convendría galardonarle en un once ideal de este siglo.

Mañana veremos si Zidane, Figo, Ronaldinho y Cristiano Ronaldo merecen ocupar la media ideal de la década.

El otro imperialismo

Lunes, 20 Julio 2009

“Nosotros no avasallamos en el mercado, ser imperialistas no es nuestro estilo”. Joan Laporta se despachó a gusto contra el descomunal dispendio del eterno rival hace tres semanas. Hoy, con el Madrid bien pertrechado, el Barça ha visto que sus opciones para reforzarse se han limitado a Ibrahimovic. Después de la negativa tajante del Valencia en vender a Villa, Guardiola ha apretado al club y ha suplicado encarecidamente que le traigan a un nueve. Más bien, el técnico azulgrana exigió que echaran a Eto’o, lo del sueco era secundario. Y en esta tesitura, sin apenas escaparate de delanteros, el Inter ha apretado las tuercas al Barça y podría zanjar en las próximas horas el mayor negocio después de la compra-venta de Cristiano Ronaldo. Los italianos piden por ‘Ibra’ una generosa cantidad de cuarenta millones más Eto’o y la cesión de Hleb. Quiere decir que el montante total sobrepasaría los ochenta millones, a unos pocos de ‘CR9’. Entonces, veremos por dónde sale Laporta.

El presidente del Barça porfía en negar la mayor de las evidencias: los grandes de Europa tienen que poner muchos ceros en la chequera. Quizá haya jugado al despiste o sencillamente ha calibrado mal la planificación de los fichajes, pero el caso es que Ibrahimovic va a resultar bastante más caro que Kaká, ¿de qué imperialismo estaremos hablando ahora? Puede que Laporta piense que sólo se revienta el mercado con un maletín de 94 millones y no pagando veinte ‘kilos’ menos de lo que costó Figo al Madrid más el mejor goleador de Europa.

El tiempo y las circunstancias han sobrepasado a Laporta, quien hoy no está en posición de racanear nada. Si el Inter pidiese por su sueco cincuenta millones, el Barça los pagaría. No hay margen para rastrear el mercado porque los buenos están cogidos. Lo que sigue siendo ininteligible es por qué no han pagado la cláusula de Forlán, a quien su excepcional estado físico le garantiza un par de temporadas más. El galimatías se habría solucionado hace días y el Barça tendría goleador para rato, por lo menos hasta que fabricase el próximo Balón de Oro, que de eso sí sabe este club. Para negocios, mejor el gestor de ACS.

De jabato a don nadie

Mircoles, 15 Julio 2009

¡Qué pena lo de David Villa!, pobrecito. El chico quería venir a Madrid pero su ‘padre’ no le dejó, después decidió cambiarse a Barcelona pero  su ‘papi’ también se enfadó. Y es que la protección cuasi paternal que le confiere Manuel Llorente está hartando al propio delantero y a Joan Laporta por igual. “Villa vale más de 50 millones de euros”, dice el presi ché. Bien, razón no le falta en tasar a su estrella por el precio que le plazca, lo que sucede es que al Valencia le apremian los acreedores y no está en posición de hacerse el gallito. Al final, Florentino tendrá razón y habrá que exigir a los fichajes que se declaren en rebeldía, con causa, claro.

Una servilleta le valió a Zidane para agrandar la leyenda del Madrid; un ‘botazo’ de Ferguson a la cara de Beckham culminó con el fichaje más mercadotécnico de la historia; un precontrato con cláusulas millonarias convirtió a Figo en el chaquetero por antonomasia y el repudio de ‘FP’ a Ronaldinho acabó con éste en el Barça más un Balón de Oro, dos FIFA World Player, Champions y Ligas.  En fin, Villa no puede esperar más y debe hacerle un guiño a Laporta ya, toda vez que su aura se desvaneció en la galaxia blanca por culpa de Benzema.

Pocos futbolistas juegan a disgusto en un club y a este paso el caso de Villa va a ser el más sonado. Da la sensación que retener al delantero es la jugada maestra de Llorente. Cierto es que su reputación subiría como la espuma. La opinión pública recordaría al máximo mandatario valencianista como el luchador infatigable que nunca se plegó a los designios imperiales de Florentino ni al flirteo convincente de Laporta. Eso sí que es un presidente. Porque, además, la gente se acordará que, de momento, ni Silva ni Mata se han marchado ni la situación tiene pinta de conato de espantada.

Olé por Manuel Llorente, el negociador implacable. Su entidad se hunde a la deriva inexorablemente y él sigue en sus trece: unos ‘milloncejos’ no son suficientes para comprar la dignidad del Valencia. El patrimonio son los ‘jugones’ y así lo llevará hasta las últimas consecuencias. Esperemos que éstas no se desencadenen en la próxima junta de accionistas o cuando el acreedor de turno llame a las oficinas con un ultimátum. Entonces, de gestor jabato pasará a ser un don nadie con ínfulas de grandeza.